Capítulo 02: ¡Eras tú!
Marinette estaba estupefacta, un chico tan lindo era familiar de la chica que le había hecho la vida imposible los últimos cuatro años. Por lo que pensó que Claude tal vez estaba jugando con ella y todo eso era una broma cruel…
—Lo siento tengo que irme. —trató de huir la pelinegra.
—No, espera, no. Por tu forma de actuar presiento que la tonta de Chloé te ha hecho algo, yo no soy como ella, perdón, perdónala, perdóname… -repuso el chico.
—Ok, no es justo, que te traté así pero dígamos que todas las experiencias que he tenido con ella, siempre terminan mal… para mí. Lo lamento, si quieres puedo invitarte ese pastelillo ahora mismo, como cortesía…por mi descortesía. —comentó Marinette.
—Bueno chicos, nosotros nos despedimos aquí, Marinette te llamó después por si quieres ayuda con los deberes. —comentó Alya sacando a rastras a Mercury.
Marinette entendió las intenciones de su amiga lo que no entraba en esa comprensión era como podía incitarla para con Adrien y luego mágicamente apareció Claude y ella termino apoyandolo.
—De verdad cualquier cosa que te haga Chloé, te ofrezco una disculpa, es una mimada y malcriada. Lo siento mucho. —dijo Claude tomando la mochila de Marinette y cargándola.
—Bueno, creo que debí haberme acostumbrado a eso. Aunque tengo una duda… ¿cómo puedes ser un Bourgeois pero tu acento parece… extranjero?
—Oh, bueno eso es fácil de explicar. Mi padre es el hermano mayor del alcalde, papá se fue a estudiar a la Universidad de Yale, y se quedó a vivir en Norteamérica. Se especializó en negocios, trabajó para varias empresas en Wall Street, hizo la propia y ganó dinero. Se casó con mi madre, que era asesora financiera, años después nací yo, sin embargo mamá falleció hace unos seis años…
—Lo siento, no debí preguntar.
—No te preocupes. —Claude continúo con el relato. —El trabajo de papá consistía en comprar empresas con potencial pero que estaban en la ruina y venderlas al mejor postor; a mamá no le gustaba para nada aquello aunque era su trabajo, pensaba en las personas que se quedaban desempleadas y en quiebra. Le pedía a mi padre que dejara de hacerlo pero no le hizo caso, mamá desafortunadamente tuvo un accidente y murió. Mi padre se quedó devastado al igual que yo pero quiso honrar las palabras de mi madre: vendió la empresa, se alejó del negocio y se dedicó a su verdadera pasión… la escritura.
— ¡Qué emoción! Así que tu padre es escritor ¿Qué obras ha hecho? —preguntó Marinette tratando de desviar el tema del fallecimiento de la madre de Claude, pues una perdida siempre era complicada.
—Ah pues… es el escritor de… empo un ala…
—¿Qué?
—Laberinto.. la —comentó susurrando Claude.
—Claude, si no hablas claramente no te entiendo. —contestó Marinette.
— "Laberinto de un Ala" mi papá es el escritor.
—¡¿Qué?! ¡No me digas! ¡Ay por Dios! Entonces… ¡Tu padre es…!
—Tenía la esperanza que no lo conocieras…
—¡Tu padre es H.A. Langley! ¡Es mi escritor favorito!
Marinette había seguido a ese escritor los últimos cinco años. El libro era una trilogía convertida en un best seller, era su favorito pues hablaba de una relación de amor unilateral que pasaba por muchos altibajos. A diferencia de muchos escritores, a él no le gustaban redes sociales o poner su rostro en la pasta de sus libros así que nadie sabía su nombre completo o su apariencia; para Marinette esa fue una sorpresa más que indescriptible, pero algo que pagó a un alto precio, la alteración más sencilla en sus emociones la hizo marearse y por poco termina cayéndose en la entrada de la escuela, gracias a Claude que logró tomarla en el aire.
—Esta bien que te emociones, pero no es para tanto.
—Lo siento. Creo que fueron muchas cosas para un solo día.
—Agradece que vives al lado de la escuela, aunque por mi no habría problema en llevarte cargando. —comentó pícaramente el castaño.
—No es necesario, gracias. —comentó apenada. — Llegaré a casa y tomaré el medicamento, aunque eso me termine knockeando. Ya me relajaré.
—No te preocupes —Claude tomo delicadamente la mano de Marinette y la colocó en su brazo. —Si te vuelves a marear sólo dime y me encargaré de cuidarte…
Marinette no sabía si era por el dolor de cabeza, el mareo, la impresión de saber que su escritor favorito era el hermano del alcalde, tío de la chica que la había hecho sufrir tanto; pero se sintió un poco nerviosa ante las palabras de Claude, sentía como el rubor le subía por el rostro así que optó por bajar la mirada.
Cruzaron la calle con cuidado, pues Marinette sentía como todo le daba vueltas. Una vez que llegaron a la panadería, su madre estaba atendiendo la caja mientras el delicioso aroma a pan recién horneado llenaba el lugar, fruto del trabajo de su padre.
—¡Mi amor! Estuve al pendiente todo el día por si algo te llegaba a pasar. —comentó Sabine al ver a su hija. —Vienes con uno de nuestros clientes. Joven, déjeme adivinar ¿muffin de zarzamora con queso?
—¿Lo conoces, mamá? —preguntó la chica.
—Bueno, no conozco su nombre pero ha venido casi todo el mes a comprar un par de muffins o a veces rebanadas de pay. —contestó Sabine.
—Pues, es mi nuevo amigo; su nombre es Claude y me hizo el favor de acompañarme hasta acá. —presentó la ojiazul.
—Es un placer joven Claude, sea bienvenido. Es más hoy tome todo lo que quiera es cortesía de la casa. —comentó Tom quien se unía a la conversación.
—Muchas gracias, pero solo tomaré un par de muffins. Se convirtieron en los favoritos de mi padre y dicen que lo ayudan a inspirarse. —contestó tímidamente el chico.
—Ah, ¿su padre es artista? —preguntó intrigada Sabine.
—No mamá, su padre es escritor; es ni más ni men… —Marinette no pudo terminar la frase pues Claude cubrió su boca.
—Sí, mi papá es escritor y a veces necesita un poco de inspiración. Gracias por la bienvenida.
Marinette se quedó anonadada por la forma de actuar de Claude, quien se disculpó por haberla detenido pero el chico le explicó que a su padre le gustaba estar en el anonimato, porque no le gustaba tratar con la prensa; le gustaba escribir nada más pero le era fastidioso tratar con los reporteros. Por eso habían dejado Estados Unidos y fueron a París para que el escritor pudiera relajarse y escribir su nueva novela lejos de Nueva York, antigua ciudad donde vivía la familia del chico; Claude terminó rogándole que no le dijera a nadie pues una indiscreción rompería la paz de su padre. Así mientras Marinette conversaba con Claude sus padres se sentían aliviados que la joven ya estuviera mejor e incluso hubiera hecho un amigo. Claude se despidió y agradeció a los Dupain-Cheng su hospitalidad.
—Me agradó Claude —comentó Tikki una vez en la habitación de la chica.
—A mí también, es un chico tan sencillo; no puedo creer que sea familia de Chloé, de seguro alguno es adoptado.
—No lo creo. ¿los viste bien? Se parecen. Bueno excepto que Claude es castaño y es menos creído que Chloé. —comentó Tikki sentada en el escritorio de la chica devorando una galleta con chispas de chocolate.
—Si, ya lo sé; si se parecen. ¿Te imaginas? ¡aún no me lo creo! Mi escritor favorito está aquí, en París y conozco a su hijo y está escribiendo una nueva novela… ¡me voy a desmayar!
—¡No Marinette! Fue muy difícil para nosotras sobrevivir este mes en el hospital. Eso no lo digas ni de broma. —comentó asustada la kwami.
Por lo poco que le había contado la pequeña criatura roja, cuando Ladybug llamó su poder inmediatamente se desmayó; Tikki tampoco estaba muy bien, así que sólo tuvo tiempo de esconderse en el monedero de la chica antes de desvanecerse. Los paramédicos pensaron que la kwami era un "llavero" así que lo metieron entre sus pertenencias una vez que llegaron al hospital. Durante los días que Marinette estuvo en coma, Tikki se escabullía a la cafetería del lugar para robar galletas para poder comer, después que despertó la ojiazul las cosas no mejoraron del todo, pues era un entrar y salir de enfermeras y médicos por lo que Tikki debía ocultarse casi todo el día.
—Lo siento Tikki, algo me dice que no voy a poder salir a patrullar, espero que no haya pasado nada en estos días, ¡imagínate si Hawkmoth hubiera lanzado otro akuma! Chat Noir no lo iba a poder vencer y yo… en coma. No puedo creer que un pequeño error haya causado tantos problemas… para mí.
Decidida a continuar con su rutina, se tomó los medicamentos y realizó parte de los trabajos de regularización que los profesores le habían dado… aunque con constantes video llamadas para Alya; pues no entendía muchas cosas. Después de un largo baño y comer el medicamento termino haciéndola dormir…
"¡Te desvaneces justo cuando te conozco! ¡Despierta! ¡Por favor!"
—¡Marinette! —gritó la kwami.
—¡Yo no fui! —dijo adormilada la ojiazul. — ¿qué pasó Tikki?
—Tenías una pesadilla… supongo. Murmurabas "¿Quién eres?" —comentó preocupada la kwami. —¿Déjame adivinar?… otra vez soñaste con "tu admirador".
—Es que… no lo sé Tikki. Segura que no sabes quién es….
—Ya te dije, me desmayé unos segundos después, para cuando desperté ya estabas en urgencias… Aunque si alguien nos vio…
—No, no… ni lo pienses. Si alguien como Chloé o peor aún Hawkmoth me vio… sería horrible. Mis padres, mis amigos y Adrien estarían en peligro.
La azabache vio su celular… era demasiado temprano: la una de la madrugada. Se cubrió con una frazada y subió a su balcón por un poco de aire nocturno. Vio entre los edificios una figura deslizándose… era Chat Noir…
—¿Crees que me esté buscando? —preguntó Marinette.
—Quizá, no deberías estar aquí mucho tiempo… volvamos a dormir. Entre más rápido te cures, más rápido regresarás a ser Ladybug.
Marinette también extrañaba eso: deslizarse entre los edificios, los patrullajes nocturnos, pelear contra los akumas… pasaría bastante tiempo hasta que pudiera transformarse, pues sólo ese día la había dejado exhausta su rutina civil.
Al día siguiente, se levantó decidida a ir a Agreste, después de clases, para solicitar los informes para el concurso, le había hablado a Alya para que la acompañara. Mientras caminaba hacia el salón repasando algunas cosas para la prueba que le haría la profesora Mendeleiv en el laboratorio; chocó con alguien en la puerta de su salón.
—¡Buenos días!
—¡Buenos días, Claude!
—Vine a ver, si te sentías mejor. —comentó con amplia sonrisa el castaño. —Recuerda: en cualquier momento si te sientes mal o lo que sea, sólo llámame…
—No tengo tu número. —sonrió la azabache.
—¡Rayos! Espera, préstame tu celular. —Claude marcó su número en el celular de la chica. —De este modo, tengo tu número y tú el mío. Ahora sí, cualquier cosa llámame.
—Está bien, pero te llamaré para cosas buenas no para molestarte por mi estado de salud…
—No me molestarías, créeme… Debo irme o el profesor me va a dejar afuera.
Mientras el chico subía las escaleras, Marinette se despedía de él y Alya los veía con cierta complicidad, ¿cuál era el objetivo de la morena?: Causar celos al modelo. Tal vez con un "contrincante" se le ocurriera voltear a ver a Marinette, si bien no mostraba algún signo de preocupación durante la ausencia de la pelinegra, creía firmemente que había algo más, algo diferente. No sabía cómo explicarlo, pero ayudaría a su amiga, aunque para eso tuviera que usar al amigo del amigo de Nino.
Alya no preguntó nada sobre el encuentro que tuvieron los chicos, algo que sacó por completo de concentración a la azabache, usualmente la hubiera obligado a contarle todo.
—Panadera ¿de verdad? ¿No puedes aspirar a algo mejor que a un idiota como Claude? —preguntó Chloé cuando vio entrar a Marinette.
—No aspiro a nada con él, más que una amistad. Es una buena persona, Chloé. —contestó Marinette dando fin a aquella "conversación".
Marinette notó que Adrien ya estaba en el aula, si bien quería preguntarle la razón de su ofrecimiento el día anterior, no reunía el valor suficiente. Las clases continuaron y con eso los demás trabajos de regularización para la pelinegra. No entendía como en un mes habían visto tantos temas; todos "vendrían en los exámenes".
En el descanso, Marinette aprovechó para salir un momento con Alya a "refrescarse" pero seguía trabajando con todos sus deberes. En ese momento apareció Claude y Mercury ante las chicas. El castaño les preguntó el por que estaban tan atareadas. Alya le explicó los motivos de Marinette.
—El problema no son todas las materias… sólo son Algebra y física las que me cuestan un poco de trabajo; no entiendo muchas cosas y aunque le pregunte a los profesores… quedo peor. —comentó la ojiazul.
—Falta de confianza. Claude es un genio en algebra, apuesto que él te puede ayudar en esa materia. —contestó Mercury.
—S-sí, si tú quieres puedo ayudarte —dijo un poco apenado el castaño.
—¡¿De verdad?! No sabes cuánto ayudarías a Marinette. Yo trato de explicarle y creo que termina más confundida. —exclamó Alya dándole un codazo a su amiga.
—Yo creo que sería mañana, hoy tengo planes con Alya, espero no te molestes Claude. —dijo Marinette.
Para Claude no había ningún problema, ya que ese día tenía práctica de esgrima. Mercury les dijo que Claude era el campeón en la categoría juvenil a nivel internacional; eso tomó por sorpresa a las amigas; eso quería decir que él era quien había vencido a Adrien en la última competencia. Hasta donde sabían el modelo hizo su debut en esa categoría y fue derrotado estratosféricamente en puntos y técnica; o al menos eso entendieron. Pues la competencia se había televisado pero Marinette al no entender nada se quedó dormida, despertó hasta que felicitaban al chico ganador, pero no le había prestado mucha atención; sólo se quejaba que Adrien no ganó.
El descanso termino y Marinette le recordó a Alya sobre su promesa de acompañarla a la empresa Agreste por los informes para la pasantía. Si bien la chica de orbes azules aún no se sentía de manera óptima, debía seguir su rutina para irse acostumbrando. Bien lo dijo Tikki: "Entre más rápido te cures, más rápido regresarás a ser Ladybug."
Mientras seguían con las clases, Marinette estaba ruborizándose, Alya le preguntó el por qué a lo que la ojiazul le contestó que los fármacos subían su temperatura corporal y con el cabello suelto como lo llevaba hacía que le diera más calor, si eso seguía así tendría fiebre.
—Entonces átalo, o quieres que llame a tus padres o a un doctor. —susurró asustada la chica de lentes.
—Si lo amarro me va a doler la cabeza —dijo un poco más agitada Marinette —y voy a tener migraña, sólo necesito…
—¡Señorita Dupain! —exclamó la profesora Mendeleiv. -¿Se encuentra bien?
—Si…
—No, no está nada bien. —intervinó Alya. -¿Puedo llevarla a la enfermería a que repose?
—Será mejor que llamemos a sus padres. —afirmó la profesora.
—¡No! —gritó Marinette. —Sólo necesito descansar un poco.
—Yo la acompaño.
Adrien se ofreció a ayudar a la chica, que tan mal se sentía que ni siquiera pudo emocionarse por eso; ni discutir contra las difamaciones de Chloé sobre fingir para que el modelo se condoliera de ella. La cabeza le daba vueltas y sentía como si su sangre hirviera y estuviera a punto estallar. Por eso odiaba ese medicamento; una vez en la enfermería, con la ayuda de la encargada se acostó en la camilla; después de unos minutos se quedó dormida.
Nuevamente escuchó en su mente la voz de ese chico, sentía que la había percibido en otro lugar, pero entre más pensaba, su mente se hundía en dolor; sentía como la mano de alguien se deslizaba en su mejilla y entrelazaba sus dedos con los de ella, sentía su respiración en el cuello, todo eso era nuevo; eso no pasaba en sus otros sueños…
—¡¿Quién eres?! —despertó exaltada la joven pelinegra.
—Soy Adrien. —quien estaba sentado al otro extremo de la enfermería.
—Ah, eres tú…
—Lo siento si es que esperabas a alguien más.
—No... es que… perdón… yo…
—Marinette, tengo la agenda libre mañana, estudiaremos en la biblioteca si no te importa. —dijo Adrien con cierto tono de demanda.
—S-si, cla-ro, por supues-to. La biblioteca… mañana… estudiar… nosotros.
—Está bien, si te sientes indispuesta dime para que pueda modificar mi trabajo y adelantarlo en vez de estar aquí.
—Ok. —Eso le pareció un poco grosero a la ojiazul.
—Oye Adrien, si no tenías tiempo no te hubieras ofrecido. Si tan poco dispuesto estas, no te preocupes yo le ayudo a Marinette, pero no tenemos por qué soportar tu mal genio. —exclamó un poco molesta Alya, quien aprovechó el cambio de hora para escabullirse hasta la enfermería y escuchó la frase dicha por el modelo.
—Perdón si sonó mal, pero… como quie… No, yo me ofrecí así que la ayudaré con sus estudios. Bueno si estás aquí, creo que puedo regresar a clases.
El modelo salió malhumorado de la enfermería, algo que sorprendió a Marinette y puso de peor humor a Alya. La morena le preguntó a Marinette si se sentía mejor, tratando de ignorar el trago amargo que la hizo pasar el modelo. La joven de orbes azules asintió, al parecer el efecto del medicamento ya había pasado por lo que sería mejor regresar a clases. Ante esa frase, Alya sacó cepillo y ligas para el cabello y se dispuso a peinar a la chica, quien se negó rotundamente pues no quería tener migraña pero su amiga le explicó que no le apretaría sólo sería para que se refrescara un poco.
Volvieron al salón justo cuando iniciaba la clase Miss Bustier. Marinette se preguntaba la razón del cambio de actitud de Adrien; cuando regresó a clases actuaba como siempre, dulce y atento y en sólo veinticuatro horas parecía… molesto de todo lo que pasara con ella.
Las clases terminaron y Alya no quería acompañar a Marinette a la empresa Agreste, pues temía que se volviera a poner mal, sin embargo la ojiazul le rogaba que la acompañara o iría sola. Ese día era el único que tendría libre. La morena le dijo que checara el sitio web de Agreste pues la información también saldría pero Marinette se defendió, pues en el sitio no esclarecerían dudas.
—No Marinette, no te voy a acompañar. Ve a tu casa y mejor revisa internet, si te pones mal a mitad del camino voy a llamar a la ambulancia y ni la pasantía, ni la escuela, ni nada vas a poder hacer por estar en el hospital. —dijo firmemente la chica de lentes.
—Alya… por favor. Además solo son seis estaciones de metro, un trasbordo y dos estaciones más. Son menos de media hora ida y vuelta. Te prometo que no me pondré mal. —rogó la pelinegra.
—No Marinette, te lo prohíbo.
—Si quieren…
—¡Hola Marinette! —interrumpió Claude, asomándose por la puerta, al rubio que estaba por hablar. —¡Eras tú!
—¿Quién? —cuestionaron al unísono las amigas.
—No te reconocí, pero con esas coletas… que estúpido fui. Con razón te me hacías conocida.
—Claude no te entendemos. —dijo Alya.
—Hubo un accidente por Notre Dame, me acerque a ayudar y había una chica desmayada, llamé a la ambulancia ¡Eras tú, Marinette!
Las palabras de Claude hicieron que todo le diera vueltas a Marinette, eso quería decir que el castaño fue quien la ayudó y quien, tal vez, vio como Ladybug pasaba a ser la aspirante a diseñadora…
Sip, el pseudónimo de escritor del padre de Claude es mi nombre, así que, aunque soy mujer participaré en este Fanfic, seré algo así como la conciencia de Marinette, y pues... Adrien va a hacer cosas que no debería.
Por cierto la trilogía de la cual Marinette es fan, es la temática de otro fanfic que se esta horneando :3
Bye bye
PD. El cap de "Detrás del antifaz" lo tendrán mañana... se los dije, alguien más me dijo que le daba asco mi historia por los clichés. Ahora si lo hice a propósito, además que quería que entre esos dos hubiera algo...
