Capítulo 05: El nombre de la flor.

El hecho que alguien te regale un ramo de flores siempre es considerado un buen detalle; la mayor parte del tiempo es una forma de demostrar el aprecio que alguien tiene por otra persona, evidentemente si esa persona acepta el gesto como algo hermoso, pero ¿qué pasa cuando las personas que están a tu alrededor te ven como si estuvieran observando un cadáver? y lo peor ¿que tú eres el criminal?

Así se sentía Marinette, apenas habían pasado diez segundos al despedirse de Claude y ahora sus compañeros la hacían sentir incómoda por la forma en que la observaban, aunque la principal interrogante era ¿qué demonios significaba eso?

—Pero qué lindo de su parte hacerte este regalo después que te presentara a su padre, pero vayan despacio, o lo próximo será su invitación de boda. —comentó Alya en tono de burla.

—No fue él, llegamos casi juntos. –dijo Marinette

—Oh, esto debe detenerse panadera, no quiero que entres a mi familia. Aun cuando estés con un idiota como mi primo. ¡OMG! Serías mi cuñada… ¡horror! —expresó Chloé.

—No soy la cuñada de nadie. —Expresó disgustada Marinette —Es mi amigo, es más iré a regresarle el ramo. Es un bonito detalle pero no me gustan estas cosas.

—Wow, wow ¡detente ahí! —Alya sujetó la mano de su amiga. — Si haces eso, lo harás sentir mal. ¿Qué sentirías si la persona que estimas te regresara un regalo frente a todos tus conocidos?

—Sí, tienes razón.

Si Claude se había tomado aquél detalle, no iba a desairarlo. El regalo lo aceptaba pero sus sentimientos o lo que él quisiera darle a entender… pero si era una forma de agradecerle su amistad o tal vez solo se estaba haciendo ilusiones o era un malentendido. Su mente era un caos.

Tomó entre sus manos el ramo, que crujía por el papel celofán en el que estaba envuelto, jugueteó con el listón que lo unía, entre sus dedos. Podía sentir las miradas de sus compañeros, envueltos en curiosidad, ella misma hervía en ese sentimiento.

En ese instante la profesora entró al aula y todos tomaron asiento. Marinette no se había dado cuenta que Adrien estaba ahí, por lo que se sintió un poco culpable al ser la causante que el modelo estuviera siempre de mal humor por estar cerca del castaño.

La literatura parecía absurda ante las cosas que rondaban su mente. Dejo de escuchar la clase para perderse en las flores, eran hermosas. No sabía nada de flores, ni sus nombres ni siquiera distinguir unas de otras más que las rosas. Nunca le habían regalado flores. No era su cumpleaños, no había pasado nada en especial, pero tenía entre sus manos un aromático juego de flores de colores vibrantes que hacían a su corazón latir y una calidez que la embriagaba y la hacía sonreír.

Pero que era lo que la emocionaba, ¿el ramo?, ¿Qué fuera un regalo?, o que el chico que había captado su atención en esos días le diera algo tan lindo. ¿Claude sentía algo romántico por ella? ¿Y si era solo un agradecimiento? ¿Qué sentía ella por el castaño? ¿Amistad? ¿Amor?

¿Cómo es que su corazón había cambiado su latir tan rápido?

Hasta hacía un mes, ella juraba estar perdidamente enamorada de Adrien, imaginarse una vida con él, ansiar una cita con el rubio, llamarlo secretamente "su novio", "el amor de su vida", tapizar su alcoba con fotografías de él, sonrojarse tan solo un cruce de miradas… pero ya no.

Lo había rechazado, había rechazado estar a solas con él. Además que él no parecía lo que ella imaginaba. Cada vez que lo escuchaba hablar o tan solo verlo, era como ver a un caballero, como aquellos que aparecían en los libros, siendo un dechado de virtudes, de buenos modales y de amor para una sola persona; así se imaginaba a Adrien Agreste, hasta que Claude Burgeois apareció.

Todo indicaba que el modelo solo era un chico malhumorado que fingía poner un rostro amable ante todos, pero que no sabía perder y se desquitaba con alguien inocente cuyo defecto era ser bueno en algo.

Claude era atento con ella. Una primera impresión la había deslumbrado, pero no quería volver a ser una mariposa que se deja encandilar por una persona que parece ser alguien que no es. Soltó un pesado suspiro, se sentía exhausta por sus pensamientos, debía definir lo que sentía a partir de ahí podría saber qué es lo que haría.

Tal vez solo se atormentaba. Al final, ella se imaginaba cosas. Claude era atento con ella pero no quería decir que él estuviera enamorado o que sintiera algo más. Adrien estaba fuera de discusión; para él solo era una compañera, nada más.

Si no hubiera estado tan perdida observando el ramo, hubiera notado la mirada que cierta persona le lanzaba. Ese chico la observaba por el rabillo del ojo, sonriendo como si lo más bello estuviera frente a él… o mejor dicho detrás de él.

Pasaron las clases y comenzó el primer descanso. La pelinegra volteó a ver a su amiga con mirada acusadora para que le confesara las circunstancias en las que ese ramo había aparecido en su lugar pues seguía sin creer que el castaño le hubiera dejado ese detalle, era físicamente imposible.

—Ahora sí, Césaire. ¿Cómo llegó esto aquí? —dijo Marinette señalando el ramo.

—Ya te lo dije: llegué y ya estaba ahí. —comentó Alya mientras sacaba su refractario con comida de su mochila. —No entiendo mucho de flores, pero se ve que son caras, no son tan comunes.

—Tienes razón, pero estamos en París, estos detalles llenan la ciudad. —contestó Marinette.

—Si sabemos que flores son, podemos buscar la floristería que las vendió y con un poco de suerte comprobar que Claude las compró. —Dijo en tono de superioridad la castaña.

—Eres un genio, señorita reportera.

—Lo sé. —Alya le sacó una fotografía a las flores y usó el buscador de internet para tratar de encontrarlas.

Marinette seguía con dudas sobre su sentir con Claude, tal vez ella se lo imaginaba. Claude podía actuar como alguien muy extrovertido pero a veces la timidez lo inundaba. No sabía mucho de él, más que esos días que convivieron pero ¿ese tiempo era suficiente para asegurar que lo conocía? Dudaba de esa declaración. Una cosa era que se llevaran bien y otra que pudiera entregar su vida a ojos cerrados a él.

Estaban por salir a almorzar cuando la figura de un chico apareció en el umbral de la puerta. Los expresivos ojos, su brillante cabello castaño y su sonrisa llamativa se presentaron en el aula. Justo cuando Marinette trataba de buscar una respuesta a las voces de su cabeza.

—Hola. —Saludó el castaño. —Me preguntaba si quisieran comer con nosotros.

—¡Hey! Pero si tenemos al presunto culpable. —dijo Alya haciendo que Marinette le diera un codazo.

—Lo que sea no pueden asegurarlo, no me vieron, yo no estuve ahí, quiero un abogado. —contestó en tono de broma, Claude alzando las manos.

La risa de Marinette lleno el lugar, se sentía bien con Claude, nada era fingido, nada era falso. Era genuino buen tiempo. Sin embargo, para uno de sus compañeros era molesto que el chico de grado superior se involucrara con ellos. No solo se robó algo que no merecía, ahora también quería quedarse con sus amigos. Eso era un insulto, era una provocación.

Adrien tomó su almuerzo y le dijo a Nino que se adelantaría, pues el aire estaba muy viciado en ese lugar. Nino no quería que tuvieran más problemas, pero quería pasar un poco de tiempo con su amigo, Mercury. Si Adrien les diera la oportunidad podría hacer más contactos en la escuela, fuera de los compañeros de clase. Aunque presentía que la respuesta a la actitud del modelo se resumía en una palabra que iniciaba con "ce" y terminaba en "los".

Adrien se dirigió a la puerta y le pidió a Claude que se quitara pues era un estorbo. Eso molestó al castaño, quién ya estaba harto de la actitud de niño mimado del rubio.

—¿Qué te pasa, Agreste? —habló Claude. — ¡¿Eres tan infantil como para no aceptar una derrota?! Creí que me enfrentaba a un caballero pero veo que no eres más que un niño. —Claude le dio un empujón a Adrien en el hombro, haciendo que este retrocediera.

El inicio de una pelea era inminente. Los alumnos que quedaban en el salón no sabían cómo reaccionar o más bien a quien apoyar.

—Me fastidias tú. Tú sola presencia me pone de mal humor. Tan creído y sintiéndote el todopoderoso ¡Me enfermas, Burgeois! —Adrien respondió al empujón asestándole otro con ambas manos, dejando caer su almuerzo.

—No es mi culpa ganar lo que querías. —respondió Claude. —Para ti era un juego, para mí era algo más. En la guerra y en el amor todo se vale, Agreste. Perdiste el tiempo y ahora que alguien más lo tiene se te ocurre sacar la garras, gatito.

—Será mío. Haré lo que sea para conseguirlo. Soy bueno en lo que hago y si una vez lo tuve, volverá a mí. —dijo Adrien con superioridad.

—Pierdes el tiempo, si no muestras la más mínima cantidad de esfuerzo, ahínco e incluso cariño. No te lo mereces. —Claude se acercó a Adrien, tronándose los dedos.

—No tienes oportunidad, no eres perfecto, Claude. —Adrien volvió a empujarlo.

—¿Te pones así por un simple campeonato, Agreste? ¿No crees que te tomas demasiado enserio las cosas?

Para todos los demás, eso ya no parecía una simple diferencia por el Campeonato de Esgrima, eso parecía un conflicto por algo más o mejor dicho por alguien más.

—Para mí que esto es por alguien que tú y yo conocemos. —cuchicheó Alya a Nino, mientras veían a Marinette quien estaba asustada por el "intento de pelea" de ambos chicos.

Marinette ignoraba las miradas de sus compañeros, tenía miedo que alguno de ellos rompiera esa ligera barrera y desencadenaran una batalla que no terminaría en algo bueno. Estimaba a ambos pero no quería involucrarse en algo que presentía que ya había llegado a ser personal.

—¡Cómo quieras, Agreste! Lo que quieras conmigo, ahora lo solucionamos.

—Acepto.

Adrien se lanzó a Claude para darle un golpe en la cara, pero alguien lo sujetó del brazo. Como un reflejo condicionado, el rubio empujó con el brazo a quien lo sujetó aunque cuando volteó el rostro para ver al culpable, sólo se encontró a la joven de cabellos negros quien había caído al suelo y se golpeó contra las escaleras, soltando un quejido de dolor.

—¡Marinette!

La voz de sus compañeros rompió el perpetuo silencio en el que se habían mantenido. Juleka y Rose se apresuraron para levantarla, a lo que ella las detuvo con un movimiento de la mano. Le dolía bastante, todo indicaba que no se encontraba bien, y tal vez su estado se había agravado con el golpe que se dio en la espalda y la cabeza con los escalones. No quería preocupar a sus compañeros y por eso los detuvo pero no se podía levantar por ella misma.

—¡Eres un idiota, Agreste!

Claude dejó a un lado su pelea con Adrien y se acercó a Marinette. Sabía que podría haberse golpeado en alguna vertebra o en el cráneo con el filo de las escaleras, si la movía corría peligro de lastimarla más.

—¡Alya! ¡Habla con el médico de Marinette! —Claude le lanzó su teléfono a Alya quien lo interceptó en el aire, la llamada se había enlazado a lo que la morena le explicó someramente lo que había pasado.

Adrien no daba crédito a lo que había ocasionado. Si hubiera frenado la aversión que sentía por Claude las cosas no hubieran llegado a ese punto. Las lágrimas de Marinette comenzaron a fluir, de verdad se sentía mal. Aunque el dolor físico no era nada comparado a lo que había ocasionado con los dos chicos que estimaba.

EL modelo salió de sus pensamientos para acercarse a Marinette, aunque Claude se lo impidió ordenándole que se alejara. Adrien extendió su mano a la joven pero Marinette terminó por rechazarla, contrayendo la suya. Claude volvió a ordenarle que se fuera a lo que Adrien esta vez aceptó sin mirar atrás.

Unos minutos después llegó una ambulancia, los paramédicos arribaron al salón con una camilla en la que con mucho cuidado depositaron a la chica de cabellos negros, quien estaba asustada por que sus piernas no le respondían. Alya salió a avisarle a la pareja Dupain-Cheng sobre el incidente quienes siguieron en su auto a la ambulancia.

Para Marinette ese momento había sido un error tras otro. Tal vez si no hubiera hecho un drama por las flores, mencionando que eran de Claude, Adrien no se hubiera enojado y no hubiera tratado de iniciar una pelea, que terminó con ella en una ambulancia.

Los paramédicos comenzaron a revisarla, el problema con el golpe en la cabeza era prioridad y que no pudiera mover las piernas. Así no podía ser Ladybug, así ni siquiera podía ser Marinette. ¿Cómo había sido capaz de enfrentar a dos chicos? Era obvio que entre ellos había rencillas las cuales agravó. Un fosforo ella lo convirtió en un infierno.

Su llegada al hospital, con más revisiones, análisis, radiografías y medicamentos no se hizo esperar. Ese mes había sido el peor de toda su vida y se agravaba día a día. Cuando el médico comentó que no había peligro, más que el golpe la alteró y el dolor había hecho que no pudiera moverse pero todo lo demás estaba bien, aunque le quedarían uno o dos hematomas en la espalda.

El médico no vio la necesidad que pasara la noche en el hospital, por lo que la envió a su casa a que reposara. Marinette estaba cansada de ese desfile casi diario al hospital, por si no fuera poco Tikki solo la vio con cara de "lo siento mucho". Hospitales y disculpas… un día que aparentemente era bueno se hizo muy, muy malo.

Llegó a su casa casi cuando las clases terminaron, por lo que sus compañeros se dirigieron como estampida a la panadería para saber cómo estaba. Sabine les dijo que estaba bien, pero debía descansar invitándolos a retirarse. Desganados se fueron pero Tom detuvo a Claude y Alya, pues Marinette quería verlos.

—¡Ay amiga! —Alya fue la primera en subir y estaba por lanzarse a los brazos de Marinette pero optó por no hacerlo. —¿Estas bien? ¿No hubo complicaciones?

—No, sólo fue el golpe y mis nervios; pero estoy bien, mañana iré a clases. —la voz de Marinette se escuchaba más relajada aunque en gran medida eran los calmantes.

—¿Segura? No me gustaría que tuvieras otro problema. —la voz preocupada de Claude hizo enternecer a la pelinegra, quien no evitaba pensar en Adrien, quería decirle que no fue su culpa y que no debía sentirse mal, pero temía que al traerlo a colación en la conversación desatara la furia de su amiga y de Claude.

Para cambiar de tema, Marinette agradeció que hayan llevado sus cosas, pues con todo el drama de la ambulancia, lo había olvidado. Alya dejó las flores en su escritorio y comentó que las pondría en agua para que no se marchitaran.

—¿Quien fue el admirador que le dio flores a mi Lady? —preguntó con interés Claude mientras se sentaba en la orilla de la cama.

—¿Y por qué no nos dices tú? —la voz de Alya se escuchó desde el baño, donde llenaba el florero con agua del grifo.

—Lamento decepcionarlas, pero yo no las envié. —Explicó el castaño —Soy más de regalar macetas con flores, un ramo es arrancar la vida de algo que con cuidados podría durar por mucho tiempo.

Así terminaban las esperanzas de Marinette del supuesto culpable. Pero abría una nueva interrogante ¿quién era el autor de ese regalo?

—Aunque son unos lindos especímenes de camelia y alhelí. —Rio el castaño, levantándose a ver el ramo y ayudarle a Alya acomodarlo.

Tom fue a invitar a comer a Alya y Claude pero el chico se disculpó pues debía corroborar que su padre comiera, ya que a veces se quedaba tan inmerso en su trabajo que olvidaba hacerlo. Se despidió de todos, tomó su mochila y se retiró. Alya por su parte aceptó la invitación y que les ayudaría a acarrear las cosas para que Marinette comiera en su alcoba, aunque la ojiazul se negó pues creía fervientemente en que podría hacerlo en el comedor. Tom se lo negó.

Una vez que la mesa provisional estaba lista. Alya comenzó a mover las cartas que había ocultado y por la cual había aceptado la invitación.

—Yo sigo diciendo que si es cosa de Claude. —dijo la joven con lentes mientras tomaba un bocado de comida.

—Él dijo que no lo era y la verdad es que lo creo.

—Pues puede que tengas razón, ¿y si es otro admirador?

—¿Qué? Ahora me vas a decir que levanto bajas pasiones en cada chico que encuentro… ¡No inventes Alya!

—Bueno, tal vez no en todos… pero si en uno que se puso celoso cuando comenzaste a interactuar con Claude. —Alya se quedó pensando otro rato mientras daba un sorbo a su bebida. —O quizá si fue Claude. Conocía las flores, trató de excusarse diciendo que no haría cosas como esas. Está tratando de desviar el tema. ¿Y si de verdad quiere algo más contigo?

—Ya te dije que no. No nos conocemos tanto como para dar ese paso. —Marinette contestó ligeramente ruborizada y escondiéndose tras el trozo de pollo que tomó con su tenedor. —Además… él es mayor, no se fijaría en una niña, como yo.

—¡Uy perdón! Se me olvidaba que hablo con una recién nacida. —La morena se burló —Sólo los diferencian unos meses tampoco es tanto tiempo. Además te olvidas de ese pedazo de idiota que es Adrien Agreste, —comentó con furia. —Mira que golpearte. ¡Es una bestia!

—No fue su intención, yo me metí donde no me llamaban. ¡Fue un accidente! —intervino Marinette.

—No lo defiendas, él tiene la culpa y punto final.

Marinette no lo creía, Adrien sólo reaccionó como cualquiera con sus cinco minutos de ira hubiera reaccionado. Debía hablar con él, hacerle saber que no tenía la culpa.

Alya se fue después de dejarle los apuntes. En teoría debía descansar pero quería respirar un poco. Con sumo cuidado subió a su balcón y observó la ciudad, ansiaba protegerla, patrullar por las noches, ayudar a Chat. En qué momento su vida se había convertido en una horrible pesadilla.

Al voltear a ver la escuela, pudo observar que Adrien se había quedado, tal vez tuvo práctica o se quedo por algún otro asunto. Lo que fuera, ahora tenía la oportunidad de hablar con él, a solas.

—¡Adrien!

Gritó con todas sus fuerzas desde el balcón para llamar su atención. Después de dos gritos similares, el modelo volteó a verla. Por un momento dudó, pero después de meter su mochila a la limosina, se dirigió a la panadería.

Marinette bajó tan rápido como pudo para hablar a solas con él. Adrien ya estaba en la panadería pidiéndoles a Tom y Sabine permiso para verla, el rubio esperaba que no supieran que él había sido el causante de la situación de Marinette, para su fortuna no lo sabían. Así que le permitieron entrar.

La ojiazul y el chico de ojos verdes se encontraron en la escalera. La frase silencio incómodo jamás había sido usada con tal exactitud como en ese momento.

—¿Co-cómo estás? —Adrien fue el primero en hablar.

—Bien, sólo un poco adormilada por los medicamentos, pero nada más. —sonrió tímidamente Marinette.

—Lamento haberte hecho eso. No era mi intención. Perdí los estribos.

—A-Adrien, tal vez arruine todo con esto, pero… ¿por qué odias tanto a Claude? Él es un chico adorable, sumamente cuidadoso, un poco tímido pero a veces desborda confianza, si llegas a conocerlo puede ser la persona más linda, al menos es lo que yo he experimentado en e-

Marinette no pudo terminar con su discurso. Adrien la arrinconó contra la pared. La mirada del chico, antes de arrepentimiento ardía en furia.

—Lo odio.

El joven asestó un golpe a la pared, con mucha fuerza, haciendo que la chica soltara un grito, asustada. Adrien giró y salió del lugar, doblemente molestó causando el arrepentimiento de Marinette, quien sentía que había arruinado todo.

—¿Cuánto más vas a seguir actuando como idiota? —la vocecita aguda de la criatura de ojos verdes y forma felina salió de la camisa del modelo. —Sigue así y te mandara al demonio.

—Lo sé… pero no puedo evitarlo.

Subió a su limosina y le dijo al chofer que acelerara, había tenido un día pesado y lo que menos quería era seguir ahí. Todo le había salido mal.


No confíen en Claude ni en Adrien, los dos son unos idiotas... ¬_¬ Si lo sabré yo que soy la autora.

Como algunos saben: ¡YA TENGO TRABAJO!

pero ya no tengo acceso a redes sociales como antes. Trataré de darme el tiempo para escribir por que tengo ideas y tramas para lanzar al cielo y repartir pero el tiempo es el que no me ayuda. Necesito administrarme para que todo esto sea funcional. Ya quiero que lean los fanfics que estan en el horno que miren... no es por alabarme pero van a estar BUENISIMOS.

Seguimos de aniversario!

¿Por qué aniversario?

Hace un año, exactamente el 11 de mayo, después de leer el primer fanfic por el cual abrí wtt y ver que era un desastre de trama comencé a plantearme escribir mi propia historia con "juego de azar y mujerzuelas". Durante todo ese mes, comenzaba a formarse en mi mente "Detrás del antifaz" así que un mes como este, pero de hace un año me planteé en ser fanficker,

ASI QUE CELEBRAMOS MI NACIMIENTO COMO FANFICKER!!

Feliz cumpleaños a mí, feliz cumpleaños a mí, FELIZ CUMPLEAÑOS PARA LA TÍA HANNA, feliz cumple a mí.

Recuerden el calendario de publicación

Lunes: "Eres... mi Lady?" Publicado= Cuarta Noche: Martes de estrategia. YA DISPONIBLE

Martes: "Acaso... eres tú?" Publicado= El nombre de la flor... ESTE QUE LEYERON

Miércoles: One shot, basado en una historia real... muy sad.

Jueves. Sidestory de "Detrás del antifaz" muy lindo, muy tierno y muy esperado.

Viernes: CHAN CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAN

Estreno de la nueva historia. Para mayores de 18, quedan advertidos. Al fin verán la portada, la historia, la pareja y cambio de portada en FB en mi página, en su honor.

Lector/a: Tía Hanna, si es para mayores de 18... ¿qué contendrá?
Oh querido lector/a, que bueno que preguntas. Verás, tu tía Hanna se pasó de drinks y de cocai... ejem... azúcar y se le ocurrió caer en las manos de algo que no era muy propio de ella, se puso a investigar, a leer libros de ese corte, todo por culpa de una imagen de su artista favorita...
Lector/a: Entonces ¿de qué trata, tía?
Tía Hanna: ¡DE SEXO! Sexo y drama y de sexo tal vez forzado muajajajajajajaja y drama cuando alguien es obligado a hacer algo y descubre que le gusta y mucho, y seres sadicos y masoquistas pero no en un rubro vulgar sino todo romántico y dramático muajajajajajaja
Lector/a: Ahm... para los que estan leyendo esto... creo que la tía Hanna necesita dormir... pues nos leemos mañana... creo.
Bye, bye sobrinos/as