Capítulo 06: La flori- ¿qué?
La noche había caído, para todos había sido un día más que pesado y se merecían un justo descanso. Marinette quería intentar transformarse pero presentía que su "tranquilidad" era nula por lo que su sincronización sería inútil. Tal vez Hawkmoth se había tomado unas vacaciones. Casi quería ponerle un altar al ver que ningún akuma había hecho acto de presencia.
Subió tranquilamente a la azotea, aun en contra de las palabras de sus padres, quiénes durante casi toda la tarde la habían enviado a descansar. Después de tomar un par de siestas, no tenía nada de sueño por lo que pensó que el aire y la calma que cubría la noche podrían hacerla querer dormir.
Volvió a ver entre los edificios saltando a Chat Noir, quizá llamándola, enojado porque no podía tomar su trabajo como heroína enserio y abandonándolo. Su estupidez seguía acarreando problemas, un estúpido segundo en que quiso lucirse, trajo conflictos para todos. Sus compañeros vivían asustados en que ella tuviera alguna recaída, Alya estaba al tanto de ella que había dejado de pensar en sus propios asuntos, sus padres habían quedado mal con un cliente por el tiempo que la habían cuidado en el hospital... lo único bueno de todo ese tornado de desastres fue Claude.
Su "caballero de brillante armadura", el caballero que siempre quiso conocer, el caballero que mencionaban en los libros. Ese chico que aparece de la nada y apoya a la protagonista... pero entonces ¿Adrien en quien se convertía?
—Tikki ¿Crees que Chat me odie en estos momentos? —Preguntó Marinette a su kwami.
—No lo creo, debe estar preocupado por lo que te pudo pasar.
—La última vez que nos vimos me reclamó que era una heroína y no contaba con la responsabilidad de serlo... creo que tiene razón.
Marinette seguía reprochándose todo lo hecho, si hace un mes hubiera sabido que todo iba a salir mal, se hubiera detenido. Era una burla como Ladybug, si no era la peor, al menos se le acercaba bastante.
Tikki tenía otra idea, Adrien estaba celoso de Claude e inconscientemente, los poderes de Plagg le avisaban que Marinette o sea Ladybug lo estaba haciendo a un lado; de ahí su mal humor. Claude había sido el catalizador de problemas pero también el apoyo en otros. Tikki ya no confiaba en él del todo, había algo que no terminaba de convencerla, su sexto sentido avisaba que atraería más problemas para su portadora pero ella debía saber alejarse de él, antes que pasara algo inevitable.
—Perdóname Chat. —comentó en voz alta la ojiazul. —Perdón por no ser la Ladybug que todo París y tu necesitan como heroína. Lo siento tanto.
Cuando por fin pudo conciliar el sueño fue bastante entrada la madrugada pero aun así se levantó temprano, lo suficiente para ayudar a su papá con la primera tanda de pan de la mañana. Tom le rogó que regresara a descansar o mejor aunque no fuera a clases, Marinette sabía que estar en casa le haría más daño. Debía recuperar su rutina a como diera lugar.
Al cuarto para las ocho se dirigió a la escuela, después de tomar su desayuno, ayudar a su madre con los trastes y a limpiar un poco la sala. Quería volver a ser ella y extrañaba los días que salir a patrullar quitaban su sueño y llegar tarde al colegio... ahora todo parecía una añoranza inútil.
Subió pesadamente las escaleras, masticando sin ganas una galleta que le había robado a Tikki, cuando al entrar al salón le esperaba otro regalo.
Ahí sobre su escritorio estaba otro ramo de flores, esta vez eran flores más coloridas: amarillas, rojas y púrpuras, envueltas en un bello papel celofán con figuras de damascos en color rojo y una tela de red rosa, un enorme moño blanco de seda.
Corrió a su lugar para revisarlo esta vez tenía una nota escondida dentro del follaje, donde se leía "Para: Marinette" y un mensaje:
"Si lo hago, creo que un día, estaré donde estuve,
Justo ahí, a tu lado y es difícil, los días parecen tan obscuros
La luna y las estrellas no son nada sin ti."
Ok, eso ya no había sido una equivocación. Alguien las había dejado para ella, no había sido un error de algún enamorado despistado que tal vez las dejó por equivocación en el lugar de la aspirante a diseñadora, el regalo si era para ella.
Alzó la vista para buscar una pista, algo que le dijera el culpable. La única que estaba ahí era Allix, aunque estaba dormida en su mesa de trabajo, Marinette le habló y después de moverla un poco se dio cuenta que llevaba audífonos.
—Allix, ¿viste quien dejó esto? —señaló la pelinegra.
—No, cuando llegué ya estaban. Creo que tu nuevo novio se las ingenia muy bien para entrar antes a la escuela. —dijo somnolienta la patinadora. —¿Te gustan los chicos mayores Marinette? —Refiriéndose a Claude.
—No es cierto. —se sonrojó Marinette.
—Ya ves que sí, mis amigos de tercero dicen que es muy tranquilo, inteligente y se lleva de maravilla con todos. Te gustan los chicos como él ¿no es así?
—No, bueno si, pero no me gusta él.
—¿Otra vez?
La voz de Alya interrumpió la vergonzosa conversación para Marinette, quien dejó a su compañera para ir a contarle a su amiga sobre la nota que le habían dejado. Alya solo asentía, ante las palabras tan atropelladas de la pelinegra.
La idea de que Claude fuera el culpable, se esfumó cuando este atravesó la entrada del Colegio, o al menos eso notó Alya al voltear a ver la ventana. El regalo era muy llamativo y lindo, pero sus instintos de reportera se encendieron. Debía saber quién estaba detrás de todo eso, tal vez si era Claude y trataba de jugar con su mente, o tal vez si era un admirador de Marinette, tal vez era Nath pero hacia días que parecía que ignoraba a la pelinegra, quizá era para despistar o quizá otra persona, alguien ajeno al salón o del mismo salón… ese sería un gran descubrimiento. Tenía que encontrar la respuesta.
Algo sencillo pero sustancioso, algo como descubrir a quien dejaba esos regalos serían muy interesante y la mantendría alejada de la gran decepción que Ladybug no apareciera, ni siquiera tuvo tiempo de grabarla cuando apareció el akuma, hizo acto de presencia y desapareció. No era una nota digna del Ladyblog. Al menos se distraería con esa nueva incógnita.
—Esto va a ser habitual, y creo que me gusta. —afirmó la morena acercándose a oler las flores del ramo. —Veamos qué tenemos aquí. —palabra a palabra Alya se dio cuenta que era la traducción de una canción. —Interesante. Esto definitivamente es atracción, es de alguien que quiere llamar tu atención y lo está haciendo y muy bien.
Aunque para su mala suerte, la tarjeta estaba impresa y no podría cotejar la letra con la de sus sospechosos. Eso sería un juego divertido y estaba ansiosa por participar.
Para Alya era un juego, para Marinette una tremenda confusión de la cual no sabía cómo terminaría y no le gustaba el camino que eso estaba tomando. Jamás se creyó bonita y que alguien tratara de llamar su atención sonaba a una… broma.
¿Cómo no lo había visto antes?
Estaba perdiendo el tiempo buscando a un culpable y no usándolo en los diseños para Agreste. Podría ser una broma de Chloé, usando a Claude como chivo expiatorio. Ignoraba qué tan enferma y mal de la cabeza podría estar la princesa de París, pero haría lo que fuera para molestarla. Todo cuadraba. Flores caras, envoltorios llamativos que le gustarían a una chica; era obvio. Chloé trataba de distraerla. Eso era muy ruin.
¡Lo peor es que le estaba funcionando!
Cayó como una tonta ante llamar la atención de "un admirador" y su némesis se había dado cuenta, estaba molesta consigo misma; perdiendo el tiempo haciendo que la gran oportunidad de la beca Agreste se le estuviera desvaneciendo entre sus dedos.
Uno a uno fueron llegando sus compañeros así que no mostraría el poder que ejercía la jugarreta de la hija del Alcalde, sumamente molesta metió el ramo debajo de su mesa de trabajo, se sentó pesadamente en su asiento y no volvió a tocar el tema.
Las clases le parecían distantes: tomaba notas, contestaba si llegaban a preguntar, pero garabateaba en la parte posterior de su cuaderno bocetos absurdos que trataban de tomar forma pero la ira contra Chloé era más grande y terminaba rayoneandolos.
—Luces molesta, Marinette. —Nino había escuchado como su compañera arrancaba hojas y las hacia bolitas de papel, era evidente su molestia pero era mejor preguntar a que alguien tratara de arrancarle la cabeza, siendo ese alguien la azabache.
—No, no lo estoy. Sólo me tienen harta las personas que no se meten en sus asuntos y ponen una cortina de humo ante los demás para vanagloriarse de sus maldades y hacer quedar como idiotas a sus pobres víctimas por que no tienen una vida y nada más importante que hacer. —gritó en tono desesperado volteando a ver a Chloé, estaba por ir a reclamarle, pero no haría el problema más grande, debía pensar antes de ir a pelear con la rubia; quien la ignoró por completo mientras limaba sus uñas.
—Amiga, solo te preguntaron si estabas molesta. —la voz de burla de Alya trató de relajar la situación pero el rostro exasperado de la chica no se inmutó.
Adrien miró de reojo a las chicas, no quería intervenir y menos después de lo ocurrido el día anterior. Sus compañeros seguían murmurando y un acercamiento para "disculparse" sería la asquerosa cereza en el pastel de una pésima semana.
Debía alejarse y lo mejor sería recluirse en un lugar al que nadie más se le ocurriera ir a la hora del descanso.
El rostro animado del sobrino del Alcalde hacia que todo el lugar irradiara de felicidad. Era incómodo para Adrien, pero trató de ignorarlo, no volvería a caer en sus palabras.
Tomó su almuerzo y se dirigió a la puerta. Aunque al salir miró fijamente a los ojos a Claude, no se minimizaría ante él, aunque la diferencia de edad y estatura si hacia discrepancias, mientras Claude ya tenía un cuerpo más maduro, Adrien seguía sintiéndose como un niño y peor aún se comportaba ante él como uno.
Se observaron a los ojos, las miradas azul y verde chocaban tan fuerte que centellas se percibían ante el encuentro, sin embargo ninguno comenzaría la agresión de nuevo. Alguien ya había salido herido la última vez. Claude le hizo una señal con la mirada a Adrien, como avisándole que el lugar estaba lleno, Adrien entendió por lo que le chocó su hombro con el de Claude en símbolo de desprecio y salió del lugar.
Marinette observó la escena, con la esperanza que se detuvieran antes de comenzar una guerra similar a la anterior. ¿Habría algo más allá del torneo de esgrima por lo que pelearan? Al ver que sólo se quedó en un simple empujón se relajó. Tenía que hacer algo, lo que fuese para que ambos no trataran de arrancarse la cabeza cuando se veían.
—Bueno, al parecer el mal humor es algo común en él. —Claude se acercó a Marinette y señaló a Adrien quien ya había desaparecido del lugar. —No sé cómo alguien tan joven puede tener tan horrendo temperamento.
—Supongo que tuvo un mal día, a todos no llega a pasar. —Marinette recordó el día anterior cuando Adrien la arrinconó y expresó su odio.
—Eso creo, por cierto Mari; mi papá quiere hablar contigo. —se escuchaba el tono de emoción en su voz.
—Anda, el suegro está buscando a la nuera. —Susurró Alya a Nino quién soltó una risa que hizo voltear a verlo.
—T-tu, tu papá. ¿Por qué? ¿Se molestó conmigo?
—No, vio las anotaciones que hiciste en el manuscrito y le llamaron la atención. Quiere que alguien más aparte de mí, le dé su punto de vista para sus nuevos proyectos. —Avisó Claude. —Le dije que ayer tuviste un incidente, pero lucía tan emocionado con su nueva idea que no tuve el corazón de decirle que no, así que depende de ti.
—Pe-pero ¿por qué yo? —Marinette había hecho algunas anotaciones en post it para hacerle saber lo que pensó en esos instantes.
Claude le explicó que el editor de su padre le había pedido que escribiera cosas más acercadas al target al que se dirigían, así que necesitaba ayuda con eso. Claude le daba su opinión pero al parecer quería una mente más fresca a ese mundo de la literatura y la había elegido a ella.
—Hasta me da miedo poner música, de cada canción que escucha saca una nueva historia. El estudio está lleno de anotaciones para futuras obras y quiere que les des un vistazo.
—E-eso sería un gran honor. Por supuesto que sí, sí.
Ayudar a su autor favorito era un sueño irreal pero ahora podría ser cierto. Al parecer su vida dejaba de lucir tan obscura y al fin había encontrado el tesoro al final del arcoíris. Dejaría de deprimirse por no poder transformarse y se concentraría en su recuperación aunque en el proceso, por qué no hacer sus diseños para Agreste y a la par involucrarse en el mundo de la literatura, nueva etapa, nuevas ideas, un nuevo horizonte. Sonaba espectacular.
Alya esperaba que en unos días anunciaran su noviazgo, eso sí sería interesante. Pero un paso a la vez, primero lo de las flores y luego lo del noviazgo.
Claude los invitó a almorzar, así que tanto Alya, Nino y Marinette aceptaron reunirse con él y con Mercury. Era bastante agradable estar con los chicos mayores, en cuanto el descanso termino; Claude le comentó a Marinette que tendría práctica de esgrima, así que se demoraría una hora más o menos, pero pasaría por ella a su casa y la llevaría de regreso.
La cita estaba acordada y cada uno regresó a su salón. Las clases terminaron y Marinette iba a dejar sus cosas en casa…
—Marinette, te olvidas de algo. —Alya sacó de debajo de la mesa el ramo de flores, haciendo que el papel crujiera ante el movimiento. Marinette volteó a verla con cara de fastidio, rodando los ojos. La verdad era que su ira para con Chloé apenas y había menguado y las había dejado a propósito pero… las flores no tenían la culpa.
Regreso sobre sus pasos y tomo el ramo entre sus manos. Aunque el detalle tenía "las malas intenciones" de la princesa de París, las flores eran hermosas y podrían formar parte de… un buen diseño.
La broma cruel de Chloé podría convertirse en sus diseños. La gama de colores podrían formar parte del estampado de la ropa, si unía los conceptos del ramo anterior podría formarse algo más, eso sería su nuevo objetivo y plan. Ahora todo comenzaba a formar parte de una gran idea y una muy buena.
Estudiaría las texturas de los pétalos, como caía la luz en ellos, los colores, todo. Ahí tenía el material bruto para su gran hazaña.
Mientras bajaba por los escalones para dirigirse a la puerta golpeó el hombro de Chloé con su ramo, ¿lo hizo a propósito? Si. ¿Molestó a Chloé? Por supuesto. ¿Le importaba? Claro que no.
Salió de la escuela y se despidió de su amiga, aunque no contaba con un pequeño problema. Sus papás no estaban en casa y no llevaba sus llaves. Les marcó al celular sólo para enterarse que habían olvidado decirle que tenían una entrega de bocadillos para una reunión en el centro de la ciudad, Marinette no quiso que regresaran por el sencillo hecho que ella jamás llevaba las llaves de su casa, sus padres siempre estaban ahí así que era ridículo cargarla… hasta ese momento.
—¿No dijiste que irías a tu casa? — No le quedó de otra que regresar a la escuela y esperaría que Claude se desocupara.
—Bueno, ignoré un pequeño detalle y ahora no puedo ir a casa a dejar mis cosas, ¿habrá problema si observo tu práctica? —comentó Marinette.
—Claro que no, puedes sentarte en las gradas a descansar un rato. —comentó Claude cargando su equipo de esgrima y dirigiéndose a los vestidores. —Podrías adelantar los deberes en lo que vamos a casa.
Para la pelinegra le parecía un buen plan. Tal vez así entendería las reglas del esgrima y cómo era posible que Adrien perdiera ante Claude... aunque no tardó mucho en darse cuenta como el rubio perdía ante el castaño. Mientras avanzaba los trabajos extra que los profesores le habían dejado, miraba de reojo la práctica. La habilidad de Claude era fehaciente, los golpes eran certeros y vencían a Adrien haciendo que este cayera al suelo.
Al parecer el profesor los ponía a trabajar juntos por que el modelo era el único que era "similar" al talento de Claude. No importaba cuantas veces Adrien lo atacara, Claude siempre lo vencía. Adrien parecía que movía su florete con ira, mientras de Claude lo burlaba con facilidad y enterraba el florete en el pecho de Adrien, para el final del entrenamiento era obvio que Claude seguía ganando.
—¿Qué tal? ¿Cómo viste esto del esgrima? —Claude se acercó a Marinette.
—Bastante complicado, creo que son muchas reglas, no creí que esto fuera así pero me gustó, es bastante entretenido. —sonrió la pelinegra, ofreciéndole una botella con agua.
—¿Otras flores? —Señaló el castaño al ramo que Marinette había metido en su mochila y sobresalían de la misma. —Mira que me pondré celoso.
—Claro que no, no hay nada ni nadie por quien estarlo.
Al parecer el chico de ojos verdes no había notado la presencia de la azabache quien había dejado a un lado su trabajo para observar la contienda; en cuanto la vio su mirada se llenó de furia, lanzando su máscara al suelo. Cargó su maleta y salió a toda prisa de ahí, sin escuchar el regaño del profesor por esa actitud tan "antideportiva", quien recogió la careta.
Claude tomó su maleta, la mochila de Marinette y se dirigieron a la salida. En el camino a casa estuvieron conversando sobre los planes que tuvo Marinette para el concurso Agreste, aunque Claude no entendía mucho del tema, prestaba atención; la emoción que demostraba su acompañante por el tema que hablaba hacia que todo fuera interesante.
Al llegar a la casa del sobrino del Alcalde, el aroma de una deliciosa comida les daba la bienvenida.
—¡Hey! Llegaron. Vayan a lavarse las manos, hoy tuve un buen día y cociné bœuf bourguignon —Albert estaba al fondo del departamento, preparando la comida.
Ante la bienvenida tan deliciosa, los jóvenes se sentaron a la mesa. La comida, la sobremesa, todo parecía tan tranquilo y una comida interesante. Albert le preguntó a Marinette por su estado de salud, así que sólo asintió comentando una ligera recaída había sido la culpable del día anterior.
Estuvieron discutiendo por los temas que habían llegado a la mente del escritor, desde una historia de romance al estilo victoriano, un nuevo punto de vista para una de sus obras pasadas, una historia de amor que no pudo ser y la última: la historia prohibida del amor juvenil más puro nacido del dolor.
Las canciones de las cuales se inspiró para los nuevos libros, eran todas del agrado de Marinette, parecía como si fueran las vidas de las personas de forma lírica y moría por leerla.
—¡Wow! Marinette no había visto tu ramo de flores, son unos bellos ejemplares de Acacia, Crisantemo y Dalia; aunque tienen un significado interesante. —Comentó Albert poniendo un par de tazas de café en la mesa de la sala y acompañándola con galletas —¿Creo que alguien tiene un admirador?
—Monsieur Bourgeois, debo hacerle una pregunta. —Marinette se acercó al hombre para susurrarle la cuestión. —Claude ¿ha comprado alguna clase de ramo o algo por el estilo?
El castaño estaba bañándose, después de su práctica de esgrima por lo que el camino estaba libre. Confiaba plenamente en el padre de Claude y esperaba que no le mintiera o se prestara a ese tipo de juegos. Aunque la idea de que la culpable fuera Chloé era la idea principal, pero debía cortar todo tipo de dudas.
—Pues al menos yo no lo he visto, si lo hace tal vez sea cuando va a la escuela, pero ese ramo te esta gritando un mensaje de amor. ¿Conoces la floriografía?
—La flori-¿qué? —dijo Marinette dudosa.
—Floriografía.
El hombre se levantó y se dirigió al estudio, después de buscar algo en los estantes, jalo el libro y o llevó a la sala.
—La floriografía es el idioma de las flores, cada tipo y color te dan un mensaje diferente. Solían usarlo en el siglo XIX los enamorados, era una forma de comunicarse entre ellos sin que los padres se dieran cuenta. Muchos de ellos tenían relaciones prohibidas así que para ser discretos se enviaban flores.
Albert usó unos separadores, marcando algunas hojas; para después extenderle el libro a la chica.
Marinette aceptó el libro, hojeó las páginas marcadas y se veían imágenes de las flores; al pie de la página venía el nombre y su significado. Así se dio cuenta que el ramo tenía acacia amarilla que significaba amor secreto, crisantemos rojos que mostraban un "Te quiero" y dalias violetas, cuyo tema iba acorde con las palabras de la tarjeta: mi amor por ti es fuerte y crece cada día.
Chloé no podía ser la culpable. No le gustaba leer y no sabría algo tan antiguo como la floriografía. No eran flores al azar, tenían un objetivo, una misión oculta. Todo era para decirle que estaba enamorado de ella. Su corazón se contrajo y se sintió nerviosa.
—Quédate con el libro, algo me dice que tu admirador es un conocedor del tema y te hara falta para lo que venga.
¿Lo que venía?
Eso no se detendría, alguien se había enamorado de ella, pero ¿cómo? Y lo más importante ¿quién?
Capítulo muy atrasado, que volví a hacer como tres veces y ninguna me gustó, pero este es la calma que precede el temporal, por eso es tan tranquilo.
Recuerdan el prólogo?
Les gustaría saber que pasa después?
Pues en el otro cap lo vamos a saber :3
Ahora si, vienen lo bueno. ¿Les gusta un Adrien sádico? A mi si.
Aunque... ¿si es Adrien el que deja las flores? o quizá si es Claude? Quizá Adrien está tomándose el crédito de alguien más…
Con la tía Hanna, nada es lo que parece
