Sentir la brisa nocturna rozar sus mejillas era lo mejor que le había pasado, deslizarse con su yoyo entre farolas y saltar de edificio a edificio era una gozo que sólo ella extrañaba tanto.
Habían pasado dos meses desde que regresó a la escuela y era la primera vez desde el accidente que salía a patrullar. Le envió un mensaje a su compañero para quedarse de ver en la cima de la Torre Eiffel, ¡Oh, la Torre! Extrañaba esa parte de su vida, extrañaba sus misiones, extrañaba ser Ladybug.
Su responsabilidad como heroína la mantenía distraída de los problemas que sufría como adolescente. Le costó trabajo ponerse al corriente con las materias, lejos de los trabajos extras; el aprendizaje de las lecciones era más complicado. De por si dormirse en clase por ser Ladybug en las noches y distraerse con cualquier movimiento hecho por Adrien no le había dejado buenas notas… con su accidente todo parecía un barco a punto de naufragar. Sin embargo, con el apoyo de Alya y Claude, había logrado ponerse al corriente. Las notas de Alya y las explicaciones de Claude la habían renovado para ser una buena estudiante otra vez.
Lo único que aún no tenía respuesta era el culpable, "el admirador secreto". Todas las mañanas había un nuevo ramo de flores y una nueva parte de alguna canción. Todos los mensajes estaban impresos, algunos en tarjetas blancas, otras en tarjetas con algún diseño. Iban desde el amor hasta el deseo, acorde a lo que las flores en turno mostraban.
Ella había llegado a la opción de tomarle una fotografía al ramo, buscar qué eran en internet para después sacar su libro y saber qué mensaje querían decirle. Las camelias se habían convertido en sus favoritas, su significado era similar aunque el color variara: cariño. En segundo lugar los lirios: era una forma de expresar el amor un poco más seductor y aunque sólo había tenido uno… el tulipán, significando amor en su máxima expresión.
Quizá se engañaba y los ramos eran al azar, nadie en esos tiempos conocía ese lenguaje. Tal vez si era Chloé quien quería hacerle perder el tiempo. Aunque esos detalles en verdad parecían hechos por Claude. El libro estaba en su casa, tal vez lo encontró y le enviaba los mensajes para tener algo con ella, pero ahora ella tenía el libro. ¿Cómo podía saber de memoria el significado de cada una? Aunque si era alguien más, ¿cómo hacia que aparecieran en su escritorio antes de clases?
Había hecho todo lo que estuviera en su mano para averiguar quién era. Desde ingresar al Colegio en cuanto abrían las puertas, hasta quedarse hasta que cerraban. Todo era inútil. Sin importar la hora, el ramo ya estaba ahí antes de comenzar las clases.
Pensando en su rehabilitación dejó todo aquello a un lado o al menos lo intentó. Los días que se sentía bien, aceptaba la invitación de Claude, en las que siempre la llevaba a lugares tranquilos: el cine, un restaurante, librerías u obras de teatro. Casi en todas las actividades eran exclusivas para hacerlas sentados, Marinette agradecía el gesto: él se preocupaba por ella.
Las visitas a su casa también eran asiduas. Albert tenía ideas tan interesantes que la chica de orbes lapislázuli siempre tenía algo que opinar. De hecho, el señor Burgeois le ofreció convertirse en su lectora Beta. A veces como escritores hay algunos cabos que se dejan sueltos por estar tan inmersos en el avance de la historia, ahí es donde entraría Marinette y trataría de encontrarlos para que Albert pudiera crear una situación donde se diera respuesta. Ejemplo: Una pareja que ha se odia por muchos años y en el siguiente capítulo están besándose, debe haber una explicación de cómo llegaron a eso.
Marinette estaba encantada, nada le hacía más feliz que ayudar a su escritor favorito, en su pasatiempo favorito.
Gracias a su "nuevo trabajo", Claude y ella siempre estaban juntos. Las risas por temas absurdos, la discusión en temas serios, compartir puntos de vista y las clases de regularización eran lo mejor y un gran aliciente para Marinette. La pareja Dupain-Cheng, habían aceptado al castaño dentro del hogar. Había días que se quedaba con ella, ayudándole en sus deberes mientras él estudiaba para sus exámenes de ingreso a la universidad.
Apenas habían pasado unos días de conocerlo y ya era lo más parecido a su amigo de toda la vida. Era como si la conociera bien y se sentía protegida a su lado, por momentos pensaba si así se sentía el amor pero luego dudaba de la afirmación. Sentía más calidez en los mensajes de las flores que en algunas palabras por parte del esgrimista.
Quizá estaba confundida y al principio creyó que estaba enamorada de él. Tal vez era su seguridad que mostraba en momentos o su inteligencia; siempre le habían atraído los chicos con sesos. Con el paso de la convivencia se dio cuenta que tal vez no era amor, sólo necesitaba a un amigo, algo así como un hermano mayor, alguien que la hiciera sentirse resguardada.
Tal como esa tarde, habían estado en las gradas del colegio riéndose de algunas tonterías, cuando Adrien pateó la pelota con dirección a donde estaban, Claude rápidamente la abrazó y se interpuso para que el golpe no fuera para ella. Todo un caballero de brillante armadura contra… un chico gruñón que al parecer ya se había caído mil veces del pedestal en el que ella lo subió.
La asustaba el odio de Adrien a Claude, eso podría ser material para un akuma y debía solucionarlo tan rápido como pudiera. Lo último que quería era pelear contra un Adrien subordinado de Hawkmoth, sencillamente no sabría qué hacer.
También había tenido tiempo para los diseños del concurso Agreste. Siguió su idea y a partir de cada ramo había creado alguna prenda. Estudio mucho las texturas y la gama de colores. Su habitación estaba atiborrada de flores que se marchitaban y retazos de tela que trataban de asimilarse a sus colores.
Todo estaba acoplandose, su rutina estaba regresando y su vida al fin estaba tomando el cauce correcto. No, esta vez ya no iba a sentirse la reina del mundo y dejaría de actuar estúpidamente, haría para lo que fue elegida: ser una heroína, proteger París, salvar a las personas, enfrentar a Hawkmoth y purificar akumas. Tal vez no en ese orden pero esa sería la idea.
—Tikki debemos hacerlo, yo sé que esta vez la transformación durara más. —Rogó unos minutos antes a su kwami quien sólo se cruzó de brazos negándose a hacerlo.
—No has descansado lo suficiente, ya te sientes bien pero no significa que lo estés. Debemos ser cuidadosas, Marinette. —Advirtió la kwami preocupada.
—Si no pruebo mis límites, no sabré que tanto puedo resistir. Por favor Tikki, ayúdame.
A regañadientes la kwami aceptó. La verdad es que ambas temían que Hawkmoth liberara otro akuma y le pasara lo de la vez anterior. El tiempo corría y ella debía ponerse a la par.
Observó la cima de la Torre y trató de apresurarse para llegar a la cúspide. La luna estaba en su punto álgido y bañaba de luz la ciudad. Todo resplandecía, tal como su futuro. Estaba tan emocionada que no tomaba mucha atención a los detalles.
—¡Chat Noir!
En cuanto vio en la cima a Chat Noir, no pudo resistir y se lanzó a abrazarlo. Lo había extrañado tanto y de tantas veces que le había pedido disculpas, sin que él lo escuchara, requería tener contacto con su compañero para saber que estaba bien.
Sin querer, rozó su mejilla contra la de él. Aunque no obtuvo la respuesta que esperaba: Chat no correspondió el abrazo.
—¿Esta es tu forma de disculparte? —La voz fría y cortante del héroe sacó de balance a la joven quien de inmediato lo soltó.
—L-lo siento. Es que estuve un poco, ahm como decirlo, fuera de combate por estos meses. —sonrió Ladybug, sencillamente ya no quería recordar sus malos días. —Veo que te has hecho cargo de todo de una manera sublime.
—Esa es tu forma de disculparte por haber desaparecido. —Afirmó con ironía Chat dio un paso atrás para encararla. —Aspiraba un poco más de clase por parte de una heroína pero creo que eso era mucho pedir.
—Tienes todo el derecho de estar enojado, lo siento. Por mi falta d-
—¡Guarda silencio! —interrumpió Chat hecho una furia. —No sabes por las cosas que he pasado.
—Chat Noir, de verdad, créeme, lo lam-
—¡Tus disculpas no servirán de nada! —Vociferó el joven con traje felino.
—Y-yo sé que —Marinette sentía miedo, jamás había visto enojado a Chat Noir, usualmente tonteaba a su lado, la trataba de "conquistar" pero ese no era él, los gritos no le agradaban no sabía cómo reaccionar cuando alguien estaba irritado y la voz no salía de su garganta. —Perdón, por favor…
—Tus excusas tontas no me interesan, tampoco lo que te haya pasado. Céntrate en tus labores, iré a patrullar el lado norte de la ciudad.
Sin más, tomó su bastón y lo usó como punto de apoyo para moverse por la ciudad. Ladybug tenía los ojos llorosos, un detalle que no notó el héroe. Marinette se sentó en una de las vigas de la Torre, y dejó que las lágrimas cayeran, creía que contaba con el apoyo incondicional de su compañero pero con eso se mostraba lo contrario. Su actitud de niña estúpida le quitó todo.
¿Cómo recuperaría la confianza de su colaborador?
Limpió sus lágrimas, sus culpas y pecados no se expiarían tan fácil como las gotas provenientes de sus ojos. La arrogancia, su arrogancia, seguía cobrando factura. Aunque Chat tenía razón: centrarse en ser una heroína era prioridad.
Comenzó su rutina patrullando la ciudad, ya no había cabida para errores. El amanecer traería su nueva vida, sin arrogancia de por medio, dejar de vanagloriarse como Ladybug y ser más humilde como Marinette, dejar de ser grosera, ser más partícipe en las actividades que la incluían. Esa chica tan borde debía desaparecer, su reboot traería un nuevo rostro.
Primero cambiaría y después le mostraría a Chat Noir que era digna de confianza.
En cuanto terminó de vigilar la ciudad y notar que nada la perturbaba, envió un mensaje a Chat confirmando la tranquilidad aunque no recibió respuesta. Entendía el enojo del héroe, su actitud con él siempre había sido grosera, un poco de su propio chocolate era su merecido, ¡Así se sentía ser rechazada! Era algo horrible.
Tenía demasiadas, excesivas, innumerables cosas por las que se debía disculpar. Soltó un pesado suspiro, echó un último vistazo a París y luego regresó a su casa.
A las seis de la mañana en punto, ya estaba de pie. Tenía una razón muy importante: la beca Agreste. Diseño tras diseño, al fin había elegido tres que le gustaban. Los había guardado celosamente en su portafolio, los escaneó y al fin los iba a enviar. Sus nervios a flor de piel, no le ayudaban. Con el apoyo de Claude y su padre había realizado la frase del por qué debía estar en ese concurso. Todo estaba listo.
—¿Lista? —cuestionó Tikki, mientras desayunaba una de las galletas que robó de la panadería.
—Estoy nerviosa, pero estos diseños son los que más trabajo me han costado y los que más me gustaron. Volqué todos mis esfuerzos y parte de mi alma esta aquí. Sí, Tikki, estoy lista.
En la página subió los archivos, sus datos y su justificación. Sólo era cuestión de esperar. Dio click al botón "Enviar". A partir de ese instante, abrazaba su nuevo ser, con la esperanza del futuro más prometedor por venir.
Se dio un baño, y mientras se enjabonaba, pensó en sus diseños, tratando de encontrar fallas en lo que había enviado, esperando que los detalles que ella creyó insignificantes no fueran contraproducentes. Se arregló y bajó a ayudar a su padre a atender el negocio. Aunque a las siete en punto, se disculpó. Salió corriendo hacia su habitación, se transformó y entallada en el traje de Ladybug, saltó con dirección al Colegio.
Si no importaba que tan temprano o tarde llegara; el "admirador" ya le había dejado un ramo. Lo haría como Ladybug, aunque para su mala fortuna, el ramo ya estaba ahí.
—¡Demonios! Debí haber venido cuando me levanté. —Se quejó al ver el ramo de violeta.
Derrotada, una vez más, se quitó la transformación y volvió por su propio pie a la panadería hasta que las clases comenzaran. Eso le dio tiempo para darse cuenta que su crisantemo le gritaba que su admirador "no soporto la idea de perder tu amor"; las florecillas curiosas que estaban a su lado le daba un mensaje un poco más complicado, la buscó en internet y luego en su libro. Nombre: Rosa de los Alpes; significado: "quiero ser digno de ti".
Oculta entre los pétalos de las otras flores se encontraba algo que no creyó encontrar. Más baja que las otras, en el centro del ramo había un tulipán negro, quien lo enviara "estaba afligido y sufriendo" por ella. El tulipán negro era extraño en Europa, sólo se cultivaban en el Mediterráneo, eso confirmaba la idea del admirador pudoroso. Tenía dinero para comprar ese tipo de detalles, los listones de seda no eran baratos.
Las colocó en un florero y las dejó en su escritorio, esta vez la nota decía: "¿Se me acabó la suerte? Cuando sigo diciendo que busco una forma de escapar. No puedo tenerte, y lo único que voy a hacerte es daño, voy a estropearlo".
—Acéptalo Marinette, este admirador es muy romántico. Me cae bien. —Tikki olfateaba las flores.
—Sí, me ponen un poco nerviosa estos detalles pero me agrada como me hacen sentir. —Marinette acomodó el listón alrededor del ramo y abrió un poco las hojas de las flores para que lucieran frondosas. —Muero por conocer al culpable, aun si es Chloé es bastante tenaz en estas bromas, acepto el detalle, rechazo sus motivos.
Ya no había necesidad de irse temprano, no había encontrado al admirador, así que ayudó en casa hasta que faltaban diez minutos para que las clases comenzaran. Su papá le dio dos cajas de profiteroles para que le diera a sus compañeros. Recordó el día que fue elegida para ser Ladybug, su principio, era de nuevo su principio. Sonrió ante la divertida situación.
—Buenos días. —Saludó a todos.
—Hoy se te hizo tarde, creí que estarías aquí antes que todos, como las últimas semanas. —comentó Alya en forma divertida. —Mira, tu admirador dejó tu mensaje diario.
¿Otro mensaje? Pero si esa mañana ya había recibido uno. ¿Se le habría olvidado que ya le había dado uno?
Ese era sencillo; el girasol le decía "sólo tengo ojos para ti" y la canción nombraba como amaba todo de sí. "Porque todo lo que soy es todo lo que te encanta, amo tus curvas y todas tus aristas, todas tus perfectas imperfecciones. Dame todo de ti, que yo voy a darte todo de mí para ti, eres mi principio y mi fin".
—Es tan dulce. Lo que haría porque alguien, —Alya le dio un golpe en la cabeza a Nino, quien trataba de ignorar a su novia mientras se envolvía en una plática con Adrien. —tuviera esos detalles.
—P-pero, ya había…
Marinette no pudo terminar la frase, la profesora entró al salón y le pidió que tomara asiento pues la clase comenzaría.
Las flores ya estaban en su casa, en su florero, esperando que alguien dijera lo hermosas que eran… ¿por qué tenía otro ramo en las manos? ¿Y si había visto cuando ella fue por el ramo y le dio otro? Peor aún ¿si había visto cómo se quitó la transformación?
Contuvo el grito que estaba por soltar, en cuanto esa idea cruzó su mente.
No, eso no podía ser cierto. Alguien la vigilaba y ese alguien podría usar su secreto en su contra. No había dicho nada tal vez porque… trataba de decírselo a Hawkmoth o a los reporteros o… o… ya no quería saber nada. Ese juego debía terminar.
—¿Me estás diciendo que ya te habían dejado el mensaje de la mañana? —cuestionó Alya durante la hora del almuerzo.
—¡Que sí! —comentó molesta Marinette pues era la quinta vez que se lo afirmaba a su amiga. —No sé qué le pasa, y esta declaración es un poco más, como decirlo… directa.
—Marinette, no has pensado-
—¡Hola chicas! —Claude entró a escena con su almuerzo en mano acompañado de Mercury, interrumpiendo las palabras de Alya.
—¿Otro mensaje de tu enamorado, Marinette? —Mercury se sentó en a lado de Alya. —Es alguien persistente, ya deberías darle el sí.
—Mer, no digas esas cosas a la ligera. —respondió Marinette un poco alterada. —Este admirador me esta destrozando los nervios, no importa que haga no puedo descubrirlo.
—Quizá no quiere que lo encuentres, si lo hicieras se perdería el misterio y dejaría de ser tan romántico. —comunicó Claude.
—No es que me moleste, pero quiero saber el por qué.
—Eso es obvio, está enamorado de ti. —Alya le dio un golpe en el brazo a Claude como alentándolo con su amiga.
—¿Por qué ahora? Justo después de mi accidente, ¿qué lo motivo? —Marinette se quedó viendo a un punto muerto, esperando que su transformación no hubiera quedado al descubierto y esto fuera una forma de hacerle saber que su secreto ya no era privado.
—Tal vez se preocupó por ti y al pensar que algo malo podría llegarte a pasar optó por actuar rápido y dejar su timidez atrás.
La frase de Mercury no sonaba tan irreal. Su admirador pudo haberse preocupado por ella, con la aparición de Claude al haberla rescatado era una forma de hacerle saber que no era único además que pasaba casi todo el tiempo con él. Aunque confiaba que Claude fuera el culpable, le gustaría que lo fuera, sería divertido.
Todo ese día no se pudo concentrar, por más que tratara de centrarse en fórmulas, historia, literatura y otras materias, sólo no ponía atención. Entre su pesar por como la trató Chat Noir, sus nervios al enviar su trabajo a Agreste y el doble mensaje de amor. No tenía cabeza. Pero no significaba que los demás lo entendieran.
La profesora Mendeleiv la castigó lavando los vasos de precipitado después del experimento en turno, Marinette suspiró pues había quedado con Claude de ir a otro lugar después de clases, pero se retrasaría sus planes al cumplir su castigo.
Después de su última clase, le comentó a Claude que debía limpiar el material de laboratorio a lo que el castaño se excusó pues tenía que hablar con el entrenador de esgrima así que la esperaría.
—¿Lo crees Tikki? —preguntó Marinette sacando sus manos libres fingiendo hablar por teléfono.
—No lo sé Marinette. Si me preocupa, pero ¿por qué se ha tardado tanto para "chantajearte"? —expresó Tikki, tallándose los ojos y bostezando.
—Yo tampoco lo sé. Deberías dormir, Tikki. No hemos descasado, te desperté muy temprano. Si ocurre algo, te aviso.
La kwami le agradeció y se metió en el bolso. La chica dejó sus cosas en uno de los bancos y su bolso lo colocó con cuidado en una mesa cercana para mantener vigilada a su kwami quien dormía tan profundamente que incluso se escuchaba sus ronquidos.
Mientras esperaba a que se enjuagaran los vasos de precipitado sacó uno de los girasoles del ramo y se quedó perdida observándolo jugueteando con el listón rosa que ataba cada uno de los especímenes.
—Girasol —habló en voz alta la ojiazul —Si me pudieras decir quién te dejo en mis manos…
—Probablemente perdería el encanto del mensaje.
Marinette volteó hacia la puerta topándose con el modelo que estaba recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. No había sido muy cortés con ella en todo ese tiempo, suponía que era por su enemistad con Claude, así que Marinette cortó por lo sano y no hablaba con él a menos que fuera estrictamente necesario.
—Me asustaste, ¿se te olvidó algo? —preguntó Marinette volviendo a meter la flor en su mochila y cerrando la llave del grifo.
—No, recordé que eras la encargada del laboratorio y espere a que todos se fueran… ¿Aún tienes curiosidad por las flores? —el modelo se acercó a donde estaba la azabache.
—Ah… este… sí; la verdad sí.
—Y ¿qué harías si tuvieras delante de ti al culpable?
Marinette explicó que le gustaría saber el motivo, el por qué le hacía eso, aunque le parecía muy interesante y enigmático. La respuesta recibida fue algo más que extraño, Adrien le contaba que se moría por saber lo que pasaba por la mente de ella, cuyo gesto la sorprendió más al besarla en la frente.
La chica se quedó sin aliento y sólo tartamudeó el nombre del modelo. Quien continuó hablando, las frases mencionadas eran similares a las de algunas notas que estaban en los ramos: Adrien pasó sus manos en la cintura de Marinette y la atrajo hacia si, la chica sólo temblaba. El abrazo se cerraba alrededor de ella, la respiración de la pelinegra aumentaba y más con la mordida que Adrien le dio en el cuello, pasando su lengua húmeda y cálida en la piel de ella; quien contra todo lo que ordenaba la razón soltó un gemido ahogado.
—Tú eres…
—Acertaste. —Adrien le guiño el ojo para después abrazarla fuertemente y tomar su nuca para atraerla en un beso pasional, sentía como sus respiraciones se mezclaban e iniciaban una arritmia cada vez que el metía la lengua dentro de la boca de la joven que seguía impactada ante todo lo que estaba pasando. Se separaron por falta de aire. —Sé lo que sientes por mi desde hace mucho, pero me considero un cazador y me gusta jugar con mi presa. –Adrien volvió a abrazar a la chica. –Pero ese tipo quiso intervenir y tenía que llamar tu atención y lo logré… ¿cuál es tu respuesta?
—¿A qué?
—A mi propuesta: yo te entregaré todo de mí si tú me das todo de ti.
—Pero no me conoces…
—Deja de poner pretextos, lo divertido será saber lo que hay aquí –volvió a besar la frente de la chica –y aquí –entrelazó sus dedos con los de ella y los puso sobre su corazón. –Eres la única que me hace perder la respiración. No sabes cuan enamorado estoy de ti… –La volvió a besar, pero esta vez de un modo más dulce.
—Pe-pero yo…
—Si te sigues negando voy a tener que seguirte cazando y sólo harás que la espera desate muchas cosas más… –El joven la soltó y comenzó a dirigirse hacia la puerta –Piénsalo cuanto quieras… yo te esperaré.
Sus piernas le fallaron, su cuerpo se sentía pesado y extraño ¡¿Qué demonios había pasado?! El mundo se nubló a su alrededor para que la penumbra la abrazara por completo.
Una larga y dolorosa punzada se situaba en la corona de la cabeza, le dolía y su garganta le permitió soltar un alarido tan agudo que sentía como si una llama de fuego saliera de ella. Sus memorias se volcaron en ella como un tsunami…
Había un chico, su voz, la voz que a ella le parecía un susurro en verdad era una amplia gama de gritos: "Estaré contigo, ¡despierta!", "Por favor despierta", "Hermosa por favor debes reaccionar"…
Sus facciones eran más nítidas y no el esbozo de sombras que guardaba. Sus ojos azules parecían asustados, le daba ligeros golpes en la mejilla para hacerla reaccionar, su cabello castaño que ondulaba con sus movimientos…
Era Claude. La voz que escuchaba en sus memorias era la de Claude, el día que la salvo, el día que se conocieron.
—¡Marinette! ¡Marinette! Por favor ¡Despierta! —Los gritos del chico la sacaron de la obscuridad y el aroma del amoniaco llenó sus fosas nasales y abrió los ojos tanto como pudo para alejar esa fuente de asqueroso olor.
—Cla-Claude. —murmuró Marinette. —¿Dónde estoy?
—¡¿Qué te pasó?! Estabas bien hace unos minutos, Marinette ¿Qué ocurrió?
Marinette se dio cuenta que estaba en el piso del laboratorio de química. La cabeza le dolía mucho y sus músculos se sentían entumecidos.
—¡Quédate ahí! Si te sigues moviendo podría ser peor. —Claude se quitó el suéter y lo dobló para que funcionara como almohada. Sacó su botella con agua y se la acercó a los labios a la chica para que sorbiera.
Claude le contó que fue a buscarla para ver si había terminado con su castigo cuando la escuchó gritar, corrió al laboratorio y ahí se topó con ella desmayada. Buscó uno de los frascos con amoniaco para que funcionara como sales y así fue como despertó.
—¿N-no, no había alguien más? —Marinette tenía la imagen de Adrien besándola y declarándose como el admirador.
—No había nadie. Me asustaste. —Claude se acercó a ella, y la tomó entre sus brazos para sentarla en uno de los bancos. —Pospondremos la salida, te llevaré a casa, necesitas descansar.
Claude se encargó de terminar de limpiar el laboratorio, mientras Marinette se dejó caer en la mesa del laboratorio, recostada en el suéter del castaño. Pensando que él era a quien escuchaba hablarle mientras estaba en el hospital. La imagen de Adrien besándola, aquélla sensación, la calidez de sus labios, su respiración arrítmica mezclándose con la de ella… era una alucinación eso debía ser.
Cuando el esgrimista concluyó su labor, tomó sus cosas, las de ella y la cargó en brazos. El shock recibido por la chica había sido demasiado fuerte y su cuerpo no le estaba respondiendo de manera común.
—Claude.
—¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal?
—¿Crees que los medicamentos me hagan sufrir alucinaciones?
—Pues, he leído algunas tesis y mencionan que después de un gran traumatismo es normal que las personas se imaginen cosas. Tus padres tenían razón, debiste ir a terapia. —regañó el castaño quien con cuidado trataba de llegar a la panadería.
La sorpresa para la pareja Dupain-Cheng, no se hizo esperar. Sabine se asustó al ver a Marinette en brazos del ojiazul. Quien trató de no alterarlos, pero eso era inútil. Tom tomó en sus brazos a su hija y la llevó hasta su alcoba.
Marinette los convenció que no era necesario llamar a un médico, todo estaría bien siempre y cuando descansara un poco. Sabine no estaba convencida, aunque su hija le demostró que con el estrés de la entrega para la beca Agreste y sus clases, todo fue en su contra. El regaño de sus padres le llovió pero lo tomo como algo normal, la preocupación de ambos era una forma de expresar su temor.
—Nos veremos después. No estoy huyendo de la escena pero ya tengo suficiente con los regaños de papá. —Claude tomó su mochila y se dirigía a las escaleras.
—Lo sentimos Claude, pero esta niña siempre nos preocupa. —La voz de Tom era la de un padre asustado.
—Perdón por siempre involucrarte en estas cosas, tú eres el que siempre esta ayudándonos. Te acompaño a la puerta, te daré algunos panecillos para tu padre también.
Sabine salió con Claude, mientras el castaño solo agitó la mano en señal de despedida para Marinette. Quien seguí siendo regañada por su padre, por lo poco prudente que era, y como es que aún no estaba bien.
Después que Sabine y Tom la regañaran hasta el cansancio, la dejaron reposar. Se acomodó en su cama y se dispuso a dormir, agradeciendo que Tikki no se despertara con todo el jaleo que ocasionaron.
A la medianoche en punto, Tikki ya estaba despierta. Su larga siesta, su sueño rejuvenecedor le permitió sentirse al cien.
—Marinette, dormilona. Hora de patrullar. —la melódica voz de la kwami atrajo a Marinette de vuelta del mundo de los sueños.
—No escuchaste nada de lo ocurrido ¿cierto?
Si la kwami se enteraba que había recaído, no la iba a dejar patrullar. Ignoró todo y se levantó para prepararse. Tikki, estaba animada e inmediatamente se dispuso a la transformación.
Ladybug se desplazó por la ciudad, seguía aletargada, presurosa fue a la cima de la Torre. No permitiría que sus problemas volvieran a interferir. Escuchó las pisadas de alguien detrás de si y en cuanto se puso en defensa…
—Tranquila, está bien que ayer me comporté como idiota pero no es para tanto.
—Chat.
—Lo siento, no dejé que te explicaras y fui un imbécil. Perdón Ladybug. —Chat le dio una reverencia por lo que ella, sonrió al ver que guardaba la confianza de su compañero. Al ofrecerle la mano en son de paz, se dio cuenta que su traje se desvanecía. Se excusó y optó por aceptar las disculpas y retirarse a patrullar, dejando a Chat perplejo.
Fragmentos de su traje desaparecía y su ropa civil se mostraba. Se quitó la transformación, alertando a Tikki. La kwami le dio unos minutos para que se calmara y volverían a intentarlo, lo mejor era regresar a casa.
Asustada, dio por concluido el patrullaje. Por más que lo intentó no logró conciliar el sueño.
Se levantó ante su nula posibilidad de dormir, y preparó las cosas para el primer lote de pan, antes que su padre se despertara. Perfecto mal inicio de… "su nuevo inicio".
Llegó temprano a clases, no le gustaba hacer eso y más al ver que algo ya estaba en su mesa: Su nuevo mensaje de amor floral estaba esperándola.
—Todo es tu culpa, tu adorable y hermosa culpa. Ramo tonto y bello. Te amo-dio. —Las flores parecían campanillas, lazadas con listón de seda azul.
—¿Sabes lo que significa?
Adrien entró al salón, alertando a Marinette quien aún tenía en su mente el sueño de él besándola. Estúpidas alucinaciones que aparecían en su mente imaginando eróticas cosas… ¿eróticas? ¿Ella pensó eso? Estaba más dañada de lo que esperaba.
—Ahm, si. Es un ramo de convallaria, significa la llegada de la felicidad. —pensó un momento en lo preguntado por el modelo. — ¿Cómo que "qué significa"?
Adrien se acercó a ella, la tomó con fuerza por la cintura y la aproximó a él. —Tienes razón Marinette, al fin llega la felicidad. —Delineó con sus dedos el mentón de la joven quien sólo pudo observar, como el rostro de él se colocó frente a ella, sus labios rozándose, la calidez invadiéndola, la mano de Adrien atrapó su nuca para que no pudiera alejarse.
Eso ya no era un sueño, sentía como su temperatura subía. Su primer amor, su crush del instituto la estaba besando.
