Capítulo 08: Te prometo, robarte hasta el alma.
La sensación de sus manos recorriendo su cintura, como sus dedos se aferraban a ella, su boca viajando por sus labios y su lengua penetrando en sí, le arrancaba la coherencia pero no podía respirar aunque eso poco importaba. Adrien Agreste, su interés romántico por los últimos meses y que sin más se convirtió en una especie de ogro con pésimo temperamento y la hizo pensar en su decisión de atracción, la estaba besando.
No era un beso como en las películas: suave, tranquilo, romántico. No, este era pasión palpable, la fuerza del acto, la firmeza, la decisión.
Apenas la soltaba por unos segundos, para que él fuera capaz de respirar e inmediatamente la volvía a besar, Marinette contrariada trataba de detener el avance, pero al parecer su cuerpo se resistía, esa magia al sentir el beso la estaba venciendo… o era la falta de oxígeno, ella prefería pensar que era lo primero. Al parecer él lo notó y momentáneamente se detenía y mientras ella se recuperaba, Adrien lamía el cuello de la ojiazul.
La respiración de Adrien causaba un cosquilleó en la piel de Marinette, le agradaba. Estaba totalmente embriagada en éxtasis.
—Esto no se va a quedar así, aún falta mucho. —Tomó la mandíbula de Marinette la atrajó hacia él y le plantó otro beso.
Sin más salió del salón, dejando que la joven aspirante a diseñadora se derritiera por todo eso. Sus piernas dejaron de responderle y cuando se dio cuenta estaba en el suelo, todo se nubló y luego no supo que pasó.
Una voz distante la llamaba, se escuchaba como un leve susurro pero sonaba desesperada, como si algo la asustara, quería aferrarse a ella, quería responder pero un pesado sueño la atrapaba y Marinette se dejaba vencer, quedando a merced de su cuerpo que no le reconocía como debía.
—¡Marinette! ¡Mari, reacciona!
La vocecilla comenzó a molestarla, no la dejaba dormir. Se sentía cansada, aunque algo le decía que tenía que despertar. Al abrir los ojos, vio el rostro de Juleka frente de si. Marinette no sabía que estaba haciendo antes de estar… ¿dónde estaba?
—Marinette, ¿sabes dónde estás? ¿Puedes decirme tu nombre completo? ¿Tú fecha de nacimiento?
Juleka seguía las preguntas de ley cuando alguien recibía un golpe en la cabeza. Era una forma de saber si tenía algún daño cerebral. Cuando Marinette reaccionó por completo y contestar las preguntas de su compañera, optó por levantarse del suelo y acomodarse en su asiento… ¿cómo había llegado al suelo? ¿Qué estaba haciendo antes de desmayarse?
La joven de cabellera violácea, le ofreció un poco de agua además de querer llamar a los padres de la aspirante a diseñadora. Marinette se negó, lo que menos quería era volver a asustar a sus padres, de nuevo… otra vez.
—¿Segura? Marinette, estas un poco… como decirlo, sonrojada ¿no tendrás fiebre? —cuestionó Juleka.
—No, estoy bien. Supongo que estoy fatigada y me está comenzando a pesar. —sonrió la azabache, tratando de no alertar a su compañera. Aunque en ese instante, recordó la imagen de Adrien besándola. Sus mejillas se tiñeron de rojo de manera súbita nuevamente. —Juleka, ahm… ¿había alguien más cuando llegaste? O Alguien cerca del salón.
Juleka negó que hubiera alguien, Quizá eran ideas de Marinette, ¿por qué Adrien la besaría? Se quedó en su lugar tratando de hallarle lógica a la situación, pero no hallaba pies ni cabeza. Cuando Alya llegó y la vio, supo de inmediato que algo andaba mal. La pelinegra convenció a la chica que solo estaba fatigada, no podría explicarle que "soñó" que Adrien la besaba.
—Buenos días.
El rostro sonriente de Adrien apareció en la puerta del aula y el corazón de Marinette se sobresaltó. Había tenido una fantasía "subida de tono" con el modelo, no era capaz de verlo al rostro y solo bajo la mirada evitando los orbes verdes, que si ya no eran de su obsesión; no dejaban de formar parte de su vida.
Las demandas de Alya por saber qué es lo que pasaba se detuvieron al ver el actuar de su amiga. Adrien ya no era de su interés, ¿o sí? No, eso no podía ser cierto, Marinette ya tenía a Claude, o al menos creía que no faltaba mucho para que ellos se hicieran novios. Tenía que cortar por completo alguna esperanza del Adrinette para que el Claunette fuera la OTP.
—Amiga, ¿pasó algo que te tenga tan nerviosa? —preguntó Alya interponiéndose en el campo visual de la pelinegra para que Adrien dejara de verla.
—N-no, no, ¿de-debería pa-pasar algo? Estas imaginando cosas, Alya. —Marinette estaba tan nerviosa que no podía fingir.
Sencillamente no le podía explicar a su amiga que tuvo un sueño con Adrien, donde él la besaba y ella no oponía resistencia ¿por qué no opuso resistencia? Ya no le gustaba Adrien, ya no lo quería, ya no sentía nada… ¡¿entonces por qué demonios seguía sintiendo sus dedos acariciándola y sus labios recorriéndola?! "Sólo fue un sueño", era la frase que se repetía tanto durante las clases, cuando recordó que alguien podría afirmarle o negarle esa sentencia: Tikki.
Requería un minuto para abrir su monedero y preguntarle a la kwami si Adrien lo había hecho o los medicamentos estaban dañándola. Tenía que salir de clases, no podía seguir imaginándose cosas. Después de pedir varias veces que la dejaran ir al sanitario y las profesoras se lo negaban estaba a punto de salir a la fuerza cuando Alya entró a su favor apoyando a su amiga y diciendo que había sufrido un colapso por lo que Miss Bustier inmediatamente la mandó a la enfermería.
Caminaba tranquila a la enfermería, debía lucir convaleciente al menos hasta que burlara el campo de visión de la profesora.
—¡Tikki! —Abrió su monedero ocultándose en una de las pilastras. —Viste a-
—Hola Marinette.
Claude interrumpió a la pelinegra quien sólo podía pensar en cómo ese día se estaba confabulando todo en su contra para que no pudiera enterarse de la verdad, saludo con desgano al castaño.
—¿Hablabas con alguien?
—Ahm no, no, iba pensando en voz alta. —Se excusó la chica. —Voy a la enfermería, para que me revisen la presión. —La excusa más torpe que se le ocurrió.
—Si te sientes mal otra vez, puedo llamar a una ambulancia. —Claude lucia preocupado, él era quien siempre la ayudaba en ese tipo de situaciones así que Marinette tampoco quería asustarlo.
—No es eso, supongo que no he dormido bien y mi cuerpo aún no está en óptimas condiciones, nada que el descanso no arregle. Te dejo para que regreses a clases.
La intervención de Claude no era grata para Marinette, requería de un minuto, sólo un minuto para preguntarle a su kwami si aquél sueño raro con Adrien, era eso, un sueño o algo pasó. Rogaba que no fuera así, había jurado quitárselo de la mente y arrancárselo de ese enamoramiento infantil que tenía… hasta que esas alucinaciones, la tomaron con la guardia baja.
Debía deshacerse de Claude, pero ¿cómo? Una excusa lo bastante creíble… hasta que llegaron a la enfermería, la encargada no estaba así que la azabache le rogó que la fuera a buscar, quizá estaba en la oficina del director. El castaño acató la orden como si su vida dependiera de eso, de una zancada ya estaba en el pasillo con su misión en mente.
—¡Tikki! —En cuanto salió Claude, Marinette abrió su monedero con desesperación y agitó el interior para avisar a su kwami. — ¡¿Dime que pasó?! Por favor dime que estoy loca o los medicamentos me hacen daño ¡Por favor!
—Marinette ¿de qué hablas? —comentó la kwami desde el monedero, frotándose su enormes ojos con sus manitas.
—Dime que viste lo que pasó antes que me desmayara.
—Wow, no pensé que una sola muestra de afecto, tan sencilla como fue esa, hiciera que perdieras la cordura.
Por inercia Marinette escondió su monedero tras de sí al escuchar la voz. El dueño de ese tono tan dulce pero que al mismo tiempo causaba que sus piernas se doblaran estaba escondido detrás de la puerta. ¿Adrien habría visto a Tikki? ¿Qué excusa podría inventarle? Aunque eso no era lo importante… ¡¿Qué hacía él en la enfermería?!
Cuando salió del aula se topó con Claude y bajaron con cuidado las escaleras, haciéndose pasar por convaleciente, quizá uso ese lapso de tiempo para llegar. Su sentido de sobrevivencia le gritaba que debía salir de ahí, lo más pronto posible; tiempo a solas, sobre todo "a solas", no era nada bueno.
—Ya entendí. —sonrió la chica y tronó los dedos como si la explicación se cerniera sobre ella. —Esto es una broma, ¿no es cierto? Alguna alucinación causada por los medicamentos.
—¿En serio? —Adrien cerró la puerta y se cruzó de brazos en el umbral. —Pues si es así, debemos comprobar que lo sea, ¿no crees?
—N-no lo s-sé. —¿Por qué estaba tan nerviosa? El golpe en la cabeza hacia que las alucinaciones fueran muy reales, pero la actitud de Adrien era diferente. Su usual dulzura y tranquilidad se esfumaron cuando apareció Claude, pero este tipo de actitud segura y con ese toque de atracción le estaba quitando el habla.
—Me decepciona un poco que creas eso. —Dio un paso acercándose a ella, a lo cual ella retrocedió. Marinette se negaba a actuar así, como una presa que busca refugio ante el ataque de un depredador, sólo era Adrien, un Adrien que hacía que la temperatura de su cuerpo aumentara. ¿Qué le pasaba? —¿Por qué tan nerviosa, Marinette?
Hasta su nombre con esa voz aterciopelada la hizo soltar un suspiro. No, ese no era Adrien. Así no actuaría él. Bueno, no había sido él desde que ella lo minimizó ante Claude. Venganza, esa era la respuesta, una forma de castigarla por hacerle eso, ¡claro! Eso tenía más forma… ¿o no?
Miró hacia abajo, tratando de evitar la mirada de su interlocutor. Sus orbes verdes brillaban con cierta ferocidad, como si estuviera dispuesta a abalanzarse sobre ella en el momento que bajara la guardia y Marinette no sabía que hacer…
Un akuma…
Esa era la verdadera respuesta, Adrien había sido akumatizado. Con tantos sentimientos negativos que tenía por Claude, fue akumatizado por Hawkmoth, pero eso no explicaba por que lucía tan normal, sin un traje llamativo o un nombre raro. Era el mismo Adrien, pero con un tono seductor que la ponía muy nerviosa. No era la misma forma de cómo se sentía en el pasado, tartamudeando al hablar o tropezarse ante él. Era algo más; indescriptible.
Sus terminaciones nerviosas le ardían, como si se estuviera preparando para algo, confiaba en sus habilidades como Ladybug, pero no era una amenaza eso era obvio, no estaba asustada… solo nerviosa.
—¿Por qué no me contestas? —En cuanto vio los pies del chico tan cerca de ella, alzó el rostro para toparse frente a frente de él, estaba acorralada.
—N-no estoy ner-viosa, ¿de-bería es-estarlo? —Qué patética forma de demostrarlo, llegó a pensar la pelinegra.
—Puedo hacer que te relajes, aunque si me lo pidieras dejaría de ser divertido.
Volvía a lo mismo.
Sintió la cálida mano del rubio en su nuca para atraerla hacia él, sus labios estaban unidos en un beso y ella solo pudo ahogar su sorpresa al contacto con él. Su cuerpo rogaba por el contacto pero su mente le gritaba que eso no era correcto. Deber y placer, dos caminos tan alejados que no tenían una respuesta correcta o incorrecta.
Su respiración aumentaba al igual que el palpitar de su corazón, sentir el calor que irradiaba el cuerpo del joven era tranquilizante a su modo. Era oficial, Marinette estaba loca al punto que sus alucinaciones la hacían sentir bien.
Usando un jadeo para tratar de aspirar más aire, hizo que Adrien tuviera una oportunidad para introducir su lengua en la cavidad, acariciando despacio pero con fuerza su interior. Con la mano derecha el rubio fue deslizándose hasta llegar a la parte baja de la espalda de la chica para atraerla más, cortando cualquier distancia. Dejándose llevar, Marinette uso sus manos para entrelazarlas tras la nuca de Adrien.
¿Estaba confundida? Por supuesto, estaba nerviosa, pasó a ser una presa y ahora se estaba dejando llevar. ¡¿En qué tipo de jugarreta estaba participando?! Sus mejillas ardían por el momento, sus dedos acariciaban el suave y sedoso cabello dorado, mientras Adrien subía la intensidad del beso.
—¿Sigues creyendo que esto no es real? —comentó jadeante Adrien tratando de reponerse un poco. Marinette ni siquiera era capaz de verlo a los ojos. —Todo esto que sientes es gracias a mí.
—Pero —los jadeos no le permitían hablar con claridad a Marinette — ¿por qué haces esto?
—Porque me cansé que no entendieras mis mensajes, me harté que estés a su lado y porque sólo quiero gritar mis emociones en tu boca.
Tiempo suficiente para recuperar la compostura y volver a perderla. Se volvieron a fundir en un beso, algo que le encantó a Marinette aunque la razón le gritaba que todo eso estaba mal, que no se dejara llevar. Si, aún necesitaba huir pues al paso que iban no tendrían retorno.
Adrien rodeó con sus manos las piernas de la chica para abrirlas y cargarla a horcajadas alrededor de su cintura, Marinette se abrazó al cuello del modelo, fuertemente para no caer. El rubio la sentó con cuidado en la cama para después tumbarse sobre ella lentamente.
—Luces tan linda cuando te sonrojas. —La mirada de triunfo de Adrien sobre Marinette era desconcertante. —Eres tan pero tan dulce, aunque una egoísta al no permitirme saborearte antes, por lo que te mereces un castigo.
Delicadamente abría el blazer negro de la joven, con sus hábiles dedos acariciaba su cuello y retiraba la blusa que ella vestía para besar la piel expuesta. Una punzada ligeramente dolorosa pero que se sentía sumamente bien envolvió a Marinette, soltó un acallado gemido aferrando sus dedos en los hombros del rubio quien emitió una ligera risa y después se detuvo.
Ella estaba hipnotizada, su cuerpo no respondía y su mente estaba cayendo ante lo bien que se sentía. Al sentir la lengua de él recorriendo el eje de su cuello se estremeció y un escalofrío la cubrió.
Los labios del rubio se volvieron a posar en la clavícula de la chica, Marinette gimió potentemente y de inmediato se llevó las manos a la boca tratando de acallarse.
—¡Qué parte que esto es un castigo no entiendes! —Exclamó Adrien al tomar sus extremidades para detenerla. —El único que puede hacer cosas y divertirse soy yo. —Volvió a besar el cuello de la joven —Y por ahora quiero escucharte, me gusta tu voz.
Totalmente a su merced, Marinette apretó sus manos al sentir como Adrien besaba con fuerza su cuello, se mordía los labios para no emitir sonido alguno, pero esa situación comprometedora era algo que el chico disfrutaba.
Sin más, Adrien se retiró del beso y tras pasarse seductoramente el pulgar sobre los labios, le dio un beso en la frente a Marinette y sin palabra alguna salió de la enfermería. La mente de la heroína se quebró, ya no sabía que era cierto o falso, pero ahora si tenía una testigo, aunque le apenara aceptarlo.
—Marinette, ese fue Adrien… besándote y aplastándome en el proceso. —comentó la kwami fuera de sí.
—Entonces no es una alucinación. —La mirada perdida de Marinette era la expresión por completo de las cosas que pasaban por su mente.
Se envolvió entre las sábanas de la cama de la enfermería, no quería que nadie la viera después de lo ocurrido. Unos segundos después ingresó la enfermera y Claude; el castaño se alarmó al verla recostada, pues se suponía que solo iba por un chequeo rápido. Con voz entrecortada la ojiazul le dijo que estaba bien pero que necesitaba descansar un poco, pues se había mareado.
Claude se ofreció nuevamente a llamar al médico del hospital pero Marinette le comentó que no sería necesario, sólo quería recostarse, con cinco minutos sería suficiente para volver a la normalidad.
La enfermera le pidió a Claude que saliera mientras revisaba a su paciente y muy a su pesar el esgrimista aceptó. Después de escuchar como la puerta se cerraba Marinette se descubrió, la mujer la notó ruborizada pero pensó que quizá tenía temperatura alta, hizo un chequeo exprés, solo para notar que lo único fuera de lugar era la arritmia cardiaca.
Como no podía medicarla pues Marinette ya tomaba medicamentos fuertes, temía por las contraindicaciones, pero la pelinegra la convenció que un poco de tiempo recostada sería suficiente para apaciguarse. La enfermera no estaba tan convencida, aunque era lo único que podía hacer.
Tumbada en la cama, tratando de sopesar lo ocurrido y calmar su alterado corazón, Marinette no podía relajarse. Por más que inhalaba y exhalaba tenía miedo de su propia reacción. Hasta donde su entendimiento le permitía razonar. Adrien le había dejado las flores y había aceptado el mensaje que en ellas guardaba, era una clase de declaración aunque la pregunta ¿por qué?, era el común denominador.
Su comportamiento frío fue lo que hizo que ella se alejara, pues lo había puesto en un altar que no se merecia, no era el caballero del que tanto se leía en los libros: aquel chico que capturaba su corazón por su forma de ser y la justicia en él. No era lo que ella anhelaba y aun así permitió que las cosas tomaran un camino… pasional.
Aun sentía la lengua de él pasando entre sus labios y jugando en su interior, su respiración rápida, sus manos, ¡demonios! Era como una necesidad la que nació en ella para que la volviera a tocar. Ansiaba que aquello se repitiera, anhelaba que la volviera a tomar de esa manera tan salvaje y vehemente.
"¡No!" No era el príncipe que esperaba, el caballero que dejaría caer su capa para que ella no se mojara al pasar una charca de agua, aquél que la cubriría con su abrigo para que no tuviera frío, el que con galantería depositaría un beso en sus nudillos para ganarse su favor, quien con delicadeza la llevaría a una romántica cita cumpliendo sus sueños y en la cima de la rueda de la fortuna con cariño se verían a los ojos y entenderían el mensaje y el siguiente paso que darían para sellar ese momento. Él se inclinaría para darle un suave, dulce, tímido y primer romántico beso; terminando con un rubor vehemente en sus mejillas.
"¡Así no!" No tenía que ser así. Lo que hubiera dado hacía unos días para que él se le declarara y le diera todos esos mensajes, su corazón se hubiera hinchado por la emoción al saber que él le daba esos regalos. Hubiera gritado a todos que era dueña de las atenciones del chico más lindo de todo París… ¿por qué se sentía como si fuera algo incorrecto?
Su mente era un caos. De un lado tenía al chico que le robó el corazón después de su encuentro bajo la lluvia y del otro lado tenía a quien sin conocerla, la salvó, le ayudó y se había convertido en una clase de consejero-amigo que mostraba todo lo que ella quería en un príncipe, era su caballero de brillante armadura.
Se sentía culpable, esa era la verdad. Tenía culpa por lo que hacía y si ese era su sentir es porque en verdad estaba mal. Creía que era una traición a Claude y también una traición a sí misma.
Adrien no le podía hacer eso, ¿por qué ahora? Palabra a palabra dicha por el modelo, fue buscando alguna pista de aquél comportamiento. Hasta que la respuesta se posó delante de ella en su verdadera forma, deslumbrándola. Si, era eso. Ella se había convertido en una venganza para con Claude: "me harté que estés a su lado".
¡Aquello era ruin! Eso no era de un caballero, pero lo que más coraje le daba y la rabia la sentía con ella misma. Se disolvió en las manos de él.
Ella lo aceptó, no se negó a los avances del chico. ¿Por qué no lo empujó? Su mente ya había aceptado que él no era para ella, que no era su mejor opción y aun así… se dejó besar.
Tenía que regresar a clases, aunque él estuviera ahí. Ya había logrado ponerse al corriente con las clases, no echaría en saco roto las enseñanzas y tiempo invertido por Claude y Alya en ella, se había enfrentado a cosas peores; un chico… un chico que besaba muy bien y la hizo sentir cosas inexplicables, sólo estaría ahí, si le quedaba un gramo de caballero no mencionaría lo ocurrido en la enfermería.
Se descubrió, quitándose con ferocidad las mantas como si le estorbaran en el paso, lo que hizo que la enfermera soltara un grito, asustada. Marinette se disculpó, con la excusa que había tenido una pesadilla y por eso actuó así. Le agradeció a la mujer por haberla atendido, pero ya se sentía mejor y debía volver a clases.
Caminó presurosa al salón, con decisión a que ese modelo, no terminaría con su tranquilidad. No se dejaría vencer de manera sencilla. Afortunadamente la clase terminaba y no debía pedir permiso para pasar. La profesora le avisó que le pidiera a Alya los apuntes y esperaba que concluyera la tarea tan bien como había hecho sus tareas extracurriculares.
—Amiga ¿Ya te sientes mejor? —interrumpió la conversación Alya.
—Sí, sólo creo que pasó algo que no esperaba.
—¿Qué?
—Nada. —La ojiazul no iba a alertar a su amiga de lo que ocurría. Alya sólo empeoraría las cosas y con la mala manía de no saber guardar un secreto, Claude se enteraría de lo hecho por el modelo.
—Bueno, tenemos sesión de estudio. Vámonos.
—Marinette ¿ya te sientes mejor? —Nino se unió a las amigas, todos estaban pendientes de la recuperación de la chica, así que ella contestó animadamente que estaba en óptimas condiciones.
—Estábamos muy preocupados por ti. —La voz de Adrien se escuchaba igual que siempre, como un compañero más, pero en el interior de ella algo sentía que hervía y sus nervios regresaron. —La próxima vez puedes pedirnos ayuda, no deberías ser tan tímida.
A todos les pareció una frase de camaradería aunque a Marinette le sonaba como algo de doble sentido. La perfección con la que hablaba el modelo era similar a cuando lo conoció, ese rostro lindo, voz calmada y modales fuera de lo común… ¡¿cómo era capaz de ser tan cínico?!
Ella optó por ignorarlo, o al menos hacer su mejor esfuerzo para que no se notara el mal que le causaba. Claude se unió a ella hasta el almuerzo, pero estaba genuinamente preocupado. Eso le dolía más a ella. ¿Por qué su corazón no latía con la misma ferocidad cuando estaba cerca de su "caballero de brillante armadura" a cuando estaba con el "demonio con cara de ángel"?
Todo el día trató de huir de Adrien. El resultado que ocasionaba en ella no era natural y cortarlo por lo sano era la mejor opción.
No tenía la cara para estar con Claude así que le comentó que quería descansar, tenían planes para ir a ver una película. Marinette lamentaba cancelarle de ese modo aunque se sabía que con lo buen observador que era Claude se daría cuenta que algo más pasaba.
Al terminar las clases, se quedó en la biblioteca pasando sus apuntes prestados por Alya y realizando sus deberes.
—Marinette, tienes un regalito en tu alcoba. —Anunció Sabine cuando vio entrar a su hija por el umbral de la puerta. —Sé que te va a gustar, es muy lindo.
Eso necesitaba, un regalo que le quitara todo el estrés de ese día. Subió a su alcoba emocionada por lo que su madre le había prometido aunque la sonrisa se borró en cuanto observó el regalo…
Era un ramo de flores, más llamativo que los anteriores, tres veces más grande y tenía un bello decorado de pequeños adornos.
—Esto ya no es normal, Mari. —anunció la kwami cuando comenzó a sobrevolar por el regalo.
—No, ya no lo es y me está asustando el rumbo que todo esta tomando.
—Veamos que nos quiere decir. —Tikki tomó el libro del buró de la cama y se lo llevó a su portadora.
—Debería tirar su regalo. —la mirada fija sobre el ramo era la expresión de pánico que asustó a la kwami. —Si lo aceptó, estoy aceptando su mensaje y es obvio que él solo me ve como un objeto que debe arrebatarle a Claude.
—¿Y si hubiera algo más?
—¿A qué te refieres, Tikki?
—Cómo dijo Alya, tu admirador secreto se sintió amenazado con la aparición de otro chico y por eso comenzó a actuar. Adrien se dio cuenta que ser dulce no bastaría y debía ponerse más agresivo antes que Claude terminara por convencerte.
—¿Qué quieres decir?
—¿Y si le gustabas a Adrien desde antes?
—No, claro que no.
—¿Alguna vez le dijiste a Adrien que te gustaba? Porque desde que nos conocemos, nunca has podido entablar una conversación con él, él nunca supo de tus sentimientos por tu boca, quizá sea igual para él.
Si eso era cierto… No, eso empeoraba las cosas. Porque estaría rechazando a Adrien, por un sentimiento que ella llegó a compartir pero ella ya se había dado cuenta que lo que sentía era un capricho o un deslumbramiento, ¿sería capaz de rechazarlo así?
Al menos por lo que sabía, él era nuevo en ese tipo de cosas, no importaba que tan atractivo fuera, era nuevo hablando con otras personas y relacionándose con mujeres. Para él podría ser una forma de acercarse plantarse directamente ante esa chica y esa chica… fue ella.
Todo sería más fácil si dejaba de pensar tanto las cosas. Se enfocó en leer el mensaje que le dictaba las flores.
—Veamos que tenemos aquí. —Comentó Marinette dando por terminada la conversación con la kwami. —Creo que, estos son lirios, estas son peonías, estas son flores de Lis tulipanes, y estas dos no tengo ni la más remota idea de qué son.
Marinette sacó su teléfono tomó una fotografía y buscó la imagen en internet. Así descubrió que era una extraña flor que se llamaba violeta de Parma y jacintos.
Seguía la parte divertida: enterarse de su significado.
Abrió el libro y fue buscando el significado alfabéticamente: Las flores de Lis se referían a una pasión ardiente; el Jacinto amarillo demostraba celos, al menos ese tema si lo entendía; los lirios eran de un color purpúreo que se referían a como deseaba seducirla al amarla; la peonía de diversos colores denotaban que la belleza alimentaba el deseo por ella mientras que la peonía rosa le decía que la quería pero era tímido para decirlo.
—Sí, claro. Como si le fuera a creer que es tímido. Lo supo ocultar muy bien mientras casi me devoraba completa.
Rodó los ojos evadiendo sus recuerdos del día. El siguiente significado era el del tulipán jaspeado donde le declaraba lo lindos que eran sus ojos pero el que de verdad la terminó de sorprender era "la violeta de Parma": déjame amarte.
Una flor, un significado controversial. Dos palabras que podrían cambiar las cosas; "Déjame amarte". Adrien le estaba pidiendo, a su modo, que le permitiera tener esos sentimientos, que lo dejara estar con ella… No tenía una respuesta a eso, al menos no de manera prematura.
—Tiene una nota, ¿quieres leerla? —intervino la kwami en sus pensamientos mostrando un sobre color rosa escondido entre el follaje.
Marinette extendió la mano y tomó entre sus dedos delicadamente la nota. Contorneó con la yema de sus dedos el sobre, jugueteó con él. ¿Qué tipo de mensaje contendría? Respiró tratando de calmarse y luego abrió la carta.
Marinette,
Quizá te asusté por como actué pero estoy desesperado. Pensar que has llegado a creer que él es quien te manda estas notas me molesta. Son mis sentimientos los que están en juego y son los tuyos los que quiero que me volteen a ver, no sé cómo hablarte, no sé cómo llamar tu atención, no sé cómo lograr que estés en mi vida. Dame una oportunidad. Te prometo, robarte hasta el alma como tú lo has hecho con el beso que nos dimos.
La pelinegra jadeó ante la declaración.
—Es adorable, ¿no es cierto? —Sabine entró a la habitación, sobresaltando a Marinette. —Las vino a dejar Adrien, le agradecí el gesto, supongo que aun tiene la costumbre como cuando estabas en el hospital.
—¡¿Qué?! —gritó sorprendida la ojiazul. —Pe-pero mis amigos me dijeron que él jamás me fue a ver al hospital.
—¿No te lo dijo? —contestó la mujer asiática. —Creo que le daba pena que lo vieran y siempre iba a dejarte los ramos cuando la hora de visitas estaba por terminar o tus amigos no habían ido a verte, eso sí, jamás se atrevió a entrar a verte, decía que le rompería el corazón verte en tu situación.
—¿Qué tan a menudo iba?
—Casi todo el mes que estuviste en coma. Es un niño adorable, quería que lo primero que vieras fuera una linda imágenes de flores y no una fría habitación de hospital. De hecho tengo la sospecha que nos ayudó a pagar la factura del hospital, porque cuando te dieron de alta me dijeron que alguien había hecho una donación generosa y pagaríamos lo mínimo. Deberías agradecerle.
Sabine se acercó al ramo y olfateó las flores. Después de avisarle que la comida estaría lista en unos minutos y que se lavara las manos, la mujer salió de la alcoba; dejando a su hija con una duda aun más grande.
Todo eso ocurrió mientras dormía. El ataque del akuma le ocasionó más que problemas físicos ahora se sumaban los problemas emocionales. Su corazón fragmentado y sus sentimientos estrujados.
¿Qué podría hacer?
