¡Bienvenidos! Esta es mi primera historia, la que me propuse hace mucho tiempo, y para hacerlo realidad me obligué a publicar un prólogo, digo… si escribo uno, debería continuar la historia, ¿no? ¿No? ¡Bien! Todos odiamos el estúpido final de la serie: Ichigo se queda felizmente con Aoyama, bla bla blah, Kisshu muere (parte en la que lloré mucho), revive, pero vuelve a su planeta sin Ichigo. ¡¿Qué fue eso?! Esa no es manera de jugar con los corazones de las fans. Estúpido tree-hugger, todos te odiamos.

Aviso: Esta historia está basada tanto en cosas del manga como del animé, así que pueden que hayan cosas que reconozcas y cosas que no, si es que no conoces alguno de ellos. Y otra cosa muy importante: Berry, Tasuku y demás no forma parte de la historia. Finjamos que todo terminó cuando derrotaron a Deep Blue.

Disclaimer: En realidad no sé para qué se hace, ya que es obvio que TMM no me pertenece, pero todos lo hacen así que… TOKYO MEW MEW NO ME PERTENECE. (Aunque desearía que así fuera. Sí sí. Hubiera matado a Aoyama, sí. Kisshu hubiera sido feliz. Sí.)

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Hacía ya cuatro años (y seis meses para ser exactos), la pelea entre las Mews y los aliens había terminado. Ichigo Momomiya, Mint Aizawa, Lettuce Midorikawa, Pudding Fong y Zakuro Fujiwara continuaron con su trabajo en el café, aunque esta vez sin tener que salir corriendo para hacer uso de sus amuletos que guardaban con mucho cariño en algún lugar de sus habitaciones. Kisshu, Taruto y Pai, en cambio, regresaron a su planeta con el fin de terminar la estúpida pelea y hacer un buen uso del Mew Aqua.

Ichigo, para empezar, continuó su relación con Aoyama, y aunque cada vez se notaban más distantes, ella no lo quería aceptar. En el café le iba muy bien, ya que le fascina la idea de comer gratis y más que nada esas deliciosas tortas con frutilla y mucha crema. Su relación con las chicas se mantuvo igual con el tiempo, y a pesar de tener algunos desniveles con Mint, siguen siendo muy buenas amigas. De a poco empezó a llevarse mejor con Ryou, aunque nunca iba a dejar de tener esas actitudes arrogantes que tanto enfadaban a Ichigo. Ella ya tenía 17 años y medio, maduró mucho con todo lo vivido, además de lo hormonal. Ichigo aún conservaba a Masha, quien no hablaba desde la partida de los aliens. A veces producía algún sonido de alegría, pero nada más.

Mint continuó con el ballet y llegó muy lejos. Era bastante normal escucharla ser nombrada en los teatros y por grandes productores, era por esto que solía haber mucho bastante movimiento de cámaras en el café. A pesar de esto, Mint no estaba muy contenta: Zakuro había tenido que viajar a Estados Unidos para continuar con su carrera de modelo, y se quedaría ahí por lo menos dos años. De cualquier manera, ya se había empezado a acostumbrar a ello; las chicas la apoyaban mucho.

Lettuce seguía igual: estudiosa y obediente, aunque ahora procuraba cuidar más su imagen. Dejó de usar su habitual trencita en su precioso cabello verde manzana, y eligió dejarlo suelto, lo que dejaba a la vista ondas que recordaban a las olas del mar. Pensó en cambiar sus grandes lentes por lentes de contacto, pero prefirió reemplazarlos por unos pequeños lentes cuadrados, los que la hacían parecer mucho más adulta. Al igual que Ichigo, ya tenía 17 años, aunque cumplidos hace unos dos o tres meses más temprano que ella. Su relación con Ryou mejoró (más de lo normal), hasta a veces las otras chicas pensaban que ocultaban algún tipo de relación fuera del café, lo que causó grandes berrinches en sus comunes clientas, quienes mantenían un fuerte amor por él. "Eso es porque no lo conocen bien" solía decir Ichigo. "Solo miran sus gigantes ojos celestes y su pelo rubio", y cada vez que Ichigo decía esto, Lettuce no podía evitar suspirar y perderse por unos segundos. Aunque, cuando le preguntaban algo sobre ellos, se limitaba a sonrojarse y no contestar.

Pudding ya tenía 13 y estaba pisando los 14. Siempre fue y siempre iba a ser la pequeña inquieta monita del grupo, amante de los dulces, cariñosa, juguetona y alegre. Era la chispa que necesitaba la cafetería. Ryou solía decir que con Pudding allí, no hacía falta tomar ningún tipo de energizante para tener ganas de trabajar todo el día. Esto causó mucho entusiasmo en las chicas, incluso en los malos días. Pudding nunca cambió su actitud, pero podemos decir que aunque sea muy poco, maduró. Gracias a ella, las chicas se sentaban a tomar un café todos los viernes cuando el café cerraba, aprovechando los trozos de pastel que sobraban, siguiendo la rutina: Ichigo elegía el de frutilla con crema, Mint el de menta con chocolate, Lettuce apenas una simple torta de vainilla con un poco de kiwi, Zakuro comía su tarta de manzanas y Pudding, como era de esperarse, comía todos los pudines de banana que sobraran. Intentaban no tocar el tema, pero siempre terminaban hablando de los viejos tiempos… de sus peleas, y lo que más enfadaba a Ichigo: los aliens. Pudding en vez de enojarse, se ponía muy triste. Extrañaba mucho a su Taru-Taru, aunque tenía fe de que algún día volverían.

Zakuro era la mayor, con sus recientes 21 años cumplidos. Como ya se dijo antes, había viajado a Estados Unidos hace un año debido a grandes propuestas que le convenían mucho. Después de el tiempo pasado con las chicas, había aprendido que las apariencias engañan, y que debajo de una mala cara, puede existir un gran corazón. Cuando se dio cuenta de esto, comenzó a ser más amable hacía las personas, sobretodo con sus fans. Algunas le hacían recordar a Mint, y ante esto no hacía más que sonreír para sus adentros. Todas las chicas habían sido muy buenas con ella.

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Kisshu ya tenía casi 19 años. Sin duda, fue el que más lamentó la vuelta a su planeta. Lo ponía muy feliz el hecho de que ahora su planeta se encontrara excelentemente bien gracias a ellos, pero personalmente no era lo que él habría elegido. Sabía que sería una decisión muy egoísta, así que optó por lo que favorecería a todos: volver a su planeta, salvar a toda la población y dejar a Ichigo, feliz con Aoyama. Sin duda era lo correcto, aunque él desesperara por quedarse allí con ella, para molestarla y robarle algún beso de vez en cuando como hacía antes. Pero eso había cambiado. Había pasado mucho tiempo desde esos días, y Kisshu debía aceptarlo… pero demonios, cómo le costaba olvidarse de ella. A medida que pasaba el tiempo sentía cómo su corazón se volvía más frío, y sus hermanos lo notaban.
Luego de su regreso, como era de esperarse, todas las habitantes de Cynclonia MORÍAN por los tres famosos aliens. Kisshu estuvo con muchísimas mujeres, bellísimas, las más hermosas del planeta y algunas adineradas, pero ninguno lo satisfizo. Aunque… la que más le gustaba era una no muy alta, pero con un lindo cuerpo, de fulminantes ojos rosas al igual que su cabello. Debe ser porque le recordaba mucho a cierta Mew Mew. Aunque al igual que las otras, terminó por desecharla.

Taruto ya había cumplido los 14 hace un par de meses, aunque seguía siendo el mismo chiquillo de siempre, le faltaba un tiempo para madurar. Cada vez que le hablaban de la Tierra o le hacían preguntas, este se mostraba un poco molesto, pero todos sabían por qué era. Extrañaba mucho los caramelos porque en su planeta no había, salvo unas extrañas bolas gigantes saborizadas para dejar en tu paladar un par de días, eran bastante aburridas y solían tener sabores ácidos. Nunca lo aceptaba pero en el interior sabía que extrañaba aunque sea un poquito a Pudding.

Pai, siendo el mayor con ya con 23 años, era el que lideraba el planeta. No se encontraba casado o en pareja, ni tampoco se mostraba interesado, lo que generaba una gran furia en las habitantes. Pai nunca emitía comentarios acerca de la Tierra. No le interesaba, o lo disimulaba muy bien. Siempre estaba metido en asuntos importantes, solo a sus estúpidos y sensibles hermanos podrían importarles las inferiores Mews, y él no estaba a su altura.