¿De verdad hay personas que leyeron el prólogo? ¡Me siento tan feliz! 3 Lamento decirles que este es un capítulo medio corto... es que no había mucha acción; esta aparece recién en el tercer capítulo. Soy muy mala. Muajaja.
Aclaración: En el prólogo, se decía que Pai era el lider de su planeta; ¡ESTO NO ES ASÍ! Se debe a que antes había escrito que los tres aliens se habían convertido en líderes del planeta, pero me pareció demasiado excesivo así que lo omití, pero se me olvidó sacar esa pequeña parte de la introducción de Pai, jeje.
Disclaimer: (Oh, ¿en serio debo seguir con esto?) TOKYO MEW MEW NO ME PERTENECE.
Comenzaba un día normal como todos, con las chicas trabajando en el café, exhaustas, aunque para su bien era viernes, y eso podía significar solo una cosa…
-¡HORA DE LA MERIENDA! ¡ES HORA DE LA MERIENDA! –Exclamó divertida Pudding con una inmensa sonrisa.
-Oh, ¿ya es hora? ¿Tan rápido? –Preguntó dulcemente Lettuce.
-Por suerte, sí. Estoy tan cansada, encima me rompí una uña, este trabajo me está matando. –Dijo con enfado Mint.
-¡Ya deja de quejarte, Mint! –Gritó Ichigo desde la cocina, quien preparaba los cinco cafés con crema. –Pudding, ¿podrías ayudarme con los pasteles?
-¡Claro que sí, onee-chan! –Dijo Pudding con alegría, quien mantenía esos apodos tan melosos a los que las chicas ya se habían acostumbrado.
Ya todas sentadas en la mesa redonda, comenzó el festín. Comían como si no hubieran tocado un plato de comida desde el día anterior. Reían, algunas gritaban sin importar los modales, el café ya estaba cerrado y vacío.
-¡Ichigo, ven aquí! Masha está haciendo sonidos de nuevo. –Gritó Ryou desde la cocina.
Eso no pasaba todos los días. Masha solo hablaba cuando algún chimera o, en su defecto, un alien, se encontraba cerca. Desde el momento que los aliens se fueron, Masha no habló más. Quizás algo estaba fallando en su pequeña bolita flotante rosa. Ichigo se levantó rápidamente y corrió hacia la cocina.
-¿Qué te sucede ahora, Mash? Hace varios días vienes diciendo cosas sin sentido… -Ichigo se sentía triste, creía que Masha dejaría de funcionar y por eso ocurría esto.
-Ichigo… problemas… cerca… ¡muy cercaaa! –Masha siempre repetía lo mismo.
-Creo que tendré que dejarte un tiempo con Ryou para que te arregle.
-¡Ichigo, Ichigo! ¡Problemas!
-ooo-
La alarma de las 8 p.m. sonaba en el celular de Ichigo. En su camino a casa, tropezó varias veces, estaba bastante distraída pensando en lo que Masha decía. Lo que Ichigo no sabía era que faltaba muy poco para averiguarlo.
Ya en su casa, saludó a sus padres y fue rápidamente a su cuarto para cambiarse, incluyendo la ropa interior. "Soy una pervertida, espero que a Masaya le guste" pensó Ichigo. Después de todo, ¡el conjunto le había salido carísimo!
Aoyama vendría a las 9 p.m., para la hora de la cena. Luego irían a tomar un helado y dormirían juntos como solían hacer todas las semanas. Ya no podían verse tanto porque Aoyama había entrado a la universidad, y además trabajaba de voluntario en un zoológico; el zoológico al que habían ido hace cuatro años. No tenía tanto tiempo para su novia, y por más que quisiera tenía que limitarse a verla dos o tres días cada dos semanas.
El tiempo comenzó a pasar y antes de que Ichigo pudiera darse cuenta, ya había pasado hora y media daban las 8.30 p.m. Aoyama nunca llegaba tarde a ningún lado, mucho menos cuando se trataba de ver a su encantadora novia. Ese fue el momento en el que Ichigo recibió un mensaje de texto: "Estoy en camino, tenemos que hablar."
Ichigo se alegró, ya que había pensado que algo le había sucedido a su novio, aunque después de un rato comenzó a preocuparse nuevamente.
"Tenemos que hablar… eso no suena bien. ¿Y si quiere dejarme? ¿Y si encontró a alguien mejor? ¿Y si ya no me quiere? No, Aoyama dijo que nunca dejaría de quererme. Bah… ¿lo dijo?"
A los cinco minutos sonó el timbre, era él. Ichigo abrió con una inmensa sonrisa y un lindo pijama rosa lleno de frutillas, pero no encontró lo que esperaba al otro lado. Era Aoyama, sí, pero no la saludó como siempre, no tenía esa sonrisa que solo mostraba cuando estaba con ella, esta vez estaba serio y con cierta carga pesada en los ojos.
-Ichigo, tenemos que hablar… yo… -El chico no podía ni modular.
-Masaya, ¿qué sucede? Ven, entra… -La adolescente no entendía bien qué estaba sucediendo.
-No Ichigo, yo no puedo entrar. No esta vez. No he venido por ti. Necesito decirte algo. –Aoyama forzó la voz e intentó mostrarse serio, aunque se notaba que había llorado por un largo tiempo. –Ichigo… me voy a ir a Inglaterra.
-¡Guau! ¿De vacaciones, cierto? ¡Qué lindo! ¿Por cuánto tiempo? –Ichigo comenzaba a entender, o eso pensaba.
-No Ichigo, no son vacaciones. Esto no es un juego. Debo mudarme… por lo menos por dos o tres años para continuar con mis estudios. Debo seguir con mi futuro, Ichigo, yo… -A Aoyama le comenzaba a temblar la voz.
-¿Futuro? Pero Masaya, tú habías dicho que querías que yo fuese tu futuro… ¿Qué pasará con nuestros cuatro años juntos? ¿Los tirarás a la basura sin que nada importe? ¿Es eso lo que quieres? –Ichigo estaba indignada, aunque en el fondo sabía que graduarse y conseguir trabajo era lo que Aoyama quería más que nada en el mundo, quizás hasta más que ella. Y eso lo estaba a punto de comprobar.
-Ichigo, por favor, debes entenderme… El tren parte mañana a la madrugada, perdóname, por favor. Te amé y te sigo amando, pero no puedo dejar ir la oportunidad de mi vida, mi sueño. Sé que me voy a arrepentir, pero por favor, me costó mucho tomar una decisión… Por favor entiende… -El adolescente estaba al borde del llanto.
-Ya no quiero escuchar más, Masaya. Espero te vaya bien. –Ichigo no hizo más que cerrar la puerta con lágrimas en los ojos y correr a su cuarto, desconsolada, y así pasaron las horas… Ichigo terminó quedándose dormida en el mar de lágrimas y pañuelos desparramados por la cama.
-ooo-
Ichigo despertó con el zumbido de su celular: "Tienes 1 mensaje nuevo. Masaya". La pelirosa miró tristemente el celular y tragando saliva, abrió el mensaje.
"Ichigo: lo siento tanto, tanto tanto. Ya me encuentro en el aeropuerto y el avión está a punto de salir, así que aproveché estos últimos minutos para mandarte este mensaje. Gracias por todas las cosas que hiciste por mí, gracias por tu infinito amor y por la felicidad que me diste en estos cuatro años, fueron únicos. Ahora, más que nada… quiero decirte algo. Cuando termine mi estadía en Inglaterra, voy a volver por ti; pero si en ese tiempo conoces a alguien, bien… no te sientas mal por mí, y haz lo que sea mejor para ti. Te amo, Ichigo, espero que me sepas entender. Masaya"
La pobre rompió a llorar, se sentía tan débil… y encima de todo, en unas pocas horas debía ir al café. Los sábados eran los días más atareados para todas.
Ese día Ichigo no almorzó. Sí. De verdad. Su madre había hecho salmón asado, una de las comidas favoritas de ella, pero ni siquiera tocó el puré. No podía ni hablar, ¿cómo se suponía que iba a comer? Desafortunadamente su madre se dio cuenta, entonces se vio obligada a contarle, pero por suerte su madre era una de las mujeres más buenas y comprensivas que existiesen. Le brindó todo el apoyo posible a su Ichigo, y le dijo: "Hija, si tú de verdad lo amas, entonces sabrás entender, y sabrás esperar por él." La adolescente asintió levemente con una pequeña sonrisa.
Ichigo salió de su casa e hizo su camino hasta el café. Era un hermoso día soleado, ¡qué lástima que tuviera que pasarlo adentro del café! ¿Es que Ryou nunca les daría vacaciones? Ese estúpido, algún día ella se vengaría.
La brisa que corría por dentro de su blusa y su cuello se sentía muy bien, además del sol que calentaba sus piernas. Era un excelente día de primavera, ¡y pronto llegaría el verano! Había planeado unas increíbles vacaciones con Aoyama, pero ahora tendría que resignarse a pasársela en su cama abajo del aire acondicionado, a menos que a Mint se le ocurriese llevarlas a algún lado en su yate privado, pero claramente, eso no ocurriría.
Caminaba despacio, cargando su mochila y mirando hacia el cielo, pensativa y haciendo planes sobre lo que haría en el verano.
"¡Bien! Iré al parque de diversiones con Miwa y Moe, y otros días iremos de compras. Algún día acompañaré a Lettuce a la librería, después de todo le prometí que lo haría; además veré si le puedo sacar información sobre Ryou, yo sigo pensando que esos dos ocultan algo. Otro día iré a jugar con Pudding y sus hermanitos, eran algo tiernos… algo. ¡Quizás hasta aproveche una tarde para tomar té con Mint, si es que le parece bien. Luego haremos muchas pijamadas y visitaremos muchos lugares lindos para pasar el día! Podríamos ir a la playa, y quizás invite a Keiichiro y bueno, Ryou… aunque quizás se le ocurra hacernos trabajar también en la playa. Estúpido abusador de derechos humanos."
En ese preciso momento una sombra se elevó hasta que el cuerpo de Ichigo quedó casi completamente a oscuras.
-¡Nos volvemos a encontrar después de tanto tiempo, gatita! –La chillona voz retumbó en los oídos de Ichigo, parecía cercana pero a la vez distante, le sonaba tan familiar que hasta no parecía real. A pesar de la sombra en su cara, Ichigo no podía ver nada. Esto no podía estar pasando; no de nuevo.
