PERDÓN, MIL PERDONES POR TARDAR TANTO EN ACTUALIZAR :( me colgué mirando otras series y leyendo otros mangas, y entre eso el colegio se me fue la imaginación, perdonadme :( Encima es un capítulo muy muy corto, pero bueno, ya se imaginan...

Reencuentro

"MOMOMIYA, ¡DESPIERTE!" Ichigo pegó un salto luego de escuchar el grito de su profesor: se había quedado dormida. De nuevo. Como todos los días. "Me gustaría que mis genes de gato desaparecieran de una vez" se dijo para sus adentros.

Eran las 3:00 p.m. cuando sonó el timbre, un tanto ruidoso pero muy excitante, ya que la hora de volver a casa había llegado. Momomiya Ichigo se encontraba bajando las escaleras cuando pasó justo por al lado suyo una persona, alguien de cara conocida pero que jamás había visto dentro de su colegio; de su misma altura, quizás un poco más. Llevaba su pelo marrón atado en una colita alta, a pesar de tener no mucha cantidad de pelo, y tenía ojos color zanahoria. De hecho, se podría decir que algo burlones. Para complementar dichos rasgos, su piel era blanca como la nieve. Si Ichigo no estuviese un poco loca, habría jurado que el chico le había sacado la lengua.

La pelirrosa terminó de bajar las escaleras, salió por la inmensa puerta y emprendió el camino a su hogar. Era un hermoso día de sol -tal y como había sido el día en que se desmayó-, el viento era suave, pero sin embargo no había mucha gente en las calles. Unos minutos después, Ichigo no tardó en sentir una presencia, aunque no hubiera nadie alrededor. Todos alguna vez sentimos que alguien nos miraba, y ella no fue la excepción. Apuró el paso y tomó fuertemente las tiras que la unían a su mochila, pero esto no sirvió de nada cuando la persona que sería la causante de dichas miradas incómodas se presentó.

Ahí estaba, frente a ella. Sus increíbles ojos color ámbar penetraron en los suyos como cañones que acababan de ser disparados. Sus dos colitas color verde oscuro ubicadas junto a los costados de su cara se mecían lentamente y haciendo juego con el viento que venía desde la derecha de la adolescente, por lo que impactaba en el lado izquierdo del ser. Su piel blanquecina favorecía todo esto. Su pose despreocupada, con una mano en la cintura y la otra al lado de su cuerpo, con las piernas medianamente abiertas -una mirando al frente y otra hacia el costado- le daban un tono de perfecto "chico malo", lo que combinaba con lo mejor de la familiar figura: su sonrisa. No era una sonrisa simpática, ni mucho menos una sonrisa tierna. No era el tipo de sonrisa que le hacía recordar a su ex novio: era un tipo muy diferente de sonrisa. Era de esas sonrisas que pone la gente cuando consigue algo que codiciaba, o cuando se enfrenta a su mayor enemigo para la última revancha, seguro de que esta vez ganará. Se podría decir que era una sonrisa maligna, perversa, pero de cierta manera, también juguetona.

Ichigo conocía a una sola persona en el universo -literalmente- que usaba constantemente esa sonrisa. Una persona que le causaba escalofríos cada vez que la miraba a los ojos. Una persona que odiaba pero que también quería, en el fondo -muy en el fondo-, aunque le costase aceptarlo.

–¡Sorpresa! ¡Por fin nos volvemos a encontrar, Ichigo! –Kisshu echó a reír al notar que su juguete favorito no podía pronunciar palabra ni moverse, más que mirarlo con ojos de sorpresa mientras se tapaba la boca y comenzaba a sonrojarse. –Vamos, ¿qué sucede, gatita? ¿No estás feliz de verme, después de tanto tiempo? –El alien comenzó a caminar hacia Ichigo, quien no se inmutó por el shock. –Porque yo sí. Te extrañé mucho. –Susurró justo en el oído izquierdo de la ex Mew Mew. Para desgracia de Kisshu, Ichigo logró salir del estado de parálisis y dio dos pasos atrás.

–¿Q-Qué haces aquí? –Fue lo único que pudo pronunciar la adolescente.

–¿Esa es tu manera de recibirme? Esperaba por lo menos un abrazo, o quizás otra cosa… estoy seguro de que sabes qué. –Kisshu se cruzó de brazos y volvió a reír cuando notó el tono rojizo en la cara de Ichigo. –Vamos, era un chiste. Verás, es un tanto largo, pero te contaré si de verdad quieres saber.

Ichigo notó que sus grandes y puntiagudas orejas ahora se habían convertido en pequeñas y redondas, tales como las de un humano. –Kisshu… ¿qué sucedió? –Preguntó tímidamente.

–¿Tienes algo de tiempo? No me quiero quedar parado aquí. –La mirada del alien se había tornado seria y oscura, incluso algo melancólica.

–Pues, tengo que ir al café, pero supongo que como ya no somos enemigos puedes acompañarme. –Respondió Ichigo sin perder la timidez.

–Mmmh… preferiría otro lugar un tanto más privado. En realidad, tengo uno en mente. ¿Quieres ir? –Kisshu extendió su mano hacia la pelirosa manteniendo su expresión seria, lo que la hizo estremecer un poco, pero casi sin pensarlo aceptó y extendió la suya para rápidamente aparecer en lo alto de la torre de Tokyo. Ichigo se quedó inmersa en la increíble vista y notó que Kisshu se había sentado en un extremo mirando hacia la ciudad, pero en vez de sentarse al lado suyo decidió quedarse parada atrás suyo.

–Nuestro planeta se curó –comenzó el alien–, lo que nos llevó a mis hermanos y a mí a ser reconocidos en todo el planeta. La gente nos aclamaba cuando volvimos. Nos aplaudían sin cesar cuando levantábamos las manos para saludar. Muchos lloraban de emoción y todos sonreían, todos gritaban, todos sentían que ese era el día más feliz de su vida, aunque no era el más feliz de la mía. Me sentía feliz, sí, pero no completo. Me faltaba algo –miró a Ichigo luego de decir esto, quien se sonrojó levemente y miro para abajo, entonces volvió a voltearse hacia la vista y continuó –. Al principio la atención era satisfactoria, pero luego se fue volviendo insoportable. Nos quisieron nombrar como reyes, "Los Tres Reyes y Salvadores de Cyniclonia", pero no aceptamos el puesto porque éramos tan solo unos adolescentes, y a pesar de que Pie fuese el mayor, tampoco le agradó mucho la idea. Como te puedes imaginar, las señoritas estaban locas por nosotros –rió luego de decir esto para cambiar repentinamente a una nueva mirada más intensa, frunció el ceño y añadió –, puramente interesadas por nuestro dinero y poder. La razón por la que estamos aquí es por eso. –Kisshu tragó saliva y finalizó su historia con una última oración: –Quieren que nos casemos a la fuerza, Ichigo.

La ex Mew Mew abrió los ojos tan grande como aguantaron y no supo qué contestar. Para su suerte, el alien continuó sus palabras.

–Taruto y yo queríamos regresar, así que Pie tuvo la idea de volver a la Tierra para escaparnos ya que a él tampoco le interesa casarse, y camuflarnos entre ustedes los humanos. ¡Es por eso que tengo estas adorables y pequeñas orejitas! –Kisshu tocó suavemente una de sus orejas falsas. – Pie logró negociar con un hombre que estaba alquilando su casa y nos estamos quedando allí. Taruto y yo entramos al colegio, específicamente a tu colegio. ¡Supongo que sabes de quién fue la idea! –Dijo el alien riendo bajito –Y Pie está buscando trabajo.

Ichigo no sabía muy bien qué contestar a la impactante historia de su antiguo enemigo, pero finalmente habló:

–Bueno, no creo que Ryou tenga algún problema en contratar a Pie, siempre y cuando no intenten matarnos de nuevo… – Kisshu rió mirando a la pelirrosa y le dijo entre risas:

–¿Estás loca? Necesitamos su ayuda esta vez. Tenemos que aprender más sobre los humanos y sus formas de actuar, comunicarse y demás; no estamos aquí para hacer enemigos. –Dijo con una sonrisa el alien.

–Bien, entonces ve a buscar a Pie y tráelo al café, pero antes… –Ichigo le recordó con una seña el lugar en el que estaban parados.

–Ah, cierto. –Kisshu se acercó a Ichigo con una expresión seria y tomó sus manos; la miró a los ojos fijamente y luego los entrecerró mirando hacia la rosada boca de la adolescente, acercándose lentamente hacia ella.

–¿K-Kisshu? –Ichigo no entendía muy bien qué estaba pasando, hasta que reaccionó y empujó al alien lejos de ella. –¡SIGUES SIENDO EL MISMO PERVERTIDO DE SIEMPRE! ¡IDIOTA! –Gritó furiosa Ichigo mientras se volteaba para no verlo más. – El alien echó a reír con todas sus fuerzas mientras se doblaba hacia adelante agarrándose los brazos, y cuando por fin cesó su risa contestó:

–Esta es la Ichigo que me gusta. –Esbozó una sonrisa y casi en ese preciso instante, la pelirrosa reapareció en el café, sola.