Rabia
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Albus no entiende a las personas. Les gusta juzgar, pero no les gusta conocer la verdadera historia de quienes juzgan. Albus no hace amigos en la escuela, ellos siempre se ríen y burlan de su papá. Muchas veces ha tenido que hacer una visita a la dirección por pelear con sus compañeros. No le importa, ante todos, siempre defenderá a su papá. Porque él sí conoce la historia real, los motivos que ligan a su papá a ese lugar tabú del que solo se puede hablar en susurros y a veces ni eso. Sabe que no tuvo opción, sus tíos no le dejaron opción alguna. Lo abandonaron y lo dejaron a él como pago por todas sus deudas.
Albus ha visto llorar a su padre muchas veces, cuando piensa que no lo está viendo o que está dormido. Llora amargamente, cuestionando su suerte, el dolor que no merece, pero no tiene respuesta. Albus está orgulloso de su padre, porque ante todo, él no se da vencido y sigue a su lado. Albus ama a su padre, y se lo hace saber en cada oportunidad que tiene.
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El señor Malfoy, resume, es una mala persona. A Albus no le agrada el señor Malfoy, siempre está presionando a su padre más allá de sus capacidades. Él es el dueño del burdel en el que trabaja su papá y es también a quien debe pagar su deuda. Él insulta a su papá y lo llama de maneras desagradables, como todos los demás. Y aunque nunca había pasado de las palabras, el señor Malfoy, aquella noche no solo había usado palabras, también usó golpes para agredir a su padre. Golpes que Albus tuvo que curar.
Albus siente rabia. Rabia e impotencia, porque aún no puede hacer nada para salvar a su papá de las garras del malvado señor Malfoy. Aún es muy pequeño, y ciertamente no es tomado en serio. Aun no puede trabajar, no como él deseara. Sin embargo, Albus es inteligente, y ha descubierto una feria a las afueras del pueblo. Sabe que los gitanos no reparan en la edad de quien pide trabajo, solo en el esfuerzo y el deseo de intentarlo. Y Albus desea fervientemente que lo acepten.
Albus, ha logrado conseguir un trabajo. Sigue asistiendo a la escuela por las mañanas –no puede dejar las clases, siguen siendo importantes -, y solo regresa a su casa para prepararle la comida a su papá y asegurarse que está descansando, regresa una hora antes de que él despierte y tenga que irse al burdel, luego vuelve a la feria. No quiere contarle aún sobre su trabajo, quiere ahorrar lo suficiente para darle una sorpresa. Guarda todas sus ganancias en un frasco grande de vidrio, y lo oculta debajo de una de las tablas sueltas del piso de madera de la vieja cabaña en la que viven.
Albus quiere mucho a su papá, y hará todo lo posible por cumplir su promesa.
