Escribir sin tener en cuenta lo que pueda llegar a pasar en el futuro es lo divertido de hacer una historia. Vas construyéndola y sorprendiéndote a vos mismo con las ideas que se te ocurren ytenéstan poca idea de lo que va a pasar como el lector. La desventaja de esto es que muchas veces no se te ocurre nada para continuar... siqueréshacerla interesante para todos,tenésque hacerla interesante incluso para vos. Cuando se me ocurrió el final del capítulo anterior me pareció genial, pero ahora no tengo idea de qué va a pasar, así que... vamos a ver qué sale.
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Ichigo había faltado al colegio. ¿Estaría enferma? Kisshu tendría que hacer una parada por su casa para averiguarlo. Era la primera vez que faltaba. Experimentó el aburrimiento de una clase común y corriente por primera vez en su vida. Estaba acostumbrado a verla llegar desarreglada, jadeando, haciendo notar que había corrido para llegar lo menos tarde posible. Le gusta verla en ese estado; lo hace reír. También le gusta verla durmiendo mientras el profesor da clase, resignándose al comportamiento repetido de la estudiante. De cualquier manera, nada supera cuando se le escapa una ojeada hacia él y luego se voltea rápidamente para disimular. Es tan linda.
–Profesor, ¿puedo ir al baño? –preguntó el alien interrumpiendo la clase. Antes de que el hombre pudiera siquiera contestar, Kisshu ya se encontraba saliendo por la puerta dirigiéndose a los baños. Estaba aburrido y tenía ganas de ir a ver a su gatita. Apenas entró al baño, comprobó que no hubiera nadie y se desvaneció.
Para su sorpresa, la cama de Ichigo estaba vacía. Registró toda la habitación, luego el baño y luego el resto de la casa. Nada. Ni un rastro de la adolescente. Agarró su celular rápidamente y la llamó, pero silencio fue lo único que obtuvo. Acto seguido envió un mensaje a Mint, quien siempre tenía su celular encima. Esperó un minuto caminando de un lado al otro, preso de unos nervios que experimentaba muy de vez en cuando. "La vi por última vez anoche cuando nos separamos en el café" leyó sin producir reacción alguna.
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Despertó en una habitación ni muy grande ni muy pequeña pero bastante decente, con una sola ventana. Ichigo se encontró acostada en una cama tapada hasta el cuello. Cuando intentó incorporarse sintió gran dolor en varias partes del cuerpo como la espalda, las piernas y los brazos. La cabeza le estallaba. Cuando vio un par de moretones en sus extremidades y algunos rasguños, los recuerdos de la noche anterior ocuparon completamente su ser. Recordaba estar volviendo del café, cuando de repente un hombre indefinido la atacó y la tiró al suelo. Luego de eso el recuerdo se volvía borroso hasta desaparecer. Comenzó a desesperarse, tratando de acordarse qué había sucedido luego de eso. ¿La habían secuestrado? Si quería escapar tendría que hacer algo al respecto en ese mismo momento. No podía esperar. Se levantó de la cama a pesar del dolor corporal y miró por la ventana, pero no pudo reconocer el lugar en el que estaba ubicada la casa. Mientras comenzaba a considerar la idea de escapar por allí, escuchó pasos. Iban directo a la habitación. El pánico recorrió todas las vértebras de la asustada adolescente, quien luego de sus intentos fallidos por abrir la ventana decidió esconderse bajo la cama.
Finalmente, la puerta se abrió. Un hombre entró por la puerta, sin producir otro sonido más que el de sus zapatos contra el piso, se acercó a la cama y luego de unos segundos se marchó de la misma forma serena con la que ingresó. ¿No la había visto? ¿Tenía todavía posibilidades de escapar? ¿Habría ido a buscar a otro compañero para buscarla? No importa, tenía que huir. No podía permitirse desperdiciar ni un segundo. Se arrastró rápidamente y cuando se levantó, se encontró con algo bastante desconcertante. El hombre había dejado una bandeja con un desayuno muy -quizás demasiado- completo: había café, leche, té y jugo de naranja por un lado, y unas rodajas de budín, cereales y tostadas con variedad de dulces para untar por el otro. En la bandeja también había un par de venditas y alcohol. Ichigo se quedó atónita. ¿En dónde rayos estaba? El individuo tenía que haberla visto para haberle dejado el desayuno. Entonces recordó que nunca fue muy buena para esconderse.
La ex Mew Mew tomó algunas venditas y las pegó en sus heridas. Miraba el desayuno con cierta desconfianza pero al sentir repetidas veces las quejas de su estómago, optó por el té y apenas una rebanada de budín. Solo tenía ganas de saber qué estaba pasando. Preparándose mentalmente, caminó hacia la puerta, se armó de valor y giró el picaporte. Se encontró con una pequeña sala de estar con un baño a la derecha y una escalera que bajaba en frente de su habitación. Dio los primeros pasos fuera de la habitación tratando de hacer el menos ruido posible, muy cautelosamente, y se acercó a la escalera, tratando de ver algo (o a alguien). Lo único que pudo divisar desde allí fue un living muy bien iluminado con una biblioteca y una alfombra. No más que eso. Tampoco escuchaba movimiento proveniente de ningún lado. La adrenalina recorría todo su cuerpo en forma de escalofríos que la asaltaban cada vez que algún pensamiento desagradable aparecía frente a sus ojos.
–Ya sé que estás despierta –dijo una voz bastante fría. –¿Te gustó el desayuno?
La muchacha no contestó. Lo único que conseguía el ser al tratarla bien era generarle más desconfianza.
–¿Ni siquiera un "gracias" por rescatarte anoche? –preguntó la voz, despertando definitivamente la curiosidad de Ichigo.
–¿Quién eres? ¿Qué pasó anoche?
–¿No te acuerdas? Eso explica bastante. Baja y te lo contaré. No te voy a hacer nada; no soy mi hermano.– ¿Hermano? Ichigo cada vez estaba más desconcertada. Luego de pensarlo un minuto, tomó aire profundamente y comenzó a bajar manteniendo sus sentidos al 100% para poder percibir cualquier tipo de peligro. A medida que descendía su campo de visión iba mostrando una sala bastante acogedora, con una televisión y una consola de videojuegos a unos metros frente a ella. –Aquí atrás –indicó la voz, que recién ahora comenzaba a resultarle conocida.
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–No tengo idea de dónde podría estar –contestó Pie con su usual monótona voz.
–¡Ya pasé por su casa, por el café, ya hablé con todas sus amigas y todavía no aparece!
–¿Nadie te dijo todavía que no hace falta que estés pendiente de ella las veinticuatro horas del día, Kisshu? Todos queremos nuestro espacio. Déjala en paz de una vez.
–Ya te dije que tú no lo entiendes. Si perdiera a Ichigo una vez más, no podría aguantarlo de nuevo.
–¿Perderla? Si ni siquiera quiere estar conti-
–¡CÁLLATE!
Kisshu no estaba preparado psicológicamente para escuchar esas cosas otra vez. La vida le había dado una segunda oportunidad y no iba a desaprovecharla. Ya había sufrido mucho tiempo. Ichigo iba a ser suya, así fuera por las buenas o las malas.
Antes de que sus pensamientos pudieran tornarse aún más siniestros, su celular vibró. Era un mensaje de Mint: "Ichigo está en su casa". El alien no tardó más de cinco segundos en aparecer en la habitación de la recientemente perdida adolescente.
–Ah, Kisshu. ¿Qué necesitas? –Ichigo estaba acomodando su habitación y luego de notar quién se encontraba detrás suyo, continuó haciendo lo suyo. Completamente indiferente. ¿Qué era esa forma de reaccionar tan tranquila? Normalmente Ichigo se habría enojado con él por aparecer sin permiso. De cualquier manera, Kisshu decidió ignorar esa extraña conducta por el momento.
–¿Dónde estabas? –preguntó el alien.
–Salí a caminar un rato. No me sentía bien como para ir al colegio. Si no se te ofrece nada me gustaría que te vayas –contestó Ichigo sin siquiera voltearse.
Kisshu bufó ante la indiferencia de su juguete -a pesar de no considerarla como tal, le divertía llamarla así-. Caminó tranquilamente hasta interponerse en lo que la joven estaba haciendo, enfrentándola.
–Te extrañé hoy –dijo con una sonrisa que ella conocía muy bien.
Ichigo no contestó, simplemente lo miró a los ojos por un segundo y luego se dio vuelta para hacer otras cosas. Kisshu nunca había experimentado esto con ella. Él estaba acostumbrado a la atención constante, pero en ese momento entendió lo que significaba ser ignorado. ¿Cómo debía reaccionar a eso? ¿Debía enojarse? ¿Ignorarla también? Ninguna de las opciones le agradaba. Antes de que pudiera callar sus pensamientos, la pelirrosa habló, todavía sin mirarlo.
–Me arrepentí. No quiero salir contigo.
Kisshu se quedó inmóvil. Tardó unos segundos en darse cuenta del dolor que estaba sintiendo en ese momento; del dolor que podían causar apenas unas palabras. Decenas de imágenes recorrieron su mente: su primer beso, sus peleas, el día que intentó llevársela a la fuerza con él, el momento en el que se opuso a su propio líder, luego sus últimos segundos de vida en sus brazos... el último beso. Se vio a él mismo en su planeta, con el maldito e incesante insomnio que lo persiguió cada una de las noches que pasó allí, producto de no poder olvidarla. El momento en el que supo que volverían a la Tierra. El segundo en el que la vio de nuevo, tan brillante como la recordaba, incluso más. Sintió como el rechazo, ese sentimiento que había experimentado años atrás, lo invadía por completo una vez más. Sintió el calor en los ojos, el dolor en la garganta. Con mucho esfuerzo y bastante experiencia, logró evitar que las lágrimas bañaran su rostro. A pesar de saber lo que todo eso significaba, no podía aceptar que esté pasando de nuevo. Las palabras brotaron solas.
–Dilo de nuevo.
No hubo respuesta.
–Ichigo, ¿qué dijiste? Repítelo.
Nuevamente, silencio. Kisshu se teletransportó en frente de ella, pero se encontró con algo diferente a antes. Estaba llorando.
–Dije que me arrepentí. ¿No te das cuenta? Nunca quise estar contigo. Yo amo a Masaya, y voy a esperarlo. Lo que pasó entre nosotros fue un error –dijo Ichigo entre lágrimas, evitando el contacto visual con quien había pasado tantas cosas.
Fue demasiado para él. No solo lo estaba rechazando de nuevo, sino que también era por ese idiota. Ese imbécil. Ese que la dejó sola a pesar de que ella habría dado todo por él. La mente de Kisshu estaba invadida de recuerdos, sensaciones, sentimientos... fue demasiado para él. Estaba enojado, triste, confundido, sediento de descargar todo lo que sentía. Estaba asustado de volver a caer en ese pozo depresivo del que solo un evento tan importante como volver a la Tierra lo había podido sacar. Si volvía a ese estado, ¿qué lo sacaría entonces? Había vuelto a ser rechazado por la mujer que lo volvía loco. Nada podría enmendar las heridas; ni siquiera vengarse y acabar con ese desperdicio de espacio que representaba Aoyama. Sintió como el dolor emocional se convertía en dolor físico, y sin siquiera tener la fuerza de mirar a Ichigo, desapareció.
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No me odien! Yo también la estoy pasando mal... Kisshu:(
