No puedo creer que haya pasado más de un año de la última vez que publiqué un capítulo. Como les dije antes, yo no voy a abandonar esta historia. Lo hago tanto por mí como por ustedes; ya que es un desafío personal y, además, no puedo defraudarlos. Pido perdón por todas las veces que tardé en publicar y sobretodo por el enorme lapso entre el capítulo 12 y este De cualquier manera, necesito avisarles algo importante:
ESTA HISTORIA TIENE CONTENIDO +18, así que lean siendo conscientes de ello!
No puedo prometer que voy a actualizar más seguido porque ahora estoy mucho más ocupada que antes, ya que estoy en la universidad y me la paso dibujando o haciendo otras cosas. Tampoco me siento inspirada como me pasaba cuando estaba obsesionada con estos dos; pero eso no me impedirá que la termine, así tarde uno, dos, tres o diez años. Bueno, tanto no. De cualquier forma, gracias por haber llegado hasta acá *cries*
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Varios días habían pasado ya. Era extremadamente fácil notar el cambio de actitud tanto en Ichigo como en Kisshu, ya que ambos actuaban de forma desanimada y distraída, ya sea en el colegio como en el café, provocando inquietud en las amigas de la adolescente y enfadando a las clientas. A pesar de que Miwa y Moe preguntaban constantemente a Ichigo sobre su estado, esta no hacía más que tranquilizarlas (o intentarlo) asegurando que no había ningún problema. Por otro lado, Kisshu solía tener reacciones fuertes cuando mencionaban el tema.
Había sido un día agotador. El café había estado lleno, como todos los viernes, exigiendo el gasto total de energía de sus trabajadores. El colegio había sido igual de aburrido que cualquier día; sumado el hecho de que ya no podía mirarla siquiera. "Nunca quise estar contigo", recordó. Esos eran los únicos pensamientos que podía tener cuando se encontraba solo. "Lo que pasó entre nosotros fue un error". Harto de que las mismas palabras resonaran una y otra vez en su mente, se dejó caer sobre su cama y cerró los ojos. Disfrutó poder descansar al fin, intentando con un último esfuerzo mantener la mente en blanco, pero no hubo caso. No había manera de poder sacar ese momento de su mente. Lo recordaba con sus ojos, visualizando la cara roja de Ichigo mientras las lágrimas caían al suelo. Escuchaba su voz entrecortada. Sentía los mismos escalofríos, la misma debilidad en las piernas. Eran demasiadas cosas para procesar y la cabeza de Kisshu no estaba preparada para ello. Primero, se queda sin la chica porque había un obstáculo llamado Aoyama. Después, cuando encuentra la oportunidad de intentarlo otra vez, aparece el mismo obstáculo, ¡y cuando ni siquiera se encontraba allí físicamente! ¿Tan fuerte era el amor de su gatita por ese desperdicio de espacio? "No es justo" pensó. "No es justo que él la deje sola, y aún así yo no pueda acercarme a ella. Padecí mucho por su culpa, para que luego se vaya y yo tenga que quedarme de brazos cruzados". De cualquier manera, él sabía que no importaba que las cosas fueran justas o no. Ya lo había aprendido tiempo atrás; incluso desde antes de conocerla.
Después de una hora de probar todas las posiciones posibles para dormir y fallar en el intento, Kisshu finalmente tomó una decisión. Simplemente no podía dejar las cosas así. Necesitaba respuestas, e iba a conseguirlas de la manera que sea. Sin pensarlo dos veces, se teletransportó frente a la ventana del cuarto de la pelirrosa y no tardó en verla: estaba acostada en su cama con el pijama puesto, dándole la espalda y con el celular entre las manos. Tratando de agudizar lo más posible la vista llegó a ver las imágenes que aparecían en el celular. Eran fotos de Ichigo con... ¡bah! Hasta le daba asco pronunciar su nombre.
Por primera vez, Kisshu sintió nervios de acercársele. Simplemente no entendía por qué le costaba tanto hablarle; él no era una persona que generalmente sintiera inseguridad o nervios. Ella era la única que podía hacerlo sentir tantas cosas al mismo tiempo, al punto de sentirse asfixiado. Era hora de descargar todo lo malo que se le había acumulado en la cabeza en los últimos días. Tras respirar hondo unas cuantas veces, tocó la ventana en vez de aparecer de la nada como acostumbraba hacer y sintió como todo en su cuerpo se bloqueaba en el momento en el que los ojos rosados se posaron en los suyos color ámbar, provocando un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Ichigo simplemente volvió su rostro hacia el celular y apagó la pantalla.
–¿Puedo pasar? –preguntó con una pequeña sonrisa el alien. No hubo respuesta, pero decidió entrar de todos modos. –Solo quiero hablar. –Kisshu estaba completamente inmóvil de los nervios. Odiaba estar en ese estado. Se sentía... débil. Y él no era débil.
–Kisshu, yo no tengo nada más que decirte. Si no lo entendiste no es mi problema. –A pesar de que las palabras de Ichigo eran duras, se notaba cierta tristeza en ellas.
–Ya lo sé. Te entendí perfectamente: quieres a tu novio que ya no está aquí, lo prefieres a él aunque se haya ido, blá blá. Créeme, lo entendí a la perfección. No vine aquí para hablar de él, sino para hablar de... nosotros. –Kisshu tuvo que tragar saliva antes de pronunciar la última palabra. –Necesito que seas sincera conmigo, Ichigo. Yo lo fui contigo. Si quieres que te repita otra vez todo lo que siento por ti, no tengo problema en hacerlo. Lo haría un millón de veces si es necesario. Pero ahora, necesito que me digas qué diablos fue lo que pasó entre nosotros.
–Kisshu, por favor... solo déjame en paz –pronunció Ichigo.
No era una respuesta que Kisshu esperaba oír.
–Ichigo. Te lo estoy pidiendo de buena manera, y me está costando. –El alien comenzaba a impacientarse, y no es un ser muy agradable cuando esto sucede. Sus palabras se tornaron más oscuras y pronunciadas. –Te lo voy a preguntar una vez más: ¿qué fue lo que pasó entre nosotros?
–¡Basta Kisshu! ¡No pedí esto! ¿Piensas que yo quería que vuelvas? ¡No! Yo quería que Masaya se quedara conmigo, ¡pero eso tampoco pasó!
Los gritos de Ichigo desencadenaron finalmente los impulsos del adolescente. De un segundo para el otro apareció encima de ella, tomando sus muñecas contra la cama para que no pudiera moverse. La miró fijamente hasta el punto de incomodarla y una pequeña sonrisa se formó en su rostro.
–¿Estás segura de que no quieres esto? –Kisshu comenzó a besar el cuello de la indefensa pelirrosa, perdiendo el control a cada segundo que pasaba. –Porque, ¿sabes?, no parecías opinar lo mismo en el Festival de Primavera. –Continuó besando a Ichigo solo para detenerse antes de llegar a sus labios, y volvió a mirarla directamente a los ojos, como si pudiera saber lo que pensaba sin la necesidad de que lo dijera explícitamente. –¿En serio prefieres esperar a ese imbécil antes que aprovecharme a mí mientras esté aquí? Créeme, después de probarme un par de veces ni lograrás acordarte de su nombre.
Ese era Kisshu. El mismo Kisshu que había conocido cuatro años atrás, cuando era su enemigo. Arrogante, caprichoso y desvergonzado. Era Kisshu en su máximo esplendor. El tipo de persona que hacía lo que fuera por conseguir lo que quería. Impaciente y revoltoso. Sin embargo, alcanzaban sus ojos y su sonrisa para conseguirlo.
–Kisshu... eres completamente lo opuesto a Masaya. Estoy enamorada de él. ¿Cómo piensas que podrías gustarme tú? –dijo entre jadeos Ichigo, vencida por el cansancio. Kisshu no pudo evitar soltar una carcajada.
–Ahí está lo divertido. Tu novio era demasiado correcto, demasiado decente y puro, y por eso te intriga saber lo que se siente estar con alguien completamente diferente. Puedo verlo. –Kisshu no podía evitar reír. –No soy malo... ya no estoy intentando matarte, ¿recuerdas? Solamente quiero que me des un poco de ti...
Ichigo estaba horrorizada. Los ojos de Kisshu brillaban con deseo y su sonrisa era suficiente para saber qué estaba pensando. Aunque... no podía negar que lo que le acababa de decir el alien le estaba dando mucho para pensar. Ella no podría enamorarse de Kisshu, siempre había estado segura de eso, pero entonces ¿por qué le costaba tanto decírselo? ¿Por qué se había dejado llevar de esa manera en el Festival de Primavera? Kisshu buscaba respuestas que ni ella misma conocía. Lo único que tenía bien en claro, es que jamás aceptaría estar junto a él. Iba a esperar a Masaya.
–Kisshu, eres... eres... ¡eres un IDIOTA! –Tras recordar que tenía las piernas libres, Ichigo lanzó un rodillazo a la parte sensible de Kisshu que lo hizo retroceder.
–¡Ichigo! ¡No hacía falta! –gritó con un hilo de voz el adolorido alien que ahora se encontraba en el piso, retorciéndose.
–Jamás podrás reemplazarlo. No le llegas ni a los talones. Además, te olvidas de algo muy importante: ¿qué harás cuando vuelvan a tu planeta, eh? ¿Me obligarías a irme contigo? ¿Te quedarías viviendo aquí? ¿Aun sabiendo que Aoyama va a volver por mí?
Algo de lo que dijo la pelirrosa le resultó muy familiar. Tras un gran esfuerzo, logró recordar el día que Pie le planteó exactamente la misma situación.
–Ichigo... ¿quién te dijo eso? Eso de qué voy a hacer cuando tenga que volver. –Kisshu se encontraba muy serio, incluso cuando hace apenas unos segundos rodaba por el suelo.
–Uhm... pues... lo deduje yo sola... –contestó con dificultad.
–Ichigo. Mientes peor que Taruto. Déjame adivinar: fue Pie, ¿no? –Unos incómodos segundos de silencio pasaron hasta que Kisshu volvió a hablar. –¡Tch! ¡Voy a matarlo! ¿Qué te dijo exactamente?
Ichigo se encontraba demasiado nerviosa como para poder pensar qué hacer. Recordaba que Pie le había advertido explícitamente que no dijera nada al respecto, porque su hermano se enojaría. De un segundo para el otro y sin saber cómo, estaba hablando.
–Bueno, eh, yo me encontraba volviendo del café cuando... un hombre me tiró al suelo y...
Los ojos de Kisshu se agrandaron como platos.
–¿FUE PIE? ¿PIE TE LASTIMÓ? AHORA SI VOY A MATARLO.
–¡No, Kisshu, no! Pie me rescató. Me dijo que estaba volviendo al café porque había olvidado unas cosas y vio toda la situación. Al parecer me había quedado inconsciente cuando él me salvó de ese horrible hombre. –El rostro de Kisshu volvió a relajarse. –Luego, uhm... bueno... tuve una pequeña charla con él... ¡Pie tiene razón, Kisshu! El hecho de que Aoyama no se encuentre aquí no significa que pueda llegar a... –la adolescente tragó saliva– sentir algo por ti. Tú te estás aprovechando de la situación. Y aunque me obligaras y me llevaras a la fuerza, jamás aceptaría dejar a todos mis amigos, a mi familia, o a Masaya por irme a tu planeta. –Luego de la explicación, reinó el silencio entre ellos. Ichigo estaba contra la pared, temiendo las posibles reacciones del alien. Kisshu, mientras tanto, permanecía cruzado de brazos con la mirada perdida en el suelo, recostado contra la pared de en frente.
Luego de un par de segundos que parecieron eternos, el alien reaccionó. Sin levantar la cabeza, clavó sus ojos en los de Ichigo, quien pegó un saltito por un escalofrío, y sonrió maliciosamente. Relamiéndose, comenzó a caminar hacia la chica lentamente, sin quitarle los ojos de encima ni un segundo. Cuando se encontró lo suficientemente cerca, entrelazó ss brazos por detrás y se inclinó hacia la pelirrosa, hasta el punto de casi rozar su nariz, disfrutando cada momento.
–Deja de pensar por un momento –ordenó Kisshu, con la misma cara de antes. Ichigo se encontraba mirando hacia el costado, con las mejillas ruborizadas. El peliverde tomó su barbilla y la giró hacia él. –Mírame –volvió a ordenar. Sin dejar de mirarse ni un momento, soltó la barbilla de la adolescente y tomó delicadamente su cintura. –En este momento no te estoy reteniendo por la fuerza. Eres libre de irte si lo deseas.
Para su sorpresa, Ichigo se quedó inmóvil. Posiblemente estaban pasando millones de cosas por su cabeza, pero tal como le dijo el alien, ella realmente estaba tratando de quedarse en blanco. Aunque odiase aceptarlo, no quería moverse. Tampoco quería quedarse allí. Tal vez, simplemente quería ver de qué manera actuaba Kisshu.
–Hmmm, ya veo... –Kisshu esbozó una sonrisa más grande que dejó ver sus colmillos, y acercó sus labios lentamente hacia los de su juguete, observándolos como si fueran lo más delicioso que vio en toda su vida. Y lo eran. Justo antes de rozarlos, cuando ya podían sentir la respiración del otro, se detuvo y volvió a mirarla a los ojos. Estaban cerrados. Kisshu echó una carcajada provocando que la adolescente saliera bruscamente del semi trance en el que se encontraba, y rápidamente su rostro se tiñó de rojo.
–¡KISSHU! ¡ERES UN IDIOTA! –Gritó poniendo sus manos en el pecho del alien en su intento de empujarlo, jugándole completamente en contra ya que este aprovechó para acercar el cuerpo de su gatita hacia él.
–Escúchame bien Ichigo. –Lo que antes era una sonrisa juguetona, ahora se convertía en un semblante serio con ojos brillantes que recordaban a tiempos pasados. –No me interesa saber cómo ni cuándo; pero vas a ser mía. Tampoco me interesa qué va a pasar luego de conseguirlo. Será de la forma fácil o de la forma difícil, pero sucederá –dijo sombríamente Kisshu.
Ichigo no tuvo tiempo ni de pensar una respuesta, ya que apenas terminó de escuchar el escalofriante discurso del alien, este ya se había abalanzado sobre ella y de alguna forma había conseguido tirarla a la cama. Comenzó besándola apasionadamente en los labios, utilizando la lengua, apresándola por todos lados con sus brazos y piernas. La adolescente todavía seguía procesando lo que acababa de escuchar, y por alguna razón que desconocía (o quizás, que decidió ignorar), se encontraba siguiéndole completamente la corriente a quien años atrás había querido asesinarla. Los labios de Kisshu se sentían excesivamente bien; todo de él se sentía demasiado bien. No quería aceptarlo, pero besaba increíble. Una sensación que nunca había experimentado antes comenzaba a brotar en su interior, muy en el fondo. No sabía que era, pero a medida que Kisshu avanzaba, la extraña sensación también lo hacía. Era como si quisiera parar, gritar y empujarlo lo más lejos que pudiera, pero también quería agarrarlo y no soltarlo hasta que esa sensación fuera satisfecha y cesara. Logró abrir los ojos en el momento en el que el alien paró de besarla, descubriendo a un muy desarrollado Kisshu sacándose la parte de arriba de su vestimenta. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ichigo. Su torso era pálido y flaco, como era de esperarse, pero esto no evitaba que sus músculos resaltaran. Antes de que se diera cuenta, Kisshu había logrado ponerse debajo de ella, dejando esta vez a Ichigo apresándolo por los costados. El adolescente la tomó por la cadera y sin demasiado esfuerzo la hizo sentar encima suyo; ahí fue cuando la sensación que estaba experimentando Ichigo comenzó a esparcirse por todo su cuerpo. A partir de ese momento, el cuerpo de la pelirrosa dejó de responder a sus pensamientos y comenzó a reaccionar a sus instintos.
Kisshu estaba extasiado. No podía creer que por fin estuviera sucediendo. Ya había estado en una situación similar el día del Festival de Primavera, pero él sabía que esta noche llegaría mucho más lejos. Estaba decidido a mostrarle quién era en realidad de una buena vez. Él no era Masaya, y no se le parecía un poco. Él iba a lograr que Ichigo entienda cuán aburrido era su ex novio, y lo divertido que era portarse mal; simplemente tenía que dejarse llevar. Le iba a demostrar que su novio nunca iba a poder darle lo que estaba a punto de darle él; y una vez que lo comprobara, no lo soltaría nunca jamás. Kisshu estaba disfrutando cada parte del cuerpo de Ichigo, y estaba completamente seguro de que su juguete estaba al borde de sentir exactamente lo mismo que él, solamente tenía que… meterla en el juego.
Cuando esto sucedió, las hormonas de ambos se dispararon y se alocaron. Kisshu lideraba la situación, tocando y disfrutando cada parte del cuerpo de su hermosa humana, e Ichigo le seguía la corriente con todo. Kisshu comenzó sacándole la remera a la pelirrosa, y a los pocos segundos ambos se encontraron en ropa interior. Fue ahí cuando la ex Mew Mew volvió sobre sí, junto con una infinidad de inseguridades y miedos. "¿Qué está pasando?" se preguntó internamente.
–Kisshu, yo… –comenzó tímidamente la adolescente. Entre jadeos, se mordió el labio y prosiguió. –Yo… no puedo… yo no…. –Un poco de consciencia bastó para que comenzara a reprimir todos sus impulsos. ¿Qué estaba haciendo? ¡Era Kisshu! ¡Ella ni siquiera quería tenerlo cerca! ¿Cómo había terminado en esa situación? ¿Por qué había permitido que ocurriera?
–No me digas. Eres virgen –soltó el alien, como si de nada importante se tratase. El rostro de Ichigo, por otro lado, se tornó completamente rojizo.
–Pues... Masaya, él… quiere esperar hasta el… casamiento… –Ichigo tragó saliva luego de decir esto.
–Tiene que ser una broma. ¿Te tuvo durante cuatro años y no hizo nada? Pobre gatita. Tienes suerte de que yo haya vuelto para enseñarte lo mejor que puede llegar a experimentar un ser humano. –Sin esperar una respuesta a cambio, volvió a besar a Ichigo y deslizó su mano hacia la zona sensible de la adolescente.
Ahí fue cuando las cosas volvieron a desvirtuarse, y la pelirrosa volvió a dejar la consciencia de lado, amigándose con su instinto e impulsos una vez más. Estaba asustada, eso seguro, pero ya no podía hacer nada al respecto. Ella quería que sucediera, y odiaba que fuera así. Ella quería a Masaya, pero también quería lo que estaba a punto de ocurrir. ¿Por qué se sentía tan bien? Era Kisshu. Kisshu estaba haciéndola sentir de esa forma. Kisshu y nadie más que él. Sintió como las sábanas la tapaban, y una vez más volvió a encontrarse abajo del atractivo alien. "Tú solo relájate" le dijo Kisshu al oído. Entre jadeos y su cuerpo que no paraba de vibrar, una presión no muy agradable comenzó a apoderarse de la chica. Un pequeño sonido de dolor producido por Ichigo alertó a Kisshu, quien comenzó a besarla apasionadamente en el cuello. "Relájate", repitió. Haciendo caso a lo que le decía el peliverde, trató de relajar lo más posible su cuerpo y su mente. Esto fue suficiente para que Ichigo experimentase finalmente lo que había estado deseando desde hace varios minutos atrás. La misma sensación se repitió unas cuántas veces, y sin poder contenerlo un segundo más, la pelirrosa soltó un gemido. Ante dicho sonido, Kisshu paró de besarla en el cuello y volvió a sus labios mientras sus ojos brillaban más que nunca, aumentando la velocidad del acto.
Después de varios minutos, Kisshu notó que su gatita estaba cansada y entonces, solo entonces, fue cuando frenó. Disfrutando los jadeos de la pelirrosa, saboreando el hecho de que él hubiera provocado eso, sonrió de la forma que conoce solo él.
–¿Qué te pareció? –preguntó divertido. La adolescente no contestó y se tapó la cara con las manos, víctima de una vergüenza terrible. –Creo que te lo pasaste excelente –añadió entre risas, observándola de arriba abajo. Kisshu tomó su ropa y se cambió de espaldas a Ichigo, dándole la oportunidad a ella de que hiciera lo mismo sin sentirse avergonzada. –Y eso que todo lo que acaba de pasar, lo hice tan solo con estos dos ded…
–¡BASTA! –gritó Ichigo, tirándole una almohada. No estaba enojada y por alguna razón tampoco se arrepentía; pero sí sentía una vergüenza inmensa. No sabía bien qué acababa de pasar, solamente sabía que la había pasado demasiado bien y no podía dejar que Kisshu supiera eso.
–Está bien, está bien. Ahora duérmete. Nos veremos mañana en el café, gatita –dijo el alien mientras se subía al marco de la ventana. –Y no te preocupes, todavía tengo mucho más para mostrarte –añadió, saltando finalmente al vacío.
Ichigo estaba agotada, y prefirió dormirse antes que pensar en lo que había hecho; o mejor dicho, en lo que había dejado que le haga nadie más que el mismísimo Kisshu.
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Ok. Definitivamente muy subido de tono. Pido perdón si a alguien le incomodó o no le gustó, pero al fin y al cabo esta es mi historia y este tipo de cosas siempre estuvieron pensadas para que pasen, y sigan pasando de aquí en adelante.
También quiero hacer una aclaración. Yo empecé esta historia a los 15 años; ahora tengo 18 y aunque la cantidad de años no sea inmensa, creo que todos cambiamos muchísimo nuestra forma de pensar en esta etapa. Con lo mucho que se está desarrollando el feminismo en mi país, leer esta historia de nuevo me hizo notar que hay un montón de situaciones súper machistas y violentas. Kisshu es un personaje que a mí personalmente me encanta, incluyendo su forma de ser, pero esto no significa que esté bien! Chicas, si un hombre llegara a tratarlas como lo hace Kisshu con Ichigo tengan muchísimo cuidado, porque no es sano. No dejen que nadie lo haga, y no lo naturalicen tampoco. Quizás antes lo veía más como un juego, pero la realidad es que toda esa actitud de "voy a tenerte sea como sea, por las buenas o por las malas" y muchas más no son para nada correctas, y me daría mucho miedo que cualquier hombre me tratara así. En este caso es un poco la gracia del personaje y de la historia, pero sepan que no lo estoy avalando. Habiendo dicho esto, gracias por leer hasta acá!
