Una vez más me dispongo a escribir otro capítulo. Honestamente, Ichigo y Kisshu siguen siendo una pareja que amo, pero hoy en día no puedo evitar que mis opiniones no interfieran. Prosigo a repetirles que las actitudes de Kisshu NO SON SANAS y no tienen que permitir que NADIE lxs trate así. Es manipulador y violento. A nosotrxs nos encanta porque amamos al personaje, porque sabemos que estaba realmente enamorado de Ichigo y porque nos atrapa con la personalidad juguetona que tiene, pero bajo ningún concepto significa que esté bien. Esa idea de conseguir a Ichigo "por las buenas o por las malas" me parece aterradora tanto en la vida real como en la historia, por lo que voy a tratar de eliminar este tipo de cosas. Espero que entiendan las razones.

-ooo-

El día siguiente Ichigo se despertó completamente renovada y de buen humor, hasta que recordó lo sucedido la noche anterior. Le costó terminar de aceptar que no había sido todo un sueño estúpido, pero por sobre todas las cosas le costó admitir que le había gustado. Le avergonzó el pensamiento de que Masaya nunca podría haberle dado algo tan emocionante como eso. Si bien él sabía hacerla sentir como una reina, la amaba y se lo demostraba de todas las formas posibles, ella necesitaba sentir ese tipo de… acción. Kisshu le hizo sentir cosas de las que no tenía idea. Obviamente sabía lo que era tocarse a ella misma, pero… jamás pensó que el hecho de que lo haga otra persona sería tan…

"¡Basta!" pensó. "No es tan importante. Definitivamente puedo esperar a que Masaya esté cómodo… no lo necesitaré…" Ichigo trataba de autoconvencerse una y otra vez, pero mientras más lo intentaba, más recordaba las sensaciones que había experimentado su cuerpo gracias a Kisshu. Entregándose hacia estos pensamientos, la pelirrosa se decidió comenzar a prepararse para ir al café.

Cuando estaba por entrar, sintió escalofríos por el mero hecho de imaginarse que Kisshu estaría adentro; pero no eran el mismo tipo de escalofríos que experimentaba siempre. Aquellos escalofríos inspiraban temor, nervios, ansiedad; estos escalofríos eran más bien como… un hormigueo. Tenían un tinte de excitación. Ichigo estaba experimentando ansiedad y náuseas de la misma forma que las experimentaba en sus primeras citas con Masaya. Respirando hondo, abrió la puerta y se detuvo en seco: Kisshu se encontraba en el medio del salón, atendiendo a una clienta, y en el mismo momento en que ella puso un pie en el lugar, el arrogante alien posó sus intensos ojos en ella y le dedicó esa sonrisa que no mostraba a nadie más. La cara de la adolescente se tiñó rápidamente de rojo tomate mientras sentía cómo su corazón se aceleraba y una pequeña sonrisa nerviosa asomaba en su cara. ¿¡Por qué se estaba comportando así!? ¿Había sido tan importante su encuentro nocturno? Ichigo bajó automáticamente la mirada y se encaminó hacia la cocina del café, tratando de ignorar por completo al chico, pero sin poder disimular su rostro ruborizado. Escuchó una risilla detrás suyo, pero continuó su camino hasta la cocina. Al llegar, soltó un largo suspiro y antes de poder recuperarse de la tensión sintió cómo unos brazos calientes la apresaban por detrás.

– Buen día, gatita –Saludó juguetonamente el peliverde. –¿Cómo amaneciste? ¿Me extrañaste? Apuesto a que te la pasaste toda la noche lamentándote que no me quedé a dorm…

–¡CÁLLATE! –Lo interrumpió alterada la ex Mew Mew, tratando inútilmente de zafarse de las garras del idiota de Kisshu. –Lo que sucedió anoche estuvo mal. No debería hacer eso más que con Aoyama… ¡Ya déjame en paz Kisshu!

El alien no pudo evitar hacer otra cosa más que reír y abrazarla con más fuerza, deslizando sus manos hacia zonas peligrosas.

–Muy bien Ichigo, te dejaré en paz con una condición. Te dejaré en paz si dices en voz alta que no te gustó esto. –Y antes de que la joven pudiera siquiera prepararse psicológicamente, él ya se encontraba manoseando los pechos de su juguete con su mano derecha y su muslo izquierdo con su otra mano, mientras que adicionalmente plantaba pasionales besos en su cuello y orejas.

No pasó casi nada de tiempo hasta que la respiración de Ichigo comenzó a tornarse entrecortada y pesada, lo que la obligaba a abrir la boca para expulsar el aire. Se encontraba con sus manos contra la pared de la cocina (a la que, por cierto, podría entrar cualquiera en cualquier momento) y de alguna forma Kisshu había conseguido someterla por completo. Las piernas le temblaban, su columna comenzaba a ceder, y de alguna forma se encontraba refregándose contra la zona íntima del alien. Y le estaba gustando. Estaba experimentando una vez más esa sensación embriagadora que no le permitía abandonar el acto. Necesitaba saciar la sed que le provocaba toda la situación.

El alien la dio vuelta rápidamente y notó divertido la expresión de placer de su juguete que lo miraba con los ojos entre cerrados y la boca abierta, recuperándose de lo que acababa de pasar.

–¿Puedes decirme que no te gustó? Si me lo dices ahora mismo, mantendré mi promesa.

No hubo respuesta. Ichigo cerró la boca y miró hacia un costado, tratando de ocultar su cara con su pelo.

–¡Ja! Lo sabía.

Kisshu se acercó al oído de la ex Mew y le dijo casi susurrando: "Te dije que ibas a ser mía. Cada vez estoy más cerca de conseguirlo". El rostro enrojecido de Ichigo se volvió aún más rojo debido a la cólera que experimentaba en ese momento. Odiaba que le haya gustado. Odiaba querer repetirlo. Odiaba querer hacer eso con Kisshu. Pero por sobre todas las cosas, odiaba que ya no sintiera más odio hacia él.

Los siguientes días transcurrieron de la misma forma: Kisshu apresando a Ichigo en lugares inapropiados. Su favorito era el baño del colegio. Y lo peor de todo era que ella se la estaba pasando muy bien; nunca se sintió con tanta energía. Lo único que le preocupaba era que a medida que pasaban los días, aquella sed no terminaba de saciarse nunca… por el contrario. No hacía más que aumentar. Los encuentros fugaces ya no alcanzaban. Ichigo necesitaba más; y estaba muy segura de qué se trataba.

-ooo-

Ya era de noche y al día siguiente no había clases, por lo que Kisshu decidió aprovechar la ocasión para realizar otra de sus visitas nocturnas a la casa de Ichigo. Durante los últimos días, el alien se había encontrado en un permanente estado de éxtasis. Pensar en el rostro de su juguete, pensar en que reaccionaba de esa forma gracias a él, pensar que él era el responsable de que ella la estuviera pasando tan bien lo llenaba de gloria. Era literalmente todo lo que quería. Quería hacerla suya; quería que ella no necesitase a nadie más que a él, y estaba dispuesto a conseguirlo de cualquier forma. De todos modos, sabía que con esos juegos no era suficiente y que todavía había mucho más para mostrar, y además él no permitiría que se limitaran al contacto físico. Él estaba profundamente enamorado de Ichigo, a pesar de que sus formas de demostrarlo no hubieran sido óptimas, e iba a hacer cualquier cosa para que ella se sintiera de la misma forma por él. En primer lugar, había conseguido que se olvidara un rato del idiota de Masaya, y, en segundo lugar, logró demostrarle lo aburrida que era su relación anterior, y lo divertida que podía llegar a ser su relación con él. Si bien Kisshu admitía que no era un caballero, tampoco le parecía necesario serlo. Él era muy consciente de que iba a tener que estar allí para Ichigo, y no le molestaba en lo más mínimo ya que moría de ganas por compartir el resto de sus días con ella. En sus primeros intentos había intentado capturarla por la fuerza, pero eso ya no tendría que ser así. Ichigo estaba empezando a ceder. Tras una última sonrisa juguetona y listo para ver a su muñeca, desapareció.

-ooo-

Ichigo ya sabía que él iba a aparecer. Era un movimiento clásico de Kisshu. Le avergonzaba admitir que se había preparado para verlo, pero se encontraba muy divertida esperando a ver la cara de sorpresa del alien cuando la vea vestida para salir. Tras mucho pensar y recordando las palabras de su ex novio, se decidió a darle una pequeñísima oportunidad al alien. No podía negar que se estaba divirtiendo, y que quizás, después de todo, no era tan malo… Absorta en sus pensamientos, la mente de Ichigo volvió a rememorar todo lo que estaba pasando con él, pero esta vez fue distinta. No pensó únicamente en lo que hacía el con ella; pensó en su rostro. Pensó en Kisshu sonriendo, Kisshu burlándose, Kisshu en su primer día de colegio, Kisshu en el Festival de Primavera, Kisshu en la Torre de Tokyo, Kisshu salvándola, Kisshu esperando un último beso durante sus últimos segundos de vida, Kisshu acercándose para besarla…

–¿En qué piensas? –Preguntó con una sonrisa inocente el alien, quien ya se encontraba sentado en la cama al lado de la pelirrosa.

–¡KISSHU! –Ichigo se ruborizó ante la sorpresa y se desanimó levemente al darse cuenta de que, por divagar, no logró sorprenderlo. –Nunca aprenderás a tocar, ¿verdad?

–No sabré tocar la puerta, pero sí sé tocarte a ti. –Antes de que Ichigo pudiera emitir respuesta alguna, prosiguió. –¿Qué haces vestida así?

–Pues… la idea era sorprenderte, ya que… sabía que vendrías… –Ichigo no lograba hablar sin balbucear. No entendía por qué se sentía tan nerviosa.

–Entonces, ¿podemos decir que me estabas esperando? –La expresión del alien cambió notablemente al decir esto. Solo la idea de que Ichigo lo esté esperando, y demuestre que está bien con ello, le revolvía las tripas y la cabeza de la excitación.

–¡No! O sea, ¿sí? No. No es como tú crees. No te estaba "esperando" –dijo Ichigo doblando los dedos índice y mayor de cada mano. Se sentía una completa idiota haciendo eso, y ni siquiera sabía si lo estaba haciendo bien. Mientras Ichigo continuaba su explicación, el alien aprovechó para acercarse a ella.

–Entonces… ¿por qué estás vestida así? ¿Tenías otros planes? ¿O admitirás que me estabas esperando? –Kisshu se la estaba pasando de lo mejor. Estas eran sus situaciones favoritas. Él sabía que Ichigo lo estaba esperando, pero iba a aprovechar el momento para hacerlo lo más divertido posible.

–¡No te estaba esperando! Ugh. Mejor vete, estaba bien antes de que llegaras –dijo finalmente Ichigo dándose la vuelta, mientras comenzaba a sacarse el abrigo.

–¿Te ayudo? –Preguntó juguetonamente el alien levantando la remera de Ichigo, y recibiendo un codazo como respuesta. –Bien. Si no tienes ganas de jugar, podemos dar un paseo –dijo Kisshu, tomando la mano de su juguete.

-ooo-

Eso es todo por hoy. Honestamente, mis ganas de escribir ya no son las mismas, por lo que trataré de encaminar la historia para que alcance su final en unos capítulos más. Les agradezco infinitamente a todos los que leyeron la historia hasta aquí, y que siguieron esperando a los siguientes capítulos. Son lo más. Aunque no escriba más historias, siempre pueden dirigirse a mi DeviantArt ( .com) donde van a ver dibujos míos, tanto originales como fanarts, y tanto tradicionales como digitales. Así tenga 30 años, volveré a dibujar a Kisshu una vez más. Gracias a todos!