Aprender

7

Llevaban tres meses ya en aquella caravana de gitanos, y la vida en el miserable pueblo que dejaron atrás ahora parecía muy lejana. Albus había decidido trabajar con las bestias, le gustaba cuidar de los animales que la feria mostraba a los espectadores fáciles de impresionar. No muchos gustaban estar cerca de los animales – además de sus habituales cuidadores – era un trabajo tedioso y agotador; para Albus, era encontrar nuevos amigos en seres diferentes. Albus pensaba que tal vez y si tenía suerte, Alfred y Ronan le enseñarían a entrenar con los animales.

Las clases con el Maestro Riddle marchaban más que bien, puede que eso tuviera que ver con que el hombre era un muy buen profesor, y Albus, un muy aplicado estudiante. Su vida en la feria iba perfectamente, algo muy contrario a la perspectiva de su papá.

Harry no sabía hacer nada. Se le daban mal los trabajos de fuerza, en la limpieza y la cocina era un fiasco. Más que ayudar, muchas veces lo que hacía era crear desastres, era torpe, desequilibrado, distraído y Albus podía ver como poco a poco la confianza de su padre era mermada. Los gitanos hacían todo lo posible para que él aprendiera el ritmo de trabajo en la feria, hasta Ariel había comenzado a enseñarle sobre costura y confección, pero después de años y años haciendo una misma cosa, Albus entendía que para Harry era difícil tomar nuevos hábitos. Su papá viviblemente quería trabajar, y en verdad lo intentaba, todos veían sus esfuerzos, pero nadie podía encontrar en lo que Harry era bueno.

Fue el señor Riddle que decidió hacer algo finalmente. Una tarde, mientras todos practicaban sus rutinas, limpiaban, cocinaban, o simplemente trabajaban en algo, tomo a su padre y lo llevo dentro de su tienda. No pudiendo con la curiosidad, Albus se escondió y escurrió dentro sin que lo vieran, no supo qué esperaba encontrar, sin embargo su padre llorando y acurrucado en el hombro de Riddle era algo bizarro.

Según lo que pudo escuchar entre los sollozos de su padre, él nunca termino la escuela y toda su vida le habían hecho creer que no era bueno en nada y esa mentalidad se arraigó tanto que simplemente era como si estuviese bloqueado. El señor Riddle solo siguió consolando a Harry hasta que ya no hubieron lágrimas, entonces dijo algo que dejo sorprendidos por igual a padre e hijo:

-Serás mi ayudante personal. Y aunque tardes un poco en entender los conceptos, también te enseñaré al igual que hago con tu hijo. Serás mi pupilo.

Albus dejó la tienda del señor Riddle antes de que se dieran cuenta de que estuvo espiando, eso no era correcto. No podía negar que así como habían conocido a personas déspotas y horribles, Tom Riddle era contrario a los estándares, los había ayudado y era cierto que una deuda estaba de por medio pero eso no implicaba muchos de los beneficios que les ofreció apenas llegaron. Se sentía extraño, y ahora también tomaba a Harry como un estudiante.

Esa tarde se alejó al bosque que colindaba con el circo, pensó en todos los acontecimientos, pros y contras, algo que le dijera que había intenciones ocultas en Riddle, y aunque las hubiera ¿Cuáles serían? Al final, no llego a ninguna conclusión y tuvo que regresar pues estaba oscureciendo y no quería preocupar a su padre. Al llegar al carromato de Ariel, su padre ya estaba allí y se veía tan alegre y entusiasmado que Albus pensó que si el señor Riddle podía poner una sonrisa en el rostro de Harry, no debía de ser tan malo, sin embargo no bajaría la guardia y estaría al pendiente en todo momento; nadie lastimaría a su padre nuevamente.