Día Libre
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Recibir lecciones con su padre era algo interesante. Para Albus, que al inicio estaba algo escéptico con el Señor Riddle siendo tan amable y agregando las lecciones a su padre, además de un trabajo, había resultado mejor de lo esperado. Obviamente su padre tenía lecciones diferentes a las del propio Albus, Harry estaba muy atrasado, no obstante, el Señor Riddle parecía tener la paciencia suficiente como para esperar y acomodarse al lento ritmo de aprendizaje de su padre.
Además de la novedad de su padre siendo asistente del Señor Riddle, Albus podía ver como todo seguía su curso a la relativa normalidad de la feria. Llevaban casi siete meses viajando de ciudad en ciudad, pero solo actuaron cuatro veces y usualmente en aquellos lugares donde la conglomeración de personas era mayor. Los boletos siempre eran vendidos, y las personas amaban el show de los gitanos por las noches, y por el día, visitaban los puestos de ventas de reliquias y accesorios queriendo saber lo nuevo que traían los gitanos de otros lugares, o se presentaban ante la adivina queriendo saber sobre el futuro (algo tonto según Albus, nadie puede conocer su futuro, era lógica común).
Con el trabajo constante, las lecciones y tutorías de por parte del Maestro Riddle, y el movimiento de la feria, Albus, en un momento de revelación espontanea se logró percatar que poco a poco se distanciaba de su padre, y eran escasos los momentos en que realmente pasaban juntos disfrutando de la compañía muta como antes lo hacían. Lo que lo llevó a una conversación con su tutor.
-Quisiera un día libre junto a mi padre, Señor.
- ¿Y desde cuando decidiste eso? –dijo Riddle, desde el otro lado del escritorio donde estaba firmando algunos documentos.
-Desde que me di cuenta lo distante que se está volviendo la relación entre mi padre y yo. Siempre estamos ocupados, y nuestras horas libres no coinciden, a penas y si tenemos tiempo para conversar en los tiempos de comidas y luego unos minutos cuando ya vamos a dormir.
- ¿Y no es eso apropiado? Siendo tu un jovencito que pronto cumplirá quince años, desligarse de su padre sería lo más conveniente, ¿no crees Albus?
-Sé que debo ser independiente, pero también sé qué extraño a mi padre, y no es que sea un niño mimado que acapara toda la atención y hace rabietas, señor. Al iniciar el contrato, el trabajo y las lecciones pude ver que el tiempo estaba bien distribuido y no me quejaría si no sintiera que realmente quiero recuperar el tiempo con mi padre.
Riddle levanto la vista de sus documentos, y Albus pudo sentir que era traspasado por la intensidad en los ojos de su maestro, era un efecto que el hombre parecía tener con todos.
-Los lunes podrás tener tu día libre. Sin embargo, eso aumentará algunas horas extra para ti cuidando los animales, no agregaré cargas a tu padre por el momento.
Albus sonrió radiantemente por la declaración de su maestro, asintió muy complacido sin importarle las horas extra.
-Se lo agradezco, Señor.
-No hay nada que agradecer, Albus, encuentro que su vínculo es algo entrañable y entiendo que quieras pasar un poco más te tiempo con tu padre, en especial después de lo que han vivido juntos. ¿Prefieres ser tú quien dé la noticia a tu padre, o quieres que lo haga yo?
-Me gustaría hacerlo yo, si no es problema.
-En lo absoluto. Ahora, puedes marcharte, recuerda que tienes trabajo que hacer.
Levantándose muy animado, Albus se despidió de su maestro y salió corriendo buscando a su padre. Lo encontró en el carromato de Ariel practicando sus lecciones y no pudo evitar saltar sobre el para abrazarlo, lo que dejo muy sorprendido a Harry.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué el descontrol? –Harry reía, contagiado por el estado de animo de su hijo.
-Tenemos un día libre, los dos juntos, para hacer lo que queramos. Todas las semanas, el lunes, no habrá trabajo, ni lecciones, ni nada de obligaciones. ¿no es increíble?
- ¡Sí, es espléndido! ¿pero cómo…?
-Solicite al Señor Riddle un día libre para que olvidemos las tareas en la feria, y poder pasar tiempo juntos. Desde hace un tiempo me di cuenta que ya no teníamos tanto tiempo juntos como me gustaría, y casi no logro verte correctamente.
-Oh, pequeño, lo lamento…
-¡No! No lo lamentes, no es tu culpa. Pero logre arreglarlo y eso es lo que importa.
-Sabes que eres lo mejor que me pudo haber pasado, ¿verdad? Te quiero, Albus.
-Yo también te quiero, papá.
Después de eso, Albus regresó a sus tareas habituales, ansioso por que llegara el lunes. Mientras trabajaba, planeaba el día y lo que haría con su padre. Tal vez ayudarlo con sus tareas, o simplemente hablar como lo hacían antes, un picnic estaría bien. Como sea, Albus estaba muy animado por la perspectiva de tener un poco más de tiempo sin compartir a su padre con nadie más.
