Esta noche sí que se había quitado el traje y puesto el pijama antes de dormir. No por menos exaltación que en la otra misión, sino por el conocimiento de que las cosas no podían seguir así. Tenía que hacerlo todo bien, tanto lo visto por terceros como lo que no, ya que para eso había sido programado. Se había incluso peinado y duchado - tampoco es que le hiciera falta, pero había algo sobre la acción que lo hacía sentirse más con los pies en la tierra y no en algún lugar imaginario que solo existía en sus antojos.

Pero por mucha preparación que hubiera tenido para el sueño, entre revolcones por las sábanas se dio cuenta de que no había manera de apagarse; de dormirse en palabras humanas. Una sensación ajena le recorría el cuerpo, y su intuición le decía que era esta la que no le permitía descansar. Hacía que no pudiera cerrar los ojos con tranquilidad, que no pudiese estarse quieto sintiéndose cómodo. Era una clase de inquietud que no conocía de antes.

Después de unos minutos más de intentos fútiles de acallar sus pensamientos, finalmente los dejó fluir en derrota. A la mierda.

Lo primero que le vino a la cabeza fueron las palabras de Markus. Se pasó un rato considerándolas, dándose cuenta de que en realidad no eran tan locas como realistas, y... Otro día. Otro día, porque Connor no creía estar preparado para plantearse de verdad según qué cosas aún. Tenía que hacer lo que le dijeran que hiciese, y ya. Para eso estaba allí.

Pero ahora nadie lo miraba, así que podía darse el gusto de hacer un poco más lo que él quería.

Y no sabía exactamente lo que quería, pero sabía que quería algo.

Cerró los ojos y pensó en Markus. En el tono de su voz, en su cara, en él en general. Solo de imaginarlo notaba esa sensación, y se permitió fantasear sobre diferentes escenarios con los dos en él. En el primero, Markus y él hablaban. Se conocían, parecían llevarse bien. En el segundo, trabajaban juntos en contra de la humanidad opresora, y WOW eso ya lo procesaría más tarde. En el tercero, Markus se acercaba más y más a él, hasta posar sus labios sobre los suyos. Connor no tenía ni puta idea de qué pasaba, pero ese beso -era así como lo llamaban- era la caña, y quería más y más y más y el cuarto escenario tenía a Markus desnudo encima de él, tocándolo, conectando con él de alguna manera y cuidando de él con besos y caricias. Joder. Joder.

¿Sería eso atracción? El se suponía que no debía notarla. No estaba en su diseño. Pero a la mierda, a la mierda, a la mierda todo, pensó al meter su mano en sus pantalones instintivamente.

Con sus dedos rozó su pene artificial, que tenía igual que la mayoría de androides masculinos. Este estaba en un estado que difería grandemente de cómo estaba normalmente, y lo reconoció como erección gracias a su gigante conocimiento innato. Qué cojones. No sabía que estas cosas aplicaran en él.

Decidió dejar de pensar y ponerse a hacer lo que quería hacer. Lo agarró con la mano y, curioso con qué pasaria -tenía conocimiento sobre estas cosas, pero limitado a lo más básico-, probó a moverla. Un gemido sonó por la habitación, y Connor se dio cuenta de que había salido de su boca justo cuando salió otro. Sentía algo indescriptible. Era una sensación rara, que nunca antes hubiera imaginado, pero lo hacía sentir extrañamente bien, y solo quería más. Movió su mano de arriba abajo, y joder, su cara debía ser una vista curiosa. Nunca antes creía haber mostrado tanta emoción: notaba sus cejas juntándose, ojos cerrados, boca abierta dejando ir ruiditos que hasta ahora se creía incapaz de hacer y un tinte azul esparcido por sus mejillas, si el calor que sentía por la zona era algo por que guiarse. No tenía ni idea de qué color estaría su LED, pero probablemente azul no.

Connor siguió con sus ministraciones. Su mente estaba nublada, no funcionaba al 100%. Solo ocasionalmente venían pensamientos, y la mayoría de estos tenían a ver con Markus y con el chico del club Eden.

Pasado un rato de gemidos con un intento de ser reprimidos -Hank dormía, o eso le gustaba pensar a Connor-, empezó a sentir algo estancarse en su barriga. Era potente, y daba la sensación de que en cualquier momento- en cualquier momento-

-¡AH! -Connor dejó ir involuntariamente al notar la cúspide de todo aquel placer anterior, con la cara de Markus en la cabeza. Era algo sublime, y lo hacía sentir muy, muy bien. Siguió tocándose hasta que pasó la ola, momento en el que dejó la mano donde estaba y se permitió reclinarse con más tranquilidad en la cama, a recobrar resuello después de tal sesión de... Descubrimiento, suponía. El inicio de una, quizás, nueva etapa para él. Podía notar su pecho subiendo y bajando con su respiración agitada.

Unos minutos más tarde se dio cuenta de que la mano que tenía en sus genitales estaba mojada. No lo terminaba de entender. La sacó de sus pantalones para observarla con su visión nocturna, y divisó una clase de fluido denso blanquecino que había salido de él, que probablemente había manchado sus pantalones también. Mierda, pensó. A ver cómo justifico yo esto a Hank: Connor vivía, por ahora, en su casa, y o hacía él esta vez la colada o mal iba.

En cualquier caso, tenía curiosidad por el fluido, e hizo, inocente, lo que hacía con todos los fluidos que quería analizar: lo lamió. Tenía un sabor raro. El análisis se lo dejó claro: semen androide de RK800.

Ohh. Con que semen, eh. Le sonaba el concepto. Una pequeña búsqueda por internet (que tenía intrínseco en su sistema) le dejó claro que era una eyección humana masculina al llegar al orgasmo, que había sido imitada al diseñar los androides masculinos para darles más parecido a los humanos. De allí le faltaba una palabra: orgasmo, que buscó y oh, ya. Vale.

Se limpió el semen sobrante de la mano en su barriga y, extasiados minutos más tarde, por fin consiguió quedarse dormido.