Ninguno se movió de su posición, tenían los ojos fijos en los del otro, Sherlock debía admitir que le gustaban esos momentos en los que su mirada se conectaba con la John, sentía que por fin alguien lo entendía, que el doctor podía ver dentro de él, los ojos claros y sinceros de John siempre lo desconcertaban, era un ser humano tan simple, tan bueno, un libro abierto para los hermanos Holmes, y a la vez un soldado que jamás había regresado de la guerra, que buscaba la adrenalina en todas partes, y la había encontrado en exceso convirtiéndose en el fiel compañero del único detective consultor del mundo.
Finalmente, John rompió el silencio-y bien…pues supongo que ahora quieres hablar-
Sherlock suspiró en respuesta, caminó por su lado atravesando el pasillo rumbo a su sillón en el que se sentó entrecruzando las manos y mirando atentamente a John, finalmente enarco ambas cejas, dando la señal para que el rubio pudiera comenzar con su ronda de preguntas. John lo imitó, ambos sentados frente a frente junto a la chimenea, por fin Sherlock estaba dispuesto a ser sincero sobre lo que sentía.
-¡Bueno!- exclamó John intentando disimular su incredulidad- primero me gustaría saber por qué reaccionaste así ante las cosas que dijo Mycroft, nunca habías sido violento con él, al menos no en mi presencia.
Sherlock no le quitaba ojo de encima, se había apoyado en una mano y lo observaba atentamente como si intentara deducir sus pensamientos-Pues nunca me había sacado tanto de mis casillas, fue grosero John, te ofendió, no se como no lo notaste, fue bastante obvio-dijo rodando los ojos con desdén.
-Mycroft siempre dice ese tipo de cosas, ni la señora Hudson se ha salvado de sus comentarios despectivos, tiene ese aire de superioridad que rodea a los Holmes- señaló Watson con algo de picardía
Sherlock sonrió de lado complacido-es verdad…-admitió
-Pero no respondiste mi pregunta- le amonestó su compañero abriendo más los ojos.
-El fue insolente contigo, sabe que no me eres indiferente- dijo Sherlock con rapidez algo alterado-siempre ha sido igual, es un pésimo hermano- dijo con un ligero ademán de desprecio.
-"No te soy indiferente" eso es una forma muy diplomática de decirlo, pues eso no fue lo que dijo Mycroft precisamente. Él dijo que…tú estabas ena…
-¡John!
-¡Fue lo que dijo Sherlock! Y con mucha certeza, fue casi una acusación y ambos sabemos que Mycroft nunca se equivoca- Sherlock apartó la vista, su pie derecho había comenzado a golpear el piso compulsivamente, John no tenía que ser un genio de la deducción para darse cuenta que lo había puesto nervioso, sonrió para sí mismo con cierta incredulidad- Sherlock, ¡por qué siempre eres tan complicado! Al punto de que tiene que venir tu hermano a reconocer lo que tu no eres capaz admitir.
Sherlock miraba alternadamente hacia la chimenea y al cráneo, parecía estar buscando las palabras correctas- John yo…pues esto… pues yo admito que… ¡Oh rayos! -gritó perdiendo la paciencia- ¡por qué es tan complicado! ¡Odio esto! ¡Odio sentirme así! ¡Maldito Mycroft, malditos sean todos! -Gritó frustrado, puso las manos entre sus rizos y escondió el rostro, John jamás lo había visto así, definitivamente el detective se encontraba en un callejón sin salida, no tenía idea de cómo afrontar aquello, no entendía sus propios sentimientos. John se acercó lentamente, se arrodilló frente al rizado y comenzó a acariciar su hombro con la intención de tranquilizarlo.
-está bien, lamento haberte presionado, prometí que sería paciente, cuanto lo siento Sherlock, es solo que… me descolocó la visita de Mycroft, las cosas que dijo, tengo un caos en la cabeza, sé que es difícil para ti, pero estoy aquí, puedes decirme lo que te pasa, puedes contarme tus inquietudes, te sentirás mejor si me dices que ocurre- Sherlock levantó el rostro lentamente, John se quedó helado, estaba llorando, sus bellos ojos estaban repletos de lágrimas, se veía tan vulnerable.
-tengo miedo John- dijo con la voz quebrada
¿Miedo de qué? –
Entonces Sherlock tomó todo el aire que le permitieron sus pulmones y comenzó a hablar atropelladamente -de no ser…suficiente…para ti, soy el más desagradable, grosero y odioso ser humano, en ocasiones llego a ser ridículo, no soy capaz de admirar la belleza, constantemente traspaso los límites de la decencia, yo no soy bueno John…soy un maldito adicto que resuelve crímenes para evitar drogarse, ¿que no lo ves?...no te merezco, nunca fui digno de tu amistad y por lo mismo yo nunca esperé que te fijaras en mi con aspiraciones…amorosas. Tú en cambio -sonrió con amargura-eres el más amable, considerado y sabio ser humano que se me ha acercado y por si fuera poco desde el comienzo lograste ver cualidades en mí que ni yo mismo deducía. Por eso me enfadé cuando Mycroft dijo todas esas cosas sobre ti, puede ser un completo ignorante en algunas cosas-dió una carcajada-y yo no me quedo atrás, claro está...
John se quedó mudo, ¿era Sherlock quien había dicho todas esas cosas? ¿Cómo podía guardarse tanto? ¿cómo no se daba cuenta que era un ser humano excepcional? Él se sentía afortunado de compartir el mismo espacio que Sherlock Holmes, de ser testigo de sus brillantes deducciones, de sus originales formas de resolver casos insólitos. Era la persona más inteligente que había conocido, quien había logrado deducir su historial de vida en tan solo unos segundos, con un simple vistazo…pero Sherlock no era capaz de ver lo bueno en sí mismo. John sintió que podía decirle tantas cosas, pero comprendió que eso no era lo que el detective necesitaba, podía llenarlo de elogios y Sherlock seguiría pensando igual. Holmes necesitaba sentirse amado por primera vez en su vida, requería desesperadamente del amor incondicional que solo el John Watson podía brindarle.
El rubio acarició las delicadas manos de pianista de Holmes, luego subió hasta su rostro recorriendo esas prominentes mejillas, pasando sus dedos por la textura suave y pálida de su cara.
Sherlock había vuelto a cerrar los ojos tomando una actitud más relajada, lanzó un suspiro al vacío, por primera vez desde que lograba recordar había tenido el valor suficiente para expresar sus sentimientos con palabras y se sentía más ligero, esa simple caricia le estaba enviando señales muy placenteras a su cerebro, de pronto John comenzó a besarlo, pero esta vez Sherlock reaccionó de forma natural, tomando el rostro de Watson entre sus manos y correspondiéndole, quería demostrarle que el también sentía…que por mucho que le costara admitirlo, Mycroft tenía razón, estaba enamorado.
John comenzó a incorporarse pero Sherlock en un acto impulsivo lo atrajo posesivamente hacia él para continuar con el beso, John quedó sobre Holmes en el sillón, sonrió ante el atrevimiento de su compañero de piso y volvió a besarlo jugueteando con la dulce lengua del detective, Sherlock comenzó a mover sus manos acariciando la espalda del rubio, hasta que el beso llegó a su fin, se separaron lentamente, aun sintiendo la calidez de sus respiraciones…Sherlock apoyaba su frente en el mentón del doctor y finalmente una palabras salieron de él en un susurro casi inaudible- te…quiero John…te quiero más que a nada en este mundo...
