John se sentía completamente feliz, ni en sus sueños más prometedores había imaginado que Sherlock Holmes expresaría tales sentimientos hacia él con palabras, era tan difícil para Holmes manifestar cualquier deseo o emoción humana. Los días pasaban demasiado rápido, durante el día se comportaban como compañeros de trabajo. Ambos en su papel de detectives consultores combatiendo el crimen por las calles de Londres y resolviendo enrevesados casos para la unidad policial de Lestrade. Durante las tardes John se encargaba de escribir cada uno de los casos en su blog, relatando las hazañas de Sherlock y sus brillantes deducciones que memorizaba con el mayor cuidado hasta plasmarlas fielmente en sus escritos, orgulloso contemplaba como se multiplicaba el número de lectores exponencialmente. Aunque Sherlock seguía espiando por detrás de su hombro y criticaba cada vez que tenía la oportunidad los títulos que John asignaba a los casos, "¿Por qué tienen que tener un título? ¡Es absurdo!" pensaba para sí con desdén.

Durante las noches ambos dormían juntos y se amaban hasta que las fuerzas abandonaban sus cuerpos exhaustos de tanto placer. Afortunadamente no recibían más visitas imprevistas de Mycroft que pudieran alterar el humor de Sherlock, todo marchaba bien, demasiado bien. Una noche luego de hacer el amor ambos cayeron en un profundo y reponedor sueño. Durante la madrugada John aun dormía plácidamente, pero Sherlock se removía incómodo en la cama, estaba teniendo un mal sueño, se encontraba de pie frente a una enorme acuario de vidrio, las criaturas marinas se movían a su propio ritmo, sus figuras proyectaban extrañas sombras en suelo que intimidaban al detective, de pronto vio los grises ojos vacíos de un gran tiburón fijos en él, Sherlock se acercó a el hasta tocar el vidrio con una de sus manos, sin ser consciente de sus movimientos, hiptnotizado por la imponente criatura frente a él, pero al palpar el frío cristal con la punta de sus dedos este se rompió cayendo miles de litros de agua simultáneamente sobre su frágil cuerpo mientras el tiburón aprovechando su oportunidad abría sus fauces para devorarlo en un ataque letal.

Sherlock despertó sudando asustado, abriendo los ojos abruptamente, mirando a su alrededor y sintiendo un alivio instantáneo al reconocer su acogedor cuarto, todo había sido un sueño, sintió a John removerse a su lado, acerándose más a él, nunca pensó lo reconfortante que sería dormir con alguien, la seguridad que la presencia del ser amado provoca con su sola presencia. Volvió a recostarse intentando conciliar el sueño, pero desafortunadamente asumió que no podría volver a dormir, se volteó a mirar a John Watson quien estaba inmerso en un sueño tranquilo, recorrió con su detallista mirada cada uno de los rasgos físicos de John con la escasa visibilidad que le permitía la luz que se colaba por la ventana, aun no amanecía.

John Watson, ese hombre tan sencillo en aspecto y personalidad, amigable y leal, ese frágil ser humano recostado a su lado ahora significaba tanto para él. Solía pensar que no debía encariñarse con las personas, el amor era tan destructivo y volátil, hace a las personas dependientes del otro, degrada a la gente hasta convertirlos en insignificantes insectos que seguirán aturdidos la cálida luz aunque su contacto sea letal, sin embargo a pesar de considerarse un ser humano con mentalidad altamente superior y no tener ese tipo de necesidades emocionales ni carnales por décadas, la llegada de John a su vida comenzó a transformarlo, la calidez del doctor, su humanidad se contagiaba.

Cuantas veces intentó ignorar los comentarios de su mismo hermano o de la señora Hudson cuando decían "él te hace más humano". Pretendía negarse la influencia que John siempre ejerció en su persona, se sentía tan poco merecedor de ese amor incondicional que Watson depositaba en él, ni siquiera había aspirado a convertirse en el mejor amigo de alguien, pero Watson lo había elegido a él, aun no entendía cómo John podía amarlo con su mal humor, anomalías y falta de empatía por la gente, y esos eran solo algunos de sus múltiples defectos...Sherlock siempre se aceptó a si mismo tal cual era, cambiar le parecía un esfuerzo innecesario y la mayor parte del tiempo no le importaba ser el hombre más despreciable en el planeta, la soledad lo protegía, pero John le hacía querer ser mejor persona…aunque odiara admitírselo a sí mismo, Watson lo hacía querer ser más humano…

John abrió los ojos perezosamente, sacando a Sherlock de sus cavilaciones repentinamente, lo miró alarmado, como si fuera un infante descubierto en alguna travesura.

-me despertaste-susurró John

-no hice ningún ruido- se defendió

-me observabas- respondió el doctor

-pero eso no se siente- dijo Sherlock con extrañeza

-yo te siento… se cuando me observas, estoy demasiado acostumbrado a tu mirada, solo lo siento- admitió el rubio

-eso es imposible-dijo Sherlock frunciendo el entrecejo

John sonrió con ternura- si es posible-

-bueno, pero es poco probable-

-Quizás haya un par de cosas que yo sé y que tu no…-replicó Watson intentando imitar el tono presumido de Sherlock al hablar.

-no lo creo-dijo Sherlock asumiendo su típica expresión presumida con algo de altanería incluida, John negó con la cabeza, era imposible ganar una discusión con Sherlock Holmes

- ¿no puedes dormir? - Interrogó cambiando repentinamente el tema.

-no…-pensó en relatarle el sueño que había tenido, pero consideró que sería absurdo hablar de un sueño, aunque un mal presentimiento comenzaba a invadirlo…era una corazonada, aunque fueran algo irracional podía ser información que la mente alcanzaba a captar pero el cerebro aún no lograba codificar- a veces sufrió de insomnio, una vez que despierto ya no puedo volver a dormir-

-bueno…¿qué haces cuando no puedes dormir?-

-trabajar en los caos…o tocar el violín…a veces solo encerrarme en mi palacio mental a recordar-

John sonrió – no creo que tocar el violín a las 4 AM sea una buena idea…espera… ¿recordar que? - pensó que algo importante se escondía tras esas escuetas palabras formuladas por Holmes, él lo recordaba todo…no tenía problemas de memoria, al contrario.

-mi infancia-confesó el detective con cierto pesar- tengo muy pocos recuerdos…y felices…aún menos.

-¿qué te hacía feliz?

-…barba roja-murmuró Holmes con profunda nostalgia en un susurro casi inaudible. John intentaba descifrar el mensaje tras las extrañas confesiones del rizado, nunca hablaba de su vida, comprendió que la infancia de Sherlock estaba rodeada por muchas sombras que tal vez ni el detective era capaz de descifrar.

Siguieron hablando el resto de la noche, de los casos, de la infancia de John, aunque Sherlock se rehusó a seguir hablando de sus memorias, pero le interesaba escuchar los relatos de Watson para él era tan fácil hablar, era un libro abierto.

Por la mañana John fue a comprar algunos insumos esenciales que faltaban en el apartamento, ya que Sherlock nunca se dignaría a comprar el mismo los alimentos. Sonrió al imaginar al detective pasearse por el pasillo de lácteos del supermercado analizando los componentes de cada botella de leche, quejándose de los engaños de las etiquetas de envasado, insultando a los cajeros automáticos, llamando al personal de administración por el ineficiente funcionamiento de las máquinas registradoras, deduciendo y dejando públicamente en vergüenza al desafortunado empleado que le tocara tratar con él…sería un caos pensó para sí...

Tras media hora volvía al 221B con varias bolsas en sus manos, la calle estaba prácticamente vacía esa mañana de otoño particularmente helada, uno de los peatones lo empujó bruscamente al pasar, John se volteó molesto y le gritó - ¡te disculpo! -

El desconocido no le hizo el menor caso, al voltearse Watson pudo ver con claridad a otro sujeto que lo superaba notoriamente en altura y corpulencia, lo sometió tomándolo del cuello mientras el hombre que anteriormente lo había empujado sacaba una jeringa de su bolsillo derecho con la intención de inyectar al doctor, John intentó defenderse, dio un par de golpes a su captor que lo tenía fuertemente sujeto por la espalda, gritó pidiendo ayuda, pero no había nadie a la vista que pudiera socorrerlo, aún le faltaban unos cuantos metros para llegar a la puerta del apartamento. Le inyectaron una extraña sustancia que le ardió al pasar por sus venas, Intentó patearlos y morderlos, sin embargo, lo superaban en número y fuerza física, finalmente la droga comenzó a hacer efecto, las fuerzas abandonaron su cuerpo, en unos segundos ya no podía mantenerse en pie, apenas lograba mantener los ojos abiertos, su visión se volvió borrosa, lo último que vio fue a uno de los hombres ponerle una especie de capucha sobre la cara mientras el otro lo mantenía fuertemente sujeto…impidiendo todo posible intento de escape.

-Sherlock…murmuró sin fuerzas antes de caer en un profundo estado de inconsciencia.