Arribamos en la casa de Charles Augustus Magnussen en un Helicóptero de su propiedad, la construcción era una enorme fortaleza dotada de una arquitectura laberíntica compuesta por varios niveles. Nos guió un sirviente hacia la terraza en donde un hombre rubio nos esperaba a la intemperie. Tan solo a unos metros de distancia pude ver al magnate en persona observándonos sentado cómodamente en uno de sus sillones mientras tomaba un trago con total naturalidad. Lo había visto antes en una fotografía y en algunos artículos que leí posteriormente para informarme de su influencia en la opinión pública británica, pero ver a ese hombre en persona era totalmente distinto, sus ojos carentes de emoción ni siquiera se molestaron en mirarme, solo se posaron en Sherlock mientras esbozaba una sonrisa complacida.
—Creí que estaríamos solos señor Holmes— dijo poniendo una de sus manos sobre el hombro de Sherlock, apretando el agarre mientras acariciaba esa zona, lo observé con una mezcla de irritación y asco, quien se creía para ponerle una mano encima a mi pareja. En una situación similar Sherlock retrocedería o se desharía del contacto físico al instante, pero en ese minuto solo sonrió de lado con increíble naturalidad, sus ojos se mantenían fijos en los de Magnussen. Si no conociera bien a Sherlock pensaría que estaba coqueteando, finalmente el hombre me observó con ademán de superioridad y me dirigió unas escuetas palabras de saludo.
—Muéstreme Appledoor…—demandó Sherlock sin rodeos.
—Le dije señor Holmes toda la información está disponible por un precio… ¿está dispuesto a pagarlo?, ¿asumirá las consecuencias? …
—Totalmente— respondió Sherlock con desdén como si lo estuviera retando a alguna especie de apuesta, Magnussen acababa de poner sus cartas sobre la mesa ahora solo quedaba la contestación del rizado, de pronto Sherlock sacó la portátil de Mycroft con una sonrisa llena de ironía.
—¿Sherlock que estás haciendo? —Era evidente que la portátil debía tener información de incomparable valor para el gobierno británico, muchos secretos de estado se almacenaban en el aparato personal del mayor de los Holmes.
—Un regalo navideño—respondió Sherlock con indiferencia aun con sus ojos fijos en los de Magnussen
—¡Y que gran regalo! —lo apoyó el magnate satisfecho— Mycroft Holmes y todos sus secretos en una portátil…
—Le acabas de ofrecer a este maniático manipulador los secretos del gobierno británico en bandeja de plata, ¡nos juzgarán por traición Sherlock! esto es una locura— de inmediato mis ojos se cruzaron con los suyos, me dedicó una mirada intimidante para silenciarme de una vez, deseaba frenarlo con todas mis fuerzas, se había vuelto completamente loco, estaba dejando al descubierto a su hermano y a toda la red de funcionarios que operaban las 24 horas para mantener en extrema confidencialidad los asuntos del gobierno.
Magnussen sonrió burlonamente, me sentí patético…era evidente que habían conversado anteriormente a solas, esta situación era fruto de un acuerdo previo, probablemente cuando estuve en el hospital, habían tenido una reunión en privado. Recordé uno de los datos de Magnussen que llamó mi atención mientras leía artículos referidos a su vida, ese hombre se caracterizaba por su abierta homosexualidad, estaba soltero y en esos instantes no le quitaba los ojos de encima a Sherlock…lo observaba con evidente deseo, me hervía la sangre de solo imaginarlos en una reunión privada, ese hombre me asqueaba, ¿cómo Sherlock había sido capaz de involucrarme en esto sin si quiera mantenerme al tanto de sus movimientos previos?, estaban manteniendo un diálogo que yo ignoraba y Magnussen lo sabía, se veía bastante complacido de excluirme de esa charla.
—Al parecer señor Holmes estoy mal informado respecto a sus puntos de presión…es increíblemente difícil encontrar el suyo. Pensé que el doctor Watson estaría al tanto de nuestra negociación—
—John sabe lo que necesita saber. Ahora por favor…no perdamos más tiempo, tiene lo que quería, yo necesito conocer Appledoor con mis propios ojos—replicó Sherlock
—Miente— acusó el rubio con voz grave cambiando radicalmente de actitud—me relaciono con mentirosos a diario señor Holmes ¿de verdad piensa que no lo iba a notar? — Sherlock lo observó con duda, por primera vez desde que habíamos llegado se había comenzado a desmoronar su antifaz de confianza total. Magnussen puso en marcha un video en una pantalla frente a nosotros, pude reconocer nuestras propias voces, fue el día en el que intentaron quemarme vivo, aparecía Sherlock rescatándome, removiendo la leña de la pira con desesperación, luchando entre el fuego—le importa John Watson, aunque intente aparentar lo contrario la verdad es que siente una irremediable atracción por él…es "su damisela en peligro" —dijo indicando la grabación que se repetía una y otra vez en la pantalla.
—¿Usted me puso en una hoguera solo para manipularlo? — dije incrédulo, lo acababa de confirmar, ese hombre estaba completamente loco…Sherlock mantenía su temple neutral, la noticia no lo sorprendía, lo cual me revelaba otra dura verdad…él sabía que ese hombre era el responsable del incidente de la hoguera y también me lo había ocultado. Recordé la discusión entre los hermanos Holmes que había escuchado a escondidas en el hospital hace algunas semanas, Sherlock diciéndole a Mycroft "él se metió con John". Por fin fui consciente del pleno peligro al que nos estábamos enfrentando, debíamos salir de ahí cuanto antes, ese hombre era peligroso…quizás el más peligroso a quien nos hubiésemos enfrentado.
—Tranquilo doctor Watson—dijo con una carcajada— ¡vaya! se ha puesto muy pálido…no se preocupe, no lo habría dejado arder, tenía personas alerta, no soy un asesino…solo un estratega. Permítame explicar cómo se saca provecho de algo doctor… para los entendidos en estos asuntos Mycroft Holmes es el hombre más poderoso del país, bueno…aparte de mi…pero hasta los más poderosos tienen un punto débil…el punto de presión en Mycroft es su hermano drogadicto Sherlock, y el punto de presión de mi querido detective—dijo pasando su mano por el cuello de Sherlock quien no se movió de su sitio—es usted doctor Watson…así que es una ecuación bastante simple, si lo tengo a usted, seré dueño de Mycroft, y aparte…podré quedarme con el detective de la gorra.
—¿De qué rayos está hablando? —interrogué aun incrédulo
—Por favor…basta con una llamada para arruinarle la vida doctor Watson, usted sigue vivo porque yo lo permito, y le aseguro que esta relación suya con Sherlock ha llegado a su fin. Hace mucho que lo he estado observando señor Holmes, siguiendo cada una de sus huellas…es brillante—respondió Magnussen rodeando a Sherlock quien seguía atentamente cada uno de sus movimientos.
—Me alaga— dijo Sherlock enarcando las cejas con ironía
—Quizás he seguido las pistas de toda su vida…— Sherlock sonrió incrédulo con actitud arrogante ante esa afirmación
—Tengo buenas razones para dudar de eso— contradijo Holmes enseguida
—Claro…¿quién conocería la intimidad de Sherlock Holmes verdad?…barba roja—dijo con una sonrisa aterradora, Sherlock abrió los ojos sorprendido intentando reponerse del impacto que le generaba ese nombre cada vez que lo mencionaban.
—Ya tiene lo que deseaba ahora exijo que nos muestre Apple Door—replicó cambiando de tema
—Si, tengo una parte de lo que deseo…los secretos del gobierno británico…una apuesta tentadora, pero en realidad señor Holmes usted es mi regalo de navidad, solo que aún no lo ha notado—
—Es un intercambio, no un regalo—dijo Sherlock—La portátil tiene contraseña, a cambio de ella me dará toda la información que maneje sobre John Watson y ahora que lo pienso…también quiero todos los archivos sobre mi…quiero todo el material que tenga en su poder—
—Ah…si…ha sido un hombre muy atormentado señor Holmes, toda su vida…forzándose a sí mismo a no sentir, para no volver a salir herido. Todos esos traumas que guarda en secreto…—
Observé a Sherlock ¿Qué clase de traumas había tenido en su infancia? Las dudas se agolpaban en mi cabeza, deseaba estar a solas con Sherlock para que las respondiera todas…cada vez más sombras rodeaban el pasado del detective…—¡Ya basta!— dijo Sherlock mirándolo con notoria ira.
—Tranquilo, entiendo su preocupación tiene demasiados enemigos que agradecerían mucho la información correcta para aprovecharse de sus traumas, llegar a Watson y darle una muerte horrible a este pobre hombre, todo para "quemar…su corazón" ¿verdad? vamos, le mostraré donde almaceno todos mis archivos…las bóvedas secretas—De pronto se detuvo en seco y sonrió con hipocresía— no crea que me ha engañado, en unos minutos tendremos compañía…el localizador USB de la computadora, su hermano debe haber notado ya el robo… al llegar encontrarán información secreta en mis manos y tendrán razones de sobra para revisar mis bóvedas y usted será exonerado…pero tranquilo señor Holmes, le aseguro que a usted no se lo llevarán a ninguna parte—dijo acercándose peligrosamente a Sherlock hasta rozar su nariz con la de él— yo también se jugar, ha cometido un enorme error…uno que afectará a todos los que ama—Sherlock una vez más no retrocedió, la rabia me iba a hacer empujar a ese lunático millonario por las escaleras.
Finalmente bajamos hasta encontrarnos con unas puertas enormes, Magnussen entró a una sala vacía muy luminosa en la que tomó asiento, una vez allí cerró los ojos y comenzó a mover las manos como si hojeara un gran libro invisible. Estaba atónito, esto era una especie de broma de mal gusto…de pronto comenzó a hablar sobre mí, describió mi vida entera…habló de los pocos familiares que aún tengo con vida, Me habló de Harry y su adicción al alcohol, dio detalles que no aparecían en ningún documento oficial como cuando le disparé al chofer asesino que quería forzar a Sherlock a ingerir esa droga solo para probar quien era más listo…¿acaso me había investigado? esto tenía que ser un montaje no había otra explicación.
—¿Será necesario hacer el mismo ejercicio con su historia de vida señor Holmes? … apuesto a que hay mucho de eso que no le ha contado a Watson, ¿se da cuenta? …en este minuto se más de usted que su misma "pareja" quizás incluso más de lo que usted mismo recuerda de su infancia—
—Es un palacio mental…—explicó Sherlock con la mirada perdida en algún punto de la habitación
—Usted sabe de estas cosas señor Holmes…es un entendido en el tema, es impresionante la cantidad de información que se puede almacenar si se conoce la técnica correcta…podemos recordarla solo visualizándola. Solo me siento aquí, cierro los ojos y voy directo a mis bóvedas—dijo Magnussen
—Sherlock esto no puede ser cierto—repliqué incrédulo ante lo que estaba escuchando, este tipo era un demente, no podía controlar a todos en el gobierno solo recordando información sobre ellos.
—Lo es…—respondió en un susurro
—Pero entonces no hay documentos, en realidad no tiene nada aquí…—interpelé a Magnussen intentando asimilar lo que acababa de escuchar.
—A veces mando a pedir algo si es que realmente lo necesito pero la mayor parte realmente la recuerdo…Su plan ha fallado Sherlock, cuando la policía secreta llegue aquí no encontraran nada, no podrán inculparme de nada…y usted habrá puesto en riesgo el futuro de la nación sin motivo alguno, lo juzgarán por traición a la patria, en este momento ustedes son los criminales…solo me tiene a mi para salvarlo señor Holmes, pero eso tiene un precio…debe quedarse aquí…conmigo—
—¿Para qué?
—Para servir a mis propósitos…para ser mío. Seré su dueño…quizás algo más…—dijo acercándose nuevamente a Sherlock, olfateando su aroma, invadiendo su espacio personal, veía el desprecio en la mirada del rizado pero comprendí que Magnussen tenía razón, Sherlock había cometido un error, había subestimado la mente del despreciable hombre que teníamos enfrente, una mente que quizás era tan brillante como la del propio Holmes. Ahora estábamos bajo su poder.
—Esto es absurdo, ¿solo recuerda todo? No tiene pruebas de nada—intenté defenderme, dándole tiempo a Sherlock para que hiciera uno de sus inesperados movimientos que daban vuelta la situación a nuestro favor, pero esta vez eso no sucedió.
—Todo consiste en el conocimiento—explicó Magnussen— saber es tener, no necesito pruebas, yo hago noticias…solo debo contactar a las personas correctas y…su vida doctor Watson se convertirá en un completo infierno, se lo aseguro, puedo destruirlo chasqueando los dedos. Y hablando de noticias, ustedes dos tendrán la primera plana mañana por intentar venderme secretos de estado. Creo que escucho helicópteros… su hermano se está acercando señor Holmes se llevará una gran decepción— dijo caminando hacia la terraza.
—¿Sherlock tenemos un plan? —pero el rizado no reaccionaba parecía estar en blanco— Sherlock tenemos que ir por él, no podemos dejar que gane, quiere controlarte…y por lo que veo también desea seducirte—Sherlock me dirigió una mirada llena de angustia—John no debí haberte traído aquí...solo queda una opción—balbuceó atropelladamente y se dirigió hacia la terraza en donde Magnussen nos esperaba con una sonrisa triunfal en el rostro. Los helicópteros y equipo especial nos tenían en la mira, nos ordenaban que levantáramos las manos y nos alejáramos de Magnussen
—¡Solo para aclarar! gritó Sherlock entre el ruido de los Helicópteros—¿las bóvedas de appledoor solo existen en su mente?
—No son reales y no lo han sido jamás. No pueden hacer nada, no soy un villano, no tengo ningún plan malévolo, un simple hombre de negocios eso es lo que soy…lo siento señor Holmes no hay oportunidad de que pueda ser el héroe esta vez, ríndase ante mi y cambiaré mi versión de los hechos, es su última oportunidad—advirtió el millonario.
Sherlock me observó por última vez, sus ojos se posaron en mi dulcificándose tan solo por un instante, mientras se inclinaba y me susurraba al oído— perdóname por esto John, debo protegerte— sentí la calidez se su aliento por última vez...
—Debió investigar más, no soy un héroe soy un sociópata altamente funcional ¡feliz navidad! —Grito Sherlock, mientras le apuntaba a Magnussen para luego darle un certero disparo en la sien, que lo derribó. Al caer contra el piso su mirada vacía había perdido su brillo. El magnate había muerto. Ni siquiera tuve tiempo de reaccionar, no me había dado cuenta que al acercarse a decirme esas palabras de despedida Sherlock había aprovechado de sacar el arma de mi chaqueta, ahora Magnussen estaba muerto, no teníamos pruebas de nada…todo estaba perdido
—¡Aléjate de mí John!, quédate atrás— ordenó
—¡Dios Sherlock! — me lamenté sin saber que hacer a continuación.
Decenas de hombres apuntaban hacia nuestros cuerpos, mientras Mycroft bramaba desesperado desde el altavoz de un Helicóptero para que no dispararan a quemarropa contra Sherlock. El detective más brillante que el mundo haya visto yacía arrodillado con las manos sobre la nuca y la mirada perdida en la nada, como si aún no fuera consciente del asesinato que acababa de cometer. Sin pensarlo me abalancé contra él derribándolo, cubriéndolo con mi cuerpo, Sherlock dijo que me alejara, pero hundí mi cabeza en su cuello abrazándolo con fuerza, solo pude gritar que lo amaba, que jamás lo dejaría solo…si alguien se atrevía a disparar contra nosotros terminaría con la vida de ambos.
