CAP 14: Pajarillo o Murciélago
-¿Qué crees que sea, pudin? – Harley alimento a sus hienas, sobándoles el lomo, mirando cómo se erizaba su pelaje apenas la otra bajaba su hocico a comer… se medían entre ellas incluso cuando nunca les faltaba el alimento - ¿Crees que el chico mantequilla miente?
-Eso no importa, Harley – Joker repetía una y otra vez el video de la noticia del deceso de Bruce Wayne - ¡AQUÍ! – Analizo los gestos de Richard, los parpadeos, los modos cuidados, la comisura del labio torciéndose hacia arriba y la otra hacia abajo, tragándose la verdad. Era obvio que mentía. Sus pupilas buscaban fijarse en un punto muerto para no actuar en reflejo con nadie, aislado de las emociones y atrayendo las miradas de todos con un ensayo escogido para hacerlo el protagonista, cuando a Richard Grayson los reflectores le disgustaban había estado más que receptivo a que le tomaran a cada segundo – Aquí hay murciélago encerrado.
Harley miro lo que su pudin apuntaba.
Se rasco la cabeza y se quitó una de sus borlas de bufón, extrayendo de ella un rastreador que usaban en casos especiales, como este.
-Y dentro de poco sabremos que ocultan esos pesados, amorcito – Aseguro – Esa bruja está muy interesada – Talia había puesto una interesante suma de dinero por la cabeza de Bruce Wayne, lo que a la mayoría de los antagonistas les pareció curioso pero que no consideraron ni dinero fácil o algo a tener en cuenta - Y Robin sigue teniendo muy buen precio por esa adorable cabeza. Apuesto a que se vería mejor en nuestra mesa. Le pondría flores en esa boca. Déjamelo a mí.
-Robin no me importa – El video volvió a correr y Joker lo pauso en cuanto Damian apareció – Batsy no está muerto – Carraspeo – Pero, por si las dudas, sólo para confirmar, haremos una visita a la jefatura de la ciudad – Esos zapatos repiquetearon en el suelo y dieron impulso para un buen salto. Joker se acomodó su corbatín y se relamió el cabello.
-¡Como digas, Pudin! – Las hienas se lamieron las patas, mordiendo después sus cuellos, como dándose mimos antes de que su mami les pusiera las correas para salir a pasear – Tenemos trabajo, bebés.
Joker dejo que Harley se encargara de los detalles, él tenía que ir a otro lado. Zapateo un poco con el tacón de sus botines de cuero, mandados a hacer a medida como todo su traje. Sólo el mejor diseñador para vestir a su real persona. Traje sastre sin marcas, sin etiquetas, sólo buena tela con adiciones especiales para guardar sus juguetitos y que no se notara la cubierta de suave kevlar que mantenía debajo del chaleco.
Un Kevlar negro que distaba mucho del que usaba su querido Batsy.
Pero funcionaba.
Pero, en otro tema, que ahora importaba más, Joker se deslizo hasta el Iceberg. Pingüino y él no tenían buena relación. A decir verdad, el sindicato del mal había fracasado en sus muchas versiones. Y que lo más cercano que estuvo sin intentar fastidiarse la vida, fue hacía ya años, cuando pensaron que un imberbe mozalbete hombrechuzo había matado a Batman.
Su murciélago siempre se la jugaba, recordó con placer.
Engañaba a todo el mundo… como hacía con su muerte.
-No me hace feliz – Aviso al guarro de dos metros que custodiaba la puerta y que apenas podía caber en un Armani – Pero dile a tu jefe que tenemos que hablar. Y que no, no voy a pagarle el cargamento que le robe la vez pasada.
Pingüino rompió la pluma con la que estaba firmando apenas escucho la aguda y burlona voz contorneada por el rojo labial.
¿Qué querría ese horrible bufón?
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-B, nos vamos – Aviso Damian acabando el jugo de su vaso. Los desayunos se habían vuelto menos pesados. Bruce siempre se levantaba temprano, antes que Jason o Roy… y Damian lo sabía porque le escuchaba bajar las escaleras para luego subir de nuevo… Damian juraba que Bruce ocultaba algo – Trae tus cosas.
Bruce asintió… de hecho, su mochila estaba ya lista en el asiento del auto en el que Alfred siempre los llevaba a la escuela. La dejaba desde la noche lista. No fuera que necesitara salir antes o después. Era una costumbre cogida por el mal humor matutino de su padre y el alcoholismo de su ada, cada uno, con gritos y serios modos, quizá café y matinis con aceitunas en la mano que no usaban para empujarle y premiarle a ponerse pulcro.
Ambos estaban de mejor humor, pero, como siempre, eso no debía o podía durar demasiado.
Mejor estar preparado.
-¿Y los otros, Pennyworth? – Tomo la mano de B, apurado sin motivo – Diles que Drake ha sido mandado a llamar en la universidad. No sé los motivos.
-Como diga, amo Damian – Alfred se colocó su gorra especial de chofer, la que tanto gustaba a Bruce y se acomodó en el asiento del auto – Le recuerdo que los amos Timothy y Richard están arreglando unos asuntos en las empresas. A lo mejor quiera brindar una mano para desahogar los deberes del joven amo Timothy y pueda ir a su escuela a atender otros menesteres.
-Tt – Eso no era una sugerencia – ¿Mi abuelo no ha dicho algo sobre volver a la Liga?
-El señor R´as Al Ghul ha dejado dicho que su estadía será larga, hasta que resuelva el asunto de su madre, amo Damian – D no supo ni para que pregunto – Joven Bruce – B presto inmediatamente atención - ¿Tiene el permiso para participar en su festival de ciencia?
La cara de Bruce se ilumino y asintió. Esta era la primera vez que se sentía parte de algo suyo. Pese a que la idea por completo había sido de sus compañeros. El hecho de que lo invitaran era muy bueno.
No recordaba que alguien fuera tan bueno con él. Claro, a excepción de Elliot.
-Apenas vea a Denébola se lo daré – Damian arrugo su ceño y no dijo nada. Ese cretino era extraño y no le gustaba la cercanía que pretendía con su padre.
Por lo demás, el trayecto fue tranquilo.
Al bajar del auto, B vio que una mancha negra y peluda corría desbocada por la acera de la escuela y detrás de ella venia una de las muchas alumnas pidiendo ayuda para atrapar a su mascota.
Damian le dio su mochil fue a sujetar al pequeño animal que sacaba la lengua y se retorcía entre sus manos. Intentando salirse y seguir corriendo. Le tomo sus buenos segundos tranquilizarlo. A Damian se le hizo extraño, los animales domésticos siempre se calmaban cuando alguien les sujetaba y más si la dueña les estaba hablando como loca histérica y voz de pito… insoportable.
B estiro la mano, queriendo acariciar a esa miniatura. Damian le dejo hacer… si B quería tocar al peludo, entonces B tocaría al peludo… así funcionaban las cosas.
-Es tan bonito – Elogio Bruce. Todos los amos quieren elogios para sus mascotas, sin excepción. Eso bien lo entendía Bruce. A lo mejor, ahora que sus padres estaban receptivos pudiera conseguir aplausos y felicitaciones satisfactorias en el festival de la Ciencia. Si hacia un buen trabajo, lo felicitarían y le dirían a sus padres que tienen un buen hijo, y quizá, sólo quizá no le cambiarían por Damian – Y suave.
-¿Te gusta? – La chica puso sus manos sobre Bruce, sujetándole por los hombros y mirándole desde arriba. Bruce asintió - ¿Lo quieres? - Damian deseaba que dejara de tocar a su padre. No debían de tocar a B, quien encontraba el contacto físico desagradable y se aguantaba las ganas de separarse en pro de la etiqueta y la buena imagen Wayne – Estoy buscándole dueño.
-No, gracias – Rechazo aun sin moverse – Mis padres no son mucho de tener mascotas – Mintió. Su primo tenía muchos animales y sus padres no se enojaban por la vaca o el gato… pero de nuevo, era Damian quien los tenía… no sabía si el mismo privilegio se extendía a él. A lo mejor Damian contaba con algunas exenciones que distaban de las obvias. Quizá hiciera algún mérito sobresaliente. O sólo fuera mejor que él, más inteligente, menos torpe… en resumen, Damian era un Wayne – Y no tengo mucho tiempo para cuidar de una.
-Pero no lo dejarías escapar – Acuso Damian… aun incrédulo en la estupidez humana. Los perros sin entrenar y tan pequeños debían de tener una correa y no ser traídos a la escuela. Ella hizo caso omiso de la bravuconería.
-No estoy tan seguro – Se quejó en voz baja.
La bonita mujer le puso la mano sobre la cabeza y froto un poco, entre el cabello, despeinándolo… para luego cepillarle un poco, apenada por su impulso.
-Entiendo – Hizo puchero – Ni modo… Floki hubiera sido feliz contigo – Damian le dio al animal que no se tranquilizó en manos de su ama. Ya quería que esa alumna se largara de su vista – Gracias por ayudarme.
Así como llego, se fue.
-Pudiste tener al cachorro – Le dijo Damian… dejándolo en la puerta de su aula de clases – Los idio… idiosos – Cambio rápido… tenían que aclararle a Bruce que él tenía todo el derecho a ningunear a Jason y a sus hermanos en general - De tus padres te dirían que sí.
Bruce no convencido asintió y lo dejo estar.
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-¡Borloncha! – Grito otra mujer a las afueras del colegio de Gotica, apresurada por ver a su amado bebé en brazos de esa extraña - ¡Amor! – La bola de pelos gimoteo, estirando las patas lo más que podía - ¡Ladrona!- Exclamo – Mi Borloncha estaba dentro de mi auto – Reclamo.
-¿Oh? – Rio haciéndose la desentendida - ¿Si? – Alzo los hombros después de arrojarle el perrito a sus brazos - ¿Sabes? Borloncha no es tan lindo. Mis bebés sí que son tiernos y obedientes – Se quitó la peluca - ¡Vaya! Sí que hace calor… ¿La quieres? Es nueva.
Harley se fue de inmediato, tomando el deportivo que hurto hacia unas horas para el trabajo. Lo dejaría en alguna parte después de acercarse un poco a la ciudad.
Guardo el cabello de Bruce Wayne en una bolsita de muestra y la etiqueto con su torcida letra, de giros agudos y picos agresivos con suaves curvas en las "a". La puso al lado de la muestra de Batsy. Su pastelito guardaba pequeños fetiches y como una buena mujer, comprensiva y amorosa, comprendía que los hombres tenían sus momentos de pasión por otros.
Lo que no cambiaba lo mucho que lo amaba.
-Veamos si mi pudín tiene razón y eres nuestro Batsy – Se relamió los labios. Pensando en que es lo que J haría si fuera así.
Batsy era pequeño, hasta delicado. A lo mejor, sería un buen Junior Dos para compensar a su primer hijo perdido.
Como fuera, ella lo aceptaría. Porque para el amor no hay límites ni maneras. Amaba a su pudin.
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-Bruce – Saludo Denébola que no había podido esperar al descanso para saludarle. Honestamente había quedado preocupado por la relación de Damian con el niño. Estaba seguro de que había algo oscuro y feo ahí - ¿Qué haces?
Bruce le devolvió el saludo y le tendió la hoja que le permitía participar. Denébola suspiro contento. Al menos por el momento debía de posponer su encuentro con Roy Wayne.
-¡Fantástico! – Afirmo, notando esa pulcra letra cuadrada, fina, demasiado bien echa que parecía a máquina por su perfección – Siberia y Cedric están haciendo los últimos detalles. ¿Quieres venir ahora? Con esto – Señalo el papel – Tienes permitido faltar a unas cuantas clases. La escuela impulsa estos proyectos porque le dan buena fama – Bruce dudo un momento - Anda, prometo que no pasara nada malo.
Bruce guardo sus cosas y siguió a Johannes.
Pasaron por los cuertos de música y se encerraron en uno de los cubículos privados que el área de ciencia ponía a disposición de sus alumnos. Los libros desperdigados sobre las mesas y los lápices y virutas decorando por todas partes, le decían a B que el asunto estaba muy pesado.
La perfecta Siberia se veía con ojeras y el cabello desalineado. Cedric abusaba del café. Shari´a seguía tipiando el proyecto en la computadora para mandarlo a los jueces como dictaba el protocolo.
-Bruce – Llamo Einar - ¿Puedes reservar los boletos del avión esta noche? Te aseguro que seremos los ganadores y nos iremos a Moscú en dos semanas.
Bruce no comprendía de donde salía esa seguridad. Él había sido criado para ganar y ser un buen Wayne, pero, jamás sintió que pudiera hacer algo como se esperaba. Por supuesto que lo hacia lo mejor que podía pero siempre fallaba.
-Bruce – Dijo Denébola – Ayúdame a revisarlo. Luego empacándolo.
Bruce asintió.
Verifico los engranes. El calibre. El rotulador. La compuerta de presión de nitrógeno y los engranes del cronometro. Se aseguró que los cables estaban en donde debían. Habían optado por colores diferentes y llamativos, nada del rojo, azul, amarillo y naranja… no. Los cables estaban revestidos por aislante purpura, dorado, aqua, blanco y rosa. Nadie podría jugarles chueco y entorpecer sus esfuerzos. La competencia era dura y en la medida de lo posible justa, pero, nadie quería perder y ocasionalmente ser los cerebritos mundiales no bastaba.
Denébola acepto los colores que Bruce sugirió ante su paranoico pensamiento. Lo bueno había sido que Bruce no le juzgo loco.
Bruce continuo con los materiales y las medidas.
Hasta que, en medio de su rutinario mover, observo como uno de los calibres estaban mal alineados.
-Einar – Dijo pasito. Estaba seguro pero Einar era más grande, algo gruñón y enojón. Por no decir mandón. Se parecía un poco a su padre – Esto esta tres grados impreciso – Dijo, sabiendo que la palabra no era ofensiva. Hablar con diplomacia era una de las primeras cosas que le enseñaran – La lente no podrá disparar.
Einar golpeo a Shari´a para que dejara de traspasar datos inútiles y le pidió usar la lentilla virtual que crearan. El lente de contacto molesto un poco a Shari´a que apretó uno de los comandos y su invento hizo un caos en el pequeño cubículo.
Einar bufo y Cedric casi se desmorona al saber que debían de calibrar todo de nuevo, su vejiga ya estaba llena de café y sus nervios a punto de romperse. Siberia sólo se estampo sobre la mesa y tomo las minúsculas herramientas con las que trabajaban.
-Buen trabajo, Bruce – Elogio Denébola, todo contento y emocionado porque no harían el ridículo frente a nerds de otras escuelas - ¡A trabajar!
Bruce quiso que Damian los escuchara.
Que sus padres lo hicieran.
Esperaba que en algún momento ellos pudieran no enojarse con él.
Los amaba.
Y nada más deseaba que estuvieran orgullosos de él.
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-¿¡En serio!? – Luisa Lane estaba furica. Clark le había abandonado por bastantes días sin decirle a donde. Cuando se retiraba a su preciada fortaleza, solía comunicarlo. Así no se preocupaba por si algún enemigo conseguía Kryptonita y le dejaba sin compañero – Estaba preocupada. Y tú muy campante en Gotica.
-Gotica está a un par de horas, Luisa. Somos vecinos – Lane puso su cara y Clark carraspeo – Pero no es eso.
-¡Claro que no! – De nuevo manoteo. Alisando la falda que era tan característica en ella. Toda una reporteara citadina que se metía a husmear en cada rincón de la tierra – Estaba imaginándome lo peor. Y de repente, te veo. En la mansión Wayne. Llevando al nuevo bastardito a casa.
Clark odio el cómo llamo a Bruce.
Desde la noticia, los tabloides no dejaban a Bruce en paz. Le llamaban de muchas maneras. La nueva rata del cuento de cenicienta. Bastardito. Un milagro Wayne. Tantas formas que menospreciaban a B. las personas seguían encandiladas con el cuento que Bruce Wayne creara en vida. Les había acostumbrado a siempre esperar mucho de él y sus adopciones.
Pero, si para Dick no había existido tregua, para Bruce parecía haber menos.
-Luisa…
-De eso nada – Siguió – Venias, trabajabas, te esfumabas… eso era normal. Ahora que nadie te ha necesitado, estas en Gotica. ¿Qué está pasando, Clark?
-Nada, Luisa.
-¿Quieres hijos? – Ataco, directo como siempre. Usando su lengua de plata. Su tan famosa lengua que ponía en jaque a muchas personas.
Clark se atraganto.
De entre todas las cosas que podría reclamarle, esa era la última que hubiera pensado. No viniendo de Luisa, que jamás había tocado el tema de los hijos pero porque suponía que ella no los quería. No que él quisiera uno justo ahora. Pero… no era el punto, se dijo con premura.
-¿Ahora que aparece un huérfano y se muere Bruce Wayne quieres uno? ¿Es alguna manera de honrar a tu… lo que fuera Bruce Wayne? Muy amigos no parecían – Clark se mordió la lengua - ¿Quieres hacerte cargo de él?
-No es lo que piensas.
-Explícalo.
-Es complicado y no puedo – Dijo. Luisa sabía respetar su privacidad. Sabía entenderla. Aunque debía de admitir que eso de respetar era entre comillas. Luisa siempre encontraba la manera de meter su nariz en sus secretos – Luisa, por favor, no hemos hablado de hijos. Creo que es el momento de hacerlo.
-No – Le rebatió – No cuando te largas sin decirme a donde y tengo que enterarme por los chupasangres paparazzi trepados en la cerca electrificada de Wayne – Kent se rio. De seguro que eso había sido idea de Alfred o Damian – No quiero hijos… a menos que tú quieras.
Así que Luisa Lane estaba dispuesta a romper todo en lo que creía por tenerlo contento. Lejos de hacerle feliz, Clark se sintió asfixiado. Encadenado. Con las ganas de salir corriendo en la dirección contraria.
Llevaba enamorado de Luisa desde que llegara a la ciudad y se instalara en Daily Planet. ¿Quién no podría amarla? ¿Admirarla? Fuerte, tenaz, bella… una especie diferente de amazona. Y cuando descubrió su secreto, cuando le dijo a la luz de la luna, sin los feos lentes de pasta quien era, normal que Luisa se sintiera empoderada, protegida y respaldada.
No tenía que ver con ser mujer. O ser hombre.
Sino en que cualquier humano, cualquier reportero, sabiendo que Superman estaría ahí para evitar que su cabeza rodara durante las entrevistas, haría cosas peligrosas, osadas… que engrosarían su currículo y a lo mejor cambiaría la perspectiva de vida.
Luisa Lane no lo ocupaba para hacer bien su trabajo y tener la noticia del día. Antes lo hacía. Pero ahora, Luisa lo necesitaba para sacarla de sus problemas y poder seguir contando con la historia del día.
Estaba demasiado confiada en él.
Luisa sabía que no existía competencia, eso creía.
Kent no estaba seguro.
Bruce era alguien que le importaba y estaba indefenso, más que Lane. Esperaba jamás tener que descubrir quien pesaba más en su balanza.
-Tengo que irme.
-Clark… estamos hablando. Si te vas ahora ¿Qué nos queda?
-No estoy seguro de querer hablar ahora sobre esto – Confeso – Tengo que irme.
-¿A romper la puerta de Lex Luthor? – Clark recordó con cierta diversión eso. Siempre lo hacía - ¿Hay alguien gritando al otro lado del mundo? ¿Un tornado arrancando casas en Kansas? ¿Qué es más importante que yo, Clark? – Luisa suspiro – Anda, pueblerino, dímelo.
-Voy a mi fortaleza – Admitió – Quiero tiempo.
Sin la capa, aun sin los zapatos puestos, Clark atravesó la ventana del departamento que compartía con su mujer. Salió tan rápido que la ventisca que dejo, enredo los lacios cabellos negros.
Luisa le enseñaría que todo regresaría a la normalidad. Le mostraría que tan importante era para él. Y de paso, Superman sabría que ella lo amaba.
Se negaba a no tener la última palabra.
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Tim quería descansar. En serio que sí. No había dejado de tener inversionistas que se retiraban o llegaban, enternecidos o frustrados por la muerte de su padre. Unos miembros de la directiva confiaban en su mando y otros apostaban por Lucius que le apoyaba y por consiguiente estaban de su lado. Partidarios al fin y al cabo.
Entre las estrategias de reducción de empleados y los planes de contingencia para seguir con los proyectos en el área de ciencias aplicadas, que repentinamente se veían atentada por algunos inversionistas en fuga, Tim tenía las manos llenas. Su patrullaje debía de quedar en las manos de sus hermanos o de Spoiler… de preferencia en sus hermanos, no quería a la chica encima.
Tim sintió la necesidad de cortarse la cabeza cuando Lex Luthor apareció por su directiva, escoltado por su guardaespaldas pelirroja. Al menos debía de concederle a Lucius la razón, esas piernas eran infernales y bellas. Y la falda sólo las enmarcaba.
-Recuerdo que Wayne Enterprise no tiene ningún proyecto por el momento con LexCorp, señor Luthor - Lex sonrió y dio voz a su diversión con su terciopelada tonada, grave y llena de una pasión que Tim conocía bien. Lex no estaba loco, no era un demente megalómano más en la lista de villanos ocasionales, o un ente anarquista, no… Lex era un hombre que se preocupaba por la sociedad a su manera - Dejamos en claro lo necesario por Videoconferencia.
-Y eso sería grosero por mi parte, joven Wayne – Tim sintió esa bofetada de poder en plena cara. Le regreso una mala mirada que provoco la comodidad en Lex – Vengo a regresarle esto – Le tendió una memoria usb – No esta codificada. Con confianza. Después de todo es una de las suyas. Sustraída por uno de sus accionistas o anterior miembro de su lista – Tim sintió cierta rabia - Vino a LexCorp seguro de que compraría un puesto con esto. No lo he mirado siquiera. Así que no sé qué es. Pero me aseguro de que sería puesto en el mercado este año.
Tim desplego el programa en su computadora y evito asombrarse.
Lex entendía la fachada que Tim estaba obligado a portar.
-Considéralo un obsequio – Aseguro – Una muestra de respeto por tu fallecido padre. Bruce siempre fue de juego limpio – Tim no quería desmentirlo, pero Batman era todo menos juego limpio – Te recomendaría que pusieras atención a la gente que se va. No todos son como tu padre, Timothy.
Tim suspiro. Respiro profundo y pensó en todas las razones por las que la gente le odiaba. Siempre había sido una presencia en la empresa. No era un venido a menos. No se instaló de un momento a otro. Su oficina estaba funcionando en la empresa, antes de que su padre muriera. Le ayudaba en las juntas, se encargaba de secciones y sedes enteras. Era el hijo más metido y comprometido con la empresa.
Esta rebeldía era una rabieta de niños malcriados. Niños que no consiguieron sus preciados ascensos y sus relucientes oficinas nuevas con mejor vista desde el vigésimo piso.
No podía premiar ese penoso comportamiento.
-Gracias, Lex. No olvidaré esta buena muestra de juego limpio – Repitió.
-No me hago ilusiones – Le respondió – No quiero que me debas algo. No quiero eso. Sólo quise hacerlo. Ocasionalmente sólo queremos cosas porque sí. Sin mayores motivos que la nostalgia.
-No sabía que mi padre te agradara tanto.
-Tanto como me gusta Superman – Tim se tensó – Tengo entendido que Clark Kent pasa mucho tiempo en su mansión – Mercedes Graves, Mercy para abreviar separo un poco las piernas al notar los niveles cardiacos de Tim. Preparada para tener que defender a su creador de ser el caso – Hablemos como adultos, Timothy. Después de todo, te sientas en la gran silla. No es un secreto lo que detesto a Superman o que conociera las máscara de Bruce Wayne. No hay que ser un genio para saberlo. Me sorprende que más gente no lo sepa.
Tim comprendía.
Pocas cosas podían escondérsele a ese cerebro.
-Sólo es una visita, Timothy – Aseguro – No busco amenazarte. Quiero proponerte algo. Cuando estés listo. No debe ser siquiera en este año. Puede tardar. Es un proyecto a larga distancia y secreto. Para cumplir con mi curiosidad personal – Tim aun no sabía que pensar – Las cajas madres tiene un uso sorprendente y hay tanta tecnología alienígena que es un crimen que se venda por allí – Tim averiguaría eso más tarde… aunque con tantas cosas para hacer, mejor enviaba a Nightwing – Quisiera que destruyeras algo que no puedo hacerlo solo y considerando las nuevas circunstancias, mejor dale un vistazo – Mercy dejo en el escritorio otra memoria usb – No tiene contraseña.
Tim se despidió de Lex sólo cuando el otro se había ido con un suave cabeceo. Siquiera espero respuesta.
Tim no dormiría esa noche.
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-¿Y Tim? – Pregunto Dick en la noche. Justo cuando Alfred les servía la cena - ¿No Vendra?
-El amo Timothy tiene asuntos que atender en la empresa, amo Richard – Dijo con tono duro. Convenientemente Damian se desentendió del asunto. Él tenía la obligación de no separarse de su padre, su madre podría atacar en cualquier momento. Drake podía hacer solito las cosas. Era después de todo el amante del Demonio.
-Patrullare por los muelles y necesito que alguien vea los callejones – Menciono con suavidad. Sin dar tanta información. B siguió concentrado en comer - ¿Jason?
-Seguro – Confirmo – Roy tiene que hacer unas cosas con Queen pero estará de regreso en la mañana. El pequeño Demonio puede quedarse con B. me encargare de todo. Siempre lo hago.
-Eso iba a hacer – Confirmo Damian. Él no volvería a patrullar hasta que la recompensa por su padre fuera retirada de las calles.
B siguió concentrado en sus verduras. Alfred siempre le ponía muchas de esas en el plato. Al vapor y bien sazonadas con mucha pimienta y sal. De reojo veía el asiento que siempre su padre ocupaba vacío y en realidad, desde hacia algunos días su padre no comía en su sitio en la mesa. La cabecera estaba vacía y a los costados, sus padres se sentaban y su tío y primo.
La silla le dejaba un sabor extraño. Una sensación que debía de desaparecer o preguntaría pronto.
-¿Cómo estuvo tu día, B? – Dick le pregunto y Bruce trago primero, bebió de su vaso y se apresuró a contestar después de limpiarse la boca con la servilleta. Jason hizo un mohín de disgusto, una señal que incomodo aún más a Bruce que temía haberse tardado tanto en responderle a su tío - ¿Ocupado?
-Nos iremos a Moscú en dos semanas – Informo, aun vigilando las comisuras en la boca de su Ada. Cuidando que su tono fuera el apropiado y el lenguaje el correcto. Esperaba que estuviera contento – Las semifinales estuvieron fáciles. Fueron, bueno, el resto de los concursantes presentaron buenos proyectos pero el nuestro sobresalió. De seguro porque mis compañeros son talentosos pero también tiene ciertas ideas mías.
Jason arqueo sus cejas y B volvió a concentrarse en su comida. Estaba esperando los comentarios de incredulidad por parte de su Ada, los que siempre llegaban para decirle que no era el mejor, que aun debía de esforzarse si es que había mejores y por supuesto, nombrar a Thomas y su genialidad.
Por su parte Jason seguía odiando a sus adorados abuelos. Jodida y apestosa vida que golpeaba a los niños así. Aun no se acostumbraba a la docilidad de Bruce. Su padre siempre fue estoico, atento, un roble y un muro de terquedad y soledad pero lleno de bondad y prejuicios destructivos, al menos en eso no habían cambiado. Pero pesaba saber que el hombre que muchas veces le dijo que estaba bien dormir en una suave cama, en vez de una alcantarilla estaba bien. Que le decía que no tenía que almacenar comida y que disfrutar de las golosinas estaba bien. Dolía saber que ese mismo hombre que le cobijaba en las noches en las que recordaba los golpes de su estúpido viejo y la cara desencajada de su drogadicta madre, temblaba bajo su voz y se hacía chiquito en su toque.
Damian se mordió la lengua. Él era tan parecido a su padre. Siempre buscando que no le hicieran daño, que no doliera mucho. Intentando ser aceptado y reconocido.
Odio a Todd por hacer a su padre sentirse indefenso.
-¡Por supuesto que tienen ideas tuyas! – Casi grito. Jason palmeo la cabeza de B, le removió un poco el cabello y le sonrió. Como si en serio entendiera que estaba haciendo – Por eso te invitaron a estar con ellos. Te dije, eres un genio. Eres tan listo, B. Un puñetero genio que hará llorar al remplazo.
-Tim estará feliz de escuchar eso – Confirmo Dick.
-Tengo que reservar los boletos de avión – Dijo medio nervioso – Sus padres pagaran después – B sabía cómo funcionaba el dinero con su padre, que no estaba presente. Él debía de hacer méritos para poder tener sus cosas pero aun no sabía bien que era lo que debía de hacer para que pudieran prestarle el efectivo – Estoy seguro que si no es el primer lugar, quedaremos en el tercero. Y es una beca universitaria del cien por ciento de tres años. En donde quieras.
Si, sonaba bien.
Para cualquier padre escuchar hablar así a su hijo debía de ser el paraíso. Pero para los chicos, era el infierno.
Porque entendían el trasfondo.
-Usaremos el jet de la familia, B – Anuncio Damian – Los llevare a Moscú. No será problema.
-No conducirás – Respondió Dick, saltando de inmediato – Ni lo pienses.
-Sé hacerlo, Grayson – Si, Damian entendía de volar una gran variedad de modelos y conducir otro tipo de armatostes terrestres pero de ninguna manera le dejaría hacerlo. B podría copiar sus malos modos y algo de rebeldía le vendría bien a B, si lo pensaba mejor… pero eso de que Damian pudiera dejarlo en la cabina al mando, no le gusto – Además, no voy a dejar a B solo en un avión o con Johannes.
-¿Johannes? – Pregunto Jason.
-Un amigo – Los ojos de Bruce brillaron y Damian bufo. Chasqueando la lengua después, cruzándose de brazos para empezar a escuchar lo fascinado que B estaba con ese demonio amanerado – Quien me invito primero. Es… quizá no tiene buenas relaciones – Aviso – Pero es un buen compañero de clases.
-¿Amigo o compañero? – Dick se estaba divirtiendo. Los celos de Damian eran tan monos - ¿B?
-Amigo – Ni Jason o Dick podían decidir quién era una bomba de dulzura entre sus enanos – Hoy estábamos repasando por última vez el proyecto y lo calibramos… - B trago duro, quizá era el momento adecuado. Su Ada estaba amable, receptivo, un poco enojado con él pero a lo mejor podría solucionarlo – Encontré unos errores que nos pudieron costar caro, Ada.
La velada amenaza de Damian le dio el valor a Jason de no equivocarse. Bruce le enseñaba el cuello, entregándose, abriéndose… era un momento crucial para poder devolverle a B un poquito de confianza. Dick le hizo la misma señal y Jason quiso volarse la tapa de los sesos.
Si la cagaba aquí, sus hermanos se encargarían de volverlo a enterrar en el cementerio familiar.
Bien… a los niños les gustaba ser abrazados y alzados.
Así que eso hizo. Tomo a B por debajo de las axilas y lo suspendió por sobre su cabeza y le dio vueltas. El gritillo asustado de un inicio se apagó cuando Jason lleno de besos esa carita asustada. Y le estrujo un poco.
-Te dije que eras listo – Elogio y Bruce, aun sin atreverse a regresarle el abrazo disfruto de esa calidez. Era la primera vez que su Ada le abrazaba y besaba. ¡Por fin estaba haciendo las cosas bien!
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Roy se había perdido el momento en el que Bruce comenzaba a tenerse un poco de confianza por estar escuchando el griterío que Oliver se traía. Desde que supiera hacia unas horas que se quedaría en Gotica permanentemente y en casa de Wayne, siendo, ni más ni menos que un miembro de la familia, Oliver estaba irritable.
-Estoy desheredado – Dijo Roy, como quien no quiere la cosa – No hay problema. Empresas Queen no se verán comprometidas de ninguna manera.
-¡Eres un Wayne!
-Jason es uno… el matrimonio me hace uno – Oliver casi se arranca los cabellos – Jason y yo criaremos a B. Esta platica esta fuera del límite.
-Si quiera sabes cuidarte ¡Menos sabrás como hacerle con un mocoso! – Roy no pensaba decirle que hasta cierto punto compartía su opinión. Pero B no era cualquiera - ¿Y de cuando acá te encamas con Jason? ¿Qué no era Stirefire? – Roy suspiro – Aparte de todo asalta cunas.
-Roy no es un inofensivo mocoso – Y jamás le contaría sobre Stirefire. De ninguna manera – Sabes que me acuesto con cualquiera. Mejor pregúntame a quien no le he dado el trasero… o mi verga.
-¿Estás seguro de esto, Roy? – Oliver suspiraba – Gotica es una ciudad peor que Star city – Roy lo sabía. Entendía de malos lugares mejor que Oliver – Y los Wayne están tan malditos. Tan metidos en la tragedia y la sombra – Como si esa no fuera la ley para la gente como ellos, se dijo Roy – No quiero un día voltear y saber que estás muerto.
-Un día volteaste y me diste una paliza, me arrojaste a la calle y me abandonaste – Le dijo. Oliver tuvo la decencia de tener vergüenza – Me dejaste morir, Oliver. De no haber sido por Killer Croc, estaría enfermo aun… seguiría metido en la porquería. No es reclamo, no, nada de eso. Pero Jason también sabe lo que es estar abandonado.
Y Oliver no quiso saber más.
Entendía.
Malamente pero lo hacía.
Su hijo había decidido estar al final con uno de esos murciélagos malditos. Sumando enemigos.
-Entonces Arsenal traerá pañales en vez de flechas – Dijo con humor.
-B no es tan pequeño – Le siguió en la misma línea – Pero ocupa de mucho trabajo.
Oliver tuvo que pensar que esto era lo que Roy necesitaba. Sentar cabeza. A algunas personas les servía ser un alma libre, soltera y sin ataduras pero a otras personas, les hacía crecer la compañía y la responsabilidad. Dependía más bien de cada uno. Y al parecer, con tantas drogas y excesos, con sexo con extraños y libertades, lo que Roy buscaba era llenar ese vacío abismal que sólo ocupaba de una familia escogida por él mismo para mermar su necesidad.
¿Y quién era él para impedírselo?
Los chiquillos crecían rápido, se dijo.
-¿Tienes tiempo para una última ronda conmigo? – El destello del verde traje y las flechas, tintinearon y Roy, aun enmascarado, asintió. El rojo y el verde por última vez juntos en Star City como compañeros vigilantes y guardianes de una ciudad – Prometo regresarte en una pieza en limusina en casa de Red Hood.
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Dos semanas después, el personal de empresas Wayne alistaba el avión en el que viajarían. Las pruebas de seguridad estaban pasando sin problemas. Las azafatas llevaban las maletas y Damian estaba de pésimo humor.
No sólo no le dejaron pilotar sino que había tenido que prometer a Grayson que no asesinaría a Johannes pese a lo mucho que quería hacerlo.
Dentro de los asientos, Siberia presumía que su familia poseía también unos cuantos aviones privados que usaban para ir de vacaciones a Francia y las costas de México. Einar reclinaba su asiento, intentando ponerlo lo más cómodo posible, ya que no había podido dormir nada. Shari´a hablaba con Cedric sobre las presentaciones y los momentos en los que debían de hablar y callar, y el orden de los turnos para resolver dudas.
Tanto entusiasmo provocaba arcadas en Damian.
Jason y Roy también irían pero no antes de desmantelar una red de traficantes que usaban los muelles como era costumbre para repartir su maligna mercancía. El trabajo de vigilante estaba primero.
Tim seguía ocupado dirigiendo la empresa en nombre de su hermano Dick, mientras que este, milagrosamente comenzaba a pillarle el modo a los grandes números.
Ninguno podía por el momento ir con Bruce.
-Lamento no poder asistir a tu demostración, pequeño Detective – Dijo R´as, que había asistido a despedirse de su pequeño aliado – Pero sé que volverás con el primer lugar.
-Los negocios de la familia son primero – R´as le dio toda la razón. Las economías mundiales no se sostenían por si solas. Y había estado inactivo por un buen tiempo, era momento de retomar el control y necesitaba hablar con Vandalo Salvaje para seguir el plan donde lo dejaron… esperaba que sus cuñados no se metieran, por el bien de Tim. Estaba seguro que aunque lo negara, su consorte no estaba cómodo con la idea de que pudiera herir a su familia pese a que todo eran negocios y trabajo, nada personal – Espero pronto verte, tío.
R´as le dio una pequeña caja de regalo y le pidió que lo abriera hasta llegar al hotel en donde se hospedarían. Dick se había encargado de que al menos fueran instalaciones que conocieran.
-Mandas fotos – Pidió Jason – Llegaremos pasado mañana. Estaremos para la competencia.
Bruce asintió.
-Patéales el trasero, campeón – Dijo Roy y B, menos eufórico, asintió. Ese lenguaje era aún extraño para él.
La puerta del avión se cerró. La escalera fue retirada y los motores se encendieron.
Damian ya había ordenado unas aspirinas para soportar el parloteo de los amiguitos de B.
Y al ver por la ventana… Damian no podía creerlo.
-¡Ese súper idiota! Tt – Reclamo.
Bruce aun extrañado, se asomó. Queriendo saber porque su primo estaba de tan mal humor.
La sonrisa fue de inmediata. Algo que Damian no veía desde nunca. Su padre sólo ponía esa cara cuando Selina Kyle se deslizaba en su negro traje a robar en sus dominios.
Superman volaba a la par de Bruce, le saludo con un gesto y con esa sonrisa que volvía loca a Luisa Lane, le deseo buena suerte. Y Bruce supo que al menos, Clark estaría con él en Moscú.
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Notas de la autora.
Después del enorme hiatus que me avente, espero que este pequeño capitulo os compense. Muchas gracias por sus lindos comentarios. En verdad los amo. Y cierto que no contesto a todos… en especial por el tiempo, pero siempre me emociono cuando los leo. Porque es mi comida, mi paga… que me gustaría fuera monetaria pero… ya esa es otra historia.
¿Y bien, hermosuras?
¡Esto vive!
