Acto I - Escena II
El inicio de un nuevo día hizo su acto de presencia con los radiantes rayos del sol, estos madrugadores entran, cautelosamente, a la hermosa y gran mansión por cualquier ventana, cualquier orificio que se les permita...Con sus líneas iluminan y bañan de su energía a una bella joven de ojos esmeralda de la servidumbre, que limpiaba el suelo mientras tarareaba felizmente una canción. Como ya casi terminaba, se entretenía un poco con las burbujas que era producto de su limpieza, las explotaba y las veía flotar. Estas, que en el aire reflejaban la alegría de su sonrisa y su calma...una calma inducida.
Miro el reloj de péndulo que estaba en la pared principal de la sala, sus manecillas le indicaron que era temprano, así que aún estaba a tiempo. Recogió y guardó los utensilios de limpieza. Se dirigió entusiasmada hacia la habitación principal y en el camino recordó que debía agradecerle, por llevarla a su cuarto después de desmayarse a causa de su pánico el día anterior.
-Él siempre me abraza de esa forma en mis ataques…me calma...- El sonrojo en sus mejillasse hizo presente de inmediato - No creo que deba pensar tanto de esa manera, debo dejar de hacerlo - Miró su traje de sirvienta, blanco y negro, por supuesto no había rastros del color rojo - Estaba segura de haberlo visto ¿una alucinación? lo que me faltaba…
Al caminar, pensó en su padecimiento de la memoria. Le inquietaba, de sobre manera, pues sentía que eso le afectaba en su vida diaria y relaciones personales al quizás no recordar muchas personas o eventos...Lo que más le asustaba, era tener la posibilidad de que esto afectara su personalidad y su particular manera de raciocinio pero ¿Que podía hacer? Esas malvadas manos de enfermedad han estado jugando con su mente desde nacimiento y tenía vagos...muy vagos...recuerdos de haber ido al médico pareciendo que no se podía hacer nada. ¡Aun así debía avanzar!
Continuó su camino tratando de olvidar sus preocupaciones sobre su temor, algún día sabría cómo lidiar con ello y tenía la esperanza de que fuera así. Se percató de que podría escuchar el eco de sus pasos por todo el pasillo, era un poco solitario el estar ahí pues parecía ser la única en la casa ¿Cómo habrá lidiado con eso antes de que yo estuviera aquí? pensó al llegar a la puerta de la habitación del joven amo. Se anunció, al dar un par de toques a la puerta, espero respuesta y como no la obtuvo entro al cuarto.
-Buenas días, mi señor - Saludó animadamente la joven -
Nuevamente no obtuvo respuesta de la boca del joven durmiente que estaba en aquella inmensa cama, él le daba la espalda a la puerta donde ella estaba y simplemente se cubrió aún más con las sábanas. He ahí tu respuesta. ¿Qué sería de Katsuki sin Izuku en situaciones como esta? Quizás, tendría un poco menos de los miles que ya tiene en el bolsillo, eso es seguro. Tenía que mantenerse firme y despertarlo pues con su inestable humor después le reclamará este hecho, si no lo hace, como si fuera ella la culpable de su pereza.
-Vamos, levántese por favor no querrá llegar tarde - Dijo acercándose al susodicho, tocándole el hombro y sacudiéndolo. La nueva gran respuesta que obtuvo fue un gruñido de molestia.
Estaba harta, no estaba tratando con un niño pues es todo lo contrario, es un hombre adulto con responsabilidades que cumplir. Ella no iba a dejar que no las cumpliera solo por unas horas más de sueño. En el rostro de la joven de cabello verde se dibujó una maliciosa sonrisa, ella haría realidad la pesadilla de todo recién despertado y también sería divertido molestarlo un poco pues el siempre hace lo mismo con ella.
- ¡Pero si es un hermoso día! - Expresó mientras abría las cortinas dejando que el ardiente veraniego sol entre a fastidiar el sueño y los ojos de su amo.
- ¡Maldita sea la hora! ¡Odio que hagas eso y lo sabes! - Se refugió en las sábanas lo más que pudo. Izuku sonrió triunfante, lo había despertado y solo faltaba lograr que dejara la cama. Normalmente no dormía tanto...
- ¡Arriba! - Dijo mientras le quitaba las sábanas y las alzaba alto.
La sonrisa, progresivamente al ver a Katsuki, desapareció de sus labios y el rojo se hizo presente en su pecosa además de linda cara. Él estaba en tan solo los pantalones de anoche y su entrepierna estaba más despierta de lo que estaba el joven amo. ¿Será algo que les sucede a todos los hombres por la mañana?
- ¡Maldición! ¡¿Cómo se te ocurre?! - Se cubrió con las sábanas. Sus ojos demostraban un enojo profundo pero su rostro colorado decía otra cosa.
- ¡Lo siento! - Ella salió corriendo despavorida de la habitación.
La vergüenza le dio las fuerzas para correr lo más rápido que habría podido jamás, se detuvo en algún pasillo del cual no sabe, pues no tuvo en cuenta hacia dónde se dirigía, solo quiso huir de la situación. Ella en verdad tenía una suerte increíble, para que le sucedan tantas cosas torpes, vergonzosas y tontas. "Entonces es cierto que ..." sacudió la cabeza esperando que con eso se fueran sus pensamientos embarazosos, a lo torpe podemos agregarle un poco de inocencia y con lo que ha pasado le sumamos taquicardia. Como resultado, tenemos una jovencita enamorada que solo sabe quedar como estúpida frente a al hombre que ama.
Trato de calmarse buscando en su lista mental de oficios por hacer algo que la distrajera. Recordó la molestia que tuvo el amo Bakugou por un bendito pedazo de papel, se dispuso a buscarlo. Se dirigió a su habitación y allí, encima de su mesa de noche, es donde se le había olvidado el bendito pedazo de papel que le causó un regaño. Aunque reconocía el sobre, para asegurarse, lo inspeccionó con cuidado, miro la fecha... "Junio 12, 1864 " y, en efecto, ese era. La guardo con cuidado en su bolsillo y se dispuso a ir a la puerta para realizar ese recado junto a otros pendientes.
Normalmente, no siente disgusto de verlo, es más, siempre se alegra cuando sus caminos se cruzan pero es que esta vez es diferente por obvias razones. El joven de ojos rubí estaba frente a la puerta, vestía una gabardina de tono marrón, se estaba colocando una gorra ascot negra que hacía juego con sus pantalones y zapatos oscuros. Una parte de ella lo admiraba de arriba a abajo pensando lo guapo que se ve con cualquier cosa que se ponga, como si fuera él quien vuelve la ropa elegante en vez de ser al revés, mientras que por otro lado le causaba gracia su odio a quemarse fácilmente por el sol.
-Que le vaya bien, amo Bakugou - Trataba de mantenerse en calma.
- Izuku, sobre…- Él estaba más calmado que ella o eso aparentaba. Su mirar era de "molestia" como siempre.
-Sí, no volveré a levantarlo abriendo las ventanas de esa manera - Lo interrumpió tratando de hacer como que no había pasado nada.
- Ah...si, nos vemos luego - La chica le hizo un gesto de despedida con la mano mientras sonreía forzadamente al intentar contener uno de sus incontables sonrojos.
Dado que también iba a salir, decidió esperar que transcurran unos minutos para no ir de camino junto a él porque la bochornosa sensación era muy fuerte en ella en esos momentos. Después de que el hombre causante de sus suspiros se fuera, salió de la casa disfrutando del olor que el viento desprendía de las flores, las cuales ella misma había plantado, a cada lado del camino empedrado que llevaba a la entrada. ¿Su amado disfruta del aroma de su cariño cada vez que vuelve a casa? o ¿Cuándo lo oliera, sin importar donde este, se sentiría como en casa? Esos eran sus tipos de pensamientos al recorrer el camino que separaba la mansión del pueblo.
Debía dejar de distraerse con sus ilusiones de tonta enamorada, tiene trabajo que hacer y el primero de ellos muy aburrido de por sí. Cuando llego paso por las típicas molestias que se pasan en un oficina pública, las largas esperas en fila, uno que otro anciano inconforme con el servicio, trabajadores de mal genio…Espera, uno de ellos con cabello azul, lentes y cejas finas de forma inusual la ha saludado de lejos con un gesto de su mano ¿Será que ella lo conoce? No lo recuerda aunque le parezca familiar su aspecto. Ella le devolvió el saludo de todas formas. Lo que ella no sabía era que, en verdad, si conocía a Tenya Iida...
A pesar de todo, cumplió con su labor. Salió feliz del aburrido lugar pues ya podía disfrutar de sus compras en la zona mercader. Consiguió una cesta para los ingredientes que elegiría para la cena de esa noche, camino todo el mercado disfrutando de los colores y olores de los productos que le compra a los amables vendedores que frecuenta normalmente.
¡Oh! ahí está, la alegre y joven panadera de cabello castaño le saluda, ella le compra lo necesario e insistentemente le da a probar un nuevo dulce que preparo. Oportunamente, Izuku recuerda su nombre, Uraraka, y lo prueba dándole su opinión de lo delicioso que está. Al despedirse de su amiga e irse no se da cuenta que esta le dedicó una sonrisa con la mirada triste mientras suspira. Uraraka vuelve a su labor a pesar de ello.
Caminaba alegre de regreso, cuando pudo ver a una tienda conocida, la cual en su letrero decía "Mina Ashido: modista y costurera". En la puerta de aquel humilde establecimiento, estaba una chica de cabellos rosas alborotados, piel pálida y ojos dorados entregando uno de los frutos de su trabajo a un cliente. Cuando la mirada de ambas se encontró, se hicieron un gesto de saludo con las manos.
-Izuku dile al malhumorado que ya tengo listo lo que me encargó- Decía sonriente como siempre - Pero es mejor que vengan personal a buscarlo en vez de que lo envíe. El entenderá porque.
-Claro, se lo diré - Tomo una manzana de la cesta y se la lanzó a Mina, ella la recibió con gusto. - Nos vemos Mina
-Eres un encanto amiga - Al disfrutar un mordisco de la fruta - ¡Hasta luego!
A la joven sirvienta le agradaba haber podido desarrollar una amistad con alguien tan simpática como ella a razón de que su Lord es un cliente frecuente. Ella no salía mucho y era tímida por lo tanto no muy sociable. El hecho de que su amiga mencionara a su amor platónico le hizo preguntarse cuándo volvería y si le había ido bien. Izuku no lo sabe ahora pero los asuntos de su amo estaban terminados y él se encontraba charlando con su supuesto amigo, sí... supuesto, porque la forma en que a veces se trataban podrías confundirlos con enemigos. Y demás "personajes secundarios" a su parecer, que no eran, en realidad, nada secundarios.
-A veces, las reuniones de negocios solo sirven para recordarme lo mucho que odio el té inglés y a esta gente - Comentó el de mirada rojiza disgustado por haber bebido esa asquerosidad por cortesía.
- Por supuesto, prefieres el café de tu querida sirvienta - Le respondió el joven de mirada heterocromática, de cabello corto y bicolor; el lado derecho es blanco y el lado izquierdo es de color rojo. Por último, la cicatriz de una quemadura a un lado del rostro.
-No me fastidies más de lo que ya haces, Shouto - Sabía muy bien las intenciones con las que decía eso.
Un joven rubio con mechón negro, de mirada animada y acompañado de su amigo de puntiagudos cabellos rojizos reían por lo bajo. De igual manera, reía escondiendo su bella sonrisa tras su abanico de mano, estaba una hermosa y callada dama sentada en la mesa cercana de negros cabellos recogidos y un mechón afuera.
Se ganó una mirada asesina de Bakugou pero no pudo replicarle pues era cierto, la mirada en respuesta del otro fue feliz pero acusadora, ya que no es la primera vez que se lo menciona y según acuerdos (quizás) ella iría. Encima, tuvo apoyo en la sonrisa con dientes de tiburón de sus compañeros de negocios y amigo con cabello rojizo. En adicción, también, era gracioso escuchar al charlatán hablar de esa manera tan formal y a este le funcionó para recalcar su punto.
- ¿Qué harás? El truco cada vez te funciona menos - Shouto tocó el tema que tanto le preocupaba a su interlocutor. La mirada de color oscura y cómplice de la chica también estaba presionando a nuestro caballero de ojos bermellón.
-¡Estoy pensando en ello! ¡Maldición! - Dijo dándole la espalda con intenciones de irse.
-Espero que la próxima vez que nos veamos me traigas mejores noticias -Shouto recibió una mirada fulminante como respuesta y este inmuto. De todos modos, sentía que su advertencia estaba hecha.
Él estaba consciente de su problema pero le molestaba que se lo recordaran. La verdad, no sabría bien que hacer cuando el escenario del teatro que había montado se le derrumbara encima. Esperaba llegar y que ella estuviera allí en la casa para recibirlo como siempre, por eso quería llegar lo antes posible para ver su escenario de amor intacto. Sin embargo, la chica deseaba lo contrario para cometer una pequeña travesura, antes de que volviera.
Ella se percató de que había sido la primera en llegar cuando necesito usar la llave para entrar, por lo que dejó la cesta en la cocina y fue a la misma habitación de la noche anterior. En ese lugar había algo que era muy importante para ella, abrió ese gran cofre una vez más y tomó ese adorable objeto lleno de sentimientos de apego, el conejo de peluche.
-Sé que me dijo que no volviera aquí después de lo que pasó…- Abrazo el peluche con cariño - Pero no puedo evitar sentir nostalgia y no querer dejarlo de nuevo. -Miro el conejo un instante y de repente escucho.
"¡Auxilio!"
Ella se quedó helaba en su lugar, miro a su alrededor buscando y deseando que alguien estuviera allí para justificar ese sonido. Estaba sola pero tenía la seguridad de que había escuchado a una niña gritar. Su respiración se dificulto, estaba muy asustada y no entendía porque.
"¡No! ¡No me lastimes! ... ¡Te lo ruego!"
Se sentía tan débil y mareada de repente que ni tuvo fuerzas para seguir sosteniendo al muñeco. Lo miro detenidamente ¿Él había hablado? no parecía pero... ¿Porque escuchaba esas voces? la voz desgarradora de una pequeña llorando y gritando inundaba su cabeza acompañado con un dolor tan insoportable... que instintivamente llevó sus manos a ambos lados de su cabeza. Se arrodillo mientras gritaba pero no lograba escucharse a sí misma, escuchaba frases aterradoras y que para ella no tenían sentido. Todas al mismo tiempo, el dolor, mareo, los chillidos y las rápidas imágenes que no lograba distinguir es su mente. Su visión se volvió borrosa y cayó al suelo inconsciente. No se podría llamar largo tiempo en el que estuvo dormida como un "sueño" porque simplemente todo se apagó, era solo oscuridad y nada más.
Las puertas de la casa se abrieron, lo primero que hizo el joven de mirada escarlata fue llamarla y no obtuvo respuesta. Camino con preocupación por toda la casa para luego cambiar esa sensación por el miedo al encontrarla colapsada en un pasillo. La tomó en sus brazos y pronunciando su nombre la agito levemente para hacerla reaccionar. Ella abrió lentamente los ojos notando que ya había oscurecido ¿Cuánto tiempo había pasado?
-Te dije que no volvieras aquí - Ella se limitó a mirarlo aún un poco aturdida - Seguramente esto te paso por ver sangre de nuevo.
-¿Sangre?... ¿Qué fue lo que pasó para tenga tanto miedo? - Trato de pensar y buscarlo para al final no encontrar nada - No lo recuerdo...hay mucho que no logro recordar…- Miro el rostro de Katsuki y no pudo evitar abrir los ojos impresionada.
-¿Aun sientes mal? - Le dijo al ver su expresión.
- ¿Porque? Si se supone que eres mayor que yo…- Trato de separarse un poco de él haciendo menos cercano el abrazo - Yo he estado aquí desde niña, han pasado años y he cambiado tanto ¿Porque tú sigues igual? Cómo es que yo nunca… desde la primera vez que nos vimos - Empezó a…- la primera vez tampoco puedo... ¿Cómo llegue a esta casa?
- ¡Izuku! - Le gritó denotando su preocupación al no obtener respuestas claras.
- Yo…- Trataba de articular mientras rompía el contacto del abrazo, apartándolo con sus manos en el pecho de aquel hombre protector, y se incorporaba- Solo necesito ir a mi habitación a descansar, estoy bien...estaré bien… - Se sentía desconcertada, temblorosa, falta de aire y, aun así, trato de disimular - No se preocupe por mi...
Camino un poco apresurada dejando a katsuki confundido y estático en su lugar. Aún siente la intensa mirada de él siguiéndola mientras se alejaba y eso le aterra. Sentía como si con cada suspiro se le fuera la felicidad que había acumulado con El, en todos esos años. Como si lo que escaparse de sus labios no fuera el preciado aire que le hacía falta, escapaba toda la confianza que había tenido por Katsuki, mientras más lo pensaba. Apresuró aún más su paso para empezar a correr, algo en sus instintos le indicaron que debía tener terror y salir de esa casa lo más pronto posible.
Llegó a la gran sala, no porque fuera su destino final en mente o no iba a su habitación como dijo, el aire no le permitió continuar. Miro el reloj de péndulo que estaba en la pared principal de la sala, sus manecillas le indicaron que era muy tarde... ¿Tarde para qué? ¿Para escapar? ¿Ella no estaba a salvo en esa casa como siempre creyó?
Su vista se dirige ahora hacia la puerta, a paso más lento por el cansancio, marcha hacia ella. Trató inútil de girar la perilla y sin éxito no abrió. Desesperada, entre los sonidos de la puerta tratando de ser abierta, escucho el sonido de unas llaves y de los pasos del único que podría tener las llaves.
- ¿Porque quieres salir a esta hora? - Preguntó, con una voz más seria y fría de cómo le habla normalmente - ¿No ibas a tu habitación? - A paso aparentemente calmado se acercaba a Izuku.
Después de un segundo que a ella le pareció eterno por los nervios, le respondió con voz quebradiza. Ella estaba quebrada en ese momento de por sí. El miedo que sentía, en ese instante, instintivamente por aquel hombre...le había destruido.
- Yo…- Luego, fingió bien el hablar tranquila- Pensé que me sentiría mejor si salía afuera a tomar aire fresco ¿Me presta las llaves un momento? - Tuvo que tener valentía para hacer esa pregunta.
El giro la cabeza, un poco, hacia los lados lentamente mientras su miraba no perdía ni por un segundo a la chica.
-Es muy tarde, no salgas - Más que una recomendación, sonó como una orden.
Algo en el miedo instintivo la terminó de romper por completo. Ella reaccionó aterrorizada, dándole la espalda y girando hacia la puerta para golpear suplicando auxilio a quien sea...a quien fuera que pudiera escucharla...Pero nadie la escuchó. Sintió a aquel originario de todos sus temores muy cerca, se giró nuevamente hacia él. Retrocedió un paso, chocando su espalda con la puerta y, en esta, apoyando con sus manos su cuerpo para no desfallecer ante él.
- Izuku…- Le llamó, su mirada rojiza estaba sobre ella y ya no era tan hermosa como antes la joven pensaba.
- ¿Quién eres? - Le interrumpió. Aunque casi no podía hablar del miedo, la cercanía y, encima, la aproximación de su rostro hacia él de ella.
- Katsuki Bakugou y lo sabes…- Le respondió con la misma frialdad que había mantenido. Entonces Izuku comprendió que debía reformular la pregunta.
-¿Que eres? - Cuestiono con un tono más enojado que acompañó a su miedo. Incluso, se sentía inmensamente triste pues era como si todos los buenos sentimientos que tiene por él fueran cuestionados también.
No le respondió, él hundió su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro. Izuku solo podía estar callada y temblar, ni siquiera lograba reaccionar como antes y pedir ayuda. ¿Quién la iba a salvar de todos modos? Ella tan solo lloro y, luego, el llanto se vio opacado por un grito de dolor. Sintió un líquido recorrer su cuello, aquel rojizo que tanto temía ver, el cual daba un camino desde su hombro hacia su pecho. Se dio cuenta de que su pregunta había sido respondida en acciones y que está abrió millones de dudas más. No comprendía del todo lo que estaba sucediendo. El dolor es su cuello, pérdida de sangre y su horror, le hicieron perder la conciencia y Katsuki la abrazó para que no cayera. La sostuvo en sus brazos un poco más.
Lo que Katsuki sintió en ese momento fue que algo irremplazable se había perdido pero no sabía con exactitud qué. El entendió en ese momento, que toda su obra escrita en mentiras y todo el escenario, junto al telón, se había derrumbado. Ahora, este se quemaba como el sentimiento incomprensible que sentía en ese instante. Lo único que le quedaba era continuar abrazando las cenizas de ello hasta el próximo acto, si era que lograba tener una escena más por lo menos.
Hola! ...emmm...Lo se... ¿qué intenso eh? MUAJAJAJA...AJAJAJAJAJSSDGG...AY!...
Bueno, ya sin bromas
Ejem! (?)
Espacio para informarles sobre algo interesante~
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La verdad, no comprendo como una mordida en el cuello por un endemoniadamente sexy vampiro puede ser nada, hasta excitante como se muestra en mucha ficción...Es decir, el tipo te está abriendo una herida en el cuello para sacarte sangre y bebérsela a tragos...COMO PUEDE SER ESO EXCITANTE? NO ES POSIBLE QUE SEA PLACENTERO. Díganme! Libros, anime, serie...autores...escritores...DIGANME QUE NO LO ENTIENDO
Hasta por lógica es doloroso, así que sí. Izuku está sufriendo mucho (lol)
* Aclaraciones *
* Es por esto la insistencia con el asunto de la carta, no habia telefono aun para esa epoca pues este se invento en 1876 segun tengo entendido, se tarda en el viaje de envio y pues...bueno, no me detendre demasiado en historia pues es ficcion y, aunque me informe de la epoca, este fanfic no es historico.
Nos vemos en el próximo acto y escenas! By~ bye!
