¡Hola a todos! Soy consciente de que en este capítulo la historia en si no avanza mucho y no se resuelve ningún tipo de interrogate, ¡pero era necesario! Jajajaja. He estado muy liada y lo sigo estado ya que la semana que viene tengo la Selectividad, pero bueno, hay que buscar huecos para continuar el fic. Os pido paciencia y que sepáis que no me olvido de escribir, lo que pasa es que organizarme siempre se me ha dado muy mal xD ¡Vuestros comentarios me encantan y animan mucho a seguir!

A L3onn: Tus comentarios me encantan, ¡y me hacen mucha gracia! Jajajaja. Gracias por leer mi fic y por tu apoyo3

A Rini Booh: Gracias por decir que te ha encantado, de verdad que esas cosas animan a seguir. Actualizaré lo más pronto posible. Espero que continues con ganas de seguir leyendo. Un besito.

A jheny26: Que digas que consigo captar el carácter de Nami ha sido algo que me ha llegado jajajaja me hace ilusión, ya que es uno de mis personajes favoritos y me esfuerzo porque así sea. Gracias por tus ánimos, espero que también te guste este nuevo cap.

Bueno, ya contestados vuestros comentarios, os dejo con el nuevo capítulo. Poco a poco se irá escubriendo todo, no os preocupéis. Un beso muy grande a todos los que me leéis y espero que lo disfrutéis.


Aún con los ojos cerrados, todo le daba vueltas. Se notaba pesada, cansada. Tras varios intentos de concentración, consiguió moverse un poco. Estaba tumbada, y dejando a un lado su estado físico, sorprendentemente se encontraba cómoda. Abrir los ojos fue una tarea más complicada. Poco a poco sus párpados subieron y tuvo problemas para enfocar la vista debido al mareo y por la cantidad de luz que había en la sala. Comprobó que efectivamente se encontraba en una cama, tapada con una colcha hasta la barbilla. Sin moverse, paseó la mirada por la estancia y se vio en un dormitorio sencillo: un par de estanterías, un escritorio con una silla, la cama en la que se encontraba, un espejo de pie y un armario. No entendía nada. No recordaba bien lo que había pasado.

Como pudo, se incorporó sobre el colchón. Conforme se le pasaba el mareo, iba notando un dolor de cabeza que iba en aumento. Se echó un vistazo y vio que, a excepción de sus zapatos los cuales estaban en el suelo junto a una pared, llevaba la misma ropa que la noche anterior. Los mismos vaqueros y la misma chaqueta. Se sujetó la sien y empezó a pensar: ¿todo eso había sido cosa del bruto de pelo verde? Se notaba muy débil, ¿de verdad estaba bien? ¿Y si el tío ese le había hecho algo?

Un escalofrío le recorrió la espalda. Prefirió dejar ese tema aparte por miedo a la posible respuesta y comenzó a levantarse. Ya de pie, tras tambalearse un poco, se observó en el espejo. Tenía unas pintas horibles. Su pelo naranja estaba apagado, ella estaba pálida con la cara chupada... Resopló y apartó la mirada. Seguía atontada y no sabía qué hacer. La puerta estaba cerrada, pero, ¿de verdad quería salir? No sabía lo que podía estar esperándola al otro lado. No era cobarde, pero tampoco se encontraba en una buena posición, ni física ni mental. Y al menos contra el peliverde poco tenía que hacer. ¿Habría alguien más con él? De repente, un pensamiento le cruzó la mente y abrió los ojos como platos. Un vago recuerdo acababa de atravesarla. Se llevó ambas manos al rostro y tragó saliva. No podía ser.

Sin aviso, el suelo se inclinó y Nami perdió el equilibrio, viéndose obligada a apoyarse en el escritorio que tenía al lado. Cuando el espacio volvió a la normalidad, Nami recuperó la compostura y, para cuando su cerebró reaccionó, su cuerpo ya se había movido con la idea de comprobar la teoría que acababa de idear. Cruzó la habitación y, de puntillas, consiguió asomar la mirada por una pequeña ventana que había.

- Venga ya...

No sabía si gritar o llorar. Lo que vio confirmó sus sospechas. El mar, precioso y brillante, se abría paso y se expandía frente a sus ojos, adornado por un cielo azul despejado. Estaba en un barco. En el barco de ese tío. De la rabia le dio un puñetazo a la pared de madera, y se deslizó con la espalda conta la misma pared hasta quedar sentada en el suelo. Poco a poco los hilos de sus recuerdos se iban uniendo. Su pulso se aceleró cuando se acordó de que, efectivamente, habría alguien más con ese chaval. No recordaba bien todas las caras, pero sabía que la noche anterior habían más idiotas con ellos. Cerró los ojos para intentar concentrarse...


Nami seguía siendo cargada por el castillo por el peliverde y se dirigían al exterior. Él acababa de colgar la llamada de su compañero y ahora iban de un lado para otro. De vez en cuando, intentando tener consigo alguna clase de factor sorpresa, Nami trataba de soltarse del agarre del chico con alguna patada, forcejeo o puñetazo, pero todo había sido inútil...


Sentada en el suelo, se miró los brazos: tenía algún que otro moratón por los golpes que le había asestado a la espalda de su secuestrador, pero lo peor era la mano. Su mano derecha era con la que le había dado el puñetazo en el estómago al chaval, antes de que éste la atrapase. Tenía los nudillos doloridos y no podía articular bien los dedos. Pensó que ese golpe, a la larga, seguro que le había dolido más a ella que a él y rió con sarcasmo. Dejando la mano a un lado, quería averiguar cómo había terminado en ese barco...


-Hay que darse prisa, nos están pisando los talones. -Dijo un tío con el pelo rizado y una nariz enorme.

-Voy a llamar a Franky para que lo tenga todo listo. Vamos. -Contestó uno rubio.

Ella seguía en el hombro del bruto. Momentos antes, al reunirse con el grupo, ese mismo chaval rubio y otro con un sombrero de paja comenzaron a hablarle de una forma de lo más amigable. Nami se había limitado a mirarles con mala cara. Quería partirles la cara a todos. Cuando el rubio le soltó un piropo, ella le sacó el dedo.


Nami volvió a abrir los ojos. Si se paraba a pensarlo, ese comportamiento le parecía muy curioso para ser unos piratas secuestradores, aunque a estas alturas ya no se sorprendía por ese tipo de cosas...


-Ni de coña. -Dijo Nami con una sonrisa de oreja a oreja.

Habían estado corriendo por un buen rato hasta llegar a la costa, lugar donde ese grupito tenía anclado su barco. Era un barco enorme, no se lo esperaba. Los guardias del castillo los habían perseguido continuamente, con una cierta distancia, y estando parados no tardarían en alcanzarlos. Nami ya estaba en el suelo, el peliverde la había soltado, y él mismo acababa de decirle que subiese al barco. En tierra se encontraban ellos dos, el de la nariz y una especie de reno enano.

-Que subas.

-Que no.

-¿Quieres hacer el favor de colaborar un poquito?

-¿Por qué debería hacerlo?

-¿¡Sabes una cosa!? ¡Me estás poniendo histérico!

Nami ni se inmutó ante los gritos del chaval, y eso le puso más nervioso a él.

-Venga... Zoro... Tranquilízate un poco, hombre. -Le dijo el de la nariz.

-Eso, Zoro, tranquilízate. - Nami dijo esto sonriendo y poniendo énfasis en el nombre del chico.

Zoro la miró resoplando.

-¿Es que acaso no quieres recuperar esto o qué? - Dijo él señalando la bolsa de viaje de la pelirroja, la cuál aún llevaba al hombro.

- Puedes quedártela. -Dicho esto, Nami dio media vuelta y comenzó a caminar.

Sí, eran sus cosas. Y sí, tenía bastante pasta ahí dentro. Pero si podía librarse de subir ahí a cambio de la bolsa, pues adiós muy buenas. Cuando notó una mano rodeándole la muñeca, armó su arma por instinto y se giró para encarar al que la había sujetado. El de la nariz se llevó un buen golpe. Al ver que el peliverde comenzaba a ir hacia ellos, Nami, libre del agarre tras el golpe, echó a correr. Pero de nuevo, la libertad le duró poco. Volvía a tener al bruto delante de sus narices y paró en seco.

-Te juro que se me está acabando la paciencia. -Le dijo él, con su rostro muy pegado al de ella y una mirada brillante.

-A mi ya se me ha acabado. -Nada más terminar la frase, la rodilla de Nami fue directa a las costillas del espadachín. Él se quejó y, llevándose las manos a donde había estado la rodilla de la chica, se dobló hacia delante.

Nami esta vez corrió más deprisa, pero algo la hizo parar. En la distancia se podía apreciar cómo los guardias del castillo se acercaban a toda velocidad. Mierda, mierda, mierda. Cuando fue a cambiar de dirección, no pudo moverse. Por el rabillo del ojo vio cómo el espadachín se acercaba sin prisas, pero algo en él era distinto. Estaba cabreado, y daba miedo. Para cuando Nami se pudo dar cuenta, lo tenía justo delante. Él no dijo nada, pero no le hizo falta. Agarró a Nami por la muñeca y comenzó a tirar de ella hacia el barco. Nami empezó a agobiarse. Tiraba y tiraba pero no conseguía aflojar el agarre. Ahora ella solo le veía la espalda y la nuca, pero estaba segura de que mantenía esa última mirada feroz que le había echado. En un intento desesperado, la pelirroja se tiró al suelo. Zoro no se lo esperó y la pequeña mano de ella se le escurrió entre la suya. Nada más notarlo, giró sobre sus talones y vio que Nami ahora estaba de rodillas en el suelo, intentando levantarse, y dándole a él la espalda.

Zoro chistó la lengua. Conforme estaba, pasó los brazos por debajo de las axilas de ella y le rodeó los hombros, hizo fuerza y levantó a la chica. Nami comezó a soltar gritos y a lanzar patadas al aire, ya que debido al agarre sus pies no estaban tocando el suelo. Zoro comenzó a ir hacia al barco, pero conforme se acercaba, ella se ponía más nerviosa. Llegó un momento en el que para Zoro era o caminar o llevarla a ella, pero la chica no le dejaba hacer ambas cosas.

-¡Usopp, Chopper! - Gritó Zoro. -¡Haced algo, así no puedo subirla al barco!

La voz grave y fuerte del peliverde resonó en la cabeza de Nami, ya que debido a la postura en la que se encontraban la boca de Zoro estaba junto al oído de ella. Nami atacaba con lo que tenía: patadas, cabezazos... Todo con tal de no subir, de no zarpar. Si terminaba en el barco lo tendría muy difícil para escapar, y a saber los planes que tenía esa pandilla para ella. Piratas tenían que ser. El de la nariz y el reno se les acercaron e intetaron agarrarle las piernas a ella, pero les fue imposible. Nami no daba tregua, y en uno de los intentos el de la nariz se volvió a llevar un golpe.

- Joder. -Soltó, llevándose la mano a la mandíbula.

-¡Chopper! ¿¡No tienes nada a mano para dejarla tranquila un ratito!? -Zoro, más que cabreado, estaba cansado. Quería terminar con el tema de la chica lo antes posible e irse a dormir. Encima no paraba de llevarse golpes por todos los lados, pero en ningún momento la soltó.

-No, está todo en el barco.

Nami alucinó. Pensaba que se estaba volviendo loca. El reno acababa de hablar. Y encima se suponía que ese personaje iba a sedarla o algo por el estilo. Ante esa escena, aumentó sus movimientos y le dio un cozado a Zoro.

-¿¡Nada de nada!?

-¡Yo si! -Dijo el de la nariz.

Zoro giró la cabeza y comprobó que no tardarían mucho en tener a los guardias encima, y eso si que complicaría las cosas.

-¡Rápido, por Dios!

- Pero Usopp... Eso es muy fuerte... Lo usas contra enemigos. ¿No sería mejor...?

-Chopper, no nos queda otra.

Nami entró en pánico. ¿Qué narices iban a chutarle? ¿Cómo que lo usaba contra enemigos? No podía más, le iba explotar la cabeza. Estaba muy cansada de patalear y los brazos le dolían debido a la fuerza que estaba haciendo el peliverde para sujetarla. De tanto moverse, el flequillo se le había puesto sobre los ojos y un manto naranja le dificultaba la visión. Unos segundos más tarde notó que Zoro la sujetó con más fuerza todavía, obligandola a detenerse por un momento. Delante de ella se encontraba el de la nariz, apuntándola con lo que parecía un tirachinas. Para cuando Nami volvió a sacudirse y a gritar, ya era tarde. Le había lanzado algo a la boca, y por la velocidad a la que había recibido lo que sea que fuera eso, no pudo hacer otra cosa mas que tragárselo. Puso los ojos en blanco y se quedó petrificada. No podía creerse lo que acababa de pasar.

A partir de este momento, todo empezó a funcionar como a cámara lenta. Las voces de sus secuestradores sonaban como su estuvieran gritándole a lo lejos. Su cuerpo ya no le respondía, era incapaz de gritar, patalear o moverse de alguna forma. La vista se le comenzó a nublar y su respiración se volvió pesada, como si el aire se hubiese vuelto más denso. El espadachín la dejó en el suelo, pero en cuanto sus pies tocaron la tierra Nami perdió el equilibrio, yéndose hacia atrás y terminando apoyada en el pecho del peliverde. Se le puso la piel de gallina. Tenía frío en todo el cuerpo menos la zona de la espalda que tenía en contacto con el chaval, esa le quemaba. Con los brazos colgando a los lados, giró su cabeza lentamente, la cual también estaba apoyada en el espadachín, hasta encontrarse con la cara de él a escasos centímetros de la suya. Él la estaba mirando con una expresión que ya no asustaba. A Nami comenzaban a pesarle mucho los párpados. La pelirroja fue consciente de que él le dijo algo pues le vio mover los labios, pero no escuchó su voz, ya no oía nada. Tras unos segundos más mirándose, cada uno con una expresión distinta, Nami rompió el contacto visual al no poder aguantar más con los ojos abiertos.


Y así terminaban sus recuerdos. Todo lo demás es historia hasta el momento en el que se despertó en la cama y lo último que recordaba con claridad era la cara de ese tío pegada a la suya. Si él no hubiese estado jodiendo en ese momento, seguramente podría haberse librado de los otros dos tipos que habían con él. Nami se maldijo a sí misma por haberse dejado drogar por esos tíos, suerte había tenido que fuese un sedante. Pasó su mirada por la habitación y se percató de que faltaba algo: su bolsa de viaje. Puso los ojos en blanco. Genial, no solo estaba en el barco de unos tíos que la habían secuestrado y drogado sino que además, le habían robado a pesar de haberla traído con ellos. Y el espadachín la había chantajeado con ese tema para que subiera al barco.

- Mentiroso. - Pensó.

Dejó caer la cabeza hacia atrás y terminó dándose un cabezazo contra la pared por accidente. Se llevó la mano a la zona dolorida con una mueca de dolor y comenzó a pensar de nuevo. A juzgar por lo que recordaba, de lo cual tampoco podía fiarse mucho ya que a saber si el sedante ese hacía algo más que dormir, habían varios tíos en la tripulación y los fue contando con los dedos: primero estaba el del pelo verde, que si no recordaba mal se llamaba Zoro; segundo, el de la nariz del tirachinas; tercero, el reno parlante; cuarto, el chico rubio de los piropos; quinto, el del sombrero de paja; y por lo que recordaba, había un sexto, que fue el encargado de preparar el barco.

Se encontraba en una tripulación de al menos cinco tíos y un reno. Fabuloso. Y dudaba que el peliverde fuese el único fuerte del grupo. ¿Qué iba a hacer? En alta mar le sería imposible. Si buscaba por el barco igual tenía suerte y se encontraba con una especie de bote o algo para poder huir, pero, ¿un bote en medio del mar? Si solo llevaban una noche navegando no estarían muy lejos de donde venían, pero realmente no sabía ni siquiera dónde se encontraban, y no aguantaría muchos días remando por su cuenta. Eso suponiendo que el clima se mantuviera faborable durante ese tiempo y el mar no se la tragara a ella y al bote. Nami resopló. También estaba el tema de que no sabía qué narices iban a hacer con ella, aunque dudaba que le fueran a maltratar o algo por el estilo si no lo habían hecho ya. Con el numerazo que montó esa noche, se sorprendía de que ninguno de los tres piratas le hubiese dado un guantazo o algo peor. También estaba la opción de que la quisieran vender a alguien y para ello necesitaran mantenerla sin un rasguño.

Y sus cosas. Quería sus malditas cosas. Ahí había dinero, bastante dinero. Y necesitaba los libros que se había llevado consigo. Se acordó de que también llevaba en un principio su Clima Tact y que el arma tampoco estaba por la habitación, aunque era de esperar. No iban a dejar una a una prisionera armada. Volvió a resoplar, se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación, barajando opciones. Cierto es que no podía quedarse en esa habitación todo el rato, tenía que empezar a moverse. Pero, ¿y si la estaban esperando? ¿Y si la volvían a drogar? Podría empezar con buscar sus cosas, o algo que le diese una pista de dónde se encontraba. Tenía la esperanza de que hubiera una isla cerca a la que poder ir.

Dejó de moverse cuando escuchó unos pasos que provenían del exterior de la habitación. Agudizó el oído y comprobó que esa persona se estaba acercando. No le dio tiempo a pensar sobre qué hacer, ya que el pomo de la puerta comenzó a girar. Nami tragó saliva y apretó los puños, preparada para asestar algún golpe si hacía falta. Pero de descolocó. El hecho de ver que el que estaba en el umbral de la puerta era el reno parlante la sacó del sitio y se quedó con los ojos como platos, mirándolo.

- Vaya, veo que te has espabilado. -Dijo el reno con una sonrisa.

Nami asintió, aún sorprendida. El reno entró y cerró la puerta con una de sus pezuñas como pudo, pues cargaba una bandeja de metal de la cual Nami no se había percatado, pero entró en pánico al ver lo que ésta llevaba: vendas, pastillas, jeringuillas, algún líquido raro... La expresión de la chica cambió totalmente y cuando el reno se le acercó, ella reculó. Él dejó la bandeja sobre el escritorio y se dirigió a ella.

- Venga, siéntate en la cama para que pueda tratarte.

En cuanto el reno abrió la boca, el cuerpo de Nami actuó. Con un movimiento rápido agarró la silla del escritorio y la empuñó contra el reno, de forma que las patas de ésta señalaban al animal y quedaban entre ambos. El reno se sorprendió.

- Me sorprende que puedas moverte tan rápido, la verdad.

- No te me acerques. - Amenazó Nami.

El reno intentaba hacerse paso através de las patas de la silla, pero Nami no le dejaba.

- No voy a hacerte nada malo. Solo quiero curarte, soy médico. -Dijo él con las pezuñas en alto.

¿Que era médico? ¿De verdad? Nami sentía que se estaban riendo de ella y debido al enfazo usó más fuerza contra el reno.

- Me llamo Chopper y soy el médico de esta tripulación. No pretendo hacerte daño.

- ¡Me da igual cómo de llames! ¿Y de verdad pretedes que te crea?

La escena de la silla contra el reno enano resultaba hasta cómica.

- ¿Qué narices queréis hacer conmigo? ¿¡Dónde están mis cosas!?

- Cuando me dejes tratarte te llevaré con el resto y te enterarás de todo. -Dijo Chopper con tono amable, intentando tranquilizarla.

-¡Y una mierda!

Chopper creyó ver un hueco por el que poder atraparla, pero se descuidó y Nami le dio un sillazo, mandándolo al otro lado de la habitación. Chopper se levantaba del suelo cansado de la situación. No le había hecho daño con el golpe, pero así no iban a ninguna parte. No quería tener que transformarse porque el impacto que tendría en ella no ayudaría en absoluto, pero no estaban avanzando.

A Nami se le resbaló la silla de las manos al ver que el reno ya no era enano, sino más grande que ella. Ya no era un reno. Caminaba de pie sobre un par derobustas piernas, y las pezuñas habían sido sustituídas por manos con dedos. La pelirroja ahogó un grito.

-No por favor, no te asustes. Es que siendo pequeño no puedo hacer mucho. -Dijo él con una risa nerviosa.

Nami reculó y expulsó ese grito que había estado reteniendo. Chopper se llevó las manos a los oídos debido al ruido que producía la chica. Fue hasta ella, que se encontraba al otro lado de la habitación y la agarró como pudo. Nami estaba cansada de esa posición, era la misma que la que usó el espadachín para sujetarla mientras ella forcejeaba. Y ahora continuaba forcejeando.

-¡Suéltame!

-¡Tengo que curarte, te juro que no quero hacerte daño!

De repente la puerta de la habitación se abrió y apareció por ella el tío de la nariz.

-¿Pero que son estos gritos? - Dijo antes de ver la escena que tenía ante él. - Oye Chopper, ¿no se te ha ido un poco de las manos? - Dijo aguantándose la risa.

-¡Usopp, cállate y cierra la puerta!

El de la nariz obedeció y se quedó mirando a la chica y al reno, con los brazos en jarras. Nami continuaba haciendo todo lo posible para soltarse. Chopper intentó persuadirla de otra forma:

-Tiene que dolerte la cabeza, ¿verdad? Es un efecto secundario de lo que te dio Usopp.

Y así era, parecía que la cabeza la iba a explotar. Nami estaba sudando.

- Tengo medicación para calmarte eso. Y también las magulladuras de los brazos. Y la mano derechatambién te duele, ¿verdad? Puedo vendártela.

Al recordarle la mano, se percató del dolor que sentía en los nudillos. Se le había olvidado que sentía eso debido a la adrenalina del momento. Se cabreó y se movió más bruscamente. Ante eso Usopp soltó una carcajada.

- ¡USOPP! ¡Deja de partirte el culo y ayúdame! - Le gritó Chopper con cara de pocos amigos. La risa del de la nariz se cortó rápidamente.

- Ah, no. Ni de broma. Yo no me acerco a ella estando tan nerviosa, que ya me he llevado varias leches por su parte.

Chopper gruñó y Nami gritó para poder hacer aún más fuerza, pero era imposible. Era como luchar contra una roca con pelo.

- ¡Vale, vale, está bien! ¿¡Quieres tus cosas, no!? ¡Pues deja que te cure y te las devolveremos! - Nami barajó la idea, y al ver que ella se había relajado un poco, Chopper continuó. - No te daré ninguna sustancia. Si no te fias, deja al menos que te cure la mano y te la vende. Y lo mismo con los moratones. Prometo no inyectarte nada ni hacerte tomar nada que no quieras.

A Nami le convenció. Quería su bolsa, y teminar con la mano vendada no podía ser tan malo. Sin decir nada, fue relajando el cuerpo hasta ser un peso muerto sujetado por el reno. Él la depositó en el suelo, pero aún estaba atento por si la chica intentaba hacer algo más.

- Vaya Chopper, qué listo eres a veces. -Soltó Usopp con tono divertido.

El reno suspiró y le dedicó una mueca a su amigo. Cuando se volvió a colocar delante de Nami, volvía a ser el reno enano de antes, y eso Nami no se lo esperaba. No podía apartar la mirada de su peluda espalda mientras él iba a por su bandeja y la dejaba en la cama.

-Ven anda, siéntate ahí. -Le dijo el peludo a Nami, señalando la cama. Nami obedeció mientras el reno iba a por la silla que momentos antes ella le había lanzado y la colocaba delante de la pelirroja. Se sentó y le pidió que le diese la mano. Comenzó a examinarla.

El reno iba tocando allí y allá con cuidado, viendo las expresiones faciales de la chica para ver si le dolía. Le pidió que extendiera los dedos varias veces. Tras unos minutos más así repitiendo el proceso, el reno por fin habló:

- A ver... A juzgar por el color que está adquiriendo, la hinchazón y por la limitada articulación, una lesión tienes. Ayer te hice una radiografía mientras dormías y al parecer no hay nada roto, así que no es nada grave. - Nami asentía conforme el animal le iba hablando. - Seguramente algún nudillo se te llenará de líquido, pero es normal debido al golpe, así que si lo notas raro no te asustes. Voy a aplicarte una pomada por la zona para que ayude a bajar la hinchazón y calme el dolor. Luego te lo vendaré para asegurar que no haces movimientos bruscos y todo esté en su sitio, ¿te parece bien? -Nami volvió a asentir, había sonado muy convincente.- Bien. -Dijo Chopper con una sonrisa. - De todas formas, habrá que esperar un poco para descartar una posible luxación de algún tendón. Te lo iré revisando.

Comenzó a aplicarle la crema con cuidado y acto seguido empezó a vendarle la mano. Nami se sorprendió, igual sí que era médico después de todo.

- Te aplicaré la pomada una vez al día, tanto en la mano como en los moratones que puedas tener.

Cuando el reno había terminado su trabajo, los tres que estaban en la habitación se miraron unos a otros, sin saber bien qué decir. Nami pensó que no tenían pinta de peligrosos, pero no se le olvidaba todo lo que había pasado. Que ayer le hizo una radiografía mientras dormía... Nami se sentía estúpida. Podrían haberle hecho cualquier cosa que ella no se habría enterado. Se mordió el labio con rabia. Pero... Un momento.

- Oye... ¿Chopper? -Dijo Nami con cautela. En cuanto habló, los otros dos la miraron fijamente y al escuchar su nombre el reno asintió. - Eh... Dices que la radiografía me la hiciste ayer. ¿Cuándo, por la noche? -Nami temía que sus sospechas fueran ciertas.

- No... Por la mañana.

Nami tragó saliva.

- ¿Cómo por la mañana? -Contestó ella, nerviosa. - Pero si por la mañana yo estaba en el castillo.

Usopp y Chopper se miraron entre ellos. No sabían cómo decirlo pues lo poco que sabíán de ella era que pillaba unos rebotes en los que se ponía como una loca, y necesitaban tranquilidad para todo lo que vendría a continuación.

- Em... Bueno... - Tartamudeó Chopper.

Nami paseaba la mirada de uno al otro, con cara de no entender nada.

- La cosa es... -Continuó Usopp. - Que no has estado dormida solo una noche.

Nami se obligó a relajarse.

-¿Qué quieres decir? - Preguntó con toda la naturalidad posible.

-Pues que llevas durmiendo casi tres días.

A Nami se le calló el mundo a los pies. No podía creérselo. Ahora si que no tenía ni la más remota idea de dónde narices se encontaba.

-... ¿¡Qué!? - Nami se llevó las manos a la cabeza, la cual le seguía doliendo.

- La culpa ha sido de Usopp. -Dijo Chopper

- ¿Cómo? - Contestó el otro.

- Te dije que eso era muy fuerte, deberías haberme escuchado.

- ¿¡ Y qué querías que hiciera!?

- ¡Pues lo que hiciste precisamente, no! ¡Te di ese medicamento para que lo usases contra ENEMIGOS, no contra todo el que se te ponga por delante!

- ¡ERA LA ÚNICA OPCIÓN QUE TENÍAMOS, SE NOS ACABABA EL TIEMPO!

- ¡HABRÍAMOS ENCONTRADO OTRA MANERA PARA TRAERLA HASTA AQUÍ SIN TENER QUE DROGARLA!

- ¡PUES QUE YO SEPA A TI NO SE TE OCURRIÓ NADA MEJOR!

Chopper se había subido a la silla y estaban frente con frente, gritándose el uno al otro. Nami no se podía creer la escena que estaba presenciando y su cabeza no daba más de si. No estaba entendiendo nada y no sabía si llorar o pegarle un guantazo a cada uno de esos dos.

-Chicos... Escuchad... - Intentó la pelirroja, pero no tuvo efecto alguno. Ellos continuaban gritándose y no le hacían caso. - Oye... - Nada. Empezaba a cabrearse. - ¡CHICOS!

Ante su grito, Usopp y Chopper volvieron a ser conscientes de la situación, se callaron y le prestaron atención.

-Mirad... -Prosiguió ella, cruzándose de brazos. - No estoy entendiendo nada y me encuentro relamente mal. ¿Podríais darme mis cosas, aunque sea mi bolsa? Y que alguien me explique todo lo que está pasando, por Dios. Ya que me habéis traído a la fuerza y en contra de mi voluntad, y encima por culpa de vuestro compañero, el del pelo verde, tengo la mano como la tego, contadme la situación en la que estoy.

Conforme hablaba, la voz de Nami había ido adquiriendo un tono más serio junto con su expresión. Ahora mismo no estaba oara bromas y la estaban hartando con tanto jaleo. Los otros dos volvieron a mirarse y asintieron. Chopper bajó de la silla de un salto y fue hacia la puerta de la habitación.

- Tus cosas las tiene un compañero nuestro. Iremos a la cocina donde está la mayoría de la tripulación y hablaremos largo y tendido. Te lo contaremos todo. -Le explicó el reno.

- Pero ese amigo vuestro me devolverá mi bolsa, ¿no?

- Si, si. Tranquila. Ese era el trato, no te preocupes.

Nami asintió y siguió al reno. Los tres se miraron un momento antes de que Chopper abriese la puerta del camarote. La luz del atardecer cegó a Nami por un mometo y para cuando quso darse cuenta ya estaba yendo de camino a la cocina junto con los otros dos piratas.