¡Hola de nuevo! Aquí os dejo el capítulo 4, que también me ha quedado largo ^^. Anuncio que mi intención es publicar un nuevo capítulo cada dos semanas, más o menos.
UchakoAra: Muchas gracias! Me alegro que opines eso sobre lo que escribo. Espero que te guste este nuevo capítulo. Un abrazo.
L3onn: Que sepas que cuando aún estaba planteándome como sería el fanfic, que secuestrasen a Nami era una de las ideas que tenía! Por dinero o algo así. Pero no me convenció porque, bueno, los de la tripulación son demasiado majos y buenas personas como para secuestrar a alguien con esa finalidad :,) Gracias por comentar y por expresar lo que te parecen mis caps. Espero que este también te guste! Muchos besos.
SilversHaki: Muchas gracias! A ver si el resto de la historia también te lo parece;)
A los que ponéis comentarios en anónimo, gracias en general por vuestros elogios y, de nuevo, por decir que represento bien a los personajes! Espero que os siga encantando y muchos besos a todos. Sé que la historia avanza poco a poco, pero mi plan es que sea larga. Así que de nuevo os recuerdo que todo a su tiempo jajaja Y lo mismo con los momentos ZoNa, aunque igual en este cap encontráis alguno... Ah... Quién sabe... Jajajaja. Gracias por leer a todos, nos vemos en el próximo cap!
-Eh... ¿Nami-san?. - La voz de Sanji sacó a la pelirroja de sus pensamientos.- ¿Aceptas el trato?
Era lo último que Sanji había dicho. Tras mirar al peliverde espadachín, demasiadas ideas pasaron por su cabeza en un periodo de tiempo de tan pocos segundos, mientras su miraba danzaba de aquí a allá. No se acordaba de en qué momento había dejado de morderse el labio para cambiarlo por sus uñas. Un pequeño tic. Era consciente de que tenía muchos ojos clavados en su coronilla naranja, notaba la presión. Sus preocupaciones eran muchas: podía ser todo una estafa hacia ella, podían haberlos estafados a todos ellos... Igual terminaba muerta. Igual era su cabeza por la de ellos, unos piratas. ¿Pero y si era verdad? Hace unos días la emoción de poder tener una aventura de este tipo le habría hecho irradiar felicidad por cara poro de su cuerpo, pero las circunstancias eran distintas. Tampoco podía decir que parecían malas personas, la historia del rubio era convincente, a pesar de todo. Sabía que seguramente se arrepentiría.
Nami cogió aire.
- Si, acepto. - Lo dijo con un tono de voz neutro, pero era consciente de que su expresión delataría que no estaba muy segura de lo que acababa de decir.
Solo tras unas milésimas de segundo después de escuchar su respuesta, la mayoría se pusieron a vociferar y a hacer aspavientos con los brazos de la alegría. Nami se tensó en la silla.
- ¡Si! ¡Nos vamos a la isla! ¡Nos vamos a quedar con el tesoro! - Luffy había cogido a Chopper en brazos y ambos iban gritando de un lado a otro de la cocina. - ¡Un nuevo nakama!
- Eh... Yo no he dicho nada de eso.
- Oh, no hagas caso a este mendrugo, preciosa. - Dijo Sanji animadamente, mientras pululaba alrededor de Nami.
- Chicos, creo que me encuentro mal, mi enfermedad no-voy-a-poder-ir-a-esa-isla ha regresado. No podré acompañaros, sobrevivid sin mí. - Ussop se sujetaba el estómago mientras se sentaba en el sofá.
- Nada te va a librar de esta súper aventura, hermano. - Le dijo Franky, dándole palmaditas en la espalda. Ussop comenzó a fingir que lloraba.
- ¡Mira que sois ruidosos! - El peliverde se levantó de donde estaba enérgicamente y, no sin antes lanzarle una mirada amenazante a Nami cuando pasaba por su lado, salió de la cocina.
Ella se había percatado, y su actitud hacía que le entrasen ganas de soltarle cuatro cosas.
- Ay, ¿pero qué le pasa a Zoro? - Preguntó Luffy al resto. - ¿No se ha enterado de lo que ha pasado o qué? ¿Estaba durmiendo?
- No le hagas caso a ese. - Sanji se había vuelto a encender otro cigarro. - Dime, Nami, ¿quieres que te prepare algo delicioso?
Su voz volvía a ser melosa.
- Eh... Lo cierto es que me gustaría darme una ducha, si es posible. Y que me deis mis cosas.
- ¡Ah, es cierto! - Chopper soltó de los brazos de Luffy y un momento después apareció con la bolsa de viaje de Nami, la cual le entregó a ella.
- Gracias. -Más tarde, a solas, comprobaría que estuviese todo.
- Tu arma la tengo yo. - Dijo Usopp. - Te enseño dónde está el baño para que te duches y luego dejaré el arma en tu camarote.
Sin contestar, Nami se puso de pie y esperó a que Usopp saliese por la puerta para seguirle.
Se sorprendió al ver que ya era de noche. La brisa le golpeó la piel del cuello, e intentó taparse con la tela de la chaqueta. No se había percatado de que llevaban tanto tiempo en la cocina. Se llenó los pulmones del olor a mar que le llegaba por todas partes, le parecía maravilloso.
- ¡Aquí está! - Dijo Usopp cuando llegaron al baño. - En ese armario de ahí tienes toallas y demás.
- Vale, gracias.
- Voy por tu arma ahora, la dejaré en tu cama. ¡Nos vemos para la cena!
Dicho eso, el moreno cerró la puerta.
Ya a solas, Nami se permitió admirar la habitación. Era una pasada. No había visto una bañera tan grande en su vida, y vivía en un castillo. Vistas las circunstancias cambió la idea de una ducha por la de darse un baño. Se desnudó con cuidado, pues al hacer algunos movimientos un dolor agudo le recorría el cuerpo. Ya en el agua caliente y con la estancia impregnada de vapor, se observó todas las magulladuras, y de nuevo se acordó de esa noche. Si ese bruto hubiese tenido más cuidado, no estaría en tal estado. Aunque cierto es que seguramente él se llevó una peor parte. Igual por eso la miraba tan mal. Cuando se tocó uno de los moratones de la rodilla, soltó un quejido. Se enjabonó entera con cuidado de no mojar los vendajes que le había puesto Chopper y, cuando consideró que ya llevaba mucho rato a remojo, salió de la bañera y se enrolló el cuerpo y el pelo con toallas. Se volvió a estudiar en el espejo que había, y se arrepintió, porque seguía teniendo una pinta de pena. Solo que ahora olía mejor. La camiseta que había estado llevando apestaba a sudor, así que rebuscó en su bolsa una de recambio. Se puso una camiseta de tirantes blanca y encima una sudadera azul oscuro. La chaqueta negra también apestaba y necesitaba algo de abrigo, al menos por la noche. Usó los mismos vaqueros negros, ya que iba escasa de vestimenta. Si resulta que el tema de la comida no va a ser un problema y voy a terminar ganando pasta de todas formas, en cuanto pueda me compro algo de ropa, pensó. Se secó el pelo con la toalla todo lo que pudo, pero se quedó húmedo. Al menos de esa forma tenía un aire más... Refrescante. Se dio por vencida a la hora de peinarse y, tras resoplar, salió del baño con sus cosas.
Al llegar a la altura de los dormitorios, divisó una luz en lo alto de uno de los mástiles del barco. Agudizó la vista y parecía que provenía de una especie de cúpula. Ese barco era una caja de sorpresas. Se encogió de hombros y dejó sus cosas en el camarote. Y en efecto, tal y como había dicho Usopp, su Clima Tact yacía en su cama. Volvió a la cocina para cenar y se encontró con un escándalo similar al que vio la primera vez que entró. Nada más aparecer, Sanji se le abalanzó.
- Pero qué pelo más bonito se te ha quedado, Nami-san.
- Eh... Gracias, Sanji. -Ella no pudo evitar que le saliese una risa nerviosa.
Nami se sentó en el único sitio libre que había con un plato en la mesa, ya que supuso que era para ella. El plato contenía una especie de sopa, y repartidos por la mesa había diversos acompañamientos. Cierto es que tenía una muy buena pinta y un olor riquísimo. Fue en ese momento cuando se percató de que estaba muerta de hambre. Y en efecto, su sabor no se quedaba atrás.
- ¿Te gusta? - Le preguntó el rubio.
Ella asintió con una sonrisa tímida, mientras se llevaba otra cucharada a la boca.
- Claro, ¡es que Sanji es el mejor cocinero del mundo! -Exclamó Luffy, el cual tenía varios platos apilados delante suyo, y la montaña iba en aumento. - Oye Nami, ¿me dejas ver tu plato un momento? - Dijo mientras se inclinaba sobre la mesa, en dirección a ella.
Antes de que Nami pudiese abrir la boca para responder, Sanji reaccionó, clavando un tenedor en la mesa, justo en frente de la cara de Luffy.
- Como toques su plato, te corto la mano.
- Vale, vale... Si no iba a hacer nada... - Dijo el moreno volviendo al sitio. - Oye Usop...
- ¡Ni de coña! - Dijo el del pelo rizado alzando su plato por encima de su cabeza, salvándolo de las garras del capitán.
Ambos empezaron a pelearse y gritar. Chopper aprovechaba y comía de su plato todo lo rápido que podía. Ante la imagen del reno con los mofletes llenos, Nami tuvo que aguantar una sonrisa. Qué tripulación más rara. Y así pasaron el rato, entre risas y gritos, mientras la pelirroja los observaba. Mientras los estudiaba. Cuando Nami terminó de comer, se levantó de la mesa.
- ¿Quieres algo de postre? ¿O un café? - Le preguntó Sanji.
- No, gracias. Me he quedado bien. ¿Dónde dejo esto? -Nami señaló el plato y los cubiertos que ella había usado.
- Tranquila, ya lo recojo yo. Ve a descansar, que te hace falta.
Nami dudó un segundo, pero aceptó. Les dio las buenas noches a todos y se fue a su habitación. La luz de la cúpula seguía encendida. En su camarote y con la puerta cerrada, comprobó que en su bolsa de viaje estaba todo. Incluso el dinero. Al menos no eran unos ladrones, no como ella. Sonrió ante ese pensamiento y se comenzó a desvestir. Se metió en la cama solo con la camiseta de tirantes y las bragas. La colcha era muy gruesa y sabía que no pasaría frío. Cuando se tapó hasta la barbilla, sus fuerzas comenzaron a esfumarse. De repente la cama le parecía comodísima. Lo último en lo que pensó antes de dormirse fue de algo de lo que no se había dado cuenta durante toda la cena, y era que el espadachín no estuvo con ellos. La imagen de su cara de arrogante se le pasó por la cabeza. Segundos después, la pelirroja ya estaba dormida.
Pegó un bote en la cama a las tres de la mañana. Se pasó una mano por la frente para quitarse el sudor. La camiseta la tenía pegada al cuerpo y su respiración era agitada. Había tenido una pesadilla relacionada con su familia. En su sueño aparecía el titular del periódico por todas partes, no podía creerse que sus padres hubieran llegado a tal extremo para encontrarla. Si ella misma sabía que no la querían. Allí la popularidad y el qué dirán importaban más que cualquier otra cosa.
Tenía la boca seca y, como no se podía volver a dormir, decidió salir a tomar el aire y de paso beber algo. Cogió la sudadera azul marino que había llevado durante la cena, se la puso y salió sin pantalones. Sus pies descalzos notaban el frescor de la madera debido a la humedad y se le puso la piel de gallina. El aire se sentía puro, limpio y fresco, y le arremolinaba el pelo. Antes de ir a la cocina se asomó por una de las barandillas del barco que daban al mar. Todo estaba en calma, muy distinto del ambiente agitado que provocaban esos piratas. Ahora el único ruido era el de las olas, las cuales mecían a la pelirroja con su vaivén. Podría pasarse ahí horas.
Tras unos minutos sin moverse del sitio, perdida en sus pensamientos, se dirigió a la cocina. Abrió la puerta con cuidado, y para su desgracia no sabía dónde estaba el interruptor de la luz, así que tenía que ir a ciegas al menos hasta el fregadero. Comenzó a andar poco a poco, intentando recordar dónde estaban las cosas.
- ¡Auch! -Dijo en voz baja tras golpearse el pie con la pata de lo que creía que era una silla.
Siguió andando lentamente, esquivando lo que podía, hasta que se dio de bruces con algo.
- ¿Pero qué... ? - Se llevó una mano a la nariz, donde se había hecho daño por el golpe, y con la otra tanteó su obstáculo. Lo que tocaba era duro, pero no rígido, y tenía cierto relieve. Al desplazar un poco la mano tocó una especie de tela. Cuando lo que estaba tocando se movió, Nami soltó un pequeño grito y se echó hacia atrás tan rápido como pudo.
Las luces de la cocina se encendieron de repente y Nami tardó varios segundos en habituar la vista por la potente iluminación. Cuando consiguió enfocar, lo que vio fue a Zoro a un par de metros de distancia, mirándola. Nami abrió los ojos como platos.
- Estás hecha una gritona. -Le dijo él. Nami no supo cómo interpretar eso, ya que no mostró ningún tipo de emoción al decirlo.
- ¿¡Llevas todo el rato aquí!? ¿¡Desde que he entrado!? - Nami se masajeaba la nariz mientras hablaba.
Zoro asintió, serio.
- ¿¡Eres tonto o qué!? Me has dado un susto enorme.
- No era mi intención.
- ¿Y por qué narices no has dicho nada? Al menos podrías haber encendido antes la luz, no paraba de darme golpes.
- Ya, me he dado cuenta. -Nami lo miró con cara de pocos amigos. -Solo quería ver qué hacías. Se supone que dormíais todos.
- Me he despertado y tenía sed. -Dicho esto, buscó un vaso y lo llenó con agua del grifo. - ¿Y tú por qué estás aquí? ¿Y a oscuras? -Le dio un trago al vaso. Siempre se lo tenía que encontrar cuando menos se lo esperaba. Quería evitar que le hiciese preguntas, ya que no le iba a hablar sobre su pesadilla.
- No me hacía falta encender la luz para ver. Y yo hoy no duermo, hago guardia. -El espadachín comenzó a rebuscar dentro de unos armarios buscando algo. Nami pensó que igual por el motivo de quedarse vigilando no había estado durante la cena. Ella, curiosa, no le quitaba ojo a su nuca verde mientras terminaba de beber.
- Ah. Qué divertido. -Dijo Nami con sarcasmo.
- Lo es cuando tienes esto. -Zoro puso en la encimera la botella que estaba buscando, la cual era de sake. Tenía una sonrisa triunfante que le ocupaba toda la cara.
Nami alzó una ceja.
- ¿Y no crees que ponerse hasta arriba no es la mejor forma de montar guardia toda una noche?
Zoro la miró a la cara.
- Mira, igual a ellos te los has ganado, pero a mi déjame tranquilo. - La sonrisa de Zoro se transformó en una mueca de cansancio la cual le dedicó a la pelirroja.
Ante su comentario Nami le fulminó con la mirada mientras se mantenía altiva, con los brazos cruzados. Zoro la ignoró y pasó por su lado sin tocarla, dirigiéndose a la puerta.
- Cuando termines apaga la luz. - Dicho esto, el peliverde desapareció, dejando la puerta abierta.
Nami tenía ganas de tirarle algo. La sacaba de sus casillas. Esos aires de superioridad que se traía no le hacían ninguna gracia.
- Y por cierto... - Cuando Nami había empezado a caminar hacia la puerta, la cabeza del espadachín volvía a asomarse por el umbral de ésta. - Si vas a seguir dando vueltas por el barco de noche... - Zoro hizo una parada que utilizó para mirar a Nami de arriba a abajo, lentamente. - Yo que tú me ponía unos pantalones, que si vas así igual te resfrías.
Nami abrió la boca por su comentario y, efectivamente, tras echarse un vistazo para comprobarlo recordó de que iba en bragas. Buena esa, Nami, pensó. Cuando volvió a mirar a Zoro para soltarle algo, él volvía a tener esa sonrisa victoriosa y sin darle tiempo de hablar a la pelirroja, el espadachín volvió a desaparecer. Nami fue como un rayo hasta la puerta pero en el exterior ya no había ni rastro de Zoro. Resoplando, apagó la luz de la habitación y volvió a su habitación.
Ya en la cama aceptó que esa discusión que había sido un punto para el peliverde. No sólo por el comentario de él al verla en bragas ni por lo colorada que se había puesto ella de la vergüenza, cosa de la que estaba segura que el peliverde se había percatado. No, la pelirroja se acababa de percatar de que en realidad cualquier pelea estaba ganada por él en el momento en el que Nami le manoseó parte del brazo y la espalda a oscuras. Buena esa otra vez. Nami le hubiese lanzado una silla.
- Tsk... Creído de mierda.
Ésta se la devolvería en algún momento. Le terminaría cobrando esa última mirada que le había echado cuando iba en ropa interior. Y con intereses.
Ya por la mañana Nami estuvo remoloneando un buen rato en la cama antes de levantarse. Una tenue luz entraba por la ventana y las mantas se sentían demasiado cálidas como para salir de ahí. Gracias a la cena y al haber dormido se encontraba bastante mejor, había recobrado algunas fuerzas y la cabeza ya no le dolía. Su cara también había recobrado algo de color. Al salir de su camarote tuvo que usar su mano a modo de gorra ya que el sol daba de lleno en el barco. Notó que, aunque la temperatura no era muy alta, sí que había humedad, por lo que hacía bastante calor. Una leve brisa ayudaba al barco a impulsarse sobre el agua. Todo parecía estar correcto.
Antes de entrar a la cocina donde supuso que estaban todos, se reunió de valor pues ya se imaginaba con lo que se iba a encontrar. Y en efecto, la mañana no los atontaba en absoluto. Sanji le echaba la bronca a Luffy por algo, Usopp hablaba con Chopper y con Franky... Y Zoro se limitaba a comer en silencio con aspecto cansado.
Había dos sitios libres: uno frente a Chopper y otro junto a Zoro. Nami se decantó por hacerle compañía al reno.
- ¡Hola Nami! - Dijo Luffy en cuanto la vio, ignorando a Sanji.- ¿Tienes hambre? ¿Quieres carne?
En cuanto el capitán nombró a la pelirroja, Sanji abandonó a Luffy y se fue animadamente a saludar a la chica.
- Eso Nami-san, ¿qué quieres que te haga?
- Eh... Un café está bien.
- ¡Marchando! - La mirada amorosa que le echaba a la pelirroja delataba al cocinero.
- Baboso... - Susurró Zoro al otro extremo de la mesa.
Cuando Sanji fue con una sonrisa a preparar el café de Nami, se limitó a asestarle un codazo en la nuca al peliverde.
- Nami... ¿Cómo estás? - Dicho Chopper con su vocecilla.
- En general me encuentro mejor. La cabeza ya no me duele.
- ¿Y la mano?
Nami ni se había acordado.
- Hasta ahora bien, aunque creo que lo sigo teniendo bastante hinchado. Pero no me ha dado problemas.
- Bueno, luego te la miraré, pero que la sigas teniendo así en normal.
Nami asintió con una pequeña sonrisa. Ese animalillo era muy dulce.
- Ala Nami, ¿llevas la mano vendada? - Preguntó Luffy, curioso. - No me había dado cuenta.
- Yo tampoco me fijé. - Siguió Franky. - ¿Cómo te lo has hecho?
Usopp se rio por lo bajo y Nami le miró con los ojos entrecerrados.
- Digamos... Que salí un poco mal parada la noche en la que me trajisteis aquí.
Franky y Luffy se miraron entre ellos, sin entender nada.
- Nami tiene la mano así de las leches que le arreó a Zoro cuando él la trajo hasta aquí. - Aclaró Usopp, sin poderse aguantar las carcajadas.
- Es que ni para eso sirves, marimo. -Soltó Sanji mientras depositaba una taza de café frente a la pelirroja.
Luffy y Franky se unieron a Usopp y también empezaron a reírse.
- ¡Me hubiese gustado veros a vosotros! - Gritó el espadachín, dando un golpe en la mesa.
La reacción de este provocó que Nami le dedicase una sonrisa maliciosa. Eso era un punto para ella.
- Y bueno, al menos a mí no se me puso la nariz enorme porque ella me propinase un golpe en toda la cara, ¿eh, Usopp?
Ahora Zoro era uno más en la discusión y Franky y Luffy se reían de Usopp. Nami observaba la escena, divertida. Cuando todo se calmó, ella decidió hablar.
- Chicos. - Todos la miraron. - Me gustaría que me comentaseis la situación de navegación, a dónde vamos, que me dejaseis estudiar los mapas que vamos a utilizar... Para poder ponerme al día.
- ¡Pero qué trabajadora eres, Nami-san!
Nami le dirigió una sonrisa inquieta al rubio.
- Pero eso es un rollo... Hazlo luego. Te acabas de levantar. - La animó Luffy.
Nami se preguntaba seriamente cómo era que ese chaval era el capitán.
- Prefiero empezar cuanto antes.
- ¡Al menos date una vuelta por el barco, que aún no te lo hemos enseñado! - Insistió el capitán.
- Eso es verdad. - Dijo Usopp.
- Pero... - Nami no pudo terminar la frase, Franky la cortó.
- Nuestro capitán tiene razón. Deja que te enseñe mi obra de arte. - Dijo orgulloso. - Luego tendrás tiempo de hacer todo eso.
Viendo la situación y que ninguno de ellos iba a ceder, decidió ceder.
- Está bien... Supongo.
- ¡Eh, yo también se lo quiero enseñar! - Dijo Luffy levantándose de la mesa. Cuando iba hacia la puerta, Sanji lo agarró por el cuello del chaleco rojo.
- Quieto ahí Luffy. Tú a pescar con Usopp.
- ¿Ehhh? No. Quiero ir con ellos.
- Que no.
- ¿Y por qué no pesca Zoro? Que él no va a hacer nada.
- Oye, no me pases tu marrón. - Le cortó el peliverde. - Que yo ya hice guardia anoche.
- ¡Pero yo soy el capitán!
- Luffy, ¡que no! Si quieres comer, tenéis que pescar. Deja que se lo enseñe Franky. - Siguió Sanji.
- Ahg... Vale... Qué morro. - Lufy se dio por vencido y volvió a sentarse en su sitio, haciendo una mueca exagerada.
- Pues vamos, Nami. -Dijo Franky yendo hacia la puerta.
- ¡Franky, una cosa! - Chopper saltó de la silla para hablarle a su compañero. - Deja la enfermería para el final, que yo voy a encerrarme ahí un rato para trabajar y así Nami se queda conmigo para que pueda verle la mano. - Franky asintió. - ¡Y Zoro, te recuerdo que tú también tienes que venir a verme!
Zoro alzó la cabeza de su plato para mirar al reno.
- ¿En serio? Chopper, que no es para tanto... Estoy perfectamente.
- Me da igual. Ven luego, antes de que venga Nami, que lo tuyo llevará más tiempo.
- Vale, vale...
Oído esto, el reno salió de la cocina.
- ¿Vamos, Nami? - Le preguntó Nami.
Ella asintió y ambos salieron también.
Nami dejó algo de distancia entre ellos mientras seguía a Franky escaleras abajo, yendo a parar al césped.
- Bueno, bienvenida al Sunny Go. - Dijo Franky girándose hacia ella y elevando ambos brazos. - Este podría decirse que es mi maravilla. Yo soy el carpintero de este barco y su constructor, Franky. Aunque igual eso ya lo sabes.
Nami sonrió. Sus pintas estrafalarias junto con la cara que se le ponía cuando hablaba del barco le hacía mucha gracia a la pelirroja.
- Bueno, las escaleras de allí delante dan al timón del barco. Y esas dos puertas rojas llevan a camarotes. El de la derecha será tu nueva habitación, seguramente. Es mejor que en la que dormiste ayer. Como no sabíamos si ibas a aceptar decidimos dejarte en la otra habitación por el momento. La de la izquierda es nuestro camarote. Si quieres te lo enseño, pero no es nada del otro mundo.
- Eh... No, no hace falta. Puedo imaginármelo. - A saber lo que se encontraba en un camarote en el que dormían seis piratas. Le entraban escalofríos.
- Perfecto. Mira. - Franky alzó la cabeza al cielo y señaló a un punto con el dedo. - En lo alto de este mástil hay una habitación, ¿la ves?
Nami miró con los ojos entreabiertos por la luz.
- Ah, sí, la que parece una cúpula. ¿Qué es?
- Tiene varios usos. Al que le toca vigilar suele subirse ahí, se ve todo el mar. Y hay sillones a lo largo de la pared, junto a las ventanas. Así que no está mal tampoco para pasar la noche. También hay un telescopio, pero en su mayoría se una de gimnasio. Puse varias cosas para poder hacer ejercicio, como pesas y tal. Zoro se pasa la vida allí.
- Así que el de anoche era él. -Pensó Nami. - ¿Por qué no me extraña?
- Para subir escalas esas cuerdas de ahí y en lo alto hay una pequeña escalera. También hay colocado por ahí un megáfono. Así si el que está vigilando ve algo, no nos tiene que avisar a gritos.
- Ya veo... Está todo pensado.
- ¡Pues claro! Vamos, sigamos. Ahora igual te sorprendes un poco. - Dijo Franky entre risas.
Volvieron a subir la escalera de madera que acababan de bajar y se dirigieron a otra puerta roja. Franky se la abrió a la pelirroja para cederle el paso y que ella entrase primero. Si Nami se había sorprendido con la bañera, esto definitivamente estaba a otro nivel. Un acuario. Un maldito acuario que ocupaba todo lo largo de la pared y llegaba hasta el acuario. La había dejado con la boca abierta.
- Pero... ¡Pero qué locura! - Nami apoyó las manos en el cristal y acercó la cara, para observar a los peces más de cerca.
- Te he dicho que igual te sorprendías. Quise que el Sunny fuera un barco especial. Y lo ha terminado siendo, y no sólo por esto. - Franky hablaba mientras admiraba su obra.
- Tienes razones para estar orgulloso.
Franky le respondió con una carcajada y empezó a rodear el acuario. Si continuabas andando llegabas a unos pequeños escalones que daban al espacio principal de la sala. El acuario funcionaba como una segunda pared. El techo estaba atravesado por el otro mástil del barco, el cual estaba rodeado por una especie de barra con varios asientos. Unas cortinas adornaban el acuario. Un sofá tan largo como éste estaba a su alrededor. Eso, junto la bonita estampa que provocaban los distintos peces, de todos los tamaños y colores, lo hacía digno de admirar. Y Nami pensaba que eran unos pardillos.
- En el mástil instalé un sistema que funciona como un ascensor, para traer hasta aquí cosas que provengan de la cocina. Y en el techo hay una especie de trampilla que se abre desde la cubierta. Todos estos peces han sido pescados por nosotros, y por esa trampilla es por donde los depositamos en el acuario. Una vez Luffy, Usopp y Chopper fueron muy inteligentes y metieron un tiburón que había sido atrapado por ellos. Supongo que a te puedes imaginar qué pasó.
- ¿Se comió todos los peces?
- Y nosotros nos comimos al tiburón.
Salieron de ahí y volvieron al exterior. Rodearon toda la pared que se suponía que escondía el acuario y llegaron a la parte trasera del barco, donde Nami abrió los ojos, asombrada, al encontrarse con otra habitación con forma de cúpula. Esta era más grande.
Ya dentro, Nami vio que se trataba de una biblioteca. Por aquí ya había pasado la noche anterior para ir al año, pero estuvieron casi a oscuras y tenía demasiadas cosas en la cabeza como para admirar el barco o cualquiera de sus habitaciones. De nuevo, las paredes estaban rodeadas por un banco acolchado, solo que éstas también tenían estanterías a rebosar de libros de todos los grosores. La habitación también contaba con largos ventanales. En el centro de la estancia, una mesa de madera no muy grande con forma de hexágono y varias sillas. Entre esta mesa y uno de los ventanales, había un escritorio, también con su respectiva silla. En uno de los extremos de la habitación se podía ver una escalera de madera que daba al piso de arriba.
- Ah, ¿pero vosotros leéis? - Preguntó la pelirroja, divertida.
- Buena esa. Tenemos que estar informados de alguna manera. Aquí encuentras un poco de todo. En ese escritorio de ahí podrás trabajar.
Nami asintió.
- La escalera da al baño, pero ya has ido, ¿no?
- Si, con Usopp.
- Súper. Bueno, en los pisos más bajo del barco Usopp y yo tenemos nuestros respectivos talleres. Pero ahí tampoco hay mucho que ver: herramientas, materiales de construcción... Así que eso nos dejaría la enfermería. A ella podemos acceder a través de la cocina o por la cubierta. La segunda opción nos viene mejor.
Sin esperar respuesta Franky se puso a caminar. Esta vez Nami se puso a su lado, ya más confiada.
- Habrás averiguado qué somos cada uno de nosotros, ¿no? - Dijo Franky.
- ¿Lo que sois?
- Si hombre, en la tripulación.
- Ah, pues... - Nami se sujetó el mentón, pensativa. - A ver, creo que sí. Luffy el capitán, Chopper el médico... Sanji he deducido que es el cocinero... - Franky iba asintiendo con una sonrisa conforme ella hablaba. - Zoro el espadachín. Tú el carpintero, y Usopp... Usopp...
- Es nuestro tirador y francotirador. También ha inventado alguna cosa. Estoy seguro de que se lo pasaría pipa con tu arma.
Nami sonrió nerviosa.
Tras dar una pequeña vuelta por la cubierta, de nuevo se encontraban ante una puerta roja. Franky llamó tres veces con los nudillos.
- ¿Se puede?
- ¡Si! - Sonó la voz de Chopper al otro lado.
Franky abrió la puerta, pero Nami se quedó en el umbral. Era una habitación pequeña, con un escritorio y una silla negra muy acolchada. Apoyada en una pared había una especie de pizarra de la que colgaban varios papeles con diferentes dibujos y esquemas anatómicos. Había alguna estantería, pero la habitación entera estaba llena de libros y frascos con nombres que Nami no llegó a reconocer. Por último, una cama de sábanas blancas. A los pies de ésta estaba sentado Zoro con cara de pocos amigos. Iba sin camiseta y tenía los pantalones negros algo remangados. Varios vendajes cubrían parte de su torso y el bíceps del brazo derecho. En la zona de las pantorrillas tenía un par de cortes con puntos y algún arañazo.
- Pues ésta es la última parada, la enfermería. El barco tiene alguna sorpresa más, pero ya las irás viendo cuando surja la ocasión. Todo a su tiempo. - El peliazul le guiñó un ojo a Nami. - Ale Chopper, te la dejo. Trátala bien, yo me voy a trabajar.
- ¡Gracias Franky! - Dijo el reno.
- ¡Súper! - Con eso, Franky se marchó.
- ¡Pasa Nami! Siéntate ahí. - El reno le señaló la parte de la cama que quedaba libre. - En seguida termino con Zoro.
Nami asintió y obedeció. Chopper había cogido más vendajes de un cajón y se había sentado en la silla negra, frente al espadachín. El peliverde resopló.
- Chopper, te tomas demasiadas molestias. Te digo que estoy bien.
Al verlo en la situación en la que se encontraba, Nami no sabía cómo decía eso. En el escritorio había una bandeja metálica con agujas usadas y algodones con restos de sangre, la cual Nami dedujo que era del peliverde. A saber lo que había bajo esas vendas. Chopper le tendió la pata, pidiendo sin hablar que Zoro le diese su mano izquierda. Zoro rodó los ojos, pero le hizo caso.
- Puede que tú te encuentres bien, pero si no te lo miro puede que vaya a más.
El reno comenzó a vendarle la mano con cuidado. Nami pudo echar un vistazo disimuladamente y vio que también le había dado un par de puntos en la palma. Él estaba lleno de cicatrices. Con ese aspecto abatido parecía que perdía fuerza. Cuando le miró la cara, él tenía la mirada perdida. Hacía rato que no prestaba atención a lo que Chopper le estaba haciendo. Para cuando el reno terminó, él seguía perdido.
- Zoro. - Le llamo.
- ¿Eh?
- Que ya puedes irte, he terminado.
Zoro asintió y se empezó a poner la camiseta como si nada, sin un mínimo cuidado, como si no llevase ningún vendaje.
- Para no darte mucho la brasa, no hace falta que vengas todos los días. Pero te lo voy a tener que revisar en algún momento.
Zoro resopló.
- Le diré a Sanji que cambie un poco tu alimentación... Duerme bien y no bebas mucho, que si no la medicación puede no resultar efectiva.
Zoro se giró hacia el reno.
- ¿Qué? ¿Medicación? ¿En serio?
Chopper le tendió una bolsita cerrada de papel. Zoro se le quedó mirando unos segundos y al ver que el reno se mantenía firme la terminó cogiendo a regañadientes.
- ¡Y no entrenes! Descansa unos días.
- Si, si...
Zoro había cruzado la habitación con dos grandes zancadas y fue hasta la puerta. No miró a Nami en ningún momento. Cuando abrió la puerta y estaba a punto de salir, Chopper dijo:
- ¡Si lo haces puede que se te abran las heridas!
Pero Zoro ya había dado el portazo y había salido a cubierta. Nami y Chopper se encogieron por el golpe que el espadachín había dado con la puerta. La pelirroja y el reno se miraron entre ellos.
- ¿Siempre es así? - Preguntó ella.
- No siempre... Pero normalmente sí. - Dijo Chopper con una risa nerviosa.
- Menudo idiota... Encima que te preocupas por él... - Nami hablaba con el ceño fruncido.
Chopper rió por lo bajo, provocando que la pelirroja lo mirase.
- Ese es el problema. No le gusta que me preocupe tanto ni que esté tan encima suyo. Ni yo ni ninguno de la tripulación.
Chopper tenía una pequeña sonrisa en el rostro.
- Seguramente no hará nada de lo que le he dicho.
- ¿No se va a tomar la medicación?
- Lo dudo mucho. Y seguramente en cuanto pueda volverá a entrenar. E igual esta noche se emborracha y no duerme. Él es así. Al igual que si le digo que tiene que volver aquí, vendrá. Gruñiendo, pero lo hará.
- Pues no lo entiendo.
Chopper se bajó de la silla con un pequeño salto y volvió a rebuscar en los cajones. Segundos después sacó la crema que le aplicó a Nami el día anterior y más vendajes. Se volvió a sentar frente a la pelirroja y le empezó a quitar el vendaje de la mano.
- ¿Sabes? Antes de ir a tu Villa a por ti, unos tres días antes, fuimos a parar a otra isla. Digamos que allá a donde vamos terminamos causando algún problema... Y terminamos en una emboscada. Nos tuvimos que separar. Los que nos atacaron no eran muy fuertes, la verdad. Pero al parecer Zoro se llevó la peor parte.
- ¿Ahí se hizo las heridas?
Chopper asintió. Empezó a aplicarle la crema en la mano.
- Con él jugaron sucio. Al separarnos él terminó solo. Es fuerte, realmente fuerte, así que no hubiese tenido ningún problema en terminar con ellos si no hubiese habido una niña de por medio.
Nami miró al reno, curiosa.
- ¿Una niña?
- Si. La zona en la que ocurrió estaba próxima al pueblo de la isla, y dio la casualidad de que esa niña pasó por allí en un mal momento. Uno del grupo la cogió y amenazó a Zoro diciéndole que o tiraba las espadas o le metía un balazo a ella. Zoro ya estaba algo herido así que no podía ir todo lo rápido que le hubiese gustado. De no ser así, incluso con la niña como rehén hubiese terminado todo muy rápido y sin problemas. Y estaban rodeados, y ellos sí que iban armados. Así que Zoro hizo lo que pudo con las manos desnudas. Aun así ganó y no hubo ningún problema, pero se llevó algunas heridas. No son profundas y él siempre se recupera muy rápido, pero siguen siendo heridas que se pueden llegar a infectar.
- Vaya... Menuda tripulación de piratas estáis hecha.
Chopper soltó una risita por su comentario.
- Zoro ahora está de mal humor porque él se ha enfrentado a tipos muchísimo más fuertes que los que nos atacaron ese día, pero aun así ha terminado de esta manera. Siempre está entrenando para mejorar... Y siempre está dispuesto a proteger a alguien, siempre que esa persona no haya hecho algo como para negarle esa protección. Todos confiamos en él, es el segundo de abordo. Fue el primero en unirse a Luffy. Y por eso no le gusta que estemos 'cuidándole'.
- No sé si me parece del todo justo...
- No lo es.
Chopper volvió a vendarle la mano y trató los moratones de sus piernas.
- Bueno, está muy hinchado. Y lo estará aún más. Pero ten paciencia, ya se pasará. Si el vendaje te empieza a apretar porque se pone peor, ven y te lo aflojaré en un momento.
- Gracias. Eres un buen doctor.
Chopper se sonrojó y empezó a moverse en el sitio.
- Ay... Calla... Es mi trabajo... Tonta...
Nami sonrió, se le veía realmente feliz.
- Bueno... ¿Con quién debería hablar para ver el tema de los mapas? Porque me da que con el capitán, no.
Chopper guardó silencio unos segundos, pensando.
- Eh... Creo que eso era cosa de Sanji. Ve y pregúntale, estará en la cocina.
- Vale. ¡Gracias otra vez, Chopper!
- ¡Vuelve mañana por la mañana!
Nami asintió y salió de la enfermería. Con todo lo que había escuchado y visto esa mañana, Nami pensó que igual no tenía nada que temer. Cada uno parecía buena persona por sus respectivas razones... Ahora la idea de que pudiesen llegar a maltratarla o venderla en algún lado no parecía que encajase en la historia. Nami rió para sus adentros. Desgraciadamente, estaba segura que en algún momento futuro se arrepentiría de lo que estaba haciendo. Pero vivía en el presente, y lo que tocaba era ponerse manos a la obra para poder empezar a moverse y vivir la aventura que tanto anhelaba, aunque tuviese que vivirla con una gente poco convencional.
