¡Hola a todos! Soy consciente de que he tardado más de dos semanas, pero se me fastició el portátil y lo tengo desde hace unos días. Para compensar, el siguiente capítulo lo subiré pronto. Ahora mismo estoy con muchas prisas porque tengo que irme, pero quería subir el capítulo YA. Ni siquiera he visto si hay cosas mal escritas xD Pero eso esta noche o mañana estará solucionado, aunque confío en que no hayan muchos problemillas. Tampoco me da tiempo a responder los comentarios individualmente. Por eso os digo, aunque ya lo sabéis, que mil gracias tanto por comentar como por leer mi fanfic. ¡La historia ha pasado ya las 500 lecturas! Lo cual me ha hecho muchísima ilusión. GRACIAS A TODOS. Esto no sería posible sin los que me leeéis. Así que os dejo con el nuevo capítulo, espero que os guste. Un beso a todos, nos vemos pronto.


Nami había ido a hablar con Sanji esa misma mañana tras pasar por la enfermería. Le había pedido al cocinero los mapas con los que contaban que les pudiesen ser de utilidad en su travesía y que le contase tanto los planes que tenían en mente como toda la información que tenían sobre la isla Tsumeniko, la cual resultó no ser mucha para desgracia de la pelirroja. Ahora la navegante se encontraba en la biblioteca, sentada en la silla del escritorio y mordisqueando un lápiz mientras su mirada pensativa danzaba entre los papeles desperdigados por la mesa. Resopló. Al estudiar los mapas, Nami empezó a ser consciente de que su viaje con esos piratas iba a durar más de lo esperado. Solamente llegar a la isla por la que tenían que pasar a por provisiones les iba a llevar días. Gracias a Dios que cuando la pelirroja fue a comprobar si el rumbo que habían estado llevando el rubio y compañía era el acertado, no tuvo que corregir el timón. De lo contrario aún irían más retrasados.

La suerte que había tenido esa tripulación era enorme. No sabía cómo no se habían encontrado con algún percance climático hasta ahora. Seguramente habrían terminado en el fondo del mar, barco incluido.

En el escritorio también había depositado los libros sobre clima que se había llevado con ella el día que se marchó del castillo, a pesar de habérselos leído ya varias veces. Volvió a resoplar. Llevaba horas indagando en esa enorme biblioteca, viendo si encontraba algo de información que pudiese resultar valiosa a la hora de ir a esa maldita isla del supuesto 'tesoro', pero no había encontrado nada. Y eso la estaba exasperando. Si fuera una isla normal y corriente, no le supondría ningún problema no tener una clase de referencia. Pero esta isla no era normal, y con todo lo que le habían contado sobre ella le parecía muy extraño que su búsqueda no hubiese dado resultado. Y más cuando esa biblioteca no era pequeña precisamente. E ir a una isla de ese calibre totalmente a ciegas, le daba mala espina.

A la conclusión a la que había llegado es que ya sea en la isla a la que se dirigían en esos momentos o en otra más próxima a Tsumeniko que había encontrado por su cuenta, tendría que haber algo sobre la isla del tesoro si ésta era tan famosa. Alguien tendría que saber algo de ella, aunque fueran rumores. Seguiría buscando entre los libros, pero en el fondo sabía que la única forma que encontraría para obtener información sería con algún isleño de una de las islas próximas. Ordenó un poco los mapas y los documentos, guardó una libreta negra en la que había estado recopilando apuntes en un cajón y se levantó de la silla. Quería tomar un poco el aire y se dirigió a la puerta mientras se estiraba.

Al salir al exterior un rayo de Sol la cegó. Al menos el clima parecía que se iba a mantener estable. Aspiró profundamente el olor del mar. Una de las cosas que iba hacer nada más llegar a la siguiente isla sería comprarse un bañador. Y si tardaban más de la cuenta en llegar, terminaría tirándose al agua en ropa interior. Se dirigió a la parte delantera del barco. Vio que Luffy, Usopp y Chopper estaban pescando en una esquina.

- ¡Eh, Nami! -Gritó Luffy en cuanto la vio. - ¡Mira qué pez más grande he pescado!

El chico sujetaba un ejemplar que le llegaba hasta el hombro.

- ¡Qué dices! Pero si lo he pescado yo. -Replicó Usopp.

- Muy bien chicos... - Nami les dedicó una sonrisa nerviosa.

- Ay, Namicilla, ¿has encontrado lo que buscabas?

Nami se giró y vio que de la cocina salía Sanji que se acercaba a ella dando brincos.

- Desagraciadamente, no. - Nami hablaba con tono cansado. - He estado ojeando gran parte de lo que creía útil... Pero nada. Ni en vuestros libros. Aún tengo que seguir mirando, porque hay demasiados. Pero si en los que considero más importantes no he encontrado nada...

- No crees que vayas a encontrar algo en el resto.

- Exacto.

- Bueno... Siempre podremos preguntar en alguna isla.

- Eso he pensado. Y si no... Pues tocará ir a lo loco, pero me da que estáis acostumbrados a eso...

En ese momento Luffy, Chopper y Usopp tiraban de la misma caña de pescar para conseguir sacar un pez del agua. Tras conseguir lanzar por los aires lo que terminó siendo un pulpo enorme, los tres piratas cayeron al suelo, uno encima del otro.

- Mira que son idiotas... - Dijo Sanji. - Venga, llevad rápido el pulpo al acuario.

- ¡Sanji, hoy cocínalo para cenar! - Gritó Luffy, mientras se escabullía de la montaña humana.

- Si, sí... - Dijo el rubio mientras se encendía un cigarro.

Cuando Luffy se levantó del suelo de un salto, su sombrero de paja cayó al suelo. Fue a cogerlo pero se levantó algo de brisa que hizo que el sombrero comenzase a dar vueltas por el césped mientras Luffy corría tras él. Cuando el sombrero parecía que iba a caer al mar debido a la altura que cogió por el aire que soplaba, Luffy se agarró el hombro derecho con la mano izquierda y Nami se quedó blanca al ver cómo su brazo derecho se estiraba de una forma exagerada hasta llegar a la altura a la que estaba el sombrero. Acto seguido, el capitán se lo volvió a colocar en la cabeza con cara de alivio.

Nami estaba con los ojos como platos.

- Pe... Pe... Pero... ¿Cómo has...? ¿Qué narices...? - La pelirroja no conseguía terminar sus frases.

Luffy la miró con una expresión interrogante.

- Tu brazo.

- ¿Qué le pasa?

- ¿Que qué le pasa?

Nami comenzó a mirar al resto de los chicos, suplicando por una explicación, pero todos tenían una expresión curiosa en la cara.

- ¿Qué coño está pasando? ¡¿Cómo has hecho eso?! - Por los nervios, Nami terminó de hablar con una voz demasiado chillona para su gusto. No podía apartar la mirada del capitán.

- Ah... - Luffy comenzó a soltar una risilla. - ¿Esto?

Luffy se cogió el dedo índice de la mano derecha y comenzó a estirarlo hasta alcanzar cerca de tres metros de largo. Luego lo soltó de golpe y éste le rebotó en la mano.

Nami no podría abrir más la boca del asombro y dio un pequeño paso hacia atrás. De nuevo la situación se le estaba escapando.

- ¡Sí, eso mismo! ¿Po... Por qué...?

- Porque soy un hombre de goma.

Nami se quedó petrificada. Se esperaba cualquier cosa menos eso. ¿Cómo que un hombre de goma?

- Ah... Sí... Claro... De goma... - La garganta de Nami comenzó a producir una aguda risa histérica.

- ¡Anda, es verdad! No sabías esto. Verás, - dijo Usopp, aproximándose a la navegante – cuando Luffy era pequeño se comió una Fruta del Diablo por error, y eso hizo que ahora esté hecho de goma.

Nami le lanzó una mirada de incredibilidad a Usopp.

- ¿¡Eh?! - Nami volvió a elevar la voz.

- ¿Conoces las frutas del diablo, Nami-san? - Preguntó Sanji.

- A... Algo había oído. Pero nunca había verificado su existencia por experiencia propia.

Y bastante suerte había tenido de enterarse que algo así circulaba por el mundo con su situación familiar.

- Pues existen. Son unas frutas raras que te pueden otorgar una habilidad fuera de lo común y antinatural si te las comes. - Aclaró Sanji, mientras la pelirroja recobraba la compostura. - Hay de varios tipos. Pero hay una consecuencia: te vuelves débil ante el mar. Te conviertes en un martillo y, por mucho que intentes nadar, te hundes. No sólo eso, si Luffy por ejemplo está con los pies dentro del agua del mar, se le van las fuerzas. Por eso la marina usa esposas de Kairoseki, que creo que es una especie de mineral marino. De esa forma consiguen anular los poderes de las Frutas del Diablo.

- ¡Chopper también se comió una! - Dijo Usopp. - Por eso ahora puede hablar y cambiar su cuerpo.

Nami miró al reno y éste estaba sonrojado, moviéndose en el sitio. Eso explica algunas cosas, pensó ella.

- Entonces... ¿Si os caéis al mar no podéis salir de ahí por vuestra cuenta? - Preguntó la pelirroja.

Luffy y Chopper asintieron.

- Lo que pasa es que eso a nuestro capitán se la sopla y cada dos por tres hay que estar rescatándolo. - Sanji mató a Luffy con la mirada. - Bueno, terminad con ese pulpo y seguid pescando. Yo voy a ir preparando las cosas para hacer la cena.

Nami decidió que había tenido suficiente y volvió a la biblioteca. Estuvo ahí hasta que fue la hora de la cena. Para cuando llegó, el resto de tripulación aún estaban cogiendo asiento y Sanji estaba sirviendo los platos. Cuando estaban todos sentados, Zoro entró por la puerta y se sentó frente a Nami, pues era el sitio libre que había.

- ¡Zoro, cambio de planes! - Gritó Chopper, que estaba junto a Nami. - Quiero que mañana vengas a verme.

Chopper no esperó respuesta y siguió comiendo y riendo con Luffy. Nami vio que el espadachín puso cara de pocos amigos y resopló. Nami le fulminó, mirándolo de reojo. La actitud de él frente al reno cabreaba mucho a la pelirroja.

La cena transcurrió como de costumbre y Nami se quedó a ayudar a Sanji a limpiar, lo que puso al cocinero como un loco. Después de eso, la pelirroja se fue a darse una ducha y volvió a su camarote. Estaba muy cansada mentalmente. Todo el día con la cabeza entre libros para tener que buscar información en otra isla. Estaba muy saturada. Se metió en la cama y se durmió rápidamente.

De nuevo, se volvió a despertar durante la noche. Volvía a estar pegajosa por el sudor y con la boca seca. Se hizo una coleta para apartarse el pelo de la cara, se puso una sudadera y se dispuso a salir de ahí. Justo antes de atravesar la puerta se acordó de un pequeño detalle y esta vez se puso unos pantalones cortos, por si acaso.

En cubierta se oía el mar, nada más. No estaba segura de a quién le tocaba vigilar esa noche. Primero fue directa a la cocina. Cuando pasó por el césped, lo hizo muy rápido pero sin hacer ruido. Debido a la humedad, éste estaba mojado y Nami iba descalza, de lo que también se arrepintió. Al encender la luz de la cocina vio que esta vez no había nadie. Bebió varios vasos de agua con tranquilidad y volvió a cubierta. Ya más tranquila se soltó el pelo, fue hacia el césped y se quedó mirando el mar, apoyada en una barandilla blanca.

No entendía por qué no dormía bien. ¿Era porque estaba lejos de casa? Ni siquiera le gustaba esa llamada casa. Pensó en Lola. Siempre que no estaba distraída pensaba en ella. ¿Estaría bien? Temía porque sus padres o alguno de los que vivían en el castillo pudiesen haberle hecho algo. Estaba segura de que su familia se estaría subiendo por las paredes. La estarían buscando por todos lados. Seguro que no se imaginaban que en esos momentos su hija estaría compartiendo barco y objetivo con unos piratas. Nami se colocó un mechón detrás de la oreja. Quería estar feliz y contenta, pero no entendía por qué no terminaba de sentirlo de verdad. Cada vez que sonreía le daba la impresión de que estaba actuando, que todo era una farsa. Suspiró.

Se quedó así un rato más, mirando a la nada. En cierto momento le había empezado a subir una quemazón por la garganta y los ojos se le pusieron llorosos. Pero aguantó. Aguantó y se relajó. La brisa marina consiguió secarle esas lágrimas que amenazaban con salir y todo terminó cesando. Hacía tiempo que había prometido no llorar más si no era de felicidad. Mucho había aguantado años atrás.

Cuando estaba completamente ida, inmersa en sus pensamientos, un ruido la espabiló. Buscando de dónde venía el sonido, terminó averiguando que era el espadachín, que bajaba del puesto de vigía por el mástil. Nami chistó la lengua y volvió a mirar al mar, ignorándolo. Zoro pasó por detrás de ella y se dirigió a la cocina.

- ¿Por qué narices siempre tiene que estar ella pululando por ahí? - Pensó el espadachín ya en la cocina. Le apetecía estar tranquilo y siempre que ella aparecía no es que hubiese mucha tranquilidad, precisamente. - ¿No tiene cama o qué?

Cuando Nami estaba a punto de irse de nuevo a la cama, el espadachín salió de la cocina con una botella de cerveza en la mano. Nami no se lo podía creer.

- Tsk. - La pelirroja chistó la lengua de nuevo y de una forma bastante sonora, viendo cómo salía de la cocina

Zoro contestó sin mirarla y sin parar de andar.

- ¿Algún problema?

Nami estaba cruzada de brazos, mirándolo fijamente.

- ¿No te había dicho Chopper que no bebieses?

Eso fue como un pellizco provocativo para Zoro, pero no llegó a pararse.

- Y yo te había dicho a ti que me dejases en paz.

Nami tenía ganas de soltarle un tortazo.

- ¿Y la medicación?

Por fin Nami consiguió que el peliverde se quedase en el sitio y dejase de avanzar. Él se giró y la miró a la cara por primera vez desde la noche anterior.

- No es asunto tuyo.

Ambos tenían expresiones en sus rostros capaces de asustar a muchos y se estaban manteniendo la mirada.

- Claro, da igual que bebas ya que estás pasando hasta el culo de la medicación. - Le dijo Nami con los ojos entrecerrados.

Zoro estaba empezando a ponerse nervioso, y eso le ponía de mala leche, ya que pocas personas le hacían perder las formas.

- En serio, deja de meterte en lo que no te incumbe, porque puedes acabar muy mal.

- ¿Eso es una amenaza?

Nami quería pensar que el peliverde no sería capaz de ponerle la mano encima. Ya lo hubiese hecho. Ella era consciente de que igual se pasaba con los comentarios, pero no podía evitarlo. Y menos cuando él la sacaba de sus casillas. Pero jugaba con fuego, y sabía perfectamente que su lengua afilada podría traicionarla, como ya había pasado alguna vez. Con su última frase, Nami le miró a los ojos, provocándole. Él estaba cabreado, y mucho, se le notaba en la cara. Pero era otro tipo de enfado al que él tuvo la noche que la llevó a rastras hasta allí. La mirada que le echó esa noche dejó a Nami sin poder moverse, petrificada, temiendo que él pudiese hacerla cachitos. Pero ahora era distinto. Él desprendía algo que hacía que Nami le tuviese cierto respeto, pero no miedo. Igual estar en el mismo barco había hecho que Nami viera las cosas desde otra perspectiva. Igual no le parecía tan intimidante después del cachondeo de verla en bragas. Pero aun sabiendo que le convendría tener cuidado con lo que decía, no podía quedarse callada.

Zoro, harto de ella y de la situación, resopló y retomó el camino hacia el mástil para volver de donde había salido. Nami no le quitó el ojo de encima ni cuando ella volvía a su camarote. Cuando Zoro estuvo frente a la madera por la que debía escalar se tomó un momento para meterse la botella en la faja y así tener ambas manos libres para subir por las cuerdas. Cuando Nami pasó por su lado para irse a la cama, él aún no había empezado a trepar y ella aprovechó el momento.

- Y tú empieza a ser más considerado con los demás. - Nami no se detuvo en ningún momento, y lo dijo en voz muy baja, casi un susurro. Pero sabía que Zoro la había escuchado perfectamente.

Zoro se quedó por un momento inmóvil, agarrando las cuerdas con fuerza. Empezó a apretar los dientes, haciéndose daño. La voz de ella le retumbaban en la cabeza junto con el sonido de su acicalada voz. Fue el portazo que dio Nami al entrar al camarote lo que hizo que Zoro comenzase a moverse hacia arriba.

A la mañana siguiente Nami se despertó más tarde, de un extraño bien humor y quiso aprovecharlo. No iba a dejar que se le estropease el día. Como supuso que el resto llevarían un rato despiertos y por lo tanto, ya habrían desayunado, se preparó sin prisas y con calma, desperezándose poco a poco. Por la ventana vio que hacía un sol magnífico y decidió ponerse una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos, coger una toalla y salir a disfrutar del clima.

- ¡Hola Nami! - Dijo Chopper, que estaba saltando junto con Usopp en la barriga de Luffy, que estaba hinchado como un globo.

- Ho... Hola. - Nami aún no se acostumbraba a todo el tema ese de la goma. Tampoco al hecho de que en un principio hubiese sido secuestrada por unos piratas que parecían críos de seis años. En su momento se había esperado cosas mucho más oscuras, como armas, más rehenes, que el barco apestase, algo de sangre... Pero no esto.

- ¡Nami-san! Buenos días preciosa pelirroja, ¿quieres desayunar? - Le dijo Sanji en cuanto la vio.

- ¡No hemos querido despertarte! -Le dijo Luffy como pudo, aguantando la respiración para no desinflarse.

- Ah, gracias. Pero que va Sanji, no tengo mucha hambre.

- Bueno, ¡cuando quieras algo, pídemelo!

- Vale. - Dijo ella con una sonrisa.

Paseó la mirada por cubierta y resulta que todos estaban ahí. Franky estaba en una esquina con sus herramientas y sólo llevaba un bañador rojo excesivamente pequeño y sus gafas de sol, Sanji entraba y salía de la cocina y Zoro estaba sentado en el césped y apoyaba la espalda en el mástil. Llevaba un bañador negro y sus vendas, que le cubrían gran parte del cuerpo. Estaba con los ojos cerrados, pero Nami dudaba que estuviese durmiendo. Sus tres espadas yacían junto a él.

Nami, curiosa, se acercó a Franky.

- ¿Qué estás haciendo? - La pelirroja se acuclilló al lado de él. Vio que estaba toqueteando una especie de anteojos.

- Ah, hola Nami. Arreglo una cosa de Usopp, que cuando fuimos a tu castillo tuvo un par de problemillas con esto y al parecer estaba roto. Pero en poco tiempo lo tendré listo y estará súper de nuevo.

- Ya veo. Seguro que os lo pasaríais pipa trasteando mi arma.

Franky soltó una carcajada. Miró a la navegante y vio la toalla que llevaba al brazo.

- ¿Qué vas a hacer con eso?

- Ah, quería tomar un poco el sol y esto es para tumbarme en el césped.

Franky se quedó pensando unos segundos.

- Creo que teníamos una tumbona por ahí.

- ¿Tomáis mucho el sol o qué?

- Que va, Luffy se empeñó. Voy a ver si la encuentro y así no te tumbas en el suelo.

Franky ya se había levantado y se estaba espolsando los trozos de césped que se le habían quedado pegados en el cuerpo.

- Oye pero que no es necesario. Que a mí me da igual dónde tumbarme. - Nami se incorporó también, rápidamente.

- Que no mujer, que es un momento. Ahora vuelvo.

- Bueno, vale. ¡Gracias!

Franky levantó una mano como respuesta y desapareció tras una puerta. Al rato apareció con la tumbona y la dejó en el césped. Nami volvió a darle las gracias y el peliazul volvió a su trabajo. A falta de bañador, Nami hizo lo que pudo. Se remangó la camiseta y se quitó los tirantes, de manera que su camiseta pasó a ser un top. Se remangó también tanto la parte de arriba como la de debajo de los pantalones. Con la ropa tapándole lo menos posible para evitar marcas, se tiró en la tumbona dispuesta a relajarse, con las voces de los piratas de fondo.

No sabía el tiempo que llevaba tumbada cuando empezó a escuchar un aleteo bastante estridente. Se puso una mano sobre la frente para cubrirse la vista ante la luz y abrió un ojo. Vio que se trataba de un pájaro ligeramente grande que volaba en círculos sobre el barco.

- Hombre, pero si ya ha llegado. - Dijo Usopp, bajando como podía del inflado Luffy.

Fue de una carrera a uno de los extremos del barco y comenzó a mover los brazos de forma amplia, hacia arriba.

- ¡Eh, aquí! - Gritaba él.

El pájaro comenzó a descender. Cuando ya estuvo más cerca Nami comprobó que era una gaviota. Y no ligeramente grande, era enorme. La navegante se incorporó, sentándose en la hamaca. Vio que el ave llevaba una especie de cesta colgada del cuello de la que Usopp sacó un ejemplar del periódico del día. El tirador depositó un par de monedas en el pico del pájaro y, acto seguido, volvió a emprender vuelo. Segundos después ya no había rastro de él.

- ¿Noticias en alta mar? - Preguntó Nami a Usopp, divertida.

- Hay que estar informados. En el Grand Line suelen ocurrir catástrofes con asiduidad. - El tirador comenzó a ojear las páginas del periódico.

Varias páginas fueron pasadas cuando un papel suelto que iba en el interior del periódico calló al suelo. El tirador lo cogió y al examinarlo su cara cambió completamente. La sonrisa de su cara se esfumó y los ojos los abría como platos. A Nami le pareció extraño.

- ¿Pasa algo, Usopp?

Al escuchar la pregunta de la pelirroja Luffy y Chopper dejaron de jugar, Franky levantó la cabeza de su invento, Zoro abrió un ojo para mirar al tirador y Sanji no llegó a darle la calada que tenía pendiente al cigarro que sujetaba entre los dedos. Usopp tragó saliva.

- ¿Usopp? - Repitió Nami con el ceño fruncido.

Franky se levantó de donde estaba y se colocó junto a su compañero de nariz larga para poder ver el motivo del asombro de éste. Al dirigir su mirada al papel, se levantó las gafas de sol y las depositó sobre su cabeza. Los ojos que había debajo de éstas tenían la misma expresión que los de Usopp. Ambos le dirigieron una mirada a la navegante.

- Eh... Nami. - Comenzó Usopp. - Creo que deberías ver esto.

El resto de tripulantes estaban expectantes. La navegante se levantó y con paso firme se dirigió hacia donde estaban plantados sus dos compañeros. Cuando tuvo el periódico delante tardó varios segundos en reaccionar. Si ya estaba pálida esos días, en ese momento estaría translúcida. Los ojos podrían habérsele salido de las órbitas. Abrió varias veces la boca para hablar, para gritar. Pero no le salían las palabras, el sonido no arrancaba, por lo que terminó limitándose a morderse el labio. Se estaba haciendo sangre.

- Nami-san, ¿qué ocurre? - Preguntó Sanji, que estaba empezando a preocuparse por la escena que estaban montando.

Nami desvió su mirada del papel para alzarla hacia Sanji. Levantó el papel y lo volteó, de forma que todos podían verlo. Y efectivamente, las expresiones del resto de tripulantes no se quedaron atrás al ver el cartel de 'Se busca' en el que aparecía el nombre de Nami, la misma foto que se publicó en el periódico de días anteriores, la frase 'Only Alive' bajo la foto y, al final del cartel, la bonita cifra de 30.000.000 de berries.

Todos estaban con la boca abierta. A Nami le flaqueaban las piernas.

- Pero Nami, ¿por qué tienes una recompensa? - Preguntó Luffy.

- No lo sabe ni ella, melón. - Contestó Zoro.

- Tiene... Tiene que ser cosa de mis padres.

- Que te quieren de vuelta está claro. - Dijo Franky.

Nami asintió con la cabeza

- Deben de estar preocupados... - Dijo Usopp.

- No. Al menos... Dudo que su preocupación sea por mí. - La pelirroja intentaba mantener la calma. No le hacía mucha gracia ponerse como una loca delante de la tripulación. Hablaba lentamente.

- ¿30.000.000 berries por ti y dices que no están preocupados? - Siguió Franky. - Eso supera a varias recompensas de esta tripulación. Es mucho dinero.

Nami miró seria al carpintero.

- Ofrecen esa suma porque tienen eso y más. Y a ellos les interesa que yo vuelva, no cómo pueda estar yo.

Los piratas eran conscientes de que seguramente estaban tocando un tema delicado.

- ¿Pero lo lógico no sería que nos buscasen a nosotros? - Preguntó Usopp. - Quiero decir, estás en nuestro barco. Si nos pillan a nosotros, también te tendrán a ti. Y a nosotros nos conocen.

- Tampoco es lo mismo buscar a seis personas que a una. - Agregó Franky.

- Exacto. - Dijo Usopp.

- Pero eso no tiene por qué ser así. - Nami no podía evitar sonar tan seria. Apretaba la mandíbula y rezaba porque no se le fuese la voz. - Que estoy con vosotros no tienen por qué saberlo.

- Pero... Si saben que asaltamos el castillo.

Nami frunció el ceño. Ellos lo estaban dando por hecho todo eso.

- Esa noche no erais los únicos que pensabais sacarme de allí. Pensaba que lo sabíais. - Nami dirigió una mirada fugaz a Zoro, que estaba con la cabeza gacha. - Pensé... pensé que Zoro os lo habría dicho. Cuando me encontró, yo me estaba escapando.

Los Sombrero de Paja se miraron sorprendidos. La pelirroja continuó.

- No era la primera vez que lo intentaba, pero sí era la primera en la que lo planeé todo bien. Aunque ya en la costa los guardias lograsen haberme visto con vosotros, si la noticia no llegó a mis padres... A juzgar por el cartel... Seguramente ellos piensen que me he fugado y punto. Es más, yo misma me deshice de algún guardia antes de toparme con él. - Nami hizo un movimiento de cabeza en dirección a Zoro. - Pero no los maté. Así que habrán corrido la voz de que yo iba sola por ahí.

- Bueno, si estás en lo cierto, vamos a contar con un poco más de tranquilidad... - Dijo Sanji. - Pero ahí no se acaban nuestros problemas. Una recompensa tan elevada así de repente... Y que ponga 'Only Alive' es poco común, llamará la atención. Por no mencionar que hace unas semanas saliste en el periódico en el cual ponía que eras una princesa. Habrá que llevar cuidado allá a donde vayamos, porque intentarán devolverte a tus padres. Tanto la marina... Como otros no tan agradables.

Nami apretó los puños. Eso la pelirroja ya lo sabía. Irradiando impotencia, Nami hizo pedazos el cartel de 'Se Busca' en un abrir y cerrar de ojos y tiró los trozos de papel al mar. Se dio media vuelta y con la mirada oscurecida, dándoles la espalda al resto, dijo:

- Si me disculpáis... Voy a... Me voy un rato a mi camarote. No me esperéis para comer.

Él único que vio la expresión de la navegante fue el peliverde, que estaba en el suelo detrás de Nami. Ella tenía los ojos llorosos, apretaba la mandíbula y el ceño fruncido. Lo único que le importaba a ella en ese momento era que su voz pareciese normal, a pesar de tener que coger aire cada dos por tres.

Así, Nami emprendió rumbo a su habitación sin mirar a nadie.

Nami no apareció ni para la hora de comer ni para la dela cena. Nadie en el barco había visto danzar su nuca naranja. Sanji le llevó algo de comer a su puerta, pero al ver que horas después los platos seguían intactos decidió dejarlo estar. A la hora de la cena, los chicos no pudieron evitar sacar el tema.

- ¿No va a venir a cenar? - Preguntó Chopper.

- Parece que no. - Contesto Sanji. Ante su respuesta el reno hizo un puchero. - Seguro que mañana ya ha pasado todo. Solo tiene que asimilarlo.

- Y mañana... ¿Qué hacemos? - Preguntó Usopp.

- ¿Cómo que qué hacemos? - Sanji no entendía a qué se refería.

- Sí... Me refiero... ¿Le decimos algo?

- No. Haced como que no ha pasado nada y punto. Si Nami-san ve que nosotros no le damos importancia, ella tampoco se lo dará.

- Si alguien viene a por ella le damos una paliza y punto. - Dijo el capitán. - Si se estaba fugando significa que huía de algo.

- Ahí te doy la razón. - Afirmó Sanji.

- ¿Y por qué se estaría escapando? - Preguntó de nuevo Usopp.

- Eso no nos incumbe. - Contestó el rubio.

- ¿¡Y si mató a alguien y es una asesina!? - Usopp cogió por los hombros a Chopper.

- ¿¡QUÉ?! - Gritó el reno.

- ¡Dejaos de estupideces! - Exclamó Franky mientras se levantaba de su asiento. - Dudo mucho que sea peligrosa, al menos en ese aspecto. Y si en el hipotético caso hubiese matado a alguien, como vosotros decís, seguro que lo hizo por algún motivo. Y como ha dicho Sanji, ese motivo no es asunto nuestro. Lo que importa es que está aquí, así que no metáis el dedo en la llaga. Ya pasará todo.

Franky salió por la puerta ya que había terminado de cenar y poco a poco sus compañeros le imitaron. La habitación quedó casi vacía, excepto por dos personas.

- ¿Y a ti qué te pasa? - Preguntó Sanji a Zoro, mientras el rubio fregaba los platos.

- ¿Tiene que pasarme algo? - Le contestó el peliverde, que seguía sentado en su sitio mientras bebía.

- Estás más callado de lo normal. También bebes más. Y por tu careto se diría que no estás muy contento, aunque eso no es novedad.

- ¿Ahora te fijas en lo que hago o lo que dejo de hacer?

- Tengo ojos en la cara, simplemente.

- Pues al parecer os ha dado a todos por meteros donde no os llaman.

- Eh, que solo he preguntado. No pagues tu mala hostia conmigo que yo paso de llevarme el marrón.

Ambos callaron durante un momento, mientras el espadachín daba un largo trago.

- No me gusta. - Dijo Zoro.

Eso pilló a Sanji por sorpresa.

- ¿Eh? ¿El qué?

Zoro lo miró, serio.

- Ah. - Sanji rio por lo bajo. - Ella.

Zoró aspiró fuertemente.

- Pues yo que pensaba que la situación te hacía gracia. - Le dijo Sanji.

- ¿Hacerme gracia? Los cojones. Igual al principio me parecían curiosas algunas cosas. Pero sinceramente ahora no sé por qué hacemos esto.

- La necesitamos.

- Primero nos costó la vida traerla.

- Es normal. ¿Tú qué habrías hecho?

- Luego le dio la vuelta a todo y, a pesar de que nosotros la 'capturamos', ella puso sus malditas condiciones. Va a salir ganando sí o sí con todo esto. Nos la ha colado como le ha dado la gana.

- ¡Te digo que nos hace falta! Si todo sale bien, nos llevaremos un premio gordo. Y en cierta forma la estamos usando, así que es lógico que ella quiera algo a cambio.

- Claro, tú lo has dicho, si todo sale bien. Porque, tercero, ahora vamos a tener a todo el puto mundo encima nuestro. - El espadachín golpeó la mesa. - ¿Algo a cambio? Nos estamos dejando timar.

- Por favor, sabes perfectamente que si alguien viene a buscarnos a nosotros o a ella, se irán por donde han venido.

- Eso no hace que deje de ser un problema.

- Mira, en su momento tú también aceptaste esto. Ahora cada uno ha de apechugar con sus decisiones.

- ¡Claro, porque pensaba que vosotros tendríais más cabeza y pensaríais las cosas! Pero ahora de repente todos os lleváis estupendamente con ella, todo el santo día jiji jajá.

Sanji, que le había estado dando la espalda a su compañero, se giró y se cruzó de brazos.

- ¿Y tú por qué no te llevas bien con ella?

- Porque no me fio ni un pelo. Punto.

Sanji alzó una ceja.

- No me ha dado razones para confiar en ella, todo lo contrario. Se ha limitado a tocarme los cojones y a pulular a vuestro alrededor como si os conociese de toda la vida.

- ¿Y qué quieres que haga ella? Te recuerdo que nosotros la trajimos hasta aquí.

- Perdona, YO la traje hasta aquí, lo que no fue para nada agradable. Y más tarde ella tuvo la opción de quedarse o de irse. Fue elección suya. No la hemos obligado a nada. - Zoro sonaba muy cabreado. Alzaba la voz de vez en cuando y miraba a Sanji con los ojos entrecerrados.

- ¿Y por qué no te fías de ella? ¿Te da miedo o qué?

- No digas gilipolleces. Es su actitud. Y el hecho de que estuviese huyendo de su propia casa esa noche no me inspira mucha confianza.

- ¿Me lo estás diciendo en serio?

- ¿Por qué, eh? ¿Qué coño había pasado esa noche? ¿Es verdad todo lo que nos ha contado? Porque esa tía ahora duerme bajo nuestro techo. Cada maldita noche que yo he salido, ella estaba en cubierta. Y a las tres de la mañana. ¿Qué coño hace sola a esas horas dando vueltas por el barco? ¿Y si una noche desaparece con todo ese dinero que le habéis dicho que tenemos? ¿Y si está haciendo tiempo mientras lo está buscando?

Sanji suspiró y se encendió un cigarro.

- Que no sepas lo que pasó esa noche no te da derecho a juzgarla. Y lo sabes.

Ambos se mantuvieron la mirada. Zoro suspiró y se pasó una mano por la nuca.

- ¿De verdad crees que es peligrosa?

El peliverde evitó la pregunta no mirando a Sanji a la cara.

- ¿Y qué hacemos? ¿La dejamos tirada en la siguiente isla? - Continuó el rubio.

Zoro miraba la mesa, con la cabeza agachada.

- Sí, eso será lo mejor. - Continuó Sanji. - Total, la encontraran tarde o temprano con el precio que tiene su cabeza. Nos quedaremos con todo lo que traía, incluido el dinero. A cambio cuando la abandonemos le podemos dar una bolsa con trozos de pan.

- Yo no he dicho eso. - La voz de Zoro sonó como un gruñido.

- Mira... Si no te llevas bien con ella, empieza a cambiarlo. Porque nos queda un largo viaje y dudo que ninguno de los dos aguantéis mucho así.

Zoro, harto de la conversación, se levantó bruscamente dispuesto a irse.

- Oye. - La voz del cocinero le detuvo. - Si estás así por lo que te pasó en la isla con ese niño...

Zoro se puso tenso.

- No. - Dijo rápidamente, con voz grave.

Sanji asintió, sin mirar a su compañero. Sabía que era terreno peligroso. Zoro salió de la cocina dando un portazo y Sanji se quedó ahí, plantado. Pensando en la conversación, pero sobre todo en lo que no habían hablado. Eso era lo que más le preocupaba.