No sabéis

Lo que me ha costado

Escribir este capítulo.

Ha sido un proceso larguísimo, pero entre que lo veía muy importante y tenía que quedar lo mejor posible y que no encontraba la inspiración por ningún lado... Y al final ha sido el capítulo más largo hasta la fecha. Espero que os guste porque ha sido un verdadero dolor de cabeza. También advierto que para el siguiente no tengo NI IDEA. Sé cómo seguir la historia, pero mi intención es que el siguiente capítulo sea como de 'transición'... Y eso no me aporta ideas. Así que me armaré de paciencia. Como siempre, espero no haberme salido mucho de las personalidades originales de los personajes.

Lnbc: me alegro muchísimo de que el anterior capítulo de gustase tanto. A decir verdad, creo que es mi favorito. Y eso de que te ha llegado a ayudar personalmente, en fin, qué puedo decir. Gracias.

ChicaOtaku044: Me alegro de que así sea jaja un abrazo y gracias por leer.

Lenna044: Me encanta que te guste mi historia! Cuando escribo, lo hago con cariño. Muchísimas gracias por los cumplidos:)

Al resto de lectores y a los comentarios en anónimo, muchísimas gracias. Espero que este capítulo os guste tanto como los anteriores. Ya casi tiene 2000 lecturas y resulta emocionante. Seguiré actualizando, pero lo dicho, tened paciencia por favor xD Ya veré que me invento en el siguiente para salir del paso. Un abrazo y gracias por leerme. Aquí os dejo el capítulo.


Nami caminaba casi arrastrando los pies. Todo el tema de la pelea, tanto la física con sus asaltantes como la verbal con Zoro, la había agotado. Además, había que sumarle a toda esa situación el calor que no se había ido en ningún momento.

Solo deseaba llegar al barco. Le daba igual el hecho de que sus compras se hubieran reducido a cero gracias a cierto capitán. También le daba igual dónde estuviese Luffy, a decir verdad. Estaba segura de que se las apañaría para volver al igual que lo estaba haciendo ella. Y en cuanto a la información, la pelirroja pensaba que bastante suerte había tenido y que por más que buscase no iba a conseguir descubrir nada nuevo. Y en cuanto a Zoro... También aparecería en algún momento. Después de lo que había pasado no podía permitirse pasar más tiempo en el mismo espacio que él. Necesitaba respirar, y estaba segura que él todavía más.

Tardó alrededor de unos cuarenta minutos en llegar al barco. El bosque que había atravesado con el resto de la tripulación por la mañana ahora se le había hecho mucho más largo, a pesar de que todo el camino estuvo distraída con sus propios pensamientos. Se acordó de Usopp y de sus quejas por los mosquitos, porque a la pelirroja la habían acribillado. Cuando llegó a la playa sintió cierto alivio sin saber por qué. La brisa marina hizo que su piel sudada se sintiera un poco más fresca. Al llegar a la arena decidió descalzarse e ir con los zapatos en la mano hasta el barco.

Cuando sus pies tocaron los tablones de madera del navío se sorprendió de que todo estuviera sumido en un silencio sepulcral, cosa que no era muy usual, como había podido comprobar. Atravesó el césped descalza y fue hacia la cocina. Comprobó que ahí tampoco había rastro ni del cocinero siquiera. Parece que soy la primera en llegar, pensó. Cuando se dio media vuelta para salir de la habitación, Franky apareció de golpe en el umbral de la puerta.

- ¡Nami!

La navegante pegó un bote en el sitio.

- Por Dios Franky qué susto. - Dijo llevándose una mano al pecho, ante lo que el carpintero rio.

- Perdona, he sido bastante silencioso.

Nami le miró divertida. El tío llevaba uno de sus característicos bañadores y una camisa a juego. Unas gafas de sol triangulares adornaban su cara.

- Estaba trabajando en el taller y he subido de casualidad -siguió el peliazul- eres la primera en llegar.

- Lo he supuesto. - Nami continuó con su marcha cansada y salió de la cocina, quedando al lado de Franky.

- ¿Todo bien? - Dijo Franky mientras se levantaba las gafas de sol con el pulgar.

- Sí, sí... Solo necesito desconectar un poco. El calor este me ha terminado causando dolor de cabeza.

Franky asintió. Entonces se percató de algo.

- Oye, ¿y Luffy?

Nami rio sarcásticamente.

- Muy buena pregunta.

La pelirroja comenzó a andar hacia su habitación.

- Típico... ¿Has averiguado algo sobre la isla? - Preguntó Franky animado.

- Sí, -dijo la navegante sin detenerse- Cuando vengan los demás os lo cuento a todos, ¿vale? Os va a gustar.

Franky sonrió.

- Me voy a mi habitación un rato. Cuando lleguen los demás haré acto de presencia. - Dijo Nami, mostrándose un poco más animada.

Franky, más tranquilo, volvió a desaparecer para continuar lo que estaba haciendo. Nami entró a su camarote y cerró la puerta tras ella. Tiró la mochila al suelo y se dejó caer sobre la cama boca abajo. Estaba muerta. Los pies le dolían a horrores y no podía parar de sudar. En ese momento recordó que por culpa de Luffy no se había podido comprar un bañador y a saber cuándo tendría otra oportunidad porque, como se había jurado a sí misma, no iba a volver a poner un pie en esa isla. Es que ni de coña. Estiró el brazo y se abrazó a la almohada. Lo de la cabeza no era mentira, le dolía. Era consciente de que necesitaba una siesta e igual alguna pastilla que Chopper podría proporcionarle, y también sabía que si se terminaba relajando en esa posición terminaría torrándose en menos de cinco minutos. Pero teniendo que darles la charla a todos no quería dormirse ya que a saber cuánto duraba la cabezada y en qué estado se despertaba. Y tampoco es que pudiera relajarse. Realmente agradecía que sus compañeros no hubieran llegado todavía, porque eso significaba todo lo contrario a tranquilidad.

No podía evitar pensar en la bronca que había mantenido con el espadachín. Es cierto que tenían una conversación pendiente, pero, ¿debía terminar así? Si tan solo hubiese tenido el valor de darle las gracias antes, ella no se habría enfadado tanto. La navegante sacudió la cabeza. ¿Pero aunque hubiese estado cabreada, estaba bien lo que había hecho? Pensó que se pasaba la vida enfadada. Y ya no solo les hacía falta tener una conversación sobre el famoso agradecimiento, sino también porque todo lo que habían hecho prácticamente era discutir. Y encima teniendo que convivir. Que terminasen teniendo una pelea gorda de verdad para poner las cartas sobre la mesa era cuestión de tiempo, de eso la pelirroja era consciente. Pero aún así... Ahora le sabía mal, aunque ya era tarde. Estuvo bien que le dijese cuatro cosas bien dichas, pero ciertos comentarios se los podría haber ahorrado. Lo que le había repetido él era cierto, no lo conocía. Y no es que ahora la navegante pensase que Zoro podía ser una bellísima persona, sino que, simplemente, no existía entre ellos la confianza suficiente para que Nami le hubiese hablado así.

- ¡Ahhhg! - Nami se llevó la almohada a la cara para amortiguar el volumen de su grito de rabia.

Si no me hubieses ignorado... Pensó Nami a modo de burla, imitando al espadachín. ¡Pero si estaba enfadada con él, qué iba a hacerle! Si él hubiera cerrado la boca todo habría terminado muchísimo antes y mejor. Nami soltó un suspiro. A quién quería engañar. Si los papeles hubieran sido distintos y hubiese sido Zoro el que le hubiera soltado todo lo que ella había dicho, Nami le habría terminado cruzando la cara para después dejarlo ahí plantado. Y él aguantó. Se conocían de hacía nada y él era un pirata, de la hostia que le podría haber soltado ella habría terminado en el suelo cagada de miedo. Pero no lo hizo. Y las faltas de respeto no habían sido pocas... A demás, de forma indirecta y por culpa del cabreo Nami había tocado el tema de la niña con la que al parecer Zoro estaba un poco trastornado. Igual él no se había dado ni cuenta, pero se supone que Nami no lo sabía. No tenía derecho a usarlo contra él. A insinuarlo siquiera. Ella no era así. Recordó como casi al final de la discusión ya ni pensaba lo que decía, solo soltaba palabras por su boca que sabía que igual podían tener algún efecto en él. No fue hasta que él la llamó por su nombre y de esa forma que Nami se dio cuenta de las burradas que estaba diciendo y se calló. No tenía derecho. No tenía derecho. Y no es que no lo pensase. A diferencia de él, Nami no había mentido en ningún momento. Encima eso, intentando mentir. Es que tenía todas las papeletas... Pero sus problemas personales no eran asunto suyo. Al menos esperaba que lo último que le dijo cuando ya no estaba como una histérica le hubiese servido para algo, para pensar al menos. Porque se notaba que él tenía problemas y Nami sabía que no iba desencaminada con lo que había dicho. Nami, déjalo ya. No es de tu incumbencia.

Y ahora se encontraba en esa situación por su mal genio, por ser una bocazas y por ser una metomentodo. Tendría que verlo todos los días mínimo tres veces para comer, y sería cuestión de tiempo que el resto de la tripulación comenzase a notar que pasaba algo. Dudaba que el espadachín fuese bueno en disimular. Sería realmente incómodo para todo el mundo... Y si volvían a discutir...

No. Ella también estaba harta. Parecían dos críos pequeños. Comenzó a mentalizarse de que tendría que hablar con él en algún momento. Ya no para llevarse bien, sino para no llevarse mal. No tenían que llevarse de ninguna forma. La verdad es que Nami no sabía ni si quería llevarse bien con él. Todo esto le estaba tocando mucho las narices, a pesar de que la que la había liado esta vez había sido ella. Tenía que solucionarlo de alguna forma tanto por ella como para el resto de la tripulación, porque ellos no se merecían pasar por todo esto. Pero, ¿qué iba a hacer? Oye, perdona por haber sido una gilipollas. Pero que sepas que no te pido disculpas por ti. Es porque estoy hasta los cojones de esta situación. Ni de broma. A veces Nami se sorprendía de que podía hablar realmente mal aun viniendo de la familia de la que venía. Su sinceridad debía tener un límite. Y es que si al parecer él ya tenía problemas internos con ella sin ninguna razón aparente, de los cuales Nami no entendía su existencia, pues ahora a saber lo que pensaba el espadachín. Ahora sí que le había dado motivos para que la odiase pero bien. Ella lo haría, vamos. No debía olvidar tampoco que, a pesar de todo, había ido a ayudarla. Con la excusa que fuera, pero había aparecido allí. Le soltó que no tenía por qué haber ido porque se las podría haber apañado sola, pero ahora pensándolo en frio agradeció haber tenido ayuda por lo que pudiera haber pasado. Evitó que le atravesaran la cabeza de un balazo. El riesgo para él no fue el mismo que cuando ella se tiró al mar, pero supuso que estaban en paz. De cierta forma.

Lo mejor sería olvidarse de todo eso, porque cada vez que pensaba en el temita de lo infantil que había sido Zoro por orgullo se volvía a cabrear, y es que no podía seguir cabreada porque no iba a conseguir nada. En cuanto al qué le iba a decir... Pues dadas las circunstancias, lo que salga en el momento. Se disculparía y punto. Si él quería aceptar sus disculpas, bien. Si no, también. Si él quería continuar la conversación, de lujo. Si no, pues nada. No estaba de humor para ir detrás de nadie, la culpa de todo esto no era solo suya. Ciertamente, no sabría decir quién de los dos sería más orgulloso en esa situación.

Y se acordó de que estaba lejos de su 'casa', si se le podía llamar así. Ojalá estuviese Lola con ella. Seguro que la ayudaba de alguna forma. En lo que a socializar se refiere siempre ha sido un poco su salvadora. Seguramente Lola le diría que no hiciese una montaña y que si de verdad se sentía culpable debía disculparse con él, pero no era tan fácil. Deseaba poder darle un abrazo y desahogarse, escribirle. Y cuando Nami marchó acordaron ponerse en contacto, pero ahora no pensaba que fuese una buena idea. ¿Y si la carta llegaba a manos de sus padres? ¿O a manos de... ? La pelirroja negó ligeramente con la cabeza. Debía aguantarse. Le daba rabia admitir que todas esas personas le provocasen cierto temor. Y no por ella, sino por su amiga. Cuanto menos conectadas estuvieran la una con la otra, mejor les iba a ir. Sobre todo a Lola, ya que ella no pudo salir de allí, y no porque no quisiera. Nami se lo ofreció, casi se lo pidió. Pero no pudo ser.

Nami se quedó con la mirada fija en la pared de su camarote, con la respiración relajada. Si tan solo pudiera descansar un rato, diez minutos... Y cuando por fin los párpados comenzaban a pesarle y consiguió desconectar por unos cortos segundos, un ruido lejano pero estridente le hizo abrirlos de nuevo. Se escuchaban voces y follón en el exterior. La voz de Luffy se alzaba por encima de las demás, lo que quería decir para el alivio de la navegante que había llegado sano y salvo. La pelirroja se sentó en la cama lentamente, no quería salir de ahí. En su camarote no tenía que dar la cara frente a nadie. No quería encontrarse con el espadachín tan pronto, no estaba preparada para soltar una palabra. Le daba vergüenza. ¿Y si él se lo contaba al resto de la tripulación? Todos le iban a coger asco... Bueno, la verdad es que no parece ese tipo de persona, pensó. Ni del tipo de persona que se iba quejando a sus compañeros por problemas propios ni del que contaría algo como lo que había ocurrido entre ellos. Lo más probable es que él también estuviese avergonzado, era humano después de todo.

- Agh, así no voy a solucionar nada – Se dijo así misma en voz alta.

Se puso de pie mientras se daba unas palmadas en la cara para espabilarse. Debía enfrentarse a sus problemas y no hacer un drama. Después de todo, también tenía noticias que contar. Salió y fue con paso firme y seguridad fingida a la cocina, donde parecía que provenían las voces.

-¡Nami! - Gritó animado el capitán en cuanto la vio. - ¿Ves, Sanji? No le ha pasado nada.

La pelirroja no se sorprendió lo más mínimo al ver que, aun acabando de llegar, ya estaban armando escándalo. Nami echó una visual rápidamente y comprobó para su alivio que no había ni rastro del peliverde. El resto estaban en medio de una clase de discusión.

Sanji le arreó un golpe en la nuca a Luffy.

- ¡Pero serás mamón! ¿¡Cómo se te ocurre marcharte y dejarla sola después de haberte enumerado las razones por las que no debías hacerlo!?

- Pero es que... - intentó seguir Luffy.

- ¡Podría haber ocurrido algo! ¿Y si alguien llega a ir tras ella y tú no estás, eh? - Seguió Usopp.

Nami arrugó las cejas. Si yo te contara, pensó.

- ¡Pero que tuve que...! - Dijo el capitán entre los gritos de sus nakamas.

- Eh, chicos. - Nami trató de calmar la situación- que no ha habido ningún problema, estoy bien.

La pura verdad era que a Nami sí que le había fastidiado que Luffy se diese a la fuga. En parte porque si no se hubiese ido, nada relacionado con Zoro hubiera ocurrido. No le hacía mucha ilusión mentirles a la cara, pero no le apetecía nada contar la historieta de la pelea. Y no se refería a la que había mantenido con sus asaltantes.

- ¿Veis? - Dijo Luffy con una sonrisa.

- Tranquila, Namicilla, que ya nos encargamos nosotros de este zoquete - Sanji habló con una voz cantarina para luego volver a dirigirse a su capitán con gruñidos- ¡Eres un irresponsable!

- ¡Lo dices como si Nami no supiera defenderse!

Eso hizo que se llevase otro golpe.

- ¡Esa no es la cuestión del asunto! - Soltó el rubio.

Franky estaba apoyado en la encimera abanicándose con un papel mientras contemplaba la escena, entretenido. Chopper estaba sentado en el sofá y también les observaba, pero, en cambio, su cara no denotaba diversión alguna. Nami, cansada, fue a sentarse en la silla que tenía más cerca. Se apoyó en la mesa, sujetándose la cabeza con la mano. Su aportación le había parecido suficiente y no le apetecía entrar al trapo, su cabeza estaba en otra parte.

Luffy soltó un grito y se desprendió del agarre de Sanji y de Usopp.

- ¡Os digo que tuve que irme por una buena razón!

El capitán alargó el brazo y alcanzó una mochila que estaba junto a la puerta de la cocina, de la cual Nami no se había percatado, para después abrirla y dejar caer su interior en la mesa de la cocina, dejando al resto con los ojos como platos. La pelirroja, que acababa de sentarse, se levantó a la velocidad de un rayo tras quedarse atónita.

- Pero... ¿Pero qué...?

Solo se escuchaban papeles caer. La mesa que segundos antes había estado impoluta ahora se encontraba hasta arriba de carteles desperdigados con la cara de Nami estampada en ellos. Muchos también habían caído al suelo, dejando la habitación a rebosar. Luffy los miraba satisfecho.

- ¿Esta era la razón? - Preguntó Franky, mirando el estropicio por encima de las gafas de sol.

Luffy asintió enérgicamente repetidas veces. Nami no daba crédito.

- Nada más llegar nos encontramos un cartel y Nami ya se puso nerviosa. Ella cogió y lo rompió y me dijo que si veía más carteles que me deshiciese de ellos. Lo que pasa es que en el lugar en el que estábamos no había ninguno y fue girar una esquina y las paredes estaban empapeladas hasta arriba. Eran un montón como para romperlos o tirarlos por ahí, así que pillé prestada una mochila y los fui guardando. - Luffy se dejó caer en una silla con la lengua fuera. - Me ha llevado toda la tarde. No se acababan. Para cuando terminé me encontré con Chopper que también iba solo.

- Pues al final sí que vas a ser útil... - Dijo Franky riendo.

- ¡Lo que me molesta es que no he podido explorar nada! Ha sido un coñazo. Pensaba que me llevaría menos tiempo.

- Con que una mochila 'prestada', ¿eh? - Agregó Sanji, mirando de reojo al capitán. Este soltó una risilla.

- Así que te habías ido por eso... - Dijo Nami, pensando en voz alta.

Luffy asintió.

- Vaya... Luffy, gracias. Gracias.

- ¡De nada! - Dijo el moreno con una gran sonrisa. Dicho eso, miró al resto de sus compañeros inocentemente. - Lo he hecho bien, ¿no? ¿Entonces puedo volver a la ciudad para hacer turismo?

Usopp suspiró y miró por el rabillo del ojo a su capitán.

- Como si te fueses a conformar con hacer simple turismo… ¡Solo, ni de broma!

Luffy hizo un puchero y dejó caer la cabeza sobre la mesa, dándose un pequeño golpe en la frente.

- Tranquilo Luffy – dijo Franky- yo también me he quedado con ganas de dar una vuelta por ahí. Si quieres mañana voy contigo.

- ¡SÍ! - El moreno dio un salto eufórico con los brazos en alto y volvió a ser el mismo.

Sanji se encendió un cigarro mientras hablaba.

- Pero menudo estrés... Que sepas que esta vez te has librado porque has tenido suerte.

- Vale, vale... - Luffy se puso a jugar con su sombrero sin darle importancia al comentario del cocinero.

- Oye pero…¿No os parece un poco exagerado? - Preguntó Franky.

Se hizo un ligero silencio que Nami rompió.

- ¿Te refieres a los carteles?

Franky asintió.

- La verdad es que no me gusta nada. Mira que hemos estado en muchas islas que podrían considerarse centros de actividades de este tipo… Ciudades y pueblos que no podrían seguir adelante si no fuera por los barcos que atracan por varios días al pasar por allí. Eso incluye tanto a los piratas como a la marina. Pero es que ni en ese tipo de lugares y con los piratas más buscados en la foto hemos visto tal número de carteles de una misma persona en un mismo sitio -Contestó el rubio - ¿Y dices que has estado toda la tarde?

Luffy asintió.

- ¡Estaban hasta en las azoteas de los edificios! Y no es que hubieran uno o dos, sino que las pareces estaban forradas, literalmente. Deberíais haberlo visto. ¡A Nami le hubiese dado un infarto!

Nami en ese momento no pudo evitar tener flashbacks de sus padres. No se atrevía a decirlo en voz alta por si era verdad, pero la idea de que todo ese numerazo de los carteles hubiese tenido algo que ver con su familia le ponía los pelos de punta. No quería pensar siquiera en la posibilidad de que sus padres supieran a dónde se dirigían ni que podían tener los controlados de esa manera… Pero de otra forma no le veía sentido a lo que estaba pasando.

- A Nami y a cualquiera de nosotros excepto a ti… Oye y... ¿Con todo esto qué hacemos? - Preguntó Usopp señalando el montón inmenso de papeles.

- Pues deshacernos de ellos. - Dijo Franky- Yo me encargo de eso. De momento podríamos despejar la mesa y apilarlos. Nami nos tiene que contar cosas.

Ah. A la pelirroja casi se le había olvidado el motivo por el que había ido a la cocina.

- ¿El qué? - Preguntó Chopper mientras todos comenzaban a moverse para limpiar.

- He descubierto cosas interesantes sobre la isla. – Respondió ella con un montón de papeles en el brazo.

- ¿¡QUÉ!? -El capitán dio un brinco y volvió a tirar los pocos papeles que ya había recogido- ¿¡Has descubierto cosas!? ¿¡Muchas cosas!? ¿¡Qué cosas!? ¡NAMI DILO YA!

- ¡Cuando recojamos y nos sentemos todos os lo cuento!

- Pero no estamos todos, falta Zoro - Dijo Chopper.

Sanji, que estaba agachado junto a Nami cogiendo papeles del suelo, notó cómo la pelirroja se tensó levemente.

- ¡Pues se lo contamos luego! - Soltó Luffy.

- ¿No lo vamos a esperar? - Chopper hizo un puchero.

Mientras el resto comenzaban a hablar todos a la vez alzando cada vez más la voz, Sanji se dirigió a Nami en voz baja.

- ¿Va todo bien, Nami-san?

Nami no se esperaba la pregunta, ni siquiera la escuchó bien, por lo que tardó un poco en procesarla. Se quedó mirando al rubio con la boca entreabierta.

- Sí... Sí. ¿Por qué?

Sanji analizó su gesto durante unos segundos. La actuación había sido penosa. Exhaló el humo del cigarro y, sin contestar a la pregunta de la navegante, se levantó y se dirigió al resto.

- ¡Chopper! ¿Dónde está?

- ¿Quién?

- ¿Quién va a ser? El marimo.

- Ah... Pues... Me dijo que se iba a dar una vuelta. Le perdí de vista un par de horas antes de encontrarme con Luffy y volver al barco.

- Bueno, pues ya vendrá. Le conocemos, igual aparece en diez minutos que mañana. Ya le haremos un resumen, dudo que le importe. De todas formas se lo tiene merecido por terminar haciendo lo que le da la gana. - Mientras Sanji decía esto, no pudo evitar mirar de reojo a Nami que seguía de rodillas en el suelo agrupando carteles mucho más lentamente que antes. Miraba a un punto fijo.

Tardaron varios minutos en recoger el estropicio que había causado el capitán y apilar los carteles en la encimera de la cocina. Cuando eso estuvo hecho, Sanji preparó té con hielo para todos y se sentaron en la mesa. Todos miraban a la pelirroja con ansias. Ésta se aclaró la garganta antes de comenzar.

- Bueno... Pf... Realmente es un poco confuso todo. Luffy y yo estuvimos dando vueltas como tontos por todos lados pero no encontramos nada. Pregunté a personas, investigamos por las calles... Incluso entré a alguna biblioteca para ver si había indicios de la existencia de algún tipo de información sobre la dichosa isla... Pero nada.

- Eso nos ha pasado a todos. - Dijo Chopper- Lo estábamos comentando mientras Luffy y Sanji discutían...

- ¿Os habéis llegado a alejar del centro? - Preguntó Nami.

- No realmente. - Contestó Usopp mientras el resto negaban con la cabeza.

- Pues Luffy y yo sí. Y la verdad es que no me importaría no volver por allí... En el centro todo era muy colorido, mucha gente con niños corriendo por ahí, plantas, ambiente animado... Olía bien, estaba todo limpio... Pero cuando empezamos a callejear, llegó un momento en el que todo había cambiado sin darme cuenta. Era todo gris, hasta el cielo creo recordar. Parecía como si la mayoría de edificios estuviesen abandonados... Y olor era nefasto. Igual por eso no había a penas gente, no lo sé. Pero daba asco. Parecía un barrio de mala muerte, como una ciudad totalmente distinta. Y obviamente por ahí no había ni bares, ni tiendas, ni bibliotecas ni leches. Nada. Realmente no sé por qué terminé queriendo ir allí.

Hizo una parada al ver que por vaso de cristal que tenía delante resbalaban gotitas hasta llegar a la mesa debido a lo fría que estaba la bebida. Se le secó la garganta de repente y le dio un pequeño trago. Estaba ácido.

- Cuando ya estábamos a punto de volver, a Luffy le llamó la atención una tienda, si se puede llamar así. No me preguntéis de qué era la tienda porque no me quedó claro. Había cosas muy extrañas y que daban mucho asco. A Luffy le encantó y se quedó empanado en el cristal. La tienda se llamaba La Guarida. Creo que todo el conjunto me pareció curioso... A pesar de que todo tenía pinta de no haberse limpiado en años, incluido el cristal. En la puerta ponía que estaba abierta y entré. Le dije a Luffy que me esperase fuera y no le volví a ver el pelo. Cuando salí ya no estaba ahí.

Todos miraron de reojo a Luffy mientras él intentaba evitar el contacto visual con ellos. Nami suspiró.

- La tienda resultó ser de una abuela un tanto pedante y muy rara. O bueno, no sé si era suya. La cosa es que apareció de repente y me dio un susto de muerte. Lo primero que me soltó era que sabía leer el futuro, y obviamente pensé que me estaba tomando el pelo. Hasta que dijo mi nombre sin yo habérselo dicho.

- Qué -a Usopp se le erizó el pelo de la nuca con solo imaginárselo.

- La vieja esa... Supo cómo me llamaba.

- ¿Pero qué narices? ¿Qué me estas contando? - Usopp estaba empezando a hiperventilar- Están todos pinzados. Yo no vuelvo.

- A ver... - Le interrumpió Franky- No olvidemos que tu cara con tu nombre debajo estaba por todas partes, prácticamente. Igual la mujer lo había visto y te reconoció. A lo mejor solo quería reírse un rato porque estaba aburrida.

- Ah... Claro. Claro. Tiene que ser eso. ¿Cómo va a leer el futuro? Eso no se puede hacer, hombre – Dijo Usopp con una risa nerviosa sin poder quedarse quieto en la silla.

- Sí, puede ser. - Siguió la pelirroja- Luego me soltó que sabía que iba por la isla Tsumeniko.

Usopp, blanco, se quedó sin poder pestañear. En realidad, todos estaban igual.

- ¿¡En serio!? Ala pero cómo mola la abuela esa, ¿no? ¡Quiero conocerla! - A Luffy, en cambio, los ojos se le salían de las órbitas.

- Pues sí que se pone interesante la cosa... - Sanji no podía evitar que una sonrisa asomase por las comisuras de sus labios.

- Yo... Me quedé blanca. Pero claro, llegué a la conclusión de que si alguien en ese sitio iba a ser capaz de decirme algo útil iba a ser esa señora. Así que comenzamos a hablar. Para empezar me dijo que no debíamos ir, ninguno. Dice que si vamos, no nos vuelven a ver el pelo.

Al escuchar esto, Usopp reaccionó.

- Pues mira qué bien. Oye, pues parece que la mujer es sabia y maja, ¿no? Y digo yo... ¿Y si le hacemos caso?

Chopper no pude evitar reírse. Esa fue toda la atención que recibió su comentario.

- Tras insistirle más y usar un poco de chantaje emocional, me habló del tesoro a regañadientes. Parece que, efectivamente, existe. - Esto último la pelirroja lo dijo con una sonrisa que llegaba a ser maliciosa.

Ese comentario sí que recibió algún grito de alegría.

- ¡Lo sabía! ¿Y qué es Nami? ¿Le preguntaste qué era? ¿Es dinero? ¿Un animal raro? ¿Mucha comida?

El capitán no cabía en sí de la emoción.

- No me preguntes porque no lo sé. No me dijo nada más. Solo que el tesoro, sea lo que sea, está allí. Eso y que no nos fiemos ni un pelo. También me dijo que con el mapa todo nos tendría que resultar mucho más fácil.

- Vaya por Dios... - Murmuró Usopp.

- ¡Usopp, deja de quejarte, anda! - Soltó Luffy sin poder aguantarse la risa.

- Ahora que me acuerdo... Mencionó a alguien... Starcon... Tarson... Creo que era Saltorn. Algo así. No sé quién es, pero me dio a entender de que podría sernos útil. Y citó una frase algo peculiar. La dijo con cierto ahínco, así que la apunté porque supuse que podría ser importante.

Nami rebuscó en los bolsillos de sus pantalones hasta dar con un trozo de papel que estaba doblado por la mitad y lo dejó en la mesa. Sanji lo cogió y lo desdobló para leer su interior en voz alta.

- 'El calor lo despierta todo'… ¿Qué quiere decir?

La navegante se encogió de hombros.

- No tengo ni idea. La verdad es que la vieja terminó siendo un dolor de cabeza. - Dijo resoplando. - Y encima luego se empeñó en leerme las cartas.

Al recordar lo que le había terminado diciendo la abuela con el tema de la adivinación se tensó en la silla e inmediatamente se arrepintió de haber sacado el tema.

- ¿En serio? ¿Y te leyó el futuro? - Preguntó Usopp.

- No. - Mintió Nami rápidamente sin pensar. Se aclaró la garganta- No creo en esas cosas. Y bueno, así termina la historia.

- Pues sí que has descubierto cosas. - Dijo Franky.

- Es que Namicilla es muy lista y astuta. - Contestó Sanji emocionado.

- Ha sido suerte. - De un trago se terminó la bebida- En fin, estoy muerta. Si alguien me necesita estaré en mi camarote.

Dicho esto, salió de la cocina huyendo para volver al espacio seguro que formaban las cuatro paredes de su habitación. Cerró la puerta y se volvió a tirar en la cama para encontrar el sueño tan rápidamente que no tuvo tiempo de volver a darle vueltas al problema que tarde o temprano tendría que afrontar.


Zoro apareció en el barco casi al anochecer. En un principio no pensaba volver tan tarde, pero algo le impidió mover los pies hacia el mar. En su lugar, volvió a aparecer por algunos bares para casi a penas beber. También estuvo deambulando por las calles sin un rumbo fijo. Decidió volver cuando parecía que la cabeza le iba a estallar de todo lo que había estado reflexionando. Temía perder los nervios y notaba la necesidad creciente de hacer pesas en el gimnasio para desfogarse. Y el camino hacia el barco lo realizó a la perfección. Cuando lo vio anclado al mar él mismo se sorprendió al no haberse perdido, y precisamente ese día no le hubiese importado llegar todavía más tarde.

Zoro llegó a un punto en el que no sabía cómo se sentía. No sabía si estaba cabreado, con ganas de romper cosas, no sabía si tenía ganas de gritar o de callar. No sabía si quería llegar o simplemente dar media vuelta. No sabía si tenía ganas de abofetear a Nami o si no quería mirarla siquiera. Tampoco sabía si prefería dar o recibir una disculpa. Pero prefiriéndolo o no, le jodía en el alma que con ella todo estaba patas arriba en casi todos los aspectos y que, respecto a él, había dado en el clavo en prácticamente todo. Lo había leído de arriba abajo como le había dado la gana y con una facilidad inaudita. Y sí, la había utilizado para sentirse mejor consigo mismo e intentar enmendar un error que tenía fácil solución. Lo que pasa es que Zoro en temas sociales se consideraba un incompetente en algunos aspectos, así que la había cagado desde un principio. Solo tenía que hacer una maldita cosa y era dar las gracias y encima lo había hecho como el culo. Ahora se daba cuenta de que no había servido de nada. Y había mentido y, para variar, Nami también había notado eso. Se había lucido de lo lindo. ¿Pero es que acaso haberla ayudado con esos tíos tampoco había servido de nada? Ella tampoco sabía ser considerada al parecer.

Ahora tenía claro que tenía ganas de gritar y lo hizo antes de llegar al barco. No le ayudó en nada. ¿Y quién se creía ella? ¿Estaba tratando de hacer el papel de terapeuta o qué? ¿Es que acaso tenía escrito en la frente que la gente podía reírse de él de cualquier manera? Sus problemas eran asunto suyo y de nadie más, joder. ¡E incluso había llegado a amenazarle con el dedo! ¿Es que ya no se acordaba que estaba en un barco con unos piratas? ¿¡Y que él era uno de ellos!? ¡Y PODRÍA HABERSE QUEDADO EN EL BAR BEBIENDO TRANQUILAMENTE EN LUGAR DE IR A AYUDARLA Y DEJAR QUE HICIERAN CON ELLA LO QUE LES DIERA LA GANA, PORQUE NO DEJABA DE SER UN GRANO EN EL CULO!

- Tch. -Zoro chistó la lengua.

Ya, claro, sigue pensando eso. A quién quiero engañar, se dijo a sí mismo. Tampoco es que ella no supiese defenderse, lo había dejado claro alguna que otra vez. A fin de cuentas Zoro le dio la opción de largarse y ella se quedó a pelear, pero vaya que menudo recibimiento. Tampoco se esperaba que las palabras de la pelirroja calasen tanto en él como para no poder terminar la conversación sabiendo que él no llevaba la razón. Eso hubiese dejar que la navegante ganase y ser un cobarde, y antes muerto. Pero total, la función de esa conversación era dejar el tema ZANJADO, y para nada había sido así. Ahora estaban peor que antes, si eso era posible. Y lo cierto es que no tenía ningunas ganas ni de hablar ni de verla, porque ya no era capaz de imaginarse cómo podría acabar una nueva conversación. De verdad que le había sacado de quicio, y el hecho de haber estado toda la maldita tarde dándole vueltas al tema (ya no a la discusión en sí, sino en muchas de las cosas que había dicho Nami) le había irritado y provocado todavía más. Nami no le había puesto una mano encima, pero con ciertas cosas que había soltado por esa bocaza que Zoro se negaba a repetirse, había conseguido darle varios golpes bien fuertes. Hasta le había insultado, joder. Estaba al borde de un ataque de nervios. Solo quería llegar, desfogarse y dormir. No quería nada más.

Cuando llegó al barco no había nadie en cubierta. Supuso que estarían por ahí haciendo el ganso. Y lo agradeció hasta la saciedad, porque estaba cansado y sin ganas de hablar. No tenía el cuerpo para fiestas. Por cómo estaba el cielo también dedujo que Sanji estaría haciendo la cena. Y, efectivamente, las luces de la cocina estaban encendidas. Obviamente no iba a entrar. El rubio era otro que tenía el bonito don de tocarle la moral y casi siempre adivinaba lo que estaba pensando. Prefería estar solo. A demás, a saber si Nami había comentado algo a alguno del barco. Eso ya sería el colmo. Por su propio bien Zoro rogó porque la pelirroja no lo hubiese hecho ya que todos se abalanzarían sobre él.

Zoro notó la misma desgracia caerle sobre los hombros al escuchar la voz de Sanji detrás suyo mientras iba de camino al ojo del cuervo.

- Hombre pero si el marimo se ha dignado a aparecer.

Zoro se detuvo y se giró en el sitio con cara de irritación y vio a su nakama a varios metros, junto a la puerta de la cocina. Llevaba una botella de vino en la mano.

- Cállate. Pensaba que estarías ocupado con tus cosas.

- Así es. Pero he ido a por esto – dijo el rubio mientras agitaba ligeramente la botella de cristal.

- Qué casualidad.

Zoro volvió a girarse y siguió caminando por el césped para procurar que la conversación no se hiciese más larga, pero Sanji volvió a hablar.

- ¿Y qué tal tu excursión?

Zoro se volvió aún más de los nervios.

- ¿¡Desde cuándo te importa lo que haga o deje de hacer!?

Zoro cerró la boca al ver que el cocinero le miraba fijamente con el gesto muy serio y el ceño fruncido. El espadachín resopló.

- Venga... Tenía que venir a joder ahora... -murmuró el peliverde. - A ver, ¿qué pasa?

Sanji se cruzó de brazos.

- Eso te lo debería preguntar yo a ti, ¿qué coño pasa?

Zoro sintió cómo estaba siendo atacado.

- ¡Oye, a mí no me mires así que yo no he hecho nada!

- Y yo no digo que hayas hecho algo.

- Pues ya está.

- Sólo pregunto que qué pasa.

- ¿¡Te parece que pase algo!?

Sanji se llevó la mano a las sienes.

- Me estás sacando de quicio con tanta tontería...

- ¡Pues te pasa por meterte donde no te llaman!

- Serás estúpido... No le has dado las gracias, ¿verdad?

- ¿¡Uh!? ¡Esa tía está loca! ¿Queda claro?

- TE ESTÁS COMPORTANDO COMO UN CRÍO, ¿LO SABÍAS?

- ¿¡PERO ES QUE OS HABÉIS PUESTO TODOS EN MI CONTRA O QUÉ!? ESTOY HASTA LAS NARICES.

Tras esa salida tan explosiva Sanji dedujo que no iba muy desencaminado. Cuando pasaron unos segundos con Zoro teniendo que aguantar la mirada acusatoria de Sanji, sintió la necesidad de hablar.

- Y sí que lo he hecho.

Sanji se armó de paciencia. Era como hablar con una pared.

- ¿Entonces qué le pasa a Nami-san?

- ¿¡Se supone que lo tengo que saber yo!? ¡El pervertido aquí eres tú, cocinerucho!

- Deja de hacerte el tonto de una vez, marimo, que se te da de lujo.

Zoro abrió la boca para responder pero se arrepintió y la volvió a cerrar. Sanji alzó las cejas del asombro porque él consideraba que el espadachín no era de los que pensaban antes de hablar.

- Sabes lo que le pasa, ¿verdad? - Sanji trató de insistir, pero no consiguió sacarle nada.

Zoro se limitó a mirar a un punto en la pared que había detrás de Sanji y mantener una expresión facial neutra.

- Sea lo que sea, arréglalo. Porque esta situación ya roza lo absurdo.

A Zoro se le crisparon los pelos de la nuca por el rebote que le había entrado debido a su comentario.

- ¿PERO TE CREES QUE NO LO SÉ? - el peliverde dio media vuelta y comenzó a ascender entre murmuros al puesto de vigía- Cocinero de mierda, se cree que soy gilipollas...

Sanji se quedó unos segundos viéndole marchar refunfuñando.

- ¡Marimo, que sepas que hoy te toca vigilar!

- ¿¡Es que solo has aparecido para tocar las narices o qué!?

Sanji negaba con la cabeza viendo a su compañero reaccionar y él también reanudó su marcha. Cuando abrió la puerta de la cocina y tras comprobar que no había nadie en su interior se quedó pensativo en el umbral. Divisó a Zoro. Aún estaba subiendo y le dijo en un tono alto para que su compañero le pudiera escuchar:

- Que sepas que Nami-san ha conseguido información. Luego te mando a Luffy y que te lo cuente.

No recibió respuesta alguna, pero supo que Zoro le había oído. Se limitó a entrar a la cocina y terminar de hacer la cena.


Mierda. Fue lo primero que pensó Nami al oír la voz de Chopper al otro lado de la puerta de su habitación.

- Nami, ¿estás despierta?

La navegante se encontraba todavía en la cama y el reno la había despertado. Cuando abrió los ojos vio que en su camarote ya no entraba luz solar y que todo estaba muy oscuro. Se había hecho de noche. Lo que en principio iba a ser una corta siesta terminó convertido en 'dormir toda la tarde'. Se levantó todo lo rápido que pudo y le abrió la puerta al reno. Éste se sorprendió de verla con la cara hinchada y toda despeinada. En la mejilla derecha tenía la marca de las sábanas.

- ¡Perdona, no sabía que estabas durmiendo!

- ¡No, no, no! Tranquilo. Si has hecho bien... He dormido demasiado. No estaba planeado – dijo la pelirroja con una pequeña sonrisa.

- En realidad me ha mandado Sanji. Como no has aparecido, me ha pedido que te avisase para ir a cenar.

- Gracias... Señor, soy un desastre – se llevó una mano a la frente- Voy en un minuto, ¿vale?

Chopper asintió con una sonrisa y se fue por donde había venido. Nami se quitó la camiseta sudada que había estado llevando todo el día, se puso una de tirantes blanca en su lugar y fue al baño a asearse un poco. Tardó lo que había dicho, pues no quería hacer que su cena se enfriase cuando se tomaban tantas molestias por ella. Mientras estaba en el baño se percató al mirarse la mano que había tenido dolorida que ya estaba perfectamente. Hoy había luchado y todo y no se había dado ni se había acordado de que la tenía delicada. Tendría que darle las gracias a Chopper de alguna forma.

La navegante entró a la cocina con cierto temor por si Zoro estaba dentro. Lo hizo tan disimuladamente que hasta Sanji tardó en darse cuenta de que la pelirroja ya les acompañaba. Estaban sentados en la mesa armando follón como de costumbre: luffy gritando con sus brazos de un lado a otro, Franky riéndose muy alto con Usopp, Chopper quejándose de Luffy y comiendo rápidamente, Sanji intentando hacerse oír por encima de todos ellos... En el sitio de Nami estaba su cena ya puesta en un plato con los cubiertos, esperándola. Pero no había ni rastro del espadachín. Su sitio era el de enfrente de ella normalmente para comer y estaba vacío. Y a diferencia del de ella, en su sitio no había ninguna clase de cena esperándolo. ¿Es que todavía no ha vuelto?

- ¡Nami-san! ¿Cómo es que estás tan guapa recién levantada? - Le dijo Sanji yendo de un salto a su encuentro.

- Perdona Sanji, me he dormido completamente... - la navegante estaba hasta algo colorada. Le daba vergüenza la situación. En su casa nunca le pasaban esas cosas.

Sanji se rio y volvió a su sitio y la navegante le imitó.

- Nami, que sepas que he estado defendiendo tu plato de este –dijo Usopp señalando al capitán.

Nami le devolvió una sonrisa.

- Si toca su comida le dejo sin comer mañana -dijo el cocinero.

La verdad es que Nami no tenía hambre, comió por respeto hacia Sanji. No sabía que prefería pensar: que a lo mejor Zoro aún no había vuelto por su culpa o que podía atravesar la puerta en cualquier momento y sentarse frente a ella. Tampoco prestaba atención a lo que estaban hablando en la mesa y por lo tanto no se enteró de que Franky la estaba llamando.

- Nami.

Ella seguía comiendo.

- Nami.

Sanji prefirió hacer como que no se daba cuenta de nada. Simplemente sus ganas de matar al espadachín a patadas aumentaban por segundos.

- ¡Nami!

- Dime –dijo reaccionando al fin.

- ¿Estás bien? Te he llamado tres veces y no te enterabas.

- ¿Ah, si? -ni se había enterado- Eh... Estaré aún atontada de la siesta. He dormido demasiado –una risilla nerviosa se le quedó atascada en la garganta debido a la mirada interrogante del peliazul.

- Tú no vas a querer volver a la isla, ¿verdad?

- No. La verdad es que no. ¿Por?

- Definitivamente Luffy y yo vamos a ir y Luffy nos ha dicho que al final no habéis comprado nada. Si querías comprar algo lo podemos hacer por ti y te lo traemos.

- Ah, pues... Estoy segura de que había algo, pero ahora mismo no caigo... Si os parece, mañana por la mañana os lo digo.

- Sin problema.

Nami terminó de cenar rápidamente para poder salir de allí lo antes posible por lo que pudiera pasar. Se enfrentaría a sus problemas al día siguiente. Al levantarse y hacer ademán de recoger su plato, vaso y cubiertos Sanji la detuvo.

- Tranquila, Nami-san. Ya lo recojo yo.

- No me cuesta nada.

Nami le dedicó una sonrisa de medio lado al rubio, quien terminó con corazones en los ojos, y se despidió del resto para darse una ducha rápida e irse a la cama.

Ese era su plan, irse a la cama. Pero gracias a su accidental siesta le era imposible, llevaba dos horas dando vueltas en la cama con los ojos como platos. Su orgullo tampoco le permitía admitir que tenía otros motivos por los que no podía dormir. Estaba espatarrada boca arriba con una camiseta de tirantes muy holgada y sin pantalones, porque en esa habitación hacía siempre mucho calor por las noches, aunque afuera la brisa marina era realmente gélida a pesar de tratarse de una isla de verano en la que el clima esa mañana había sido sofocante. Para cuando dejasen la isla Nami estaba segura de que se llevaría consigo un resfriado. Debido a que la camiseta era ancha, cada vez que se movía la camiseta iba por un lado y ella por otro. La primera media hora se la había recolocado, pero llegó un momento en el que desistió. En una de esas vueltas el flequillo terminó sobre sus ojos de mala forma y con un soplido lo mandó hacia atrás. Con la vista acostumbrada a la oscuridad vio en un reloj que había en la mesa que era la una y media de la mañana. Con un gruñido se levantó de la cama y decidió hacer algo productivo. Cogería su bloc de dibujo e iría a dibujar algo. Abrió la puerta de su camarote de golpe y el pelo se le fue hacia atrás con fuerza debido al viento que soplaba. Se lo pensó mejor y se puso unos pantalones cortos y una sudadera. El pelo se le había secado mientras estaba en la cama y debido a eso lo tenía con mucho más volumen, algo bufado. Con la puerta abierta la luz de la luna se hacía paso en la habitación y se pudo ver reflejada en el espejo. Siempre había odiado su pelo cuando se quedaba de esa forma. Pero una sonrisa se formó en las comisuras de sus labios. A Lola siempre le había encantado su pelo cuando estaba así. Le decía que resaltaba sus ojos. Que a diferencia de cuando tenía el peinado sutilmente ondulado de siempre que le daba una apariencia fuerte y segura, este hacía que te fijases en otras cosas. Que no se malinterprete, su peinado de siempre le parecía que era el que más iba con ella. Pero que cuando te la encontrabas con esa otra apariencia, Nami parecía que estaba más viva. Nami siempre le había dicho a su amiga que no tenía ni idea, pero en ese momento lo vio. Su amiga tenía toda la razón del mundo. Un escozor le comenzó a subir por la garganta. La de emociones que podía revolver un detalle tan pequeño como ese. El escozor se fue al tragar saliva y la pelirroja cogió su blog junto con un par de lápices y una goma, encaminándose al puesto de vigía para tener mejores vistas.

Trepó por las cuerdas hasta llegar a una mini escalera que daba a una especie de escotilla. La abrió y asomó la cabeza. Estaba oscuro y no había nadie, lo cual agradeció en el alma. Parecía que todos estaban durmiendo. No había subido a ese sitio antes y la verdad es que se quedó impresionada. La pared era prácticamente una única ventana circular que rodeaba toda la estancia, y pegado a esta misma ventana había una especie de sofá acolchado que era realmente largo. En una esquina había pesas y varias máquinas de gimnasia. Había también una toalla tirada en un rincón. No buscó un interruptor porque no le hacía falta. Por el gigantesco cristal entraba suficiente luz y se veía perfectamente, hasta para dibujar. Se sentó en el sofá para poder mirar el paisaje. El cielo estaba totalmente despejado y la luz estaba llena. Empezó a hacer algunos bocetos delicados de partes del bosque y la playa de la isla que tenía delante. Al cabo de unos cuarenta minutos los ojos comenzaron a cerrársele y se quedó con la cabeza apoyada en la ventana y el cuaderno abierto sobre las rodillas, sin dormir aún.

Escuchó que la madera chirriaba y entreabrió los ojos. Los puso como platos al encontrarse al espadachín, se quedó inmóvil mientras lo observaba. Él se movía cautelosamente y le estaba dando la espalda. Cogió la toalla que había en el suelo y se la pasó por el cuello, como secándose. Nami no se atrevía ni a respirar con normalidad, estaba segura de que él notaría cualquier sutil movimiento. Zoro se giró y por el rabillo del ojo vio que Nami estaba despierta. Era imposible no verlo, ella tenía unos ojos enormes y resaltaban en esa luz azulada. Y no podía fingir que no la había visto y simplemente ignorarla. Por parte de la pelirroja, en cuanto el espadachín la miró se puso tensa y apretó la mandíbula. Ya está. Sin escapatoria. Para ninguno.

Zoro desvió la mirada a la ventana y rompió el silencio, lo que sorprendió a la navegante.

- Pensaba que estabas dormida.

Nami estaba de los nervios y le parecía que él siempre conseguía mantener la calma de una forma casi escalofriante.

- No. Bueno, casi. No me ha dado tiempo.

Zoro deseaba no haber subido. Llevaba horas ahí arriba entrenando y haciendo nada a la vez. Había bajado para ir al baño y comer algo debido a que no había ido a cenar precisamente porque no quería encontrársela porque aún no sabía ni qué decir ni cómo decirlo. No había tardado ni una maldita hora, y sube y va y se la encuentra ahí casi torrada. Igual si no hubiese bajado y se hubiese quedado con las luces encendidas ella no hubiese ido hasta ahí arriba. Se le había pasado por la cabeza la idea de librarse si era silencioso porque parecía que estaba dormida. Qué iluso. No sabía ni qué hacer ni a dónde mirar y sabía que ella estaba igual. Y de nuevo estaban en ese silencio incómodo. Zoro se giró y comenzó a 'ordenar' las pesas, o hacía que las ordenaba.

Nami de repente se sintió ridícula y tuvo la necesidad de moverse.

- Bueno, eh, yo me voy a dormir –dijo mientras iba hacia la escotilla.

- Oye.

Nami se paró en seco.

- Te dejas eso –le dijo el peliverde, señalando con la cabeza su bloc y los lápices.

Al parecer se le habían escurrido de las piernas al levantarse y ni se había acordado de que los llevaba consigo. Nami fue a cogerlo sin decir nada. Cuando volvía a irse el peliverde volvió a hablar.

- Yo no te he echado, eh.

- Ya –la pelirroja respondió más rápido de lo que le hubiese gustado por los nervios –no es eso. Solo estaba haciendo tiempo hasta que me entrase sueño, así que...

Zoro simplemente asintió. Los pasos de la pelirroja resonaban en su cabeza y ella cada vez estaba más cerca de irse. La verdad es que dudaba de que volviese a tener un momento tan perfecto para hablar con ella, pero la boca no se le abría. Ya le daba hasta pudor, le costaba hasta mirarla. Y a él nunca le había dado reparo mirar a alguien directamente, ni quiera a sus enemigos más temidos. Y mañana sería peor. Y no quería volver a discutir, quería aclarar las cosas. Y ella se alejaba más y más. Zoro tragó saliva. A la de tres se giraba y le decía algo, cualquier cosa. Así se forzaría a continuar la conversación. Una, dos y...

- Oye.

Zoro se había girado de golpe preparado de golpe pero se quedó con la boca entreabierta. No le había dado tiempo a emitir sonido alguno, ella se le había adelantado.

Nami no había podido abrir la escotilla para marcharse. No podía ser tan cobarde. Y él parecía que la estaba escuchando. Nami abrió y cerró la boca varias veces porque las palabras se le quedaban en la garganta taponándola. Zoro la miraba atento.

- Lo siento –la pelirroja prácticamente lo escupió de golpe, pero Zoro no la culpaba. Él hubiese hecho lo mismo. El espadachín tenía las cejas ligeramente alzadas por la sorpresa, pero no estaba lo suficientemente cerca como que para la navegante pudiese notarlo –Siento todo lo que te solté. Estaba muy cabreada contigo por... Bueno, se me acumularon cosas. Hablé sin pensar y me metí en asuntos que no eran de mi incumbencia. Y no trato excusarme diciendo que estaba enfadada, porque no tiene excusa –Nami se sorprendió a sí misma. Antes no sabía qué podía decirle y ahora que había arrancado no podía parar. Cada vez conseguía apaciguar más los nervios y habló más calmada –Ahora lo pienso y me da hasta vergüenza. No debí haberte soltado todo eso y mucho menos haberte faltado al respeto. Aunque quiero que te quede muy claro que la mayoría de cosas que dije las pienso, yo no miento. Pero no debí habértelas dicho o al menos no de esa manera. Soy consciente de que pudo sonar hasta cruel. Me pasé de la raya y me comporté como una niñata. Lo siento.

Sí que te pasaste, pensó Zoro. Pero no pensaba decirlo, ni de coña. No quería estropearlo. Estaba pasmado. Se esperaba cualquier cosa menos eso, que ella fuera a disculparse de esa forma con él. Zoro sabía que ahora era la navegante la que le observaba a él, pero muy a su pesar tardó en responder porque le llevó unos segundos de más procesar todo lo que Nami había dicho. Y esos segundos de más casi ponen a la pelirroja histérica, pero notaba cómo se había quitado un peso de encima. Todo su cuerpo estaba más relajado.

- Yo también lo siento –dijo el espadachín cuando reunió aire para hacerlo –Yo... Tampoco lo he hecho bien. La he cagado varias veces y de distintas formas. Y bueno, digamos que lo de hoy ha sido un poco... Intenso. Pero si yo te hubiese dado las gracias en su momento seguramente no hubiese pasado esto. O al menos no así. Fui un desagradecido y fue fallo mío.

Se volvieron a quedar en silencio, pero fue distinto. Ahora ambos podían respirar.

- Sabes, tampoco espero que me perdones –dijo Nami cabizbajo–yo si fuera tú no sé si lo haría. Quería estar segura de poder mirarte a la cara, pero tú no tienes por qué hacerlo. Ahora te he dado motivos para odiarme todavía más.

Zoro frunció el ceño.

- 'Odiar' es una palabra muy fuerte, ¿sabes?

Nami ahogó una carcajada sarcástica.

- Claro, bueno, decir que me odias igual es darme demasiada importancia –dijo cruzándose de brazos.

- ¿Qué? -Zoro no sabía cómo lo hacía pero sentía que cada vez que hablaba lo estropeaba todo y estaban a punto de entrar en otra discusión -No. No, joder, no. No es eso.

Nami giró la cabeza hacia él porque eso último había sonado muy brusco, pero vio que Zoro estaba pasándose una mano por la cabeza sin parar y no podía dejar quietos los pies. No diría nada porque ya se había dado cuenta de que él con las palabras no era muy bueno precisamente y parecía que podía estar haciendo un esfuerzo. Y de verdad que lo estaba haciendo.

- Mira ya que estamos así, lo tengo que decir. Efectivamente, nada de eso era asunto tuyo –Zoro portaba un semblante serio y en otra circunstancia la pelirroja ya habría saltado. Pero no lo hizo, estaba realmente calmada –Pero llevabas razón, aunque no te diré en qué. Así que no te odio. Y si en algún momento lo has pensado (y no me refiero solo a hoy), no era mi intención.

Nami asintió ligeramente y su cuerpo se deshinchó del alivio. Ambos se quedaron mirándose, sin saber qué más decir.

- Oye –dijo ella de nuevo captando la atención de Zoro – Eh... ¿Te acuerdas lo que te dije hoy? –se aclaró la garganta- Que no podías pretender hacer borrón y cuenta nueva.

A Zoro se le quedó cara de póker.

- Sí -dijo sin ganas. Nami deseaba que se la tragase la tierra.

- Pues... Retiro lo dicho. La verdad es que ahora mismo me parece lo mejor que podríamos hacer. ¿Qué te parece?

Zoro entreabrió la boca pero no dijo nada. Le faltó un impulso. ¿Era buena idea?

- ¿Borrón y cuenta nueva? -La navegante le tendió la mano, rezando por no quedarse con el brazo en el aire como una tonta.

Y ahí Zoro vio su impulso. No lo pensó mucho, por si acaso cambiaba de opinión.

- Me parece bien –dijo estrechándole la mano a la pelirroja.

El apretón de manos fue sutil pero firme. Rompieron el contacto a los pocos segundos. Zoro pensó que como después de eso Sanji se atreviera a decirle algo lo iba a matar.

- Oye y no quiero que tú tampoco pienses que... Bueno, que me arrepiento de lo que hice –Nami no quería decir la palabra 'salvar' porque era consciente de que el espadachín tenía algún problema con eso, así que esperaba que la entendiera sin necesidad de decirlo –aunque luego me cabrease porque no lo hiciste bien, espero que no se te haya pasado por la cabeza que me he arrepentido en algún momento.

Zoro no pudo mirarla y sus palabras se escucharon muy bajito.

- Nunca lo he pensado.

- Bien –la navegante sonrió ligeramente, pero él no lo vio. Intentó cambiar de tema- ¿Te has enterado de todas las novedades?

- Luffy ha venido antes a contármelo.

Nami asintió a modo de aprobación.

- Bueno pues ahora sí, me voy a dormir –dijo ella mientras volvía a recorrer el camino a la escotilla -¿Te quedas aquí?

- Me toca guardia -contestó él mientras iba a sentarse al sofá.

Nami abrió la puertecita y se asomó. La verdad es que estaba bastante alto. Se sentó en el suelo y sacó las piernas por el hueco para poder agarrarse fácilmente a la escalerita. El viento frio le lamió las piernas desnudas y se le puso la piel de gallina.

- Nami.

La pelirroja se giró de sopetón. Le pilló por sorpresa, pensaba que la conversación ya había terminado.

- Gracias –dijo Zoro. No lo había hecho en condiciones la vez anterior y se lo debía. Por salvarme, le faltó decir. Pero sabía que ella lo entendería.

Y así fue. Fue como música para los oídos de la navegante, pero se limitó negar con la cabeza y quitarle peso al asunto. Nami había preferido olvidar todo ese tema por los dos.

- Gracias a ti también.

Zoro la miró interrogante.

- Por lo de hoy. Fuiste a ayudarme.

- Ah -Zoro casi se había olvidado de eso con todo lo que le había soltado la pelirroja. Ya hasta le parecía insignificante.

Nami lo vio pensativo y muy serio e intentó relajarlo con un tono casi divertido.

- Pero que sepas que me las habría apañado yo sola.

Ya lo sé, pensó el espadachín. Pero prefirió guardárselo para él. Nami empezó a moverse para alcanzar la escalera. Cuando ya estaba con el cuerpo fuera y fue a cerrar la escotilla Zoro volvió a hablar.

- No te caigas.

Ahora era él el que se reía sin reírse. Lo último que había dicho ella le había dado ánimos para no querer que la conversación terminase en un drama, y no pudo evitar hacer un comentario ya que se había dado cuenta de la cara que había puesto Nami al ver lo alto que estaba el puesto de vigía y que ahora tenía que bajar. A Nami ya se le había olvidado que alguna vez se había reído de ella, lo que ya no sabía era si sus bromas habían ido a buenas o a malas. Pero esta vez estaba segura de qué tipo de burla se trataba. La pelirroja asomó la cabeza y vio que el espadachín estaba atento a ver qué hacía. Ella le miró con los ojos entre cerrados y soltó con tono malicioso:

- Más quisieras.

Acto seguido cerró la escotilla.