Notas: Ningún personaje me pertenece, todos son obra de Funamusea.

Cabe mencionar que este fic no podría haberlo llevado a cabo sin la ayuda y rol de mi amada diosa/waifu/ardillita(?) SweetyGirl90 (¡Vean sus fics! ¡Actualiza más que yo y es cool! :v).

La épica portada del fic también es obra suya~

Advertencias: Uso de Headcanons (Cosa que más abajo explicaré), relación homosexual e incestuosa /Esto es un fics Licorivlis, no esperen otra cosa :^)/ Traumas psicológicos. Mención de abuso infantil.

P.D.: Evítense comentarios tipo "Siii! Violación". Me incomodan demasiado :^)

Gracias.

Ok... Sin más que decir, comencemos~

Hafefobia

Capítulo 1: Cambios necesarios.

Dos semanas.

Ese era el tiempo que había transcurrido de 'eso', pero el temblor en su cuerpo lo hacía sentir que aquella asquerosa experiencia tan solo tuvo lugar hace un par de horas.

Pensamiento... ¡Fuera!

Sacudió su cabeza, en un burdo intento por pasar del tema. Ya había perdido demasiado tiempo pensando en esto y no lo había llevado a ningún lado, solo despertaba el incesante deseo de romper en llanto y volver a dejarse casi ahogar bajo la regadera.

No importaba cuanto lo pensara, eso no cambiaría nada. Lo hecho, hecho estaba.

...Sucio...

Ni el dolor ni la humillación que significaba se comparaba a aquella sensación. Como si se hubiera caído y revolcado entre los desperdicios más asquerosos que pudieran existir, con la escalofriante sensación de mugre en cada centímetro palpable de su ser.

Tenía ganas de vomitar... Y tal vez tallar su piel hasta que la sangre volviese a brotar.

No entendía cómo o por qué todo esto tenía que haber pasado, pero intentaba convencerse de que ya no importaba.

Solo era su importante primera vez... N-no era gran cosa ¿O sí?

Un ardor invadió sus ojos, así que intentó espantarlo frotándolos vagamente con su brazo, al igual que esa amargura dentro de su cabeza.

Mejor pasar a otra cosa. Hoy era el inicio de un nuevo día feliz ¿No?

Si pensar mucho ya no servía... ¿Para qué seguir haciéndolo?

Apretó los labios. Su mirada intentaba enfocarse en el espejo ante el cual se encontraba parado. Hacía apenas unos minutos había tomado una merecida ducha matutina, la frescura del agua aún estremecía su piel bajo la ropa, su cabellera seguía ligeramente húmeda e iba terminando de alistarse con aquella estorbosa corbata que se enredaba entre sus dedos.

Frunció el ceño al ver que no quedaba como quería.

¡Ay, demonios!

Odiaba esa cosa. No entendía por qué en su forma falsa debía vestir de ese modo tan molesto. Sabía que todo sería más fácil si tan solo volviera a su forma de niño, total no la creía necesitar ahora, pero... No se quería dejar vencer por ese estúpido trozo de tela.

No... Regresaría a la normalidad solo, y sólo si lograba hacer un nudo decente.

Aunque eso lo arriesgara a quedarse allí por siglos enteros.(?)

_¿Por qué...? ¡¿Por qué es tan difícil?! -Masculló por lo bajo, casi terminando por atar su índice derecho a la prenda.

Bufó, jalando de nuevo. Era increíble como con toda esa fuerza aún no la rasgaba, pero puede que no estuviera tan lejos.

_Ugh... ¡Tks! ¡Argh! ¡Corbata del demonio!

Quién inventó esa cosa merecía que lo torturaran hasta la mismísima muerte.

Bueno... Al menos este reciente deseo asesino parecía despejar su mente.

#########

Uhm... Ya se está tardando.

Observó el reloj algo dudoso, notando la ausencia de su hijo menor. Se suponía que usualmente desayunaban mucho más tarde, pero debido a los planes del día lo habían cambiado a un horario más temprano por hoy.

¿Acaso Licorice se había quedado dormido? Quizás.

El pequeño era el más emocionado con sus días de campo, así que no sería tan extraño que por ello mismo le hubiera costado conciliar el sueño anoche.

Incluso recordaba que lo había encontrado saltando en la cama la noche anterior cuando se supone que fue a darle las 'Buenas noches'.

Sin duda eso implicaba que era un niño sano y fuerte, llenándolo de un orgullo que inflaba su pecho.

Licorice... Su pequeño y dulce regaliz.

La única cosa que quería creer, hizo bien. Había cometido tantos errores en la crianza de sus dos hijos mayores que desde el momento en que lo cargó por primera vez se prometió que con él no pasaría lo mismo.

El pequeño diablo no tenía por qué conocer ni experimentar la dureza de la vida tan rápido, no le robaría la infancia ni permitiría que nada ni nadie le provocase dolor. Ya era suficientemente malo que no pudiera hacer nada por la horrenda imagen que Satanick estaba tatuando en la infantil edad del niño, por lo demás que estuviera a su alcance daría su mejor esfuerzo.

Por algo detestaba tanto cuando el diablo de orbes violáceos intentaba llevarse a su hijo con él a aquel oscuro y tétrico mundo; Vicers sabrá que seres o cosas maquiavélicas podrían toparse con su hijo allí, que alguien como Satanick fuera su diablo ya decía bastante de sus habitantes.

Recorrió fugazmente la mirada por el salón, comprobando a alguno que otro subordinado traer al fin la comida antes de que su hija se les lanzara encima con un tenedor gracias a la oportuna intervención de Emalf.

_¡P-perdóneme la tardanza, señorita Poemi! ¡W-wahhh! -De suerte el pobre demonio había logrado salvar su ojo de la terrorífica loli sin dejar caer la bandeja que contenía unos deliciosos Hotcakes con mantequilla y miel- ¡D-de verdad lo siento! ¡No!

_¡Silencio, bashura! ¡Poemi muere de hambre! ¡Ya dale de comer a Poemi! -A ella no podría importarle menos sus excusas, quería sus condenados Hotcakes en el plato o se los quitaría a la fuerza, al igual que algún ojo u oreja.

_¡C-cálmate, Poemi! ¡No a la violencia! -Chilló Emalf, aún aferrado a la cintura de la más joven al menos para dejar a su colega escapar, aunque ello tal vez trasladaría la ira de la niña a contra suya.

Tanta brutalidad y todo en un cuerpo pequeño ¿No?

Ay, ser él parecía complicado, aunque a su jefe solo le provocaba un par de risas.

Escenarios como aquel eran muy frecuentes en su hogar.

No decía que sus subordinados fueran dulces angelitos o algo, pero se enorgullecía en creer fervientemente en que, en comparación a otros mundos, sus demonios eran seres mucho más civilizados al menos.

_U-uhn... ¿Señor Ivlis? -Tanteó nerviosamente un demonio cercano. Había notado totalmente distraído a su diablo, ni siquiera había tocado la comida y temía que no fuera de su agrado. Y eso que se trataba de uno de sus favoritos- ¿No le gusta, señor? ¿Prefiere que le prepare otra cosa?

El de mechas rojas casi se sintió mal por la preocupación que provocó sin notarlo.

_No. No es necesario, es sólo que... -Detuvo su voz, observando el asiento vacío en la larga mesa.

Suponía que, si tardaba más, el desayuno del menor se enfriaría.

_Oh, cierto. El joven amo. -Sonrió. El hijo del diablo era muy querido y mimado por todos, especialmente por ellos. No les importaba su origen o demás, el niño era adorable y parecía hacer feliz a su jefe. - ¿Desea que alguno vaya a buscarlo, señor Ivlis? Puedo calentar la comida mientras si lo desea. -Ofreció calmado.

Pero la oferta tuvo que ser rechazada; Ivlis prefería ir él mismo. En cosas relacionadas a sus hijos le gustaba tomar el control por su cuenta y... Ay ¿Para qué negarlo? Se le hacía gran ilusión ir a despertar a Licorice.

_No, descuida. Yo iré, solo... -Volvió a dirigir una mirada a su hija, quién atacaba sin piedad a su plato mientras a su lado un adolorido Emalf frotaba su cabeza debido a un reciente zape- ...Eviten morir mientras no estoy. -Casi suplicó al levantarse de la mesa.

Con Poemi cerca dudar sobre ello no era solo paranoia.

Su camino al cuarto de su hijo fue incluso más calmado de lo que imaginó. Últimamente el ambiente se había vuelto algo tranquilo, aunque pesado.

No sabía explicar por qué, pero algo en lo muy profundo de su ser le inquietaba de sobremanera.

'Calma antes de la tormenta'.

Era una frase muy célebre que tenía rondando dentro de su cabeza desde hace un tiempo, y dudaba que presagiara algo bueno.

En fin, tampoco pudo seguir debatiéndolo mucho, pues las quejas furiosas del niño no tardaron en llegar hasta sus oídos.

Con que... Despierto ¿Eh?

Contuvo una risa divertida. No entendía del todo que estaba pasando, pero al asomarse desde el marco de la puerta entre abierta se dio una ligera idea.

_¡Arh! ¿Por qué...? ¡Tú! ¡Demonios! ¡No te enredes!

Ay, su bebé podía ser tan graciosamente adorable. Estaba haciendo unos esfuerzos sobrenaturales por no dejar escapar una carcajada.

No, Ivlis. No es de buenos padres reírse de sus hijos, no importa cuán chistosos luzcan mientras se maldicen ante un espejo.

El niño por su parte ni siquiera se percataba de su presencia, su total concentración se había perdido en aquella molesta prenda hasta que la voz del adulto le ayudó a reaccionar, visualizándolo a través del reflejo ante sí.

_¿Necesitas ayuda, cielo?

_¡M-mamá! -Casi ahogó un grito de sorpresa, desviando la mirada con cierta vergüenza marcada en un ligero rubor. ¿En qué momento había llegado? ¿Cómo no lo notó?

Y lo más importante: ¡¿Qué tanto había visto y escuchado de su patética batalla campal contra una corbata?!

El de mechas rojas tuvo que hacer uso de su total fuerza de voluntad para no reír al percatarse de la inmensa pena que invadió al niño mientras apartaba sus dedos con torpeza de aquella prenda. Aunque no lo veía como algo malo, cabe mencionar.

Licorice aún era joven, no tenía por qué preocuparse por algo como no saber hacer nudos. De hecho, esa pequeña pizca de ignorancia solapada con el furioso esfuerzo con el cual lo vio rato atrás vencer el desafío era lo que volvía el momento tan adorable.

Ay, niños.

_Tomaré tu silencio y ese raro nudo como un 'Sí'. -Habló, acercándose al joven diablo mientras este asentía con un nudo en el estómago. Seguía algo alterado por el ridículo que creía haber hecho, pero la voz de Ivlis le regresó a la realidad- A ver... Creo que puedo ayudarte con esto. ¿Me dejas? -Tanteaba con sus dedos la delicada y elegante prenda, deshaciendo sin problema alguno el desastre anterior.

La joven mirada amielada no se perdía detalle alguno de su accionar, casi como hipnotizado por el armonioso y cuidadoso trato que daban las escamosas manos de su progenitor a la prenda.

Durante todo el proceso, Licorice fue incapaz de soltar palabra alguna, todavía entretenido por la confusa maestría ajena. Incluso se llegó a preguntar cómo era posible que Ivlis supiera anudarla tan bien cuando nunca le vio usar una, pero la duda terminó por contenerse en su garganta.

Ay, por Vicers. Casi envidiaba a esa burda corbata por recibir tanta atención de su madre; aunque aquel ridículo pensamiento no duró ni dos segundos en cuanto volvió a dejarse invadir por el cálido cosquilleo que siempre le provocaba el chocar sus miradas, así fueran por detalles simples o momentos fugaces.

Dioses... Ya casi sentía como una parvada de murciélagos en llamas revoloteaban en su estómago.

¡Piedad! ¡Solo era un pobre crío!

_Listo. Ya volviste a estar guapo. -Halagó al terminar su labor, ignorante del efecto que provocaba su trato- Aunque... Bueno, siempre lo has sido.

_G-gracias. -Alcanzó a balbucear en respuesta al fin, aunque algo le decía que debía comentar más. - Yo...

_Te estabas tardando y creí que te quedaste dormido. -Lo interrumpió. No estaba molesto, debía decir, pero un deje de preocupación se ocultaba en su oración mientras recorría con la mirada a su hijo menor.

Seguía siendo su madre ¿No? Era casi su obligación preocuparse.

_¿Eh? -Solo entonces cayó en cuenta de la hora. Cierto... ¡El desayuno! ¡El día de campo! ¡Argh! ¿Por qué tenía que olvidar justo algo como eso? - ¡N-no me fijé en la hora!

Definitivamente tenía la cabeza en cualquier lado.

_No te preocupes, cariño. Solo fueron unos pocos minutos, estoy seguro de que aún estás a tiempo de disfrutar unos Hotcakes. -Tranquilizó, callando por un instante. Parecía extrañado, preocupado repentinamente- Tú... ¿T-te pasa algo?

El joven diablo se desconcertó ligeramente. No entendía a lo que se refería, aunque la caricia ascendiente por su mejilla hasta sus ojos le dio una pista.

Sus ojos... Los ensayos... Frustración... Dolor...

¡Oh, mierda!

_¿Estuviste llorando? -Su voz sonaba acongojada, tal vez llenándose de dudas mientras buscaba alguna explicación viable ante el mirar algo irritado y con rastros de lágrimas ya secas- ¿Pasó algo? ¿Puedo ayudar?

Oh, vaya que pasó algo, pero la imaginación de Ivlis no alcanzaba a la realidad aún.

_N-no. Es solo que... Me entró el shampoo en los ojos -Respondió vagamente, soltando una leve risa mientras se rascaba la cabeza con cierta pena.

No le sabía bien mentirle, pero tampoco deseaba volver a tocar el tema.

Durante las últimas semanas se había esforzado y debatido para llegar a una decisión viable; ensayando arduamente ante el espejo en ocasiones, pensándolo hasta darse jaqueca y analizando los pros y contra de cada posible acción.

En serio había querido reunir el valor para hacer algo... Pero el miedo y la sensación derrotista que lo embargaba fue más fuerte, hasta que finalmente hacía un rato detuvo sus ensayos con una amarga conclusión: Ya no quería hacerlo, no servía de nada.

Estaba resignado a solo una cosa: seguir viviendo.

Nada más. Aquí no sucedió nada.

Para su salud mental era lo mejor ¿Cierto?

_Uhn... Si tú lo dices. -Algo dentro de sí lo regañaba por rendirse tan fácil, pero la verdad es que no quería presionarlo. Confiaban uno en el otro ¿No? - ¿Vamos a desayunar entonces? Te prometo que te dejaré decorar tus Hotcakes si quieres~

Sí, tal vez solo lo estaba pensando demasiado.

El menor sonrió un poco, dejando a su ánimo subir mientras Ivlis lo alentaba a seguirlo con un leve gesto, ya habiendo adelantado sus pasos hacia la salida.

No tardó mucho en imitarlo, regresando a su forma infantil justo a mitad de camino para tomar su mano.

_¡Sí, mamá!

Lo olvidaría y trataría de seguir como si nada. Ivlis sería su luz para lograrlo.

¡Hoy tendrían un feliz y normal día de campo! Era pecado preocuparse por algo más.

Es mejor así...

Al menos de este modo, aquel temor al rechazo ajeno pareció disminuir levemente.

#########

Al mismo tiempo, en cierto castillo del oscuro mundo de Pitch Black el día también estaba comenzando. El repiqueo de las vajillas moviéndose de un lado a otro acompañado de un delicioso aroma resultaba relajante a pesar de tan tempranas horas, el apacible clima se mostraba sin alteración (lo cual casi era un milagro) y el ánimo parecía contagiado de éste a todos sus habitantes.

...Excepto por cierto demonio de verdosos cabellos.

Odio esto. Gruñó para sí, a la vez que seguía puliendo prolijamente los bordes de algunos diminutos platos junto a las tazas de té que hacían juego.

La porcelana era delicada y requería un cuidado extra, en especial por el significado que guardaba para los dueños del juego completo.

...Era parte de la vajilla de bodas del diablo y su esposa. A pesar de los muchos años, sorprendentemente la seguían conservando, tan intacta y buen cuidada como la primera vez que fue usada.

Y cabía mencionar que dicho logro se debía mayormente al eficiente cuidado y limpieza que el demonio le estaba dando, no existía alguien más calificado para ello, sus compañeros tenían dedos de mantequilla y seguramente el juego no hubiera durado ni 5 minutos en sus manos. Solo él podría hacerlo, lo cual resultaba irónico ya que, muy en el fondo de su ser, el demonio cabra era quién más ansiaba ver aquella porcelana hecha añicos.

Ah, pero no se puede todo en esta vida ¿No?

Envi lo sabía perfectamente, lo llevaba presenciando desde hace días.

No... Más bien siglos de su vida.

Y lo odiaba. ¡Argh! Lo odiaba tanto.

_¡Hace mucho que no desayunamos juntos! Usualmente lo hacemos en la cama ¿No, Lil? -Inquirió mientras dirigía una mirada divertida a la pelirrosa. Su aspecto había mejorado bastante y se encontraba totalmente renovado. Como si el asunto floral nunca hubiera sucedido- ¿Aún te acuerdas de esos desayunos? ¿De cuándo mezclábamos cerezas y crema con otras cosas muy deliciosas también? ¿Uh, uh, uh?

Por el tono sugerente que utilizaba, ya era evidente no solo su mejora, sino la usual dirección de sus palabras.

Temas sexosos, la especialidad de Satanick.

_Fufufu~ Es bueno estar de regreso, mon amour. No había gozado de un momento ameno al desayunar desde hace años. -Soltó con una acaramelada risilla, sin perder el hilo por donde iban y respondiendo con el mismo brillo pícaro de su esposo- ¿Cómo olvidarlo? Si fueron mis despertares más dulces y divertidos~

Sin embargo, la pareja no estaba sola en el comedor; su hijo también los estaba acompañando durante el desayuno, pero... Con todo lo que estaba oyendo del desvergonzado par se comenzaba a arrepentir de ello.

¡Oigan! ¡Respeten a quién come al lado suyo!

_M-malditos... -Siseó por lo bajo con un lloriqueo poco masculino que ahogó contra su taza de café. Con todo esto estaba considerando ir al trabajo solo con eso, oír cómo fue concebido solo le quitaba el hambre. - Oigan... Yo solo los acompañé para recordarle a papá que el señor Sullivan vendrá hoy, no para oír esto... ¡Hey! ¡¿Me están escuchando?!

¡Desgraciados! No solo lo retrasaban por un repentino 'desayuno familiar' y lo traumaban con sus raras charlas, sino que también lo ignoraban. ¡No era justo!

Aunque no todo era malo.

Sí. Le incomodaba horriblemente el escucharlos, pero reconocía su felicidad.

Tener a su madre en casa cambiaba bastante el ambiente, y lo alegraba un poco. Y su padre había finalmente dejado muy atrás toda esa pesadilla púrpura, lucía como nuevo.

Y Lil, ni qué decir.

Había echado de menos esto mucho más de lo que cualquiera imaginaría: un lugar para dormir cálido y estable, una compañía que parecía hablar su mismo idioma y unas apacibles horas para hablar de recuerdos y tonterías.

¿Qué podía ser mejor que eso? Nada.

Puede que las circunstancias que la hayan traído no hayan sido precisamente las mejores, pero el resultado actual le agradaba... Y hasta la incitaba a tratar de quedarse por más tiempo.

Ay, lástima que tenía tanto por hacer en el bar de Maekami, así que obligadamente debían romper su burbuja.

Aunque... A quien les observaba eso no le molestaría.

Unos pocos minutos más y todo volvería a la normalidad, lo que significaba: Nada de Lil por el Castillo.

Así es como debía ser. Así es como era mucho mejor que fuera.

Todo pudo seguir un buen orden sin la presencia de la voluptuosa súcubo ¿No? Desde que se largó, llevó tiempo conseguir que su diablo llegara a obtener cierta estabilidad solo para que aquella mujer se le diera por aparecer, resolver todo mágicamente y comenzara a quedarse como si aún fuera la dama y señora.

La taza entre sus dedos casi se agrietó por la fuerza e ira con la cual la bajó en la bandeja que tenía sobre la mesa.

Detestaba a Lil y mucho.

Puta hipócrita.

Y si era sincero, desde que la vio por primera vez le generó desagrado. La reputación de los súcubos nunca fue buena, se reducían a ser simples putas para diversiones pasajeras y sin gran significado.

Era lo mejor considerando la habilidad de dicha especie de alimentarse de la energía vital de sus amantes, aunque a muchos no les importaba correr el riesgo al menos por una noche, su hipnotizante belleza era muy persuasiva.

Y ni siquiera el diablo de orbes violetas pareció resistirlo, pero para sorpresa (y desagrado) éste no planeó algo pasajero.

No. Se casó con ella. Tuvieron un mocoso insoportable y malcriado con ella. Inesperadamente se fueron fieles en los años que implicó su matrimonio.

Con franqueza, las cosas no fueron tan intolerantes... No hasta que Lil se largó sin mediar palabras y Pitch Black se vio envuelta en una tortuosa lluvia por meses.

Todo aquello fue culpa de esa puta... Y aun así mantenía su estúpida sonrisa ahora que compartía como si nada un desayuno con el azabache. Su amo pudo haberlo obviado por la alegría que le provocó verse con el espíritu y cuerpo renovado, pero él no.

Satanick podía ser tan ingenuo en cosas ajenas al sexo; puede que por eso a veces pareciera que escogiera tan mal a la compañía que le tocaba... Como con Ivlis.

Apretó los labios, intentando enfocarse en el agua que hervía dentro de la tetera.

Ese ridículo intento de diablo tampoco le terminaba de agradar, ni siquiera por haber sido reducido a un mero juguete sexual para su señor.

¿Creía que se lo merecía?

¡Por supuesto que sí! El estúpido se atrevió a culpar a su amo por su burdo fracaso en esa mierda de conquista de mundos y lo atacó.

Es más, hasta debería agradecer que no le fue peor, ya que si por el ojirojo fuera, los mundos estarían mejor sin aquel imbécil.

...Pero lo que él opinase no influía en la realidad que lo rodeaba, solo hacía más molesto todo.

Como ese niño.

Frunció el ceño al servir el té.

Asqueroso y malcriado. Una aberración de dos mundos que nunca debió haber existido en primer lugar.

No entendía la fascinación del diablo con el mocoso. Para Envi no era más que una peste muy maleducada y fastidiosa, le molestaba incluso más que el mismo Glasses.

En su mente aún perduraba el fresco recuerdo del crío cuando hizo el intento de acabar con su amo... Y del merecido castigo que le sentenció poco después.

Soltó una leve pero maliciosa risa. Con esto solo comprobó lo que ya imaginaba del niñato: no era más que un llorón, inútil y repugnante crío.

Hasta le daban ganas de vomitar solo de recordar lo que pasó en aquella sala, pero se esforzó por amedrentarlo lo suficiente por el bien de su señor... Aunque este desconociera sus actos.

Envi detestaba en sobremanera al joven diablo, así como Satanick adoraba infinitamente al niño.

Eso... Sería un problema constante... Pues el peliverde opinaba que Licorice ya no tenía arreglo y merecía desaparecer.

Lamentaba el no haber podido matarlo como deseaba, pero debía cuidar su rastro de su amo y la asquerosa madre del niño.

No era idiota, sabía muy bien que lo que hizo podría costarle el cuello si salía a la luz. Sin embargo, confiaba en la cobardía propia del niño para que eso no pasara.

Es solo un mocoso estúpido después de todo.

Sacudió sus pensamientos. No quería votar el estómago en estos momentos.

Además, debía haber un lado positivo a todo esto ¿No? Quería creer que con ello todo el problema que implicara al niño atacando a su padre desaparecería, lo creía lo suficientemente gallina como para cuidar no terminar castigado de nuevo.

Más le vale que así sea.

Probablemente el joven diablo no quería repetir aquello, y honestamente, Envi tampoco. La presencia del más joven junto a todo lo que proviniera de él le resultaba vomitivo. Lo único rescatable era cuando suplicaba por su vida llamando a su madre, era tan graciosamente patético.

Hubiera continuado sus pensamientos un rato más, pero cierta voz infantil acompañada de unos empujones suaves a su costado le regresó a la realidad.

_¡Hey, Envi! ¡Señor Envi!

Observó fugazmente a su alrededor sin encontrar a nadie, pero la repetición de la acción logró que bajara la mirar a la culpable.

La 'hija' de Víctor.

_ Crea. ¿Qué pasa? -Le extrañaba que no estuviera jugueteando por ahí o detrás de la Gorgona, aunque... Ésta última había salido de compras por provisiones al pueblo ahora que rememoraba.

_Uhn... Quiero hacer galletas de conejito para el señor diablo, pero... No me dejan tocar el horno -Ladeó la cabeza mientras se explicaba.

No había que ser muy listo para ver hacia donde iba con todo esto.

Suspiró, dejando el té reposar sobre la mesa de la cocina.

_Bien. Ya voy, tú adelántate sacando los utensilios que alcances o algún delantal. -Se resignó sin más.

Conociéndola, mejor se encargaba antes de que la impaciencia infantil le ganara a la niña y la cocina explotara o algo peor.

Crea no era tan traviesa, pero... No iba a arriesgarse.

_¡Sí! ¡Ya sé cuál te quedaría perfecto! -exclamó, quizás más emocionada de lo que debía.

_No pienso usar el de Medouco. -Gruñó, en lo que buscaba los demás ingredientes. El rosa con mariposas y flores no era lo suyo en lo absoluto.

Esto no estaba en su itinerario ni era una obligación real para sí, pero despejarse no haría daño.

Además, a su amo le gustaban estas cosas ¿No?

Pero... Distraerse fugazmente no borraba la realidad que pupulaba en su cabeza cada vez que recordaba la existencia de la súcubo y el par de diablos: Los odiaba.

Demasiado.

No... Más bien, los envidiaba por tener algo que él deseaba para sí y sólo para sí.

Satanick-sama...

###########

El día era bastante precioso a pesar de que pocos notaran las diferencias entre los tonos del cielo en Flame World con respecto a otros días.

El ambiente no era tan árido como para sofocar a su hijo más pequeño, quien, al no ser completamente un ser de aquel mundo, no compartía la total tolerancia al calor como bien lo hacían su hermana y Emalf.

Por eso hoy era un día perfecto para salir a relajarse todos juntos, como la familia que eran. Ya había adelantado todas sus actividades y responsabilidades para dedicar todo un día libre junto a ellos.

Luego de todo lo que había pasado, merecía algo así.

_¡Mamá! ¡Mamá! ¡Encontramos algo!

_¡Sí, papi!-Exclamaban casi en coro el par de niños. Se habían adelantado tan solo unos metros entre sus jugueteos, regresando a jalar de los brazos del adulto para incitarlo a seguir su llamado.

Sea lo que fuera que encontraron, los tenía muy emocionados.

_Ya voy, ya voy. -rió un poco, también picado por la curiosidad.

A los pocos metros de avanzar, Ivlis finalmente visualizó lo que había disparado la euforia de sus hijos, compartiéndola con compostura.

Dalias de dragón.

Una de las pocas flores que alcanzaban a sobrevivir al caliente ambiente de Flame World, una belleza poco conocida pero atesorada por quienes la han visto.

_¿Verdad que es bonita, mamá? -Le observó, con sus ojos brillando de emoción.

Hace un tiempo que no se sentía tan emocionado por algo, ese era el efecto que al fin le permitía el pasar un ameno día junto a su madre.

_Sí, cariño. Lo son y mucho. -Dio algunas palmadas a las cabezas de ambos niños, observando por unos segundos el reciente descubrimiento. - No la vayan a arrancar ¿Eh? Aunque sé que sería un bonito recuerdo, es difícil que crezca.

Ya de por sí la existencia de plantas era milagrosa en un mundo como aquel, e Ivlis se consideraba semi ecológico cuando estaba de buenas.

Poemi pareció ofuscada, quizás porque era eso precisamente lo que planeaba, pero Licorice asintió obedientemente.

_¿Uh? Descuida, mamá. No iba a hacerlo -aseguró con una sonrisa alegre- Después de todo, ya tendré un recuerdo bonito por haberlo pasado contigo.

El de mechas rojas sintió su rostro arder, no tardando en corresponder la sonrisa ajena mientras reanudaban el paseo lentamente.

En la mañana se había llegado a preocupar por las sospechas del llanto de su hijo, pero al verlo tan radiante ahora esfumó cualquier preocupación latente.

Y por un segundo perdido en la felicidad, Ivlis sintió que no la merecía, mientras el niño se prometía aferrarse a este sentimiento como nunca para compartírselo.

Risas, juegos, niños...

_¡Licorish, a que Poemi llega más rápido a ese arco de roca!

_¡Ya lo veremos!

_¡E-epa! ¡N-no nos dejen al jefe y a mi atrás! -Se quejó jadeante. El pobre había sido el último en alcanzarlo.

Las caminatas no eran lo suyo.

_¡Habla por ti, Emalf! -Y antes de poder entender que pasaba, para sorpresa suya Ivlis ya se le había adelantado en el correteo tras los niños, dejándolo nuevamente atrás.

_¡¿Qué?! ¡Oh, viejo! ¡No es justo!

...Por un momento, todo en verdad parecía tan perfecto.

##########

A medida que transcurría el día, las horas también siguieron su curso tranquilamente.

El diablo de Pitch Black se encontraba muy entretenido, al fin tenía un visitante que comprendía parte de su estrés, incluso si el tema de la charla los entristecía un poco.

_Te lo digo, Sullivan. ¡Ya no sé qué hacer! -lloriqueó, aferrándose a uno de los cojines del sofá- Licorice no quiere saber nada de mí. Con verme, ya me ha alfileteado como 100 veces dentro de su cabeza.

No tenía como saberlo, pero por lo intimidante que resultaba el niño en su forma falsa lo sospechaba.

A su lado, cómodamente sentado en uno de los sillones individuales, el cuervo asentía con cierta pesadez y melancolía. Sabía muy bien lo que se sentía.

_Entiendo lo que se siente, señor. -Suspiró, masajeando su propio brazo. Hoy en la mañana había sido víctima de una dolorosa llave que casi lo deja sin brazo- Olivia tampoco puede verme. Dice que solo soy una plaga...

Cielos, ser padre parecía muy difícil.

_Ay... ¿Por qué los niños tienen que ser así? ¡¿Por qué?! -En su particular caso ya sospechaba que debía ser producto de algún tipo de maldición- Y yo que los adoro tanto.

De verdad quería hallar alguna forma para avanzar en algo. Ya de por sí era muy molesto el asunto de su enamoramiento por el diablo de las llamas; llevarse mal con su pequeño no ayudaba en nada.

_Sí... Bueno, al menos al volver a casa suelo verla en ocasiones. Eso anima mi día un poco -Murmuró con una sonrisa leve. Obviaba mencionar que de igual modo ella lo ignoraba, pero ver el rostro de su hija y estar seguro de su bienestar ya ayudaba a alegrar su día. - ¿Uh? ¿Señor?

Sin embargo, sus palabras terminaron por encender una idea en la mente del azabache sin desearlo.

_...¡Eso es! ¡Sullivan, eres un genio!

_¿Q-qué? -Bien. No sabía que se había perdido. - Erh... ¿Gracias...? Aunque no sé bien el por qué...

Pero Satanick seguía maquinando la idea dentro de su cabeza. Cuanto más lo pensaba, mejor encajaba.

¡Claro! Por eso no podía avanzar ni con Ivlis ni con Licorice... ¡No pasaban el tiempo suficiente justos!

_Brillante, brillante, brillante... ¡Acabas de darme la mejor idea posible! -Amplió su sonrisa mientras palmeaba agraciadamente a su subordinado, quién tosió algo ahogado- ¡Estoy tan feliz que podría besarte!

Y créanle, Satanick era muy capaz. No por nada el pobre de Sullivan se hundió temerosamente en el asiento.

_N-no lo haga, por favor -Broma o no, lo había asustado.

Aunque el de orbes violetas no lo escuchaba, seguía maquinando todo en su cabeza.

Si se veían diariamente tal vez se conocerían mejor, tal vez lograría algo...

¡Tal vez así sí lo querrían más!

Bueno... Eso no sucedería tan fácil, pero él quería soñarlo.

_...Funcionará bien, fufufu~ ¡Debe hacerlo!

_No creo entender...

_La respuesta es obvia, Sullivan. ¡Ya sé que tengo que hacer! -Exclamó, lanzando el cojín que traía entre sus manos minutos atrás. - ¡La Cucaracha y Licorice deben venir a vivir aquí!

Cerca del par, el subordinado del diablo iba regresando con una bandeja reabastecida con más de las galletas de la mañana y té helado. Iba muy concentrado, el tema de la charla no le importaba mucho, pero...

...Apenas escuchó la alegación de su amo, un repentino estruendo invadió la sala, alertando al cuervo y a Satanick.

Ni siquiera Envi podía creer su propia reacción, dejó caer la bandeja completa.

No era algo que pasara todos los días.

_C-cielos...

_¿Envi? ¡¿Q-qué pasó?! -Vale, que en su hogar siempre se iban rompiendo cosas, pero nunca aquellas que el peliverde tocara- ...¡Te dije que necesitabas vacaciones! -Para Satanick, una vida saludable y recomendada requería de tiempo libre... Y sexo, mucho sexo.

Algo que suponía (y lamentaba) su subordinado no tenía.

_...No es nada, señor. Solo me... dio jaqueca. -se excusó vagamente. Lo bueno de su amo, si venía de él, se lo creería.

Le guardaba mucha confianza.

_Uhn, si tú lo dices. -Volvió a su euforia anterior, comenzando a dirigirse por el pasillo. Tenía que ir por el portal más cercano a hablar con Ivlis- Si ven a Medouco, díganle que prepare los nuevos cuartos~

_...Por supuesto, amo.

Entrecerró su mirada al agacharse a limpiar, sintiendo que el imaginar realidad tal idea en verdad le daría jaqueca. Aunque eso no se comparaba con la rabia que lo carcomía por dentro mientras observaba a Satanick volver a bailotear de alegría por su idea.

Esto... Esto no podía estar pasando.

Primero Lil y ahora... ¡Argh!

Estaba tan furioso que casi doblaba como mismísimo papel la bandeja que estaba recogiendo del suelo, asustando un a Sullivan por el aire amenazante que comenzó a destilar.

_O-oye ¿Estás bien?

_Cállate y ayúdame.

#########

El día había transcurrido de la mejor forma posible; pasándolo en casi todo el transcurso fuera del Castillo.

Hubo de todo: risas, bromas y dulces. Tanto Ivlis como el resto se sentía exhaustos, pero plenos luego de tan amena jornada.

Ya habían olvidado cuando fue la última vez que se divirtieron tanto; quizás incluso la última vez fue hace mucho... Cuando Adauchi aún seguía a su lado.

Adauchi...

Una inmensa melancolía lo invadió con su recuerdo. Su hijo mayor... ¿Hace cuánto que no sabía de él?

¿Estaría a salvo? ¿Bien alimentado y descansado? ... ¿Siquiera vivo?

Se le estrujaba el corazón con tantas dudas y nulas respuestas. Su hijo aún le preocupaba, era su padre después de todo.

Mentiría si dijera que no lo extraña.

Deseaba verlo y disculparse por ser tan estúpido, al menos por una sola vez.

Suspiró. Tal vez estaba pidiendo demasiado. Y de cualquier modo ¿Qué garantizaba que el rubio siquiera querría escucharlo?

Nada.

Sentía un nudo en la garganta de solo pensarlo, aunque no duró mucho; las animadas voces de Emalf y los pequeños lo despertaron de sus cavilaciones de nuevo.

_¿...?

_¡Apuesto todos los dulces a que Licorish llega último de nuevo! -Se oyó un grito poco antes de poder visualizarse a una apresurada loli correr a toda prisa hacia el castillo.

Faltaba muy poco para estar en casa y aprovecharlo para molestar al menor nunca estaba de más para ella.

El pequeño sintió su rostro arder, intentando alcanzarla. El sabor de la última derrota en la mañana aún seguía fresco.

_¡No se vale! ¡Tú saliste antes, Poemi! -Chilló en medio de sus intentos por llegar hasta ella. Su baja estatura no lo ayudaba en velocidad, especialmente cuando intentaba demostrarle que podía ganar sin cambiar de forma.

Además, no quería oír sus berrinches sobre que él solo hace trampa y demás tonterías.

¡Esto era todo por el honor! ...¡Y los dulces!

La intensidad era tal que ni se percataban del efecto refrescante que su accionar provocaba en Ivlis, ni que habían dejado a Emalf atrás.

_¡Oigan! ¡E-espérenme! ¡No me dejen todas las cargas a mí! -Ser la mascota no era nada cool.

Aunque causó algunas risas en su jefe.

Siempre era igual.

Ellos nunca le permitían seguir triste por mucho tiempo, ya fuera a consciencia o no.

Mis hijos...

Los adoraba como ellos no podían ni imaginar. De algún modo u otro siempre le robaban alguna sonrisa... Lástima que eso no pudo durar mucho.

_Cu-ca-ra-cha~ Adivina quien vino de visita~

¡FUCK, NO!

Casi por reflejo hizo el amago de huir, pero uno de los brazos sombras ya lo había retenido, obligándolo a mantener una incómoda cercanía con el odioso diablo de Pitch Black.

_¡Oye, oye, oye! ¿A dónde crees que vas? Actúas como si vieras un fantasma. -Ni siquiera parecía poner mucho esfuerzo en su agarre, aunque evitar los manotazos lo complicaba un poco. - No me digas que no me has extrañado ¿Uh, uh, uh? ¡Yo sí! Las noches solitarias me duelen las manos de pensar en ti~

El que entendió, entendió. Y para desgracia de la traumatizada mente de Ivlis, lo hizo.

Sintió ganas de meterle un puñetazo.

_T-tú... ¡¿Q-qué mierda haces aquí?! -Ya se estaba acostumbrando a su ausencia cuando al idiota se le daba por aparecer. Bien, y él creía que hoy tendría un bonito y tranquilo- ¡¿Qué haces?! ¡Suéltame!

_¡No me hables así! -Paciencia, paciencia. El amor debe ser paciente ¿No? - Y a lo que vine... Bueno. ¡Estás de suerte, cucaracha! Porque tuve una fantástica idea que proponerte~

Ok... Eso ya le daba muy mala espina. Cuando Satanick pensaba, pasaban cosas muy malas.

_...¡Ya te dije que primero muerto a hacer un trío! -A la mierda el puto acuerdo, tenía sus límites.

_¡No era eso! ...Aunque podemos discutirlo luego. -No se rendiría, pero ahora debía enfocarse- He meditado mucho y creo que finalmente llegué a la conclusión que solucionará todos nuestros problemas.

El de mechas rojas arqueó una ceja, escéptico.

_...¿Encontraste una forma de asesinar dioses?

_¿Eh?... No. -Aunque investigarlo resultaba tentador.

_¿Vas a castrarte?

_¡¿Q-qué?! ¡Claro que no!

_...Entonces tu idea no me solucionará nada. ¡Mentiroso! ¡Estafa! -¿Qué? Tomarle el pelo a ese tonto era algo divertido. Además, desde el inicio supuso que no valía la pena ilusionarse, mejor burlarse.

Aunque el azabache no opinara lo mismo.

_¿Quieres cerrar la boca y dejarme hablar? ¡Eres un pésimo adivino! -masajeaba sus sienes. Esto de ser paciente estresaba. Ya ni sabía por qué esperaba un logro de Ivlis.

_...Como no tengo opción...

_¡No! ¡No la tienes! ¡Así que cállate! -Trató de aspirar hondo. Bien, a la verga con el misterio y mejor iba al grano- Lo que decía era que... ¡Eekkkhhh!

Sin embargo, en esta ocasión alguien más lo interrumpió.

_¡Deja en paz a madre, basura! -Rugió hecho furia, luciendo nuevamente aquella forma en la que superaba incluso la altura de su padre, y con la cual, podía invocar aquellas lanzas con las que lo atravesaba.

Hasta hacía unos minutos se suponía que estaba festejando su inesperada pero dulce victoria ante su hermana; sin embargo, detuvo toda algabaría cuando al voltear para recibir alguna felicitación de su madre, éste no estaba por ningún lado.

Solo eso bastó para que pensara lo peor y regresase sus pasos, atrapando a ese gigoló con las manos en la masa.

¡Ah, no! ¡En su guardia no!

_Madre ¿Estás bien? ¿No te alcanzó a hacer daño? -estalló en mil dudas, dirigiendo alguna mirada rápida hacia el adulto.

Quería estar seguro de que estuviera entero y libre de pulgas de pervertidos.

Ivlis por su parte se sentía de maravillas. ¿Y cómo no? Si su querido salvador lo había liberado del forzoso agarre ajeno, acurrucándolo entre sus brazos como todo digno héroe de cuentos de hadas.

Su héroe.

_Sí, estoy bien. Y todo gracias a ti, cariño -Sonrió, acariciando su mejilla en agradecimiento. - Mi pequeño, héroe.

Estar entre sus brazos era la mejor parte de sus rescates, le daban una cálida sensación de seguridad.

Licorice no tardó en experimentar nuevamente el calor en su propio rostro, al igual que cierto revoloteo en su estómago.

Para su corazón no había mayor halago que la voz de su progenitor. Casi hasta le hacía lamentar tener que bajarlo de su abrazo.

Muy en el fondo, realmente ya no sabía si tenía merecido tal título, pero si su madre lo decía... Lo aceptaría.

_No es nada, mamá. Me gusta ayudar -Murmuró por lo bajo, listo para que regresaran casa, dejando a Satanick desangrándose, pero...

_¡E-esperen!

...Las cosas aún no terminaban.

_Tks ¿Qué quieres, imbécil? -Rodó los ojos con fastidio.

No entendía cómo le hacía Satanick para seguir hablando con una lanza en la cabeza, aunque tampoco le importaba.

Solo quería llegar a casa y merendar algo delicioso con Ivlis.

_A-aún no les dije todo... -Se puso de pie con cierta dificultad. Si no lo pensaba, la lanza no dolía... Tanto- E-es algo bueno para ti también, Licorice -O al menos así lo veía el diablo de orbes violeta.

¡Jah! Si supiera...

_¿Ah? ¿De qué estás hablando ahora? -Si provenía de su padre nunca sería algo bueno- Si me sigues haciendo perder mi tiempo, te voy a-

_¡T-te juro que no es eso! ¡Es una buena idea! -Se apresuró, agitando sus manos en señal de paz. De verdad no estaba intentando ningún truco- ¡Es muy bueno para todos!

Esto a cada segundo se ponía más raro.

Madre e hijo se observaron dudosos del argumento ajeno, dispuestos a mejor solo ignorarlo y partir de una vez, pero su silencio fue tomado como una oportunidad de hablar para el diablo azabache.

_E-es bastante simple, la verdad... -Tosió un poco. Debía apresurarse para volver a su mundo, necesitaba ayuda de Medouco cuanto antes así que fue al punto, descolocando a más de uno- ¡Vengan a vivir conmigo!

El tono que usaba era tan jovial y confiado, ni parecía alguien con la cabeza ensartada.

Era casi una pena que fuese el único que compartía tan sentimiento por la 'alegre' propuesta.

_¡¿Qué?! ¡¿Acaso te volviste completamente loco?! -Se detuvo unos segundos, terminando con una palmada contra su propia cabeza- No ¿Qué estoy diciendo? Siempre has estado loco, pero esto lo te supera.

Era oficial, tener raíces en el cerebro no era saludable. Ya le parecía raro que Satanick no pareciera mostrar cambios luego de aquella experiencia tan perturbadoramente floral.

_¡¿Q-qué insinúas, Cucaracha?! ¡La propuesta va muy en serio! -chilló más que ofendido. Cuanta grosería, y él que se había matado planeando todo- Es perfecto. Solo piénsalo: Tú, yo, nuestro bebé; y tal vez algunos más que quieras traer, no me opongo; juntos bajo el mismo techo... ¡Como una familia!

Su propia ilusión fantasiosa al respecto puede que le impidiera considerar mil detalles y fallas técnicas, entre ellas el que nunca fueron realmente tal cosa como una familia, pero creía que para ello estaría la convivencia.

Que a partir de allí todo se solucionaría por sí solo.

Pero la vida nunca sería así de sencilla.

_Lo imagino y creo que tendré pesadillas -Pensaba que la lanza al fin le dejó un daño irreparable a su inexistente cerebro. - No sé si lo recuerdas, pero tengo un mundo que dirigir y ese es solo UNO de los miles de "pero's" que se me ocurren a tu tonta idea.

Ivlis no quería nada de esto, pero el diablo de Pitch Black tampoco pensaba ceder.

_Bah, eso lo puedes hacer desde allá. Y de igual modo no es como su hicieras gran cosa -Soltó con un leve gesto de restar importancia, crispando al más bajo.

A diferencia de ese enfermo sexual, él si veía su puesto con gran responsabilidad.

_¡No me pongas en tu nivel de vagancia! -Eso lo ofendía ofendidamente.

Esta discusión estaba sobrepasando sus dosis diarias de absurdidad; aunque muy pronto tomaría un inesperado giro de seriedad.

_...No quiero.

Ambos adultos se detuvieron, mirando ligeramente sorprendidos al niño. Por Vicers, por un momento de verdad olvidaron que estaba allí.

Durante todo este momento, Licorice se había visto atrapado en un silencioso shock sin que lo notaran. Su cabeza daba mil vueltas sin reparo, repasando cada pro y contra con relación a la 'propuesta' de su padre.

Más que nada los contra, cabe mencionar.

Tragó grueso en medio de su debate interno.

No quería volver a Pitch Black, no podía volver. Si lo hacía, entonces...

_No quiero.

...Vería a ese monstruo otra vez. Y no estaba seguro de estar listo para ello.

¡Ni siquiera había considerado tal opción! En todo este tiempo solo había pensado sobre si hablar del asunto, incluso llegó a concluir que todo estaría bien si solo lo olvidaba y seguía con su vida.

En Flame World eso era posible, pero en Pitch Black... No. ¡Imposible!

_¿L-licorice? -en medio de todo su debate, el menor no era consciente del todo en su actuar, el cual alertó un poco al diablo de las llamas.- ¿Estás bien? ¿Pasa algo? -Entendía su desagrado con la idea, él mismo la compartía, pero...

La reacción de su hijo era incluso más intensa, más furiosa, más... ¿Asustada?

No. No era posible... Y de ser así ¿Por qué?

A Licorice no le agradaba Satanick en lo absoluto, pero nunca mostró tal desagrado. Después de todo, lo había llegado a escuchar varias veces hablar muy emocionado de cuando podía visitar a Glasses y kiku.

Sintiendo una instintiva necesidad de dar algo de alivio, tocó el hombro del más alto para captar su atención y buscar comprender.

Creía que si veía más claramente a su rostro entendería que sucedía, pero no fue así.

Apenas su escamosa mano hizo contacto sobre su hijo, éste sí reaccionó, pero desviando la mirada a un costado con dignidad. Como si de golpe recordara que no estaba solo y que debía guardar la compostura.

No, Licorice. Nada de pánico delante de tu madre. No quieres un interrogatorio de su parte.

Natural, fuérzate a actuar natural.

_N-no me pasa nada, solo... -Una mirada de molestia cayó sobre su padre, pero ningún ataque más se vio efectuado. Suspiró- Estoy cansado de seguir los juegos de ese idiota, es todo.

Y con ese gruñido, decidió dejar todo por la paz, regresando a sonreír levemente hacia su adorada madre. No quería preocuparla. Ya el sobre debía tener más que suficiente estrés como para sumarse a la lista.

_Licorice...

_Estoy bien ¿Sí? -tomó su mano con suavidad. Ivlis hasta había olvidado la última vez que lo trataron con tal delicadeza- Mira, como dije la idea no me gusta, pero... Estaré bien con lo que sea mientras pueda estar contigo. -No iba a dejarlo a merced de ese idiota- ¿Escuchaste, basura? No creas que no veo tus intenciones, pero no te permitiré hacerle daño a madre -Siseó, tal vez más rudo de lo necesario.

Así lograría disimular su propio temor.

Sí... No dejaría a su amada madre sola. Ni se permitiría bajar la guardia tanto por Ivlis como por sí mismo.

Disimuló su pesar al regresar a su forma infantil para emprender su camino a casa. Ya no había más por decir o hacer de su parte.

Mientras Ivlis no lo dejara solo, todo iría bien ¿Cierto?

Se aferraría a esa idea y confiaría en el juicio de Ivlis, no le quedaba de otra.

Para Satanick por su parte, el ambiente se había tornado más tenso de lo esperado, por lo que el ojivioleta consideró que ya era hora de irse. No vaya ser que la ira del niño terminara materializada como una nueva lanza en su cráneo.

Total, a sus ojos la decisión ya era muy obvia.

_Bueno, veo que tienen mucho por hacer. Vendré en dos días por ustedes~ -Y sin dar tiempo a nada más, abrió un portal para desaparecer velozmente dentro de este.

Mejor que digan 'aquí corrió' que 'aquí quedó' ¿Cierto?

_¿Pero qué...? ¡Satanick, mierda! ¡Regresa! ...Condenado hijo de... -No podía creer que lo estuviera dejando solo con semejante embrollo.

Suspiró resignado, volviendo a observar el camino a su castillo por donde él y su hijo comenzaron a recorrer finalmente.

En todo lo que restaba, el niño ya no se molestó en decir nada más, perdido en sus pensamientos y dejando al adulto muy preocupado por todo.

¿Qué iba a hacer ahora? Era evidente que Satanick no iba a aceptar ninguna excusa o negativa; aunque las pusiera tenía ese ridículo acuerdo mutuo: Ivlis podría considerar que estaría 'a salvo' (al menos de morir) a cambio de hacer lo que el azabache.

Como un juguete.

Incluso luego de tantos años pensar en las circunstancias que lo obligaron a aceptar tan horrendo trato hacía que la bilis en su estómago se revolviera.

¿Hasta cuándo seguiría cargando con sus errores del pasado? ¿Quería la vida de él?

No lo sabía, pero se esforzaría por pasar a un tema menos deprimente.

Al final de todo, Licorice había dejado la decisión en él ¿No? Pasara lo que pasara, el niño ya había dado su veredicto:

No iba a dejarlo.

Se abrazó internamente a sí mismo, envolviéndose entre una mezcla de vergüenza y alivio. ¿Y así se decía ser un adulto? ¿Sintiéndose a salvo por la promesa de un niño?

Patético. Eso era realmente.

Ni siquiera le sorprendía darse cuenta de que al final de todo terminaría cumpliendo el absurdo capricho del otro diablo.

Siempre fue así: un cobarde sin voluntad real.

Y lo peor de todo...

Solo tenían 2 días para alistarse.

...Mierda...

Lo mejor sería apresurarse a dar la noticia y prepararlo todo. No dudaba en que Poemi y Emalf querrían ir con él, aunque ello no quitaba a muchos de sus subordinados atrás...

Y a su hogar.

Apretó los labios. Temporal, se quería convencer de que esto era temporal.

Así no dolería tanto. Tenía mil cosas de las que preocuparse, entre ellas, ir a hablar con su hijo.

Licorice...

Qué extraño ¿Por qué sentía que estaba a punto de cometer el peor error de su vida?

Bueno, no es como si fuera la primera vez que lo sintiera, así que solo intentó ignorar el presagio.

Grave error.

###########

La pobre se movía de un lado a otro, entre sábanas y escobas, debía asegurarse de dejar las nuevas habitaciones en óptimas condiciones para los futuros nuevos inquilinos.

_E-esto va aquí, aquí y creo que aquí. -Balbuceaba por lo bajo, a la vez que con su mano libre intentaba despolvorear un poco, aunque ello provocaba el leve estornudo de sus serpientes. - Ups... Lo siento, chicas.

Éstas no tardaron en sisear en tono amistoso. La conocían bien como para tolera sus pequeñas torpezas.

Soltó un jadeo cansado.

La albina realmente no entendía que estaba pasando o por qué deliberadamente el diablo de Flame World se vendría a vivir aquí con sus hijos y subordinado, Envi no parecía dispuesto a querer dar detalles.

Suspiró.

Bueno, suponía que por ahora solo le quedaba seguir limpiando. No era como si esto le afectara negativamente ¿No?

Uhn... Tal vez me preocupo mucho...

Consideraba factible tratar de aprender de Crea para ver lo positivo de las cosas.

Y hablando de ella...

_¿Uh? ¡Oh, Medouco! Aquí estás, te estaba buscando -La infantil voz atravesó el umbral de la puerta, permitiéndose corretear hasta la sirvienta. Parecía tan rebosante de energía que la adulta se sentía contagiada.

Sonrió tímida.

_Pareces feliz, Crea. -La niña no tardó en corresponder la sonrisa.

_¡Lo estoy! Vamos a tener más amigos con quien jugar ¿No es genial, Medouco?

_Sí que lo es. -Palmeó sus cabellos antes de volver a su labor.

La joven robot era muy ingenua e inocente como para ver los 'inconvenientes de adultos' que realmente todos éstos cambios significaban. Ignoraba completamente la verdad que escondían las intenciones de su amo para traer a Ivlis y compañía, muy lejanas a cosas como amistad real o juegos de mesa.

Pero... Todos creían que era mejor así. Mientras menos lo comprendiera, más sonrisas podría ir contagiando por ahí y eso sin duda haría a Satanick feliz.

Ese era su deber ¿No?

Además, la Gorgona si compartía ciertas ideas con la niña, como aquella en la que creía que los niños del diablo del otro mundo sí podrían congeniar con la pequeña.

La albina era su amiga y siempre se daba un tiempo para jugar con ella, aunque amigos más cercanos a su 'edad' seguro le vendrían bien.

Al menos Crea sí que está feliz.

Pero... No todos compartían esta dicha.

No muy lejos del femenino par, un fastidiado demonio se movía de un lado a otro, maldiciendo internamente su suerte, a Sullivan por su enorme bocota y a Ivlis por algo tan simple como existir.

Una cosa esa tolerar a esa gallina cuando a su jefe se le daba por buscarlo para algunas horas entretenidas, otra muy diferente era tener que verlo las 24 horas del maldito día.

Apretó los puños, conteniéndose para no golpear muy fuerte al pisar. Debía saber disimular su molestia... En especial a partir de ahora.

Pero el diablo de Flame World no era su mayor preocupación... sino...

_...Tks...

Tan rápido como llegó a sus pensamientos, un insano deseo por ir a arrancarle la lengua al niño se hizo presente, pero lo reprimió.

Así no lograría nada, debía volver a calmarse. Aún no pasaba nada, así que puede que le estuviera dando demasiada importancia.

El chiquillo quedó muy trastornado luego de su último encuentro... Las posibilidades de que abriera la boca no eran muy altas.

Y en todo caso, si es que en esta nueva estadía lo veía necesario, un segundo escarmiento no estaría de más.

Sí... Esa idea serviría para cualquier contingencia.

Después de todo, esto era tan solo un pequeño correctivo por el bien de su amo. No estaba haciendo nada muy terrible. El mocoso era un malcriado y se lo merecía.

Y con ello en mente, el demonio cabra se sintió capaz de continuar sus tareas con normalidad.

Satanick por su parte, totalmente alejado en su propio cuarto, no paraba de dar vueltas de un lado a otro.

La emoción lo tenía maravillado y fantaseando con mil cosas a la vez.

_...Poco... ¡Ya falta tan poco! -Siguió brincando sobre el suave colchón de su cama, apretujando un pequeño y afelpado peluche de conejo.

Desde que fue a dar la noticia, llevaba contando las horas y minutos que faltaban para el arribo de sus invitados. Se prometía que, si se retrasaban tan solo un minuto, él mismo iría a buscarlos.

_Fufufu~ Muy pronto... ¡Todo será espléndido! -No paraba con sus ilusiones.

Desayunos, almuerzos y cenas, todos con la mesa al fin repleta. Poder ir tras de Ivlis cuando quisiera... ¡Poder ver a su hermoso bebé crecer de cerca!

Todo esto lo mantenía con tal euforia que ni se detenía a recordar la realidad donde Ivlis solo aceptaba por el burdo contrato que mantenían y su hijo estaría dispuesto a hacerlo ceviche si intentaba algo. No quería pensarlo ahora que se entretenía en sus propios sueños despierto.

Aspiró hondo, luego de permitirse caer sobre una almohada y perdiendo la vista en el techo en lo que su respiración.

Luego de años de silenciosa soledad en el Castillo... Al fin volvería a haber ruido y vida.

Sonrió.

Eso era todo lo que quería... Y necesitaba.

###########

Y como si el destino se apresurara a lo inevitable, los días faltantes no tardaron en transcurrir hasta que el indeseado momento llegó.

Hoy era el día en que el diablo debía partir a Pitch Black, y la incertidumbre al respecto no se limitaba solo al de mechas rojas.

_¡B-bwaaahhh! ¡Señor Ivlis! -el llanto de sus subordinados seguramente debía estar haciendo eco por todo el Inframundo.

Por motivos inexplicables, fuero ellos lo que tomaron peor la noticia. Se habían encariñado demasiado con su jefe, servirlo era prácticamente su vida y verse forzados a renunciar a ello, dolía.

_V-vamos, chicos. Solo es temporal, prometo volver -Hizo el intento por calmarlo. Le daba una pena horrenda verlos sufrir tanto solo por él, no se creía la gran cosa para ameritar tanto- N-no es para tanto...

Sin embargo, el resto de demonios no parecía opinar lo mismo.

_¡C-claro que sí, amo!

_¡Usted ha sido el mejor jefe!

Y el único, pero esos detalles quien los cuenta.

_¡No se olvide de nosotros!

_¡Escríbanos! Ugh...

_¡Llámenos!

_¡S-si necesita algo solo dígalo e iremos por usted! ¡Bwahhh!

_¡L-los vamos a extrañar, señor!

_M-muchachos...

Ay, no.

Si seguían así podrían hacerlo llorar, y eso no era honorable en un momento así. Solo estaban haciendo esto más difícil.

Aspiró hondo, dejándolos al menos desahogarse un poco. Sus pobres servidores al menos merecían eso.

Estos días habían sido algo complicados, imposibles de dejarle algo de tiempo para algo y exprimidos hasta el último segundo para dejar todo en orden.

Había deseado hacer tantas cosas, entre ellas el hablar más calmadamente con Licorice, pero tal cosa no se pudo.

Suspiró resignado. Aún sentía algo molestándolo con respecto a la extraña actitud del niño de días atrás, pero no llegaba a nada.

Por otro lado, no muy lejos de él, el eco de un par de voces se hizo presente, junto al sonido de pesadas maletas arrastrándose por el suelo.

_¡Más rápido, Emalfsh! -Gruñía la aterradora loli, apenas cargando con una pequeña mochila en comparación del enorme par de maletas que el mayor iba arrastrando dificultosamente.

_E-esto pesa... ¡Joder! -¡¿Qué acaso llevaban un batallón ahí dentro?!

Conociendo las costumbres sádicas de la castaña, optó por no preguntar.

Ivlis rió nerviosamente, sin estar seguro de si sería necesario llevar tanto. Él mismo solo se aseguró de llevar lo primordial, entre ello ropa, pertenencias muy valiosas y demás, no quería abarrotarse tanto.

Si lo hacía, sentiría que se iría para siempre; cosa que esperaba no sucediera.

Bufó contra su suerte, observando a su alrededor.

_Bien. Con esto creo que- ¡...! -Calló de golpe.

No. No estaba todo. Aún faltaba...

_¡¿Dónde está Licorice?! -miró en varias direcciones. Las pertenencias del niño ya estaban donde deberían, pero su dueño no.

Entornó los ojos hacia sus subordinados, quienes temblaron.

El mensaje fue claro: ¡A buscar al joven amo o terminarían hechos cenizas!

############

Tomó una roca pequeña, firme y rojiza entre sus dedos, lanzándola pocos instantes después hacia la nada.

Había perdido la cuenta de cuántas veces llevaba repitiendo la misma acción una y otra vez entre su muy larga caminata, aumentando su insatisfacción con cada sonido molesto de las piedrecillas pulverizarse en sus caídas y rebotes toscos.

Quería despejarse antes de la estúpida mudanza, pero no estaba funcionando.

Estaba frustrado con todo. Con la vida, con su padre y hasta consigo mismo. Cada vez que creía avanzar en algo, todo parecía confabular para obligarlo a retroceder de nuevo.

La idea de ir a Pitch Black lo tenía asfixiado desde que enteró. Si intentó no hablar del tema en todos estos días fue para al menos intentar disimularlo y disfrutar cuanto pudiera de su cálido hogar mientras el tiempo seguía como una especie de cuenta regresiva.

Odio esto.

Todo estaba cambiando tan rápido que ni siquiera terminaba de digerir una situación antes de enredarse con otra.

Bufó, pateando algo hacia un río de lava cercano.

Cabía mencionar que no culpaba a su madre por esto, entendía que quizás la estúpida basura influenció directa o indirectamente su decisión, pero ya no importaba.

Y de igual modo, Ivlis era tan ignorante como todos de su angustia. ¿Qué culpa puede tener de algo que desconoce?

Lo consideraba más culpa suya por seguir callado.

_...¡M-maldición! -se despeinaba de solo pensar en ello. ¿Era posible estar tan furioso consigo mismo?

¡Esto iba a volverlo loco!

Quiso gritar del coraje que se daba, pero luchó por contenerse y solo volvió a tomar una roca para lanzarla.

_...¿Uh?

...Pero justo luego de hacerlo, un sonido extraño y hueco llamó su atención y curiosidad infantil.

Avanzó hacia dónde provino, a unos pocos metros suyos detrás de unos arbustos espinosos y rocas. No había sonado como las veces anteriores, algo allí debía ser diferente.

Con sumo cuidado de no pincharse, se acercó a mirar un poco hasta que notó algo extraño.

_...¿Y esa jarra? -no estaba del todo seguro de que era hasta que logró sacarla de entre unas ramas muy enredadas y algo de tierra.

¿Una lámpara?

Naranja y con extraños símbolos muy similares en diseño a algunos jarrones de su hogar. Estaba sucia y polvorienta, calculaba que llevaba años allí, tal vez siglos.

Se preguntaba quién pudo haberla perdido en un lugar así, totalmente en medio de la nada.

Se encogió de hombros.

Ya saben que dicen ¿No? Quien lo encuentra se lo queda.

Aquel cacharro se veía tan frágil y vieja que seguramente no duraría mucho; hasta parecía milagro que la roca que lanzó no la abollara; pero seguro le gustaría a Poemi para jugar al té.

Solo... Debía limpiarla un poco y ya.

Remangó ligeramente su ropa, empezando a frotarla y sacudirla distraídamente sin notar de una esencia que terminó por abandonar su interior de golpe, aterrándolo.

_¿Pero que...? ¡WAHHH!

Tembló de pies a cabeza mientras veía, totalmente paralizado, como un extraño humo salía del interior de la lámpara hasta ir cobrando forma...

La de una joven de ropa al estilo árabe y cabellos tan naranjas como las llamas del fuego.

_¿Q-qué...? -Retrocedió tan abruptamente que cayó sentado y dejó caer la lámpara por el asombro. No creía lo que estaba viendo a pesar de tenerlo a pocos metros suyos.

Una mujer... ¡Una mujer con dedos de ensalada!

¡¿De dónde salió?!

No, esperen. Eso lo sabía, vino de la lámpara.

¡¿Pero cómo rayos era posible?! Ese cacharro era diminuto y este ser... Lo contrario mismo.

No había lógica, su mente iba estallar... Y no era el único.

La pelinaranja estaba tan anonadada como el joven diablo, mirando a su alrededor y a sí misma con una inexplicable muestra de asombro, incredulidad y alegría.

_Y-yo... N-no puede ser ¡Al fin soy...!

¡Libre! ¡Era libre!

La oscuridad, el encierro, la soledad... ¡Todo se había ido por fin!

Estaba tan emocionada que tardó largo rato al percatarse de la joven compañía, así como dedujo que éste era su salvador.

¡Oh, Vicers! ¡Sus modales!

_¿Uh? ¿Tú fuiste quien...? -Y fue entonces cuando pudo ver en los ojos del niño un deje familiar.

Ese dorado, tan inocente y lleno de amor; solo lo había visto una vez hace tiempo en...

_...S-señor Ivlis... -Jadeó, al borde del llanto con solo recordarlo.

¡Es verdad! ¡Su amo! ¡¿Qué había sido de su mejor amigo mientras no estaba?! Siquiera... ¡¿Cuánto tiempo había pasado de su ida?!

Miles de dudas se atiborraban en su cabeza, a la vez que una conclusión ayudaba al menor a saber qué hacer.

No sabía exactamente quién era esta rara mujer, pero conocía al de mechas rojas.

Las ansias lo invadieron, al igual que una mezcla de alerta y fascinación.

_...Oye... -llamó a la genio, con un gesto tímido pero amable.

Tenía que decirle a su madre.

_...Yo sé... donde está la persona que mencionaste...

Y rápido.

######

_¡Licorice! ¡Licorice, ya casi es hora! ¡¿Dónde estás?!

Con los nervios a flor de piel, el diablo se removía de un lado a otro gritando el nombre de su hijo.

Bufó.

Ya era suficientemente malo tener que resignarse a cumplir los caprichos del estúpido de Satanick, y la creciente preocupación por no saber del paradero de su hijo no lo ayudaba.

Esto no puede estar pasando. Masajeó sus sienes con estrés.

Sabía perfectamente que Licorice fue quien peor tomó todo esto de verse obligados a mudarse, pero no creía que intentara algo.

¿Edad de rebeldía? No. Licorice era muy buen niño para eso. Nunca buscaría hacer algo solo por demostrar que llevaba la contraria, al menos no con él.

Le era más viable creer que estaría jugando sin notar la hora o algo similar.

_¿Dónde estará ese niño?

Y casi como una respuesta del destino, apenas terminó de formular la pregunta, un ligero jalón a su ropa llamó su atención provocando que volteara.

Era el pequeño.

_Mamá, yo-

_¡¿Dónde estabas?! ¡Me tenías muy preocupado! -Soltó de golpe, conteniéndose para no hacer una escena, aunque era imposible. Su instinto hablaba por él- ¿Qué te he dicho sobre irte así...?

Sin embargo, Licorice, lejos de hacer gran caso a lo que oía, optó por señalar a espaldas suyas para indicar que no venía solo. Si Ivlis no escuchaba sus palabras, supuso que hacer un gesto ayudaría.

Se sentía algo mal por el leve regaño, pero lo que encontró era más importante. Ya se disculparía luego por desaparecer.

Y tal como previó, el de mechas rojas levantó la mirada en la dirección indicada, quizás dispuesto a mandar al carajo a lo que sea o quien sea que hubiese colaborado con retrasar a su hijo, pero todo intento de palabra murió cuando la visualizó.

_¡...!

Sus cabellos naranjas, mirada ocuosa, ropajes y tatuajes inconfundibles. Solo conocía a alguien así y no podía creer que estuviera aquí.

_¿R-rieta? -No sabía cómo reaccionar o que decir, todo en él estaba entrando a modo automático por el shock; ignorando momentáneamente todo lo que no fuera su más fiel subordinada... Y mejor amiga.

Su alma gemela.

La genio también parecía tan conmocionada como él.

_H-hola, señor Ivlis. H-ha pasado tiempo ¿No? -Titubeó envuelta en lágrimas, sin poder adivinar que su amo terminaría por abalanzarse hacia ella tan solo para una cosa:

Abrazarla.

Tal vez así se convencería que no estaba soñando ni que era ningún espejismo para permitir a todas sus emociones estallar con libertad entre un alegre llanto.

_¡Rieta! ¡D-de verdad eres tú! ¡Tú! -la había extrañado tanto, y justo cuando más la necesitaría, al fin regresaba a su lado.

En medio de todo, el niño solo permanecía en silencio, presenciando el momento como si estuviera en medio del final inesperado de alguna película.

Tenía mil y un dudas en mente, así como una sensación rara invadiéndolo al ver al par tan cariñoso, pero... La que más perduraba era una extraña y tenue alegría.

Si su madre era feliz, él también.

Podía ver que a partir de hoy vendrían muchos cambios, pero no todos parecían malos.

_¡L-lo extrañé tanto! ¡Señor Ivlis! ¡Ivlis!

Ahora mismo presenciaba el mejor cambio posible para su progenitor y su destino...

Notas finales: Y al fin terminé... Espero que les haya gustado. Luego de mucho finalmente actualicé.

No prometo mucho, pero al menos trataré de avanzar hasta el final.

Y pos bueno, sobre el HeadCanon... Ya lo han visto. Un headcanon sobre Satanick decidiendo llevarse a la Familia Flama a Pitch Black y el otro que nos trajo a la linda Rieta de regreso~ La idea vino gracias a un par de fan art que encontré por ahí.

Lo siento. La amo demasiado y la necesito en esta historia.

Y cabe mencionar que las Dalias de dragón no existen, pero estan basado en las dalias reales que resisten mucho el calor y significan "Inestabilidad". ¿Por qué será~? (?)

En fin. Cuídense mucho y nos leemos pronto~