Notas: Ningún personaje me pertenece, todo es obra de Funamusea.

Basado en un rol muy interesante con mi bella esposa/diosa/senpai SweetyGirl90. (¡Vayan a leerla! Actualiza más que yo y es cool :'c)

Portada y dibujo de multimedia: También de SweetyGirl90 (En serio te amo por esto:"3) Mil gracias~

¿Soy la única que flipa con sus diseños parodiando este cuento? Espero que no, estan preciosos.

Advertencia: Relación homosexual e incestuosa. Traumas psicológicos. Uso de Headcanons (Los explico más abajo).

Aclaración: Hafefobia es el miedo a tocar o ser tocado.

Pareja principal: LicorIvlis.

Hafefobia

Capítulo III: Los cuentos Caperucita y el lobo.

Era extraño.

¿Cómo era posible sentirse feliz y molesto a la vez?

No era la primera vez que experimentaba algo así, había sucedido con su padre tiempo atrás, pero ahora era diferente. La molestia no lo irritaba ni hacía sentir que su usual anormalidad aumentaba, solo... Era muy extraño.

¿Será por Rieta? Sí. Debe ser por ella. Ladeó la cabeza, apegando un poco más el rostro hacia el frío cristal. Sería más cómodo y fácil abrir la ventana para asomarse mejor, pero prefería la discreción que las sombras de las cortinas y el reflejo del exterior le propiciaban.

No quería que supieran que los estaba viendo, solo... seguir gozando silenciosamente de la vista estaba bien para él, en especial si considerábamos que no se encontraba siquiera en su propia habitación sino en la de su madre. Se suponía que se había escabullido hasta ella temprano en afán de intentar ser el primero en despertarle, pero se le habían adelantado y en lugar de marcharse, terminó embelezado con el panorama desde el cristal.

Pero vamos, tampoco deberían culparlo.

El escenario que su dorada mirada observaba desde su posición era encantador; el más bello de entre todas las ventanas del Castillo de Pitch Black World.

¿Y cómo no lo sería?

Si se trataba de uno protagonizado por su adorada madre después de todo, felizmente dando un paseo por el jardín en compañía de su fiel amiga y servidora, tal vez conversando de algún tema casual.

Reían tan alegremente que incluso desconociendo el tema de la charla se sentía algo contagiado por su euforia.

Se nota que son muy cercanos.

Desde que comenzaron a contar con la compañía de la pelinaranja, ser testigos de momentos como aquellos se había vuelto algo cotidiano de su día a día; hasta se logró acostumbrar a ello incluso más rápido de lo que lo hizo con su 'nuevo hogar'. Según Emalf y su hermana le habían llegado a platicar, su madre y la genio siempre habían sido así de cercanos.

Se contaban todo y entendían mutuamente como los mejores amigos del mundo. No... Como almas gemelas.

Se removió un poco, suspirando contra el cristal hasta empañarlo ligeramente. No entendía del todo aquel concepto, aunque ello no evitaba que una incómoda sensación oprimiera su estómago.

No lo malentiendan, Licorice estaba feliz de que su madre tuviera a alguien tan importante y cercano en su vida, era obvio que la presencia ajena le traía cierto tipo de alegría que otros no podían. Además, la pelinaranja le había caído bien desde el momento en que la conoció.

Entonces... ¿Usted es el hijo del señor Ivlis? ¡Que alegría me da conocerlo! La verdad, suponía que guardaban algún tipo de relación, la mirada del joven amo me recordó mucho a la del señor Ivlis cuando nos vimos por primera vez.

Todavía era vergonzoso recordar aquello dicho por la genio, una vez que terminó de apalear a su padre y volvió a enfocarse en ellos. La mejor forma de ganarse al niño: reconocer en él algún parentesco a su madre y hacérselo saber.

Podría decirse que entendía lo que el de mechas rojas pudo haber visto en ella para guardarla como una persona tan cercana y valiosa en su vida. ¿Quién no querría cerca a alguien así?

Rieta era dulce, graciosa y leal, resultaba imposible no sentir confianza en su persona al poco rato de compartir algunas palabras. Su carisma era inigualable a nadie que hubiese conocido.

De repente, era como si la genio siempre hubiera estado en sus vidas; no hubo tal inconveniente de adaptación ni situaciones fuera de lugar, todo era perfecto. Como si simplemente hubieran implementado una pieza faltante al rumbo de sus vidas.

Rieta era perfecta para Ivlis.

Una mano derecha perfecta. No, incluso más que eso, Rieta era alguien de la familia.

Su familia. Y por tanto, esa incomodidad que lo aquejaba ni siquiera merecía seguir presente.

Esto es diferente...

Ella lo hacía diferente a su anterior situación con el supuesto intento de cambio de su padre.

Suspiró, optando por mejor tratar de alejarse y parar sus reflexiones inútiles o de lo contrario nunca saldría de allí. No es como si no tuviese mayores preocupaciones que un infantil nacimiento de celos.

¿Cierto?

Tú no quieres decirle nuestro secreto a nadie ¿Verdad? No... No quieres. No quieres que yo sea más rudo. No quieres que él lo sepa y te vea así, ¿Cierto?

Mordió sus labios. Sí, aquello era mil veces más importante, incluso si todavía seguía negándose tercamente a usar su sentido común y optaba por mejor ignorar su realidad.

¿Qué más daba? Siempre lo repetía en sus burdos ensayos sin valor, que 'no era importante', que 'todo estaba bien' ¿No?

Bueno, ya era hora de comenzar a creérselo.

¿Por qué seguir dando vueltas con ello? Ya se había decidido a no decir nada.

Eso nunca sucedió. Fin. Punto final. No había nada que debatir, compartir o reflexionar al respecto.

¿De verdad deseas que alguien te vea en este deplorable estado? No me imagino la reacción de tu madre si pudiera verte ahora...Da asco solo de verte...

La vida sigue ¿No? Y mejor aún, traía alguna que otra cosa buena que sí valía la pena rememorar, como el inesperado regreso de la genio ¿Cierto?

No me imagino la reacción de tu madre si pudiera verte ahora.

Inhala, exhala.

No te alteres. Eso no importa si no estás planeando decirle. Ya no es importante, piensa en otra cosa.

Gruñó, divagando con su vista alrededor. No buscaba nada en particular, solo entrener a su traicionera mente con algo para que lo dejara en paz, pero entonces... Algo sobre la cama del diablo robó su atención.

Eso es...

Una bufanda.

Limpia, planchada y pulcramente doblada junto a otras prendas sobre la cama ajena. Probablemente éstas fueron traídas poco después del despertar del adulto; por Rieta quizás; y terminaron vagamente olvidadas allí luego de alguna impulsiva desición del diablo por salir un rato a tomar aire.

O al menos eso suponía, en realidad no importaba mucho ahora. Solo fijaba su vista en aquel accesorio en específico. Lucía tan suave que sin darse cuenta ya se había movido hasta el borde de la cama, rozándola tímidamente con sus dedos.

Solo jugueteando un poco.

Lo más probable era que se tratara de una de las tantas bufandas de Ivlis. Tenía cientos en su armario... Seguro no notaría si tomaba prestada alguna ¿No es así?

Tragó grueso. ¿Hacía cuanto que no había vuelto a este mal hábito? Puede que desde que se mudaron, pero ese no era el punto.

N-no es robar si al final la devuelvo ¿Cierto?

Llevaba tiempo repitiéndose aquello una y otra vez, casi como un mantra, pero no lograba quitarse la culpa de encima... Ni tampoco evitaba que se aferrara a la bufanda, tal y como lo estaba haciendo en este preciso momento.

Aspiró hondo su aroma, sintiendo que por al menos por unos cortos segundo parte de su angustia interna mermó un poco. Nunca había terminado de entender por qué había comenzado a hacer esto, solo tenía claro que hacerlo lo ayudaba a... sentirse bien.

Bastaba con cerrar los ojos y enterrar la nariz unos segundos, impregnándose del aroma ajeno para dejar a todo su estrés volar. No se trataba de algún perfume, desodorante o jabón en especial, sino el mismo aroma natural de su madre.

Esto le traía recuerdos, como reviviendo esos momentos en los que solo bastaba con cerrar sus ojos y dejarse mimar por los cálidos abrazos de Ivlis. Lo hacía sentir frágil y seguro a la vez, nada importaba, todo estaría bien.

No habían pesadillas ni malos recuerdos ni ningún problema; así de libre se sentía al abrazar una simple prenda suya a pesar de lo extraño que resultaba tal hábito.

Lo reconocía, era raro e infantil; pero si con ello lograba escapar fugazmente de su estrés le bastaba.

Pudo haber durado horas con esto, olvidándose del mundo entero.

Hasta que...

_¿Licorice? Oye, bro ¡Despierta! ¡Ya es hora del desayuno!

...La animosa voz de Emalf, proveniente del pasillo entre algunos golpeteos, le recordó que no se supone que estuviera allí.

¡Verga, verga, verga!

¡Aborten misión! ¡Retirada nada estratégica!

Se abrazó a la tela, apresurando sus pasos para alejarse del cuarto de su madre, sorprendiendo al demonio en cuanto lo vio.

Esto si era raro para Emalf, y no, no se refería a encontrarlo in fraganti con una prenda de su jefe; sino de verlo despierto a esas horas y sin estar en compañía de Ivlis. Ese otro secretillo del crío ya se lo sabía desde que vivían en Flame World. (?)

_¿Licorice? ¿Tan temprano y tan ladrón? Desayuna al menos, bro. -Dio una media sonrisa, apenas teniendo tiempo para dejar al niño ingresar a su cuarto, probablemente para esconder la prenda, por lo que evitó comentar al respecto.

Vale, que se tenían cierta confianza, pero Licorice no le contaba todo y todavía le guardaba cierta renuencia a todo aquello que resaltaba su 'incestuosidad'.

Después de todo el demonio insistía en que solo era alguna tonta etapa.

_Y-ya cállate. Bajo enseguida -Bufó. Ya ni tomarse un respiro tranquilo le dejaban.

Emalf rió un poco. En los últimos días había creído notar algo raro en el niño, pero... ¿Acaso se lo imaginaba nada más?

Por que todo parecía ir bien. Bueno, aún quedaba tiempo para indagar más, después de todo, hoy le tocaba preparar el desayuno.

_Nos vemos abajo entonces. Debo apresurarme o tu hermana meterá mi cabeza en la tostadora -Sintió escalofríos.

La sádica loli era MUY capaz.

######

_Es brillante, funcionará. Yo sé que esta vez lo hará~ -Repetía una y otra vez, casi como si fuera un mantra que el diablo de Pitch Black se forzaba en tratar de creérselo.

No podía hacer mucho más. Sus últimas ideas relacionadas a cierta cucaracha y su hijo no habían resultado tan bien como hubiese deseado y acababa de recuperarse de unos pocos días depresivos, pero todavía tenía ganas de seguir intentando.

Además, la última visita de Lil había resultado sumamente renovadora para su espíritu.

_Si usted lo dice, Satanick-sama -Murmuró por lo bajo su subordinado, incapaz de agregar algo más y tratando de enfocarse en su labor de ayudarlo a vestirse mientras lo escuchaba.

Siendo franco, el peliverde no creía que ninguna idea suya pudiese funcionar en el momento de la verdad.

No importaba cuanto esfuerzo el azabache pusiera en sus planes de cortejo o 'unión' familiar que tanto deseaba, no lograría obtener el resultado que buscaba por el simple hecho de una verdad innegable:

Ivlis no correspondía y nunca correspondería los sentimientos románticos del de orbes violetas. Lo mismo iba con el niño y el intento de su progenitor por ganar su aprobación; no sucedería pues el crío no colaboraba ni deseaba ayudar en ello.

Su amo estaba destinado mendigar unilateralmente un afecto que NUNCA recibiría de ellos.

El solo pensarlo lo hacía fruncir el ceño en señal de frustración

¿Por qué su diablo toleraba toda esa insolencia?

¿Por qué tenía que aferrarse tanto a ese par de diablos asquerosamente ridículos?

No eran gran cosa. Ivlis solo era una puta casi tan barata como Lil, y su maldito engendro iba por el mismo rumbo.

Esto es tan... Estúpido e innecesario. Ellos eran estúpidos e innecesarios. Satanick-sama... ¿Por qué?

Simplemente no lo comprendía; y eso que podía jactarse en llevar siglos conociéndolo y sirviéndolo. No tenía su puesto de primer subordinado solo de adorno.

¿Qué pasaba con Satanick ahora? No tenía sentido alguno ese repentino encaprichamiento al que llamaba 'amor'; peor aún cuando se ponía a alegar que solo al lado de Ivlis obtendría un 'dudoso' final feliz según 4545.

Maldita chatarra de mierda. Quería hacer pedazos a esa cosa.

Nada de lo que dijo podía ser verdad.

¿Satanick quería un final feliz? No necesitaba andar de rogón al ridículo diablo de cabeza de zanahoria ni al mocoso de su hijo.

Cualquier otro a su alrededor podría darle eso... ¡Él podría dárselo sin ningún problema! ¡Siempre pudo!

Si Satanick quería amor, su fiel subordinado podría dárselo.

Si el diablo de Pitch Black World quería tanto el ponerse a jugar de nuevo a la 'familia feliz' para tener otro hijo, él también pudo darle eso.

¡¿Por qué tuvo que fijarse en ese burdo juguete sexual?!

Siempre creyó que con el abandono de la subcubo toda esa locura terminaría, que ya no tendría que preocuparse por nada ni nadie.

Su amo había vuelto a ser el de siempre y todo iba por un buen rumbo... Hasta que el estúpido de Ivlis apareció, y con éste, poco después llegó ese asqueroso engendró incluso más molesto y llorón que el mismo Glasses.

¿Por qué ellos? ¿Por qué antes? ¿Por qué AHORA?

Podía verlo... Todo era igual o incluso más irritante que siglos atrás, cuando el diablo de orbes violetas recién se casaba con Lil y el tener que soportar viéndolos día con día resultaba una tortura, lo único bueno detrás de ello era que al menos aquella mujer y su hijo cumplían el propósito por el cual vivían en el Castillo: Hacer feliz a Satanick; aunque claro, con los años ambos le mostraron su inminente inutilidad e hipocrecía al respecto.

Con Licorice y el diablo de Flame World nunca ocurrió ni ocurriría tal cosa. La verdad era que a ellos no les importaba en lo más mínimo nada relacionado a Satanick, pero a él sí.

Y aún así... A quien el diablo perseguía y mendigaba por su amor era a ese cabeza de antorcha.

¿Qué tenía que hacer para cambiar eso? ¿Qué tenía que hacer para que lo volteara a ver a él?

Aparentemente detener a ese crío malcríado de casi asesinarlo no bastaba, Satanick seguía hablando día con día maravillas del niño.

Escucharlo lo hacía hervir la sangre. Ni siquiera una pizca de arrepentimiento se asomaba en su ser luego de "corregir" al mocoso, aún a escondidas de su amo... Incluso luego de comprobar que no obtuvo el efecto que deseaba.

El crío seguía interfiriendo y atacando a su amo. El crío ahora vivía bajo el mismo techo, lo solo cual hacía sus ataques más frecuentes.

Esto no está funcionando.

Nada de lo que hizo hasta ahora estaba funcionando, pero... Se negaba a rendirse.

Todavía le quedaban algunas ideas.

Que estén aquí lo complica pero...

Estaba tan metido en sus propios pensamientos que solo pudo reaccionar cuando su rostro casi se vio estrellado contra un gigantesco ramo de flores.

_¿Uh? Flores...

Y no eran cualquier tipo de flores, eran rosas. De toda variedad y color, presumiblemente del jardín pues su época de florecimiento estaba en viento en popa desde hace unos días.

_¿Lindas, no? La cucaracha definitivamente no podrá resistirse a esto Fufufufu~ -Rió, volviendo a alejar el ramo con una pose casi dramática. Estaba muy orgulloso de su idea- Digo ¿A quién no le gustan las rosas? ¡A cualquiera les gusta! Es un clásico infalible~

Seis colores distintos; rojas, amarillas, rosadas, naranjas, violetas, borgoñas; aunque según alcanzaba a ver podrían haber una flores en el ramo, no estaba muy seguro. Su mente estaba más ocupada preguntándose en qué momento el diablo fue a recogerlas, aunque no se hacía muchas ideas.

_...Eso supongo. -Trataba de seguir con la mirada el dichoso ramo, pero la manera descuidada con la cual el diablo las agitaba en el aire lo dificultaba un poco- A mí me gustan. -Murmuró por lo bajo, encogiéndose de hombros y resignándose a ser olímpicamente ignorado.

Satanick parecía demasiado esperanzado con su nueva idea, aunque el demonio cabra no dudaba que para la tarde su burbuja de optimismo ya estaría reventada.

Como siempre.

_¿Irá a dárselas ahora? -Observó el reloj de reojo. Ni siquiera había empezado a preparar el desayuno todavía.

_Por supuesto~ Fufufu ¡Acabo de ver que está en el jardín! ¡Es el momento adecuado! -Canturreó, dando una última vuelta antes de dirigirse a la puerta e ignorando que un par de flores abandonaron el ramo entre tanto movimiento.

Aunque Envi no lo pasó por alto.

_¡Espere! ¡Éstas se le cayeron! -Podría habérselas acercado a pesar de todo lo que pensaba de esta absurda idea, pero...

No iba a ser necesario.

_¿Uh? ¡No importa! ¡Quédatelas si quieres! -Y sin decir más, desapareció entre los pasillos, dejando nuevamente al demonio con sus pensamientos.

Suspiró, observando al par de rosas nuevamente. Si tenía estas, suponía que el ramo no tendría más de 10 o 6 flores aproximadamente ahora, aunque no quería seguir pensando ni en ello ni en nada. Mejor se apresuraba a continuar su trabajo, preparando el botiquín de emergencias por si acaso.

No necesitaba ser muy listo para saber que lo necesitaría pronto, y ser consciente de ello lo irritaba.

Debo ponerle un freno a esto.

Y así planeaba hacerlo, aunque la tierna voz de Crea, junto a un leve jalón a su saco le recordó que tenía cosas por antes.

_¿Uh? Oh, eres tú. ¿Qué sucede? -Estaba preparado para escuchar cualquier tipo se catástrofe como de costumbre, aunque la pequeña no venía por eso.

_Envi... ¡El desayuno!

Solo entonces el aludido lo recordó, hoy le tocaba encargarse de ello. Cierto.

A Medouco le correspondía ir a comprar ingredientes, medicinas y demás artilugios faltantes desde muy temprano por este día.

_Es verdad, enseguida voy.

_Y no olvides que me prometiste un omellette.

El adulto arqueó una ceja, empezando su camino hacia la cocina, siendo seguido por la niña de Victor. No recordaba tal promesa, pero le seguiría el juego con tal de que cerrara la boca.

Hoy no estaba de humor para andar de niñera.

_Sí, sí, sí. Lo capto. -Soltó, con un gesto aburrido.

Ay, el deber de un subordinado nunca acababa. ¿Y cómo era posible que un robot desayunara o siquiera comiera?

Cosas de Víctor, no era necesario pensarlo demasiado.

Volvió a sentir el jalón en su ropa. No necesitaba ni fijarse para saber que era la niña de nuevo.

Rodó los ojos.

Vicers, dale paciencia a esta cabra.

_¿Y ahora qué? -Más le valía a Crea que no insistiera con algún juego tonto. Hoy estaría ocupado.

_¿Me das una?

Al principio, el peliverde dudó sobre preguntar a qué se refería, pero no tardó en seguir la dirección de la mirada de la niña, captando la idea.

Oh, se refería a una de las rosas, claro.

_Uhn... Ten, quédatela. -Le entregó sin pensarlo mucho la rosa.

Era una niña, obviamente le encantaría esa.

Y no se equivocó.

_¡Gracias! ¡Gracias! ¡Voy a dársela a Medouco cuando regrese! -Chilló con emoción, a la vez que se alejaba en busca de un buen lugar para esperar a su querida albina, y claro, a su desayuno.

Estaba segura que a ésta le encantaría.

Para entonces, el demonio ya no le estaba prestando atención, tan solo se estaba limitando a guardar la flor restante antes de volver a lo suyo.

La amarilla le gustaba más, aunque lo más probable es que la dejase secarse en su bolsillo o algún libro luego.

#######

Bien, bien.

Por primera vez en mucho tiempo le correspondía ser el demonio niñero al mando pues Rieta estaba ocupada con su jefe hablando de quién sabe qué cosas; hombres, tal vez; y se suponía que debía saber manejar esto.

Pero claro, hablamos de Emalf, quien no es bueno manejando la mayoría de las cosas.

En especial si se trataba de los dos pequeños consentidos de su jefe.

_¡Dame el maldito cereal, Licorish! ¡Hoy le toca a Poemi quedarse con el premio! -Gruñía la castaña, intentando alcanzar a su hermanito sobre la mesa, a la vez que éste se intentaba alejar con la dichosa caja de cereal.- ¡Licorish! ¡Hazle caso a tu hermana alfa!

Pero el menor no parecía NADA interesado en hacerle caso, afirmando con fuerza sus dedos al cereal, comenzando a aplastar y a agrietar el cartón de la caja.

Ah, no. Las bolitas de chocolate del Señor Focalatosa eran SUS favoritas; a Poemi le gustaban más los ositos de vainilla de Osaritas.

_¡Tu puta madre es alfa! -En teoría su hermana no tenía madre, así que no se sentía mal por soltar tales palabras- ¡Este me toca a mí! ¡Shu, shu!

No le importaba el estúpido premio; que seguramente solo se trataba de un bobo llavero; sino que la mayor se la acabase.

¿Qué? No se dejen engañar por su cuerpo de loli, por el simple afán de molestarlo ella era muy capaz.

_¡Que se lo des a Poemi, dije!

_¡Oblígame!

_A-ay, Vicers. Ten piedad y ayúdame por favor. -Masajeó sus sienes, suplicando un milagro al cielo para calmar a ese par de una vez- V-vamos, vamos. No peleen, solo es un cereal. Hay suficiente para todos... -Intentó apagar algo de la creciente rivalidad de los pequeños, aunque no como esperaba- ¡A-AUCH! ¡Hey! ¡¿Y eso por qué?!

Lo único rescatable de su precaria situación era estar más que seguro que sin importar donde vivieran, ese par seguiría igual de problemático. Cualquier sospecha de que algo malo pudiera suceder moría con solo ver ese par de miradas infantiles centelleando de ira desmedida.

¡Que miedo! Se notaba de quien eran hijos.

_¡Por metiche!

_¡Nadie te preguntó a ti, Emalfsh!

Claro, cuando Ivlis o Rieta interferían en sus disputas todo bonito y se calmaban enseguida. Ah, pero cuando es el buen Emalf quien debe calmar a las fieras, lo mandan al carajo y hasta le lanzar la caja del ridículo cereal en la cara ¡¿No?!

Bonito, muy bonito.

_Oh, vamos. No se pongan en ese plan, solo es un cereal. Se pueden comprar más luego... ¡WAHH! ¡Cuidado, mis lentes!

Oh, genial. Ahora también le lanzan el tazón.

¡¿Que querían matarlo, acaso?! Ay, ya no dejaban a uno andar de pacifista.

_¡Tu cara es 'solo cereal'! ¡Si te la rompo tal vez te compres otra ¿No?! ¡Poemi te la va a romper, bashura!

_¡O-oye! ¡No, Poemi! ¡Calma! ¡No violencia!

¿Qué culpa tenía su hermosa cara por andar de hormonados en la mañana?

_¡Poemi te va a dar tu calma, bashura! -Ninguna mascota suya tenía derecho a entrometerse cuando intentaba expresar su supremacía fraternal sobre otros.- ¡Ya vas a ver!

_¡PIEDAD!

En serio ¡¿Cómo es que cuerpos tan pequeños acumulaban tanto coraje y violencia?!

No tenía una respuesta clara y dudaba que realmente importase mucho ahora que su prioridad era evitar que la ira de la aterradora loli estallara en contra suya.

¡Vicers! Y él que solo ansiaba poder llevar a cabo un desayuno con calma, pero al parecer eso era imposible para su persona.

¿Y Licorice? Bueno, el niño guardaba sus propias prioridades, como la de aprovechar y escabullirse bajo la mesa para llevar a su dulce desayuno en lo que su hermana y Emalf seguían tan 'ocupados'.

Ilusa.

Su hermana podría ser todo lo mayor que quisiera, pero había perdido su toque en todo aquello que implicaba el 'arte de salirse con la suya' por andar perdiendo su tiempo en berrinches tontos.

Y mientras ustedes pelean, yo me quedo con esto. Sonrió por lo bajo, aferrándose a su dulce botín a la vez que comenzaba a planear cómo obtener algo de leche o yogurth de refrigerador, pero un horrible escalofrío lo recorrió de golpe por el cuerpo, provocando que dejase caer su desayuno.

¡¿Q-qué?!

Reconocería esta desagradable presencia donde fuera; solo tuvo que voltear fugazmente hacia el pasillo para corroborar su origen.

Envi, la maldita cabra lamebotas de su padre.

Bufó, levantándose de golpe en reflejo. No le quedaba claro que mierda venía a buscar ese sujeto en la cocina; casi nunca lo veía allí desde que se mudaron; y no pensaba quedarse para averiguarlo.

_¡¿E-eh...?!

Hasta casi se vio forzado a agradecer internamente cierto grito familiar proveniente del jardín como una excusa para retirarse rápidamente; y claro, volver a su flamante rol de salvar a su madre de lo que sea que el asqueroso de su padre planease.

Mamá me necesita... ¡Debo ir!

Al demonio si Rieta estaba cerca... No, al demonio todo ¡El derecho de proteger a su amado progenitor y empalar al otro cochino era suyo!

_¡M-me llaman! -Cambió sin dudar ni medio segundo a su forma adulta, invocando un par de lanzas en cuanto se encaminó al jardín- ¡Adiós! ...¡Ya te vi, basura de mierda!

Cabe destacar que este repentino impulso no pasó desapercibido para cierto demonio de ojos bonitos, quien dicho sea de paso acababa de librarse de su pequeña torturadora luego de negociar sus postres del mes, por lo cual la castaña ahora lo ignoraba para ir a reclamar un trozo de pastel del refrigerador e ir a engullirlo sin interrupción al comedor.

¿Licorice? Eso... Eso fue raro. Si bien hasta hace medio minuto había dado por sentado que todas sus sospechas sobre el joven diablo en su comportamiento solo eran paranoias suyas, ahora; con este repentino cambio de aptitud y 'casi huida' del niño; una fuerte duda al respecto lo picaba.

Especialmente luego de notar que parecía guardar relación con cierto recién llegado a la cocina que solo pasó de ellos. El servidor de Pitch Black siempre se le hizo serio, amargado y escalofriante, pero extrañamente, algo en éste parecía más sombrío de lo usual hoy.

Como si algo de irritase y no tuviese nada que ver con el desorden que ignoró en la cocina.

Tal vez solo imagino cosas. Ay, a veces creía que vivir en un lugar tan aterrador como Pitch Black World lo estaba volviendo loco y lo hacía ver fantasmas donde no los había, pero... De igual modo cierta parte de sí no perdió la inquietud en el transcurso de ña jornada.

¿Y a qué se debía aquel grito afeminado que invocó al héroe de cuentos?

Bueno, para entender sobre ello es necesario retroceder unos minutos pada ver lo que transcurría en el jardín mientras la disputa del cereal se llevaba a cabo...

########

Inhala, exhala.

Odiaría admitirlo en voz alta, pero habían cosas buenas a reconocer en ese oscuro mundo; entre ellas, el aire fresco con el que tanto él como su subordinada gozaban en ese preciso instante.

No se parecía en nada al árido ambiente de su amado Flame World, pero tampoco resultaba tan incómodo. De hecho, todo allí podría llegar a tener algo de encanto, especialmente cuando Satanick no estaba cerca y podía respirar tranquilo por la seguridad de su trasero. Pero claro, no era su propia integridad lo que rondaba las preocupaciones de su mente ahora, sino la imagen solloza de su hijo las últimas veces que llegó a encontrarlo dormido.

.

..

...

_¿Uh? ¿Licorice? -No entendía que estaba sucediendo.

Hasta hacía solo unos minutos simplemente se hallaba leyendo algo mientras reposaba perezosamente en su cama junto a su pequeño, quien llevaba rato tomando su siesta.

No había nada raro ni inusual, solo un ameno silencio hasta que unos repentinos quejidos provenientes del diablo más joven robaron su atención.

_¿Uh? ¿Licorice...?

De un segundo a otro el pacífico rostro de su hijo cambió en su totalidad. Balbuceaba algo inentendible a su oído, pero por la expresión sufrida y asustada del menor supuso que lo que fuera que atormentara sus sueños no era nada agradable.

Debía despertarlo AHORA.

_C-cariño ¿Qué sucede? ¡Despierta! Solo es un sueño... ¡Vamos, despierta!-sacudió su hombro un par de veces hasta que al fin logró cruzar miradas con las del niño.- ¿Cielo...?

Fue muy fugaz; pues Licorice desvió sus ojos casi al instante; pero pudo verlo.

Los ojos de su hijo inyectados en miedo puro.

_M-mamá... -No parecía haber despertado totalmente y temblaba un poco, aunque nada de ello impidió que se aferrase al adulto como si se tratara de su única balsa salvavidas- ¡F-fue horrible! N-no recuerdo muy claro, pero... ¡Mamá!

Ivlis no dudó en corresponder el gesto tan rápido como pudo, ignorando su libro y comenzando a llenarse de dudas y preocupaciones.

Quería preguntar tantas cosas, pero ver tan claramente la turbación ajena ahogaba toda sílaba en su garganta.

_Shh, shhh. Ya pasó, tesoro -Murmuraba, con la misma dulzura y suavidad de cuando lo mecía de bebé; acurrucándolo contra su pecho y perdiendo sus dedos entre su oscura cabellera- Mamá está aquí, mi dulce regaliz... Nada ni nadie te hará daño.

Puede que al rato este episodio se desvaneciera, una vez que la calma y unas vagas sonrisas llegaron a surcar sus rostros; pero nada de esto volvió al olvido para el diablo de Flame World.

No tan fácilmente.

...

..

.

Licorice.

Esto... No era normal ¿Cierto?

No lo estaba imaginando ¿Verdad?

Le suplicaba a Vicers que, si en verdad existía algo que ver detrás de sus sospechas, que se lo mostrara.

No importaba si era cuando dormía juntos, en sus propios cuartos o alguna siesta de la tarde en el sofá, había ocasiones en las que llegó a creer notar sus mejillas húmedas y mirada ocuosa, pero nunca se animaba a preguntar más de lo necesario.

No quería presionarlo, pero tampoco quería seguir quedando con tantas dudas martillándole en la cabeza.

Y al parecer, esa falta de calma interna no era nada disimulada en su rostro, pues su servidora no tardó en preguntar al respecto.

_Uhn... Parece más tenso de lo usual ahora, señor. ¿Ha pasado algo? -Indagó la genio, quien dejaba reposar su mejilla en el hombro ajeno, tal cual solía hacer en el pasado.- ¿Puedo ayudarle, señor Ivlis?

Este, volteó su mirada dorada sobre ella, a la vez que agradecía internamente el tener a alguien tan suspicaz a su lado pues él no era bueno para desahogar sus problemas en palabras.

_Pues... Digamos que sí creo que pasa algo, y... Quisiera tu ayuda. -Admitió luego de un rato, entornando sus ojos a sus propios pies.

Rieta era quizás era de las pocas figuras femeninas cuya cercanía no lo incomodaban.

Ella lo comprendía y apoyaba de una forma especial que otros no podía. Y ojo, no es que estuviese menospreciando a su familia, no.

No se trataba de algo tan simple o de mera preferencia sobre otros; solo se trataba de un lazo especial y único.

Era en quien más confiaba, incluso por encima de su propio juicio; ni siquiera el tiempo distanciados pudo cambiar eso.

La de cabellera naranja no pudo ocultar su sorpresa mezclada con cierta preocupación, apoyando su mano sobre las de su amo como una señal de apoyo.

_Lo escucho. -Sonrió, sin apartar sus ojos carmesí del diablo. Sea cual fuere la inquietud de este, estaba dispuesta a hacer todo en su alcance por ayudarle- ¿Qué sucede?

_Pues... Es Licorice. -Inició, dudando un poco sobre cómo debería exponer la situación pero finalmente optando por solo relatarle todo.- Verás, la otra vez yo...

Tal y como en los viejos tiempo.

Todo esto se sentía como si estuviese regresando el tiempo atrás, en aquellos primeros tiempos como diablo en su mundo.

Siempre pidiendo el consejo y opinión de su amiga cuando dudaba de algo; y siendo guiado al fin hacia las decisiones más adecuadas.

Había extrañado y necesitado durante mucho tiempo de esto, y no planeaba desaprovecharlo ahora que Rieta estaba de regreso y su conflicto giraba en torno a uno de sus hijos.

_Entonces... ¿El problema está en que lo vio llorar y no sabe cómo preguntarle el motivo? -Resumió una vez que la explicación de su amo llegó a su final, recibiendo un leve asentimiento en respuesta- Imagino que si pide mi consejo de este modo es porque sugerirle solo acercarse a preguntar no es opción.

Ivlis suspiró desanimado y con una negativa en su cabeza.

_No. Licorice... No es como Adauchi que me contaría sin problema alguno lo que sucede o Poemi que se apresuraría a acusar o culpar a quien sea que la moleste, él... No le gusta sentir que me 'roba tiempo', aunque siempre le digo que no es así. -Recordaba todas las veces en que su pequeño ocultó por semanas que se le había roto un juguete o que se había hecho algún raspón jugando.- Sé que preguntar varias veces solo lo atosigará y molestará, pero... No puedo solo pasar de ello. -Había algo dentro de sí que le exigía insistir pese a todo.

Incluso cuando a simple vista su sentido común le hacía ver que tal vez solo exageraba y no pasaba gran cosa. Que solo debía aprender a soltar más a su pequeño.

Su bebé de verdad se esforzaba en mostrarse maduro y solo le pedía ayuda cuando enserio lo necesitaba, pero en situaciones como ésta tal aptitud perpetuándose tanto, realmente no le ayudaba a solo pasar de ello.

Tal vez alguna vez lo hizo, por el mero hecho de olvidarlo, pero si ocurrió tantas veces como para que un despistado como él lo viese raro debía ser por algo ¿No?

Vamos, que era su madre. Tenía el derecho y el deseo por conocer aquello que aquejaba su corazón infantil, daba igual si se trataba de una crisis a nivel mundial o dudas existenciales sobre juguetes perdidos.

Él estaba allí y quería hacérselo saber a su hijo del mismo modo que éste lo hacía cada vez que lo salvaba del diablo de aquel mundo, lo abrazaba cuando andaba triste o simplemente le provocaba una sonrisa por algún dibujo.

_Ya veo -Suspiró.

La genio por su parte se mantenía algo dudosa sobre esto, pero eso no le impedía el intentar buscar algún tipo de solución a esto; tanto por el bien de su amo como la del pequeño.

_Licorice es joven y a su edad, los niños a veces creen que un problema es más grande de lo que en verdad es. -Si su reciente acercamiento al pequeño fue bien recibido y lleno de gentileza, aún no lo conocía lo suficiente como para guiarse por un perfil determinado y conciso- Aunque también podría deberse por un problema de adaptación. -Se acababan de mudar a un mundo bastante tétrico, no sería tan raro.

Sea cual pudiese ser el origen detrás de aquellos episodios, comprendía la angustia que esto debía estar causando en su diablo.

Ella lo conocía demasiado, sabía cuan importantes eran sus hijos para él, lo mucho que se esforzaba por criarlos entre el amor y totalmente ajenos a los problemas que él mismo causaba.

La debilidad de Ivlis eran los niños, para qué negarlo. Era mucho más paternal de lo que el resto o el propio Ivlis alcanzaba a creer.

_¿De verdad crees que solo sea eso? -No parecía tan grave al oírlo de alguien más.

Desvió la mirada. Tal vez solo andaba muy paranoico.

Rieta pareció captar por donde se dirigían sus pensamientos, así que tomó sus manos para intentar que la viera.

_Señor Ivlis, no se angustie. Sea cual sea el motivo detrás de todo, seguro Licorice se lo dirá. -Alegó con tanta seguridad que el mismo diablo no tardó en verse contagiado.- No llevo ni cerca de medio año conociéndolo, pero puedo ver el profundo afecto y confianza que le guarda, no dudo que si pasara algo grave seguro se lo diría. Solo debería... probar ser sutil y paciente. Ya sabe, no es difícil, no es su primera vez criando un hijo -Los niños podrían no parecerse mucho, pero de algo debía servir la experiencia ¿No?

El de mechas rojas quiso decir algo para objetar toda esa nula fe que la genio le guardaba, pero nuevamente ésta le calló todo intento con las siguientes palabras que escaparon de sus labios.

_Licorice confía en ti, Ivlis -Se estremeció. El aludido sabía que cuando su amiga dejaba atrás todos sus demás apelativos de cortesía era porque iba enserio con sus palabras- Tal vez no estuve allí para verlo, pero... No dudo que estuviste cada segundo a su lado, amándolo, educándolo y apoyándolo como para que Licorice sepa que puede decirte lo que sea. Nunca vi un vínculo más dulce que el tuyo con tus pequeños ¿Por qué dudas tanto de tu rol e influencia positiva sobre él ahora?

_Rieta, tú...

Ella verdaderamente no comprendía el por qué de esto... Y ese era parte del problema.

Había dicho una verdad innegable: La genio no estuvo desde el inicio de todo. Todavía no conocía toda su historia con respecto a su hijo menor e Ivlis se debatía sobre si era un buen momento para abrirse a ello.

La pelinaranja tenía su visión de él como padre muy alta; incluso teniendo el conocimiento de lo de Adauchi; pero ya era hora de romper aquella burbuja.

De verdad deseaba su ayuda y consejo con su problemática actual, pero algo le advertía que solo la obtendría si era totalmente sincero.

_¿Uh? ¿Señor Ivlis...? -Había notado su repentino cambio de expresión. Al parecer, le iba a decir algo importante.

_Rieta, en serio aprecio toda esa fe que guardas en mí, pero... -No se atrevía ni a siquiera verla a los ojos. No estaba nada orgulloso de lo que hizo y dijo alguna vez- Verás, yo... Con Licorice...

Debía decírselo, al menos a ella.

Él no era el vivo ejemplo a seguir de la buena paternidad. Llegó a cometer errores; y con el joven diablo, cometió quizás el peor error de todos en el pasado. Nunca habló de esto con nadie, ya sentía que era hora de dejarlo salir, pero...

_¡Oh, Cucaracha~! ¡Tengo algo muy especial para ti~

...El destino quería otra cosa hoy.

_¿Qué mierda...?

Frunció el ceño, sintiendo un tic en el ojo. Maldito, Satanick.

¡¿Se podía ser más inoportuno?!

_Cucarachita~

_¡Aléjate, puto! ¡Atrás! -No estaba de humor para tolerarlo, chillando y comenzando a alejarse por el simple reflejo de sentir su presencia.

_Oh, es ese depravado de nuevo.

La genio también estaba muy irritada de solo verlo acercarse hacia ellos ¿Cómo no estarlo? Su amo parecía estar a punto de decirle algo verdaderamente importante y ese gigoló lo había arruinado.

Esta me las pagará.

Tronó sus dedos. Bueno, quería creer que al menos obtendría el placer de romperle el hocico por acercarse a su amo, aunque poco después supo que ese deleite estaba reservado.

_...¡Ya te vi, basura de mierda! -Se escuchó una voz rugir, solo para segundos después mostrar al joven diablo aparecer tras su padre junto a un par de lanzas de luz, listo para destazarlo.

_¿Eh? ¡O-oh! Y-ya estabas despiert-¡WAHHH!

Todo pasó tan rápido y rutinal como siempre, aunque eso ni eso impedía que tanto el diablo de Flame World como la genio disfrutasen de ver al niño empalar al degenerado diablo de Pitch Black.

No importaba cuantas veces siguieran presenciándolo, Rieta no dejaba de quedar infinitamente sorprendida (Pues nunca antes escuchó de tal habilidad de crecer en otros niños) e Ivlis más que agradecido por el heroico acto de su hijo.

Sin duda algo digno de nunca olvidar.

_A-ay... Sigues t-tan fuerte... Q-que orgullo... -Ya ni llorar por sus flores perdidas o su estado adolorido valía la pena, así que solo le quedaba su magullado orgullo paternal, aunque fuese totalmente despreciado.

_Tks, eres una molestia -No planeaba seguir perdiendo su tiempo, así que rápidamente volvió su atención a su madre, en un desesperado intento por asegurarse de que estuviese en una sola pieza- ¿Estás bien, mamá? ¿No te hizo nada?

Estaba seguro que llegó bastante rápido, aunque no estaba de más preguntar.

El aludido sonrió, conmovido ante la genuina preocupación del niño y haciendo el intento de olvidar la tensión de minutos atrás en cuanto lo vio cambiar de forma para lanzarse a sus brazos.

Mi dulce y pequeño regaliz.

Resultaba imposible resistirse a su encanto ¿No es así?

_Estoy muy bien, tesoro. Y todo gracias a ti. -Lo acurrucó en su cuello, repartiendo al poco rato algunos besos a su cabellos- Eres mi héroe ¿Qué haría yo sin ti? -Honestamente no quería imaginarlo, aunque sabía que resultaba muy penoso que un adulto dependiese así de un niño.

El pequeño se sonrojó ligeramente. Siempre era un completo honor ser halagado y mimado por su madre cuando lograba algo bueno, pero el que lo comparase a aquellos protagonistas de cuentos que tanto adoraba no tenía precio.

_¡Soy el héroe de mamá! ¡Prometo siempre protegerla!

Madre e hijo de verdad gozaban uno del otro, resultaba imposible creer que lo que fuera que angustiase a su amo fuese tan grave como para preocuparle arruinar aquello; aunque no podía decir nada aún.

Esa charla quedaría pendiente por hoy, no iba a arruinar el momento.

¡Se ven tan lindos! No podía evitar que le recordaran a cuando Emalf y Adauchi eran bebés.

Era un escenario tan dulce que la pobre genio lamentaba no traer una cámara consigo.

Pero bueno, al menos eso le hacía contar con que ni el brillo de algún flash ni nada iba a arruinar el momento.

Hasta que...

_¿Uh?

...Un extraño, pero familiar sonido les llamó su atención.

Ivlis bajó la mirada hacia su hijo, el gruñido había provenido de él, más específicamente de su estómago.

El joven diablo no sabía en donde ocultar su cara.

¡¿Esto iba en serio?! ¡Su estómago no podía ser más inoportuno!

_Licorice... ¿Acaso tú...?

_A-Aún no desayuné... -Se supone que había dejado atrás su cereal y todo para venir al rescate, así que no era raro que aún tuviera hambre.

Pero eso no serviría como excusa para apaciguar la molestia del adulto, la cual iba dirigida específicamente a cierto 'niñero' que se supone guardaba la responsabilidad del nutritivo y saludable desayuno de su pequeño el día de hoy.

Ese Emalf...

_¿M-mamá? -Tragó grueso. Esperaba no haber metido a muchos problemas a su niñero, fue culpa propia el haberse querido ir de la cocina antes de comer algo, pero la expresión de su madre decía mucho.- ¿Estás enojado?

Calma, Ivlis. Calma. No debes golpear a ese tonto, no es como si en verdad hubieses esperado que hiciera bien su trabajo o algo ¿No?

No, eso ya era mucho pedir para Emalf.

Suspiró.

_No, lo estoy... -Volvió su vista a niño, meciéndolo un poco. Mejor se enfocaba en lo importante- ¿Qué te parece si mejor voy yo a prepararte algo, cielo? ¿Te gustaría?

Los ojos del infante brillaron, la respuesta era más que obvia.

_¡Sí! ¡Me encantaría! ¡Me encantaría! ¡Quiero! -Con tal propuesta hasta le valía pepinos si al regresar a la cocina su hermana se quedó o no con su cereal, él ya iba a obtener algo mejor y hecho por su querida madre.

Esta mañana no podría mejorar más.

La genio soltó una leve risilla ante la sugerencia, siguiéndoles el paso a la cocina; y dejando atrás al estúpido pervertido que seguía desangrándose en el suelo.

_Yo supervisaré eso, señor~ -Solo por su acaso. No quería algún mini incendio de nuevo.

_N-no lo digas como si fuera a causar un incendio o algo. -No había hecho tal cosa... En semanas, pero quien lleva la cuenta.

_He oído eso tantas veces... -Si incluso el pequeño diablo reía, debía suponer que incluso en sus años de ausencia algo debió suceder.

Ay, su amigo era tan transparente.

_¡Rieta!

Más risas fueron sumándose en lo que siguieron avanzando hasta ingresar al castillo, dejando atrás el jardín y tan perdidos en su propia aura familiar como para ignorar el hecho de que cierto par de ojos llevaba siguiendo sus movimientos desde un rato.

Aunque Satanick sí que se percató de su presencia.

_¿E-envi...? ¡A-ayuda! N-no puedo quitarme esto y creo que estoy por desmayarme... H-haha... -Sollozó, apenas removiéndose un poco. Estaba demasiado bien clavado al suelo.

Licorice estaba mejorando en brutalidad y fuerza al parecer.

Mocoso infernal.

_Claro, señor. Enseguida lo ayudo.

_Y-y tal vez también quiera un omelette luego, ay... -Verlo sostener aquel platillo; presumiblemente para Crea; le recordó que tampoco había desayunado aún.

#######

Inhaló, tan profundo como pudo e intentando que no solo el oxígeno lo invadiera desde dentro, sino también algo de calma.

Ya está... Lo dije ¡Lo dije!

No podría negarlo, todo se sentía extrañamente más ligero ahora.

_E-eso... Eso fue lo que pasó aquella vez. -Terminaba de relatar, aún costándole respirar con tranquilidad. La paranoia afloraba en su piel, pero no negaba que dejar este nudo al fin salir de su garganta se sentía bien.- Al principio creí que solo lo imaginé, pero Tsurugi estaba conmigo. Él también lo sintió.

Llevaban días dándole vueltas al asunto junto a su compañero, dudando sobre si comentarles a los demás sobre lo que creyeron sentir la otra vez, pero hoy finalmente se habían decidido a hablar, aprovechando que Fumus pareció ir a reunirse con Justim y Vicers para alguna cosa.

Era una oportunidad de oro para tocar aquel asunto sin que su Dios se diese cuenta y los castigara no solo por callarlo por tanto tiempo, sino por permitirse actuar tan cobardemente.

_Ángel jefe... -Tenía la mano del aludido entre las suyas. Podía sentirla temblar desde que los había reunido a todos porque tenía algo muy importante que decirles, e incluso ahora, que al fin terminaron de hablar, el tiritar ajeno no se detenía.- ¿Por qué? ¿Por qué no dijeron nada?

_Olive, yo... -Taffy de verdad quería explicarse mejor.

No le gustaba ver tanta tristeza en los ojos de su amada, pero el azabache fue más rápido al hablar.

_¡N-no podíamos solo venir y decir que teníamos miedo a algo que ni alcanzamos a ver!-Interrumpió el ángel de larga cabellera, intentando contener sus sollozos llenos de frustración.- No sabíamos si nos iban a creer... N-ni nosotros queremos creerlo aún... ¡A-además también podríamos solo estar equivocados y si Fumus-sama se enterara...! -Tembló.

No quería siquiera imaginarlo.

_Tsurugi... -Habló finalmente la joven de orejas felinas, robando por un instante la atención de su superior- Respira. -Dejarlo apanicarse no ayudaba ni era saludable.

_¿Eh? A-ah, sí...

A su vez, la rubia soltó un suspiro, tratando de buscar las palabras adecuadas para continuar, al igual que el resto.

_Entiendo, de verdad los entiendo, pero... Aún así pudieron decirnos. -Dirigió su mirada hacia su ángel jefe, quien se estremeció en su silla pero no se apartó ni medio centímetro de su subordinada. Sabía que ella tenía un buen punto a exponer- Pudiste decirme, por lo menos para quitarte ese peso de encima ¿No acordamos que íbamos a tratar de soportar el peso de lo que sea juntos acaso? Para eso soy su subordinada, ángel jefe. -Apretó el agarre, entrelazando sus dedos con leve timidez- P-para eso soy tu novia, Taffy.

_¡O-olive! -Ambos enrojecieron.

Oh, Justim. Todavía sentían mariposas en sus estómagos y el rostro arder de pronunciarlo.

Pero, era precisamente oír algo como esto lo que necesitaban.

Y por suerte, no era solo la pequeña querubín quien tenía algo para decir.

_¡Olive tiene razón! -Agregó Rosemary, haciendo un gesto acusatorio e infantil hacia el otro par- Puede que algunos los veamos como unos llorones sin futuro que no matarían ni media hormiga, que te temen hasta a su sombra y no les creamos en lo absoluto, pero, igual queremos que nos digan que los aflige, para algo están los amigos ¿No? ¡Para reírse horriblemente de sus pendejadas y luego echarles una mano!

Su acompañante de trenzada cabellera suspiró, agregando algo más a las palabras de la anterior.

_Lo que esta tontita intenta decir es que da igual si lo que vieron resulta un enemigo real o solo un producto de la falta de sueño, vamos a ayudarlos a espantarlos para que se sientan más tranquilos. -Dicho de esta forma casi sonaba mucho mejor ¿No?

_Sí, sí. Lo que dijo Charlotte también. -Lo importante era que el punto quedase muy claro para sus superiores.

Y por las expresiones ligeramente conmovidas que éstos mostraban, todo parecía ir por aquel rumbo.

_Chicos...

_Ángel jefe, Tsurugigousen. -Volvió a llamarlos, necesitaba ser muy clara con ellos- Deben decirnos las cosas, comunicarnos. Sino ¿Cómo los vamos a ayudar?

Olive y los demás comprendían mucho más de lo que el par de serafínes creían; entendían que quisieran ocultar esta inquietud a Fumus, pero tampoco era necesario hacer lo mismo con ellos.

_Supongo... Que tienen razón ¿No, Tsurugi? -Sonrió algo apenado, a lo que el aludido asintió mientras secaba torpemente sus lágrimas.

_C-cierto...

Eran sus compañeros, amigos, familia. Al menos entre sí, podían intentar demostrarse algo más de confianza. Estaban allí para ellos ¿No?

Ya era hora de que empezaran a verlo de ese modo.

_B-bueno, bueno. Ya dejen de lloriquear, no le diremos nada a Fumus-sama pero igual les daremos una mano. No hace falta que sigan moqueando.-Balbuceó el de mechón rojo algo incómodo.

No le sabía bien ver a otros llorar.

_¡Lasafam, no lo digas de ese modo! -Regañó a su amigo, aunque este solo desvió la mirada- Lo que el tsundere intenta decir es que no quiere que le roben su puesto de llorón-¡Auch! ¡Mi pelo no! ¡Duele!

_¡¿A quién llamaste 'tsundere' y 'llorón', enana?! -Ah, no. No iba a dejar que Rosemary se burlara de él así tuviese que dejarla calva.

_¡Que me duele! ¡Egmont, controla a tu novio! ¡Ayuda!

_¡E-egmont no es mi novio!

_...¡Pero bien que te gustaría! ¡Auch!

Querían ayudar, querían apoyarlos. Querían animarlos.

A su muy extraña pero apreciada manera.

Si había una herida, querían lamerla y hacerla sanar con ellos.

Si caían y no podían levantarlos, mínimamente querían poder tener la oportunidad de recostarse a su lado y decir 'No estás solo'.

De eso se trataba trabajar juntos y ser una familia ¿No? Nunca volver a permitir que alguno se sintiera solo.

Ya en el pasado cometieron tales errores y les costó caro a otros. No iban a permitir que eso se repitiera.

_Ah... ¿Cuándo aprenderán a no actuar como niños? -Al menos le tranquilizaba ver que sin importar las turbias situaciones que rodearan el cielo, algunos seguían siendo los de siempre. Le traía recuerdos gratos del pasado- ¿Me ayudas a evitar que mi querido Lasafam deje calva a tu amiga?

_Uhn... No lo sé, puede que se merezca soportarlo medio minuto más -Que conste, Charlotte quería mucho al ángel de mechón rosa, pero a veces se lo buscaba.

_Me parece bien. -Sonrió, observando la hora y luego al par de serafines, quienes al fin parecían lucir más relajados. Aparentemente, esta corta discusión infantil ayudó a despejarlos un poco- Entre tanto ¿Qué tal algunas galletas y té?

El rubio dudó un poco, aunque su propio estómago terminó por ayudarlo a decidir.

Sí, puede que comer algo fuera buena idea.

_Me gustaría... -Sonrió, a la par que su novia se ponía de pie junto a los demás.

_¡Perfecto! ¡Yo puedo ir a por el té entonces! -Aplaudió emocionada, ignorando por completo el pánico que su oración trajo para sus amigos y novio- Egmont, Lasafam ¿Pueden ir por las galletas? ¡Las chicas pueden alistar la sala!

Uff, se notaba que a cierta querubín le iba bien en eso de organizar; era una lástima que en la cocina no le fuese tan bien...

_¡E-espera, Olive! ¡D-deja que te dé una mano con eso! -Chilló, tratando de seguirle el ritmo en lo que los demás iban a cumplir tranquilos y obedientemente su tarea.

A diferencia del asunto del té, para el resto no existía mayor riesgo.

Aunque... No había de qué preocuparse, Taffy estaría allí para evitar que estallara la cocina... De nuevo.

Eso... Fue rápido. Pensó cierto serafín, observando con algo de incredulidad cómo todos iban a lo suyo; y quizás, sintiéndose algo excluido de ello al no tener una tarea para cumplir y distraerse también.

Pero tampoco es que le sorprendiera mucho. Era de los que menos hablaba y tal vez por ello a veces dudaban en pedirle cosas. Rosemary siempre solía decir que a pesar de ser un llorón su mirada carmesí daba mal rollo, aunque él no terminaba de entenderlo.

¿U-un llorón puede dar mal rollo siquiera? No quería averiguarlo.

Suspiró, hundiéndose un poco en su asiento.

Bueno, al menos al rato tendría con que matar las horas y relajarse; la comida y compañía del escuadrón siempre lograba eso; aunque por dentro aún guardaba cierta angustia pues hoy le tocaba hacer guardia de nuevo.

Tragó grueso. No quería ir, pero tampoco estaba seguro de querer pasarle el deber a alguien más.

No mientras no estuviera al 100% seguro de que no se trataba de algo peligroso. No ansiaba cargar con la vida perdida o herida de alguien más.

No de nuevo.

Cosmea... Sacudió sus pensamientos. No quería ponerse a llorar de nuevo, pero de hacerlo daría igual.

Dudaba que alguien lo notase.

Como si a alguien de verdad le importara.

Sin embargo... En esta ocasión su angustia no fue pasada desapercibida, pues no fue el único libre de tareas al parecer.

_¿Todo bien?

_¡¿Ah?! ¡E-elwine! -Se sobresaltó un poco al oír su voz. Ni siquiera se había percatado de su presencia- N-no sabía que seguías aquí, creí que fuiste con las demás... -Soltó una risa nerviosa. Si bien no era la primera vez que hablaban a solas, todavía no se acostumbraba a percibir su silenciosa presencia.

Se sentía algo mal por haberla ignorado. ¡Justim! ¡Qué distraído estaba! Esperaba no haberla ofendido, aunque por la expresión tranquila de la contraria supuso que no ocurrió tal cosa.

_No, no quise ser un mal tercio -Se encogió de hombros, a la par que buscaba algo en el bolsillo de su falda para pasárselo- Y tú no parecías querer quedarte solo, así que... Ten.

El serafín la observó dudoso.

_¿U-un pañuelo?

_Pareces a punto de volver a llorar, así que... -Lo vio desviar la vista con pena- Tampoco es para que te pongas así, no tiene nada de malo.

Tsurugi apenas hizo una mueca, mirando sus pies. No tenía cómo verle de frente al hablar.

_¿N-no crees que es tonto que llore por todo? -Guardó silencio por unos segundos- Digo, soy su superior. D-debería dar el ejemplo ¿No?

Era lo que realmente pensaba, y la situación actual que lo aquejaba junto a Taffy solo lo reforzaba aún más; sintiéndose patético al no cumplir con sus propias espectativas.

De verdad pensaba que solo era una carga y decepcionaba a todos.

Cuan equivocado estaba.

_Uhn... Más tonto es que creas eso. -Alegó finalmente la joven, sorprendiéndolo- ¿Por qué dudas en estar dándolo? ¿Por llorar? Yo no le veo lo malo y estoy segura que no soy la única.

Vamos, que llorar no era pecado ni era la primera vez que veía a otros hacerlo. Incluso ella misma lo hacía alguna que otra vez.

_¿L-lo dices en serio?

_Por supuesto. Llorar no es algo malo, todos lo hacen. Es una forma de desahogo, es normal y está bien. Incluso... Yo lo hago por Nadine a veces. -Se acercó más, obligándolo a verla. No era algo personal ni nada, pero ke gustaba ser directa.- ¿O acaso no escuchaste todo lo que acabamos de decir? No era solo para el ángel jefe, también para ti. Si algo te asusta, entristece o molesta, puedes decirnos... -Volvió a ofrecer el pañuelo.- Puedes decirme.

El azabache sintió su rostro arder, aceptando finalmente el pañuelo.

_Gracias... p-por el pañuelo, quiero decir.

La de mechón azul sonrió un poco, lo cual combinaba adorablemente con sus características orejas felinas.

E-es linda...

_No fue nada. -Volvió a su antigua posición, aunque sus ojos seguían fijos en el serafín. Todavía no terminaban y... Al parecer, el resto aún no regresaban. Tenían tiempo- ¿Y bien?

No sabía si era la insistencia de Elwine, su inesperada cercanía o si todavía estaba bajo los efectos de todo el ánimo recibido minutos atrás, pero... Extrañamente no le costó tanto empezar a hablar.

_...E-estaba preocupado por mi guardia de esta noche. N-no creo que pueda hacerse algo, pero... -Se había sentido bien hablar de ello con alguien.

Empezar... A abrirse en sus problemas, aunque solo fuese fugazmente.

Elwine pareció pensar en algo.

_Ya veremos si podré o no hacer algo. No te preocupes.

Alguna vez, fue incapaz de darle una mano a su hermana cuando podía.

Con Tsurugi no iba a cometer el mismo error.

#######

Al mismo tiempo, en Underworld, las horas siguieron su curso hasta la tarde de una manera un poco más relajada a lo usual.

Había sido un día tranquilo para fortuna de todos, especialmente luego de que el joven diablo se encargara de dejar indispuesto al de orbes violetas, garantizando de ese modo otro día más a salvo para la integridad de su querida madre.

Ivlis no desaprovechó aquella oportunidad bajo ninguna circunstancia, disfrutando en lo posible para relajarse en compañía de sus hijos y subordinados, tal y como lo hacía ahora, acompañando al niño de ojos miel en la sala, aunque éste último no estuviese haciendo mucho más que juguetear con unos lápices sobre un papel apenas sin rayar.

Y evidentemente aburrido.

_¿No vas a salir a jugar con ellos, tesoro? -El niño había despertado de su siesta hacía tan solo unos minutos, pero no se había movido de su lado ni intentado salir al jardín, desde donde se oía como la sádica loli iba persiguiendo a un aterrado Emalf, vaya uno a saber en medio de qué aterrador juego.

Meh, lo de todos los días. Nada nuevo para aquel par.

_¿Uh? Pues...

El menor observó con cierta duda hacia el pasillo que lo guiaría hacia el exterior si quisiera, tan solo para volver a fijarse hacia la nada en silencio.

_Uhn... Ahora no tengo ganas, tal vez luego. -Se encogió de hombros, volviendo a juguetear con sus lápices.

No mostraba interés alguno. Siendo sincero consigo mismo, desde que despertó se había mostrado de aquel modo: desganado, callado y sin interés alguno por ir a jugar o iniciar una charla.

Irónicamente, en esta ocasión ninguna pesadilla fue la causante de tal desánimo. Por el contrario, su siesta había resultado reparadora y tranquila, permitiéndole gozar de un sueño calmado, uno en el cual solo estaba con su madre en Flame World.

Sencillo y corto, pero tan maravilloso como su antiguo hogar e Ivlis podrían ser. Tal vez por eso el abrir los ojos a la realidad lo había desinflado tanto.

No estaba en el cálido mundo de su madre, donde tenía su verdadero cuarto y podían ir de paseo cada que quisiera y donde fuera con total tranquilidad. No, estaban en ese asqueroso y oscuro agujero donde cada habitante era más enfermo que el anterior, y la sola idea de andar de un pasillo a otro lo ponía paranoico.

Odio este lugar. Maldecía el instante en el cual Satanick creyó que arrastrarlos hasta allí fue una buena idea, y estaba seguro que no era el único que lo pensaba.

Su madre probablemente también lo hacía, pero en ese preciso momento era otra cosa la que entretenía su mente: Como el tratar de hablar con su hijo.

No luce nada feliz ¿Habrá tenido un mal sueño?

Lo dudaba, aunque no descartaría del todo aquella posibilidad.

Suspiró.

Si bien la calma y tranquilidad le gustaban, mentiría si dijera que no le agradaría más el tratar de tener una charla con el niño. Después de todo, todavía albergaba esa angustia que compartió con Rieta en la mañana y quién sabe cuándo volvería a tener una oportunidad como esta para aclararlo con la suficiente privacidad.

El momento era perfecto; solo quedaban ellos dos en la sala, su hija y Emalf estaban jugando afuera, Rieta se encontraba en la cocina; sería estúpido no aprovecharlo.

Vamos, Ivlis... Solo es una pregunta y ya. Es tu hijo, no te va a comer.

Rieta había sugerido algo sobre la sutileza, la paciencia y demás similares ¿No es así?

Bien, perfecto. No era nada bueno en ninguna de esas cosas ni tampoco con las palabras, pero Licorice valía el esfuerzo.

No debe ser tan difícil. Ivlis, solo usa la cabeza. Se alentó internamente, al fin acercándose un poco más al niño.

_Y... ¿Está todo bien?

_¿Uh? ¿A qué te refieres, mamá? -Arqueó una ceja. Esa pregunta lo había extrañado.

El adulto carraspeó un poco, como buscando inspiración para continuar su burdo intento de interrogatorio.

_Pues... Ya sabes. Solo me preguntaba si todo estaba... bien. O si algo te molestara. -Divagó sin ir a ningún punto- ¿No hay algo como eso? ¿Algo que me quieras decir?

Bien, si esto no demostraba cuan desesperado estaba, nada lo haría.

El niño se le quedó viendo, probablemente sin captar del todo la idea, solo para finalmente soltar una risilla incomoda antes de volver su vista a la hoja.

_¿Eh? N-no... Para nada. No pasa nada como eso.

El diablo guardó silencio. Por algún motivo dudaba sobre creerle.

Trataría de ser casual e insistir un poco más.

_¿De verdad? Porque debes saber que puedes confiar en mí para lo que sea... -Forzó una sonrisa- L-lo sabes ¿No, cielo?

Que raro.

¿Era imaginación suya o Licorice parecía más tenso con cada intento de pregunta?

Casi juraría que estaba por partir el lápiz entre sus dedos en dos.

_Ya lo sé, pero en serio. No - pasa - nada. -Cortó de golpe, en un tono tan neutro que no parecía ni suyo.

Y el silencio reinó de nuevo.

Mierda.

Ok. Lo casual no parecía llevar a ningún lado, probaría hablar de otra cosa.

_Y... ¿Qué estás dibujando, cielo? -Lo había visto hacer alguno que otro trazo, pero no alcanzaba a formar ninguna forma en particular.

El menor lo volteó a ver, volviendo a mirar a su hoja por un instante y luego nuevamente al adulto, como si ni él mismo supiera qué responder.

_Uhn... Quería dibujar a mamá, pero... -Se ruborizó ligeramente. Estaba tan perdido en sus propios pensamientos que ni siquiera había empezado.- T-todavía debo iniciar, lo siento.

El de mechas rojas sonrió enternecido. A veces se olvidaba de lo detallista que podía ser Licorice con este tipo de cosas.

_Oh, suena bien, tesoro. Confío en que te saldrá tan hermoso como todos los dibujos que me has hecho. -Vamos, que se enorgullecía de tener guardada una mini colección de cada obra maestra del niño.

_¿En serio lo crees, mamá? -Toda esa confianza puesta sobre sus hombros le llenaba de ilusión.

_No solo lo creo, estoy completamente seguro.

La charla parecía ir tomando buen rumbo. Tanto el diablo de Flame World como su hijo parecían disfrutar de aquel corto momento de torpeza natural.

O al menos así era hasta que en un intento de mostrarse cariñoso, la escamosa mano del adulto intentó palmear la espalda del niño. No era un acto inusual o raro, siempre lo había hecho alguna que otra vez para felicitarlo por algún logro, iniciar un abrazo o por el simple hecho de mantener contacto, sin embargo, esta vez fue diferente.

_¡...! -No sabía cómo explicarlo, todo fue muy rápido. Desde el instante en que su palma rozó el hombro ajeno, casi en reflejo el cuerpo del pequeño se contrajo, empujándola lejos.

Sin aviso, sin palabras; solo un gesto casi despectivo e inesperado.

Un incómodo silencio calló en la sala. Ninguno parecía capaz de romperlo hasta que el aliento contenido del de mechas rojas lo hizo involuntariamente.

Suspiró.

Bien, lo había arruinado. No tenía idea de cómo o por qué, pero la ligera tensión que los rodeó de golpe lo decía todo.

¿Qué había hecho mal en realidad? ¿No fue lo suficientemente sutil? ¿Su hijo estaba de malas para el afecto y no se dio cuenta? ¿Estaba siendo muy molesto?

Miles de dudas aquejaban su roja cabeza. Si antes el sospechoso comportamiento del joven diablo se le hacía algo raro, ahora en verdad no creía que fuese su imaginación.

Primero llanto, luego esto ¿Qué estaba pasando aquí?

_¿L-licorice? -Hizo el amago de repetir la acción, pero no obtuvo la misma reacción, así como tampoco una mirada del aludido. - ¿Cielo...?

Quería preguntar. Necesitaba saber que pasó segundos atrás, pero la pregunta no terminaba de formularse dentro de su cabeza.

Además, siendo sincero, veía claramente que no obtendría mucho para oír. No con toda esa tensión sobre ambos.

¿Q-qué se supone que diga ahora?

Carraspeó nervioso, sin soltar palabra alguna.

En serio ¿Podría ser más idiota?

Licorice se hacía internamente la misma pregunta, dudoso de ser capaz de reanudar su conversación con la misma fluidez y naturalidad de minutos atrás.

¡¿Por qué rayos hice eso?! No tenía una respuesta clara.

Solo había sido una respuesta automática... Como si aquel gesto le recordara a algo que no quería recordar.

Se estremeció. Su mente no lo tenía claro, pero estaba 100% seguro que su madre no era culpable de ello ni merecía ese tipo de desplante.

Inhaló hondo, habían ocasiones en las que no se entendía ni a sí mismo, pero este se llevaba todos los aplausos.

¡¿Ahora qué se supone que dijera o hiciera?!

A su vez, no muy lejos de ambos diablos alguien más había sido testigo de lo ocurrido y se encontraba igual de confundida y preocupada.

Cuando colaboró en dejarlos a solas; en lo que ella perdía su rato en el jardín junto a los demás; para que tuvieran esa charla que su amo tanto deseaba no era esto lo que tenía en mente como resultado.

Quería ayudar, pero no tenía una idea de cómo sin parecer una entrometida.

Vamos, Rieta. Piensa, piensa.

Todo iba tan bien durante el desayuno ¿Por qué tuvo todo que arruinarse de golpe ahora?

_¿Uh?

¿El desayuno? ¡Claro! ¡Eso es!

Y fue entonces, cuando la iluminación llegó como un rayo a su cabeza.

Claro, era tan obvio. Con solo recordar la sonrisa de ambos había bastado para considerar su nueva idea, la cual se apresuró a implementar apenas se acercó 'casualmente' hacia ellos.

_¡Señor Ivlis! ¡Joven amo! Justamente los andaba buscando~

_¿Uh?

_Rieta... -No se contuvo en suspirar con cierto alivio. Toda esa incomodidad estaba acabando con ambos.- ¿En qué podríamos ayudarte?

No lograba seguir ritmo del entusiasmo que parecía envolver a su amiga, pero no se negaría a darle una oportunidad.

Lo que sea estaría mejor a aquel silencio.

_Pues... Me preguntaba si usted y Licorice tendrían algún postre en particular que les gustaría para merendar -Finge pensarlo unos segundos, bajando su atención al niño casi al instante.

Rieta podría conocer con lujo de detalles todos los gustos de Ivlis, pero con su hijo esto era otra historia. Aún le faltaba conocerlo más para ir aprendiendo esos pequeños pero importantes detalles de su persona.

Y esa ignorancia era la clave para su gran idea.

_¿Qué dices, Licorice? ¿Hay algo que te guste? Estoy segura de que Erif, Ekoms y Ting Roas debieron llegar a preparar algo que te encantara en mi ausencia. -Estaba casi segura que los demonios de Flame World que mencionaba debían seguir con las mismas tareas culinarias que cuando ella los dirigía.- ¿Puedes decirme? Tal vez pueda prepararlo también.

Y por la sonrisa de su joven amo, pudo confirmarlo.

_S-sí... ¡Ting siempre solía preparar ricos bollos de crema y caramelo! Me guardaba algunos para que mi hermana no se los acabara antes de que despertara. -Ay, aquella tierna demonio siempre era muy amable con él. Solía guardarle una pequeña dotación extra de sus postres preferidos para la cena- ¡Y Erif sabía dibujar en el chocolate caliente!

Nunca pudo explicarse el cómo lo hacía, pero en su joven edad aludirlo a la magia era lo más sensato. Además, terminaba flipando colores cada vez que éste dibujaba a su madre sonriendo, no tenía tiempo para buscar respuestas lógicas en esos momentos.

_Ya veo, ya veo. -Ay, oír a alguien hablar tan emocionado resultaba dulce y cálido- ¿Y qué hay de Ekoms? ¿Él no ha preparado algo delicioso para ti y tu madre?

Según rememoraba el demonio en cuestión estaba aprendiendo a cocinar en aquellos tiempos cuando fue encerrada en la lámpara. Quizás eso pudo haber cambiado...

Licorice infló las mejillas. Al parecer no tenía buenos recuerdos del aludido.

...O quizás no.

_¡Él quemó mis panecillos! Siempre sirve la cena fría y Poemi siempre le pega por darle trozos de pepinillos más grandes. -No lo odiaba, pero tampoco le caía del todo en gracia. Su sopa de pollo era horrible.

Ivlis rió un poco. Recordaba aquellos incidentes.

_Ya, ya, tesoro. Él ya se disculpó por eso y hasta te compró un chocolate por lo de los panecillos ¿Recuerdas? -Su pequeño casi había roto en llanto aquella vez, por lo que el aterrorizado demonio tuvo que improvisar algo para evitar que el de mechas rojas lo rostizara vivo por cometer tal pecado.

Aunque claro, en el fondo todo rencor infantil en el infante parecía seguir presente.

_¡Igual no lo quiero! -Insistió con terquedad, aunque recuperando gran parte de su aire infantil.

Como si la tensión de minutos atrás nunca hubiera existido.

Tanto la genio como su madre se vieron contagiados por la ilusión y nostalgia que sus palabras transmitían. Lo que no darían por ir a Flame World para revivir tales anécdotas, pero lastimosamente no se podía.

Ni modo, habría que conformarse.

_Entiendo... En ese caso, se me ocurre algo ¿Qué tal si tú y el señor Ivlis me ayudan a preparar esos bollitos que tanto te gustan? -El último mencionado quiso zafarse, pero ya era muy tarde.

Los dorados ojos de su pequeño y dulce regaliz eran demasiado como para negarse.

_¡Sí! ¡Sí! ¡Me gustaría! -Volvió su vista a su progenitor, jalando suavemente la mano de éste a modo de súplica- ¿Podemos, mamá? ¿Podemos?

Ivlis soltó una risilla nerviosa. Francamente, su instinto sobreprotector maternal le gritaba que se negara, que pensara en las mil y un posibilidades de que su niño terminara cortándose o peor; pero a la vez se recordaba que no estaría solo. Tanto él como Rieta lo cuidaría.

Ay, Vicers. Ser madre no era tarea fácil.

_Uhm... Está bien, tesoro. Podemos... -Ni había terminado de responder para cuando un chillido emocionado escapó de los labios de su hijo- Pero recuerda hacer caso a todo lo que Rieta diga ¿Eh? No quiero que te lastimes.

¿Qué? No dejaba de ser una madre preocupona.

_¡Sí! -No parecía prestar mucha atención a su indicación, pero el diablo optó por pasarlo por alto en lo que se dirigían a la cocina siguiendo a una emocionada genio.

Suspiró.

Vale, que apreciaba mucho la ayuda de su amiga para todo esto, pero no podía evitar tener un mal presentimiento mientras se acercaba a la cocina.

Bueno... Mientras no queme nada todo debería estar bien ¿No?

_¿Uh? Papi... ¿Qué hacen tú y Licorish yendo a la cocina? -Habló una voz a sus espaldas. Al parecer su hija ya se había aburrido de jugar al aire libre.

Jah.

Ese sería la menor de sus preocupaciones.

A-ay, no puede ser...

_Princesa... -Ya podía ir viendo lo que le esperaba, pero aún así habló- Vamos a preparar bollos... ¿Quieres unirte?

Ay, Ivlis.

Nunca aprendes ¿Cierto?

#########

_E-esto realmente pesa... -Soltó con un jadeo, apenas logrando arrastrar sus pies colina arriba.

En momentos como este, de verdad lamentaba no haber pedido a alguien que la acompañara en su compra semanal de víveres, pero es que no podía con la idea de andar molestando a otros colegas que seguramente, estaría tan o más ocupado que ella.

Vamos, que no quería sentirse más inútil y fastidiosa de lo que ya de por sí era.

Además ¿Tenía derecho a quejarse? Ya estaba a punto de llegar, podía visualizar la entrada al Castillo a tan cortos metros de distancia.

Solo requería un pequeño esfuerzo más.

V-vamos, Medouco. ¡Y-ya falta poco!

Afirmó los dedos a sus bolsas, conteniendo la respiración en lo que su serpentina cabellera siseaba ante un último esfuerzo para llegar al fin a laz escaleras de la entrada principal, en donde las caer junto a su propio peso.

_L-lo hice... ¡L-lo hice!

Puede que a simple vista aquello no significara mucho; es decir, tan solo se trataba de traer las compras; pero para alguien como la Gorgona lo era todo.

Como un pequeño logro personal del que podía enorgullecerse al menos por unos pocos minutos antes de volver a su rutina habitual.

Bien, ahora voy a-

Aunque su descanso emocional iba a alargarse un poco más, pues cierta pequeña planeaba robarle algunos minutos más.

_¡MEDOUCO!

_¿Uh? ¡Crea! -Levantó la mirada luego de reconocer aquella infantil voz pronunciar su nombre. Era la joven hija Víctor, quien asomaba su cabeza al entre abrir la puerta de la entrada principal- Creí que estarías durmiendo o jugando.

Se sentía algo apenada con la pequeña. Si bien se había asegurado de avisarle la noche anterior que saldría temprano, no tuvo corazón de despertarla para despedirse en la mañana.

Aunque si consideraba las horas que se había tardado, no era tan extraño que la niña ya estuviera esperándola.

Soy tan distraída.

_¿Uh? Dormí hace rato, pero luego del desayuno ya te estuve esperando. -Respondió con inocencia, ignorando las cavilaciones internas de su amiga mientras se acercaba rápidamente para tomar algunas de las bolsas.- Pero luego me puse a esperarte aquí, aunque ahora fui un rato a ver al señor Diablo, peleó otra vez con Licorice y eso lo puso algo triste.

_Ya veo. -Sonrió al escucharla. Le parecía tierno el cómo su pequeña amiga buscaba ayudarla, tanto con las bolsas como poniéndole al día con los acontecimientos en lo que ella no estaba- ¿Pasó alguna otra cosa más?

La menor ladeó la cabeza, como buscando recordar algo, solo para que segundos después la iluminación llegara a su mente.

_Uhm... ¡Ah, sí! ¡Mira! -Chilló con emoción, buscando fugazmente entre los algunos mechones de su cabello hasta al llegar a aquel tornillo que sobresalía de su cabeza, detrás del cual escondía una flor- ¿Te gusta? ¡Es una rosa! Me recordó a ti cuando la vi y no me pude resistir ¿A que no es bonita?

La mayor no pudo contener un sonrojo ante sus palabras.

_Crea... -Justo cuando creía que la robot no podría ser más adorable, ésta venía y la sorprendía- Sí, es muy bonita. ¿La arrancaste del jardín? -Recordaba vagamente que estaban floreciendo desde hace un par de días.

La niña negó con la cabeza.

_Nope~ Envi me la dio. Tenía dos y le pedí ésta. -Respondió con simpleza, aunque la enfermera se extrañó un poco.- ¡Fue muy amable!

_¿E-envi? -A ella no le gustaba ser prejuiciosa ni nada, aunque le seguía pareciendo raro que su compañero hiciera algo como eso.- Vaya... Que bien.

El demonio cabra tenía pinta de muchas cosas, pero no de arrancar flores para regalar.

¿Estará de buen humor? Podría ser, aunque fuera inusual y algo dentro suyo no anhelaba mucho conocer el posible.

_Ten~ Te la regalo~ -Canturreaba, sin hacer gran caso a la turbación ajena, colocándole la rosa entre la singular cabellera de su querida Gorgona, sin dejar de ser dulcemente recibida por los siseos de las serpientes en ella- ¡Te queda muy linda! A ti y a ellas... ¡Eres más bonita de lo que ya eres, Medouco!

_Crea... ¿L-lo dices en serio? -Vicers, sentía que su rostro estaba por estallar.

No podía con tantos halagos.

_Por supuesto que sí~ ¡Nunca te mentiría!

La albina se sintió extrañamente apenada, nunca le habían dedicado un gesto como aquel, pero le gustaba.

Hacían que sintiera su existencia tan valorada como nunca antes.

E-es tan linda conmigo.

Mejor no se molestaba en pensar demasiado en cosas innecesarias y seguía disfrutando del momento junto a Crea en lo que se disponían a ingresar con todo para comenzar a ordenarlo.

Aunque no duró demasiado, pues apenas llegaron a poner todas las bolsas sobre la mesa de la cocina, una severa y rojiza mirada los recibió desde el otro cuarto.

_Ya era hora de que llegarás ¿No?

¡Pobre Medouco! ¿Por qué su colega no podía pisar fuerte antes de aparecerse así?

Un día de estos le iba a dar un paro cardíaco.

_¿Uh? ¡Oh, no te habíamos visto!

Aunque puede que solo a ella le siguiera asustando el mortal silencio del andar del demonio.

_¿E-envi? -Desvió la mirada. Ya se había hecho la idea de esperar un regaño, aunque no esperaba que sucediera tan rápido- L-lo lamento tanto, había mucha gente y yo-

_Bah, no me importa saberlo. -Soltó un gesto para que cortara su explicación.- Solo es bueno que al fin llegaras, yo tengo algo que hacer y te corresponde preparar la cena. Trata de no arruinarlo ¿Quieres?

No es como si aquello hubiese sucedido alguna vez, pero considerando la torpeza de la que creía capaz a Medouco, no se ilusionaría con volver y encontrar todo en orden.

No esperaba nada de ella de cualquier modo.

_¿Eh? ¿Ahora? -Él nunca abandonaba su puesto de la nada- O-ok, pero ¿A-a dónde y por-?

Pero la cabra no parecía muy dispuesta a dar explicaciones, pues la dejó con la palabra en la boca mientras se dirigía hacia la salida.

_No es asunto tuyo, solo asegúrate de que nada suceda mientras no estoy. -Gruñó, despareciendo tras la puerta, dejando a la joven ama de llaves algo turbada mientras Crea seguía su tarea de guardar las compras.

Tragó grueso.

L-lucía molesto por algo...

Sea lo que fuera que pudo haber puesto al demonio de buenas en la mañana debió desaparecer horas después para que se pusiera de ese modo.

Y francamente, no quería preguntar.

########

Bien. Bien.

Se retractaba. Fue una muy mala idea aceptar esto de ayudar en la cocina.

Es más... ¡Debió prever que algo como esto podía pasar desde que sus dos retoños comenzaron a competir sobre quien los preparaba mejor!

Pero no, como siempre no se daba cuenta de sus errores hasta que ya era algo tarde para retractarse.

_¡El mío primero, mamá! ¡Prueba el mío!

_¡No, papi! ¡El de Poemi! ¡Si pruebas el de Licorish te vas a enfermar!

_¡N-no es verdad!

_¡Sí lo es! ¡Mira, hasta tiene forma rara!

_¡No es cierto! ¡Mamá, dile algo!

_Princesa, tesoro. Calma ¿Sí? Prometo probar ambos y sé que estarán igual de deliciosos -Intentó relajarlos un poco, aunque podía ver la euforia en ellos.

Lo sabía perfectamente, aquí nadie se calmaría hasta que él diese su veredicto, y, por ende, se definiera a un ganador por excelencia.

Los conocía demasiado como para ignorar eso, y precisamente por ello es que debía pensar bien que decir.

No comprendía cual era el afán de sus niños por 'competir' por su afecto cuando más de una vez se los dejó más que claro: los amaba por igual.

Pero bueno... Cosas de peques ¿No? No había por qué buscarle lógica real.

Además, en medio de todo esto al menos podría agradecer que no estaría solo; pues arrastraría a Emalf y Rieta a su rol de jueces si hacía falta.

_Vamos, vamos ¿Qué les dije sobre gritar y saltar con platos en manos? Pueden dejar caer los bollos o lastimarse -Regañó suavemente apenas se acercó al par de niños y su amo junto a Emalf.

En medio de todo, finalmente les había correspondido a ellos traer el chocolate, aunque los menores parecían estar más interesados en hacer catar sus creaciones al diablo de Flame World que cualquier otra cosa.

Ahogó un suspiro.

Las cosas no eran de este modo rato atrás. Tanto la castaña como el pequeño se habían mostrado entusiasmados y cooperativos mientras les daba las indicaciones pertinentes para la preparación de la masa o el relleno de crema. Al parecer, les gustaba mucho mezclar cosas o darles formas graciosas a la masa, lo veían como parte de algún juego, lo cual se agradecía pues los mantenía entretenidos y alejados del horno.

Sin embargo, todo se había vuelto un mini caos en la cocina cuando el instinto competitivo de ambos críos afloró justo en la recta final de los preparativos, momento en el cual solo les quedaba decorar los bollitos.

Ay, este par.

Bueno, al menos se podía agradecer que sus creaciones lucían comestibles.

Probarlos no sería un problema... O eso anhelaba por el bien de su señor.

_Bueno, bueno. Ya. -suspiró resignado mientras sostenía un postre decorado de cada niño, cuidando no ensuciar.- Comeré uno de cada uno ¿Ok? Ya no peleen, saben que me gustaran ambos. Yo los vi prepararlos y lucen deliciosos.

Y vaya que Ivlis no mentía al decirlo, sentía el antojo de algo dulce con solo verlos, aunque lo relacionaba más a darle valor al esfuerzo de sus pequeños que al aspecto en sí mismo.

Poemi había usado mucho chocolate y crema al rellenar, por lo que el bollo en cuestión estaba a nada de reventar apenas diera la primera mordida. Supuso que esto podría guardar relación a algo sobre tripas rebosando o similar, pero se contuvo en preguntar. Su sabor era bueno y era lo importante ¿No?

Y el de Licorice por su parte, no tenía mucho relleno, aunque sí una cubierta diferente. Ésta era de caramelo empolvado con algo de azúcar y el intento de dibujar una cara con el jarabe de chocolate. Se le hacía muy tierna, era como recordar los dibujos de su hijo y su sabor había resultado menos empalagoso de lo que aparentaba.

Sí que le pusieron mucho esfuerzo.

Ivlis no sabía que a los pequeños les interesaba tanto la cocina, ni tampoco tenía como apoyarlos con ello más allá de probar sus creaciones.

Su princesa ya había demostrado su interés en el pasado, ayudando a Rieta o Ting Roas en alguno que otro postre; la sola experiencia de hoy despertaba la nostalgia de aquellos tiempos; pero debido a las invasiones, la separación de Rieta y toda su tortura en Pitch Black, así que le había perdido el hilo a tal pasatiempo.

Y sobre su pequeño, fue toda una sorpresa verle tan interesado en el asunto. Incluso creyó escucharlo suplicar a la genio que le enseñara algunos otros platillos.

Quién lo diría, su bebé ya quería aprender a cocinar.

El solo imaginarlo con un delantal lo mataba de orgullo y ternura, pero se vio forzado a romper su burbuja al notar el par de miradas sobre sí.

Cierto, que aún no daba su voto final.

_¿T-te gustó mamá? ¿Lo hicimos bien? -Su voz destilaba pura ansiedad y suplica. De verdad había puesto todo de sí en este postre, era la primera vez que decoraba algo que no fuese un panqueque.

La castaña por otro lado estaba más concentrada en obtener su aprobación sobre la de su hermanito.

Bah, lo usual en sus deseos por proclamarse la hermana alfa después de todo.

_¿Cuál te gustó más, papi? El de Poemi ¿Cierto?

El aludido lo pensó detenidamente. Con lo importante que esto resultaba para sus pequeñines debía asegurarse de responder de manera sincera pero justa.

Ese era su rol como árbitro en sus disputas después de todo.

_Uhn... Yo creo que es un empate. -Soltó finalmente, dejando a ambos niños atónitos.

Esa no era la respuesta que esperaban.

_¿Eh?

_¡¿Qué?!

Eso fue un golpe bajo ¡Era casi peor que perder!

_P-pero... pero... ¡Wahh! ¡No es justo, papi! -Renegó infantilmente, aunque su padre no se dejó alterar por ello.

Ya estaba acostumbrado a los berrinches de su hija y sabía que se le pasaría luego de que Emalf le adulara o se diera el placer de golpearlo por alguna tontería.

_V-vamos, Poemi. No es para tanto... Yo opino igual, ambos saben bien...

_¡Cállate, bashura! ¡No pedí tu opinión! -Gruñó, callándolo al taponar su boca con otro de los bollitos.

Vale, que le gustaba que la adulen, pero no era el momento.

_¡W-wahhh! ¡Mnh! -Si no se ahogaba, sería un milagro.

_Es mi veredicto final y no pienso cambiarlo. Tómenlo o déjenlo. -Ah, no. No iba a iniciar otra guerra campal ahora que los niveló por igual.

Ni tampoco le interesaba mucho salvar la vida del demonio de lentes de sol, confiaba en que Rieta lo haría en su lugar una vez que calmara el berrinche de Poemi y dejara de reírse por lo bajo de todo esto.

No... Ahora tenía otro 'problemita' y lo estaba mirando con sus dorados ojos llorosos.

A-ay no...

_Y-yo... Yo quería que te gustara más el mío... -Balbuceó por lo bajo el azabache, cosa que estrujó el corazón del adulto.

No, Ivlis. Sé fuerte, no cedas y busca otra posible solución... ¡Ya!

_Cariño... -Se acercó, cargándolo hasta sentarlo sobre sus piernas- No te pongas así, que me gusten ambos no quiere decir nada malo. Tanto tú como tu hermana se esforzaron mucho y lo reconocí ¿No ves que es algo bueno?

El menor dudó un poco entre el abrazo, como si se incomodara, pero finalmente pareció ceder en cuanto una leve sonrisa se asomó en sus labios.

Puede que lo anterior solo se debiera a la respuesta insatisfactoria que recibió nada más.

_Si mamá lo dice. -Suspiró, cediendo a recostar su mejilla sobre el hombro, sorprendiéndose a los pocos segundos en cuanto vio otro bollo ante sus ojos- ¿Uh?

¿Lo estaba imaginando o su madre le estaba ofreciendo de comer desde su propia mano?

_¿M-mamá...?

_Bueno, tú ya me diste de probar algo delicioso. Lo justo es que yo también lo haga contigo ¿No crees? -Le dedicó una sonrisa, acercando aún más el pan dulce hacia este, esperando impaciente a que el menor diese su primera mordida.

El joven diablo sintió su rostro arder, suplicando internamente que a pesar de su cercanía Ivlis fuera incapaz de sentir el extremo palpitar de su corazón.

_¿Y bien? ¿Vas a probar cariño? -Puede que él mismo no lo haya decorado ni nada, pero el simple detalle de dárselo a probar él mismo se le hacía adorable.

Le recordaba tanto a cuando Licorice era un bebé.

_¿E-eh? C-claro, claro.

Oh, Vicers. Si esto era alguna especie de sueño no quería despertar por nada del mundo.

_¡Está delicioso, mamá! -Exclamó feliz, correspondiendo a la sutil sonrisa que recibía de su progenitor.

Todo era tan ameno y placentero; del tipo de momentos que ayudaban a olvidar todos los problemas.

Justo lo que su familia necesitaba ¿No?

#######

_A-ay, n-no me pagan lo suficiente para esto... -Jadeó entre quejas, haciendo uso de todo su esfuerzo para cargar el peso semi muerto a sus espaldas.

Ya era bastante tarde y desearía mejor estar en su casa o en la de su querida novia, pero no. Hoy el destino no deseaba concederle tal suerte y en lugar de eso, se encontraba caminando en medio de la nada rumbo al hogar de su jefe, puesto que dudaba que en su estado actual pudiese llegar solo.

_D-dolor... -Alcanzaba a escuchar sus balbuceos a su oído cada tanto, aunque no estaba seguro de que tan consciente se encontraba el mayor.

_Ya, jefe. Ya voy a dejarlo a su casa.

Gyakuten realmente se pasó esta vez. Esta vez en lugar de su usual motosierra había perseguido a Sullivan con un bate repleto de clavos.

De no haber llegado a tiempo, puede que el pobre cuervo quizás ya ni la habría contado.

Pobre hombre, su suerte era realmente triste.

_Glasses...

_No hables. Necesitas descansar. -No es que no quisiera escucharlo, solo que le preocupaba su estado.

Vale, que pudo vendarlo y todo, no iba morir ni similar... ¡Pero ya déjenlo ser paranoico de vez en cuando!

No era pecado preocuparse por un jefe tan amable como lo era Sullivan ¿No?

Pero el cuervo estaba decidido a decirle algo. Quería intentar decirlo ahora que los golpes le quitaban algo de su usual timidez y no se había vuelto a desmayar aún.

_L-lo sé, pero... S-solo quería agradecerte por todo hoy... -Murmuró con algo de dificultad, a la vez que trataba de aferrarse con sus últimas fuerzas al cuello ajeno para no caer- S-solo sé causarte problemas y... T-tú siempre me ayudas...

En serio, a veces se preguntaba qué hizo para merecer un subordinado y amigo tan leal. El pobre demonio seguramente tenía la oportunidad de buscarse algo mejor o abandonarlo a su suerte, pero jamás hizo tal cosa.

Glasses era como un trozo de pan.

_¿Ah? Oh, ni lo menciones, Sullivan. -Se encogió de hombros con una media sonrisa adornando sus labios.

_P-pero siempre soy una molestia y e-escapo del trabajo... -Sentía que era una total vergüenza que incluso a su edad siguiera dependiendo tanto de otros- S-solo mira la hora y cómo aún me ayudas hasta para volver a casa, cuando bien podrías e-en tu hogar o visitando a tu novia.

Ay, Sullivan ¿Por qué siempre eres así?

En momentos como este de verdad creía que ni estaba en posición en por qué su hija no le hacía caso; con alguien como él era normal que los demás le repelieran y molestaran ¿Cierto? O al menos eso pensaba en ocasiones.

S-soy tan tonto... C-con razón Olivia no quiere verme...

_S-soy un desastre... ¿Quién querría un padre como yo? -Soltó una risa intentando no llorar ante su propio pesimismo.

En momentos como este se sentía tan patético.

Sin embargo, no contaba con que el azabache no permitiese que sus pensamientos siguieran aquel rumbo.

_Oh, por favor. No digas eso. -Detuvo sus pasos de golpe, como una señal clara de que requería su atención y en verdad necesitaba que le escuchase- Mira, en primer lugar usted no es ninguna molestia, y en segundo, se equivoca al decir eso ¿Sabe? Yo no estoy deseando estar en ningún otro lugar ahora, estoy más que bien sabiendo que estuve cerca para darle una mano.

No quería ni imaginar que hubiera sido del pobre hombre sin su ayuda.

_Y sobre lo otro que dijiste, solo diré que tiene suerte de que en su estado no pueda darle el zape que se merece por soltar semejante estupidez -Casi le ofendía que el mayor pensara tan mal sobre sí mismo. Entendía que le entristeciera el grosero actuar de su hija, pero no veía la necesidad de darle la razón a la joven- Cualquiera estaría feliz de tener un padre como tú... -Volvió a reanudar el paso, disimulando el infantil rubor que cubría su rostro- ...Y-yo lo estaría ¿Sabes?

Que Vicers lo perdone por el desplante hacia su verdadero progenitor, pero siendo Satanick como era sentía que se lo merecía.

_G-glasses... -No sabía qué decir o cómo actuar, aunque sus conmovidas lágrimas deslizándose por sus mejillas hasta el hombro ajeno ya lo decían todo.

Jamás imaginó que el hijo mayor de su señor diablo; aquel que vio crecer y que ahora lo asistía cada día como un colega; fuera capaz de verle de esa forma.

Era todo un honor. No tenía siquiera palabras para describir el sentimiento, apenas soltando algunos silenciosos sollozos.

Gracias.

Deseaba decírselo, pero las palabras se ahogaban en su garganta; aunque el mensaje ya había llegado desde el primer instante al azabache.

Se conocían desde hace siglos.

Cualquier oración sobraba para lograr entenderse en un momento como este.

_Oh, vamos. No llore, solo dije la verdad de lo que pienso. -Admitió, ya sin tanta pena y visualizando al fin el hogar de su jefe a lo lejos.

Cualquiera que los viera o escuchara seguramente se haría la idea más homosexual posible, pero estaría más que errado.

Glasses estimaba y respetaba mucho al cuervo, hasta el punto en que podría decir que se guardaban cariño, pero todo dentro de una cálida camaradería y afecto fraternal.

Después de todo, el corazón de cada uno ya tenía su dueño.

_En fin, el punto es que no me molesta ayudarlo, señor Sullivan. Deje de preocuparse por ello, para algo soy su subordinado y amigo ¿No? Sé que haría lo mismo por mí -Observó al cielo por un corto instante, recibiendo un tímido, pero cálido asentimiento ante tal alegación.

Agradecía a Vicers porque al menos a estas horas su padre no decidió ponerse bipolar y causar algún diluvio.

Hasta que me eres útil en algo, viejo. Sinceramente, no tenía ganas de pensar en su padre ahora.

De por sí hacerlo lo estresaba, y luego de enterarse de la última visita de su madre al castillo, la cosa iba para peor.

Ese idiota.

No pudo hablar con la subcubo; siquiera tuvo suerte de verle cuando iba de salida aquella vez; pero por la expresión de su rostro tendía a suponer que el idiota de su progenitor lo arruinó de nuevo.

Desconocía los detalles, pero lo daba por el hecho por algo que él bien sabía: Lil era muy difícil de entristecer y solo conocía a alguien capaz de ello: su padre.

Y luego quiere que Licorice o yo le tomemos en cuenta... ¡Solo la jode una y otra vez! Ni siquiera sabía porque seguía esperando algo de él cuando era obvio que era un caso perdido.

Suspiró, guardándose cualquier comentario hacia el diablo. No era momento.

_¿Uh? ¿Te pasa algo...? -Ladeó la cabeza algo preocupado luego de notar ese repentino cambio de humor en el de orbes violetas- Te enojaste de repente.

_No pasa nada, solo recordé algo... fastidioso. No es importante. -Hizo un gesto de restar importancia al asunto.

Su jefe no merecía preocuparse también por él luego de una jornada tan dura, aunque no pasaba por alto el deje de empatía que el cuervo siempre mostraba hacia los demás sin importar cuan jodido estuviera él mismo.

Era él tipo de hombre que nació para tener hijos, sin duda. Lo paternal se le notaba a kilómetros.

En serio, destino ¿Por qué no tuve un padre como el señor Sullivan?

O mínimo que tuviera un mejor y más cercano puesto como subordinado para al menos pasarla más a gusto y seguro en el Castillo, donde al menos Gyakuten no lo atacaría más. Era un hecho que Sullivan lo merecía mucho más que lunáticos como Roc o Dokugai.

Vicers sabrá los problemas que pudo haberse ahorrado de ser así.

La vida es tan injusta.

Y conocía a diario ejemplos vivos de ello.

Aunque bueno, el destino era caprichoso y misterioso ¿No?

Discutir con éste no tenía caso alguno, así que mejor optó por apagar sus pensamientos y apresurarse para ir a dejar a Sullivan en su hogar, para hacer lo mismo él y regresarse a su propio hogar.

Fue un largo día y estaba molido.

Y tal vez por ello fue que no se percató ni hizo gran caso de cierto ente felino que iba revoloteando sobre sus cabezas en el basto cielo nocturno, en compañía de un... ¿Camarón?

Bueno.

Ni que ver seres o crustáceos voladores fuera lo más raro en Pitch Black.

_B-bonito clima ¿No crees?

_Cállate y enfócate en encontrar a mi hija para hacer picadillo a quien dices que la tiene...

_C-claro, claro...

Sí.

Este tipo de seres era mejor ignorarlos y dejarlos vivir lo suyo.

#######

Ok. Vamos, Emalf ¿Qué tan difícil podría ser preguntarle a Licorice sobre algo que ni al señor Ivlis le ha dicho?

Muy difícil.

¿Cómo se supone que hiciera esto?

Suspiró, volviendo su vista hacia el pasillo. Ya había perdido la cuenta desde hace cuánto rato llevaba esperando toparse con el niño antes de dormir, aunque a la vez algo en su cabeza le advertía dejar el tema por la paz y se fuera a dormir de una buena vez.

Vamos, cerebro... ¡No seas indeciso y cobarde ahora!

Ay, decisiones, decisiones. Nunca era muy bueno tomándolas y menos cuando había presión de por medio y su elección podría afectar o depender de tercero.

Eso casi siempre le garantizaba una putiza y no quería más por hoy... ¡Su jefe ya le había pegado al igual que la aterradora loli! ¡Piedad a este pobre demonio con ojos de marica!

¡Arghh! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué tuve que escuchar al señor Ivlis?!

Ahora que lo pensaba, hubiera sido más sensato huir creyendo que lo golpearía por segunda vez que haber accedido a escucharlo...

.

..

...

_Oye, Emalf. Ven aquí un momento. -Escuchó como una orden severa a sus espaldas, estremeciéndolo.

_¡N-no! ¡Espere! ¡Y-ya me golpeó mucho hoy! ¡Piedad!

¡No! ¡Vamos, ya se había disculpado por lo del desayuno!

Y eso que ni había sido su culpa, él solo era una víctima más de otra disputa infantil entre el par de niños, pero eso a Ivlis no parecía importarle cuando casi le rostizaba los cuernos minutos atrás.

_Tks, no seas payaso. No vine a eso. -Rodó los ojos. Como si fuera capaz de pedirle que se acercara para golpearlo más a gusto.

Nah, Ivlis era más de los que hacía eso para amenazar. Los golpes o quemaduras los daba sin previo aviso, de lo contrario sabía que sus posibles víctimas escaparían cobardemente.

Pero ni sabiendo eso, el demonio bajó la guardia del todo mientras obedecía.

_¿A-ah, no? -Esto sí que era raro ¿Sería acaso una nueva táctica? Con su hormonal diablo, todo era posible.

_No, y ya ven de una vez -Gruñó, haciéndole un gesto mientras miraba de reojo hacia el comedor.

Allí, tanto Licorice como Poemi estaban disfrutando de unos panqueques recién preparados por el mismo Ivlis, mientras Rieta los vigilaba y ayudaba cada tanto pasándoles jugo o jarabe de maple. Totalmente ajenos a lo que el de mechas rojas planeaba discutir con su subordinado y en parte, lo preferiría de ese modo.

_¿Y bien? ¿Sucede algo, jefe? -Creía ver algo de angustia reflejada en sus ojos, pero se contuvo a comentar.

Si resultaba ser un asunto serio, no quería comenzar metiendo la pata.

_La verdad no estoy seguro de ello. -Admitió finalmente el diablo, cruzando los brazos mientras daba un análisis visual rápido de Emalf.- Pero puede que tú me seas útil para aclarar eso...

_¿Eh?

Ok, comenzaba a perder el hilo de esta conversación, pero la siguiente oración que salió de la boca ajena ayudó al fin a que ambos siguieran la misma sintonía.

_Emalf... Tú eres muy cercano a Licorice ¿Cierto?

Y a partir de eso, el demonio de lentes de sol supuso que le encargarían una misión imposible.

Y no se equivocó...

...

..

.

Lo entiendo, somos súper bros cercanos, él me contó sus oscuros secretos y todo, pero... ¿Por qué yo iba a saber algo de ahora..?

Estaba seguro que ante los ojos de su diablo habría mejores opciones para tratar ese tipo de temas.

Vale, que era su niñero y guardaban cierta cercanía y todo, pero nada de ello garantizaba que pudiese hablar con Licorice casualmente de lo que sea. Todavía mantenían cierto margen de privacidad.

Ivlis le estaba dando demasiado crédito, él solo servía de confidente o confesor de iglesia, no otra cosa.

Claro, Emalf aceptaba gustosamente al niño y todo lo que tuviera relación con él; estaba más que dispuesto a ayudarlo con lo que fuera, pero si el menor no se le acercaba... No había mucho que podía hacer.

Aunque... Debía admitir algo.

No creía que todo esto fueran solo sospechas de su jefe, él también lo notaba.

No era tan idiota como muchos lo creían, podía ver que el crío había comenzado a actuar diferente desde que vinieron a Pitch Black World, pero le era imposible explicar un posible motivo, así que había llegado a creer que solo lo imaginaba o algo.

Supo que se equivocó cuando Ivlis le hizo aquella pregunta.

¿Será que le incomoda estar aquí? No lo culpaba, pero dudaba que se tratara solo de eso.

El niño no era tan exigente cuando se trataba de lugares para vivir, era obvio que mientras estuviera cerca de su madre tal detalle no le importaría tanto, y hasta sospechaba que el húmedo clima de Pitch Black le gustaba más que el horno que representaba Flame World para él.

Después de todo, Licorice no era un ser de allí en un 100%, no resistía tanto el calor.

Pero ese no era el punto en cuestión ahora; debía descartarlo y proseguir a averiguar entonces el motivo real, aunque todavía no estaba muy seguro sobre cómo lo lograría.

B-bueno, preguntar no es pecado ¿C-cierto? Dudó un poco, pero ahora que al fin lo veía subir no perdería su oportunidad.

Trataría de averiguar algo, aunque fuera mínimo. Y si no obtenía nada... Bueno, lo dejaría por la paz.

Al menos lo echaría a la suerte por esta vez, más que nada por su genuina preocupación que por otra cosa; además de querer calmar la paranoia materna de su amo.

Bien, ahora o nunca.

_¡Hey, broh! ¿Tienes un momento?

_¿Uh, Emalf? -Volteó apenas reconoció su voz.- Creí que mi hermana ya te había noqueado o algo. -Comentó con cierta inocencia mezclada con verdad. Aquello fue algo que realmente llegó a suceder alguna vez, aunque nunca supo a detalle cómo pudo darse- Claro... Yo ya me iba a ducharme para dormir, pero ¿Qué necesitas?

Tenía algo de prisa pues su madre luego subiría a contarle un cuento como cada noche, pero no creía que su amigo llegara a robarle demasiado tiempo.

No es como si fuesen a hablar de algo muy importante ¿Cierto?

_Sí, bueno. Yo solo... -Carraspea un poco, buscando las palabras más adecuadas que se le ocurrieran.- Solo... ¿Todo bien?

Licorice arqueó una ceja, con marcada incomodidad. Bien, no habían empezado esto con el pie derecho aparentemente.

_Todo... Bien...

Volvió a intentar.

_¿Estás seguro?

_Muy seguro. -Su tono cada vez se iba tornando más serio.

Pero el demonio intentaba ignorarlo para al menos tratar de darse algo de valor para preguntar.

_¿No hay nada que quieras decirme? -Podía ver la duda en sus ojos. Licorice... Le estaba ocultando algo.- ¿Nada de nada?

_Ya lo dije: Na-da.

El azabache le dio la espalda, mordiéndose los labios al intentar avanzar hacia su habitación; podía escuchar al demonio de lentes de sol seguirlo.

_¡Viejo, espera!

_No sigas, Emalf.

_¡Sí sigo! ¡Hey!

No quería molestarlo. Solo buscaba ayudar, en caso de que realmente fuera necesario.

Y siendo sincero, la reacción de su amigo no ayudaba a que creyera algo diferente a esa posibilidad.

_¡Sé que estás ocultándome algo! ¡Lo veo en tu cara!

_¡Tú no sabes nada! -Seguía evitando verlo de frente y apresurando el paso.

Sabía que si lo veía de frente sería su fin.

No podría seguir mintiéndole.

_Pues si no me lo dices-

_¡Que no hay nada que decir! -Bufó, aferrándose al marco de la puerta. Ya había llegado a su alcoba-

_Pero-

_¡ADIÓS!

Y sin más, lo siguiente que hizo eco en el pasillo fue el brusco golpe que se dio la puerta en cuanto el diablo la cerró.

¿Q-qué fue todo eso?

El de gafas no pudo más que soltar un pesado suspiro. Tenía mucho por pensar luego de tan... inestable escenario, pero a la vez sabía que dejarlo por hoy era lo mejor.

Aunque de igual modo eso no ayudaba a evitar sentirse algo turbado y hasta... herido.

¿Qué es lo que oculta con tanto recelo?

¡Vamos!

¿De verdad existía algún secreto más oscuro que un sentimiento incestuoso?

Volvió a suspirar.

Bueno, sea lo que sea hoy no se enteraría. Y por el bien de la paz mental del niño y su amistad, lo mejor era guardarse este acontecimiento para sí mismo.

Nadie... N-nadie tiene por qué saberlo...

Sí. Era mejor que no. Solo asustaría a su jefe en lugar de ayudarlo.

Mejor... Mejor me voy a dormir.

Sin embargo... Ninguno sospechaba para nada que cierta genio había sido una silenciosa testigo de esto, incapaz de intervenir o decir algo al respecto puesto que ni siquiera entendía qué rayos sucedía.

¿Q-Qué rayos? ¿No que supuestamente todo era color rosa entre Emalf y el niño?

Oh, bueno. Eso le había dado a entender su amo mientras la iba poniendo al día con todo. Todavía habían cosas que no le quedaban claras.

_D-disculpa, Rieta...

_¿Uh? Oh, Medouco ¿Pasa algo? Te ves preocupada.

_N-no, pasa nada. Bueno, sí pero... Ah, no me hagas caso. S-solo quería preguntar si habías visto a Envi. Me dijo que solo saldría unos minutos y todavía no lo veo, y... E-el amo Glasses ya ha llegado, pero debo limpiar algo...

_Lo entiendo, tranquila. Escucha... Yo puedo ayudarte. Tú ve con Glasses y yo limpio por esta vez ¿De acuerdo?

Vale, sabía que se supone que ella debía ir a ayudar a Licorice en su baño, pero luego de lo que acababa de presenciar, supuso que darle unos minutos a solas no estaría mal.

Además, no tenía corazón para dejar a la Gorgona sola con tantas tareas. Suponía que el subordinado de Pitch Black era un completo desconsiderado por atreverse a ello.

Hombres... Rodó los ojos.

¿Por qué se sorprendía? No importaba el mundo que fuera, a su parecer todos podía mostrar su lado cavernícola cuando querían.

Recordó a su amo... Bueno, algunos más o menos que otros.

No quería pensarlo más, mejor se enfocaba en lo suyo.

_Ven, muéstrame lo que debo lavar. -Cuanto más rápido terminase, más rápido podría ir a ver al niño y asegurarse de que estuviese bien.

_C-claro, Rieta. Gracias.

A la vez, no muy lejos de allí, cierto joven diablo verdaderamente se encontraba más que satisfecho con su soledad, incluso sin ser consciente de que se trataba de un simple golpe de suerte entre las elecciones de su niñera.

Pero claro... Licorice estaba muy lejos de sentirse afortunado.

¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿Por qué no dejan de recordármelo?! ¡¿Por qué?!

Mascullaba por lo bajo, caminando de un lado a otro mientras contenía unas insanas ganas de llorar.

Esas estúpidas e insistentes preguntas iban a volverlo loco.

Primero su madre, luego Emalf ¿De verdad era tan evidente?

Suplicaba que no. No cuando se estaba esforzando tanto por dejar todo atrás aunque fuese imposible. No creía estar haciendo nada tan raro o importante como para robar tanta atención.

Aunque ese ni siquiera era el mayor de sus problemas, sino la incesante tortura a la que lo sometía su propia mente.

Recordándolo...

Una y otra vez.

Siempre que creía disfrutar algo y olvidarlo, volvía de nuevo.

Sacudió su cabeza. Ansiaba gritar, pero no lo haría.

No quería alertar a todos, aún cuando todo dentro de sí parecía al borde de desmoronarse.

¡Sal de mi cabeza! ¡Salgan de mi cabeza!

¿Por cuánto tiempo seguiría así? Hoy había tenido instantes tan tranquilos como para que esto le estuviera pasando ahora.

Estúpida charla, estúpido Emalf, estúpidos todos.

Intentaba guardar la calma, pero a cada segundo era más difícil. Cada día de su vida se tornaba más difícil...

Sollozó, permitiéndose caer sobre su cama unos instantes, fue entonces cuando un aroma familiar llegó a su nariz.

_¿Uh?

Eso es...

La bufanda de Ivlis. Podía recordarlo, lo había traído en la mañana luego de haber ido a verlo desde su ventana.

Se aferró a la tela, abrazándola con fuerza; casi como si se tratara de alguna especie de salvavidas.

Y vaya que lo era... Para la poca cordura que a veces sentía que le quedaba.

Madre...

Todo era por él.

Su esfuerzo, su amor, su sonrisa, sus mentiras.

Porque quería ser tan fuerte como Ivlis, que había pasado cosas peores y seguía sonriéndole con ternura cada día.

Porque quería ser ese héroe de cuentos para su madre sin importar el precio.

Porque... Quería seguir recibiendo su amor maternal al menos, aún si nunca lograba ser correspondido como su corazón anhelaba, pero...

Solo... Solo quiero...

...Ya no era digno ¿Cierto?

Suspiró.

Calma, calma. Solo necesitaba calmarse y tal vez una larga ducha.

Sí.

Es lo que cualquiera haría si se sintiera tan sucio como él lo hacía cada vez que su mente regresaba a ese momento.

Yo... debo bañarme... Sí, eso... Forzó una sonrisa intentando convencerse de que eso lo ayudaría a sentirse mejor, incluso si muy en el fondo sabía que solo era una mentira más.

Alguna vez escuchó que no existe acto más masoquista que recordar.

Bueno... Quien lo haya dicho sin duda tenía razón.

#######

Se removió algo inquieto.

Otra vez solo ¿Eh?

La noche también había caído sobre Overworld desde hacía unas horas, por lo que no era de extrañar que el castillo de su Dios volviera a verse perdido entre la oscuridad de un cielo apenas estrellado y una siseante brisa que erizaba las plumas en sus alas.

Para algunos, puede que tan maravillosa vista en el cielo resultara hermosa y única, pero para Tsurugigousen solo había servido como un recordatorio constante de aquella tarea que no ansiaba llevar a cabo, en especial desde la última vez con Taffy.

Ojalá las horas pasen tan rápido como en el día... Nunca en su vida una mañana y tarde había transcurrido a la velocidad de esta vez, aunque puede que solo fuese el resultado de su renuencia hacia su trabajo.

Tragó grueso.

Su guardia también había dado inicio desde hace poco, pero hacía el intento por reunir el valor suficiente para llevarla a cabo tan honorablemente como era posible para su persona.

Luego de todo lo sucedido hoy había llegado a considerar la idea de faltar o pedirle a alguien que lo sustituyera, pero terminó por descartarlo por completo luego de recordar que para ello sería necesario hablar con Fumus directamente.

No, gracias. Estaba muy feliz con su tranquila existencia entre aquella inusual temporada en la cual su señor parecía ignorar su existencia y la de sus compañeros para sus juegos de tortura; y de ser posible, dejaría que durara un poco más.

Mejor no tentar a su suerte. De cualquier modo, a pesar de sus nervios, tenía claro que le temía mucho más a su Dios que a aquel ente desconocido.

Además... No se supone que fuese a pasarla solo, Elwine se lo había prometido ¿No es así?

Y si te acompañara... ¿Te sentirías mejor?

¿E-eh? Elwine... ¿T-tú en verdad?

Dije que te ayudaría ¿Cierto? Aunque sea con mi compañía lo haré.

Sonrió de solo recordarlo, desearía tener su valentía y a la vez, la agradecía.

Algo de calma de verdad se había hecho presente en su corazón cuando ella se lo ofreció; su promesa de verdad le daba cierta seguridad, pero...

_¡¿Uh?! -Volteó de golpe. Había escuchado algo.

...Tal cosa no pudo durarle mucho.

_¿Q-Qué anda ahí? -Mierda. Podía sentir eso otra vez.

Nuevamente estaba esa sensación incomodante sobre sí. Y lo peor, ahora se encontraba completamente solo para enfrentarlo.

Calma, calma. Respira, no estás solo. Ella dijo que vendría y nos acompañaría.

Porque Elwine vendría ¿Cierto?

Ella no lo engañaría ni abandonaría luego de esas directas pero bonitas palabras de hoy ¿No?

Quería aferrarse a esa idea, incluso si la parte más paranoica de su ser le recordaba a cada segundo que la joven ya llevaba cierto retraso.

Vamos, que eso era normal. Podría pasarle a cualquiera ¿Cierto? ¡Se estaba alterando por nada!

Respira, respira. Todo está bien, n-no hay nada que temer.

Si lo repetía muchas veces en su cabeza puede que al final se lo creyera ¿No?

Bien. Y ahora... ¿Cómo le hacía para convencer a ese lo que sea que tampoco era real y que debía irse?

Ay, Justim.

Esto no tenía sentido... Pero bueno, con miedo de por medio nada lo tenía.

_¿Q-quién anda ahí? -Desenfundó su arma, comenzando a dar vueltas de un lado a otro en un intento por seguir la mínima pista de lo que sea que estaba sintiendo.- E-estoy armado y no tengo miedo de usarla ¿Eh? ¡Hablo en serio!

Tanto su voz como sus piernas comenzaron a temblar.

Suplicaba internamente porque en verdad se tratara de algo imaginario por su temor, no estaba en condiciones de enfrentar un peligro real.

Elwine... ¡Elwine ¿Dónde estás?! ¡¿Por qué te tardas tanto?!

Se estremeció, había escuchado algo esta vez... ¡Eran pasos!

¡E-eso no lo imaginé! ¡Estoy seguro!

No dejaba de debatirse sobre si ir a investigar o no. La última vez no lo había hecho a pesar de la compañía del ángel jefe, habían preferido ayudarse a ignorarlo con un té madrugador.

Esta vez no se creía capaz de hacer algo así, la presencia y aquellos sonidos eran más contundentes que antes, más reales.

Quería llorar ¿Por qué esto tenía que pasarle justo cuando estaba solo?

Esto ya era demasiado para él.

Inhaló hondo. No, nada de apanicarse ni llorar, debía tomar una decisión.

Vamos, Tsurugi. No es tan malo, has tolerado cosas mil veces peores a simples ruiditos nocturnos, no hay nada que temer ¿Cierto?

Sí, porque fuera lo que fuera NADA podía ser peor que la ira de Fumus.

El solo considerarlo le daba escalofríos, pero a la vez lo animaba a estar más seguro de la decisión que acababa de tomar.

_Solo... un vistazo... -Eso no iba a matarlo ¿O sí? Solo era para asegurarse a sí mismo y al Elwine en cuanto llegara.

Quería esperarla, pero a la vez se convencía de que lo mejor era ir solo. Enfrentar los miedos era parte de madurar ¿Cierto? Era un buen momento para intentar, especialmente con aquella pequeña pero existente posibilidad de que no fuese nada y solo estuviese asustado de su propia sombra o peor.

Eso sería muy vergonzoso de comprobar con su colega cerca ¿No?

Sentía vergüenza ajena de solo imaginarlo.

M-mejor voy solo. Planeaba pasar esta noche conservando al menos una pizca de su dignidad.

Decidido esto, inició su lento andar por los alrededores. Todo estaba bastante oscuro y el crujir de algunas ramas no dejaba de ponerlo de nervios.

Era como escuchar seres moviéndose de un lado a otros, aunque lógicamente resultara imposible que sucediera sin que lo viera.

Siguió su camino un rato más, sin prestar mucha atención sobre lo, cada vez más lejos que se encontraba del punto inicial. No podía concentrarse en eso, sus oídos estaban muy ocupados intentando seguir la dirección de aquel incesante crujido a sus espaldas hasta que...

_¡...! -Chilló, segando con su filo algo que creyó moverse a espaldas suyas.

...Cayó en cuenta de que lo que acababa de cortar era un simple arbusto.

Ni más ni menos.

De no ser por su propia sorpresa hasta se hubiera estrellado la cara contra alguna pared cercana.

¡¿Esto iba en serio?!

_¡¿Q-qué?! Pero si yo-

Estaba tan seguro... ¡No! ¡Juraba que escuchó algo moverse hace solo unos segundos!

¡Era imposible que se tratara solo de un tonto ficus!

B-bueno, al menos que el viento...

Sacudió su cabeza. Bien, esto era una de dos; o se estaba volviendo loco al fin o se estaba volviendo idiota, porque esto... ¡Esto no podría ser normal!

T-tal vez... ¿Lo imaginé? Bajó su espada al considerarlo, listo para regresar sus pasos. Tendría sentido, el miedo era el más grande enemigo hasta para un guerrero honorable como él, muy capaz de hacerlo ver u oír cosas que en el momento de la verdad no estaban ahí.

Hacerlo creer que una sombra era un demonio, una planta un creciente enemigo o hasta convertir a un simple animalillo silvestre en una bestia sin nombre.

...

Puede que dejarse influenciar tanto por su maltratada vida al fin lo estuviese afectando.

Bufó, maldiciéndose internamente por ser tan llorica.

¿Y luego le preocupaba la imagen que se estaba creando para los demás ángeles?

Él mismo se estaba arruinando por dejarse llevar tanto por el pánico ¿Qué clase de serafín en jefe era?

¡Que vergüenza!

Asustado por unas imbéciles hojitas.

Mejor me regreso a esperar. Suspiró pesadamente, bajando al fin su guardia en lo que relajaba los hombros y volteaba sin volver a fijarse.

Sí...

_¡¿Eh?!¡...Ngh! -Ahogó un grito, sintiendo de la nada algo cubrir su boca mientras un agudo dolor se hacía presente, desgarrando su costado.

...Ese fue su más grande error.

Lástima, idiota.

Debiste esperar a tu estúpida amiga.

Pero ya no tendría tiempo para lamentarlo.

No hoy.

#######

Frío.

Solo sentía el agua helada de la ducha caer sobre sí lentamente. Sin reacción, sin nada por expresar. Solo su perdida mirada enfocada hacia ningún punto en particular. Ya llevaba allí cerca de 2 horas allí, el jabón ya se había agotado y el shampoo dejó de hacer espuma hacía varios minutos. No quedaba nada más que él, desnudo, el agua cayendo, los restos de jabón perdidos entre la rejilla del baño y sus dedos; y esa sensación de suciedad cubriéndolo por completo.

Sucio. Asqueroso. Insuficiente.

Sacudió su cabeza, intentando espantar sus pensamientos.

¿Por qué tenía que seguir recordándolo? ¿Por qué no podía solo olvidarlo y avanzar hacia adelante?

Soltó un pesado suspiro, abrazándose a sí mismo por unos segundos.

Era tan débil y predecible.

_Aún... No es suficiente. -Sus hombros temblaron ligeramente al susurrarlo, a la vez que su mano se dirigió con ansiedad para abrir aún más la llave, permitiendo al agua seguir su curso con abundancia y fiereza sobre sí, enrojeciendo al poco rato su pálida piel.

Era curioso.

Ya no sentía nada. No había dolor alguno ni malestar, ni siquiera una cicatriz. Su cuerpo ya se había recuperado por completo hacía largo tiempo, incluso antes de mudarse a ese estúpido mundo. No tenía ni el más mísero rasguño ni sentía rastro de dolor físico, pero... Esa sensación no lo dejaba en paz.

Suciedad.

Como si algún contenedor de basura se hubiese vaciado sobre sí. Como si cada centímetro se encontrara cubierto de mugre y putrefacción al nivel de huevos podridos, carne rancia, lácteos cortados, el vómito de algún cerdo o el dudoso contenido de las cloacas.

De solo imaginarlo tenía ganas de vomitar.

¿Cuánto tiempo ya había transcurrido desde entonces?

¿Días? ¿Semanas? Tal vez ya un par de meses, pero la pesadilla seguía gravada en su cuerpo y alma como si la reviviera cada vez que cerraba los ojos o veía su reflejo.

Cada vez que tallaba su cuerpo, incapaz de deshacerse de la "suciedad" que lo cubría completamente... Tal vez porque se trataba de algo que el simple jabón borraría.

Sucio...

¡SUCIO!

Sollozó y cubrió su cara para evitar hacer ruido, el eco del cuarto de baño resultaba tan inconveniente ahora. ¿Por qué debía pasarle esto a él? Solo quiso proteger a su madre. No es como si hubiese disfrutado llegar a la conclusión de tener que llegar tan lejos.

¡Quería salvarlo! Como nunca nadie se había atrevido hasta ahora. Solo lo había hecho por eso y ahora... Ahora ni siquiera era capaz de verlo a los ojos sin sentirse indigno.

Si mamá se enterara, yo...

No me imagino la reacción de tu madre si pudiera verte ahora.

- M-mamá... ¡N-no! -Cayó de rodillas al suelo, apenas alcanzando a cerrar la llave al permitir a su cabeza chocar contra la pared. Si Ivlis se enterara... No lo soportaría. No quería su repudio ni su lástima, no quería nada de eso, pero... Ya no tenía caso. Nunca dejaría de sentir aquella horrenda sensación, nunca podría olvidarlo. Nunca dejaría de estar sucio no importaba si se duchaba un siglo entero. Nada de lo que hiciera o pensara cambiaría lo que sucedió, nada lo borraría- ...Me odio...-Viviría con esto por el resto de su vida.

Había creído que no importaba tanto. Que al pasar el tiempo podría solo olvidarlo y ya. ¿Q-qué tanto podría importar? Solo era... su valiosa primera vez...

Un momento invaluable que guardaba para compartir con alguien especial a quien amara y que lo amara de la misma forma.

Sus labios temblaron, ahogando apenas un quejido en su garganta. ¿Acaso esto era un karma por lo que casi sucede aquella noche en la habitación de su madre? ¡Se había detenido, por el amor a Vicers! ¿Cuánto más debía pagar para que el destino estuviera satisfecho? ¿Era realmente necesario que destrozaran su alma de aquella forma?

Era injusto... igual que el destino de su madre.

Mamá... Tú pasas por lo mismo ¿Cierto? Desde mucho antes de que naciera. Desde mucho antes de que pudiera protegerte, incluso algunas veces cuando me descuido y no puedo salvarte, tú...

En el pasado había creído que de verdad entendía el sufrimiento del diablo de Flame World, por eso se esforzaba tanto por mantenerlo a salvo de las garras de Satanick, por ello trataba de no bajar la guardia, por eso lo daba todo, pero... Era ahora cuando realmente comprendía por lo que Ivlis pasaba.

Antes desconocía lo que era ser humillado hasta ese punto, nunca había enfrentado a nadie que estuviera realmente dispuesto a herirlo, destrozarlo y maltratarlo hasta que no quedase más que una sombra temblorosa y vacía de quien fue alguna vez. En el momento de la verdad su padre no parecía ser el mayor villano de cuentos que podría imaginar; no... en el momento de la verdad, él nunca lo atacaría, le guardaba demasiado cariño para tomarlo en serio y solo por ello había "ganado" contra él siempre.

Con Envi eso nunca sucedería.

Él realmente lo detestaba y estaba dispuesto a todo con tal de hacerlo pedazos. No le tendría piedad alguna, era más que solo el ridículo demonio lame botas de su padre, era un monstruo... Uno con el que no tenía oportunidad alguna de victoria.

Creer que solo bastaba con ser un diablo para ganar fue solo el primero de sus errores... Y lo pagó muy alto.

Suspiró pesadamente.

Se sentía el mayor idiota posible. Esta era la realidad que su madre intentó no mostrarle en el pasado: los héroes de cuentos solo ganan en los cuentos.

En el mundo real... las cosas no siempre son así.

La realidad era que los héroes casi nunca llegaban a tiempo. O peor, para muchos no existían.

Como con él, cuando cayó en aquella sucia habitación.

M-me odio.

#######

_¿Licorice? -Tocó la puerta del baño suavemente.

Al no recibir respuesta inmediata, la genio no contuvo un suspiro preocupado.

Llevaba un largo rato esperando a que el menor se bañara para poder llevarlo a su cuarto y que después su amo lo arropara, pero ya era media noche y el niño aún no salía. Habían pasado ya dos horas, nadie tardaba tanto en ducharse a menos que le hubiesen tirado un balde de pintura de secado rápido.

-¿Te encuentras bien? -El sonido de la ducha ya no estaba más, así que supuso que ya estaba listo, por lo que abrió la puerta asomando su cabeza. -Oh ¡Ya estás listo! Me preocupaste mucho, pensé que te habías golpeado al resbalarte en la tina. -Suspiró aliviada cerrando detrás de ella la puerta y tomando una de las toallas de los estantes para secar al oji dorado.

Debía darse prisa, no quería que su joven amo enfermara.

_R-rieta... -Volteó hacia esta sin estar del todo seguro sobre cómo actuar o que decir. Había olvidado por completo que ella solía ayudarlo- No te había oído, lo siento y... Bueno. Y-ya no me ha vuelto a pasar. Solo que...Me relajé mucho y no me di cuenta de la hora...-se excusó vagamente, en lo que esperaba que ella solo le pasara la toalla; casi tropezándose al verla a punto de cargarlo.

No.

Hoy no quería tanta ayuda.

No la merecía. Esta muy sucio para ello.

Y sin embargo, una parte de sí de igual modo intentaba disimularlo.

_¡Oh, descuida! A veces me pasa cuando quiero relajarme y no noto que pasa el tiempo. -Respondió crédulamente sin dudar un segundo de sus palabras.

Vamos, era su niñera y amiga muy cercana de su madre. No tenía por qué ponerse tan nervioso con ella ¿Cierto?

Cálmate... Solo es Rieta.

La mano derecha de su madre, la dulce genio que encontró en Flame World, la misma que siempre fue muy amable con él.

No había razón para incomodarse tanto ¿Cierto? Sy cabeza lo repetía, pero su cuerpo quería otra cosa.

_Tu madre ya estaba preguntando por ti. No quieres irte a dormir sin que ella te arrope ¿Verdad? -Sonrió calmada acercándose hasta él con la toalla con intenciones de cargarlo acurrucado entre esta y llevarlo hasta el cuarto. Pero apenas estuvo cerca de la tina, Licorice pareció alejarse de ella. -U-uhn... ¿Ocurre algo? Oh, ya, estás en la edad donde te da vergüenza ¿No? Descuida, prometo no mirar. -Aseguró entre risas cerrando los ojos y haciendo el amague de cargarlo, pero viéndosele impedido por la distancia que el niño hacía entre los dos. -Uhn... ¿Licorice? ¡...!

La genio no entendía qué pasaba y dentro del infante, una propia crisis se llevaba a cabo.

Intentó darse auto valor; aunque ello no ayudó mucho en cuanto la tuvo tan cerca... demasiado.

No dudó ni un segundo en alejarse como si su tacto le quemara, ignorando por completo su comentario y repitiendo su esquiva acción en su segundo intento.

Fue un reflejo, extraño y desagradable. No sabía cómo explicarlo o que lo estaba estimulando para reaccionar así, pero tenía otra cosa clara:

No quería que Rieta lo ayudara. No quería que lo tocara.

Hoy no.

_N-no es eso, pero... D-deja que yo lo haga. Puedo solo, en serio. -insistió casi arrancándole la toalla- ¿Por qué no vas a decirle a mamá que ya casi estoy listo? -comentó para lograr que lo dejara solo para ir a vestirse. Rieta solía ayudarlo con todo esto, no es que fuera algo nuevo. Pero luego de tantas malas pasadas de su propia mente, sentía que no lo soportaría- No te preocupes. Y-ya estoy grande y puedo hacerlo solo. De verdad. Solo vete...-quizás sonaba algo brusco, pero iba en serio. No la quería cerca ni a ella. Ni a nadie.

La pelinaranja por otra parte no tenía muy claro que estaba sucediendo; de un segundo a otro la toalla se le veía arrebatada y ella era empujada levemente hasta la puerta.

Se alzó de hombros algo extrañada, quizás sí estaba en lo correcto y Licorice ya estaba entrando en la pubertad, lo que significaba ¡Privacidad, por favor!

¡Ah, su señor estaría feliz de saberlo!

Después de todo a este le llenaba de orgullo ver a su pequeño crecer.

_Oh, claro, no te preocupes. Te dejo hacerlo solo ¡Qué niño más maduro! -Exclamó saliendo del baño con la idea más equivocada al respecto.

Una vez a solas, Licorice suspiró, profundamente aliviado y se dispuso a terminar de secarse para vestirse con rapidez. No podía arriesgarse a tardar tanto y que Rieta terminara por entrar a ayudarlo de nuevo.

Se estremeció. Le gustaba tanto cuando ésta o su madre lo cargaban hasta la cama o secaban el cabello. O cuando el de mechas rojas se lo peinaba. Y ahora ni siquiera toleraba que tocasen su hombro.

Maldijo su suerte y a Envi por lo bajo. Todo era su maldita culpa.

Volvió a suspirar.

Debo estar cansado, es todo. No tenía ganas de pensar en este insignificante incidente como algo no temporal.

Estaba muy cansado para eso.

_Bueno, ya ni llorar lo vale.-susurró mientras terminaba de abotonarse el pijama y se daba un último vistazo al espejo. Bien. Lucía normal y todo en orden, no creía que nadie sospechara nada.

A su vez, la genio solo se dirigió al cuarto del niño ordenando algunas cosas. Era extraño que Licorice no ordenara por su cuenta, pero le restó importancia y siguió hasta ver a su amo asomarse.

_Señor Ivlis.

_Rieta, uhn... Yo solo venía a darle las buenas noches a Licorice pero... -Señaló la cama vacía esperando respuesta. Venía cansado después de haber estado huyendo del diablo de ojos violetas, pero eso no le impediría arropar a su niño. -

_Ah, sí. Está secándose en el baño, no debe tardar en venir. -Hizo una reverencia antes de terminar de ordenar y marcharse. -

El menor por su parte, volvió a inhalar profundamente para dispersar cualquier pensamiento doloroso y abrió la puerta para luego casi salir huyendo hasta su cama. Ni siquiera prestó atención a lo que fuera que la pelinaranja le estaba hablando a su madre. Solo saltó al colchón y se envolvió entre las mantas, mirando al adulto entre expectante y apenado.

En serio, quería terminar con esto rápido. El día había resultado muy largo y sus nervios no toleraban mucho más.

_¡M-mamá! ¡Buenas noches! P-perdón por haberme tardado tanto.

Ivlis, al visualizar a su niño llegar, sonrió haciendo un amague de inclinarse para abrazarlo.

_¡Oh, Licorice, ya llegast...! -Sin embargo, no pudo darse el lujo de acabar su frase debido al desconcierto de que él le pasara de largo con rapidez y fuese directamente a acostarse y arroparse él mismo. Dios, eso fue tan rápido que ni él se la vio venir.

Carraspeó nerviosamente la garganta mientras se reincorporaba, esta no era la primera vez que ocurría y ya estaba empezando a preocuparse un poco. Al principio no le tomó importancia porque fueron dos o tres veces, pero no era solo eso... Sino que su hijo ya no venía a darle mimos, ya no los aceptaba y decía excusas para no recibirlos. Licorice siempre era cariñoso ¿Ahora qué ocurría? ¿La pubertad tal vez?

No sabía cuan equivocado estaba.

Licorice por su parte, estaba más preocupado por la imagen que podría dando a su madre, esperando no ofenderlo ni herirlo.

El niño suponía que Ivlis debía estar agotado por aguantar al estúpido de su padre, pero aún así te tomaba la molestia de ir a darle las 'Buenas noches'. De verdad que a veces sentía no merecerlo.

Estás sucio ahora. No lo mereces

_Ugh...- Se estremeció fuertemente, disimulando lo mejor para no llorar. No frente a su madre. Sacudió su mente para espantar aquel pensamiento.

Tonterías.

El sueño puede que le afectase.

Sí. Solo eso.

_¿T-Te hice esperar mucho, mamá? Espero que no. N-no me di cuenta que pasé tanto rato en la ducha.

_A-ah... No, descuida, acabo de llegar. De hecho temía llegar tarde yo, Satanick me mantuvo ocupado. -Le restó importancia acercándose hasta la cama, sentándose en el borde, dudando de si preguntar o no.

Si bien venía sospechando desde hace un tiempo sobre el extraño comportamiento de su hijo, lo de ahora lo mantenía confuso.

_O-oh. Ya veo. -forzó una sonrisa suave. Había estado algo preocupado por Ivlis al notar cuantas horas pasó en la ducha, pero agradecía que estuviese bien y aun así viniese a verlo.

El niño no era tonto ni ignoraba su propio accionar.

Era muy consciente que su trato se había distanciado paulatinamente para desgracia de ambos, pero no podía hacer nada por evitarlo o controlarse.

Todo se había vuelto muy tenso desde que comenzaron a vivir en Pitch Black World.

No... Más bien, desde que no podía dejar de recordar eso. Su propia atención a su entorno era turbia y paranoica, como si presintiera que algo muy horrible estuviese por suceder, poniéndolo más nervioso de lo usual en ocasiones.

Era fácil disimular esto cuando estaba con los demás, cada actividad del día ayudaba a distraerse y por un largo rato, olvidar todo lo malo. Pero... cuando estaba solo, esa sensación de suciedad volvía, asfixiándolo.

Se había vuelto reacio a todo tipo de mimo, en varias ocasiones. Cualquier ruptura en su espacio vital aumentaba su ritmo cardiaco, comenzaba a sudar y la sensación de asfixia lo cegaba; era como si el solo roce de un dedo lo quemara como metal al rojo vivo; y lo peor... NADIE era una excepción a esto; ni siquiera el diablo de las llamas.

Hasta ahora solo era ocasional y cuando esos recuerdos le pesaban emocionalmente demasiado, pero temía que en un futuro eso empeorara.

Al igual que su madre, aunque ésta desconociera sus motivos.

_Cariño ¿Hay algo que te ocurre? Te he notado algo distante últimamente, si es algún problema puedes decírmelo. -Quizás estaba siendo un exagerado y solo era una etapa como Rieta a veces le decía, pero era su madre, no dejaba pasar estos detalles por alto y le preocupaba todo cambio drástico en la actitud de su hijo.

Él no era así de frío, ni con él ni con los demás de la familia. Tampoco era normal que a veces creyera encontrarlo con rastros de lágrimas o con la mirada ida y triste.

Incluso a veces, hasta parecía evitar estar cerca de las personas.

_N-no me pasa nada, mamá -Desvió la mirada, incapaz de mentirle si lo veía de frente.- Solo estoy algo cansado.

Esto solo pareció aumentar las sospechas en el diablo de mechas rojas, quién apoyó su mano en el brazo del menor, esperando una respuesta más creíble o al menos reconfortarlo, sin saber que aquello solo causaría una reacción que era todo lo contrario a lo que esperaba.

_¡NO! -Contra todo pronóstico, el infante soltó un grito, apartándose de golpe apenas la mano ajena llegó a su brazo.

Ninguno pudo verlo venir, mucho menos detener su reacción. Se había vuelto un reflejo violento que nunca se había presentado, y que ahora, mantenía a ambos diablos en un shock momentáneo.

_¿L-licorice?

_¡L-lo siento! ¡Lo siento! F-fue sin querer... -Se apresuró a balbucear, con la mirada solloza entre la culpa que lo embargó de golpe- Estaba pensando en otra cosa ¡Una pesadilla! La recordé y me asusté, es todo. T-te juro que yo no... ¡Lo siento mucho, mamá!

Ivlis no daba crédito alguno a esto.

Trataba de no pensar mucho en eso o no reaccionar paranoicamente, presionando a su hijo, pero esta vez hubo algo distinto en su alejamiento repentino.

Miedo, como si lo evitara por alguna razón.

Fuera de estar aliviado por su arrepentimiento e intentos de arreglar lo anterior, solo se sintió peor, pues notaba la falsedad en sus palabras. Pero no dijo nada, no sabía bien qué decir. Todavía pensaba... ¿Tan malo era que prefería evitar su tacto simple a toda costa?

Un fuerte golpe de arrepentimiento lo invadió apenas notó que su reacción hirió a su amada madre, sintiéndose el peor hijo posible. No había querido eso, hasta intentó arreglarlo, pero lo hecho, hecho estaba.

_Q-quiero decir... No, no me pasa nada. Solo que... Y-ya estoy grande para algunas cosas, es todo... N-no hay nada nuevo que contar, e-excepto lo de la pesadilla. Si hubiera algo más, lo sabrías. ¡C-confío mucho en mamá! -trató de reparar el momento al ver la reacción del adulto a su accionar, ignorando el hecho de que cada "explicación" sonaba menos creíble que la anterior.

No había querido sonar tan despreciativo; aún amaba a su madre con locura y el cielo sabía cuánto anhelaba un abrazo para reconfortarlo del dolor y temor que habían invadido su día a día, pero... Simplemente no podía. Quería más que nada estallar en llanto, diciéndole toda la verdad, pero el temor, la vergüenza y el asco lo superaban.

Ya nunca te querrá~. Nunca nadie lo hará

Ese miedo iba más allá de su razonamiento y solo seguía atrofiando su vida. Lo único que no variaba al menos fue su afán de salvar a Ivlis de su padre, no importaba el riesgo; que ahora; era bien consciente que implicaba.

-E-entiendo... Me alegra que sepas eso, cariño... -Escondió sus manos entre sus rodillas, evitando el contacto visual, tratando de pensar con la cabeza y no alterarse por esto o asaltarlo a preguntas. No, él era mejor madre que eso.

Debía ser paciente con el niño. Él mismo lo dijo ¿No? Si algo realmente estuviese sucediendo, lo sabría.

Vamos, Ivlis. Estás siendo muy paranoico.

El pequeño de cabellera oscura por otro lado buscaba la manera más sutil de cambiar de tema. Todo se había tornado muy pesado de golpe y necesitaba sentirse cercano a su progenitor al menos por ahora.

_M-mamá ¿M-me contarías un cuento? -Susurró con un suave rubor en sus mejillas y a sabiendas de lo ilógico que era su petición luego de alegar que "estaba grande" para ciertas cosas. No era su culpa, necesitaba algo para relajar su mente antes de dormir o de verdad no iba a poder conciliar el sueño.

Tal vez así evitaría pesadillas, quien sabe. Además, no quería seguir perdiendo sus momentos junto al de mechas rojas. Trataría de salvar lo poco que iba quedando de su relación.

Tenía qué.

-¿Uh? ¿No que estabas muy grande ya? -Rió levantándose de la cama, yendo hasta el estante cercano en busca de algún libro.

Sentía su pecho menos oprimido ante la petición infantil de Licorice, tal vez él trataba de ocultarlo, pero seguía siendo el mismo niño de siempre, aunque lo disimulara con su seriedad adulta.

-¿Quieres un cuento improvisado o un cuento de aquí? Pídeme lo que quieras, pequeño.

Hace mucho que los libros del estante solo cumplían la función de acumular polvo, pues habían sido reemplazados por él. Aparentemente las parodias y dramas infantiles que tendía a improvisar eran mucho más entretenidas para su pequeño hijo.

El menor no supo más que ruborizarse mientras se encogía entre las mantas cuando al fin escuchó la risa del de mechas rojas, ayudando a que algo de la tensión del ambiente los abandonara. Era esto lo que adoraba tanto de estar a su lado, Ivlis lograba desarmar sus tensiones con absurda facilidad.

_Uh...pues...-Lo pensó por un rato. La verdad, en estos momentos ya no le importaba si era leído o inventado por el mismo Ivlis, solo quería pasar algo de tiempo a su lado y escuchar su voz. Sentirse seguro al menos por unos cortos minutos.- No lo sé. ¿Mamá podría sugerirme algo? -Ladeó la cabeza, en evidente señal de súplica.

Dicho gesto bastaba y sobraba para enternecer al diablo de las Flamas.

_Está bien, está bien. Déjame ver... -Soltó entre risas, observando por unos segundos el estante, hasta que un libro de portada roja robó su atención.- Quizás quieras oír el de Caperucita roja, creo que ese no te lo he contado.

Era un clásico infantil. Imposible de no ser del agrado de un niño ¿No?

_¿Caperucita Roja? Nunca escuché ese nombre... ¡Cuéntamelo! ¡Cuéntamelo! ¿Sí? -Casi suplicó, con algo de su vieja emoción brillando en su mirada.

Parecía que compartir un nuevo cuento logró revivir lo poco que quedaba de su viejo e infantil 'yo'.

_¿De qué va la historia, mamá? -tanteó curioso, más que listo para comenzar a oír el relato.

_¡Seguramente te gustará! Al menos a mí me gustaba cuando era menor. -Se sentó de nuevo en el extremo de la cama, meditando unos instantes por la pregunta del niño. Hace mucho tiempo que no escuchaba ese cuento o lo volvía a leer, así que estaba tratando de recordar con exactitud de qué iba, solo recordaba que le gustaba mucho.

Al ver el brillo de emoción en los orbes dorados de su pequeño supo que esa dulzura suya había sido restaurada, disfrutaría de contarle un cuento antes de volver a su cuarto a las huidas para evitar que Satanick lo encontrara.

_Oh, ya recordé... Esta es la historia de una niña... Caperucita vivía en una casa en el bosque alejada de los pueblos, siempre usaba una caperuza roja, por eso el apodo. Su madre un día le dijo "Caperucita, lleva esta canasta a tu abuela enferma. Pero ten cuidado, en el camino podrías toparte al lobo feroz". -Se tomó el tiempo de tratar de razonar qué clase de madre envía a su hija al bosque sabiendo que hay un lobo rondando por ahí, pero le restó importancia, solo era un cuento más.

Licorice no alejaba su atención de su madre, cerrando los ojos vagamente y tratando de hacerse una idea de los sucesos que llegaban a sus oídos y de allí, se perdían en su imaginación.

Fue escuchando atentamente el cuento de su madre, igual de dudoso sobre el asunto del lobo. ¿Si sabían que había un lobo feroz? ¿Por qué la mamá no fue con su hija? Puede que lo pensara demasiado o quizás su propia paranoia lo estaba afectando.

Al principio, creyó visualizar a Ivlis ante la descripción de la protagonista; sin embargo...a medida que el cuento avanzaba, comenzó a sentir que no era a Ivlis a quién realmente le iba recordando tan peculiar historia.

_La niña hizo caso y tomó el camino hacia el bosque, topándose con el lobo... Extrañamente este no le hizo daño, solo le indicó el camino más corto después de haberle preguntado a donde se dirigía ¡Pero era mentira! ¡Era el camino más largo! -Siguió relatando a medida que las memorias regresaban a él, ah, qué bonito cuento ¿No?

A su vez, Licorice seguía ensimismado en su relato, armando lentamente al elenco imaginario de su cuento de dormir en su cabeza.

Trató de enfocarse cuanto podía en esto, pero a cada oración del dichoso clásico en cuentos, su propia imaginación iba jugándole una mala pasada, viéndose a sí mismo como la pequeña Caperucita... Usualmente esto nunca sucedía, no así. En los cuentos que solía oír casi siempre vislumbraba a Ivlis en ellos, pero esta vez no fue así. Como un niño, se identificaba extrañamente a la protagonista, así como la imagen final del lobo iba transformándose en una figura familiar y escalofriante.

¿Por qué el destino de Caperucita debía ser así? Ella solo iba a dar un encargo a su abuela.

Tragó grueso, esperando ansiosamente que en algún punto algún héroe o príncipe ayudara a la pobre Caperucita para el final feliz; pero lejos de ello solo escuchó con horror que el malvado lobo logró comerse a Caperucita, provocando que en una mezcla de reflejo y miedo ahogara un chillido y se escondiera temblorosamente entre sus mantas.

¡Que cuento más horrible era este!

_Entonces Caperucita volvió a preguntar "¿Y por qué tienes una boca tan grande, abuelita?" Y entonces el lobo le dijo "¡Para comerte mejor!" ¡Y SE LA COMIÓ DE UN SOLO BOCADO! -No supo por qué, pero quizás el temblar de su hijo y su acción de esconderse bajo las frazadas le indicaba que quizás se había pasado un poco y realmente el cuento no debería ser apto para niños. -Oh, vamos, no te preocupes. Aun no terminé el cuento.

_¿A-aún no...? -No veía posible como podría continuar la historia- ¡P-pero el lobo ya se tragó a Caperucita! Nadie vino a salvarla ni aunque gritó. Él... El malvado lobo obtuvo lo que quería y se comió a Caperucita. Aunque ella no hizo nada malo...-Ivlis no podía verlo, pero los dorados orbes del niño se habían llenado de lágrimas. No sabía ni sus motivos para llorar; si porque el lobo se comió a Caperucita o porque... En su mente infantil él era Caperucita y le horrorizaba imaginar al malvado lobo Envi 'comiéndoselo' sin piedad mientras él gritaba por ayuda.

El solo imaginarlo le daba escalofríos y hacía rememorar cosas que no quería.

Puedes gritar todo lo que quieras, nadie vendrá.
Acéptalo.

El diablo mayor se rascó la nuca nerviosamente, no era su intensión asustar tanto a su hijo, solo quería impresionarlo, no esperaba que reaccionara de esa manera. Sus preguntas lo dejaron bastante constipado, como si él se tomara muy en serio lo del cuento. Seguramente se debía a que era un niño inocente... ¿Verdad? Sí, solo se preocupaba por la protagonista, aunque fuese solo un cuento.

_Quizás, pero te olvidas de algo, pequeño. Nos villanos nunca ganan en los cuentos. -Al menos no en los suyos.

En la vida real esto no pasaba tan seguido como lo quisiera, pero fue bonito creer en ello cuando era un niño como Licorice, le daría el lujo de creerlo él también.

_P-pero... y-ya no se puede hacer nada... ¡S-se la comió! -Como todo infante era bueno imaginando, pero esta vez no se le ocurría ningún escape viable para la protagonista.

_Ah, en eso te equivocas, hay algo que se puede hacer, justo voy a esa parte. -Decidió retomar el cuento en lo que su pequeño seguía bajo las frazadas, saliendo de ahí a medida que iba contando.

_¿E-en serio...? -dudó un poco en lo que la calma iba regresando a su ser. Era su madre; si lo decía debía ser verdad. Así mismo, a medida que el cuento llegaba a su verdadera recta final, fue relajándose poco a poco como para salir de la seguridad de sus frazadas y escucharlo con más comodidad.

_El leñador que había advertido a Caperucita sobre el lobo estaba pasando por ahí y logró oír a Caperucita gritar antes de ser comida. Entró al hogar de la abuela topándose con el lobo dormido, al no ver a la abuela o a Caperucita en la casa supuso lo peor y abrió el estómago del lobo de una sola vez con su hacha. Al haberse comido a las dos de una sola vez, estas no sufrieron daños y fueron rescatadas. Para darle una lección al lobo malvado llenaron su estómago de piedras y volvieron a coser su barriga. Cuando este se fue quiso beber agua del lago, pero cayó y el peso de las piedras lo hundieron. Así que... ¡Sip! ¡Fue un final feliz! -Canturreó, aunque por dentro Ivlis no estaba tan seguro de si esto compensaba el susto anterior.

La verdad, ni con ese final llegaba a convencerse de que el cuento era apto para niños, pero lo hecho ya estaba hecho y Licorice ya no parecía estar tan aterrado.

_Uhn... Lo siento ¿No te gustó? Puedo contarte otro si quieres... -No quería ser el responsable de las pesadillas del niño de orbes dorados.

Aunque de ser así no le molestaría si este llegaba a su habitación para dormir con él, ya no pasaba tan seguido como cuando recién se mudaron y hasta lo extrañaba un poco, quizás demasiado.

Si bien el aspecto realista de aquel cuento podría parecer perturbador, dentro de la mente del niño; una visión Ivlis abriéndole el estómago a Envi no parecía tan mala. De hecho, hasta le había sacado una mínima sonrisa; su madre tenía razón. Caperucita tuvo su final feliz y el horrible lobo pagó por lo que hizo.

_¿Uh? No, no es eso. Me gustó. En especial en final...-murmuró mientras su mente divagaba un poco y se acurrucaba mejor entre las mantas, comenzando a sentir la pesadez en sus párpados- Caperucita... Sí que fue afortunada ¿No? A ella s8 la salvaron. -Habló con un tono extrañamente melancólico, pero que trató de opacar con un bostezo falso.

El adulto suspiró con una sonrisa aliviada, riendo ligeramente al oír que sobre todo el cuento el final era lo mejor. Hoy en día cuando pensaba en ese cuento solo podía imaginar a Satanick siendo el lobo apaleado, pero por la mismísima "Caperucita" acechada, así que no lo juzgaría.

Además, el efecto que el cuento había provocado finalmente en el niño lo ayudaba a mejorar aún más su humor.

Por fin podía sentirse más calmado al ver a su hijo actuando más natural y menos tenso. Ya era muy tarde por lo que el diablo de Pitch Black no se molestaría en joderlo hoy, lo más probable es que esperaría hasta el día siguiente, pero no le preocupaba... Nada que un palo de escoba no pudiera resolver.

_¿Mh? -Enarcó una ceja, dudoso de qué había querido decir Licorice cuando mencionó que la protagonista SI fue salvada...

¿A diferencia de alguien más?

Quizás estaba siendo muy paranoico y solo imaginaba cosas...

_B-bueno. T-tengo sueño. Buenas noches mamá. -Balbuceó antes de volver a cubrirse hasta la cabeza, evitando sin notarlo su beso de "buenas noches".

Esto preocupó nuevamente al diablo de Flame World.

Quiso acercarse para darle un abrazo o el beso de buenas noches como estaba acostumbrado, pero al vérsele negado aquello solo pudo sentirse más extrañado aún. No era esta la primera vez que Licorice le impedía darle un gesto cariñoso, en realidad... ¿Siquiera dejaba que lo tocara? Tuvo intensiones de verificar si estaba enfermo, pero de nuevo no pudo hacerlo por lo que solo se le quedó resignarse murmurando desanimadamente un "Buenas noches...", palmeando un poco su espalda por sobre las sábanas, antes de levantarse y detener su salida por la pregunta del oji dorado.

_Mamá ¿De verdad...los malos nunca ganan?

_¿Uh? Claro, cariño... Ellos nunca ganan porque siempre hay un héroe en la historia que no les permita hacer más daño y los haga pagar, solo que a veces tardan en aparecer. -Dicho aquello sonrió débilmente e hizo un gesto de despedida, cerrando la puerta detrás de sí. Ojalá mañana no sea tan tedioso como hoy...

_Ugh...-Aún ligeramente turbado por aquella respuesta, miró hacia varias direcciones de su cuarto, mientras las palabras del adulto resonaban dentro de su cabeza, tratando de darle la calma para dormir al fin. Los héroes siempre llegaban, solo debía ser más paciente- ...Ojalá el mío tarde tanto...-Murmuró para sí, cerrando ojos cansado. Mañana sería otro día.

Mordió sus labios, lamentando su anterior negativa hacia un beso de buenas noches, aunque al pasar unos minutos al fin pudo caer ante el reino onírico de Morfeo.

Aquella noche, tuvo particularmente un sueño muy dulce; uno donde él mismo paseaba por el bosque junto al leñador de Caperucita roja, quien, por algún motivo, se parecía muchísimo a su madre.

Había dulces, frutas y flores que nunca había visto, pero que eran tan bellas que no se contuvo en juntar algunas en su sueño para su querido salvador, quien le dedicaba las sonrisas cálidas y abrazos vigorosos que en su mundo real poco a poco parecían camino extinguirse.

Con solo eso, estuvo más que garantizado que al día siguiente tal vez iniciaría como un muy buen día...

_uhn... Ma...

...el pobre no sospechaba cuan equivocado estaba.

#######

Suspiró.

Esto es lo que merezco ¿No es así?

Había cometido varios errores en su vida, pero ninguno se comparaba a aquel que la llevó a abandonar a su esposo tantos años atrás, incluso si en el fondo sabía que lo hizo por una buena causa, no porque ya no lo amara.

Pero aún así... Esto dolía.

Dolía verlo suspirar y sufrir por un amor que le dedicaba a alguien más.

Dolía ver como la vida de ambos pasó hasta quedar atrás como un simple recuerdo.

Dolía sentir que, a pesar de su inesperado, pero cálidamente agradable reencuentro, nada parecía haber mejorado entre ambos.

Sí, se llevaban extremadamente bien considerando las circunstancias que los rodeaban. La pelirrosa no se quejaba de ello ni nada, pero... De igual modo el actuar como si nada le dejaba algún tipo de sin sabor en el estómago.

Todo sería tan fácil si en lo mínimo, él la odiara o despreciara, pero... El amor nunca sería fácil.

Menos para ella ¿No?

¿Tu especie significa algo? Mereces mi amor y el de quien sea tanto como cualquiera, Lil.
¡No eres menos que nadie para no recibirlo~!
Eres la más digna que podría existir.

Trató de espantar aquel pensamiento dándose un trago. Para algo había que estar en el bar de Maekami además de calentar el asiento ¿No?

Aunque ahogar malestares pasajeros con un trago no era su costumbre. No, prefería dejarse la cabeza fría para pensar sobre qué haría ahora en lugar de eso.

Suspiró, observando la copa de vino que reposaba entre sus dedos. Ni siquiera había probado ni un sorbo.

¿Estaría mal si fuese a verlo?

A estas alturas comenzaba a creer que su naturaleza masoquista no se reducía solo a juegos sexuales, pero le daba igual.

No era del tipo de persona que cuestionaba su propio orgullo.

¡La vida se hizo para vivirla después de todo! ¡Sin arrepentimientos!

...¡Y salud por eso!

Estaba tan perdida que solo pareció regresarse a la realidad cuando una extraña sombra pareció cruzar el cielo ante sus ojos, cuando éstos fugazmente se enfocaron en la nocturna vista de una ventana del bar.

_¿Uh? ¿Y eso?

Que raro. Creía haber visto algo en el cielo, pero pasó tan rápido que entre sus distraídos pensamientos fue incapaz de fijarse bien.

¿Lo habré imaginado?

Lo consideró por unos instantes, preocupada de que en realidad se tratase algún otro ángel volvía a bajar a Underworld a causar algún pleito.

Siempre que alguno bajara ocurría un caos.

La última vez que sucedió casi le costaba la cabeza a Anten, y ahora que estaban hasta el cuello con problemas, no hacían falta más.

Sin embargo, la calmada voz del barman no tardó en tranquilizarla apenas fijó su vista al mismo punto que su ex jefa.

_¿Uh? ¿Vio algo que la asustara, señorita Lil?

_No es nada, mon ami. Seguramente lo imaginé o algo. -Hizo rápidamente un gesto de restar importancia.

No quería preocuparlo, aunque el peliblanco estaba lejos de eso.

Maekami a veces sabía más de lo que parecía, crédito al peculiar empleo que conllevaba en aquel bar.

Tendía a escuchar bastante bien y muchas cosas.

_Uhn... Tal vez, aunque también pudo tratarse de la señorita Chlomaki.

Oír eso extrañó un poco a la subcubo.

¿Qué tenía que ver la bruja negra de Pitch Black en esto?

_¿Chlomaki? ¿Por qué lo dices, mon ami? -No la conocía tan a fondo, pero tenía entendido que la mencionada bruja no acostumbraba a volar mucho cuando venía a aquel mundo.

Desconocía el motivo, pero era lo que había oído.

_Pues la escuché el otro día mencionando que se le 'perdió' una amiga con el jefe de policía y que el padre de dicha amiga estaba preocupado, por lo que iba a traerlo para buscar juntos- Una forma sutil de resumir lo que parecía un intento de rescate para una pobre chica secuestrada.

_Ya veo. -Lil volvió a su copa, pensando fugazmente en todo lo que ello podría desencadenar, en especial si Roc estaba involucrado.

Si algo se salía de control, el diablo tendría que enterarse tarde o temprano, y puede que terminara arrastrado a problemas ajenos... De nuevo.

Ay, mon amour.

Sonrió un poco apenada, la suerte de su esposo podría ser bastante singular.

A veces buena, a veces mala. Incluso a veces ambas, pero nunca muy oportuna al parecer.

Bien, saber de esto solo ayudaba a reforzar sus excusas para darle otra visita a cierto diablo de oscura cabellera. Seguían llevando una buena y amistosa relación ¿Cierto?

No era tan raro que fuera a verlo solo para asegurarse de que todo fuera bien con él ¿Verdad?

Era solo un trato normal entre 'ex parejas con derechos'.

Tal vez... Vaya en la mañana.

A Satanick no le molestaría verla ¿Cierto?

#######

Ok.

Lo admitía. Si Tsurugi la regañaba lo aceptaría sin excusas ni pretextos.

Se le había hecho algo tarde por quedarse dormida en la tina, pero... ¡Vamos! La tibieza del agua era demasiado para una semi minina como ella, no pudo evitarlo.

¡Pero sigue estando mal! ¡Le prometí venir! Bufó contra sí misma.

El motivo de su tardanza no era lo importante, sino el hecho de haber faltado a su promesa.

¿Dónde está tu honor, basura?

Esto no podía estarle pasando, que mala suerte se traía y eso que no era una gata negra.

De todos los días que pudo elegir para quedarse dormida en la tina tenía que ser justo hoy ¿No? Gracias, destino de mierda.

Entre éste y su propio despiste iban a lograr que el serafín volviera a su absurda creencia de no preocuparle a nadie en el momento de la verdad cuando no era de ese modo.

¡Soy tan estúpida!

No dejaba de repetírselo una y otra vez mientras se apresuraba en llegar al punto de encuentro.

¡Esta noche ya no podía ser peor!

...Y cuando al llegar a la entrada principal no vio señal alguna del azabache, solo terminó por confirmárselo a sí misma mucho más.

_¡Lo siento! ¡Lo siento, Tsurugigousen! Me quedé dormida en la tina y- -Calló de golpe. Apenas se daba cuenta de que no había nadie allí- ¿Uh? ¿Tsurugi? -Eso no era normal, el serafín jamás abandonaría su puesto.

Elwine... De verdad que era estúpida.

Y se había equivocado, todo sí que podía ponerse mucho peor.

_¿T-tsurugi? ¡TSURUGI!

#######

¡Qué sueño tengo!

Pensó, bostezando por enésima vez mientras iba arrastrando los pies hacia su cama.

Ciertamente había creído que necesitaría hacer uso de sus dotes imaginarios de maratonista para llegar a su cuarto evitando a Satanick a toda costa, pero... Para muy grata y graciosa sorpresa suya, aquel esfuerzo no fue necesario en lo absoluto pues el muy idiota se había dormido en el pasillo; probablemente esperándolo para atraparlo y fallando gracias a su propia pereza.

Quién lo diría, sí existía algo más fuerte que el lívido de ese cretino y era el cansancio.

¿Y luego a él lo llamaban cabeza hueca?

¿Es posible ser tan idiota?

Aparentemente el de orbes violetas le acaba de probar que sí. Y bueno, no es como si se quejase; su trasero y dignidad estaban más que agradecidos.

Y puede que al día siguiente lo estaría aún más cuando viera a ese gigoló quejarse de lo adolorido que lo dejó dormir en la alfombra del pasillo y usando una maceta decorativa.

Una maceta con patas fraternizando con su versión en plástico, eso es. Toda una anécdota absurda y poco erótica, pero que sin duda serviría de burla en un futuro.

Rió nuevamente, al fin dejándose caer sobre el colchón y arropándose entre las frazadas, más que agradecido a Vicers por darle un buen final a su noche.

En medio de su mudo e interno festejo, fue acomodándose entre sus sábanas mientras rememoraba su día. Todo había ido técnicamente bien, aunque su pequeño actuara raro a veces.

¿De verdad solo se debía a aquella tontería de 'ser muy grande' para ciertas cosas? Era cierto que Adauchi y Poemi pasaron por lo mismo en su momento, pero no de este modo.

Además, por su reacción durante el cuento dudaba que ese fuera el caso.

A ella sí la salvaron.

¿En lugar de quién? Ese comentario seguía pareciéndole muy extraño, aunque puede que solo le estuviese buscando la quinta pata al gato.

Su hijo siempre tomaba muy en serio sus relatos, seguro esto solo se debió a su propia emoción infantil y lo del resto del día a un desgano habitual.

A cualquiera podría pasarle ¿No?

Volvió a removerse hasta voltear al otro lado, visualizando a lo lejos una foto que colgaba en su pared. En ella se encontraba él junto a su pequeño cuando apenas tenía un o dos años.

Todo un bebé.

Su bebé.

.

..

...

_Shh... Ya, ya, mi amor. No llores, mamá está contigo. Shh... -Murmuraba por lo bajo al pequeño que se aferraba desesperadamente a su cuerpo.

Por lo que había alcanzado a entender entre los sollozos del infante, había un monstruo en su armario y no quería regresar a su cuarto porque le temía en demasía; motivo por el cual consideró más sensato correr hacia el refugio más seguro que conocía: los brazos de su madre.

A diablo de Flame World aquello no le molestó en lo absoluto, aunque de igual modo deseaba calmar las lágrimas de su pequeño.

Después de todo, ya estaba a salvo. Él nunca dejaría que lo lastimaran.

_Tranquilo, estoy aquí. Ningún monstruo te hará daño, tesoro.

_¿E-en serio? -Hipeó, estremeciéndose en cuanto un maternal roce a sus mejillas comenzó a dedicarse a secar sus lágrimas.

_En serio, cariño. -Sonrió con dulzura, acurrucándolo más cerca de sí; transmitiéndole su calor y seguridad- Mamá nunca dejaría a nadie lastimar a su pequeño regaliz.

El pequeño asintió, dejándose calmar por su progenitor finalmente, hasta que el sueño fue apoderándose de ambos.

Aquella no fue una promesa vacía. Ivlis iba muy en serio.

Por su cuenta corría que nada ni nadie lastimaría a Licorice, ya fuese imaginario o real.

Nadie tocaría a su bebé.

...

..

.

Sonrió. Resultaba increíble que aquel recuerdo ya tuviera algunos años.

Sí que pasa rápido el tiempo cuando los niños crecen. Y pensar que hasta hace poco el pequeño diablo cabía entre sus brazos.

Bueno, aún lo hacía, pero antes era más obvio.

Cerró sus ojos con un leve suspiro.

Tal vez ya era hora de aprender a aceptar ese hecho y dejar sus paranoicas ideas atrás. Licorice estaba bien, solo estaba pasando por etapas normales en el crecimiento de todo niño; eso no haría que dejara de ser su pequeño regaliz.

Y si algo sucediera, debía confiar en que vendría a sus brazos por ayuda inmediatamente ¿No es así?

Así de fuerte y confiable era su lazo ¿No?

Licorice...

Se acurrucó con cierta somnolencia. Tal vez podrían llamarlo un mal padre por considerarlo siquiera, pero muy en el fondo deseaba que alguna leve pesadilla despertara a su hijo.

Tal vez con ello, podría gozar de su visita nocturna de nuevo.

No le molestaría para nada el protegerlo de algún lobo imaginario o monstruo del armario.

Como... el leñador con Caperucita... Un héroe inesperado de cuentos que salvaba a quien más le necesitaba. Volver a ese rol imaginario para su hijo menor no parecía sonar tan mal ¿No?

Quizás, pero...

Ivlis no lo sabría pronto, pero... Debió tener cuidado con lo que deseaba.

#######

_Uhn... Supongo que con esto debería bastar. -Masculló por lo bajo, levantando el costal sobre su hombro sin mayor esfuerzo para seguir su camino rumbo al Castillo de Pitch Black World.

El pequeño 'paseo' a Overworld había resultado más productivo y entretenido de lo que imaginó, aunque haya terminado algo adolorido. Quien diría que los ángeles más fieles y cercanos a Fumus pudieran ser tan estúpidos y llorones, pero le daría puntos extra por oponer tanta resistencia.

Hacía mucho que nadie era capaz de hacerlo sangrar por un golpe y aquel serafín merecía algo de crédito, hizo esto más entretenido de lo esperado.

Casi era una lástima que no pudiera darse el lujo de amedrentarlos un poco más antes de volver, pero... No.

No lo haría.

Toda aquella artillería recolectada ya tenía una reservación muy especial para cierto diablo con nombre de golosina. Sería muy descortés de su parte si la malgastaba en unos angeluchos de pacotilla ¿No es así?

Claro, si se había tomado tantas molestias por el chiquillo malcriado, lo justo era que su sangre estrenara hasta el último filo de aquellos 'juguetes nuevos'.

No iba a malgastar todo el esfuerzo de esta noche para nada, aunque muy en el fondo esperaba que su plan A diera resultado antes de llegar al extremo de este plan de contingencia.

Porque... Vamos, que sí. Odiaba a ese malcriado con cada fibra de su ser, nada lo haría más feliz que ver su tumba, especialmente si para llegar a ello tuvo el infinito placer de quebrarle él mismo su cuello de niño llorón. Su sola presencia lo molestaba, detestó su asquerosa y miserable existencia incluso antes de que abandonara el vientre de aquella puta barata de Flame World a la que llamaba 'madre'; tal y como también lo hacía con Glasses antes de que naciera.

Deseaba tanto verle muerto... Pero no era un idiota.

Sabía perfectamente que sin importar cuanto deseara que desapareciera, eso no implicaba que su amo se sintiera del mismo modo, así como tampoco nada le garantizaba que de intentar algo, no terminara siendo descubierto y su cabeza fuera colgada de un trinche para adorno del castillo.

No, no. Ser directo y hacerse el favor de acabar con el crío no era factible. Había que ser mucho más estratégico que eso.

Vamos, que él sí tenía neuronas para idear algo mucho mejor y más efectivo, no era un animal sin entendimiento.

No, era obvio que no podría ir y apuñalar al mocoso hasta morir, pero nada le impediría dejar el cuchillo cerca junto a unos 'bueno incentivos' para que el joven diablo le ahorrase el trabajo ¿No?

Sí. Podía ser precavido y detallista en esto, creando en esa manera el mejor escenario posible para un 'fatídico incidente' que llevara al niño a tan cruel destino.

Porque no importaba que tan valiente intentara mostrarse Licorice en su forma adulta jugando al héroe cada vez que 'vencía' a su amo para salvar a aquella perra de cabeza de antorcha; sabía perfectamente que en el fondo era la misma gallina que no dejaba de llorar cuando las cosas no salían como esperaba, llamando a su madre una y otra vez para que le salvara.

Solo bastaba con ver como lo esquivaba tan desesperadamente cada vez que se encontraban en el castillo, el niño era un total cobarde.

Oh, Vicers. Era tan patético que daba risa verlo. Hasta se llegaba a preguntar que tanto podría valer la pena que se tomase tantas molestias para borrarlo del mapa, pero luego recordaba el profundo desagrado que le provocaba saberlo respirando todavía.

No.

Todavía no estaba satisfecho con lo que le había hecho, quería humillarlo más, quería verlo suplicar su muerte.

Quería... Quería verlo pudriéndose en una zanja para nunca más volver.

Era normal desearlo ¿Cierto?

Bueno ¿Qué otra cosa podría sentir? El joven diablo era la imagen viva de lo que más podría detestar en esta vida: el tiempo compartido de su amo con alguien más. Y lo peor, el mocoso no se conformaba con solo joder con su asquerosa existencia, sino que osaba en levantar su mano contra el diablo de orbes violetas.

Era tan... ¡Desesperante!

¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba!

¡A Licorice! ¡A Glasses! ¡A Lil! ¡A Ivlis! ¡A todos!

¡Todos ellos le harían un enorme favor a él y a su amo si tan solo...!

Se detuvo, aspirando hondo.

Se había dejado llevar por la ira, no. No debía, no era momento.

No. Calma, calma Envi. Todavía no.

Una oportunidad.

Se prometió a sí mismo y a su autocontrol darle una oportunidad más. Después de todo, su idea principal por más adecuada que la considerase para castigar al molesto niño, le comería demasiado tiempo y esfuerzo.

Por no mencionar que le resultaría vomitivo hasta cierto punto.

Mañana...

Mañana sería la última oportunidad de Licorice de conocer su misericordia.

Y si no funcionaba... Bueno, para algo había ido a surtirse a Overworld ¿Cierto?

Disfruta mientras puedas, mocoso... Porque me aseguraré de que aquella tonta sonrisa desaparezca de tu rostro.

Quería convencerse de que en el fondo anhelaba que su primera idea 'pacífica' funcionara, pero...

Era mentira.

Notas finales: Holi~ No se la esperaban ¿No? -le caen a palos-(?)

Bueno, perdón :'u La pereza me puede y no lo niego. Pero bueno, el punto es que al fin tienen el capítulo y yo recuperé mi hype por escribir; y puedo decir que este es el capítulo más largo que he escrito en meses, creí que nunca terminaría :^)

No sé si lo sepan o noten, pero adoro simbolizar situaciones con metáforas o significados ocultos, como en flores, detalle que será muy frecuente en este fic.

Y por ende, voy dejando el significado de algunas utilizadas en este cap por aquí:

*Rosa roja: Amor, pasión. A pesar de su conocido significado, hay culturas que lo consideran muy comercial o 'cliché' a la hora de regalar. Usualmente da el mensaje de 'Te amo'.

*Rosa naranja: Deseo, pasión.

*Rosa borgoña: Belleza. (Para hacerse una idea, su color se asemeja al del vino :v Tiendo a utilizar esta flor para representar a Licorice como Headcanon a veces).

*Rosa violeta: Estoy enamorado de ti. (Usualmente uso esta flor para representar a Satanick como Headcanon a veces).

*Rosa amarilla: Amistad o amor platónico, no es recomendable regalar si buscas dar un mensaje romántico. También puede ser un símbolo de los celos y la envidia; o que un amor está destinado a agonizar. "Me importas". (Usualmente uso esta flor para representar a Envi como Headcanon).

*Rosa suave: Felicidad perfecta. También puede significar admiración y simpatía al regalarla. Alegría, dulzura. (Usualmente uso esa flor para representar a Lil como Headcanon).

Tambien cabe destacar que según el número que regales tiene un significado: regalar 6 rosas simbolizan la necesidad de ser querido y apreciado.

Ok~ Aquí tienen esto y si quieren, véanlo como mini spoilers o pistas del futuro~

Otra cosa, sobre los otros subordinados de Flame World solo son nombres al azar que les di, pues no son canónicos pero igual tienen nombre(?)

Erif: Fire al revés, significa 'fuego'.

Ekoms: Es Smoke al revés y significa 'humeante'.

Ting Roas: Es el desorden de la palabra Roasting, que significa 'rostizar'.

Quería ponerle a alguno algo relacionado a la barbacoa, pero no se pudo \3 (?)

Y sobre el cuento... No tengo mucho que decir, es de mis clásicos preferidos, qdcirles (?) Y no, no pienso explicar por qué en el dibujo Ivlis está vendado, se los dejo de tarea. Arh (?)

Y sobre los cameos nada disimulados de ciertos personajes... Solo gócenlos (?) Simplemente quería escribir de ellos (El fandom los tiene muy olvidados, qdcirles) y digamos que en algunos caps sus existencias importan (?)

Como sea, espero les haya gustado~ Y nos leemos pronto~

P.D: ¿Creen que ya estoy siendo muy cruel?

Uff, no se imaginan lo que falta~ :^)

"Y vendrán cosas peores" Dice la Biblia (?)

Pero yo sé que eso lo que ansían, pequeños demonios (?)

Ok no. X'D

Ahora sí, bye~