Notas: Ningún personaje me pertenece, todos son obra de Funamusea.
Cabe mencionar que este fic no podría haberlo llevado a cabo sin la ayuda y rol de mi amada diosa/waifu/ardillita(?) SweetyGirl90 (¡Vean sus fics! ¡Actualiza más que yo y es cool! :v)
La beia portada también es obra suya~ Al igual que la imagen que adorna este capítulo~
Advertencias: Uso de Headcanons (Cosa que más abajo explicaré), relación homosexual e incestuosa /Esto es un fics Licorivlis, no esperen otra cosa :^)/ Traumas psicológicos. Tortura y violación mayormente explícita +18. Si les incomoda mucho, les recomiendo saltarse tales escenas.
P.D.: Evítense comentarios tipo "Siii! Violación". Me incómodan demasiado. Hago el intento de tomar los temas de esa índole con seriedad en la trama. Por favor.
Gracias.
Ok... Sin más que decir, comencemos~
Hafefobia
Capítulo 5: Ilusiones rotas.
Veamos ¿Qué cuento podría contarle hoy?
Aquellos basados en situaciones reales pero bañados en fantasía solían ser de los preferidos para su pequeño, pero Ivlis no estaba satisfecho solo aferrándose a terreno seguro.
Le gustaba la idea de estar preparado pars todo, tal y como su pequeño héroe solía mostrarse ante él cuando lo necesitaba.
Mí... Pequeño héroe.
Sonrió, jugueteando nerviosamente con un mechón suelto en lo que terminaba de acomodarse su ropa de dormir.
Mentiría si dijera que no consideraba un hecho algo vergonzoso el ser un adulto dependiendo de un niño para salvarse el trasero; incluso ahora que Satanick no parecía estar dando 100% de esfuerzo por ir tras él, aunque siendo igual de molesto; pero a estas alturas ya no le sorprendía del todo.
La idea de ser patético y dependiente de otros ya era una realidad que había aceptado y digerido, además de que... Con Licorice su sentir al respecto era diferente.
Su niño... No lo hacía sentirse inútil ni humillado cuando terminaba siendo cargado entre sus brazos para alejarlo del diablo de Pitch Black. No creía que sus acciones fueran guíadas por la pena ajena o la lástima, no... Veía afecto.
Puro, inocente y genuino afecto que provenía totalmente del joven corazón de su hijo.
Por una vez en su vida, sentía que había hecho algo bueno con él por lo cual sentirse orgulloso y hasta protegido por éste.
¡Realmente parecía que tenía un lindo príncipe de cuentos como hijo!
Tanto así... Que la culpa que lo invadía al recordar 'ciertas cosas' del pasado... era aún mayor.
¿Qué podrías entender tú? ¡Eres solo un simple bebé!
Tragó grueso, luchando por sacudir sus pensamientos.
No... ¡No! No era momento de pensar en ello.
Vamos, Ivlis. El pasado era el pasado ¿No es así? Fue justamente eso lo que prometiste al dejar atrás parte de tu idiotez ¿No es así?
No se martirizaría más por ello, era una buena madre ahora.
Lo soy... ¿Verdad?
Suspiró.
Típico, nunca podía durar mucho con su positivismo; no podía faltar cualquier recuerdo que lo jodiera todo.
¿Por qué soy así?
En momentos como aquel de verdad deseaba darse un golpe, pero no lo haría.
No. Ahora tenía que ir a ver a su lindo retoño.
¡Ya debe estarme esperando!
Y sobre lo otro... Buscaría algún instante para buscar consejo en su fiel servidora.
Sí, eso era lo mejor.
######
_¡Ay, ay, ay! Mi bello cuerpo... -Chillaba el diablo de Pitch Black, apenas soportando el delicado movimiento que ejercía su servidora al ayudarlo a acomodarse en la cama para al fin dormir.
_L-lo siento, amo ¿Le duele mucho? Puedo darle otro calmante si lo requiere. -Balbuceó la Gorgona, a la par que intentaba colocar las almohadas en cada punto de dolor de su jefe.
_N-no lo creo ¡La boca ya me sabe a mucha medicina, Medouco!
No había gran cosa que contar para explicar el estado de Satanick, solo se trataba del resultado de su acostumbrada rutina de perseguir a Ivlis hasta que su hijos los encontraba y se aseguraba de hacerlo brocheta.
Tan normal que raro sería ver un día en el que algo así no sucediera, pero ello no significaba que el adolorido cuerpo del diablo se acostumbrase más rápido a ello.
_Ugh... ¿Por qué no puedo curarme más rápido? ¡A este ritmo quedaram cicatrices y ya no seré sexy! -Vale, quizás exageraba un poco, pero así lo querían.
La ama de llaves suspiró, dejando algo de agua en su mesa de luz. Su amo nunca aprendería ¿No?
_Señor Diablo, le he dicho que debe mantener reposo por al menos unos días. -Y no mentía, de verdad le venía insistiendo con eso.
¿Pero este lo escuchaba? Nooo.
Y seguía con sus burdos intentos por ir tras del diablo de Flame World, cosa que lo condenaba bajo la filoza justicia de su hijo.
En pocas palabras: Todo un círculo vicioso que no paraba de repetirse.
_L-lo recordaré la próxima vez... Tal vez.
_Ay, señor... -Mejor no gastaba saliva en esto.
Al final de cuentas, el diablo de Pitch Black siempre hacía lo que quería ¿No es así?
Incluso si eso lo metía en problemas, aunque... Satanick no lo veía como algo tan malo.
Al menos no los últimos días en los que recibió la dulce visita de cierta subcubo que mantenía su humor al máximo.
¿Será que vendrá mañana?
No es que hicieran gran cosa la verdad, usualmente Lil solo le acompañaba o hacía charla puesto al adolorido estado en que sus encuentros con su hijo le dejaban, aunque ello no significaba que fueran momentos menos ansiados.
Sonrió, suspirando relajadamente una vez que quedó solo.
Era gracioso, se suponía que debería estarse enfocando con todo su esfuerzo y 'artillería pesada' para ganarse el corazón del diablo de Flame World, pero en lugar de ello solo parecía darle vueltas al asunto de su esposa.
¿Qué se supone que estaba haciendo? ¿No que quería desesperadamente aquel final feliz más que nada?
Hasta hace poco estaba totalmente seguro con ello, pero ahora... Ahora no dejaba de debatirse al respecto.
¿En verdad aquel final feliz que vio era su única alternativa?
Solía creer que sí, pues vivía con la idea de que arruinó su primera oportunidad de tener un matrimonio feliz y solo parecía quedarle una opción, pero luego su esposa al fin le aclaró todo y... Volvió a ilusionarse una vez más.
Tragó grueso.
Esto era confunso. Ya no sabía qué hacer.
Tal vez debería consurtarlo con 4545 de nuevo...
Era una opción válida, aunque una parte de sí temía lo que el futuro le deparaba ahora.
_Argh ¡¿Por qué debe ser tan complicado?! -No se entendía ni él mismo y eso solo lo frustraba.
Pero igualmente no pensó mucho más en ello, volviendo a sus insistentes fantasías en las que cierta pelirrosa amenazaba con hacerse dueña.
Ay Lil~ Al menos pensar en ella le garantizaba dulces sueños, que era lo que más necesitaba para olvidar sus problemas por un largo rato... Sin imaginarse que éstos apenas darían inicio en su despiste.
Oh, Satanick, Satanick.
Tan distraído y soñador, no solo como para empezar a enfocar tu corazón sin previo aviso, sino como para haber pasado las últimas horas sin saber de cierto fiel subordinado y no encontrarlo extraño.
Mal, muy mal.
######
Un día más ¿Eh? Pensó, terminando de abotonar su pijama luego de ver hacia el reloj y comenzando a arrastrar los pies rumbo a su cama.
¿Era extraño que tanta calma inquietara al joven diablo?
Para este punto, ya no estaba tan seguro de qué creer. Había logrado disfrutar amenamente de estos últimos días, Ivlis había permanecido cerca, Satanick no representó un problema desde su último ataque y en más de un momento llegó a sentirse pleno en medio de todo.
Tal y como antes, cuando eso todavía no sucedía.
Tragó grueso.
¿Qué rayos le sucedía? ¿Acaso no debería estar feliz y bien recibir este pacífico lapso en su vida?
Debería, en serio. Pero aún sabiéndolo no terminaba de disfrutarlo. Simplemente no podía terminar de creer que todo terminó tan fácil. Envi no parecía ser de esos que cortaría el asunto por lo 'sano', mucho menos luego de su absurda insistencia por aquel último trato.
¿Ahora solo quedaría seguir viviendo como si nada y ya?
No... ¿Siquiera era justo decir que todo terminaría solo siguiendo su vida y ya?
Bueno, de igual modo no pudo seguir pensando sobre ello, pues la voz de su madre le indicó su llegada.
_Fue un día largo hoy, pero agradezco que no haya sido denso como esperaba… -Bostezó justo al ingresar al cuarto del niño, yendo a buscar directamente entre los libros del estante algún cuento para esta noche.
Puede que se sintiera molido luego del largo día, habían hecho un montón de cosas y le costaba seguir el ritmo enérgico de sus pequeños a veces, pero siempre le quedaría energía suficiente para un cuento de dormir.
_¿Uhn...? S-sí... Fue un día muy agradable después de todo.-Respondió el menor distraídamente, a la par que su mirada dirigía un enésimo escanéo por cada rincón a su alrededor; como si se mentalizara para un posible ataque inexistente; aunque aquello no impidió que la pasara bien junto a Ivlis.
Había pasado un día bastante tranquilo sin la presencia de Satanick puesto que este se tomó el día en la cama para recuperarse del brutal ataque de su hijo. Hasta Lil había tenido que venir para ayudarlo un poco con ese repentino ánimo bajo que le había causado el fracaso.
Jah, qué tonto.
–Uhn… ¿Qué cuento quieres hoy, cariño? ¿Improvisado? ¿Escrito? Lo que quiera mi pequeño héroe. –Había notado a Licorice un poco nervioso el día de hoy, se la pasaba mirando de un lado a otro como esperando algo. Le había preguntado qué era, pero él insistía con la excusa de que le había hecho una broma a Poemi y temía que esta se la devolviera de una forma mucho más pesada.
Conociendo la rara rivalidad de sus dos hijos, lo dejó pasar por alto. Después de todo fue una jornada provechosa.
Hasta el joven diablo lo sabía.
No todo los días pasaba toda hora al lado del diablo de Flame, sin visitas o fastidios de su hermana, pero hoy el destino pareció ser bondadoso al menos con ello. Se llevó el lujo de acaparar al de mechas rojas todo el día, cosa que a pesar de su actuar distante, se las arregló para aprovechar. Incluso logró que le gustara sus dibujos sorpresa, aunque sabía que no fue lo que el adulto esperaba según lo sobreentendió en sus agradecimientos en la mañana.
Fue casi irónico que el diablo de las llamas lo llamara "leñador" antes cuando en su dibujo sorpresa fue a Ivlis a quién dibujó como tal. Si bien, le pareció ver sorpresa en el adulto al dibujarse como Caperucita, cada felicitación de su parte lo llenó de vida. Hasta recibió el honor de que pegaran su dibujo al refrigerador para que todos lo vieran y apreciaran. Y casi podría asegurar que tal vez fue aquello el motivo por el cual la basura que tenía por padre se deprimió aún más horas más tarde al ir a la cocina; después de todo lo había dibujado como la abuela, haciendo alusión a su 'avanzada y decrépita edad'.
Reír junto a su madre a consta de ello fue tan divertido que logró safarse de explicarle por qué en su dibujo, el lobo no tenía rostro y le había agregado orejas extrañas para tal canino. Incluso parecía obvio su desdén hacia éste en cuanto uno se fijara en la presión trazo en tal.
El niño solo se excusó alegando su odio hacia tal personaje y no dijo más, cambiando el tema y actividad. Lo dejaría como un mensaje personal y doloroso que solo sí mismo comprendería por ahora.
_Uhn... ¡Improvisado! Me gustan más los cuentos de mamá. -Elegió al fin, aunque realmente no prestó demasiada atención al cuento.
Sus nervios estaba tan alertas y precavidos a su alrededor que le impedían relajarse para disfrutar plenamente de ello. Una completa lástima, pudo vislumbrar en los orbes de su madre que en verdad se esforzó por ello, y tener que atreverse a forzar una sonrisa mientras exclamaba cuanto amó un cuento que apenas y escuchó le había dolido.
_¡Oh, perfecto entonces! Creo que tengo el cuento perfecto para esta ocasión. –Sin decir más se sentó en el borde de la cama, empezando su relato. No era consciente de la poca atención que Licorice le estaba poniendo, estaba muy concentrado en hacer bueno su cuento para él, por lo que no notaba su mirada perdida o distraída en otras cosas… Como toda la habitación, en especial la puerta.
No había lidiado con Satanick por lo que había restado del día y en vez de eso pudo pasarlo con su hijo, así que tenía un buen humor a pesar de estar exhausto. Mañana quería madrugar y prepararse un mejor escondite para salir desapercibido del diablo y volvérselas a salir con la suya para no darle lo que quería y de nuevo usar el tiempo en otras cosas como sus dos hijos y sus dos subordinados.
Eso sí era gastar su tiempo en algo que valiese la pena.
_ Amo cada cuento de mamá...-Balbuceó apenas creyó que su progenitor había terminado, enredándose aún más bajo las frazadas.- Podría oírlos todo el día y nunca me aburriría. -Soltó, esperando que se captara cierta indirecta, a la vez que sabía que ello no sucedería.
No quería que el cuento terminase, no quería que lo dejara solo. Se había tentado incluso en pedirle algún otro cuento, pero al oírlo bostezar descartó la idea.
Vamos, ya le había exprimido toda la energía posible a su madre, sería injusto no dejarle descansar.
–Aww, sabía que te gustaría. –Sonrió alegremente dándose el lujo de estirarse un poco y bostezar otra vez, sería mejor retirarse a su cuarto y dejar dormir a Licorice en paz por ahora.
Hizo el amague de querer acercarse a darle su beso de buenas noches o algún otro gesto cariñoso, pero como siempre eso le fue imposible. Suspiró casi resignado, se preguntaba internamente cuánto tiempo más el diablo menor evitaría su contacto, no solo en la noche…
Siempre lo hacía, en lo más mínimo, así fuese para tomarlo de la mano, algo que hoy no había conseguido.
No dejaba de recordarse que solo debía ser una breve etapa, ansiando que terminase pronto. Extrañaba mimar a su bebé.
Bueno... Más de lo que últimamente lo hacía.
Licorice por su parte tan solo buscaba no sentirse tan mal mientras permitía a lo inevitable suceder.
Su madre estaba agotada, no podía seguir molestándola. Tampoco ir a dormir entre sus brazos era opción cuando ni siquiera le era posible tolerar un beso en su frente o alguna palmada.
No cuando los recuerdos amargos le vivían recordando cuan indigno era de tal lujo.
Era inútil, el momento de la verdad había llegado.
_Gracias por el cuento y... ¡B-buenas noches, mamá! Descansa...-Murmuró con una débil sonrisa, arropándose hasta la cabeza de nuevo, mientras se limitaba a oírlo alejarse.
_Uhn… Sí, buenas noches, cariño ¡Duerme bien! –Finalmente, marcando el inicio de una pesadilla, el diablo de llamas desapareció del cuarto cerrando la puerta detrás de sí. Él no lo sabía, pero su salida había hecho que el contador empezara a bajar al fin, acercándose a cada instante el momento de una eterna tortura que podía evitar aunque no lo notara.
El joven diablo lo presentía.
Era como si su instinto de supervivencia se lo advirtiera, especialmente cuando quedaba a solas.
Quería gritar...
Llorar...
Suplicar a su madre porque no lo dejase.
Avisarle que si lo hacía, algo mil veces peor que una absurda broma de su hermana sucedería y que eso, le hacía temblar de miedo pero... No lo hizo. Su voz no escapó de su garganta, y el rechinar de la puerta lo hizo regresar a la realidad.
Estaba solo.
_Uhn... -Tembló ligeramente, observando cada sombra de su cuarto con paranoia por largo rato, intentando converserse en que nada sucedería.
Si nada había pasado en todo este tiempo ¿Por qué ahora tendría que ser diferente?
Luego de largo rato, tanto el cansancio como la infantil esperanza de estar a salvo bajo sus mantas fueron pesando sobre sus párpados. Casi se había rendido al sueño, cuando lo escuchó...
La puerta se había vuelto a abrir apenas, volviéndose a cerrar como por acción del viento.
Pero lo ignoró, la somnoliencia ya había surtido efecto.
Transcurrido un rato más en el que el pequeño diablo se iba adormeciendo, como salido de las sombras una silueta le tomó por desprevenido en plena calma mientras reía baja y maliciosamente.
_¿Uhn...? ¡MNHHHH! -Apenas sintió algo cubriendo su boca, así como un fuerte aroma nubló sus sentidos; supo que fue iluso al bajar la guardia.
No pudo gritar, no pudo hacer nada. Solo rendirse ante la oscuridad a su alrededor y aquella sombra borrosa que sonreía con malicia.
_Eso es, mocoso… Duérmete… -Masculló ampliando su sonrisa una vez que el niño dejó de luchar, dándole la oportunidad de tomarlo de un brazo y arrastrarlo por el pasillo, alejándose del cuarto no sin antes dejar una de las almohadas debajo de las frazadas para disimular su ida. –Vamos a divertirnos tanto.
Ya era hora de dar inicio a su diversión.
#######
Recuerdos.
Hermosas fotografías del pasado que vivían resguardadas en la mente y que lograban revivir cada vez que uno lo desease, Lil los conocía muy bien. Pasó años solo aferrado a ellos luego de aquella decisión que marcó su vida, pero... Esta noche sería diferente.
Su querido diablo se lo había asegurado luego del pequeño presente que entregó a sus manos durante su última visita.
No debió haberse molestado, pero no me quejo~
Siendo sincera, le habría gustado esperarse a la soledad y comodidad para disfrutar de aquel presente, pero las ansias la vencieron mientras todavía se encontraba en el bar de su ex subordinado.
_¿Uh? Señorita Lil, hoy luce bastante entretenida. -Llegó a comentar el barman, segundos antes de terminar de acomodar algunas flores en un jarrón cercano a su ex jefa. En unas próximas noches su local sería alquilado para un evento importante y romántico así que estaba curioseando algo para la decoración, a la vez que se mantenía atento a las acciones de la bella dama y su compañeros que supuestamente vinieron a ayudarle.- ¿Está interesante lo que está viendo?
De la subcubo podría esperarse muchas cosas, desde lectura erótica o listas de contactos de algunos amantes para volver a saludar, pero esta vez suponía que se trataba de algo más.
Aquel brillo en sus ojos solo lo había visto una vez y el motivo solía ser encabezado por alguna encantadora acción del diablo de Pitch Black.
_Uhh~ No te lo imaginas, mon ami. De verdad que no. -Murmuró por lo bajo, más para sí misma que para el demonio ante ella.
No podía evitarlo, lo que veían sus ojos ahora la llenaba de tanta ternura que se sentía impropia de sí misma pero cálida a la vez.
Fotos, recuerdos, momentos.
Todo lo que alguna vez creyó perder para siempre al fin se encontraba nuevamente ante sus ojos dentro de un album y no deseaba perder ni un detalle en ello.
_En ese caso no la molestaremos. -Sonrió tras el papel, dejando a las flores y al jarrón por ahora para seguir lo suyo. No lo demostraba mucho pero le alegraba mucho ver a su jefa feliz luego de tanto tiempo.
Era raro, tenía como una chispa que hace bastante no veía y esperaba que esta vez durara.
Las personas como ella merecen ser felices también. Lo creía fervientemente a diferencia de muchos y pediría a Vicers por ello.
Lil por otra parte, regresó su atención al album, especialmente cautivada por aquellas páginas totalmente enfocadas en el par de retoños del diablo de orbes violetas.
¡Oh, mon diue Fumus! ¡Son tan lindos!
Ver de nuevo antiguas fotografías de su hijo cuando era un niño de por sí ya la llenaban de nostalgia, pero ver las que se relacionaban a su joven hijastro no provocaban algo menor.
Ese niño era todo un caso para morir de ternura. Resultaba fácil entender por qué sus niñeros, padres y hermanos lo adoraban tanto, ver esos adorables ojos enternecerían a quien sea.
Lástima que esa dulzura no era aplicada a todos, pero comprendía los sentimientos del pequeño para con su padre.
Lo siento mon amour, pero en esto solo tú guardas responsabilidad.
Adoraba a Satanick y le guardaba una inmensa cantidad de paciencia y comprensión, pero no era ciega a sus errores. Entendía que su diablo hizo mucho daño en su ausencia y que la tensa relación con sus hijos tal vez era un karma al respecto.
Suspiró, sintiendo algo de pena por la situación.
Bueno, nada podría ser perfecto ¿No es así?
Quiso reflexionar un rato más al respecto, pero un repentino alboroto la distrajo de golpe.
_¡...!
_¡Maldita seas, Anten! ¡Regresa aquí, cobarde! -Era imposible explicarse el motivo para Daimonji persiguiera al demonio de cuernos en espiral con una silla, pero se podría suponer que las cosmeas que reposaban sobee su cabeza tenían algo que ver.- ¡Te voy a...!
_¡Atrápame si puedes! ¡Argh! -Sí, puede que Anten fuera desde suicida hasta descuidado. Solo algo así podría el hecho de ponerse en riesgo constantemente molestando a quien no debía y causando un caos por donde iba.- ¿Uh? ¡Cuidado jefa! ¡No freno!
_¡Estúpido, que le chocas!
_¡O-oh, mon dieu!
Todo pasó muy rápido, tanto que ni alcanzó a ver que sucedió hasta que sintió algo húmedo sobre su vestido y el album al cual trató de proteger entre sus brazos.
El jarrón de flores se había volteado hacia ella antes de que mandaran a volcar la mesa, lo que provocó todo un desastre.
_¿Eh? -Apenas fijaron su vista en la subcubo un fuerte arrepentimiento los golpeó. No se supone que pasara esto.- ¡L-lo siento! ¡Lo siento! ¡No fue nuestra intención!
_¡T-todo fue culpa de Daimonji! ¡Lo juro!
_¡Oye, pedazo de...!
_¡Ustedes dos...! ¡Miren lo que hicieron! -Ah, no. Esto no se trataba de solo provocar un caos en su establecimiento, sino que casi llevan a su señora por delante.- ¿Está bien, señorita Lil? ¿Eso brutos no le hicieron daño?
Maekami realmente lucía más preocupado por ella que lo demás, aunque al ver su sonrisa pudo calmarse un poco.
_Oh, tranquilos. Estoy bien, solo me mojé un poco y algunas flores se accidentaron, pero... Todo en orden. -Habló junto a un gesto de restar importancia. No iba a armar un drama por esto.
Lástima que el de orbes azules no planeara lo mismo.
_Me alegro por usted. Y en cuanto a ustedes dos... -Gruñó, atrapando al par justo cuando planeaban su escape.- Van a ayudarme a arreglar esto, par de idiotas.
Sus ex compañeros sudaron frío. Cuando Maekami se ponía en ese plan daba muy mal rollo.
_P-pero tengo que regresar con Higan...
_¡Y yo iba a cocinar con el cabello de Candla!
_¡ME IMPORTA UN CARAJO! ¡ARREGLAN SU DESASTRE AHORA! -Aquí esos dos hacían lo que él decía.
La pelirrosa rió un poco de solo verlos. Era casi como volver a los viejos tiempos.
No han cambiado mucho. Lo cual era un alivio a su manera.
Suspiró, optando por volver su vista a sí misma. El vestido no le importaba tanto pero sí el album, así que lo revisó cuando antes para ver si alguna página se vio afectada y... Así fue.
_Ay no... -Frunció los labios con cierta tristeza.- Licorice...
Era precisamente la foto que acababa de ver del niño la pobre desafortunada. Estaba segura que Satanick debía tener como mil copias de ésta, pero ello no le quitaba el mal sabor de boca al verla arruinada.
Tal vez pueda secarla.
Llegó a considerarlo, pero cierto desastre bajo sus pies le provocó un desagradable escalofrío.
_L-las flores... -Si bien no todas se habían arruinado; lo cual debería ser algo nuevo; era el significado de algunas de ellas las que le causaron malestar.
La rosa borgoña, el dondiego y las margaritas se habían arruibado por completo, pero... El narciso orquidea, la verónica y las lilas seguían intactas.
Arqueó una ceja, observando la foto del niño ¿Podría ser esto una desagradable coincidencia?
Nunca se jactó de ser supersticiosa, pero esto le había dado muy mala espina.
¿Será...? Su instinto le advertía mucho al respecto, pero un llamado a su persona la distrajo de momento.
_Uhn... ¿Señora Lil? ¿Puede venir un momento? -Habló la reconocida bruja de Pitch Black, mostrándose inusualmente nerviosa en cuanto la subcudo dirigió su rojiza mirada hacia ella y su escamoso familiar.- Necesitamos... Hablar de un pequeño inconviente, hahaha... Ha...
Eso extrañó un poco a Lil.
Uhn... ¿Chlomaki nerviosa? ¿Habrá pasado algo malo? Seguramente, aquella mujer no tendía a ponerse así por nada.
_¿Uh? Claro, cheri. Voy enseguida~ -Respondió enseguida, dando un último vistazo a las flores antes de seguir a la bruja.
Bueno... Tal vez volvería al otro inquietante asunto después.
######
Era la media noche, habían pasado unos cuantos minutos desde que había puesto en acción su plan de esperar a que Ivlis se fuera para encargarse de Licorice.
Después de haberlo meditado un rato, la mejor idea en mente era usar un horario en el que nadie estuviese presente o alerta para impedirlo ¿Qué mejor que la hora en la que se supone que todos dormían? No le importaba quedarse hasta el amanecer si era necesario.
Fue difícil, pero logró con ayuda de aquel inocente y miedoso ángel ir hasta Overworld sin la conciencia de Fumus para robarle gran variedad de objetos, y también algunos a su amo para variar.
Si era sincero, nunca los había visto a la gran mayoría, pero estaba completamente convencido de que se entretendría aprendiendo a usarlos con su nuevo "invitado". Por supuesto, no estaba haciendo esto ni por placer, pederastia o algo así, era simple venganza y el deseo de hacer a ese insoportable niñato cumplir lo que le ordenaran. Si nadie lo hacía… Entonces él sí.
_Uh... ¿Eh? ¿D-donde...? ¡¿QUE?! -Fue abriendo los ojos con pesadez, solo para encontrarse en aquella oscura habitación que llevaba invadiendo sus pesadillas desde hace tiempo.
¡N-no! ¡No puede ser! ¡No aquí otra vez!
Intentó moverse, pero sus brazos se encontraban igual de suspendidos en el techo como la primera ocasión, dejándolo flotando en el aire. Ni cambiando a su 'yo' adulto pudo aflojar las esposas, las cuales solo parecieron ajustarse dolorosamente más en lo que sus pies apenas lograban apoyarse a algo para tratar de forcejear.
_No... N-no, por favor ¡NO! -Jalaba con fuerza y desesperación, pero no importaba cuanto tratase, no lograba soltarse.
Creyó ilusamente que buscando con su mirada a su alrededor hallaría algo para su posible escape.
Grave error.
Encontró a alguien peor.
–Oh, mira nada más… Despertaste. –Murmuró sin quitarle la vista de encima al objeto que había elegido para comenzar y ahora mismo afilaba con concentración, era un simple cuchillo nada más, pero de cualquier manera no le quitaba el buen uso.
Finalmente le prestó atención al diablo apenas escuchó el sonido de las cadenas tensarse. Enarcó una ceja al verlo forzar como pudiese los grilletes para soltarse sin éxito, aparentemente pensaba que usando su forma adulta podría buscar escape más fácilmente, pero aquello solo le causaba risa a la vez que se iba a acercando mientras jugueteaba con el cuchillo en sus manos.
_¿Q-qué es todo esto? ¡¿Por qué?!
Lo que el joven diablo vislumbraba con sus dorados ojos solo había enervado aún más el pánico dentro de sí. El cuarto ya no lucía como la primera vez; estaba repleto de miles y miles de utencilios y objetos que en su mayoría ni conocía ni había visto antes. Todos pulcramente ordenados y limpios, listos para su aparente estreno, tal y como la expresión de su verdugo adelantaba.
_¿Eh...? T-tú...-Reaccionó al oír la voz de su captor. Aparentemente solo había estado esperando que despertara en lo que iba escogiendo con cual "juguete" empezar, antes de comenzar a dirigirse hacia él con aquella maquíavelica sonrisa que lo atormentaría por siempre- N-no... ¡Atrás! ¡Alejate! ¡No te acerques! ¡Mamá! ¡MAMÁ! -Soltó en gritos, aún sabiendo que nadie lo escucharía, pero manteniendo la infantil ilusión de que su "señor leñador" alguna vez llegaría.
Trató incluso de soltar alguna patada al contrario, siendo facilmente detenido mientras el terror lo invadía y fijaba su atención al único reloj de la habitación con tal de no ver a ese monstruo a los ojos.
–Vamos, sigue intentándolo… Tendrás el cuerpo de un adulto, pero sigues siendo un mocoso irrespetuoso. –No recibió un solo golpe de su parte, ni siquiera pudo contenerse a detener una de sus patadas sujetándole la pierna y acercándolo de golpe casi rozando su cuello con el filo del cuchillo.
_¡NO! ¡ESPERA! ¡Por favor! O-otra vez no... -Trató de moverse, pero el miedo al filo del arma solo le dejaba la opción de gritar- ¡AYUDA! ¡MAMI! ¡RIETA! ¡EMALF! ¡POEMI! MAMÁ!... ¡P-PAPÁ! ¡PAPÁ! ¡MAMÁ, POR FAVOR! ¡QUIEN SEA! AYUDENMEEEEE! -Ni siquiera estaba pensando bien a quien llamar, solo seguía haciéndolo hasta desgarrarse la garganta pero...
Nadie vendría.
Muy en el fondo lo sabía.
–¿Ya te cansaste de gritar? Deja de intentarlo, nadie vendrá. –Aún mantenía fresca en sus memorias antiguas escenas en este mismo cuarto, anteriormente solo había considerado torturarlo al estilo de Fumus, pero le parecía más divertido mezclar la perversidad de su jefe con esa crueldad del Dios. Seh, por eso mismo los objetos variados de ambos superiores. Hace mucho tiempo que ya no había enemigos que descuartizar ni gente con la cual pelear en nombre del diablo de Pitch Black, así que había perfeccionado a solas sus métodos de defensa, ofensa y simple crueldad.
Licorice era un "enemigo" de su jefe, eso debería contar ¿No es así? Ya estaría muy agradecido de haberlo re educado como era debido.
_¡Ya cierra la boca! ¡Aturdes, estúpido!
_¡...! -Contuvo un grito, completamente paralizado en cuando el filo del arma termino rozando aún más su cuello; pero a diferencia de lo que parecía, no era el cuchillo el cual había logrado aterrarlo tanto, sino el mismo toque de aquel demonio que se sentía como una quemadura ácida que solo lo iba deborando a cada segundo. Le había costado mucho tratar de volver a respirar mientras el agudo bisel recorría su rostro, empapándolo en el proceso con sus silenciosas lágrimas.
¿Por qué tuvo que terminar así? ¿Qué hizo para merecerlo? Solo deseaba proteger a su madre.
–Tsk… Los mocosos malcriados como tú necesitan varios azotes para aprender a comportarse. –Sujetó el filo hasta que escuchó al diablo respirar después de tanto griterío, decidió deslizarlo por su mejilla sin hacerle daño alguno, solo asustándole. Le causaba gracia sentirlo temblar desde ahora. –Yo quería ser amable contigo, niño, pero no me dejaste elección. Mírate, usado pero todavía puro… Mh… Me pregunto qué tanto jugaremos hasta que eso cambie.
No le hizo más que un tajo corto en la mejilla, optando por alejarse a buscar alguna otra cosa más entretenida para intentar.
Ignoró la mayoría de sus exigencias o súplicas en lo que terminaba de enlistar todo y verificar qué podría ser mejor opción para usar con él. Había estado pensándolo antes de traerlo pero no terminaba de decidir, conociendo a Licorice… Esta no sería la primera vez que terminarían en esta habitación, por lo que no quería usar toda la artillería pesada de una sola vez, pero descargar toda su ira y deseo de sangre era tentador… Bah, el niño se asustaba por todo ¿Para qué molestarse en elegir algo con tanto esfuerzo?
La noche era joven y había tanto por escoger ¿Para qué limitarse a solo un cuchillo?
–Uhn… Tijeras… Cortarte la lengua sería bueno, ya no podrías chillar tanto… Pero aunque tu voz me moleste me gusta cuando lloras… ¿Dagas? Podemos jugar a tiro al blanco más tarde… Aha, aunque creo que ya sé que podemos hacer antes… ¿Sabes jugar a "Romper la piñata"? Es parecido, salvo que el que se venda los ojos es la piñata ¿No es divertido? –Estaba bastante ocupado clavando en un bate algunos clavos como para prestar atención a sus gritos, ya casi ni los notaba.
_¡Ugh...! -Soltó un quejido ante la cortadura, aunque no le importaba mucho. Era un hecho que esto sería lo que menos dolería de esta noche.
Tragó grueso, temblando de solo tratar de imaginar todo lo que le esperaba y luchando aún más desesperado por escapar, solo logrando lastimar sus propias muñecas ante el intento forcejeo, y tratando de ignorar los preparativos para el primer "juego".
No, no quería ser una piñata, no quería estar allí en primer lugar.
Pero nada de lo que deseara le importaba a Envi, él solo deseaba verlo sufrir.
Con esto ya debería bastar.
Finalizado su trabajo tomó la venda y el bate, acercándose al movedizo diablo, acrecentando risas.
_ ¡NO! ¡MAMÁ! ¡MAMÁ! ¡AYUDA! TENGO MIEDO! ¡MAMA! -No le importaba si alguna parte de si ya se había resignado, infantilmente seguía aferrado a la idea de que todo estaría bien y mamá llegaría tarde o temprano; que Ivlis estaba en lo cierto y los malos no ganaban, pero... Esta noche noche no sucedería.
Y tanto escándalo comenzaba a ser irritante para el adulto.
–¿Sigues llorando? Qué pérdida de tiempo… ¿Todavía piensas que tu madre vendrá? Vamos, no seas ridículo. Esa cucaracha es tan débil como ciega como para no ver que de él salió algo mucho más miserable. Mírate, tan chillón, inútil y sucio… Ah, aún recuerdo esos días en los que apenas naciste y él te llamaba "engendro, error, hijo de ese monstruo" y solo quería que te mantengan lo más lejos posible de él… A veces pienso que solo te tuvo lástima por como llorabas porque le recordó lo patético que él también era… Apenas termine contigo verás el asco que le dará siquiera verte, tan usado como una prostituta cualquiera de un bar, casi como Lil pero peor. De cualquier manera… ¿Le importará? Lo más probable es que se ría en tu cara ¿Quién no lo haría? Solo eres un niño no deseado que juega a hacerse el héroe, pero en realidad es tan inservible que de no ser por tu estúpida forma adulta tendrías que aguantarte el ver al jefe saliéndose con la suya. No sé cómo es que él te soporta… Eres una molestia en su camino y yo te quitaré de él, tal vez hasta del camino de tu madre… Bien, suficiente charla ¡Es momento de tu lección! Esto será tan divertido… -Y no sería la última vez que ocurriría.
Era más que un hecho.
_¡No! ¡Déjame! ¡NO ME TOQUES! ¡Ya dejame irme!-Se removió en lo trataban de colocarle la dichosa venda, a total merced de sus crudas palabras que lentamente iban acabando- N-no... ¡Te equivocas! ¡Ella vendrá! ¡Yo sé que alguna vez lo hará! -Se rehusaba a creer que el diablo de las llamas le mintió. Confiaba en él. Lo salvaría alguna vez, solo debía resistir más- N-no... No te creo ¡N-no es verdad! ¡Mamá me quiere! ¡Yo lo sé! ¡Yo sí confío en ella! -Repetía tercamente, aunque una parte de sí no podía evitar traicionarlo, para hacerlo creer que era verdad. Si así fuera, tampoco podría culparlo... Era hijo de esa basura. Era lógico que lo detestara pero... No ¡No! No le daría la razón a ese bastardo. No debía- No... ¡Él nunca me...! ¡Mientes! ¡N-no te creo! ¡Es imposible! -No quería considerarlo. No podía contener su llanto de solo imaginarlo.- ¡Para de mentir y déjame ir!
No soportaría el desprecio de Ivlis, ni siquiera toleraba ser él mismo quien no pudiera ni verse al espejo por la vergüenza que lo invadía.
–Sí, sí… Te irás apenas terminemos con esto… -Le puso la venda asegurándose de ajustarla lo suficiente como para que sus bruscos movimientos no la hicieran caer, el niñato era tan movedizo e insistente que le causaría muchos problemas, tenía que ser calculador y poner todos los seguros posibles a sus métodos, perdía la paciencia cuando las cosas no salían como lo deseaba.
–¿En serio te quiere? ¿De verdad lo crees? Oh, por favor… -Caminó en círculos a su alrededor, vacilándolo mientras se reía con ganas, al contrario de lo que podría creer el mocoso… Se daba cuenta cuando este empezaba a dudar de sus palabras y tartamudeaba, y no precisamente de miedo por el momento.
Un niño demasiado trasparente.
_¡M-me quiere! Y-yo sé que... ¡ARGH! ¡SUELTA! -Chilló ante un inesperado jalón a su cabello. En momentos así comenzaba a considerar poco práctico el cabello largo.
–Tú y yo sabemos muy bien que eres hijo de Satanick, Ivlis lo odia profundamente. Te pareces tanto a él… -Se acercó tirando un instante de su cabello para acercarlo, le fascinaba ver su semblante de pánico y pavor. –Hasta tienes el descaro de decir cuanto lo amas… Y casi lo lastimas de la misma forma que él…
_¡Yo no soy como esa basura! ¡Yo nunca seré...!
Y con solo esa última oración, bastó para que todo rastro de seguridad abandonara al más joven.
_¡¿Q-qué?! ¿T-tú...? ¡¿C-cómo es que...?! -Quedó totalmente paralizado al saberse descubierto en tan vergonzosa y sucia acción. Era un secreto... ¡Nadie más que él lo sabía! ¡Nunca pensó en compartirlo con nadie! ¿Cómo era posible que Envi lo supiera? Desvió la cara, mordiendo su propia lengua en frustración y humillación.
_Oh, no me mires así ¿Crees que yo no lo sé? Puedes creerte un santo al igual que los demás, pero sé que tus genes no mienten y llegaste más lejos de lo que se puede esperar de un mocoso ¿A tu madre le gustaría saberlo? Quiero decir… ¡Hasta te suplicó que pararas y te dijo "Satanick"! –Lo soltó finalmente, la única razón por la cual se había dado cuenta de ello fue su sentido común después del ataque de Ivlis hacia su jefe, mientras le echaba la culpa de sucesos de la noche anterior.
Además, el crío era demasiado obvio con su insistente afecto y protección hacia al ridículo diablo. Era evidente que todo había sobrepasado las lineas fraternales hace mucho e Ivlis era un idiota como para no darse cuenta.
–¿'Imposible' decías? Debiste ver su cara de decepción apenas te vio. No soportaba ni verte a la cara y Rieta tuvo que encargarse de ti solo porque llorabas estúpidamente cuando el amo se te acercaba… Ese idiota no piensa en nada más que Siralos. Siralos esto, Siralos aquello… Es tan patético… Casi tanto como tú, pero peor, al punto de meterse en más problemas y humillarse solo por ese travesti ¿En serio tienes confianza en esa patética cucaracha? ¡¿De verdad piensas que se molestará en salvar a una escoria como tú?!
Licorice no quería escucharlo más.
Se rehusaba a hacerle caso.
_E-eso no significa nada... ¡N-no soy como la basura! ¡Yo me detuve! -Intentó defenderse inútilmente, a la vez que luchaba por no soltar alguna súplica relacionada a no ser delatado. No. No caería tan bajo- S-solo está confundido... ¡N-no es su culpa! Y de igual modo, que te importa. Yo... ¡Yo no te creeré! ¡Solo me quieres engañar! -Chilló, rehusándose a seguir escuchando, pero con un imparable torrente de lágrimas escurriendo tras el vendaje. Lo que saliera de sus labios quizás expresaba resistencia, pero... Su corazón sufría al darse cuenta que todo aquello, él mismo ya lo llevaba creyendo desde hace tanto.
_Tks, como quieras. Me da igual lo que creas. -Y dicho esto, se preparó para el primer golpe de la velada.
El inicio de la pesadilla apenas llegaba con los golpes contundentes y brutales que empezaba a lanzar contra el diablo, sonriendo ampliamente al escucharlo chillar, y ni siquiera sería lo peor que le haría como para que empezara a gritar tanto ahora.
El menor tragó grueso, apenas quedando sin aliento al sentir el primer impacto desgarrando su piel y quizás, hasta provocando un par de fracturas. Pero incluso en medio de todo el martirio que le esperaba, una cosa tenía clara: No quería decirselo a su madre aún, menos ahora que ese malnacido sabía de aquel incidente. No importaba cuanto doliera, no abriría la boca.
Las horas seguían su curso y la tortura no parecía tener fin. Golpe tras golpe, cortadura tras cortadura, herida tras herida... Ya hasta había perdido la cuenta de que tantas cosas horrendamente dolorosas había tenido que soportar sin descanso. Apenas lograba mantener la consciencia y solo anhelaba terminar con esto de una vez.
–Qué poco que duran tus huesos… Ni mereces llamarte diablo con lo débil que eres. –Apenas habían pasado dos horas en las que pudo probar todo en su lista de prioridades, las dagas, los golpes, algunos cortes con tijeras…
Al menos en esta forma Licorice resistía más que cualquier otro demonio común. Lo único que le desconcertó en cierto momento fue su intento de cortarle la lengua en el cual requirió más cercanía de la necesaria, extrañamente siendo aquello lo que más reacciones alteradas había causado en él, al punto de recibir un empujón leve.
_¡Mnh! ¡A-Ahghr! ¡Ahhhh! -Se removía como podía en cada "juego" para tratar de que la experiencia fuese más tolerable, pero nada se había comparado a su agitación para cuando su verdugo intentaba tomarlo para cortarle la lengua.
No veía el riesgo a quitarse un ojo o enfurecer al demonio, solo buscaba romper su contacto que lo asfixiaba desesperantemente. Era un pánico incontrolable solo cobraba voluntad propia en su cuerpo.
¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡No me toques! ¡No más!
Sollozó. No podía seguir tolerándolo. Era horrible y lo estaba enloqueciendo.
Y su verdugo, solo enfurecía más.
–¡¿Qué mierda te pasa, mocoso?! ¡Quédate quieto! ¡Apenas te estoy tocando! ¡¿Estás buscando que te corte los putos cuernos también?! –Casi hacía un amague para volverlo a intentar, pero bajó las tijeras quedándose pensativo unos segundos en los que trataba de recordar la actitud del de orbes dorados todo este tiempo en el que buscaba alejarse de todos y no dejaba que ni su madre le palmeara la cabeza.
¿Uh? No me digas que...
Una risa baja, él dándose la vuelta para quitarse los guantes y dejarlos allí… Su mirada lasciva mientras se acercaba sin haber soltado las tijeras.
Oh, ahora lo entendía.
–Así que es eso lo que te asusta… ¿Verdad? Te da miedo el tacto de los demás…
_ Ah... Ugh...-Trató de recuperar el aliento al notar que lo había soltado. Por un segundo, quiso ilusionarse al creer que tal vez al fin lo dejaría libre pero...- ¿E-eh...?!- Estaba muy equivocado- N-no... No es cierto ¡Aléjate! ¡N-no te acerques! ¡No me toques! ¡No! ¡NO! ¡POR FAVOR! -Nunca esperó que este inexplicable terror terminaría expuesto ante su torturador, como tampoco estaba preparado para el martirio que aquello significaría.
El demonio por su parte, rodó los ojos al verlo alterarse apenas se acercó. Tal vez no lo parecía, pero por más asustadizo que creyera a Licorice esperaba más resistencia psicológica de su parte. Aunque… Bueno, no podía pedir mucho cuando se hablaba de un niño con forma adulta temporal.
_No espero nada de ti y aún así, resultas una decepción ¿Eh? -Negó con la cabeza.
Poco después, el sonido de tela rasgada, acompañada de la sensación de extrema exposición fueron apenas el inicio de una nueva tortura para el niño, lo que llevaría a conocer el verdadero terror paralizando su ser.
_¡BASTA! ¡NO! ¡AHH! ¡DÉJAME! ¡SUÉLTAME! ¡NOOO! -Hasta el más mínimo roce lo obligaba a retorcerse ruidosa y violentamente, aumentando su llanto e hiperventilación. No podía frenarlo, aunque sonase ilógico... Creía que moriría allí.
El aire le faltaba, un dolor inexistente iba tomando fuerza y el sudor comenzaba a cubrir su tiritante cuerpo.
¿Qué estaba pasando? Esto... No era normal.
Estaba aterrado.
No, era peor que eso y no lograba explicarlo, solo suplicaba que terminara de una vez.
–Vamos, no seas un llorón ¿Vas a decirme que de verdad te asusta tanto? –Reía entretenido cortando la camisa del diablo de un solo tirón en el medio.
Honestamente, no buscaba placer sexual en esto, ni siquiera le parecía algo muy agradable de hacer si lo analizaba cuidadosamente, pero si a ese mocoso le asustaba tanto ser tocado… Bueno, perfecto para él, cosa simple y sufrimiento en incremento, no es como si necesitara hacer mucho, después de todo le bastaba con agarrarle el brazo o algo parecido. Le desilusionaba un poco que fuese TAN fácil hacer a Licorice gritar, no estaba usando ningún método tradicional en su lista, no había sangre, golpes, pellizcos, cortaduras o rasguños en esto, solo tacto y ya.
_¡N-no! ¡Basta! ¡Basta! -Gritaba, cada vez más tembloroso desde el instante en el cual la tela terminó por rasgarse, exponiéndolo más- ¡N-no! ¡Por favor! No lo hagas! P-prometo no decírselo a nadie, de verdad, pero... ¡P-por favor! ¡No me toques! -Chilló hasta casi desgarrarse la garganta, como si realmente alguna parte de sí creyera que sus súplicas serían escuchadas; aunque en el momento de la verdad sabía que no funcionaría y solo lograba humillarse aún más ante su captor. ¿Por qué pasaba esto? No quiso que todo llegara tan lejos. Solo buscaba salvar a su madre ¿De verdad esa acción había estado tan mal?- ¡NO! ¡D-DÉJAME! ¡NO! ¡MADRE! ¡MADRE! -Su cuerpo se sacudía apenas el toque se llevaba a cabo.
Metal ardiente... Doloroso, insoportable, tortuoso... Así se sentía su tacto. Podía verlo claramente, tales objetos no estaban siendo utilizados, pero lo percibía como si así fuera.
¿Acaso alucinaba? ¿Se estaba volviendo loco? Comenzaba a considerarlo.
No había un límite real a la pesadilla que esto estaba significando, aún cuando apenas y eran agarres a su hombro o brazo. No parecería nada serio para quien sea que viese la situación desde afuera, pero... Para el niño era el mayor infierno conocido.
No importaba cuanto intentara soltarse, no había forma de lograrlo. Estaba encadenado, sin fuerzas, herido y aterrorizado, en un lugar del cual ni conocía exacta ubicación y lejos de quien sea que pudiese correr a su auxilio.
Por favor... ¡Por favor! ¡Alguien!
Sentía como si cada toque lo quemara; un dolor y terror que solo su mente hacía estallar en cada fibra de su ser, poniendo el riesgo su cordura. No sabía que hacer, le desesperaba no poder huir, y el tiritar repentino de su cuerpo no ayudaba a que pensara o dijera algo muy coherente además de chillidos sollozantes que solo alimentaban el sadismo del adulto.
–Tsk… Y yo que creí que estarías gritando así cuando te cortara la lengua. No espero nada de ti y aun así logras decepcionarme, qué pena que das… -No comprendía del todo bien por qué ese miedo irracional del niño, lo único que podía teorizar es que tenía la culpa de ello, cosa que le hacía creer que era la razón por la cual trataba de evitarlo.
Pero… ¿Así de horrible era? A sus ojos era estúpidamente ridículo y sumamente gracioso. La forma en la que lloraba no tenía igual a las veces anteriores, le divertía verlo tratando de removerse o alejarse sin éxito alguno debido a las lesiones y la cadena del techo.
_¡YA BASTA! ¡NO! ¡DEJA DE TOCARME! ...¡POR FAVOR! -Estaba al borde de un colapso nervioso.
No creía soportarlo, y el demonio, no tenía intención alguna de detenerse.
Había extrañado tanto esta sensación de poder sobre otros, había extrañado tanto que le suplicaran por piedad… Quizás era cierto, tal vez sí era un sádico como Fumus ¿Pero qué más daba? Esto era por un bien mayor; castigar al malcriado.
–¿Por qué tanto escándalo por esto? No entiendo ¿Acaso no debería gustarte, perra? ¿No te agradaría imaginar que soy tu madre? Apuesto que sí, escoria. No creas que no lo sé. –Ni siquiera parecía que los gritos por piedad le afectaran en algo más que en aumentar el deseo de hacerlo sufrir.
_¡Claro que no me gusta! ¡Eres un monstruo horrible! ¡TU NUNCA SERÍAS MADRE! ¡E-ESO NO ES VERDAD! ¡CÁLLATE! -Ni loco se atrevería a comparar este martirio con el suave y cariñoso tacto de Ivlis.
Era cierto que había estado evitándolo alguna que otra vez, pero el motivo no era el mismo que con su torturado. Nunca habría punto de comparación.
Siempre tan cálido y lleno de ternura hacia él... Siempre consolador, aliviando cualquier pesar con simples palmadas, logrando que sintiera murciélagos en llamas en su estomágo y brindándole una felicidad infinita.
Esto era abismalmente diferente. Lo quemaba, lo hería, lo humillaba. Cada parte de su ser se sentía sucio, asqueado; de solo pensarlo le daban naúseas y ganas de arrojarse a darse una ducha de mil días.
Simplemente asqueroso.
_¿Vas a fingir ahora? Tsk… Cómo se nota que te gusta ser una puta en privado. –Chasqueó la lengua ensanchando su colmilluda sonrisa.
Se estaba divirtiendo tanto.
_¿P-por qué me haces esto?! Esto no tiene nada que ver contigo... ¡Nada! ¡NADA! ¡¿Por qué- ...¡ARGH! -Se quejó ante la repentina bofetada que apenas lo shockeó unos pocos segundos antes de renaudar su histeria.
El río de lágrimas no paraba de descender en sus mejillas, a la par que trataba de ignorar lo que el demonio pudiera decir, junto al molesto ardor que ahora estaba tatuado en su rostro.
La misma pregunta seguía en su cabeza: ¿Por qué? ¿Por qué le hacía esto? ¿Qué le había hecho para merecer todo esto?
Envi por su parte no se permitía pensar en mucho, maldiciéndolo por lo bajo.
En el instante en que escuchó su pregunta y se atrevió a gritarle aquello en la cara no contuvo un gruñido antes de asestarle una bofetada y acallarlo por unos instantes.
La chillona voz de ese mocoso podía ser muy desesperante.
¿En serio le estaba preguntando aquello hasta ahora?
–¿Qué por qué lo hago? ¡Porque ya me tienes harto, mocoso! ¡Harto! ¡Y no solo a mí, al jefe también! ¡¿Crees que tienes el derecho de andar lastimándolo solo porque no quieres que tu madre cumpla el deber por el cual sigue aquí?! ¡Los niñatos como tú no deberían meterse en asuntos de adultos, lo cual es este caso! ¡¿No sabes por qué esa cucaracha sigue rebajándose así?! ¡Me esperaba de tu parte que lo supieras! Pues verás… Esto no es más que un acuerdo, quieras o no creerlo, Ivlis sigue sometido bajo su propia voluntad ¿Crees que Satanick dudaba en matarlo hace años? El único motivo por el cual se volvió su puta personal es para eso, sobrevivir… Lo cual, niño, es bastante indigno incluso para un débil y patético diablo como él. Es estúpido que trates de evitarlo, el destino de ese idiota es ser una prostituta de turno y se acabó. Para eso seguramente fue creado. –Escupió con crudeza y brutalidad, pensando en sus propias palabras mientras ampliaba su sonrisa.
Oh, sí. Esa mirada era lo que esperaba. Ese crío no parecía nada dispuesto a entender su propia posición, otro perentezco asqueroso con el diablo de Flame World.
_N-no me importa... ¡Madre sufre! Él tampoco tiene derecho a lastimarla... ¡No le ha hecho nada! ¡No es justo! ¡Y-yo solo hago lo mejor para madre! Tú no entiendes nada. Solo eres un subordinado... ¡Tú tampoco deberías meterte! -No esperaba que lo entendiera.
¿Qué podría entender un torturador de su afecto a Ivlis? ¿Qué podría saber sobre lo desesperante que era ver a quien sufrir humillaciones día tras día?
Envi trabajaba para un idiota como Satanick, no le sorprendería que no entendiera nada.
Para él seguro solo era algún tipo de monstruosidad más y no le importaba. Mientras su ridículo jefe se saliera con la suya, nada más le afectaba ¿No?
Licorice no seguía aquel esquema.
Amaba a Ivlis y nada cambiaría esa visión. Ni siquiera el miedo a lo que pudiese pasar de seguir gritando.
_¡¿Por que te importa tanto?! S-si esa basura me odia, que me lo demuestre él mi cara. Nada de esto tiene que ver contigo ¡Malvado monstruo!
Sin embargo, el peliverde todavía no terminaba de dejarse llevar por la ira totalmente. Le resultaba muy entretenido oírlo reclamar de aquella forma.
–Eres tan patético, igual a ese idiota ¿Y sabes qué?... Tú no eres muy diferente a él… Es curioso. Tu madre fue violada, naciste por ello, quizás tu destino también es ese. Ser un asqueroso y usado juguete desechable ¿No crees? Y no solo eso, tal vez llegue a gustarte como al jefe le gusta, o quizás lo que te gusta en realidad es hacer daño a otros ¿Cierto?
El menor calló de golpe, estremecido ante sus palabras, congelado ante el fatídico destino que le esperaba.
¡No! ¡No podía terminar así!
_N-no es verdad ¡Madre es más que eso! ¡Y-yo soy más que eso! -Se rehusaba a caer en esa realidad- ¡Yo no hago nada! Nunca hice nada! ¿Q-qué haces? ¡No! ¡NO! ¡NO ME TOQUES! ¡ATRÁS! -Se negaba a rendirse aunque ya no viera salida alguna. Él no era un juguete para nadie.- ¡MADRE! ¡ALGUIEN! ¡AYUDA!
–¿Qué estoy haciendo?... ¡Ni a golpes haría que tu cerebro insignificante comprenda! –Bruscamente tomó entre su mano las mejillas del diablo, elevando su rostro hasta arriba en lo que continuaba hablando y permitía a su otra mano divagar por su torso, a veces dándose el lujo de pellizcarle fuertemente para reír de sus chillidos… Tan… Tan patético.- Te equivocas, ambos son menos que nada. Ya ni compararlos con insectos vale la pena y si vieras con tus propios ojos cuan bajo ha caído ese idiota en cada tortura de Satanick-sama, lo entendería. Aunque bueno, tal vez lo hagas luego de que termine contigo hoy ¿No?
Tal vez sonaba acosador, tal vez sonaba como un obsesivo, pero si tanto sabía sobre asuntos privados era debido a sus observaciones meticulosas cuando algo le llamaba la atención, aunque respecto a otros asuntos… Su propio jefe o un involucrado al tema le contaba la información necesaria para estar al tanto ¿Era difícil? No ¿La información le servía de algo? Sí, porque así sabía contra quien la tenía el jefe, sabía contra quien tenía que estar.
Sabía que teclas tocar para romper a quien sea.
–Madre esto, madre aquello… Madre, madre, madre, madre… ¡MALDICIÓN, ME TIENES HARTO! –Rugió antes de hacer un amague para asestarle furiosamente un puñetazo de lleno en la cara, pero al instante se detuvo suspirando hondo y prosiguiendo a reír maniáticamente, dando la imagen de un completo lunático.
Tal vez… Le estaba afectando un poco descargar por fin violencia con alguien, pero vamos… Era tan satisfactorio.
–Tu madre… Hizo cosas terribles… Es un puto monstruo… ¿Merece algo de lo que le han hecho? Sí, y más… -Acercó su rostro al espacio entre el rostro de Licorice y su cuello, sus temblores e intentos por alejarlo le divertían, pensar que él era más alto y se veía más temible… Y ahora mismo lo tenía suplicando por clemencia ¿Se podía caer más bajo?
Durante mucho tiempo había odiado a los hijos de su jefe, excepto que no lo había demostrado hasta ahora… Se sentía bien dejar toda esa tensión y descargarla en el más molesto y quisquilloso de ambos, se sentía bien el poder, se sentía maravilloso dañar.
_¡NO ES CIERTO! ¡...! -Se encogió apenas vislumbró que un segundo golpe se acercaba a su rostro, cerrando los ojos casi por reflejo pero... El puñetazo nunca llegó.
Abrió los ojos con lentitud, a la vez que un inesperado escalofrío lo fue recorriendo a la par que iba reconociendo la perturbadora y maliciosa risa de su capto.
Envi siempre fue una maldita cabra apática, nunca reía. O al menos nunca alcanzó a escucharlo, ni siquiera cuando lo veía con Crea o quien sea. Siempre sin demostrar sentir nada. Pero ahora que veía claramente su maníatico y sádico disfrute en medio de la tortura que le estaba imponiendo, podría asegurar que pudo haber vivido muy feliz sin conocer la faceta más aterradora de aquel subordinado de Pitch Black World.
Se removió, tratando de alejarse sin mucho éxito. El adulto lo tenía bien sujetado para limitarle su movimiento, así como también usaba aquello a su favor para aumentar su horror.
Estaba consciente de lo mucho que lo alteraba su respiración sobre su piel, las lágrimas entre sus dedos lo advertían.
–Me importa… Porque eso soy, un subordinado, mi deber es proteger al señor diablo así sea de un mocoso como tú… Tsk… ¿Crees que él te odia? Es una pena que no lo haga, me haría más accesible este tipo de diversiones contigo… Aunque no creo que le moleste, le agradará saber que te hice menos maleducado. –Acortó la distancia carcajeándose antes de clavar profundamente sus colmillos en su cuello. Escuchaba los gritos, sentía entre sus labios la sangre caliente, el sabor metálico.
_¡N-NO! -Calló de golpe en cuanto estuvo firmemente agarrado por el contrario, ahogando gritos adoloridos con el mínimo pellizco; que casi parecía buscar arrancar parte de su amoretonada piel; y permitiendo a sus lágrimas seguir cayendo libremente. El pánico en su ser se manifestaba en constantes temblores e intentos inútiles por alejar, y que irónicamente solo provocaban lo contrario. Era horrendo, asqueroso y aterrador... El monstruo de sus pesadillas tenía una forma tan clara que solo su aliento provocaba que balbuceara por piedad, suplicando al cielo porque algo o alguien lo detuviera- N-no... P-por favor... ¡Piedad! ¡B-basta! ¡Y-ya me detuviste una vez! ¿N-no es suficiente? ¡N-no! ¡Argh! -Pegó un grito escandaloso mientras su cuerpo se removía fuertemente. Podía sentirlo claramente en su pulsante dolor...
Piel desgarrandose... Sangre fluyendo libremente...Odiaba esta sensación.
Su cuerpo continuó tiritando, preso del pánico y el dolor mientras hacía su esfuerzo por encoger su cuello adolorido a un costado de su hombro a la vez que veía algo de sangre descender desde su cuello a parte de su torso y manchar parte de sus prendas. No entendía a que punto quería llegar Envi con todo esto; él mismo solo deseaba parar de una buena vez. Ya lo entendía; el muy maldito practicamente pesaba el suelo por donde su padre caminaba y estaba dispuesto a hacerle pasar horrores solo porque él intervenía cada vez que salvaba a su madre de Satanick.
Y-yo no tengo... C-culpa de eso... Ugh...
Sollozó al tratar de mantener su respiración calmada y no evitar la mirada carmesí de su torturador. Honestamente, le daba mucho más miedo perder de vista a la cabra. Sentía que todo sería mucho peor si no podía ver venir lo que sea que planeara hacerle ahora.
¿Desde siempre había sido tan debil y patetico? ¿O esta sensación solo era parte de la tortura que Envi le impartía?.
_¿Suficiente?... –Masculló al alejarse, relamiendo cuidadosamente de sus labios el resto de sangre. Había algo en sus gritos que había terminado de deshacerle la sonrisa por completo, dejando dibujado en su rostro un gesto inerte y desolado.
Por fin había encontrado lo que buscaba… Que le rogaran ¿Y eso le haría parar? Ni soñando, a diferencia de lo que Licorice creía… Él ya lo había visto todo… Torturas, desmembramientos, víceras arrancadas, torturas psicológicas… Se había vuelto fuerte ante los gritos de piedad, y había aprendido de ellos algo, que más que hacerte sentir mal llegan a ser un incentivo para seguir, eran adictivos.
No había disfrutado de algo así antes además de probarlo desde el filo de su espada. De todos modos… Esto sería lo mínimo que planeaba hacer.
–Me enferma como pides ayuda… Nadie vendrá, afróntalo. Solo me dan más ganas de hacerte pedazos… ¿Por qué no me dices que soy un simple demonio? ¿No pensabas que yo no podía hacer nada?... ¡¿Puede un simple demonio hacerle esto a un diablo?! –Teniendo entre sus dedos empapados de lágrimas sus mechones, tiró fuertemente de manera que pudiese verlo de frente ¿Cuándo dejaría de chillarle tanto en la cara? Ugh… Qué molestia…
Licorice quedó estático al recordar sus propias palabras, incapaz de mirar a alguna dirección hasta que éste lo obligó al jalarlo. Sí, dijo todo eso y ahora de verdad lo lamentaba mucho.
_¡Bwaahhh! ¡N-no! ¡L-lo siento! ¡Lo siento! ¡P-perdón! ¡N-no lo volveré a decir! ¡N-no lo sabía! ¡No lo sabía! ¡Bwahhh! ¡PIEDAAAD! AYUDA! -No soportaba esto.
¿Cuánto más duraría? No lo sabía ni tuvo tiempo para pensarlo, ya que la palabras del contrario captaron su atención, imaginando sus intenciones.
–Oh… Ahora es cuando suplicas ¿Cierto?... ¿Sabes por qué no fue suficiente? Porque nada de eso ayudó a que dejaras en paz a Satanick… ¡¿Qué tengo que hacer para que pares?! ¡¿Cortarte las putas manos?! ¡¿Los brazos?! ¡¿Las piernas?!... Tal vez debería quitarte los ojos y hacer que Ivlis se los trague, pero tú sabes… No quiero arruinar la diversión de Satanick, ese juguete es exclusivamente suyo como tú eres exclusivamente mío. –No pensaba tomarle un gusto sexual a esto, aunque tal vez uno donde podía controlar a su antojo al mocoso, sí, como un muñeco vudú que se reconstruye. No quería sus disculpas o sus arrepentimientos, no servían de nada.
Envi quería algo más.
_Y-y no soy nada tuyo...ugh... -Murmuró bajo, aún siendo ignorado por la cabra.
Quería su dolor, quería su sufrimiento ¿Por qué detenerse? ¿Por qué arruinar una velada tan bien planeada que empezaba a tomar el rumbo que deseaba?
Pero… ¿Por qué no elevarlo más para disfrutar como caía?
De solo pensarlo, una risa amenazaba con escapar de sus labios.
_Uhn… Arruiné tu primera vez, qué lástima… -Todavía recordaba los lamentos del niño al respecto, algo sobre guardarlo para alguien. Bah, daba igual. Una idiotez.- Suerte para ti que conservas tu primer beso… Sería una pena que alguien lo arruinara ¿Verdad?
Fue entonces cuando el diablo palideció, al fin captando por iba todo.
_ N-no... ¡No! ¡Eso no! ¡N-no lo hagas! ¡Por favor! ¡Eso no! ¡N-no arruines eso! ¡No es para ti! ¡Déjame! ¡No! ¡Por favor!
¡No! Ese beso... Su primer beso debía ser para su madre y nadie más.
Al menos eso quería guardar para Ivlis. Al menos eso de sí debía seguir puro.
El único sueño que le quedaba.
Y el mostrarse tan dispuesto a protegerlo, solo incentivaba más a su verdugo.
–Uhn… No lo sé… Hagamos esto… Quiero que digas lo miserable, enfermo y asquerosamente inútil que eres, vamos, humíllate… Tal vez y solo tal vez te deje libre. –No pensaba hacerlo de cualquier manera, pero en los ojos aterrados del diablo podía observar que era capaz de rebajarse con tal de no soportar más aquella tortura… Bah, un niño tenía que ser.
_¿Q-qué...? -Abrió los ojos de golpe, creyendo por un instante que había oído. ¿Esto iba en serio? Si decía todo eso...¿De verdad lo dejaría ir?.- Ugh...- Tragó grueso, mordiendo sus labios con total frustración, solo para finalmente terminar por inhalar profundo antes de hacerlo. ¿Qué más daba daba? Muy en el fondo realmente creía todo esto y más de sí mismo. Decirlo en voz alta no sería tan malo.- Y-yo...y-yo miserable... S-soy un asqueroso enfermo e i-inútil... ¡N-no valo valgo nada! N-no sirvo para nada... S-soy menos que nada... ¡Ya! ¡Lo dije! ¡Incluso dije más! -Terminó por quebrarse, totalmente incapaz de levantar su mirada ocuosa y humillada.
Esta vez sí que había caído muy bajo... ¿Donde estaba su orgullo, su amor propio, su dignidad? ...No. La verdad estaba clara como el agua: ya no tenía nada de eso.
Al oírlo, el demonio se mostró complacido carcajeándose por lo bajo, no podía creer cuan sencillo era manipular la mente de un mocoso como él.
–Bien, pero quiero algo más para que te deje ir… Cumple tu parte del trato… Las cosas que he hecho son la mitad de lo que podría hacer ¿Quieres pasar por todo eso solo para cuidar de esa cucaracha? La decisión es tuya… Y piénsalo bien, es tu última oportunidad. –Esta vez, esperaba de verdad oírle aceptar.
¡Vamos! ¡No era capaz de negarse! ¡Era un jodido cobarde!... Pero aun así…
_¿Q-qué? Y-yo no...-No podía creer que insistiera con eso... Sin embargo, agradeció que lo mencionara. Con solo tener esa ridícula propuesta ante sus ojos, recordó porque lo hacía. Porque renunció a todo y se permitió tal humillación. Su madre llevaba años soportando a Satanick... ¿Y él iba a volver a abandonarla y sacrificarla como todos hacía? No- ...No... ¡NO! ¡NO LO HARÉ! ¡MADRE NO ES NINGUNA CUCARACHA! ¡Y NO RENUNCIARÉ A HACER LO ÚNICO QUE NADIE HACE POR EL! Tú... ¡Tú mismo lo dijiste! Él pasa cosas horrible cada día y nadie lo salva... ¡Yo lo haré! Y no me importa si un estúpido demonio acosador y lamezuelas me condena por eso. N-no me importa si me destruyes... No me importa terminar valiendo nada como la basura de tu jefe... Yo escogí mi lado... Tú el tuyo... ¡NO ME QUEDA DUDA! ¡MI AMOR POR MAMÁ ES MÁS FUERTE QUE MI MIEDO, MI ASCO Y POR SUPUESTO...! ¡ES MÁS FUERTE QUE LA RIDÍCULA Y VACÍA FIDELIDAD DE UN SIMPLE SUBORDINADO QUE SOLO BUSCA QUE SU JEFE LO NOTICEE! S-seré patético, sí... pero tú eres peor que eso -Rugió a pesar del pánico y el dolor.
A pesar de saber que solo cavaba su propia tumba. No importaba nada. Nunca iba a renunciar a cuidar de Ivlis, aunque eso lo matara.
_Tú… pequeño… -Siseó rabioso al atrevimiento de no solo denegarse rotundamente, sino tomarse el aire para seguir ofendiendo.
¿Así sería todo de ahora en adelante? Pues que así sea.
–Ya veo… En ese caso despídete de tu primer beso, niñato. –No esperó a oír sus chillidos y tiró de su cabello con fuerza, asegurándose de taparle la nariz con su mano libre, no permitiría que escapara de esta…
No vio nada fuera de lo común en hacer esto, solo morder hasta hacer sangrar sus labios, recorrer cada espacio de su boca viperinamente, asegurándose de no dejar sitio sin ensuciar con los restos de su propia sangre.
¿Ese mocoso también guardaría aquello para alguien? Lástima, ya no le quedaba nada que entregar.
_¡Mnhg! -Ni tuvo tiempo de prepararse para resistir en cuanto el dolor y la falta de aire lo obligaron a abrir su boca contra la del contrario, permitiendo que un asqueroso sabor metálico invadiera su boca y garganta.
Asco... Repugnancia... Naúseas...
Ni todos los sinónimos posible lograban describir lo que estaba experimentando en ese instante; viendo como las ilusiones de su primer beso se resquebrajaban ante su mirada.
Imperdonable... ¡Imperdonable!
Una mezcla de ira y temor lo cegaron por un instante, en el cual no dudó en cerrar su boca con fuerza, deleitandose de haberle devolvido algo de dolor en cuanto oyó su queja y saboreó la asquerosa sangre de ambos mezclarse en su boca.
Incluso con todo y puñetazo no desaprovechó su libertad para escupir con asco los restos de sangre en su boca, sin ocultar las naúseas que esto le provocaba.
Para el azabache fue como una mini venganza, para el servidor de Pitch Black la mecha que encendería su cólera.
Todo se fue al demonio cuando Licorice tuvo las agallas de morderle la lengua, haciendo que se separara rápidamente asestándole el bendito puñetazo que rato atrás no concretó.
–¡PEQUEÑO BASTARDO! ¡ESA TE COSTARÁ MUY CARO!
_ ¿T-te dolió? ¡Q-que bueno! Lástima... que no te arranqué la lengua... ¡Cof! ¡Cof! Broorgh... S-sangre asquerosa...-Siseó, aún mareado por lo repugnante en todo... Y quizás solo por ello, gastando el poco valor que quedaba en él. Ya no le importaba nada... Ya veía que no escaparía. No quedaba más que sobrevivir a esto, así le costara su cordura.
Conservaba suficiente valentía aún, cosa que Envi detestaba.
_Tienes bastante valor… Pero aquí el valor no sirve de nada… -Desgraciado, no iba a llorar ni hacerse un escándalo por la mordida, ni que le hubiese dolido tanto, pero le enfureció su atrevimiento y coraje… En especial verlo tan firme con su decisión. Más que creer que lo suyo era una muestra de amor, lo creía una mediocridad y una muestra de estupidez y poca autoestima, no podía verlo de otra forma.
¿Él un héroe? Le daba risa escucharle hacerse el fuerte solo para que después soltara sonidos de asco como un princesa.
–Te costará caro ese atrevimiento, pedazo de basura. –Masculló tomando de la mesa las tijeras con el claro objetivo de terminar por quitarle todo rastro de ropa.
_Ugh...-Ignoró la mayor parte de sus palabras en lo que luchaba contra las ganas de vomitar por tan asqueroso ...beso. ¡Por Vicers! ¡Ni podía llamarlo eso! Fue asqueroso y dejó con un sabor metálico horrendo en toda su boca y garganta. - Tks... ¡N-no me importa! ...-Ya no importaba lo que fuera que pasara desde ahora. Seguiría firme en la única cosa que parecía poder confiar ciegamente: sus sentimientos a Ivlis. Si podía aferrarse a ello, ningún dolor sería suficiente para hacerlo arrepentirse de su propia elección.
Observó el único reloj de aquel oscuro lugar. Muy temprano.
Esto duraría más, lo comprobó con solo ver al demonio cabra avalanzársele a sus prendas con tijeras en mano.
Fue tan rápido que los movimientos de su víctima accidentalmente causaron que el filo del metal le hiciera rasguños profundos que pasó por alto. Fue costoso quitársela en cierto punto, pues muchos trazos de tela se habían adherido a su piel gracias a la sangre que había alcanzado a secarse medianamente, pero dejando satisfecho al demonio al comprobar que arrancárselas le dolía también.
–Muy bien… Muy bien… ¿Qué puedo hacer contigo? Ya no hay necesidad de contenerme, pero empezar por algo muy brutal arruinaría la sorpresa de mi potencial… Veamos que tenemos por aquí… -Pasó de largo de todos sus chillidos, no pensaba prestarles atención ahora, su mirada divagaba en la mesa y los múltiples objetos que no se había dado el lujo de usar aun, hasta que al toparse con uno de ellos una idea cruzó su mente. –Una vez escuché… Que para criar bien a un niño malcriado es necesario darle azotes ¿Será cierto? Nunca lo comprobé, al menos de una forma literal… -Acrecentó una risa al verlo de reojo.
_¿Q-qué haces? ¡Argh! ¡N-no! ¡Oye! Arghh! ¡No! ¡Basta! ¡Basta! -Chilló adolorido y humillado a la vez; realmente trató de hacer todo lo posible por evitarlo, pero solo lograba que el dolor fuese más alto y que varias heridas volvieran a abrirse al jalar las prendas junto a la sangre seca. ¿Por qué? ¿Qué rayos tramaba? - M-mi ropa... M-mi ropa... T-tú... ¡Eres tan asqueroso como esa basura! -Gruñó, tratando de no mostrarse asustado, aunque su deteriorado y humillado estado no ayudaba.
¿Era realmente necesario dejarlo en ropa interior? ¡No! Quiso no pensar más en ello, mientras su cautor rodaba los ojos por sus quejaz.
No entendía por qué el escándalo ¡Había tenido la amabilidad de no quitarle la jodida ropa interior también!
¿De qué se andaba quejando? No era ningún pervertido, no le causaba el más mínimo placer observarlo así, solo lo veía como lo que era.
Un mocoso repulsivo en toda la palabra.
–Vamos, no creerás que me gusta ver tu cuerpo ¿Verdad? ¿A quién le gustaría? Eres tan… Repugnante, es un milagro que te esté viendo y no me den arcadas de lo repulsivo que me eres. No sé cómo es que no vomité al besarte, eres asqueroso. Aunque… El deber es deber. –Se alzó de hombros jugueteando con los trazos de un látigo que acababa de tomar, mientras caminaba detrás suya y entrelazaba sus dedos en su cabellera para empujar su cabeza hacia abajo, le estaba molestando que se moviera tanto e hiciera esfuerzos por voltear y no quitarle la vista de encima, era más gracioso verlo reaccionar cuando no lo esperaba.
_¿Ehh...? ¡N-no te atrevas...! ¡Aléjate, pervertido! ¡Sucio! ¡Enfermo mental! -Frunció el ceño, sin estar realmente afectado por sus declaraciones. Bufó, como si le importara lo que opinara de él un demonio tan repugnante y cruel. La única opinión valida en el mundo era la de su madre- Opino igual de ti... Eres repugnante... -Siseó, tratando de no perderlo de vista; cosa casi imposible cuando este lo sostuvo para comenzar su nuevo martirio.
Estúpidamente débil…
–Quédate quieto ¿Quieres? Odio a los niños revoltosos. Mejor limítate a obedecer como un buen perro y tal vez esto termine más rápido… ¡ASÍ QUE PONTE A GRITAR, MALDITA ZORRA! –Vociferó dando los primeros azotes con toda la fuerza que permitían sus brazos.
El efecto fue el deseado, carcajeándose al vislumbrar en poco tiempo la sangre deslizarse de su espalda y las marcas hacerse cada vez más rojas y múltiples con cada aullido de dolor. Con los minutos se hizo repetitivo y aburrido, por lo cual bufó echándole una última mirada despectiva al objeto antes de lanzarlo contra la herida espalda del diablo y alejarse a rebuscar alguna otra cosa, dejando al diablo todavía sollozante por el dolor.
En verdad creyó que podría tolerarlo, que no sería tan malo, pero no tardó mucho en terminar gritando ante su piel desgarrándose bajo el látigo. ¿Cómo era posible que una simple cintilla hiciera tanto daño? Su espalda ardía y la sangre no dejaba de salpicar con cada maldito golpe. Para cuando al fin todo se detuvo, apenas tuvo segundos libres para recuperar algo del aliento y ver con horror como su captor se le acercaba con un martillo y soga.
Tragó grueso. Tenía un mal presentimiento.
–Uhn… Deberías considerar mi amabilidad, te di un largo descanso del tacto ¿Cierto?... Bueno, disfrútalo mientras puedas, quiero hacer algo más y luego tu recreo se acaba… -Arrastró con él un martillo de considerable tamaño junto a una soga, delatando sus intenciones con su mirada y sus murmullos.
_¿P-para qué es eso? ¡¿Q-qué haces?!
–Se me haría sencillo dejarte libre, pero podrías escapar… Tendré que encargarme de tus pies primero…
_¿Q- qué...? ¡No! ¡S-sueltame! -No entendía nada, pero algo le advertía que eso cambiaría pronto.
Sonrió con una risa baja una vez que se detuvo frente al menor y revisó en sus propios bolsillos buscando algo.
–Oh, bueno… Una vez observé que Satanick-Sama usaba un método bastante interesante con tu madre y… ¿Sabes? Me dan ganas de probarlo contigo pero… Malditas llaves. –Suspiró frustrado al no hallarlas, como si esto fuese rutina, como si en frente de él no hubiese ninguna persona herida y torturada atada al techo… Tan tranquilo que enfermaba.
El joven diablo tembló. No tenía la más remota idea de que planeaba, pero estaba más que seguro que no le gustaría. Con el simple hecho de oír que Ivlis tal vez pasó por algo similar bastaba para empezar a temer por su vida. ¿Cuánto tiempo más iba a seguir allí? ¿Cuanta tortura aún le esperaba? Estaba asustado.
–Ah, aquí están… -Miró hacia arriba frunciendo el ceño, sin remedio más que acarrear consigo un banquillo para quedar a mayor altura y permitirle con facilidad abrir los grilletes en las muñecas de Licorice.
Apenas lo vio caer cual muñeco de trapo ató la soga en el lugar de las cadenas, anudando algo más antes de bajar de nuevo con calma y alejar el mueble. No le preocupaba dejarlo libre unos míseros segundos, al fin y al cabo él estaba tan adolorido que no le creía capaz de levantarse o hacerle algún daño.
_¿...? ¡A-ay...! -No captó que buscaba soltar los grilletes del techo hasta que terminó dolorosamente desplomado en el suelo. ¿Que buscaba con esto? Daba igual, tenía que buscar como escapar, pero... Apenas le quedaban energías suficientes para arrastrarse penosamente un par de centímetros, cosa que la cabra no tardó en notar.
Rodó los ojos cuando lo visualizó tratando de moverse lejos y pisó su espalda para volverlo a pegar al suelo sin esfuerzo alguno.
_¡ARGH!
–Mierda, no te muevas ¿Quieres? Cerré la puerta con llave, no soy tan idiota. –No pensaba correr ningún riesgo. Le daba igual si la habitación era aprueba de sonido, él era precavido al contrario de su jefe.
Una vez creyó que estaba listo todo, tarareó despreocupadamente tomando el martillo entre sus dos manos, apoyado en uno de sus hombros mientras se las arreglaba con uno de sus pies para darle la vuelta a Licorice y que quedara boca arriba.
Le costaba respirar. Ese pisotón solo logró que el dolor en sus costillas aumentara, al igual que su pánico. Aún si no tenía esperanzas por huir, quiso creerlo posible por una vez más. No tuvo tiempo de pensarlo mucho, pues terminó volteado por su verdugo segundos después. Ni siquiera tuvo el descanso necesario para intentar alguna inútil súplica antes de que gritos de dolor desgarraran su garganta.
–Mírate… Eres igual a un insecto, me dan ganas de aplastarte, basura… Ah, pero si te matara me metería en problemas y me quedaría sin un juguete, qué pena… En fin, a lo divertido. No puedes huir aunque lo intentes así que… No te sirve de nada estar de pie ¿O sí? –No dio tiempo de reclamos y el cuarto se inundó de gritos y risas descontroladas para cuando impulsó el martillo contra los tobillos y talones del diablo.
¿Era esto lo más divertido hoy? No en realidad, ese momento estaba a unos minutos de llegar, pero ¿Qué sería de una sesión de tortura sin destrozar extremidades hasta dejarlas magulladas e inútiles? Un completo desperdicio, claro.
Una vez creyó haberlas destrozado completamente alejó el martillo y se sacudió el polvo de las manos. Tenía algo de sangre en ellas y su rostro, pero no parecía darle importancia.
Al demonio ya nada le preocupaba a diferencia de su muy adolorida víctima.
¿Cómo siquiera describir lo que sentía en aquel instante? No alcanzarían palabras para expresar el dolor estremecedor que lo invadió al verse con las piernas totalmente fracturadas en más de una forma posible. Ya ni podía tratar de balbucear alguna palabras entendible entre los sollozos e hipeos que estrujaban su cuello.
Dolía en exceso.
_B-bwaah... Ugh, Bwaahh...
–Oh, vamos… No ibas a usar los pies de todos modos. Mejor deja de llorar o lo siguiente que haré será arrancarte las piernas. –Se agachó a su altura arrastrándolo del cabello, prosiguiendo a sujetarlo de un brazo para hacerlo levantarse a la altura de la soga.
Le divirtió verlo tan alterado al percatarse del peculiar nudo que había hecho con ella, pero no se contuvo a abofetearlo para que callara.
_B-bwahh... ¡N-no...! ¡N-no más... ¡Bwahh! -Se quejó al ser jalado, aunque eso era nada al terror que lo invadió al ver la soga. No quería morir. ¡No así! Aunque algo de 'calma' regresó a él cuanto reaccionó por la bofetada.- ¡...!
–No te alteres, imbécil. No creas que te mataré, no puedes morir tan fácilmente. –Siseó odiosamente al ajustársela en el cuello sin soltar su agarre. –Descuida… No vas a ahogarte… Claro, si es que puedes mantenerte de pie así. –Y como si nada, lo soltó entrecerrando los ojos con malicia al empezar su nuevo entretenimiento.
Bien, no podía morir, pero eso lejos de aliviarlo le daba escalofríos. No le gustaba como sonaba aquello de la boca de Envi y en cuanto este lo dejó caer con la soga ya anudada en su cuello, supo que tuvo razón en desconfiar.
_U-ugh...¡Ejkkk! ...¡Kjj..ah..! -No podía respirar... ¡Se estaba ahogando! Pero... Tampoco lograba ponerse de pie. El solo intentar rozar el suelo con sus pies en tan deplorable estado lograba que por reflejo levantara las piernas como pudiera. Morir sin aire o morir de dolor. No importaba cual escogiera, cualquier opción era horrenda.
–¿Qué dices? ¡No te oigo! ¡Te escuchas como una gaviota afónica!
_ ugh... ¡Bgh...! -No escuchaba nada de lo que decía, pero suponía que debía estar disfrutando ver su desesperación.
¿Por qué seguía vivo? ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!
Envi se limitaba a reír odiosamente desde su lugar mientras observaba con morbo. Lo veía tratando de ponerse de pie, pero fallando en el intento.
_¡E-ekkk...! ¡gh...! -A pesar del suplicio y tortura que implicaba seguir vivo, su desesperación actuaba más instintivamente, buscando como soltarse o al menos desenredar el nudo. No importaba cuan inútil fuese tratar o que con suerte solo lograra aferrarse a la soga en un intento de elevarse para pasar algo de oxígeno. Algo era algo pero... Con el pasar del rato sus fuerzas iban disminuyendo y sus movimiento dejaban de parecer tan erráticos.
No tenía caso ¿Cierto? Iba a morir... ¡Iba a morir!
¿Y su verdugo? Bah, él lo estaba pasando muy bien.
Incluso acrecentó una risa cuando lo visualizó tratando de desanudar inútilmente el nudo, aunque se le notaba tan alterado y desesperado que solo terminaba resbalándosele la soga y simplemente se agarraba tratando de elevarse para respirar, arrañando parte de su propio cuello en el proceso. No hizo nada por detenerlo, era mil veces más entretenido que cualquier comedia barata.
Sin embargo aquello empezó a hacerse muy aburrido con el pasar de unos pocos minutos en los que el diablo ten8a pinta de rendirse y desmayarse por la falta de aire. Frunció el ceño y puso los ojos en blanco, como siempre… La tortura con el mocoso a veces eran puras expectativas que se iban al caño.
–Me pregunto si sigues tratando de pedirle ayuda a tu madre… Mh, qué digo, es obvio que lo haces. –Se alzó de hombros acercándose para cortar la soga con rapidez y verlo caer de nuevo, salvo que más concentrado en tratar de recobrar el aire. –¿Ves? No moriste… Si llegaras a morir asfixiado yo mismo te ahorcaría con mis propias manos, así que… No temas de que lo haga con una estúpida soga.
Aunque daba igual lo que dijera, Licorice no le estaba prestando mucha atención.
Respirar importaba más.
_...¡k...!- Probablemente se hubiera desmayado de haber pasado solo unos segundos más así; por lo que sus pulmones se sintieron bastante agradecidos en la repentina caída, aunque el resto de su cuerpo se resentía dolorosamente al ir recuperando sensibilidad.- C-cof... ¡Cof, cof, cof...! Argh ...ukhj...- No se sentía ni agradecido ni afortunado en lo absoluto. Si bien le aterraba morir, desmayarse no sonaba tan mal. Tiritaba de solo seguir allí, de que Envi no pareciera dispuesto a dejarlo en paz aún y de que probablemente se acercaba algo mucho peor.
Su paranoico instinto se lo advertía y no se equivocaba.
_Veamos... ¿Ahora que más podría hacer contigo?
Su mirada se quedó sobre él unos instantes en los que decidía qué haría a continuación. Aún quedaba mucho que quería probar pero… Estaba seguro de que no sería tan divertido, Licorice solo mostraba el pánico suficiente para una sola cosa.
Frunció el ceño.
No le agradaba suficiente como sonaba la idea, pero sabía que como la última vez… Eso tomaría una nueva perspectiva para él y sería igual de emocionante.
Además, iría perfecto para terminar por esta noche ¿No?
–Muy bien… Tu recreo se terminó, zorra. Te toca regresar al trabajo. –Su risa se le vio interrumpida por fijarse en como de nuevo se alejaba patéticamente.
- ...N-no... Y-ya no... P-por favor... -Ni el mismo sabía por qué aún intentaba suplicar y retroceder tan patéticamente. Solo se estaba humillando aún más sin ningún tipo de esperanza. Lo tenía más que claro desde hace mucho rato: Envi no lo dejaría irse, no hasta que se aburriera o el tiempo 'libre' se terminara, o en el mejor de los casos, si se desmayaba quizá.
Aunque el demonio le cedía algo de crédito, lo esperaba limitado a solo llorar, pero seguía haciendo el intento de alejarlo.
¿Aún sin fuerzas tenía el valor para intentarlo?
Trató de no mostrar interés o enojo en ello, por lo que caminó lento y tranquilo para no permitirle alejarse, hasta que perdió la paciencia y le asestó una patada contra el estómago tan fuerte que terminó por estrellarlo de espaldas contra un rincón.
–¿Todavía tienes las agallas para desafiarme así? Dejemos algunos puntos en claro, pequeño bastardo… Nadie te salvará, no escaparás, y yo no te dejaré ir. No eres más que un engendro, un niño no deseado, un dolor de espalda, un parásito, una basura, un aborto fallido… ¿Entiendes por dónde voy? Nadie movería el trasero solo para salvarte, apuesto que ni se molestarían en pedirme que parase. Solo viniste a este mundo como un mero capricho, no eres más que una carga para todos. Si murieras todos estarían felices y tranquilos ¡Y si desaparecieras…! Ah, es probable que les importaría una mierda… ¿Quién se preocuparía por un juguete perdido? –No le bastaba verlo llorar, necesitaba verlo suplicando a gritos.
Necesitaba quebrarlo más para que todo esto valiera la pena, y por la expresión del niño, iba por buen rumbo.
_B-bwaah... P-por favor ¡Por favor!
Llorar y pedir piedad no ayudaría en nada, ni siquiera tratar de alejarse tenía sentido alguno, la puerta estaba cerrada e iba a ser atrapado, no importaba la esquina a la que intentara huir. Estaba en un callejón sin salida.
_...¡Ugh! -Se retorció tembloroso, mientras un sabor metálico invadía su boca al toser nuevamente. 'Miedo' ya no alcanzaba para describir su situación actual. Si antes la cuerva del techo no logró ahogarlo, tal vez el pánico lo lograría- N-no... ¡A-alguien...! ¡A-ayuda...! ¡Rieta! ¡Emalf! ...¡M-mamá...! -No quería escucharlo, aunque por su incesante llanto ya era evidente que en lo muy profundo de su ser, Licorice comenzaba a creer algo de lo que decía.
Cada bonito recuerdo que podría haber guardado de su familia y amigos se estaba envenenando por la desconfianza y el dolor que cada sílaba o golpe inyectaba en él. No lo deseaba... Pero comenzaba a darle la razón.
No existía tal héroe que lo salvaría. No hoy.
_Tks, eres tan irritante.
En un arranque de ira le tiró del cabello y lo obligó a verlo a los ojos. Los suyos destellaban de furia y maldad, aunque solo era capaz de ver uno… Eso no anulaba el fuerte deseo de sangre que expresaban.
Estaba harto de todo.
¡Estaba harto del jodido crío!
–Tú… Perra barata, excusa de diablo, te odio, te odio como jamás en mi vida he odiado a nadie. Quiero que mueras, quiero que desaparezcas de una vez, tu sola presencia me da ganas de golpearte hasta dejarte irreconocible… Antes simplemente me parecías una molestia ¿Pero ahora?... Escúchame bien, Licorice… No sé qué tanto ames a tu estúpida madre, pero eso no cambiará el hecho de que él jamás te amaría por nada del mundo ¿Aun si no fueras una puta usada? Por supuesto que no… Nadie en su jodida vida podría amar a una porquería indeseable como tú. Vive cuanto puedas en un sueño o sigue ilusionándote… Nadie te amó, te ama o te amaría, justo como a él… Así que ¿Para qué darle importancia a tu "preciada" pureza perdida? Ambos sabemos que de todos modos jamás la ibas a perder si no era conmigo… ¿Con quién sino? Si nadie te amaría…
_N-no... T-tú no los conoces, e-ellos no... ¡Argh! ¡D-duele! ¡Duele! ¡B-basta! ...¡S-suéltame! -No soportaba verlo. Algo en su mirada lo paralizaba totalmente del pánico. Veía odio, sed de sangre... Veía el deseo su propia muerte. No lo entendía. ¿Por qué tanto odio a su persona? ¿Qué hacía hecho para merecerlo?
Iba a ahogarse, ni sabía que rayos se suponía que respondería a todo esto. No es como si algunas de aquellas alegaciones no las hubiera considerado, pero ello no había borrado sus ilusiones infantiles antes.
Era solo un niño ¿No? Los niños viven de ilusiones. No importaban cuan rotas y estúpidas resultaran parecer para el mundo.
_E-eso no es... T-tu no puedes... N-no... -Se encogió entre lágrimas. No tenía como contra argumentar, y honestamente, aun si pudiera le aterrorizaba hacerlo.
No quería que provocarlo para que fuese más cruel de lo que ya sería, ni tampoco tenía sentido cambiar su parecer.
Todo era inútil.
_¿Qué pasa? ¿Al fin aceptaste lo innecesario de tu asquerosa existencia? -De verdad no esperaba una respuesta, aunque la que recibió tampoco le resultó muy molesta.
_...N-no importo... N-no me... I-importa nada ahora... -Ya no tenía nada más a lo que aferrarse.
¿Para qué discutirlo o negarlo?
Resignarse tal vez era el único camino viable.
_No te importa nada… ¿Eh? –Rechinó los dientes soltándolo ¿No le importaba? Bien, no era la reacción que esperaba para ser exactos, y aquello lo había descolocado pero no lo suficiente.
_Ugh... -Apenas soltó una leve queja. Vamos, lo que había pasado rato atrás fue mil veces más martirizante que una cortada ¿No?. El diablo no prestaba mucha atención, manteniéndose tembloroso y adolorido, observando por un fugaz segundo la puerta pero sin moverse ni un milímetro. Ninguna pizca de sí mismo creía aún sobre poder escapar así que... ¿Para qué volver a intentarlo?
Con suerte le quedaban fuerzas suficientes para tiritar o balbucear patéticamente, cosa que terminó por aburrir al adulto.
Así que este es su límite ¿Eh? Hubiera esperado algo más, pero ya estaba cansado y quería iniciar el último juego de una vez por todas.
Bufó levantándose para buscar entre los objetos una de las dagas restantes y volvió a acercarse agachándose a su altura.
–Sinceramente no te entiendo ¿Sabes? –Apoyó uno de sus codos en sus rodillas y su mejilla en su mano sin quitarle una mirada aparentemente aburrida de encima.
Licorice mordió sus labios, manteniendo su muda reacción.
No veía el caso a ello ni tampoco en seguir alargando innecesariamente aquello con gritos llenos de falso valor o forcejeos que solo herirían más su propio cuerpo. Tampoco veía necesidad en hacerle 'entender' algo. Ya lo dijo, nada era de su importancia en estos momentos.
Solo se había resignado al dolor físico que lo mantenía incapaz de hacer gran cosa, esperanzado de que su silencio y nulos movimientos aceleraran el final de la tortura; reacción que no terminaba de satisfacer al peliverde.
Bufó.
¿Qué buscaba con todo esto? A decir verdad, no lo sabía ¿Quería respuestas por algo? ¿Quería simplemente hacerlo sufrir? ¿Descargar su odio? ¿Castigarlo?
Habían pasado tantas horas que ya no estaba seguro, excepto de una cosa… De aquí nadie se iba hasta que él quisiera.
–Tenías oportunidad de salir de esta y la desperdiciaste… ¿Para qué? ¿Por qué no salvarte el pellejo? -Esto simplemente no cabía en su lógica. El mocoso estaba evidentemente aterrado ¿Por qué seguía tan firme en proteger a un idiota como Ivlis? No tenía sentido.- Eres ridículo, estúpido y patético… ¿Sabes? Si tan solo me suplicaras por retomar la propuesta que te hice lo haría.
Licorice le observó de reojo.
Estaba tan resignado a su asqueroso destino que incluso oírlo le provocó una risa amarga entre lágrimas.
¿De verdad valía pena responder algo obvio?
_...Estás mintiendo. -Afirmó sin siquiera dudarlo. Incluso si suplicara algo así, sabía que no lo dejaría ir. No era tan iluso luego de tantas horas de tortura pero... Ese no era el punto real ¿Cierto?- ...¿En serio... preguntas eso ahora...? ¿No lo acabo de decir...? Dije que 'yo no importo'...pero, madre sí me importa. -No se esforzó en sonar muy desafiante ni altanero. No había motivo, solo estaba alegando la única verdad que le daba respiro ahora. Aquella a la que su cordura y corazón se aferraban.- ...Así como tú no te detendrás por... ¿Fidelidad? Da igual... Yo tampoco aceptaré ese 'trato'. Así que... ¿Qué tal si nos ahorras lo obvio y dejas de preguntarme estúpideces...?
Le importó poco o nada si decir aquello iba en contra de sus planes. Solo quería que esta pesadilla terminara y... Para ello aún faltaba una última cosa ¿No?
Envi guardó silencio, jugando con el filo entre sus dedos.
La verdad, le sorprendió al verlo responder, quizá no tan desafiante como tenía planeado que lo hiciera, pero sí lo suficiente para que chasqueara la lengua e hiciera un gesto de "No tienes remedio" para que después de ello acercara el filo de la daga al costado de sus caderas e hiciera un tajo rápido.
Sus intenciones no eran otras más que cortar el resto de su ropa, pero aun así le sorprendió gratamente que se quejara de la herida. Sonrió con aires calmos en silencio un instante.
–Oye… Licorice… ¿Qué se siente no poder hacer nada en mi contra, eh? ¿Qué se siente que un "simple" demonio te rebaje así? Yo no lo sé… Ah, pero escucharlo de un ser tan miserable como tú debe ser lo suficiente descriptivo para mí. –Haciendo oídos sordos a cualquier queja, terminó por hacer otro corte similar del otro lado para finalmente arrancar la ropa, cual también estaba algo adherida por sangre seca como la vez anterior, aunque quitarla no fue tan problemático como tener que soportar los movimientos medio erráticos del diablo.
El niño se estremeció adolorido por los cortes, sintiéndose nuevamente invadido por aquel terror tan primitivo que ahogaba la boca de su estomágo. No estaba escuchando nada de lo que su torturador decía, su cabeza estaba muy ocupada imaginando lo peor como para responder; y esto solo terminaba por confirmarse y apanicarlo aún más cuando se vio obligado a cambiar de posición a empujones.
–¡Mierda, quédate quieto! –Vociferó al sujetarle bruscamente las muñecas para levantarlo apenas unos segundos y así lanzarlo en medio de la habitación.
Humillado, derrotado y suplicante ¿Había algo más satisfactorio que ver esto? Quizás…
Lo que tenía planeado a continuación; y que fue evidente al darle la vuelta y obligarlo a mantener el rostro pegado al suelo con solo sujetarlo fuerte del cabello; sería el broche de oro ideal para tan 'maravillosa' velada.
–Tan… Desagradable y sucio. Eres una vergüenza, pero eres una buena diversión.
_N-no... E-eso no... ¡Ugh...!- Apretó los puños y los labios mientras continuaba sollozando silenciosamente, removiéndose en medio del dolor.
Intentaba contenerse para no gritar más, pero el miedo y el dolor deseaban otra cosa.
No importaba cuantas veces se viera obligado a tanta humillación, su asco y vergüenza nunca desaparecerían, incluso con lo resignado que se sentía en todo esto.
Y-ya casi termina... S-sé fuerte, este cuerpo n-no podrá durar mucho y tal vez me desmaye...
Quería convencerse que podría con esto, que su madre lo había soportado constantemente y seguía siendo fuerte. Que si no lo pensaba, tal vez lo olvidaría... Pero no eran más que ilusiones vacías.
No. Nunca lo olvidaría. Esa sensación mugrienta que desgarraba su cuerpo y alma quedarían tatuados en sus pesadillas para siempre y sin importar nada.
Esta era la cruel realidad, Licorice. Una donde 'Caperucita era deborada y no llegaba nadie a salvarla'.
Envi miró una última vez más hacia abajo, llegando a notar el charco de lágrimas que empezaba a formarse no muy lejos de él.
Bah, lo que esperaría de todo crío marica.
–Si eso quieres… ¡Entonces mejor haz tu trabajo, perra! –Y sin más, estalló a carcajadas mientras repentina y abruptamente chocó su cuerpo contra su víctima.
Sus manos se aferraron con brusquedad a sus brazos cruzándolos traes su espalda, llegando a clavar sus garras en su piel sin detenerse ni un instante. Se agachó más al incrementar la fuerza y deleitarse por fin de los gritos de dolor que tanto estaba esperando y no hizo más que morder su hombro cerca de llegar a arrancar su carne, pero no llegó a tal punto por soltar sus comentarios y risas.
_¡...! -El azabache ahogó un alarido de dolor apenas sintió como el cuerpo contrarió arremetió contra sí. No tuvo ni tiempo a reaccionar antes de que sus manos fueran inmovilizadas y su rostro terminara casi ahogándose entre el mar de lágrimas que comenzó a fluir por sus mejillas.
Tenía miedo, dolía... Quería morir. No lo soportaba. El contacto se sentía como navajas desgarrando y arrancando su piel; su garganta se sofocaba entre el llanto y sus quejas martirizadas; y el crujir de sus huesos y músculos solo tensaba más su martirio.
¿Por qué? ¿Por qué a él? ¡¿POR QUÉ?!
No había respuesta, así como tampoco habría consuelo o salvador.
Solo un dolor inimaginable.
¿Y para aquel monstruo?
Evidente diversión en su dolor.
Por Fumus, esto era tan divertido y él se veía tan miserable que el desagrado que había pensado que sentiría al principio se había esfumado completamente. Ahora lo sabía sin duda, quería verlo sufrir a toda costa.
–¡Haha! ¡Vamos, sigue gritando para mí, zorra! ¡No mientas! ¡Sabes que te encanta, enfermo incestuoso de mierda! –Podía sentir la sangre resbalarle de las manos al hundir más sus garras, no parecía querer darle un fin rápido a esto. No, aun no, necesitaba prolongarlo más, quería más de su dolor, de su humillación.
_...¡D-duele! ¡...D-duele mucho...! ¡L-lastima! ¡Para...! ¡P-para...! -Entre el dolor y el miedo no existía descanso. Se estaba asfixiando entre tanto que ni siquiera ordenaba sus palabras o reacciones. La sangre escurría y teñía el suelo en el que se encontraba desde las variadas heridas que recibía o eran reabiertas por tanta brusquedad. Era tal y como aquella vez... No... Era incluso peor.
Rato después, el ojirojo se alejó cortamente, volviéndole a dar la vuelta, esta vez sujetándose del cuello ajeno con ambas manos y retomando sus acciones.
Ahora recordaba por qué con esto perdía el asco cada vez que ocurría… Sus gestos aterrados y adoloridos valían cada segundo.
Tan... Tan similares a los de él. Daba igual si solo era una enfermiza ilusión, ayudaba a prologar su diversión y el sufrir del crío.
No podría pedir más.
Ah, no. Tal vez, su muerte por ejemplo.
–¡¿Qué?! ¡¿Acaso no tenías planeado tener a otro hombre entre tus piernas?! ¡Yo apostaría a que sí! ¡Hahaha! –Sí, maldición, definitivamente estaba disfrutando esto como nunca antes ¿Qué mejor para alegrar un mal día que ver al que más odio retorciéndose de dolor así?- ¡Vamos, vamos! ¡¿Por qué no imaginas que soy tu madre, perra?! ¡Seguramente eso te encantaría!
_¡B-basta! ¡N-No! ¡Bwaaah!
Con solo empujar con todas sus fuerzas era suficiente para arrancar aquellos llantos que estaba esperando toda la noche.
Un arranque de locura lo hizo apretar su cuello entre sus manos, pero en vez de asfixiarlo comenzó a azotarle la cabeza contra el suelo una y otra vez ¿Se desmayaría por eso? No en realidad, aun no aplicaba suficiente fuerza como para que eso pasara.
–¡Este es tu maldito destino a partir de ahora, mocoso! ¡Siempre, siempre, cada noche de tu asquerosa y patética vida hasta que por fin decidas matarte de una buena vez! ¡Y nadie…! ¡NADIE VA A SALVARTE! ¡NADIE! ¡NI TUS NIÑEROS, NI TU HERMANA, NI TU ESTÚPIDA MADRE! ¡¿Duele?! ¡¿Duele mucho?! ¡Eso espero, que te duela! ¡Qué sufras!
_...N-no más... ¡Argh! -Sus músculos se tensaron por el repentino cambio, aumentando su agonía tortuosamente a la vez que el aire apenas llegaba a sus pulmones y los golpes lo traían y llevaban una y otra vez entre lo real y el vértigo.
Ni siquiera encontraba modo de apoyarse en la superficie del suelo sin sentir que se haría pedazos en cualquier momento. No importaba cuanto gritara o suplicaba, la tortura a cada segundo se volvía más eterna; y el asco y humillación para sí mismo no conocía límite. ¿De verdad había caído tan bajo? ¿Era necesario ser humillado de aquella forma? Deseaba terminar con ello...
Y estuvo a punto de hacerlo, pero...
_¿Uh? ¡Ni se te ocurra dormirte, puta barata!
Tal vez… Sí se había dejado llevar un poco, al menos eso creyó cuando se vio obligado a detenerse y abofetearlo para evitar que se desmayara. Ni loco, no dejaría que el imbécil se durmiera en el mejor momento y cuando justo empezaba a pasarla bien de verdad.
_¡...!
Justo cuando comenzó a ver borroso creyó que al fin terminaría, pero sus nervios se alertaron nuevamente con la última bofetada, alargando su tormento y condenándolo a seguir tolerando el trato que su verdugo guardaba para él ¿Así sería desde ahora? ¿Tendría que tolerar esta asquerosa existencia para siempre?
_U-ugh... M-monstruo... E-eres un... Asqueroso monstruo... -Alcanzó a balbucear antes de volver a perderse en aquel mundo de pesar, angustia y humillación.
–¿Mh?... Tal vez… Tal vez yo sea un monstruo pero… ¿Y qué importa si lo disfruto? ¿Crees que me arrepentiré de esto? ¿Qué soy un jodido moralista? No, no lo soy pero… Sé cuál es la moral de los demás… En especial sus miedos. Y el tuyo es tan obvio que no es difícil descifrarlo y usarlo en tu contra ¿Eso me hace un monstruo? ¡BUENO, SÍ, SOY UN MALDITO MONSTRUO! –Adiós control, adiós tranquilidad.
No tuvo otra reacción alguna más que volver a arremeter contra el diablo. Sí, sus risas estaban acallando un poco los aullidos de dolor, pero ¿Qué importaba? Le importaba un carajo, le bastaba con solo verlo.
–¡ESTARÍAS MEJOR MUERTO! ¡MUERTO, MUERTO, MUERTO!
¿Para qué negarlo? Envi si tenía razón en algo... Hasta el mismo Licorice comenzaba a coincidir con aquel pensamiento.
Estaría mejor muerto.
No habría más dolor, no seguiría soportando nada, tendría de vuelta la paz que perdió desde aquella vez en que se condenó sin saberlo.
Fue tan estúpido... Y ahora lo estaba pagando. Se odiaba... Se odiaba tanto. ¿Por qué seguía vivo? ¿Por qué su cuerpo no se rendía y ponía fin a esto? ¿Acaso su propio yo también deseaba torturarse? Quien sabe... Ya no importaba ¿No? No era más que un asqueroso juguete, sin dignidad, sin amor propio ni nadie que lo amara si alguna vez confesaba la verdad.
Pero no lo haría ¿Cierto?
No. Porque era incluso más cobarde y patético de lo que el mismo demonio cabra había expresado.
_...M-morir... -Lo deseaba tanto... Pero con su suerte, sabía que no sucedería pronto.
_¡Tan miserable, tan repugnante e indeseable! –Con el pasar de unos pocos minutos, lo que había comenzado como una extensa y divertida noche de tortura llegó a su inevitable final con el último de sus arremetimientos, un grito ahogado de asco y una risa baja.
No se demoró en levantarse, alejándose del cuerpo ajeno. A pesar de cuan divertido era usar a ese mocoso, el asco inicial no tardó en regresar.
_Tsk… Ni como una puta sirves ¿Te consta? Eso sí que es lamentable. –Suspiró al ponerse de pie y arreglar su ropa, prosiguiendo a buscar entre las cosas y lanzarle un botiquín a la cara.
Ya era bastane tarde, por lo que por podría dar por terminado su 'correctivo'.
_¡...! -Y finalmente, luego de un largo rato de agonía todo había llegado a su fin con una última estocada que lo hizo temblar hasta las naúseas.
Tardó un buen rato en intentar recuperar aunque sea una pizca de compostura, temblando y sollozando penosamente. Ya no le quedaban fuerzas ni para seguir en su forma adulta, por lo que no se contuvo en regresar a la normalidad, aunque el asco y el dolor seguían intactos.
Varias heridas se habían re abierto, unas fuerte arcadas golpeaban la boca de su estómago y la sangre brotaba agresivamente de lugares que prefería ni mirar.
¿Por qué? ¿Por qué seguía vivo?
Su mirada seguía llorosa, aunque un sentimiento de vacío la opacaba.
Sucio... A-asqueroso... Asqueroso...
No soltaba ni media palabra. No tenía nada para decir, aunque su verdugo no tardó en quejarse al ver su estado.
¿Va en serio?
Chasqueó la lengua notando que, debido al agotamiento y el conocimiento de que todo había terminado, Licorice había dejado su forma adulta y solo quedó como el niño que era… Aunque temblando de pavor en el mismo suelo, en un charco de lágrimas, sangre y fluidos.
Como la puta que realmente era, aunque eso no borrara lo vomitivo que le resultara verlo.
–Hey, no es hora de ponerte a lloriquear. Hazle un favor a quienes tengan que verte y cúrate las heridas. Ya de por sí eres desagradable a la vista como para tener que soportar el verte las cicatrices. –Vamos, era bueno torturarlo pero… No podía dejar que nadie lo notara o su cabeza rodaría.
Y tampoco planeaba ayudarlo con los vendajes. El crío le daba asco en más de una forma.
_¿Estás sordo? ¡Hazlo!
El diablo tembló por el grito, aunque al menos pareció reaccionar al fin de nuevo.
Casi de manera automática, obedeció aterrado a la orden. No sabía mucho de medicina, pero al menos lo suficiente como para tratar lo más grave.
Quien diría que los vagos recuerdos de aquella época en la cual solo podía vendar a su madre antes de obtener su forma adulta le servirían de algo, aunque no alcanzó a hacer mucho.
Había cosas que solo esperaría a que su regeneración curase, y otras que tal vez un baño tibio ayudarían.
Envi siguió esperando, enarcando una ceja revisando en sus bolsillos para buscar la llave. Esto tomaría tiempo, pero no pensaba irse sin él para asegurarse de que no dejara evidencia.
Licorice se mantuvo mudo en todo el proceso, aunque el constante tiritar de su cuerpo y las dolorosas lágrimas no se detenían, al igual que alguno que otro sollozo lastimero. Apenas creyó que ya bastaba, solo se aferró a lo que había quedado de su ropa, intendo cubrirse lo más posible. Era mejor a andar sin nada, y francamente ya no quería seguir exponiéndose tan horriblemente.
–Apúrate ¿Quieres? No tengo toda la noche, mañana debo trabajar y tu lentitud no me ayuda mucho… Y límpiate como puedas, no sé cómo, pero hazlo, que das asco. –Finalmente, al creerlo listo le sujetó por el brazo y al salir de la sala lo empujó contra el suelo y cerró detrás de él.
El niño se quejó debilmente, limitándose en asentir a su amenaza. No creía tener valor suficiente de poder hablar de ello de igual modo... Era demasiada humillación para tolerarla.
Durante el resto del camino en el que fue casi colgado de lo que quedó de su piyama, su mente se mantuvo totalmente distante de la realidad. Ni siquiera se había molestado en fijarse en la ubicación del lugar o en tratar de escapar.
Con suerte y podía sentir sus pies, muy lejos no iba a llegar de igual modo ¿No?
Poco después, lo siguiente que sintió fue como era brutalmente lanzado al suelo, reconociento el lugar al instante.
Ese... Era su habitación. Al fin estaba de regreso.
Hubiera intentado algo, pero la voz del demonio paralizó sus nervios de nuevo.
Cierto, aún estaba allí.
–Recuerda… Si algo de esto sale a la luz yo mismo me encargaré de cortarte la lengua y si es necesario mataré a cualquiera que intente hacer algo ¿Quedó claro? -Recibió un asentimiento- Bien. Ahora lárgate, me repugna verte. –Volteó dispuesto a dirigirse a su cuarto, aunque no pudo evitar sonreír malicioso al escucharlo sollozar una vez que se encerró tras la puerta.
Esta iba a ser una rutina muy divertida.
–Hasta la próxima, juguete.
Oh, eso aún no se terminaba… Solo era la primera noche de muchas más.
_Ugh... -Una vez que creyó estar solo, llevó sus manos a su rostro en lo que un lamento se ahogaba en su pecho.- M-me odio tanto... -Dolía, le asqueaba, le avergonzaba, le torturaba...
El solo hecho de seguir vivo luego de aquel martirio significaba todo esto. Y lo peor, era muy consciente que este apenas era el comienzo de una pesadilla.
_...Nhh... -Pero por ahora, ya no le quedaba más que arrastrarse para tomar algún baño. No deseaba ver a nadie en largo rato... Tal vez con algo de suerte se ahogaría, aunque luego de todo, estaba convencido de que la vida gozaría extender su miseria mucho más; por lo que solo se limitó a seguir su desolado y solitario camino a rastras hacia el baño.
Así sería su vida desde hoy ¿No? Y que más daba, solo era un ser asqueroso y usado que no debió nacer...
#######
Uhn... ¿Qué hora es?
No se había fijado realmente en su reloj cuando se vio forzado a escabullirse a la cocina hacía unos minutos, solo había seguido a su estómago para morder un trozo de pan.
Vamos, no lo culpen. Cenó poco y el pan que compraba Medouco era simplemente delicioso, podría comerlo a todas horas.
_Ughm... Esto es la gloria. -Sollozó del gusto antes de darse ese último bocado y sacudirse las migas.
Listo, ahora ya se sentía pleno de nuevo.
Aunque... Por su propio bien lo mejor era que Rieta no lo supiera, no necesitaba de sus discursos sobre comer fuera de horas y vitaminas.
Era temprano para ello, aunque... No tanto para cierto deseo que golpeó su pecho apenas fue arrastrando sus pies rumbo a su habitación y vio de reojo la puerta del cuarto de su hijo.
Licorice...
Ahora que lo recordaba todavía le seguía dando vueltas al asunto de la noche anterior.
Su hijo no le había dejado abrazarlo ni darle un beso de buenas noches.
_Uhn... -Bufó, acercándose a la puerta.
Bueno, si no pudo a hacerlo para dormir, tal vez hoy podría darle los buenos días.
Después de todo, eso era algo que su lindo niño solía hacer con él ¿Cierto? Acurrucarse a su lado para ser el primero en ser visto cuando despertase.
Ivlis también quería probar eso, y por ello no se contuvo a ingresar al cuarto del 'pequeño durmiente' hasta llegar a la cama, demasiado emocionado y distraído como para darse cuenta... De que éste no estaba tan dormido como imaginaba.
¿Uh? ¿Q-quién es? ¡¿Madre?! ¿Qué hace aquí?
Ni siquiera hizo el esfuerzo de moverse o delatar su estado consciente. No tenía fuerzas ni ganas de hacerlo. Hacía tan solo unos minutos había terminado de curarse y calmarse para limpiarse un poco bajo la ducha y volver a la cama a tratar de pasar un rato a solas para ahogar sus penas y permitir a su cuerpo un poco de reposo, pero la inesperada llegada de Ivlis era algo con lo que no contó.
_Tesoro... -Murmuró el adulto, acomodándose en el borde de la cama para estar más cerca suyo. Consideró la idea de abrazarlo, pero creyó que podría despertarlo y eso no era lo que quería.
Era muy temprano, mejor lo dejaba dormir un poco más.
Sin embargo, aquello no evitó que al menos se le apegara un poco hasta casi oler su cabellera.
Vainilla...
El adulto sonrió. Dulce... Un aroma dulce que adoraba tanto de su pequeño y el jabón que solía usar, aunque... Era raro. Casi parecía como si acabara de salir de un baño, pero eso era absurdo.
¿Por qué motivo Licorice se bañaría a aquellas horas?
Tal vez el apetito estaba transtornando su olfato, pero no lo iba a pensar más. Solo iba a disfrutar de este rato en lo que creía que la somnoliencia de ambos pasaba hasta que de verdad fuese hora de desayunar.
Un típico y cálido momento mañanero, todo porque Ivlis fue incapaz de percibir las silenciosas lágrimas que su hijo le acultaba bajos las mantas y su flequillo.
L-lo siento... ¡Lo siento!
Estaban tan cerca el uno del otro, pero el dolor ya había comenzado a alejarlos.
¡P-perdona por dejar que me ensuciaran de nuevo...!
Su madre no podía verlo, pero estaba roto... Igual que sus ilusiones y sueños.
Notas finales: Hola... Tardé menos de lo esperado. Lo sé, pero es que este cap ya lo tenía planeado y escrito en gran parte desde antes :'^)
No me odien \3 Les juro que todo el dolor del child valdrá la pena en su momento :'D
Y recuerden, si me matan no sabrán como sigue esta wea (?
Y de a mientras, les dejo el significado de algunas flores(?)
Rosa borgaña: Belleza. Usualmente la uso para representar a Licorice.
Dondiego: Esperanzas perdidas.
Lila: Lágrimas.
Margarita: Inocencia.
Narciso Orquídea: Egoísmo
Verónica: Fidelidad
Y... Pos nada, no me queda más que decir. Hasta a mi me pone sad este cap, so...
Nos leemos luego~
