Capítulo 5
Sanando
La ciudad de Los Ángeles les dio la bienvenida aquella noche de domingo, después de un muy largo fin de semana con la familia Leagan. Se sentían exhaustas pero contentas, arribaron a su departamento y se dirigieron a sus habitaciones, ninguna tenía fuerzas para hacer comentarios respecto a su primera estadía en Chicago.
Candy se colocó su camisón de dormir y se sumergió pronto en un sopor agradable, en realidad, hacía tiempo que no conseguía dormir de inmediato. La mañana la sorprendió demasiado rápido para su gusto, se bañó y se alistó rápidamente, tenía varias reuniones para el día y lo mejor sería salir de inmediato.
Buenos días ricitos de oro, pensé que tendría que entrar a despertarte - saludo burlona Dan desde el desayunador. Muy graciosa, a ti en cambio te pondré una estrellita por haberte levantado a tiempo – respondió con gracia mientras tomaba un poco de leche y sus hot cakes – ¡Delicioso!, como siempre, gracias nana – le grito a la mujer que les sonreía desde la cocina. Por cierto, creo que tendremos que empezar a planear nuestras actividades con mucho más premura y precisión que antes, este proyecto en verdad va a requerir de mucho esfuerzo y tiempo, estuve pensando que quizá deba llamar a Jenny, ella podría ser mi apoyo aquí durante el tiempo en el que definimos si trasladamos el corporativo a Chicago, ya que no considero saludable estar dando viajes a diestra y siniestra. Creo que es una buena idea, espero que no esté muy liada con su agenda, esa mujer no para nunca, me indicas si está disponible, yo por el momento debo irme, cité muy temprano a jurídico para ver la renovación de varias pólizas, creo que tu adorado Matt está pidiendo modificar algunas cláusulas, actores, se sienten la última bebida en el desierto – resopló con molestia Candy. ¡Hey!, ¡Detente ahí!, no puedes quejarte de ese bombón, además esa cuenta me costó mucho, yo puedo hablar directamente con Matt Damon, sin necesidad de involucrar a su representante – señalando con su tenedor como un caballero medieval se apasionaba Dan en su defensa. Ja ja ja, que miedo me das, pero no hay necesidad de llegar a eso, mejor confiesa, di que te mueres por ver a uno de tus "tantos" favoritos, en serio, no sé cómo puedes saberte casi la biografía completa de todos esos niños bonitos, la mayoría ni siquiera tienen galanura fuera del set de filmación. ¡Blasfema! – Dan abrió tanto los ojos y se incorporó indignada para depositar sus trastes en el fregadero mientras abrazaba a su nana con un puchero – La vez nana, es una loca, como puede decir eso de mis hermosos ejemplares, si bien que recibía los halagos de uno que otro, ah y ni se diga de Chris Evans, si hasta la baba se te cayó.La nana soltó una risa al ver como Candy se levantaba y trataba de despeinar a Dan, quien se escondía detrás de ella. Después de un rato de estarse embromando, ambas chicas se dispusieron a cubrir sus respectivas agendas.
Al llegar a su oficina, la rubia se sorprendió al encontrar un par de arreglos en su escritorio. Se acercó al primero, el cual tenía unos bellos narcisos, debía imaginarlo, eran de parte de Neal, sonrió con cariño mientras guardaba la tarjeta en su cajón, después tomó la tarjeta del otro arreglo, el cual tenía unos lindos tulipanes, sin sorprenderse vio que eran de parte de Robert, vaya, sólo había bastado un fin de semana para que su grupo de amigos volvieran a entrar en contacto, sonrió con algo de melancolía y se dispuso a iniciar su largo día.
Dan arribó con seguridad a aquellas oficinas de la Unicef, tenía una peculiar entrevista con uno de los tantos famosos del mundo del cine que colaboraban con la organización, a la cual ella le brindaba mucho de su tiempo y debía de aceptar, de su cariño, habían sido su fuerza en tiempos difíciles y ahora que sentía que iba dejando atrás su dolor, quería tomar con más énfasis esos proyectos en los cuales su madre la hubiese sumergido desde su tierna edad.
Dan cariño, un gusto que nos acompañes, tenemos un par de propuestas para los fondos que se recabarán para las comunidades de Argelia y La India. Eso es fabuloso, espero que nuestro colaborador no demore, en verdad debo definir hoy en cual participaré.La mañana transcurrió planeando y poniéndose de acuerdo con aquel que con entusiasmo aceptaba todas las condiciones de aquella propuesta, mientras veía con simpatía a aquella joven que le coqueteaba sin reparo, alrededor del medio día se despidieron, prometiendo mantenerse en contacto por teléfono.
Las semanas transcurrían de forma demasiado rápida, entre sus visitas a Chicago y su trabajo en Los Ángeles apenas si habían podido convivir una tarde completa, se habían sumergido de lleno en el proyecto, los avances para mudar gran parte de sus responsabilidades a Chicago se habían demorado por un tiempo debido al contrato que había conseguido Dan con Paramount, Neal les realizaba visitas para compartir con ellas un poco de tiempo los fines de semana, durante los cuales inevitablemente continuaban trabajando, el ritmo era pesado y empezaba a mermar las energías.
Ese sábado iban a partir a Chicago para permanecer allá un par de semanas, sin embargo.
- Candy, me es imposible acompañarte, debo revisar un par de cosas y aunque no demoraré más de un día, no creo tener muchas fuerzas, sino hay problema te alcanzaré el miércoles.
- Dan, pero quedamos en ir a ver el departamento mañana para poder instalarnos…
- Lo sé, lo sé, pero de verdad, es importante lo que debo hacer.
- Bien, tendré que dar el visto bueno sola, espero que de verdad no haya nada que demore más tu llegada.
- Te contaré cuando nos veamos, estaré en casa el fin de semana y el lunes atenderé los pendientes que tengo.
Candy por un momento no supo que decir al escuchar esa declaración, su rostro reflejo sorpresa y su mente viajó al pasado, a aquellos días en los que sus sueños iban de la mano de un guapo castaño de ojos intensamente azules y sonrisa cautivadora, sin advertirlo siquiera las lágrimas descendieron por sus mejillas, Dan esperaba paciente del otro lado de la línea, aguardó un tiempo prudencial antes de volver a la rubia al presente.
- Lamento no habértelo dicho antes, no sabía que reacción ibas a tener y creo que es momento de dejar ir todo el dolor, no te preocupes por mí, nana Pony me acompaña, yo debo retomar las riendas de mi vida y debo empezar en algún lado, no estoy lista para permanecer de forma permanente, pero debo iniciar a estar cerca de lo que me legaron mis padres y de mis memorias.
- Sí, creo que comprendo tu sentir, espero no dejar pasar mucho tiempo para que yo haga lo mismo.
- Debemos dejar de huir y enfrentarnos al dolor Candy, hemos dejado que nos consuma y vivimos en una falsa y aparente alegría que duele, sabes, duele no poder sonreír de verdad, sólo para que los demás no vean lo que guardo tan dentro, ya no quiero, necesito recordar sin sentir que me ahogo de tristeza.
- Yo, te entiendo, de verdad lo hago, pero no estoy lista, yo aún no puedo volver a ese lugar tan lleno de recuerdos, cuídate y si necesitas algo, ahí estaré, lo sabes.
- No te preocupes, estaré bien, sólo serán unos días, por cierto, Jenny llegará a Chicago el lunes, me pasas el dato del apartamento, se quedará con nosotras en lo que encuentra un espacio para ella, la necesito de forma permanente en Chicago porque creo que empieza a ganarme el tiempo y no quiero que nada detenga los avances.
- Si, de acuerdo, les enviaré la información a ambas, sabes que te quiero revoltosa.
- Yo también Candy, yo también.
La comunicación se cortó y la rubia se dejó caer en el sofá mientras las lágrimas le nublaron la vista y ella no hizo ningún esfuerzo en contenerlas, lloró hasta que sintió que era el momento de dejar de hacerlo, se levantó y se dirigió a su recamará, tomó la foto de quien fuera su prometido en vida.
- Terry, te he extrañado tanto, he sido egoísta, porque no sólo eras mi todo, sino el de tu hermana también, creí que mi deber era cuidarla en tu ausencia, sin embargo, ha crecido y madurado más de lo que esperábamos, dejo de ser aquella niña a la que todos nos preocupábamos por mantener en una caja de cristal, si pudieras verla.
Dejo la foto en su lugar mientras tomaba la que estaba a un lado, en ella se observaba a su hermano, sonriendo mientras ella misma le daba un tierno beso en la mejilla después de haber pasado un agradable día de campo, esa fue la última fotografía que su padre les tomara antes de dejarlos también.
- Tom, prometiste quedarte siempre a mi lado, no me ibas a abandonar, tú no te irías como ma' o pa', eras el árbol en el cual encontraba refugio y consuelo en mis días grises y desolados, eras más que un hermano, fuiste mi amigo, mi confidente y en muchas ocasiones actuaste como un padre, no sabes cómo duele tu ausencia, no sabes cómo aún sangran las heridas de tu partida, ayúdame desde donde estás, ayúdame a continuar y dejar de llenar mis días con trabajo, quiero vivir, por ti, por Terry pero sobre todo, por mí, si hay algún plan para mí en esta vida, enséñame el camino, marca el sendero que debo seguir, porque yo, no lo encuentro, de verdad que no lo encuentro…
La tristeza la embargó sin poderlo evitar, abrazada de la foto de su hermano se acurrucó en su cama y se dejó llevar por el cansancio, tratando de encontrar en ese sueño algo que le indicara hacia donde debía dirigirse.
El amanecer sorprendió a Candy en la ventana, luego de dormir unas cuantas horas se levantó y decidió esperar el amanecer, tenía que partir al aeropuerto temprano y dejar instrucciones para el cuidado del apartamento a Luisa, quien fuera la mano derecha de su padre en el cuidado del rancho y de sus hijos, a sus casi 60 años pareciera que la vida no le pasaba factura, sino fuera por las hermosas hebras plateadas que adornaba su cabello podría pasar por alguien de menos edad.
- Vamos Candy, no necesito tantas indicaciones no es la primera vez que me hago cargo de tus cosas, además esto es nada en comparación del rancho.
- Créeme que lo sé, es la costumbre supongo, llevar las riendas de la empresa me lleva en ocasiones a olvidarme de ciertas cosas.
- Porque no aprovechas que pasarás más tiempo en Chicago y te despejas, tanto trabajo no es bueno, tu padre a pesar de todo lo comprendía y por eso los fines de semana lo dedicaba a ustedes.
- Tienes razón quizá deba empezar a socializar un poco.
- ¿Un poco?, muchacha, no eres una quinceañera, a tus 27 años yo ya era madre de 3 niños, al paso que vas no me dejarás consentir a tu primogénito.
- Qué cosas dices Luisa, pero no te preocupes, quizá en dos o tres años te lo conceda.
- Si tu lo dices, anda, vete ya, que por muy dueña de avión que seas no es bueno hacer esperar al piloto.
- De acuerdo, nos vemos en un par de semanas.
Con el firme propósito de empezar a hacer cambios con su vida, Candy se alejó de su edificio para partir a la ciudad de los vientos.
En una residencia a las afueras de Los Ángeles una castaña se levantaba apenas luego de haber pasado la noche viendo videos de su infancia, llorando por los bellos momentos vividos con su familia y lamentando la ausencia de todos y cada uno de ellos. Su nana entró con una bandeja donde llevaba un poco de fruta, jugo recién hecho y unos huevos con tocino como le gustaban a su niña.
- Levántate floja, hace un día maravilloso, si te apuras podrás salir a cabalgar y llegar a los linderos de la propiedad y regresar para el almuerzo.
- Ay nana, hace un tiempo que no lo hago y no creo poder el día de hoy.
- Claro que puedes, anda, no me pongas pretextos y ejercita ese cuerpo, que tanto trabajar no ayuda, tendrás una figura de infarto pero si no haces ejercicio te podrás vieja antes de tiempo.
- Oye, soy muy joven todavía, a mis 24 años no puedes decirme esas cosas, además, te consta que hago bicicleta y ocupo la caminadora religiosamente todos los días al menos por media hora.
- Si, si, si, lo que tu digas, pero no es lo mismo que respirar el aire mientras el sol te baña, mírate, te hace falta un poco de color, así no conseguirás novio en Chicago.
- Nana, ya te dije que eso no está en mis prioridades ahora mismo, debo conocer chicos, eso sí, es definitivo, pero no, no he encontrado al indicado.
- Es que pides mucho cariño, tú crees que puedes conseguir a uno que se parezca a todos esos actores por los que babeas desde los 13 años.
- La muñeca lo vale, ¿o no? – cuestionó risueña mientras terminaba de desayunar.
Se levanto y tras una rápida ducha se vistió con su traje de amazona, sus botas y una texana negra que le regalara su hermano al cumplir sus 20 años. Descendió las escaleras y se detuvo en la sala para contemplar la hermosa foto familiar que se encontraba encima de la chimenea, sus padres no querían hacer algo como aquello, decían que el hecho de descender de la realeza británica no los obligaba a tener ese tipo de cuadros en la casa, pero ella no lo pensó así y termino convenciendo a todos para que vestidos a la usanza de principios del siglo XX posaran para aquel hermoso cuadro, donde las damas sentadas al centro, mientras los caballeros estaban a los lados, en pose por demás protectora.
Sonrió con nostalgia y limpió un par de lágrimas, ya no quería llorar, ya no lo iba a hacer, había decidido que a pesar de todo lo que le dolía la ausencia de su familia, tenía que continuar, haría todo para que su apellido siguiera estando presente en los más altos niveles con su esfuerzo y su trabajo. Se dirigió a las caballerizas donde ya le tenían listo a Black King, su caballo, con agilidad y gracia lo montó, afianzando las cuerdas lo azuzó para iniciar su recorrido.
Mientras avanzaba, no pudo evitar llorar al recordar todo lo vivido en aquellos campos que ahora cruzaba, no bajó la velocidad en ningún momento, los hombres que cuidaban los alrededores sonrieron al verla de aquella forma, hacía más de un año que su pequeña ama no paseaba por allá y eso les dio esperanza de que volverían a verla más a menudo por ahí.
A lo lejos logró distinguir el riachuelo que dividía su propiedad de los vecinos, no era profundo y nunca tuvieron necesidad de alzar cercas o vallas que impidieran el paso de una a otra, eran amigos cercanos y ella casi siempre llegaba hasta la otra propiedad para pasar ratos agradables con sus moradores, sin embargo, no estaba segura de que los cuidadores le conocieran, por lo que empezó a disminuir el galope. Llegó al trote a la orilla del río, descendió y amarro a su caballo a un árbol, se acerco al río y se refresco el rostro.
- No creí encontrarte por aquí precisamente hoy.
- Eli, me has asustado, no hagas eso – respondía Dan mientras se llevaba una mano al pecho.
- Lo siento, no era mi intención, pero hace tanto que no venía que decidí salir a dar un paseo.
- ¿Estás tú sola?
- No, en realidad mis padres insistieron en que debía acompañarles, pero no es fácil, sabes. Ellos no saben lo que todo me afecta aún, he tenido tantos "novios" según ellos, que creyeron que ya no lo recuerdo.
Las lágrimas afloraron sin control por sus ojos, Dan se acercó a ella y la abrazó, cuan frágil y rota estaba aún su pelirroja amiga, permanecieron así un buen rato, cuando Eliza comenzó a tranquilizarse, Dan aflojó el abrazo y la guió a la sombra de un árbol.
Estuvieron en silencio un rato más, hasta que la pelirroja soltó un fuerte suspiro y volteó a ver a la castaña.
- ¿Qué haces aquí?, es decir, hace tiempo que no vienes, te has volcado en trabajar tanto que yo pensé que estarías rumbo a Chicago, Neal me dijo que tenían un par de compromisos a inicio de semana.
- Sí, los hay, pero por eso mismo decidí que tengo que hacer algunos cambios, necesito enfrentar mi dolor, vivir con él, evitar que me lastime y me consuma más, ya no quiero seguir así, en otras palabras, me canse de auto-compadecerme, ¿y tú?
- Huyendo, como siempre – la pelirroja se encogió de hombros y fijó su vista en el río.
- ¿Quieres pasar la tarde conmigo?, tengo pensado atascarme de helado y ver películas cursis que me permitan derramar tantas lágrimas hasta que ya no quede una sola más por derramar – le sonrió con tristeza Dan a la pelirroja.
- Sólo si me acompañas a almorzar y me libras de asistir con mis padres a su aburrida reunión, insisten en encontrarme un marido – río sin ánimo.
- De acuerdo pelirroja, ¿tu caballo?
Eliza silbo y al momento un hermoso corcel blanco llegó a ella, luego de darle un par de caricias lo monto y con un movimiento de cabeza instó a su amiga a que la siguiera. Dan hizo lo mismo y azuzando de más a su caballo empezó una carrera en la cual ella llevaba ventaja. Llegaron a las caballerizas de los Leagan y luego de entregar los caballos al capataz ingresaron a la casa.
- Mamá, a quien crees que he traído a almorzar, papá, ¿Dónde están?
- Eliza, que modos de gritar, ¡Oh Dan!, ¡Qué alegría tenerte aquí! – Neal llegó hasta ella y elevándola del piso le dio vueltas haciendo reír a la morena.
- Neal que modales son esos, hola hermosa, que gusto tenerte por aquí, nos acompañas a almorzar, ¿verdad? – le sonrió con cariño Sarah luego de soltarla de su abrazo.
- Si por supuesto, espero que hayas hecho esa deliciosa tarta de queso con fresa que tanto me gusta.
- ¡Vaya, pensé que la glotona era Candy! – rió con ganas el Sr. Leagan sumándose a la familia.
- Es una mala influencia en mi vida – dijo con dramatismo Dan llevándose una mano a la frente.
La charla inició mientras se dirigían al comedor para almorzar, Dan rió con ganas mientras Neal contaba una de sus tantas anécdotas en su travesía por Europa, incluyendo una donde creyéndolo homosexual lo habían dejado entrar a los camerinos de las modelos en un desfile de Coco Chanel en París.
Cerca del atardecer, Dan y Elisa decidieron irse, los Leagan no objetaron nada, adoraban a la pequeña enana, como todos le decían, al ser la menor de ese grupo de chicos que antaño ponían de cabeza sus vidas con tantas ocurrencias.
Esa tarde prometía ser solo de chicas, por lo que al arribar se dirigieron a darse un baño para disfrutar de horas interminables de charla y películas.
Candy arribo a Chicago a las 12 del día, descendió del jet y se sintió sola, Dan no la acompañaba y eso le golpeo con fuerza, la morena tenía razón, eran jóvenes e independientes, tendía que empezar a tomar en serio su vida, no podía estarse lamentando todo el tiempo, nada de lo que hicieran podría regresarles la vida de antes, a sus seres amados, abrió su bolso y les sonrió a sus padres y hermano, se acomodó los lentes de sol y abordó el auto que la llevaría a la que sería su morada transitoria en aquella ciudad.
Mientras el auto recorría la distancia, ella se dejó llevar por los recuerdos…
Un lindo día como aquel, había salido a divertirse con sus amigas, terminaban la preparatoria cuando lo vio descender de su preciosa Harley Davison, enfundando en jeans y una hermosa chaqueta de cuero, se veía rudo y sexy, no lo pensó, se dirigió a sus brazos los cuales la recibieron y la alzaron hasta que un suave beso los hizo regresar a la tierra.
- ¿A dónde vas? – cuestionó el castaño mientras acariciaba los rubios risos de su novia.
- Con las chicas a celebrar el fin de curso, iremos a comer pasta y luego a patinar un rato – respondió risueña mientras el besaba sus mejillas.
- Tendrás que cancelarlo, he venido por ti y no pienso dejarte ir – dijo sereno mientras la observaba a los ojos.
- Pero Terry, muchas salen de viaje y quizá no las vuelva a ver, no me hagas esto, además, no sabía que vendrías por mí – dijo con un puchero la rubia.
- Estoy bromeando, sólo quise confirmar que estabas bien – le dijo con ternura mientras le acariciaba las manos con su pulgar.
- Tranquilo, no debes preocuparte, además, no haré nada peligroso, un par de cervezas, un poco de pasta y nos vamos a la pista, ¿pasas por mí?
- A las 7 en punto, pecosa.
La chica asintió y se despidió de su novio con un profundo suspiro luego de besarlo con entusiasmo, aquel había sido un día perfecto, lleno de alegrías y cerrando con broche de oro la cena familiar donde los Granchester, Stevenson y Leagan celebraban la graduación de la joven.
Cuando el auto se detuvo ella volvió de sus memorias y observó el edificio el cual sería su hogar temporal en esa ciudad, sonrió con melancolía y se dirigió al mostrador, en donde le entregaron la llave para utilizar el elevador, ingresó y pulsó el botón de penthouse. Al abrirse las puertas y adentrarse en el pasillo observó 3 puertas, verificando los números se dirigió a la que estaba al centro, estaba por tocar la puerta cuando esta fue abierta.
- Señorita Stevenson, un placer recibirla, espero que le agrade el lugar, recibí instrucciones precisas de habilitar dos habitaciones principales y una más para los huéspedes.
- Señora James, le agradezco, espero no haberla complicado mucho, en verdad no tenemos mucho tiempo para realizar visitas para supervisar el amueblado, espero que todo esté en orden para ser habitado.
- Todo en su lugar, pusieron a funcionar todos los electrodomésticos ayer y prácticamente sólo necesita ocuparlos.
Candy se desplazo por todo el departamento, la vista la maravillo, era muy elegante y moderno, los muebles le parecieron un tanto fríos pero ya se encargarían de darle algo de calor a aquel sitio, llegó a la cocina y se sorprendió gratamente al ver un enorme ramo de tulipanes, tomó la tarjeta y sonrió.
"Bienvenida a tu morada, llámame en cuanto puedas"
Robert
La rubia sonrió y sin dudar marco al número de su amigo, no obtuvo respuesta y decidió que lo haría más tarde, estaba por revisar las habitaciones cuando la puerta del apartamento sonó, volteó a ver a la señora que a partir de ese día estaría a su servicio, la cual negó indicándole que no sabía nada.
Sin dudar se dirigió a abrir y tardo más en hacer eso que en sentir que era levantada del piso y daban vueltas con ella.
- Robert, por Dios, bájame, aun no almuerzo
- Hola hermosa, es un placer tenerte ya de vecina, ¿Qué te parece?, es lindo, ¿no?
- Apenas llegué, gracias por las flores, ni siquiera he visto las habitaciones.
- Espero que no te moleste, pero compartiremos los servicios de la Sra. James, no tenemos 5 años, por lo que considero que puede venir unos días con ustedes y otro día con nosotros.
- ¿Vives con alguien?
- En realidad, comparto con Neal, es que luego de ver el apartamento decidí que es demasiado para un soltero, además, a ese cabrón lo que le sobran son las chicas, no creo que tenga tiempo para todas.
- ¡Qué lenguaje Rob!, deberé llamar a tu madre y contarle como te comportas.
- Si la encuentras me la saludas – respondió encogiéndose de hombros.
- Lo siento, no creí que siguieras en las mismas, ven, enséñame el lugar.
- Sra. James, ¿podría pedir una pizza a los cuatro quesos y algo de pasta para comer por favor?
- ¿Desea que les prepare algo de comer mejor?
- No, sólo pida eso y vaya a descansar, gracias por recibir a mi amiga, la vemos el lunes, sólo indíquele a Alan que suba las maletas de la señorita.
La dama se despidió con un asentimiento de cabeza, realizó el pedido y descendió por el elevador, no olvidando el encargo de uno de sus empleadores. La rubia detalló cada habitación y decidió quedarse con la que tenía la vista hacía el parque, sonrió al saber el berrinche que haría Dan por ganarle la habitación, aunque desde cualquiera se tenía una maravillosa vista.
Los chicos recibieron su pedido una hora más tarde y mientras comían recordaban sus andanzas y vivencias, riendo la mayor parte del tiempo, luego de ayudarle con el equipaje a Candy de la sala a la que sería su habitación se dispusieron a ver una película.
- Oye Rob, en realidad quisiera hacer algo divertido hoy, ¿conoces algún lugar? – cuestionó la rubia.
- Sí, recién fuimos a uno donde hay música en vivo y tienen buena comida.
- Suficiente para mí, ¿vamos?
- Claro, nos vemos en unos 40 minutos, vengo por ti.
Cerca de las 9 arribaron a un canta bar que se veía muy exclusivo, la fila para entrar era inmensa y parecía que sin reservación no podían ingresar, sin embargo, Rob la condujo de la cintura y llegaron a la entrada, luego de intercambiar un par de palabras con el hombretón de seguridad les dieron acceso, dirigiéndolos a una zona exclusiva.
La rubia sonrió complacida mientras observaba todo a su alrededor, se encontraban en la planta alta del sitio, enseguida fueron atendidos y en lo que les llevaban sus bebidas comenzaron a charlar, estaban muy concentrados en la plática, sin embargo, la rubia comenzó a sentirse inquieta, para descartar cualquier cosa tomó su celular y le marcó a Dan.
- Hola revoltosa, ¿Qué tal tu día?
- ¡Hola Candy! Todo bien por aquí, estamos divirtiéndonos muchos, bebiendo como desesperadas y comiendo toda la chatarra del mundo – respondió demasiado efusiva la morena.
- ¿Con quién estás?, ¿en dónde estás? – preguntó desconfiada la rubia mientras Rob la observaba con una ceja alzada.
- Pues en casa, hip, donde más, hip, viendo el Diario de Bridget Jones con mi amiga, hip, pelirrojaaaaaaaaaaa, ven, saluda a ricitos de oro – la morena soltó una carcajada mientras le pasaba el teléfono a su acompañante.
- Hola ricitos, hip, aquí todo bien, hip, ya deja de trabajar, hip, diviértete como nosotras, hip – la chica comenzó a reír mientras le colgaba a la rubia.
- ¿Qué sucede? – indagó Rob mientras veía como la chica movía la cabeza para luego sonreír.
- Todo en orden, parece que Elisa y Dan decidieron acabar con la cava de los Granchester.
El joven alzó las cejas incrédulo para luego comenzar a reír al lado de la rubia, volviendo su atención al lugar, de un momento a otro las luces bajaron de intensidad al tiempo que se iluminaba el escenario, donde se empezaron a escuchar los acordes de una guitarra, en cuanto comenzó la música la chica se dejó envolver por la voz del vocalista de Imagine Dragons, de pronto, el sonido del celular la hizo desviar la vista a él y sin poderlo evitar soltó una carcajada al observar la imagen, unas muy ebrias chicas, envueltas en pijama y bufandas de plumas se tomaron lo que para ellas debió ser una pose sexy, pero para quien veía la foto, era claro que ahí seguían un par de chicas queriendo resurgir de las cenizas, tal como ella debía comenzar a hacerlo…
La velada terminó y se dirigieron a su edificio, se había divertido bastante en compañía de su amigo, el cual la llevaba del brazo mientras ella descansaba la cabeza en su hombro, las puertas del ascensor estaban por cerrarse cuando unas manos lo evitaron, un suave aroma a maderas con almizcle y bosque mezclado invadieron los sentidos de la rubia, mientras un joven ingresaba a la par de ellos.
- Perdón, pero no deseo esperar mucho – se disculpaba al tiempo que dirigía su vista a la pareja, sus ojos entonces se posaron en la chica quien lo veía y le dirigía una cálida sonrisa – Candy, que gusto verte.
- Hola Archie, ¿vives en el edificio?
- Eh, sí, sí, en el penthouse, ¿y tú?, perdón, buenas noches Sr. O'Connell – se dirigió al joven al percatarse de su descortesía, el joven le devolvió el saludo con un asentimiento de cabeza
- ¡Vaya, somos vecinos entonces!
- Eso es excelente, espero que te agrade el lugar, es bastante funcional.
Llegaron a su destino, mientras Candy y Rob se dirigían a la puerta de la rubia, el castaño no despegó la vista de la joven hasta que la vio desaparecer detrás de la puerta, entonces, fue consciente de la mirada que Rob le dirigía, despidiéndose con un asentimiento de cabeza se giró e ingreso a su departamento.
Sí, definitivamente ese había sido un gran día para todos, al menos, para aquellos que empezaban a cerrar episodios, con la esperanza de tener un mejor panorama, como para aquél que empezaba a fantasear con una rubia de suave mirada y hermosos ojos verdes.
…
Lo sé, lo sé, he dejado mucho tiempo sin actualizar, pero como muchas, tengo una familia y un empleo que atender, gracias a todas y cada una de ustedes lindas chicas que siguen la historia, poco a poco vamos develando las relaciones, la que no es ninguna sorpresa, pero aun falta para saber porque nuestras amigas están sumidas en la tristeza.
Gracias por seguir ahí, con cariño para cada una de las niñas que me han dejado un review.
Las leo en el próximo. Saludos!
