Capítulo 6

Oportunidades…

Era muy temprano para iniciar labores, sin embargo, la rubia estaba ansiosa por iniciar el día, después de su rutina de ejercicios y una buena ducha se puso a revisar unos correos antes de partir a las oficinas Andrew, se preparó un café y abrió la laptop para empezar, no había vuelto a saber de Dan, esperaba que no se hubiera bebido toda la reserva Granchester, sonrió y se concentró en lo que le faltaba, a las 6:30 se dirigió a su habitación para concluir con su arreglo, eligió un vestido de corte recto beige, con tirante grueso y un saco café a juego con sus zapatillas, aretes y gargantilla discretos, arregló su cabello en una coleta alta, se colocó su perfume, concluyó el maquillaje y tomó sus cosas, tendría que pasar a desayunar algo ligero si quería aguantar la jornada del día.

Se encaminó a la puerta del apartamento una vez que agarró su bolso, apenas había dado dos pasos al elevador cuando una voz la detuvo.

- Candy buen día, ¿tan temprano a la oficina?

- Hola Archie, sí, bueno no voy todavía para allá…

- Entonces puedes acompañarme a desayunar, ¿qué te parece?, luego podremos irnos a las oficinas, se de un lugar que te va a encantar - ofreció sonriente mientras el elevador descendía.

- Si por supuesto - la joven no se dio cuenta del suave rubor que tiñó sus mejillas, pero su acompañante sí.

- ¿Y la Ing. Granchester no viene?

- No, ella tiene algunos pendientes que resolver todavía, probablemente llegue el viernes o jueves, dependiendo de cuánto avance, sino, puede que la veamos hasta el fin de semana.

Archie la guió a su automóvil, un hermoso BMW negro del año, condujo por las avenidas y se detuvo en un lugar que nada tenía que ver con el atuendo de los jóvenes, una modesta cafetería los recibió con el aroma de hot cakes recién hechos, la joven sonreía mientras el joven la conducía a una mesa, ella observó el lugar y realmente estaba fascinada, no creyó que el elegante chico que la acompañaba frecuentara un lugar tan sencillo y acogedor, no, definitivamente tenía que volver a confiar en las personas y dejar que la sorprendieran.

- Te van a encantar los hot cakes de aquí, si deseas algo más ligero, te sugiero las ensaladas con fruta, pero yo, definitivamente no podría con algo así.

- Bien, pidamos la sugerencia de la casa.

Al poco tiempo les sirvieron un vaso de jugo y un poco de fruta en lo que les tomaban la orden, Candy se sorprendió con el pedido del joven, él volteó y le guiñó un ojo con coquetería, la chica que les atendía sonrió y se despidió para preparar con rapidez lo solicitado. Empezaron a degustar el jugo cuando de pronto se les unieron dos chicos más.

- Albert buen día, hola Stear - saludó la rubia.

- Perdonen la tardanza, no sabía que tendríamos tan grata compañía - saludo jovial Stear.

- Espero que ya hayas ordenado Archie, con lo que nos costó llegar - cuestiono el rubio a su sobrino.

- Sí tío, ya pedí para todos.

- ¿Y Dan? - preguntó Albert mientras observaba alrededor.

- ¡Oh no!, ella no nos acompaña, no ha llegado a Chicago aún - respondió Candy mientras continuaba con su fruta, sin notar cómo la mirada del rubio se turbaba, para recomponerse en segundos.

- De seguro su novio no se quiere separar de ella, es lógico, yo no la dejaría ir tanto tiempo - completó Stear mirando burlonamente a su tío quien fingió no darse por enterado.

- ¡Ojala fuera por eso! - soltó la rubia sin importancia - se involucra en tantas cosas que créeme que un novio no la detendría - su comentario no alivió mucho el semblante de Albert, quien se quedara callado mientras empezaba a tomar el jugo y la fruta que les habían acercado.

- Sí, la verdad no sé cómo logra compaginar tantas actividades, es increíble verla revisando todo sobre los equipos mientras atiende llamadas sobre otro tema, de verdad, las mujeres son admirables - expresó Stear sincero, lanzando miradas divertidas a su tío quien seguía fingiendo indiferencia.

En cuanto empezaron a llegar los platos todos se concentraron en el desayuno, terminando justo para irse a la oficina. Stear terminó acompañando a su hermano y a la rubia, ya que Albert tenía otros asuntos que atender. Descendieron en la puerta del edificio, Archie se adelantó para ayudar a la rubia mientras entregaba las llaves al encargado del estacionamiento. Fue imposible no posar sus ojos en el trío que ingresaba, si bien estaban acostumbrados a ver a los jóvenes ingresar, la imagen de la rubia escoltada por ambos chicos fue tema durante la mañana.

La rubia descendió en el piso que le correspondía, saludando a todos en su camino a la oficina, dejó la bolsa y el saco en el perchero, su vista se detuvo en el escritorio, donde encontró una hermosa orquídea blanca, descansando en una urna de cristal, sin poder contenerse la tomó y aspiró su suave fragancia, sonrió al ver que el detalle venía del joven Archibald. Colocándola a un lado del monitor se dispuso a iniciar sus labores.

La mañana pronto se convirtió en medio día y no fue sino hasta que un manotazo en su escritorio la hizo saltar que se dio cuenta.

- ¡Serás bruto Neal!

- Hola preciosa, pero estás tan metida que no escuchaste todos mis halagos desde hace más de 5 minutos, no soy muy paciente, lo sabes, así que deja eso y vayamos a almorzar.

- ¡Oh es verdad, que tarde es!

- Para eso me tienes princesa, para alimentarte debidamente y quizá, que me ayudes en un par de cosas.

- ¿Qué estás tramando? - se le quedó viendo con una ceja alzada y cruzando los brazos sin dar un paso más.

- Olvídalo, sabes que eso no te funciona conmigo, tendrás que comer primero para que te de información, vamos, muévete.

- Ya se había tardado en aparecer mi celador, en serio Neal, creo que tendremos que asignarte un sueldo - comento la chica haciendo reír a su acompañante.

Los jóvenes se dirigieron al elevador y en un momento llegaron al estacionamiento, Neal la condujo a su auto y emprendió camino una vez que hubo abordado. La rubia reía alegremente con las historias del moreno, llegaron a un restaurante de comida china.

- La verdad Neal, no se me antoja esta comida, preferiría algo más sustancioso, como una rica y deliciosa Carls Jr (*)

- Lo suponía, si Dan se entera que te malcrío de esta forma usara mi cuerpo como saco de boxeo, pero como soy un excelente guardaespaldas y además medio brujo, voltea un poco a la derecha.

Los ojos de la rubia se abrieron sorprendidos, ahí a unos cuantos locales se encontraba el establecimiento, se estacionaron y de inmediato ingresaron al lugar, pidieron la especialidad de la casa, una hamburguesa de arrachera con guacamole, papas y jugo, mientras degustaban los alimentos, el moreno no dejaba de embromar a la rubia que pareciera que estaba comiendo un platillo excelso y delicioso, luego de unos minutos mientras consumían un helado como postre la rubia lo increpó.

- Bien Neal, soy toda oídos, ¿cuánto me va a costar este pequeño lujo?

- En serio, no puedes aceptar que quiera pasar un momento agradable contigo –respondió fingiendo decepción mientras llevaba una mano a la altura de su corazón.

- No, no, no, entre gitanos no nos leemos las manos, que eso tan importante que necesitas.

- Quiero que conozcas a una chica – respondió el joven con los ojos brillantes – se que en cuanto la veas la amarás, es inteligente, tierna, un poco agresiva a veces, bueno, sólo si la molesto un poco, pero es que es tan fácil sacarla de sus casillas, es adorable.

- ¡OH!, ¡Estas enamorado! –los ojos de Candy brillaron con emoción - ¿Dónde la conociste?, ¿Por qué no me habías dicho nada?

- ¿De verdad Candy?, ¿Cómo se supone que te diga algo si apenas y hemos podido conversar?, además…

- No Neal, no debes preocuparte por Dan, ella ya es una adulta, sé que comprenderá que la vida sigue y que no podemos estacionarnos y ver como todo a nuestro alrededor sigue girando.

- Lo sé, pero no puedo evitarlo, sabes lo que ha tenido que pasar, a eso súmale que la deje sola, me desaparecí por tanto tiempo, aun me lo reprocha, en cada abrazo siento que debo disculparme.

- Es hora de enfrentar el pasado amigo mío, lo que tú y yo necesitamos es una buena velada con un par de botellas de vino, brindaremos porque tienes la oportunidad de continuar y por aquello que ya ha pasado.

- Es una promesa ricitos...

Los días seguían pasando y mientras, Candy se involucraba al máximo en la selección de médicos, llevaban ya cinco meses y pronto tendrían que ir a supervisar la obra en sitio, ya estaban a viernes y con Dan sólo había tenido conferencias con respecto al trabajo, Jenny estaba terminando de adaptarse a Los Ángeles, le había costado mucho haber dejado su departamento en New York para aceptar la oferta de Dan y Candy, siempre había huido de la farándula, hija de un gran actor de Broadway, que ahora en su retiro se dedicaba a preparar a jóvenes talentos para impulsarlos en las tablas.

- Bien Dan, creo que ya tengo todo para empezar a supervisar los contratos pendientes, te llamaré por cualquier duda.

- En verdad, significa mucho para nosotras que hayas aceptado, no podemos cerrar las oficinas aquí todavía, debemos empezar a posicionarnos en Chicago y esta siempre será la oficina central, por eso necesitamos a alguien de toda nuestra confianza, pensamos en Jimmy, pero por el momento está en Francia, dudo mucho que se pueda desocupar en un par de años.

- Él sigue con…

- Sí, sí, bueno, entre otras cosas, pero no lo hemos abandonado, no puedo olvidar ese asunto.

- Dan, yo creo que ya no deberías seguir lastimándote de esa forma, yo creo que…

- En fin, no te preocupes por nada – interrumpió con una sonrisa y dando por cerrado el tema – puedes continuar en el departamento mientras encuentras lugar, sé que no es tu estilo pero nos dará más tranquilidad.

- Si, sin problema, mi padre ha insistido en que utilice la casa de la familia, pero es demasiado grande y no quiero que me relacionen con mi padre, bastante tengo con no poder salir en New York, al menos así pasaré desapercibida y podré conducir sin que un reportero me cuestione por la "novia" en turno de mi hermano o por mi ex.

- Si, te entiendo, bien, creo que ya tenemos todo listo, mañana saldré a Chicago por el mediodía.

- Buen viaje, salúdame a Candy y Elisa.

Dan se dirigió a su casa, no había vuelto al departamento que compartía con la rubia, estaba re-encontrando el valor para hacer los cambios que la ayudaran a seguir y a concluir aquellos temas que la seguían molestando, pronto tendría que realizar un viaje que había estado posponiendo sin más razón que rebeldía, era su deber, lo sabía, pero eso la llevaría a tomar cargos que no le interesaban, pero era el honor de su familia, toda la semana había evitado hablar con la rubia más allá de las cosas del trabajo, aún no se sentía lista para compartir todo lo que estaba por cambiar, todo lo que ella quería realizar.

Sonrió mientras seguía realizando planes, tenía un gran reto por delante, pero estaba segura que eso sería nada, en comparación del beneficio que produciría su nuevo proyecto, ¡Dios!, en verdad estaba nerviosa, pero confiaba en que sería todo un éxito.

- Elisa, espero que ya tengas todo listo, no pienso demorar un día más.

- Hola, buenas noches para ti también – le respondió sarcástica la pelirroja desde el sofá mientras seguía atendiendo su laptop.

- Son mis nervios, aún no puedo asimilar lo que harás, ¿te sientes bien?, ¿necesitas realizar algo más?

- Tranquila mamá, no necesito nada, gracias por preguntar, me encuentro perfectamente bien, pero como me sigas molestando me enfadaré tanto contigo que no habrá postre de ese que tanto te gusta.

- No por favor, ignórame, has de cuenta que no me has visto.

La castaña se levantó de inmediato, dejando a su amiga en la sala mientras corría a la cocina para adelantarse el postre, luego de realizar su travesura se dirigió a su habitación para terminar de arreglar su equipaje, mañana era un día muy importante para ambas chicas y esperaban que todo les saliera como lo habían planeado, había sido una semana demasiado movida y todo se definiría para una de ellas por el momento, la otra, tendría que esperar un tiempo para poder ver cumplido su sueño.

Al fin era viernes, que pesado había resultado ese día, de la nada se le había complicado el día, todo porque Dan aún no arribaba a Chicago y había sido imposible localizarla, la rubia empezaba a preocuparse en verdad, primero porque no se había sentido tan distante de su amiga en los últimos años, era como si estuviera poniendo una barrera entre ellas, sacudió la cabeza y se deshizo de esos pensamientos, seguramente todo se debía a los cambios que estaban pasando ambas, tomó su saco y su bolso y tras apagarla luz de la oficina se dirigió al elevador, aún no rentaba un auto por lo que le tocaría utilizar el servicio de taxi del edificio.

- ¡Candy!, es muy tarde, que haces aún aquí – la increpó Albert quien sostuvo la puerta mientras ella ingresaba.

- No me di cuenta de la hora, creo que me volveré un oso todo el fin de semana.

- ¿Así de terrible estuvo la semana?

- No te imaginas, estamos moviendo parte de las oficinas para acá, por lo que estamos resolviendo algunos asuntos.

- ¿Necesitan ayuda? Sabes que pueden contar con nosotros en lo que necesiten.

- Te lo agradezco Albert, pero debo revisar con Dan el estatus en que quedaron las negociaciones pendientes, por el momento estamos bien.

- Vamos, te acerco a tu departamento.

- No quisiera molestar.

- Ninguna molestia, afortunadamente no tengo ningún compromiso.

- En ese caso vamos, sólo si me aceptas una taza de café.

- De acuerdo.

El par de rubios abordaron el auto de Albert y se dirigieron al edificio donde habitaba la rubia, comentaron algunos puntos que no habían logrado discutir con respecto al personal médico, ingresaron al estacionamiento y tomaron el ascensor que los llevaría al área de los pent-house.

- ¿Qué te ha parecido tu apartamento?

- La verdad es que es tan poco el tiempo que me he dedicado a revisarlo que aún no le he encontrado defectos – sonrió la joven mientras sacaba la llave para ingresar.

La rubia frunció el ceño al tiempo que ingresaba al apartamento, todo estaba iluminado, la sala el comedor, de repente los acordes de la canción Crawling de Linkin Park inundó sus oídos, el rubio no entendía la amplia sonrisa que adornaba el rostro de la joven, hasta que sus ojos se dirigieron a donde la rubia veía con atención, encontrándose con una imagen que difícilmente podría abandonar su mente…

Crawling in my skin
These wounds, they will not heal
Fear is how I fall
Confusing what is real

There's something inside me
That pulls beneath the surface
Consuming, confusing
This lack of self-control I fear is never ending
Controlling
I can't seem

To find myself again
My walls are closing in

-Without a sense of confidence and I'm convinced
That there's just too much pressure to take-
I've felt this way before
So insecure

Ahí, ante ellos y obviando su presencia se encontraba Dan, cantando con emoción y sentimiento la canción, vestida con una pijama gris que se componía de un top de tirantes y un muy pequeño short, mientras sostenía una cuchara, misma que utilizaba como micrófono, dejando sobre la barra su plato vacío, agitaba su cabello al compás de los acordes, realizando movimientos sensuales y cadenciosos, mantenía los ojos cerrados mientras su cabello se movía con gracia de un lado a otro.

Al finalizar la canción los aplausos de la rubia no se hicieron esperar, mientras Dan le dedicaba una graciosa reverencia de agradecimiento, no fue hasta que se incorporó que lo vio a él, su rostro adquirió un bello tono rosa al tiempo que le dedicaba una pequeña reverencia antes de girar y dirigirse a su habitación, el rubio le correspondió con una encantadora sonrisa que se quedó en su rostro hasta que su acompañante llamó su atención.

- Entonces Albert, ¿té o café?

- Café está bien – respondió luego de carraspear un poco y desviando la mirada de la puerta por donde había desaparecido la castaña.

La rubia dejó su bolso y saco sobre un sofá mientras se dirigía a la cocina a poner la cafetera, el rubio la siguió y se sentó en un banco, en el cual supuso él, se había sentado Dan, no necesitó girarse para saber que la castaña se les había unido, no quiso hacerla sentir mal y no fue hasta que ella habló que volvió su rostro para encontrarse con su mirada, inevitablemente su mirada viajo a lo largo del cuerpo de la joven, para encontrarse con decepción que la chica ahora vestía un pants holgado y una playera de mangas cortas.

- Lamento que haya tenido que presenciar ese espectáculo Sr. Andrew – se disculpaba ella.

- ¿Volvemos a hablarnos de usted? – cuestionó él alzando una ceja.

- Deja el drama Dan, ven y dame un abrazo, te he extrañado mucho – Candy salvó el momento mientras encerraba a su amiga en un fuerte abrazo de oso.

- Suéltame Candy, me asfixias, yo también te extrañé ricitos – dijo la castaña mientras se posicionaba en un extremo de la barra y tomaba la taza de café que la rubia le ofrecía.

- No sabía que tuvieras esa voz para cantar – la elogió el rubio sinceramente mientras la observaba sobre la taza de café.

- Sí, bueno, de algo sirvieron tantas clases, debiste escucharla en sus primeros intentos, era un suplicio acompañarla, pero veme, la sobreviví y ahora puedo disfrutar de su melodiosa voz – la embromó la rubia, consiguiendo que la castaña le aventara una servilleta hecha bolita.

- ¿Qué tal estuvo el viaje Dan? – cuestionó el rubio al observar que la castaña estaba inusualmente callada.

- Bien, me toco un poco de turbulencia pero llegamos sin mayores contratiempos, Elisa se fue donde sus padres.

- ¿Qué tal el fin de semana en casa? – cuestionó la rubia mientras depositaba un plato con galletas en el centro de la barra.

- ¡Estupendo!, debiste estar ahí, el domingo hicimos barbacoa y organizamos unas carreras, no puedo creer que el pequeño John me haya ganado, estoy fuera de forma – dijo haciendo una mueca de desagrado – tendré que prepararme, quedamos en que la revancha sería en la fiesta de independencia.

- ¿Carreras? – preguntó confuso el rubio.

- Oh sí, me re-encontré con mi hermoso Black King, debiste verlo correr, tan hermoso y poderoso, pero tuvo una mala jinete y perdió mi precioso – los ojos de Dan brillaron mientras recordaba ese episodio.

- No será Dan, que tus cinco sentidos no se encontraban al cien, digo, porque creo recordar que no tuviste la mejor de tus noches – comentó con picardía la rubia mientras le dirigía una sonrisa traviesa haciendo ruborizar a la chica.

- Sí, bueno, tal vez haya sido por eso, pero te garantizo que la próxima vez le ganaré a ese pillo y recobraré mi primer lugar, lo único que me consuela es que Elisa no lo hizo mejor que yo – concluyó sonriente la joven.

- Bien, ha sido un gusto verte de nuevo Dan, me retiro, creo que tienen mucho de qué hablar y…

- No, no te preocupes, en realidad creo que sería una buena idea que nos acompañaras el próximo 15 de septiembre a mi casa, así conocerás mi cuadrilla completa y si tienes suerte, quizá hasta me des batalla – le guiño la castaña.

- ¿Es un desafío? – acercó su rostro hasta casi rozar su frente.

- Si te da miedo sólo debes decir que no – lo reto la joven, mientras unos ojos esmeralda veía la interacción de los chicos, no entendía en qué momento la plática se había tornado en eso.

Albert estaba hipnotizado, ni siquiera se había dado cuenta cuan cerca estaba su rostro del de la castaña, su vista viajaba de los ojos a los labios que permanecían entreabiertos, mientras la respiración de ambos se mezclaba.

- Nunca rechazo un desafío, será un placer acompañarte – dijo el rubio al fin mientras recuperaba el control de sí mismo y regresaba a sentarse en el banco, que dicho sea de paso, ni siquiera podía precisar cuándo lo había dejado para quedar tan cerca de la castaña, quien lo miraba de una forma indescifrable.

- Bien, será mejor que organices tu agenda, así no habrá pretexto alguno – completó la chica con una sonrisa que seguía retándolo.

- Quizá quieras organizarla tú, de ese modo podrás confirmar mi asistencia.

- Bien, confío en que así será, por cierto Candy, nana dice que no te perdonará no acompañarnos, tuvimos que comer doble porción de chilaquiles por tu culpa.

La rubia largó una carcajada, las raíces mexicanas de nana Pony salían a relucir cuando alguna de ellas tenía resaca y sin duda, Elisa y Dan se habían ganado aquel desayuno levanta muertos como la nana le decía. Albert las miraba con curiosidad, no le sonaba conocido lo que mencionaban, sin embargo su duda se vio resuelta en el momento en que Dan se levantaba y se dirigía al refrigerador, mientras sacaba varios recipientes.

- Espero que tengan hambre, mi nana envió chilaquiles y frijoles como para un regimiento.

- Pensé que ya habías cenado – le interrumpió Candy.

- No, sólo tome algo de fruta mientras llegabas, pero ya que Albert esta aquí degustaremos esta delicia de mi nana.

El rubio estaba fascinado con esa faceta de las chicas, sencillas, sin poses y alegres, sus pensamientos se vieron interrumpidos con el sonar del timbre.

- ¿Esperamos a alguien? – cuestionó la castaña mientras Candy se dirigía a abrir.

- No que yo sepa, seguro es Neal.

Al abrir la puerta se encontró con un rostro que últimamente se le aparecía a menudo, el chico le extendió una orquídea mientras sonreía.

- Hola Archie, gracias.

- Hola Candy, pensé que quizá podríamos ir a cenar algo, no te vi salir a comer, por lo que supuse que tendrías hambre – le decía mientras miraba a la rubia con intensidad.

- Sí, bueno, comí un sándwich en la oficina pero llegas en el momento oportuno, justo estamos por empezar a cenar, entra, acompáñanos.

El joven ingresó dudoso, lo primero que vio fue la espalda del rubio, para luego toparse con la mirada de la castaña que le sonreía desde la cocina mientras agitaba su mano invitándolo a pasar. Llegó hasta la barra y saludo al rubio al tiempo que se deshacía del saco y ayudaba a colocar lo necesario para la cena, Albert estaba a un lado de Dan ayudándole a preparar y observando con atención cada movimiento. Una vez que todo estuvo listo se sentaron, mientras Candy recibía un paquete que había solicitado por teléfono al súper.

- Bueno jóvenes, normalmente esto es picante, pero en consideración a Candy, mi nana hizo lo posible por no dejarlo demasiado, así que buen provecho.

La rubia destapo un par de cervezas y se las ofreció a los chicos, ellos la miraron extrañados, normalmente sus cenas las acompañaban con algún vino, vieron su plato y observaron una especie de guisado verde, cubierto por pollo, crema y queso, les acompañaba una ración de frijoles. Las chicas destaparon sus cervezas y comenzaron a comer.

- Les prometo que no se arrepentirán y necesitaran la cerveza si quieren acabarse esto – les explicaba Dan.

- No están picosos, pero no hay nada como una cerveza para degustarlos – confirmaba la rubia mientras saboreaba su comida, dejando un poco de crema en la comisura de sus labios.

- Creo que no perdemos nada, si me permites – Archie levanto su servilleta y limpió la crema del rostro de Candy, la rubia le sonrió y continuó comiendo.

- ¡Por Dios!, ¡Esto está delicioso!, tu nana es una excelente cocinera – alabó el rubio mientras empezaba a comer con entusiasmo, bebiendo de tanto en tanto la cerveza.

Dan levantó su cerveza y la choco con los chicos, todos se enfrascaron en una agradable plática, donde el tema central fue la comida mexicana y cómo se había hecho costumbre tener platillos en su menú para el placer de todos los que trabajaban en sus propiedades.

Así, en un ambiente tranquilo y sereno pasaron aquella agradable velada, la primera que les había permitido a las jóvenes, hablar de cosas pasadas sin que su corazón se fracturara con cada memoria compartida, recordando anécdotas y conociendo un poco más de sus acompañantes, permanecieron en la sala de aquel departamento donde después de la cena compartieron un agradable momento con los jóvenes quienes también les contaron parte de su vida…

Continuara...

Gracias por seguir leyendo, esto es un hobbie, por lo que de repente es complicado continuar sin afectar mis resonsabilidades, espero que la historia siga gustándoles.

Soy mexicana y al situar a los personajes en la frontera es sencillo que se mezclen las culturas.

Besitos de tequila y hasta la próxima…