ENTREGA
Autora: Lena
Traducción: Kumiko Tsukishiro
CAPÍTULO 2
El oficial en turno miró confundido a Mane y se aclaró la garganta.
"Lo siento, señor, me temo que no puedo entregárselo."
Mane frunció el ceño. "¿Qué quieres decir con que no puedes?"
El hombre se acomodó el cuello de la camisa como si le picara y tragó saliva. "Órdenes de arriba. Recibí un mensaje prioritario de Tanagura diciendo que alguien vendría a recogerlo. Me está absolutamente prohibido entregárselo a alguien más."
"¿¡Qué!?" Gritó Junior. "¿Qué demonios? Es mi padre quien lo ordena. ¡Él paga tu trasero! ¡Él es el jefe! Encerraron a ese tipo para nosotros, no para algún friki de Tanagura."
El policía echó un vistazo a la cara furiosa de Junior e hizo una lastimosa mueca. Obviamente toda la conversación era un tormento para él.
"Lo siento, señor, pero el friki es el Blondie más importante de Tanagura. Con el debido respeto, él es más importante que su padre. Incluso pese a su… generosidad."
Junior produjo un gruñido gutural. Metió la mano en su chaqueta en un gesto que solo podía significar una cosa. Mane levantó el brazo y bloqueó la mano del joven en su pecho. Podía sentir la dura forma entrelazada en los dedos de Junior por debajo de su chamarra. Suspiró. Chico estúpido.
"Basta," dijo, sin mirar a su compañero y dirigiendo al oficial una mirada severa. "Ahora," dijo al hombre, "No lo entiendo. ¿Qué es lo que un Blondie de Tanagura querría de ese tipo? El chico no es nadie. Ni siquiera tiene un nombre."
El policía abrió los brazos desesperado. "No tengo idea, señor. Yo tampoco lo entiendo. Pero no estoy en posición de cuestionar las órdenes del Blondie. Lo siento, no puedo ayudarlos."
Mane apretó la mandíbula, la furia también crecía en su interior. "Bien," gruñó y se dio media vuelta. "Vámonos," le dijo a Junior y caminó a la entrada.
"Espera una llamada de mi padre," escupió el joven, apuntando al hombre con el dedo. "Y ya ve desocupando tu escritorio."
Antes de que la puerta terminara de cerrarse tras ellos, Mane escuchó el agudo y apresurado: "Síseñor," y no pudo evitar que una pequeña sonrisa sádica curvara sus labios.
"¿Por qué demonios lo dejaste ir así como así?" Le gritó Junior cuando se detuvieron en el pasillo. Su cara ligeramente moretonada apareció en el campo visual de Mane. "¡Si hubiera visto un arma entre sus ojos, ningún maldito Blondie de Tanagura lo habría hecho negarse a nosotros! ¿Te estás volviendo blando, Mane, o qué?"
Mane hizo una mueca. "Se llama tener cerebro, tonto, no ser blando. Estoy seguro que tu padre estaría muy feliz de saber que amenazamos oficiales con un arma y secuestramos un prisionero de la estación de policía en su nombre. Y sobre todo, que nos metimos con el Blondie más importante de Tanagura. ¿Verdad?" La cara de Junior se ensombreció. Mane le dirigió una sonrisa burlona. "Muy bien. Ahora, dejemos que él decida qué quiere que hagamos. ¿De acuerdo?", esperó.
Hubo un momento de silencio.
"De acuerdo," dijo Junior a regañadientes.
Mane rodó los ojos. "Eres muy temperamental, niño." Le dio a su compañero un golpecito en la frente. "Un poco de cerebro es lo que importa en nuestro negocio. Las armas grandes son un plus."
El espíritu de Junior volvió en un instante. "¡Hey, no me llames niño! Ni siquiera me llevas años. Y no me sermonees. Se te está olvidando cuál es tu lugar. Basta con que se lo pida a mi padre y tú estás fuera."
Mane rio con sorna. "No lo creo." Decidió que no tenía caso seguir discutiendo. Buscó su celular en los bolsillos del pantalón, pero se detuvo y se dirigió al joven. "¿Quieres llamarlo?"
El chico asintió y sacó su celular.
La conversación resultó muy breve. Dos minutos después, Junior colgó y miró a Mane con una sonrisa.
"Vámonos. Te diré lo que dijo en el camino."
Siguieron por el pasillo hasta la entrada principal, mientras Junior le explicaba a Mane las nuevas órdenes. En la puerta se cruzaron con un joven, más o menos de la edad de Junior. Mane echó un vistazo al mojado abrigo de colas, ceñido al delgado cuerpo del hombre, al cabello avellana, las puntas goteando, y maldijo la lluvia de primavera que los esperaba afuera.
"Su vino, amo." Kyaru puso la charola con la copa de vino en la pequeña mesa al lado de la cornisa.
Raoul lo miró y asintió. El chico inclinó la cabeza y se retiró.
Kyaru había estado ahí desde la muerte de Iason. Raoul no necesitaba otro mueble, Reo era absolutamente suficiente. Pero extrañamente le reconfortaba tener ahí al chico. Como si tener algo que alguna vez fuera de Iason pudiera consolarlo. Hizo una mueca ante la idea de ser tan sentimental. Sabía que no debería.
Ignoró la bebida y volvió la mirada al punto que había estado viendo antes. La torre más alta de Eos. Su punto más alto. El lugar donde Iason había vivido. Actualmente deshabitado.
Después de la muerte de Iason todo el mundo de elites se devanó los sesos especulando quién tomaría su lugar. Quién se convertiría en la cabeza del Sindicato de Tanagura. Quién se mudaría al pent-house de Iason. Raoul era el candidato de todos. Y sí, resultó ser así – Júpiter lo había escogido. Pero solo tenían la razón en parte – él solo era un jefe sustituto. Solo un puesto temporal. Ella justificó su decisión diciendo que Raoul nunca había estado destinado a convertirse en el líder de la ciudad.
Él no se sentía ofendido. En absoluto. Estaba completamente de acuerdo- él era un biólogo y le gustaba, no deseaba más. Le confortaba no tener que dejar su departamento. Saber que no tendría que cambiar su vida. No tenía idea de cuáles eran los planes de Júpiter a futuro – el verdadero sucesor de Iason estaba muy lejos de la adultez. Sin embargo, a él no le correspondía cuestionar sus decisiones. Confiaba en su sano juicio.
Así que él no era más que una imagen. El poder se hallaba dividido entre unas pocas personas- él incluido. Aun así, era el portavoz de Júpiter y por ahora la mayoría de sus "sentimientos maternos" estaban dirigidos hacia él, lo cual lo hacía sentirse incómodo.
Como la cabeza oficial del Sindicato ahora era el responsable de su cooperación con el mercado negro y lo continuó sin duda alguna. Le gustaba la idea de estrechar de esa manera su relación con Katze. Pero más que nada- y habiendo hecho las cuentas- se dio cuenta que sí era una actividad muy lucrativa. El mercado negro era una parte sorpresivamente significante de los ingresos del Sindicato. Katze lo inició en las negociaciones ilegales de Iason y Raoul le dio completa libertad para hacerse cargo de ellas. Todo lo que exigía era un reporte detallado de los movimientos. Eso significaba mayor autonomía para el mestizo y también más responsabilidad. Pero cinco meses de tal status quo demostró que había sido la jugada correcta.
La vida continuó y sumando esfuerzos lograron hacer que las cosas avanzaran sin mayores desastres. Fue difícil y a veces doloroso. Y la verdad es que Raoul no deseaba otra cosa más que volver el tiempo atrás. Quería a su mejor amigo de vuelta. Odiaba saber que nunca más volvería a ver a Iason, que nunca volvería a hablar con él. Que Iason ya no existía. Le provocaba un doloroso vacío en su interior. Si no fuera porque Katze estaba a su lado ya habría perdido la cordura.
¡Suficiente! Sacudió la cabeza con violencia, intentando deshacerse de su angustia. De pronto, apartó la mirada del punto que había estado observando, tomó su copa y caminó hacia la habitación.
A veces Daryl no entendía a la gente. Ya era la cuarta hora que pasaba en la estación de policía. Firme esto, llene aquello, vaya hacia allá, espere, conteste un montón de preguntas… oh-oh, lo siento, se me olvidó que debe llenar una forma más, tendremos que volver a empezar… Y el neurótico oficial en turno, quien lucía como si le espantara su propia sombra, no estaba haciendo las cosas más fáciles.
Finalmente, cuando la oscuridad ya había caído, el oficial le anunció que todo estaba listo y lo dirigió hacia las celdas. Parado frente a la puerta y viendo al policía lidiar nerviosamente con el puerto, Daryl no pudo suprimir el estremecimiento que corrió por su cuerpo. Al fin vería a ese cabrón. Al fin podría… no, se detuvo, no sería capaz de hacer nada. Todo lo que podía hacer era asegurarse de que alguien más lo haría.
La puerta se abrió y entraron, las luces se encendieron automáticamente.
"¡Levántate!" Por fin la voz del oficial no temblaba y sonó recia. "¡Vienen por ti!"
Un hombre joven y delgado que estaba acostado en el camastro se levantó precipitada y torpemente, al parecer se acababa de despertar. Entrecerraba los ojos, deslumbrado por la luz, pero lentamente los fue abriendo. Daryl examinó al joven con curiosidad. Guy era más o menos de su tamaño y complexión – es decir, promedio. Llevaba el cabello castaño claro recogido en una cola de caballo. Su cara tampoco era nada extraordinario. Poseía rasgos regulares pero no guardaban belleza particular. Algunos podrían considerarlo guapo, otros no. Pero tiene una sonrisa por la que matarías, sonó de repente la voz de Riki en su cabeza.
Su mano se apretó en un puño que se obligó a deshacer.
Guy también lo observaba, dudoso. Sin decir palabra, Daryl sacó un collar de su bolsillo y caminó hacia él. El mestizo retrocedió en un reflejo.
"Quédate quieto," ordenó Daryl, sujetándolo por el hombro, y cuando el prisionero se tensó, el collar de metal se cerró en su cuello.
La mano de Guy se levantó instintivamente y examinó el dispositivo. "¿Qué es esto?"
"Solo algo de protección. Tenemos un largo camino por delante y no me gustaría que te escaparas. Tiene un localizador y un control remoto que puede hacerte cosas muy desagradables así que ni siquiera pienses en causarme problemas. Y ahora," Daryl giró hacia el oficial, "¿ya podemos irnos?"
"Por su puesto. Los escoltaré a la salida."
Permanecieron en silencio durante el trayecto. Daryl notó las miradas curiosas que Guy hacía en su dirección. En la entrada recogieron algunas de las escasas pertenencias de Guy (que afortunadamente ya estaban listas) y el oficial los dejó. Daryl le hizo señas al mestizo y se dirigieron al auto. Solo cuando estuvieron dentro fue que Guy habló.
"¿A dónde me llevas? ¿Quién eres?"
"Vas de regreso a Tanagura. Júpiter te reclama," contestó brevemente, sin ganas de iniciar una discusión.
Guy parpadeó. "¿Júpiter? ¿Es por eso que me arrestaron? Creí que Kat…" se detuvo abruptamente. "¿Cómo me encontró?"
Daryl volteó hacia él, ligeramente sorprendido por sus palabras. ¿Qué? ¿Acaso ese pedazo de escoria no sabía por qué lo habían arrestado? "Te encontró porque te arrestaron. No tengo idea de porqué lo hicieron, pero ciertamente no fue por ella."
Por un momento los ojos azul grisáceo de Guy lo miraron fijamente.
"Qué extraño," murmuró.
Daryl se encogió de hombros, decidiendo ignorarlo y encendió el motor. El auto se elevó del estacionamiento y se dirigió a la carretera, rumbo al aeropuerto.
"Y dime," después de un momento, el mestizo volvió a hablar. "¿Tienes nombre o cómo debo llamarte?"
"Los nombres no serán necesarios. Espero deshacerme de ti tan pronto como lleguemos."
"Fantástico, así que no te agrado." Guy le dio la espalda y se enfocó en el camino. Los edificios de cristal pasaban rápido por la ventana. "¿Al menos puedes decirme qué es lo que piensa hacer conmigo?"
Daryl rió burlonamente. "¿Tú qué crees? Mataste a su Blondie favorito, solo hay una forma de pagarlo."
Por un momento nada sucedió. Luego habló.
"Ah." Y eso fue todo.
Algo sorprendido, Daryl miró la cara de su prisionero, pero no guardaba una expresión en particular. Condujeron en silencio por otro rato cuando un bip se escuchó del bolsillo en el pecho de Guy.
"¿Puedo?" preguntó el prisionero.
Daryl se encogió de hombros y le hizo una seña aprobatoria con la mano.
El mestizo sacó el celular, miró la pantalla rápidamente y presionó una tecla, lo llevó a su oreja y esperó. Daryl mantuvo los ojos en el camino. No notó cuando Guy se tensó o cuando de súbito contuvo la respiración. Solo el duro "¡Demonios!" llamó su atención. Volteó hacia su copiloto. Pasaron unos segundos. Frunció más el ceño. Colgó abruptamente.
"¡Maldición!" Espetó, mirando al celular.
"¿Qué sucede?"
Guy volvió a presionar el teclado del celular y se lo pasó a Daryl.
"Recibí un mensaje de voz. Escucha."
Cuando el tono en la bocina se terminó, un clic anunció el inicio de la grabación y la voz de un hombre se escuchó. "Hola Guy. No nos conoces pero nosotros te conocemos muy bien. Hemos intentado atraparte, pero en vista de las evidentes dificultades hemos decidido utilizar otros medios. Hemos tomado en custodia a tus amigos. Contra su voluntad, debo añadir. Si quieres saber cómo liberarlos, regresa a tu casa, ahí encontrarás toda la información que necesitas. Esperamos que nos contactes lo antes posible." Hubo otro clic y la grabación terminó. Daryl presionó el botón de colgar con fiereza.
"¿Qué significa eso?"
"¡No tengo ni puta idea de lo que significa, maldita sea!" La voz de Guy sonó desesperada. "En verdad no tengo idea de lo que suceda, pero algo anda muy mal. Primero alguien me sigue por un par de días, luego me atacan en la calle, después de encierran bajo algún estúpido pretexto y ahora esto. Aparentemente alguien quiere algo de mi, y a menos que vaya a casa, nunca sabré qué es."
Daryl sintió que su frente se fruncía en un pronunciado ceño mientras intentaba comprender los apresurados balbuceos del hombre. En un reflejo pisó el freno y se estacionó junto a la acera. Enojado, se giró hacia Guy.
"¿Me estás diciendo que te metiste en alguna clase de mierda y no sabes qué coño es?"
"¡Oh, vamos!" el mestizo dejó caer los brazos. "¡Si me metí en problemas de veras que esta vez no fue mi culpa! ¡Sé que no he hecho absolutamente nada que pueda causarme esto! ¡Lo juro!"
Daryl lo observaba, escéptico, su mente analizaba el problema a toda marcha. ¿Podría el bastardo…? no, no tenía sentido. El pedazo de escoria no lo esperaba, no podría haber organizado algo así. Y sonaba bastante honesto. Siempre fue un mal mentiroso, otra vez las palabras de Riki. Daryl sacudió la cabeza, decidiendo que no había motivos para que se preocupara con eso.
"No importa," dijo, "No me importa lo que pase en tu jodida vida. Está a punto de terminarse así que ya no tiene importancia. Vamos al aeropuerto, fin de la discusión."
Encendió el auto y se pusieron en marcha otra vez. Guy colgó la cabeza y se hundió en el asiento, volviendo su cuerpo con los brazos. Después de un rato volvió a hablar. Tranquilo, resignado.
"Mira, tal vez no te importe lo que pase en mi vida, pero al parecer no solo se trata de mi. Quienquiera que tenga algo en mi contra se llevó a mis amigos. Y ellos son buenas personas. No merecen esto. Por favor, ¿qué te cuesta? No puedo escapar, ¿no es cierto? ¿Perderemos nuestro vuelo a Tanagura? Habrá otro en una hora o menos. Por favor," repitió con fuerza. "Vamos allá. Al menos revisemos qué está mal. ¡Por favor!"
Daryl suspiró. No tenía ganas de pasar con Guy más tiempo del necesario. Pero – y dejando el odio al lado – tenía que admitir que el joven tenía razón. Se mordió el labio.
"De acuerdo. ¿En dónde vives?"
'¿Encontraste lo que te pedí?' escuchó su voz metálica en la cabeza.
"Sí."
'¿Y?'
Raoul bajó la mirada, incapaz de soportarla. Maldición, ¿qué se suponía que hiciera? Estaba consciente de que decirle la verdad podría ser desastroso para Katze. No era una deidad benévola y comprensiva que perdonara una ofensa semejante. Era una mente fría y analítica que basaba su juicio en la dura lógica. Sin embargo, algo lo instó a decirle la verdad. Lo merecía. Además - ¿sería capaz de mentirle? Le costaba demasiado con pequeñas mentiras, mucho menos con algo así.
Al parecer no había otro camino que tomar el riesgo y jugar el juego. Levantó la vista y la miró directamente.
"El mestizo Katze, ex-mueble de Iason, mintió durante el interrogatorio," intentó que su voz sonara indiferente. "Sabía que Guy había sobrevivido y lo ocultó."
Su rostro tembló casi imperceptiblemente.
'Dime más.'
Y lo hizo. Le dijo todo, deseando que la historia en sí misma fuera suficiente excusa para Katze.
"Debes entenderlo," dijo cuando terminó. "Con su irracional mente humana pensó que lo que hacía era por el bien de Iason. De alguna forma, su manera de pensar tuvo algo de lógica. Tal vez… Quizás podrías… considerar su razonamiento. Tal vez dejar que el mestizo viva de verdad sea conceder la última voluntad de Iason."
'¿Estás sugiriendo que debo perdonar al asesino?' siseó. '¿Dejarlo ir impune? No, hijo mío, eso está fuera de discusión. Merece el más severo de los castigos y encontrará el destino que el mismo se forjó. Y en cuanto al razonamiento del mueble, no le encuentro ningún sentido. Nadie puede actuar por el bienestar de un muerto. La última voluntad de Iason ya no tiene valor.'
La mano de Raoul se apretó en el brazo del sillón. ¿Cómo pudo pensar que lo entendería? Sin embargo, mantuvo su rostro inexpresivo y bajó la mirada.
"Por supuesto, Júpiter, tienes razón. Sin embargo, te pido que absuelvas al mueble. Cometió un error, pero lo que hizo no fue más que una expresión de su lealtad."
Por un largo rato hubo silencio en su cabeza, sus ojos lo estudiaron detenidamente. Su rostro, que solo era capaz de unas pocas expresiones básicas, no había cambiado; pero Raoul pensó que si fuera humana habría ladeado la cabeza.
'Al parecer has desarrollado cierto apego hacia ese mestizo,' dijo al fin.
Se removió.
"Te equivocas, Júpiter. Eso es absurdo. Yo… lo valoro por su intelecto, pero cualquier clase de apego es impensable."
'¿Lo es?' un ligero ceño decoró sus facciones. De pronto se volvió traslúcida y cambió a su forma esférica. Las esferas volaron hacia él e instintivamente Raoul se hundió en el asiento. Ella se detuvo justo frente a él, quedó flotando y reapareció, se inclinó sobre él. Su cara, ahora a solo unos centímetros de distancia, casi parecía cariñosa. Él se obligó a sentarse derecho y encontrarse con su mirada. Júpiter ya le había hecho eso una cuantas veces antes y siempre lo hacía sentir incómodo. Se preguntaba cuántas veces habría pasado Iason por la misma situación.
'Vive en tu casa, ¿no es así?' preguntó suavemente.
Raoul se tensó. Era la primera vez que tocaba el tema. Nunca le había contado nada – habría tenido que estar loco para hacerlo – pero estaba consciente de que ella debía saberlo. Aun así, como ella nunca habló al respecto, él estaba más que contento con evadir el tema. Pero ahora… sabía que negarlo sería fatal.
"Así es," admitió.
'¿Por qué?'
"Me divierte. Es un humano ordinario con características extraordinarias. Me gusta… estudiarlo. Y, como sabes, coopera estrechamente con el Sindicato. Tenerlo cerca puede ser muy útil."
Sus ojos se estrecharon, pensativos. Estiró la mano y le tocó la mejilla – su tacto era gélido.
'¿Tienes sentimientos por él?'
Raoul la miró fijamente, la pregunta lo tomó por sorpresa.
"En serio, Júpiter," susurró, "esa idea es completamente ridícula. Cómo podría…" la mano se movió hacia sus labios y los silenció. Extrañamente, no parecía molesta. Solo preocupada.
'Sé honesto conmigo, hijo mío.'
"¿Por… por qué preguntas eso?" Se maldijo por el tono de su voz – fue débil, quebrado.
Para su sorpresa, ella pareció dudar. Por un largo rato estuvo en silencio, y luego en vez de contestar, solo dijo: 'Tú sientes algo. Puedo sentirlo aún a pesar de tus barreras. Ten cuidado, Raoul, los sentimientos son peligrosos y muchas veces innecesarios. No te prohibiré vivir con tu mestizo. Consérvalo si eso te place. Pero atiende mi advertencia. Recuerda siempre lo que le pasó a Iason. Seré más infeliz si pierdo a mi segundo hijo más preciado.'
Y con eso retiró su mano y se transformó otra vez. Se enderezó y volvió a su forma habitual.
'Aunque estaría más complacida si le dieras un castigo al mestizo,' la voz en la cabeza de Raoul fue gentil, pero fría e inexpresiva otra vez. 'Dio un testimonio falso y encubrió al culpable, lo cual lo hace un cómplice del crimen. Pero dejaré el castigo a tu elección. Confío en ti, Raoul.'
Él asintió con la cabeza. "Por supuesto, Júpiter, me encargaré de eso."
Por un momento, ella lo miró con curiosidad, como si intentara adivinar cuál sería su decisión, pero no dijo nada.
'Puedes retirarte.'
Se levantó, hizo una reverencia y dejó el santuario apresuradamente. En el elevador se recargó pesadamente contra la pared, intentando calmar los agitados latidos en su pecho. ¿Por qué? ¿Por qué, maldita sea? ¿Por qué no lo había denunciado por su crimen? Respiró profundamente y cerró los ojos. No entendía nada.
El departamento se encontraba en deplorable estado – tal como había esperado. Era muy grande y contrario a lo que se esperaría, no estaba sucio. Aunque era obvio que sus inquilinos no se preocupaban por tener ordenado. Pero lo más evidente es que había sido saqueado. Al parecer había habido una pelea.
Daryl se enderezó después de haberse acuclillado sobre una mancha de sangre que ensuciaba el suelo en la habitación principal.
"Aún no se coagula," murmuró. "Fue hace como dos horas, aproximadamente."
Mientras tanto, Guy permaneció de pie junto al escritorio, mirando fijamente el monitor de la computadora. Una ventana en el centro le indicaba que tenía un mensaje. El parpadeo significaba que era urgente. Su mano tembló y se detuvo a medio camino. Luego respiró hondo y presionó con fuerza la tecla. Por un momento, la pantalla se volvió negra, después apareció una imagen – era el costado de una van verde y sucia, con una gran puerta de metal en el centro. La imagen tembló ligeramente y Guy se dio cuenta que era un video.
"¿Así que decidiste seguir nuestras instrucciones?" se escuchó la voz de un hombre detrás de la cámara. Por el rabillo del ojo se dio cuenta de que su guardián levantó la cabeza y veía en su dirección. "Bien. Si bien recuerdo te dijimos que te diríamos qué le pasó a tus amigos. Así que aquí tienes." Luego apareció una mano en el marco y presionó el botón junto a la puerta. La puerta se abrió. Guy se estremeció. "Como puedes ver, se encuentran bien, solo están un poco incómodos. Pero pronto estarán mucho peor. A menos, claro, que hagas lo que te digamos."
Ahí estaban ellos dentro de la van. Los tres estaban atados y amordazados. En cuclillas hacia el lado contrario de la puerta. Toma se veía enojado e intentaba gritar. Kay y Gary solo veían vagamente a la cámara. Guy tragó saliva sonoramente, sintiéndose fatal, la ira crecía en él. Su captor se acercó, se detuvo a su lado y contempló la pantalla, cruzando los brazos.
"Ahora," dijo con voz calmada mientras volvía a presionar el botón y la puerta se cerraba, ocultando otra vez a sus amigos. "Nos los llevaremos a nuestra base. Todo lo que queremos es que vayas allá y hagamos un pequeño intercambio. Su libertad por la tuya. No tendrás problemas en encontrarla. Se llama Citadella. Estoy seguro que el nombre te suena," había un tono de burla en su voz. Los dedos de Guy se apretaron convulsivamente en el escritorio. La imagen dio un giro y en la cámara apareció un hombre apuesto, de cabello castaño y al final de sus veintes. "Llámanos o directo a nuestro jefe. Encontrarás todo lo que necesitas en el texto de este mensaje. Este video será borrado." El hombre les dedicó una sonrisa que se suponía debía ser simpática y la pantalla se volvió a oscurecer. Después de un segundo volvió a aparecer el escritorio. Los nudillos de Guy ya estaban blancos de estar apretando la mesa. Demonios, le habría encantado darle un puñetazo al monitor, que el golpe la hiciera estallar. Usó toda su fuerza de voluntad para no hacerlo.
"¿Todavía me vas a decir que no hiciste nada y no sabes qué quieren?" el resoplido rencoroso a su lado le recordó que no estaba solo.
"¿¡Cómo demonios iba a saber algo!?" Guy dejó caer los brazos, furioso. "¡Todo lo que sé es lo que vi! ¿¡Por qué crees que sabría algo!?"
El hombre lo miró fríamente. "Ese tipo mencionó que sabrías cuál es el lugar. La Citadella, ¿cómo es eso?"
"¿¡Y quién no lo sabe!? ¡La Citadella! El territorio del villano más grande de esta área. El rey del crimen. ¡El señor del crimen! Todos han escuchado sobre él." El hombre lo miró fijamente "¿Qué tú no?" El joven sacudió la cabeza. Guy suspiró. Cierto, el Señor-demasiado-cool-para-esta-basura no era de aquí, no podría esperar que fuera un experto en materia de villanos locales.
"No importa. Voy a llamarle a ese cabrón." Movió la mano hacia el teclado, pero un fuerte puño apretó atrapó su muñeca. Levantó los ojos y se encontró con la mirada inflexible del joven.
"¿Qué?"
"Te estás olvidando de algo," siseó. "Estás bajo mi supervisión. Y no te permito que hables."
"Pero yo…" Guy calló, dándose cuenta de que tenía razón. No era libre de decidir, ¿o sí? Ya no era libre de hacer nada. Dependía totalmente del hombre frente a él. El joven mantenía los ojos fijos en él. Al mirarlo, Guy supo que sólo había una cosa que podía hacer.
"En ese caso te pido que me des permiso. Por favor, déjame hacerlo," dijo, con voz sorpresivamente tranquila.
Sus ojos se estrecharon, desconfiados. "¿Y qué planeas decirle?"
"Que no voy a ir. Le diré que me deje en paz y que suelte a mis amigos. Le diré que no lo haré. Solo eso. Por favor, lo juro. Dame una oportunidad de descubrir qué es lo que quiere. ¡Por favor!"
Daryl suspiró incómodo. Supuso que el pedazo de escoria tenía un punto. Deberían descubrir de qué iba todo eso. Si algo sucedía, solo tendrían que evadir los problemas. Soltó la mano de su prisionero.
"De acuerdo, llámale. Pero recuerda que estaré aquí todo el tiempo. Y asegúrate de que pueda escuchar todo lo que diga." Dio un paso atrás como si quisiera mantenerse fuera del rango visual y se recargó en la pared.
Guy miró el mensaje de texto, encontró el número y lo marcó rápidamente. Subió el volumen, sintiendo la intensa mirada avellana en él todo el tiempo. Tragó saliva, tenía dificultad para concentrarse en la pantalla.
Casi se le olvidó que su captor estaba ahí cuando el comunicador cobró vida y un hombre cuarentón de cabello oscuro lo miró directamente. Con unas cuantas canas pero todavía apuesto, el hombre se mostró como alguien profundamente complacido consigo mismo. Guy conocía ese rostro – lo había visto varias veces en las noticias y en la red. Buscó frenéticamente algo que decir, pero resultó ser innecesario.
"Tú debes ser Guy, ¿estoy en lo cierto?" comenzó a hablar, con una sonrisa. "Eso fue rápido. Nos estábamos preparando para hablarte si tú no nos contactabas en la próxima media hora. Me alegra que lo hayas hecho. Significa que estás dispuesto a cooperar. Entonces, supongo que ya te deshiciste de tu centinela."
Su comportamiento arrogante y la confianza en su voz hicieron que Guy temblara de ira.
"¿Qué demonios quieres de mi?" escupió Guy.
"Estoy seguro que ya te dijeron eso. No te preocupes, mi gente cuidará a tus amigos mientras llegan aquí. Después… solo tienes que entregarte y los dejaré ir ilesos."
"¿Por qué? ¡Tú y yo no nos conocemos! ¿Qué he hecho?"
Una ola de risa escapó de la garganta del Señor del Crimen. "Tan solo digamos que tenemos a un amigo en común. Eso será suficiente por ahora."
Guy sintió que se le fruncía el ceño. ¿Un amigo en común?
"¿Quién?"
Solo entonces prestó atención. El Señor del Crimen sabía sobre su 'centinela'. ¿Cómo era posible?
Finalmente el villano se puso serio. "Demasiadas preguntas, jovencito, haces demasiadas preguntas. Ya sabes todo lo que necesitas. Y si te importan tus amigos, vendrás. Después de todo, es un intercambio muy lucrativo. Tres por uno."
"¡No puedo ir!" Dijo Guy rápidamente. "Aunque quisiera, simplemente no puedo. No me he deshecho de mi maldito centinela. Está justo fuera de la puerta, esperándome. No me dejará ir, sin importar nada. Tuve suerte de que me dejara venir aquí y ver qué estaba pasando. Por favor, suelta a mis amigos. ¡No tiene caso lastimarlos, de todos modos no iré!"
Pero los ojos del Señor del Crimen permanecían firmes. "Lo siento, pero no es una opción. ¿Sigues con tu captor? Entonces deshazte de él. Es mi última palabra."
Guy formó un puño con su brazo artificial y lo estrelló en el escritorio – no con demasiada fuerza. Fue más bien una expresión de desesperación que no pudo contener – y al momento siguiente subió en un dolor de cabeza. Su mente trabajaba con fiereza. ¡Mierda! ¿Qué se suponía que hiciera? ¡¿Qué?! Sintió la pesada presencia de su nombrado protector a solo unos metros de distancia. Observándolo. Escuchando cada palabra. Pero no tenía opción, ¿verdad?
"De acuerdo." Exclamó. "Está bien, intentaré deshacerme de él. Pero no creo que sea fácil. El hombre no es un idiota. Necesito tiempo. Por favor, dame unos días. Diez días." Miró suplicante a la pantalla, dando vistazos a la figura contra la pared, esperando el momento en que se abalanzara sobre él, revelando su presencia y echando todo a perder. Pero la figura oscura no se movió.
El Señor del Crimen consideró sus palabras por un rato.
"Una semana," dijo al fin. "El próximo martes a la medianoche es tu límite."
Guy respiró hondo, sintiendo temblar las piernas.
"Hecho," susurró.
"Entonces nos vemos," concluyó el criminal y cortó la comunicación. La pantalla se quedó en blanco. Guy se apoyó pesadamente contra el escritorio, temiendo caer en cualquier momento.
"No te desharás de mi," escuchó la voz tranquila de su otro verdugo. Cansado, levantó los ojos. El hombre seguía de pie en su lugar, con los brazos cruzados. Vio la frialdad en sus ojos avellana y pudo sentir el aire de control que tenía sobre él. Y de pronto eso fue demasiado.
"¡Mierda!" gritó, apartándose de un salto del escritorio. "¡¿Qué les pasa a todos ustedes?! ¡De repente todos están tras de mi! Mi vida ya está jodida. ¡No necesito que la hagan peor! Júpiter me quiere muerto, ¿no? Bueno, lo tendrá. ¿Crees que este sujeto será tan amable de perdonarme? ¡Por supuesto que no! No es esa clase de hombre. ¡Me matará tan pronto obtenga lo que sea que quiere de mi!"
Se calló abruptamente, cansado otra vez, toda la ira lo abandonó una vez que hubo gritado lo que pensaba. Dejó caer los brazos, impotente, y se encorvó. El hombre lo estudió, sus labios estaban apretados en una fina línea de ira. Después de un momento habló, tranquilo, con el tipo de calma que podría helar el fuego.
"Tienes razón, probablemente ese sujeto piensa matarte, pero no creo que eso satisfaga a Júpiter. Ella quiere ser quien lo haga y no desistirá de su venganza. Yo no lo haría. Y el que tu vida esté arruinada es completamente tu culpa. Tú fuiste el maldito asesino, ahora paga por ello. Que no te sorprenda que haya muchos que te odien."
Guy le sostuvo la mirada por un momento, luego bajó la vista, avergonzado. Se acercó lentamente a la silla y se dejó caer en ella. Cerró los ojos y echó hacia atrás la cabeza.
"Crees que soy el jodido asesino," murmuró. "Sabes, tienes razón. Y me doy cuenta de lo mucho que te disfrutarás entregándome a la vieja Jupi. Hey, sin resentimientos, te entiendo. El problema es que – si lo haces, tendré más vidas en mi conciencia. Si me odias tanto por ser un asesino, no me conviertas en algo peor. No te conviertas en un asesino."
Daryl observó al pelilargo despatarrado en la silla y tuvo que admitir que le sorprendía. Le sorprendía que no luchara por su propia vida pero sí tuviera la ferocidad para pelear por la vida de aquellos que eran sus amigos.
"No hay otra salida," dijo. "Ella no acepta excusas. Yo tampoco."
"No te pido que no me lleves a ella." Guy todavía mantenía los ojos cerrados. Parecía relajado. Todo lo que te pido es que por favor pensemos en una manera de liberar a mis amigos. Dame esos días, tal vez se nos ocurra algo. Después soy todo tuyo."
El bip del teléfono interrumpió el silencio en la habitación de Katze. De mala gana apartó la vista del monitor mientras intentaba recordar en dónde había dejado su celular. Junto a la mesa, recordó. Suspiró y se levantó. A juzgar por la señal era uno de sus hombres. ¿Por qué nunca usaban el comunicador?
Miró el número. Daryl. Contestó.
"¿Sí?"
"¿Por qué siempre cada asignación tuya termina en alguna clase de mierda?" una voz ligeramente irritada le espetó por el teléfono.
Katze rodó los ojos. "No todas, solo algunas. Y por eso tengo hombres como tú, Daryl, que son capaces de lidiar con la mierda. Ahora dime, ¿qué sucede?"
Escuchó un leve gruñido.
"Hoy busqué nuestra carga. Ya la tengo conmigo. Solo que al parecer tenemos serios problemas. Creo que necesitaré tu ayuda."
"Entonces," preguntó Guy, sumiéndose más en el cojín de la silla, incapaz de contener una risita maliciosa. "Vamos a pasar más tiempo juntos, según parece. ¿Por fin me dirás tu nombre?"
El hombre le dirigió una mirada desagradable, pero pareció considerar la pregunta.
"Daryl," dijo al fin. "Me llamo Daryl. Pero no te vuelvas muy familiar con él. No creo que me guste el sonido de mi nombre viniendo de ti."
Fin del capítulo 2
