Aquí está el tercer capítulo, comentarios abajo
Dar las gracias a: (no están en orden) ginalore28, Krisy Weasley, tWILIGHT&PERCYJACKSONLOVER ;), anamaria_potter_cullen, La viuda de Fred, Ginevre, GothicGold, zafiro potter y por ultimo (aunque no menos importante) BlaEst.
Gracias por esos maravillosos reveiws, gracias a los que me han agregado a sus alertas, a los que me han leído en el anonimato ;-) y ¡¡a los que me estáis leyendo ahora!!
Capítulo III: Las Consecuencias del Final
-Niños ya sé que han pasado tres días pero puede que papá siga "durmiendo"- dijo Ginny con voz suave, intentando evitar que los niños se llevasen una desilusión.
-¿Todavía?- dijo Lily desilusionada
-Bueno vuestro padre ha estado...- pero interrumpió su frase
Todavía no había contado nada a los niños. No se atrevía. ¿Cómo decirles que su padre había sido torturado? ¿Que lo había pasado fatal? Tener que imaginárselo ella misma ya era lo suficientemente horrible. No, no iba a contárselo.
Lily salió corriendo, colándose por debajo del control de seguridad, temerosa de confirmar las palabras de su madre.
-¡Lily! Espera
Harry se encontraba sentado sobre una silla, la habitación en la que estaba carecía de paredes o ventanas, era un espacio abierto y oscuro. Las cosas estaban iluminadas por una extraña luz que parecía venir del suelo. Era imposible distinguir algo mas allá de unos pocos metros pues había una espesa niebla. Harry se sentía confuso, pese a estar en un especio abierto sentía una sensación claustrofóbica, un extraño malestar, su instinto le decía que iba a pasar algo malo. Intentó avanzar entre la neblina, pero se topó con algo extraño, una pared de cristal le impedía pasar. O al menos el creyó que era eso ya que era imposible saber cuál era el obstáculo que tenía delante, palpó desesperadamente aquella pared, pero no encontró orificio alguno. Volvió al centro de la habitación con la esperanza de distinguir algo entre la neblina. De repente vio como una silueta se acercaba a él. Tenía un largo cabello pelirrojo y la tez muy pálida, caminaba con la cabeza gacha. Harry se acercó corriendo hasta ella, y, cuando estuvo a unos pocos metros, ella levantó la cabeza con una sonrisa triste dibujada en los labios. Y de pronto esta cayó al suelo, empezó a gritar y a retorcerse de dolor, Harry se acercó a ella con la intención de ayudarla pero el misterioso obstáculo le impedía acercarse. Harry golpeó desesperadamente las paredes, recorrió la habitación con la esperanza de encontrar una puerta o una manija, pero fue en vano. Y a cada intento frustrado por acercarse, ella se alejaba cada vez más, como tirada por una fuerza invisible hasta desaparecer completamente. Una luz envolvió la habitación, pero él seguía luchando contra aquel obstáculo invisible, con la esperanza de llegar hasta ella antes de que fuera demasiado tarde. La luz se hizo más y más fuerte, hasta cegarle por completo. Todo estaba desapareciendo bajo aquella luz…
-¡Ginny!
Abrió los ojos respirando agitadamente. Miró a su alrededor y se sorprendió al encontrarse solo, a juzgar por el mobiliario que le envolvía debía estar en una de las habitaciones del hospital San Mungo. Miró la mesilla de noche que tenía al lado, y cogió el reloj que le habían regalado los Weasley por su decimoséptimo cumpleaños, todavía lo llevaba siempre encima.
Eran las once y media de la mañana del día veintisiete de diciembre del 2014. Hizo sus caculos, llevaba unos tres días inconsciente. Se sentó en la cama, le dolió un poco.
De repente la puerta de la habitación se abrió de par en par y entró una niña pelirroja resollando. Miró a Harry y gritó:
-¡Papi!
-¡Princesa! Ven aquí- la niña corrió hacia los brazos de su padre. Trepó encima de la cama ayudada por Harry. Cuando estuvo subida encima le abrazó con todas sus fuerzas.
-Pequeña, ¿me has echado de menos?
-Sí, mucho.
-¿Y estáis todos bien? ¿James, Al, mamá, los tíos Ron y Hermy…?
-Sí, aunque mamá estaba muy triste.
-¿Por qué cariño?
-Decía que estabas malito.
-Ya, bueno seguro que ahora se pondrá muy contenta porque ya estoy bien.
-Sí.- La niña sonrió
-¿Cómo has llegado aquí tú sola Lily?
-He pasado por debajo de la puerta- contó la niña riéndose
-Eso está muy mal enana, mamá puede…-pero su frase fue interrumpida por otros dos niños que también llegaban corriendo
-¡Papá!- gritaron al unísono y corrieron a abrazarle
Y jadeando llegó una mujer, de largo pelo pelirrojo y ojos color chocolate. Al ver la escena que se estaba desarrollando en la habitación se quedo estática y se apoyó en el marco de la puerta. Los ojos inundados de lágrimas de felicidad.
Por otro lado una joven sanadora de pelo castaño y rizado pasaba por ahí y se sorprendió al ver a su mejor amiga plantada en la puerta de la habitación sin entrar. Se acercó a ella con la idea de preguntarle qué ocurría pero, al igual que su amiga, quedó paralizada al ver la imagen que se estaba desarrollando en la habitación.
El hombre no veía nada de eso pues sus hijos le tapaban la vista. Permanecieron así largos segundos hasta que Hermione carraspeó para captar la atención de los presentes.
-¿Cómo están mis sobrinos? Hace mucho que no os veo ¿Por qué no venís conmigo y vamos a tomar algo?
James lo entendió enseguida y se separó de su padre, Albus hizo otro tanto y Lily trató de resistirse pero se fue al captar la mirada de su progenitor. Harry movió los labios formando la palabra "Gracias" y "hablamos después".
Cuando los niños hubieron salido, Ginny se abrazó a su marido, él, le acarició el pelo.
-Te quiero tanto...solo de imaginarme lo que te han hecho… –murmuraba Ginny
-Tranquila, estoy bien, no dejaré que os pase nada.- la apaciguaba Harry
Ginny se separó un poco de él. Se miraron a los ojos y acercaron la cara el uno al otro, poco a poco, hasta que sus labios se tocaron. Se besaron largos segundos con pasión, las manos Ginny subieron hasta la cara de él, acariciándole… Se separaron despacio mirándose fijamente a los ojos, y en ese momento tuvieron la certeza de que no podrían vivir el uno sin el otro. Ginny le abrazó con todas su fuerzas y Harry se prometió a si mismo que no iba a dejar que aquel sueño se hiciera realidad.
-Te quiero- dijo Harry acariciando la mejilla de Ginny
Volvieron a abrazarse, pero fueron interrumpidos por el sonido de la puerta abriéndose.
-Harry…-
Alto y desgarbado, plantado delante de Harry había un hombre de cabello pelirrojo, parecía cansado y unas grandes ojeras bordeaban sus ojos, pero pese a ello sonreía ampliamente.
-Hola- solo acertó a decir el otro
Se sonrieron mutuamente.
-¿Como estas?
-Mejor ahora- dijo Harry mirando a Ginny
Siguieron mirándose sonriendo durante largos minutos hasta que Ron cayó en la cuenta de algo.
-Bueno…estabais hablando...Ya volveré… luego… ¿sabe Hermione que ya no…?
Ginny asintió
-Vale pues nos vemos.
Ginny y Harry intercambiaron miradas de complicidad, definitivamente Ron no había cambiado mucho. De repente la feliz cara de Harry se nubló.
-¿Qué les has contado a los niños?
-Nada. –Contestó Ginny.- Los tres saben que ha pasado algo pero no saben el qué.
Harry se quedó en silencio, pensativo.
-Mejor. No sé qué consecuencias puede acarear esto, pero no quiero involucrar a los niños en este problema.
Ginny miró a Harry a los ojos, y comprendió que no quería que sus hijos tuvieran que luchar en una guerra que no les pertenecía, que tuvieran comprender antes de tiempo que el mundo no era de color rosa, y lidiar con las preocupaciones de adultos, como tuvo que hacer él. De repente se acordó de ese niño de doce años, herido, que le decía que saliera de la cámara secreta, que se reuniera con su hermano. Ese niño que la salvó cuando no tenía porque hacerlo, aquel niño había luchado por sobrevivir desde que era pequeño, transmitía la fuerza por su mirada. Aquel niño todavía luchaba para salvar su vida, sin embargo su mayor preocupación seguía siendo la felicidad sido los demás. Aquel niño que se había convertido en un hombre. Un hombre del que llevaba veintidós años enamorada.
Ahora estaban solos, todavía en el hospital después de que Hermione le hubiera hecho un examen completo a Harry y que se hubiera asegurado que no tenía secuelas de lo ocurrido. Los niños se habían ido a casa con su abuela y ahora estaban reunidos, Harry, Ron, Hermione y Ginny a la espera del ministro de magia.
Ginny estaba sentada al lado de Harry cogiéndole la mano dulcemente, Ron estaba de pie al lado de la puerta, Hermione se apoyaba en una mesa y miraba fijamente a Harry pues todavía no estaba segura de que estuviera en perfecto estado de salud y Harry tenía la mirada fija en la pared.
Permanecieron en silencio hasta que la puerta se abrió.
-Hola Harry ¿Cómo estás?- dijo Grisam tendiéndole la mano
-Mejor gracias.- dijo Harry estrechándosela
- Me alegra oír eso.- Intervino el ministro que aparecía en esos momentos por la puerta
-Hola, señor ministro- dijeron Harry y Grisam al unísono
- Grisam, creo que no conoces a mi mujer, Ginny.
-Encantada
-Mucho gusto
-Ginny te presento a Grisam Edgecombe
Ginny intercambió una mirada de incredulidad con su hermano, que aunque conocía al caballero por ayudarle a rescatar a Harry no sabía su apellido.
-Sellemos la habitación para no ser interrumpidos- dijo el ministro
Cuando hubo terminado se encaró a los presentes
-Bien, estamos aquí para discutir un asunto muy importante. Harry- le miró directamente a los ojos- todos sabemos lo que ocurrió en aquel sótano, pero solo tú sabes por qué.
-Vale – tragó saliva-Todos aquí sabéis lo que son las reliquias de la muerte. Y cuáles son los objetos que forman el trío. Está toda la información en el dosier del caso de Tom Riddle. Pues bien- tomó aire- lo que querían era a piedra de la resurrección.- concluyó Harry y soltó todo el aire que había estado conteniendo en los pulmones.
En ese momento Ginny apretó la mano de Harry con todas sus fuerzas, a Hermione se le cayó la historia de Harry haciendo un estrepito y los demás quedaron boquiabiertos, cayendo en la cuenta de la gravedad de la situación.
-Pero la piedra no resucita del todo a los muertos ¿verdad?- O al menos eso creí comprender cuando leí el dossier.
- No- respondió Harry- una vez que has cruzado al otro lado es imposible volver del todo. Pero para Voldemort sería más que suficiente ser una sombra. Y aunque fuera de la manera más horrible e inhumana posible como mínimo conseguiría volver a ser como hace años.
-Esto es un asunto muy grave- dijo Kingsley con voz queda- ¿Quién sabe dónde está la piedra? aparte de ti claro.
-Nadie
-Tiene que seguir siendo así- dijo el ministro
-Lo sé
Todos se quedaron callados sumidos en sus propios pensamientos. Al cabo de un rato Grisam quebró el silencio:
-Harry, lo lamento, debo irme, tengo muchos asuntos que atender. Espero verte pronto recuperado y al mando del cuartel.
-No vemos pronto Grisam.
-Yo también me iré- dijo el ministro- Cuídate mucho Harry. Ginny, Ron, Hermione.- Kingsley los despidió con un asentimiento.
-Harry tendrías que dormir un poco. Estaremos aquí cuando despiertes.
-Vale.
Ginny le dio un fugaz beso. Y Harry dejó las gafas en la mesita de noche, pero al dejarlas sintió que faltaba algo. De repente cayó en la cuenta.
-¿Dónde está mi varita?- Preguntó.
Ron abrió los ojos como platos y Hermione se tapó la boca con ambas manos.
-Creo…que se quedó…en el número cuatro de Privet Drive
Bueno hasta aquí el tercer capítulo. No es que haya mucha acción, es un capitulo de transición, pero presenta a un personaje nuevo: Grisam. Es la mano derecha de Harry en el cuartel general de aurores.
Quiero disculparme por mi retraso, lo siento de veras pero publicar hizo que esto se convirtiera para mí en una obligación y perdí las ganas de escribir.
Millones de gracias a Gaby por dejarme escribir en su casa y por aportarme sus grandes ideas
Y gracias de todo corazón para ti que has leído mi historia hasta aquí. De veras, gracias
Y ahora lo de siempre, por favor dejar un review, me basta con una palabra enserio. Si me escribís la palabra "bien" o "mal" o lo que queráis en un review ya me haréis feliz. Acepto todo tipo de reveiws. Decirme que soy malísima si queréis pero por favor necesito saber que estáis ahí.
¡¡¡Gracias por leer!!!
