Hola,

Solo dar las gracias a mis reviewers, vuestros comentarios son geniales,

Anastasia tu review fue genial, me hizo muy feliz, muchísimas gracias

Que sepáis que espero volver a publicar esta semana porque (por fin) he acabado el colegio y luego me iré cuatro semanas a empalmar colonias así que no podré publicar con lo cual os quiero dejar un cap. nuevo antes de irme.

Gracias a Gaby, mi correctora.

Este capítulo da un salto temporal de unos seis meses, de modo que si antes estábamos en navidad ahora estamos a finales de junio.

Y por cierto ¿creen que si yo fuera JK publicaría un fanfic sobre mi propio libro? No, pues esta claro que ninguno de estos personajes me pertenece.

Capitulo 5: Lo que el tiempo no cura

Uno, inspirar, arriba. Dos, expirar abajo.

Harry respiraba pausadamente, pese a que su corazón golpeaba desbocado sus costillas. Notaba las piernas entumecidas, resentidas tras tantas horas de ejercicio continuo. Le dolía. Pero el dolor físico estaba bajo muchas, muchísimas capas de otras preocupaciones, era extraño sentirse así. Como cavando la tumba de Dobby, sentía el dolor, pero lo mantenía alejado.

Aquella noche no había dormido, ni la anterior, ni la otra. Conciliaba el sueño raras veces y cuando lo conseguía su mente le atormentaba con horribles pesadillas. Recuerdos, malos, tristes. Aquellos que disfrutaban recodándole sus errores y las malas pasadas que la vida le había jugado, como un sádico instinto que hacía que se le desgarrara el corazón a tiras. Uno Dos. Arriba y Abajo lentamente, pensando, recordando, cada recuerdo le golpeaba al ritmo de los latidos de su corazón. Siguiendo el ritmo de su respiración, de las flexiones que hacía, como si su mente estuviera controlada por un grotesco metrónomo. Cerró los ojos, un espantoso recuerdo le atormentó, y sintió ganas de aflojar la presión, de permitirse golpearse contra el suelo, ¿se estaba volviendo loco? La cabeza le ardía y la camiseta empapada de sudor pesaba. Estaba cansado, nada más, seguro que no pensaba con claridad. Sin embargo, la idea le rondaba por la cabeza desde había días. Se pregunto de nuevo s estaba cuerdo, un vocecilla en su interior le dijo que sí, eso era lo peor de todo.

En el despacho del director general de aurores, el mismo y otros tres hombres se explican las averiguaciones que han hecho.

-¿Cómo vamos con la investigación Percy?

-No avanzamos. Verás Harry, hay muy pocos escritos sobre la piedra de la resurrección, ya que la mayoría ignoran su existencia. De momento estamos intentando reconstruir el árbol genealógico de la familia Peverell. Pero es algo complicado.

- De acuerdo. Gracias Percy. Por lo demás, Grisam ¿tienes alguna pista del escondite de los mortifagos?

-Estamos buscando Harry. No hallamos pistas, parece que no tienen un cuartel general.

Harry suspiró.

-Vale, gracias de todas formas. Ron, ¿has hablado con los que han montado guardia en sus casas?

-Sí, pero no me han dicho nada relevante, como mucho un susurro, algo que se movía de manera extraña.

-De acuerdo.

-Ron, Percy, muchas gracias, no reuniremos la semana que viene. Grisam aguarda unos segundos por favor.

Se levantó y despidió amablemente a Ron, que aunque no era un auror se encargaba de hablar con todos los que montaban guardia y de traerle los informes a Harry. Y de Percy que trabajaba como inefable y dedicaba mucho tiempo a buscar como destruir la piedra de la resurrección. Cerró la puerta lentamente y giró la cabeza hacia Grisam, su expresión era más seria de lo normal. Se sentó en una silla delante de su compañero, y le encaró. Sus ojos verdes eran como pozos sin fondo. Contaban historias, la vida del hombre a los que pertenecían, y parecían tristes, como si en los pocos años que había vivido aquel hombre hubieran visto muchísimas cosas. Grisam conocía a Harry desde hacía diez años, estuvieron juntos en la academia de aurores. Le conocía bastante bien, lo suficiente como para ver la diferencia entre el día que lo conoció y la mirada que tenía desde el día que…todavía le producía escalofrios recordarlo, jamás había visto a Harry tan fuera de sí. Recordó la mirada aterrada que tenía, como parecía que todo su cuerpo quisiera gritar, parecía casi enloquecido. Ahuyentó aquel recuerdo de su mente, y se centró en lo que Harry le quería decir.

-Grisam, quiero pedirte un favor…

Las primeras luces despuntaban ya entre los edificios cuando un ¡crack! sobresaltó a todos los pájaros, que se elevaron y volaron lejos, como notas prohibidas en un recital entre las líneas de Londres.

El número doce de grimmauld place estaba vacío, bueno casi vacío. En él había alguien, una mujer, sentada con la cabeza apoyada en la mesa, medio dormida. Su largo cabello pelirrojo desparramado encima de la mesa, y la espalda en una postura incomoda. De repente se oyó un chirrido, y la joven mujer se levantó rápidamente, con la varita en alto y señalando hacia la puerta. Un golpeteo se escuchóal otro lado.

-¿Quién es?- preguntó Ginny con voz firme y mirando por la mirilla

-Yo- respondió Harry levantándose el flequillo que le cubría la frente y que impedía que se viera su cicatriz

Ginny abrió la puerta rápidamente y permitió entrar a su marido.

-Estoy molido- dijo Harry mientras abría el armario para guardar su maletín

-¿Un día duro?

-Bastante.

Se sentó en un silla y se aflojó la túnica, suspirando. Ginny se sentó su lado y le preguntó:

-¿Qué ha pasado?

-Nada. Eso es lo peor. Que no sabemos nada, que no avanzamos nada. Nos limitamos a recibir los golpes de los mortifagos y cada uno es peor que el anterior. Hoy he decidido bajar al departamento de misterios a ver si encontraba algo, pero nada. Ron me ha dicho que los que hacen guardias tampoco han encontrado nada además le he tenido que pedir algo muy grande a Grisam y no me gusta tener que hacerlo. En fin, siento que estamos de nuevo en guerra, apenas salimos a la calle con los niños, estoy preocupado por si los mortifagos deciden atacar Hogwarts. Lo que pasó con Lily…

-Shh. No hables de eso, no pasó ¿de acuerdo? No importa eso ahora. No importa lo que pudo haber pasado solo lo que pasó. Tan solo existe el presente, y tu presente ahora mismo soy yo.

Se quedaron unos segundos en silencio. De repente Harry se echó a sus brazos estrujándola contra si, transmitiéndole su calor, y desacelerando los latidos de su corazón. Levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. Sus labios fueron acercándose poco a poco hasta que se fundieron en un apasionado beso. Se reencontraron como cada noche, bajo las estrellas, indiferentes al dolor y a la amenaza que se cernía sobre ellos. Olvidándose por unos segundo, reconfortándose, liberándose y queriéndose, como siempre, como nunca, igual que el primer día.

Harry sonrió con tristeza mientras la miraba a los ojos

-Si le cuento lo que pasa dentro de la orden del fénix ¿Me asegura que no tocará a mi esposa?

-Si

-De acuerdo. Pues pregúnteme lo que quiere saber.

Bellatrix sonrió malvadamente

-¿Cómo está nuestro querido Harry?

-Mal. Siempre que lo veo tiene un aire cansado y lleva muchas ojeras. Tiene un aire sombrío.

-¿Han averiguado algo sobre como destruir la piedra?

-No

-¿Sabes dónde está la piedra?

-No. Harry fue muy estricto en ese sentido, no nos ha dado ni una pista.

Bellatrix se quedo pensativa unos instantes.

-Esta reunión ha terminado. La semana que viene me darás un informe.

-¿Cuando?

-Sabrás cuando debes venir.- Se despidió Bellatrix con una sonrisa malvada.

En la sala común de Gryffindor dos jóvenes charlaban.

-Ted, ¿Qué te preocupa?

El chico suspiró

-Es mi padrino, no está bien, lo que está pasando le afecta mucho.

-No debes preocuparte, quiero decir, es normal, tú no puedes hacer nada.

-Ya. Eso es lo peor, que no puedo hacer nada, y mi padrino no me quiere contar nada. Me escribe casi cada semana, sin embargo me entero más de lo que pasa por el profeta que por él.- Se levantó de donde estaba sentado, conteniendo la rabia.

A su edad su padrino estaba destruyendo los horrocruxes de Tom Riddle, sin embargo el no tenía derecho a saber lo que ocurría, estaba encerrado en Hogwarts. Estaba harto.

-Ted, por favor, siéntate- le rogó Victoire asiendo su mano

El chico se sentó lentamente recordándose a sí mismo que solo quedaban dos semanas de clase, luego podría tener una conversación cara a cara con supadrino. La chica le acarició suavemente la espalda. Transcurrieron unos segundos en esa postura.

-Vamos, mírame- dijo ella girando dulcemente la cabeza del chico para que la mirara a los ojos.

Le colocó la mano detrás de la nuca y acercó lentamente la cabeza del chico a la suya. Lentamente, sus labios se tocaron, besándose con pasión, despegando, volando juntos a un paraíso infinito.

-Te quiero.- dijo él cuando se separaron.

-Yo más.

Ted sonrió, divertido.

Bueno hasta aquí el quinto capítulo, gracias por haberlo leído.

Lo dicho arriba y os invito a leer un Drabble que he escrito de Star Wars. Por si alguien quiere pasarse.

Otra vez gracias por leer y pedirles el favor de apretar el botón azul de aquí abajo para darme ánimos y seguir escribiendo.