Capitulo 9 Se acumulan los frentes

En su despacho Harry trabajaba. Había cogido un par de días libres para pasarlos con su familia. El no quería hacerlo por la situación en la que estaban, pero Grisam había insistido muchísimo…

-No, de verdad no quiero, debo solucionar lo que está pasando.-dijo Harry sentado en su mesa

-Harry, por favor, en el cuartel no pasa nada y… hazlo por tu familia. ¿No me has dicho que tu ahijado acaba de perder a su vuela? Debes ser fuerte por ellos, pero a mí no me engañas y si a mí ya no puedes engañarme, Ginny no tardara en darse cuenta. Tú estas hecho caldo. ¿Crees que nadie ve las ojeras que hay en tus ojos, que has perdido muchísimo peso, o que la expresión de tu mirada se hay vuelto más triste?

Grisam miró a Harry, expectante y este aguanto la mirada como un niño orgulloso que no se deja amedrentar por la bronca de sus padres. Pero acabó desviando la mirada, no aguantaba ni un segundo más los grises ojos de su compañero clavándose en él. En la ventana, habían elegido para aquella tarde un sol perdido que bajaba, con renitencias, a perderse entre las sombras de la montaña. Una vocecilla molesta le obligaba a ceder, su amigo estaba en lo cierto.

-Vale, tienes razón, hablaré con el ministro cuando vaya irme a casa para pedírselo- dijo Harry

Grisam asintió con seriedad y salió de la sala.

Aquel mismo día, entrada la noche, la puerta del despacho del director del cuartel se abrió.

-Harry yo me voy. Buenas noches, nos vemos en unos días.- dijo Grisam ya con el su maletín en la mano.

-Buenas noches, saluda a la peque de mi parte.-dijo Harry sin levantar la vista de los papeles.

-Igualmente- dijo el otro cerrando la puerta con cuidado.

-Grisam- dijo de repente Harry cayendo en la cuenta

Grisam abrió de nuevo la puerta y se encontró con que su jefe ahora sí que lo miraba, con sus brillantes ojos verdes clavados en él.

-Dime

-Gracias, gracias por todo.- le respondió Harry muy serio

Grisam sonrió con tristeza y tan solo dijo:

-Te lo debo

Harry esbozó también una media sonrisa y devolvió la vista a los papeles. Al cabo de un segundo, oyó la puerta cerrándose.

Aquella noche tras haber llegado pronto del trabajo y haber cenado todos juntos se había ido a dormir. Durante pocas horas, consiguió hacerlo, pero llegó madrugada y con ella se instaló el insomnio. Harry empezó a dar vueltas en la cama y cuando ya no pudo mas, decidió hacer algo productivo.

Estaba observando los ejemplares de "El profeta" que habían estado acumulándose sobre su mesa desde hacía semanas. En el mundo mágico reinaba la calma, por eso cuando moría alguien los periodistas llenaban paginas y paginas. Tras la serie de asesinatos que estaban ocurriendo, los periodistas se iban inventando historias sensacionalistas y bolas cada vez más grandes. Y entre todas esas hipótesis de conspiración y demás basura habían llegado a la acertada conclusión de que todo aquel que moría había conocido lo suficientemente de cerca a Harry Potter. Observaba lentamente las portadas y algunas ensombrecían su cara, maldijo a los periodistas por tener tan pocos escrúpulos. Hasta que llegó a una acaecida hacia diecisiete días, la muerte del joven y reciente padre Denis Creevey. Se quedo mirándola mientras todo su cuerpo temblaba de ira. Cuando ya no pudo soportarlo más arrugo la hoja y apoyó la cabeza sobre su mesa. Al cabo de un rato, no supo cuanto tiempo había pasado, pero, harto de autocompadecerse, se levantó para sacar el pensadero de Dumbeldore y verter en él el desagradable momento vivido el día anterior. Unos dulces pasos se oyeron sobre su cabeza y más tarde el chirrido de la puerta.

-Te levantas pronto princesa- dijo Harry sin girarse, oyendo la puerta a sus espaldas

-¿Cómo has sabido...-

-Que eras tú?- acabó él- Me fascina todo lo que haces, incluso la manera en la que bajas las escaleras.- Giró la cabeza con una sonrisa y se acercó a ella para depositar un suave beso en sus labios.

Ella subió sus pies descalzos sobre los de él y permanecieron largo rato abrazados. Harry pudo sentir el aroma de Ginny y se le puso la piel de gallina. Pese a que habían pasado años desde la primera vez que la pudo sentir tan cerca, antaño entre los vítores de la sala común, se seguía estremeciendo del mismo modo, como si todavía tuviera dieciséis años.

-Es muy pronto Ginny ¿Por qué no vuelves a dormir?

-Tú no has dormido apenas- le reprochó ella

-Anoche me dormí enseguida- dijo él a modo de disculpa

-No es cierto, no parabas de dar vueltas en la cama. No me mientas- le contestó ella mirándole a los ojos, enfadada

Harry le sostuvo la mirada, y se dio cuenta de que había cometido error.

-Lo siento, es cierto, esta noche no he podido dormir mucho.- se disculpó el chico todavía encarando su mirada

-¡Harry! No es que no quiera perdonarte pero ¿Llegara el día en que seamos sinceros el uno con el otro? ¿Por qué me ocultas por qué no puedes dormir? ¿Las cosas que te preocupan?

-Por el simple hecho que por explicártelas no desaparecen y sin embargo ambos sufrimos por ellas. Creo que uno hay suficiente ¿no?-repuso él, airado

- Debemos compartir la responsabilidad, el día que nos casamos, el día que nos marcamos el uno al otro, ese día asumimos que esto no debería pasar nunca. Que nos lo contaríamos todo – le dijo Ginny, a modo de suplica.

Harry sintió que la ira comenzaba a crecer en su interior. No podía, no podía, no podía explicarlo. Odiaba que le obligaran a expresarse, a contarlo todo, nadie sabía cien por cien lo que ocurría, salvo él, nadie sabía todo lo que estaba en juego, creían que podían obligar a Harry a soltarlo todo y así conseguir aligerar la presión sobre sus hombros, pero la vida no era un bonita historia de amor y comprensión, no sabían que no se podía mover esa pieza del ajedrez, que la partida llevaba otro rumbo, no sabían cuán importante era cada uno de sus movimientos. Tampoco conocían el número de vidas que estaban en juego, ni podían contar el sufrimiento que todo aquello estaba causando, no sabían nada, nada, y si bien Harry sabía algunas respuestas, eran demasiado horribles para compartirlas. No en vano Harry no conseguía dormir muchas noches.

-¡Bonitas palabras!- exclamó Harry- Pero las palabras tienen un significado y tu no conoces el de todas. No puedo sincerarme contigo, ni con nadie, porque nadie parece tener en cuenta todas las posibilidades, tanto las buenas como las malas, ni darse cuenta de la responsabilidad que tenemos en las manos.

-¡Eres un maldito mártir! – gritó Ginny y salió del despacho dando un portazo

Por un segundo Harry se quedó quietó, el pecho subiendo y bajando al compás de su acelerada respiración. Sintió la furia venenosa esparcirse par todo su cuerpo, entonces dio un puñetazo a la pared con todas sus fuerzas, incapaz de contener la tristeza, la furia, y el dolor que llevada acumulando desde hacía varios meses.

-Desgraciadamente lo he sido toda mi vida.- murmuró con rabia para sí mismo

Su cerebro empezaba a interpretar los primeros signos de dolor a causa de la fractura de su mano y sintió ganas de gritar, pero apretó los dientes y se sentó en su mesa. Se obligó a sí mismo a estirar los dedos, haciendo que todavía le doliera más pero era indispensable para curarlos.

- Episkey- murmuró con dificultad.


Una mujer y un hombre se hallaban sentados, hablando tranquilamente. El lugar estaba en la penumbra, era frio, en otros tiempos debió de haber sido lujoso, todavía se podía adivinar gracias al rastro de polvo, donde antaño habían cuadros. Las paredes, que en otro tiempo debieron ser verdes, ahora tenían un tono grisáceo y estaban manchadas de algún tipo de líquido oscuro. La luz se filtraba desde el techo, donde las motas de polvo se arremolinaban, dejándose ver por unos instantes.

La mujer miraba pensativa al horizonte, su piel estaba arrugada, la segunda temporada en Azcaban no le había sentado muy bien.

-Es hora de llevar a cabo algo grande. Nuestros actos solo influyen a él, debemos hacer que toda la comunidad mágica tiemble, que los periódicos vuelvan a fallarle a Potter. ¿Scamander?

Bellatrix dirigió una mirada al hombre, que estaba apoyado en una de las esquinas, como si solo así estuviera seguro que nadie lo podía atacar por la espalda.

-¿No es cierto que Potter es muy amigo del ministro?

-Sí- respondió el otro con un hilo de voz. Se sentía un traidor pero su mente le susurraba una y otra vez "Luna. Luna. Luna." Estaba embarazada y necesitaba estar seguro de que no podía perderla ahora.

-Bien.-susurró ella satisfecha -Lárgate.


Sintió un intenso calor seguido de frio y tuvo que apretar mucho los dientes para evitar que un gemido escapase de sus labios. Se sentía idiota, definitivamente lo era. En veinticuatro horas había ido a un entierro, discutido con su ahijado, por poco muerto ahogado, pasado la noche en vela (como de costumbre), discutido con su mujer y roto varios dedos de la mano. Estaba molido, deseaba entregarse a los brazos de Morfeo y dejar descansar su maltratado cuerpo, pero este lo rehusaba como una niña ya no quiere a su muñeca favorita. Se levantó de nuevo, decidiendo si salir en busca de Ginny, pero estaba demasiado cansado, no tenía fuerzas para encararla. Se sintió egoísta por ser incapaz de rendir cuentas antes su mujer, y, abatido por el peso de sus pensamientos se apoyó en la pared, los ojos cerrados. Oyó la puerta de su despacho abrirse, pero no tuvo ganas de averiguar quién era. Le dejo acercarse pues, hasta que dijo:

-¿Harry?-Sorprendido por esa voz, abrió los ojos de repente.

Plantado frente el estaba Ted, en pijama y completamente despeinado mirándolo con cara de preocupación.

-Ted. Hola ¿Qué pasa? Es muy pronto- preguntó Harry sobresaltado

-No podía dormir

"Bienvenido al club" pensó su padrino para sus adentros

-Además quería hablar contigo.-continuó Ted todavía mirando a su padrino con recelo

-Te escucho.

-Sobre lo de ayer… Quería pedirte perdón. No era el momento, ni el lugar y lo siento. Tu eres mi padrino, casi mi padre y yo te…te quiero ¿vale?- pero…

Ted iba a decir algo más pero Harry, conmovido por lo que acababa de decir su ahijado le dio un gran abrazo. Si bien ambos tenían asuntos pendientes, se olvidaron de ellos durante unos segundos y solo fueron dos personas que se tenían un cariño inmenso y que se querían como lo que casi eran, un padre y un hijo. Al separarse, Harry dijo:

-Yo también lo siento, te entiendo, pero no voy a cambiar de postura en esto, no debes estar de por medio- dijo Harry esperándose ya una mala reacción de su ahijado.

Ted le miró a los ojos, los vio, cansado, tristes y profundos. Pero, pese a eso brillaban de manera extraña, como si hubieran visto muchísimas cosas malas y cualquier cosa normal pareciera hermosa al lado de eso. El joven se acordó de la imagen de Harry apoyado en la pared, y le inspiró lastima. Se dijo a si mismo que ya se había equivocado una vez de momento para discutir con su padrino y se negó a tropezar dos veces con la misma piedra.

-Vale- dijo tan solo, y lentamente tomó el camino hacia la puerta, bajo la atenta mirada de Harry.

Pese a todo, ambos sabían que la discusión no acababa ahí.

Apenas se oyó la puerta cerrarse, ya que ene mismo un patronus aparecía en medio de la habitación. Era de Grisam.

-Te necesitamos aquí ya.

Harry cruzó el salón como el rayo rumbo a las escaleras para cambiarse. Bajó al cabo de un minuto, despeinado y con la ropa torcida para precipitarse a la chimenea.

-¿Que ha pasado?- preguntó Ginny

-No lo sé- respondió el antes de desaparecer entre las llamas verdes.

Ginny se dejó caer sobre una silla, temerosa de lo que pudiera haber pasado. Enterró su cabeza entre sus manos. Sintió que alguien colocaba una mano sobre su hombro y se encontró con los ojos de Ted inundados con la misma expresión de miedo que los suyos.

En otro lugar de Londres Harry salía de una chimenea. A menos de un paso de él se encontraba Grisam.

-Escucha, han secuestrado a Kingsley, no lo han matado, pero lo tienen en la mansión Malfoy. Hemos descubierto esta información bastante fácilmente, por lo tanto, no creo que tengamos mucho tiempo.

Harry se llevó ambas manos a la cabeza, intentando decidir qué hacer.


Hasta aquí el noveno capitulo

Hola, no, no me he muerto. Simplemente voy de culo. Quería daros las gracias a los que leáis este capítulo después de tanto tiempo. Espero volver a actualizar pronto, lo cierto es que los reveiws ayudarían pero sé que no os los pedo pedir después de tardar tanto.

Otra vez gracias a los lectores, para vosotros va dedicado este capitulo.