Hola, no creo que haya mucha gente que lea esto. Para los que sigiuen aqui: tomad. Solo puedo deciros que lo siento.


En otro lugar de Londres Harry salía de una chimenea. A menos de un paso de él se encontraba Grisam.

-Escucha, han secuestrado a Kingsley, no lo han matado, pero lo tienen en la mansión Malfoy. Hemos descubierto esta información bastante fácilmente, por lo tanto, no creo que tengamos mucho tiempo.

Harry se llevó ambas manos a la cabeza, intentando decidir qué hacer.

Al cabo de unos segundos su cerebro pareció interpretar lo que acababa de escuchar.

-Está bien. Tu recluta a todos los aurores disponibles, diles que sean discretos, que no cunda el pánico. Yo iré a avisar a…Hermione. Sí. Le diré que se preparen, Kingsley puede estar herido, la pondré al corriente de todo. Date prisa, en cuanto hayas acabado espérame aquí, en mi despacho. Diles que solo los llamaremos si los necesitamos, ellos son el plan B. El plan A es ir tu y yo de incognito, tenemos bastantes planos de la mansión Malfoy así que nos infiltraremos hasta dentro. No quiero ir en grupo, un enfrentamiento directo podría ser peligroso- dijo Harry a toda mecha

-¿Y una vez dentro?- preguntó el otro

Harry clavó una mirada seria en los ojos de su compañero y tan solo dijo una palabra:

-Improvisación.

Tras haber dicho esto ambos salieron del despacho corriendo.

Harry corría hacia el ascensor para poder avisar a Hermione cuando se topó con una silueta de una embarazada.

-¡Luna! – Oh gracias a Merlín que te he encontrado. Escucha tienes que avisar a Hermione, yo ahora no tengo tiempo. Dile que han secuestrado a Kingsley –Luna lo miró con terror- Tienes que encontrar a Hermione, decirle que prepare San Mungo, que venga al ministerio de Magia, y que espere a que volvamos Grisam y yo. Iremos primero a ver si podemos rescatar a Kingsley sin que los mortífagos se den cuenta, así que debe preparar San Mungo.

Luna asintió lentamente con la cabeza.

-Deprisa por favor, no me falles Luna- le rogó él

-No lo haré.

La chica se encaminó hacia un ascensor y desapareció tras la verja dorada.

Harry volvió corriendo a su despacho, donde ya se encontraba Grisam y sacó de una especie de cartera su capa de invisibilidad.

-¿Cómo…?- empezó el más joven

-Hechizo de expansión indetectable. Lo de la capa es una larga historia. ¿Tienes el lugar para aparecernos?-

-Si- contestó tendiéndole una mano

Se aparecieron en una cueva oscura y sinuosa

-¿Dónde estamos?- preguntó Harry en un susurro

-En uno de los pasillos que llevan a la mansión Malfoy. Bajo Tierra.

Avanzaron en silencio hasta llegar a una puerta. Potter se inclinó para mirar por la cerradura. Iluminados por una luz que no parecía venir de ninguna parte, dos mortífagos protegían el cuerpo del ministro de magia elevado mágicamente.

-Es Kingsley, custodiado por dos mortífagos con mascara, son bastante jóvenes. Parece fácil, demasiado. Esto no me huele bien- murmuró el director del cuartel.

-¿Algún plan?- preguntó Grisam

Harry se quedó pensativo unos instantes

-Sigamos adelante- dijo mientras abría la puerta con cuidado

En el mismo instante en el que abría la puerta, todo se apagó. Harry pensó en hechizar a diestro y siniestro pero no sabía dónde se había colocado Grisam y temió herirle. Cuando volvió a ver se encontró con un grupo de mortífagos rodeándolos, a él y su compañero.

-Era un trampa- musitó Grisam

-Bravo pequeño niño- dijo Lucius- habéis caído en…

Sabiendo que no tendría otra oportunidad el auror cerró los ojos, intentado contactar con Hermione.

-…Potter ¡Escucha cuando te hablan!- gritó Lucius y le propinó un fuerte golpe en el pecho con su vara, haciendo que se le cortara la respiración.- Sabemos que los aurores están en camino. ¿Vas a darnos a piedra de la resurrección?

Por primera vez Harry se fijó en el rostro del ministro, que, para la sorpresa del más joven, no estaba inconsciente y que lo miraba con una serenidad absoluta. Le rogaba con la mirada que no cediese.

-¿Y bien?- intervino Bellatrix

-No.- Contestó entre jadeos

-Mataremos a tu amiguito el ministro. ¿Vas a darnos la piedra?

Las miradas de los dos hombres volvieron a encontrarse. Ninguno de los dos se dio cuenta de que probablemente sería la última vez que se cruzarían.

-No.-repitió

-Lástima.- Y con una sonrisa dijo – ¡Avada Kedavra!

El brillo en los ojos de Kingsley Shacklebolt se apagó, y su cuerpo se desplomó dando un estrepitoso golpe.

Harry sintió como algo dentro de él se contraía de dolor. Ese hombre había sido su ejemplo de auror, su mentor y su amigo, y… estaba muerto. Sus ojos se abnegaron en lágrimas, pero estas no corrieron por sus mejillas, no iba a permitirlo. No ahora.

-La piedra de la resurrección – susurró Lucius - Dánosla y todo habrá acabado.

-Jamás.-sentenció

- Sabes que no ha sido el último.- tan solo dijo el mortifago, y todos se desaparecieron.

En ese momento fue cuando se dejó vencer por el dolor que le inundaba el pecho. Su expresión, que había mantenido fría, se contrajo en una mueca de sufrimiento. Se levantó como pudo, pues algo hacía que su pecho le doliera y le impidiese respirar. Dio un pasa hacía el cuerpo y se dejó caer de rodillas al suelo. Miro la expresión serena del que había sido su amigo y le cerró los parpados.

En ese momento aparecieron los aurores. Muchos se taparon la boca al ver la escena, otros rompieron en lágrimas. Grisam observó a su jefe, que se había puesto en pie y quien pese a intentar ocultarlo seguía pareciendo sufrir un dolor mayor al de todos ellos.

-Lo que estáis viendo es confidencial. No lo comentéis con nadie. Registrad la casa pero me temo que no encontraremos nada, después volved al cuartel…todos sentimos la pérdida de este gran hombre. Pero por favor, por ahora, necesitamos discreción. Lo único que nos faltaría es la prensa por aquí en medio.- Anunció Grisa

Los aurores se disiparon en silencio y Grisam se acercó a su jefe que se apoyaba en la pared, respirando trabajosamente.

-Harry…-empezó Grisam

-Dame…dame un segundo- respondió el otro con una mueca de dolor

-Vuelve, yo me quedo. Todos lo entenderán, tú estabas muy unido a Kingsley. Yo llevare su cuerpo y haré el papeleo pero con una condición, tú tienes que buscar a Ginny, explicarle lo ocurrido y no te quedes solo.

El dolor que sentía aumentó ante la mención de su esposa, recordando la pelea que habían tenido esa misma mañana. Sostuvo a mirada gris de su compañero intentando demostrarle que aún le quedaban fuerzas, pero se falló a sí mismo. Apenas asintió con la cabeza y se desapareció sin pronunciar palabra.

Entró en su despacho lentamente, con la mirada puesta en el suelo. No podía ser cierto lo que estaba viviendo, se esforzó por intentar despertarse de esa pesadilla. Lanzó su varita contra el sofá de su despacho, invadido por la furia, y fue a sentarse en su silla. Cerró los ojos, incapaz de borrar ni tan solo por unos segundos la figura de Kingsley cayendo a sus pies una y otra vez. Notó, al contrario de lo que había pensado en un principio, que el dolor que sentía en el pecho no iba disminuyendo, sino al contrario y que le era casi imposible respirar sin sentir un dolor que le nublaba la vista. Buscó la varita en su bolsillo para pedir ayuda, pero estaba vacío. La varita estaba al otro lado de la habitación sobre el sofá. Cada movimiento que hacía era más doloroso así que procuró quedarse quieto esperando que de un momento a otro apareciera alguien por su puerta. Se recostó en el respaldo de la silla con los puños cerrados con fuerza y la boca torcida en una mueca de dolor. Cada segundo era más insoportable que el anterior y rezó en silencio para que alguien apareciese. Como un ángel de la guarda su mejor amiga abrió la puerta.

-¡Harry! No había heridos cuando lleg…- se interrumpió a si misma viendo que el chico no parecía escucharla- Harry ¿Estás bien? ¿Estás herido?- dijo precipitándose a su lado.

-No…puedo…respirar-dijo entrecortadamente

Hermione abrió los ojos desmesuradamente y fue a examinarle el cuello pero su amigo negó con la cabeza y se llevó la mano al pecho. Ella le desabrochó la túnica y vio algo que no se esperaba, un enorme hematoma cubría su costado derecho. Le ayudó a estirarse en el suelo, de lado para que pudiera respirar mejor. Ella apretó suavemente encima del hematoma y el hombre tuvo que ahogar un grito.

-Tienes rota al menos una costilla. ¿Por qué no me has llamado? ¿Y tú varita?

Como toda respuesta sus ojos se dirigieron al otro lado de la habitación. Allí yacía su varita, en el suelo.

Hermione frunció las cejas.

-No te voy a llevar a San Mungo, es fácil de curar. Tan solo voy a vendarte primero, para asegurarme de que todo queda en su sitio.

La chica vendo a su amigo con toda la delicadeza que fue capaz. Sobrepuso unas vendas a otras hasta que Harry quedo envuelto con una gruesa capa blanca.

-Está bien, esto debería aguantar. Te va a doler, serán cinco segundos, pero dolerán. Dame la mano.- Los dedos de su amigo se cerraron entorno su mano- Episquo.

Los cinco segundos siguientes se les hicieron eternos a ambos, el cuerpo del chico se tensó completamente, mientras cerraba los ojos con fuerza. Hermione luchó por contener sus lágrimas, y contó en silencio. Transcurridos esos dolorosos instantes, se encontró con la mirada esmeralda de su amigo.

-Lo siento. – dijo pausadamente mientras le acariciaba la frente con cariño.- ¿Mejor?

-Mucho- contestó Harry con una media sonrisa

Se quedaron en silencio unos instantes mientras ordenaban sus pensamientos.

-Harry,- susurró ella mirándolo a los ojos- Kingsley ha muerto. ¿Verdad?

Él no puedo sostenerle la mirada y tan solo hizo un breve asentimiento con la cabeza. Hermione no pudo contener el llanto en esta ocasión, así que se incorporó lo mejor que pudo para consolarla.

-Tengo turno en San Mungo hoy. Debería irme.

-¿No pueden cambiártelo?- preguntó él

-Prefiero ir, me dará algo en lo que pensar.

El hombre asintió de nuevo. Se dejó besar en la mejilla por Hermione que susurró:

-Me lo ha contado. Vete a casa con Ginny.

Harry apareció entre las llamas de su casa con el semblante pálido y lleno de preocupación

-Harry- Gritó Ginny abalanzándose en sus brazos- ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

Harry paseo su mirada y vio a Ted levantado, mirándolo.

-Ted, arriba.-le ordenó

-Pero…- replicó

-Ya me has oído

El joven subió las escaleras de mala gana, quedándose en la punta de ellas para poder escuchar. Sin embargo, tan solo percibió un murmullo lejano.

-Harry…-empezó Ginny

-Kingsley ha muerto.


Hasta aquí el cap.

No se cuando podre volver a publicar, lo siento, la verdad es que me hago mayor y cada vez tengo menos tiempo. Esto es para vosotros.

Un beso

Lia

PD: Para Ari!