Hola queridos lectores! Esta vez he trdado pero no tanto verdad? La verdad esq estoy my liada con mis estudios. Pero tenía vacaciones y he aprovechado para escribir un porquitom, espero que os guste, la verdad esq estoy bastante satisfecha.

13) Luna


Cuando los pies del Jefe del cuartel general de aurores volvieron a posarse sobre el suelo, tuvo la asfixiante sensación de que se encontraba en una trampa. Sin embargo, nada lo atacó ni intentó derribarlo. Se encontró al lado de su compañero, en lo alto de la colina, donde reinaba un silencio total. O al menos eso fue lo que le pareció a Harry ya que al cabo de unos segundos comenzó a oír unos débiles gemidos que provenían del interior de la casa. El corazón le latía desbocado, tanto que pensó que podría salírsele del pecho. Corrió hacia esa la extraña morada donde vivía Luna, o había vivido hasta entonces. Cruzó el umbral de la puerta. Sus ojos recorrieron el lugar, con los sentidos alerta, pero lo único que se movía era un hombre rubio que sollozaba sentado en el suelo, su cuerpo entero temblaba y no parecía haberse dado cuenta de que tenía compañía. Sin embargo Harry siguió examinando la escena hasta que sus ojos toparon con una de las peores imágenes que había visto en su vida. El rojo estaba esparcido sobre los habituales tonos pastel y parecía que lo inundaba todo, transformándolo, convirtiéndolo en la más horrible de las pesadillas. Aquello fue demasiado para él. No había nada que hacer, nadie a quien proteger, nada que salvar. Los ojos se le abnegaron en lágrimas y sintió nauseas... Tuvo que salir de allí. En cuanto se hubo separado unos metros de la casa, se dobló sobre sí mismo y devolvió todo lo que tenía dentro. El dolor que le produjo aquel gesto no le arranco de la realidad, y cada vez que la imagen de lo que acababa de ver cruzaba su mente todo su ser se contraía, y las lágrimas resbalaban de sus ojos. Transcurrieron interminables segundos en los que Harry se dejó llevar por la pena que sentía y fue tan solo cuando su cuerpo bramó basta que se incorporó e intentó serenarse. Todos los poros de su piel grataban pidiendo acción, exigiendo justicia, pero no había nada que hacer, ningún sitio por dónde empezar. Se quedó quieto mientras a causa de su ira todo a su alrededor moría. Las flores se marchitaron, las piedras salieron despedidas y los nomos se escondieron. Solo osó moverse la misma figura rubia, que gimoteaba:

-Ellos dijeron que no le harían daño.-sollozó Scamander- ¡Me engañaron! ¡Mi Luna, mis hijos! Me mintieron…están muertos…-la voz se le quebró

Esas palabras tuvieron en Harry el mismo efecto que un resorte. Se acercó hacía el hombre en pocas zancadas y lo cogió por las solapas mientras lo interpelaba:

-¿Quién? ¿Quién te mintió?- vociferó Harry, pero el hombre tan solo gemía lastimosamente repitiendo el nombre de Luna- ¿QUIÉN? ¡Dímelo, maldita sea!-

Las costuras de las solapas de Scamander amenazaban con despegarse, mientras Harry lo taladraba con la mirada, pero el hombre era incapaz de tomar control de si mismo, murmurando palabras casi incomprensibles, y tan solo una de ellas respondía a la pregunta de Harry:

-…mortífagos…

Aquellas cuatro silabas atravesaron a Harry como una llamarada. La ira se acumulaba en el de manera incontrolada, abrasándole y quemando todo lo que tenía a su alcance. Su sangre aria como la lava y toda razón o comprensión que pudiera haber existido se consumió sin dejar rastro.

-¿¡Que hiciste qué!? ¿Te vendiste a los mortífagos? ¿Y qué esperabas? ¿Acaso protección?- ironizó Harry, desquiciado- ¿Su palabra? ¡Aquí la única persona que realmente se preocupa por todos vosotros soy yo! ¡Eres un estúpido arrogante! ¡Y ahora tus hijos y tu mujer están muertos por tu estupidez!- la voz de Harry iba in crescendo- ¡TE VOY A MATAR MALDITO HIJO DE PUTA BASTARDO! ¡TE VENDISTE Y AHORA TU MUJER Y TUS HIJOS ESTÁN MUERTOS POR TU CULPA! ¡MALDITO CABRÓN GILIPOLLAS!

Lo empujó provocando que cayera al suelo y de buena gana Harry se hubiera abalanzado sobre él para darle un buen puñetazo, pero algo por detrás lo sostuvo, impidiéndole acercarse más. Forcejeó un instante con l persona que estaba aguantando, hasta que consiguió soltarse. Por un instante, se olvidó de Scamander, tirado en el suelo, y giró la cabeza para encontrarse con los ojos de Grisam que l recomendaban que se estuviese quieto. Eso bastó ara desinflar la ira de Harry quien comprendió que su compañero lo acababa de salvar de un error terrible.

En ese instante, llegaban los demás miembros del cuartel, que habían sido avisados por Grisam hacia algunos minutos. Contemplaron la escena, y no faltaron miradas acusadoras hacía Harry quien se encontraba de pie respirando agitadamente junto a Scamander que gemía desesperadamente.

-Este hombre es un cómplice de los mortífagos- anunció Harry- acaba de confesar. El auror Egecombe es testigo. Me lo llevo al cuartel. Ocupaos del resto. Hay que recolectar las pruebas, y hay… hay tres cadáveres. Están… están en muy mal estado.

Diez pares de ojos fijaron sobre Harry sus miradas reprobatorias pero este las ignoró. Cogió al traidor y se desapareció.

Llegó al ministerio al cabo de unos segundos pero Scamander no pareció darse cuenta, seguía gimoteando y el auror casi debió arrastrarlo a la celda donde permanecería hasta que lo juzgasen. Una vez lo dejó allí Harry se dirigió hacia su despacho. Como siempre le ocurría, en aquel momento, cuando de verdad se encontraba solo y relativamente tranquilo, sintió la pérdida en su corazón. La culpa recorrió su cuerpo como veneno ardiente, y sintió asco de sí mismo por permitir que todo aquello hubiese ocurrido. Tenía ganas de destrozar su despacho, de esconder todas las fotos, no podía ni siquiera contemplarlas sin sentir que era un desgraciado. Quiso salir de aquellas cuatro paredes, pero tampoco podía, ya se había puesto suficientemente en entredicho delante de los demás aurores pegando a Scamander como para ahora largarse por las buenas. Tampoco hubiera sabido dónde ir, no se sentía digno de su familia, no podía abrazar a su mujer y a sus hijos sabiendo que había un hombre que acababa de perder a su familia para siempre. Su cerebro trabajaba con una lentitud exasperante, parecía que todo lo que pudiera concebir fueran palabrotas y maldiciones. Le hubiera gustado subir a ver a Kingsley, haberle explicado lo que había hecho y poderle haber dicho a sus aurores: "He hablado con el primer ministro de magia, si tenéis algún inconveniente habladlo con él". Pero no. Estaba muerto, su amigo estaba muerto. Una nueva oleada de esa asquerosa sustancia pareció colarse por su cuerpo. Cerró los ojos mientras su cerebro seguía desarrollando la escena que seguramente pasaría cuando volvieran los aurores. Él saldría de su despacho y el silencio se instauraría en la sala, algunos lo mirarían con desprecio, retándole a dar explicaciones, y los que más lo apreciaban lo mirarían con lastima. Después, en cuanto cerrara la puerta del despacho los murmullos volverían a instalarse, comentando si todo lo que estaba ocurriendo estaba afectando al Jefe y si realmente estaba capacitado para mantener el mando mientras sobrellevaba esa horrible pesadilla. Daba asco. Toda su vida estaba marcada por la opinión pública, todo el mundo opinaba, todo el mundo lo juzgaba. A veces héroe, a veces villano, loco, ególatra o chiflado, no importaba. Pero para Harry era luchar contra la opinión del mundo y la de sí mismo. Dios, cuanto ansiaba salir de su despacho. Pero la misma pregunta resurgió en su mente. ¿Adónde podía ir? ¿Cómo podía permitirse el lujo de tener ganas de llegar a casa y contarles a su mujer y a sus hijos que Luna, una buena amiga de Ginny y madrina de Lily, había muerto? Sintió un profundo desasosiego. No quería llegar a casa y robar a su familia la felicidad de esa manera. Se lo contaría, porque era imposible ocultárselo, pero sintió que debía dejarles el máximo de minutos en la ignorancia, tan corrientemente igual a la felicidad. Por suerte Hermione aquel día tenía turno en San Mungo, así que se había ahorrado la horrible visión que había tenido Harry.

La noche llegó rápido, demasiado rápido para el gusto de Harry. Dejó que pasaran las horas, hasta que se hizo evidente que tenía que volver a casa. Cuando se fue no quedaba nadie en la oficina, pese a que eran las diez de la noche. Cogió su maletín y su capa y se encaminó hacia la chimenea de su despacho con pesar. Se adentró en ella, lanzó los polvos fu y pronunció la dirección de su casa. Cuando apareció en el salón se encontró a Ginny leyendo despreocupadamente y a Ted viendo la televisión muggle que tenían instalada en casa. Al verle, Ginny se levantó para besarle y saludarle, pero supo inmediatamente que algo iba mal.

-¿Qué ha pasado Harry?- le preguntó en cuanto sus ojos se cruzaron

-Espera por favor, dame un segundo. – Pidió con amabilidad- espérame en la cocina.

Parsimoniosamente se quitó la capa, dejó sus pertenencias sobre la mesilla no sin antes darse cuenta de que Ted no le había dirigido ni una sola mirada. Lo que él no sabía, es que el chico no lo había mirado porque se sentía demasiado avergonzado de sus actos. Así que, sin pensar tan siquiera en ese motivo como explicación para la actitud de su ahijado y dolido, Harry siguió a su esposa a la habitación contigua. Donde esta se había sentado en una silla.

Se sentó a su lado, la cogió de la las manos y la miro con gravedad. Cuanto adoraba las graciosas pecas que tenía sobre la nariz… Pero ahora tenía que concentrarse, tenía que mantenerse fuerte por ella. Tenía que decirle que todo se arreglaría cuando en el fondo no sabía si es era cierto. Pero sacaría del fondo de su ser las fuerzas para susurrarle a su mujer en el oído que él estaría a su lado para siempre y que no tenía nada de qué preocuparse. Tomó aire.

-Scamander era un traidor, pero lo mortífagos pensaron que era el quién pasaba la información a la orden. Han…han matado a Luna. –dijo Harry

Los ojos de Ginny se inundaron de lágrimas y se tapó la boca con ambas manos, horrorizada. Solo tenía una única esperanza, que le formuló a su marido suavemente:

-¿Los bebes? ¿Los bebes que tenía dentro, pudieron salvarlos?

Harry simplemente bajó la mirada y negó con la cabeza. Ginny se puso a sollozar desconsoladamente, destrozada por la pérdida de su amiga, además de por la crueldad de los mortífagos. Se dejó abrazar por Harry, quien la atrajo hacia sí y le susurró palabras tranquilizadoras mientras le acariciaba el pelo, consciente que no podía hacer nada por ayudar al amor de su vida y luchando silenciosamente con sus propios demonios.


Hasta aqui el capítulo! Espero que os haya gustado la verdad esq en un rincipio queria hacer un descripción mas gore, pero me ha parecido de mal gusto así que bueno podeis imaginaros la escena. Espero que os haya gustado este capitulo, que aonda bastante en los sentimientos de Harry.

El proximo capitulo espero que pronto, se agradecen los reveiws, prometo contestarlos, que ha veces se me olvida.

Por la falta de reveiws en este capitulo deduzco que no os ha gustado, si alguien tviera la amabilidad de dejarme uno para decime que he hecho masl, se lo agradecería

Muchas gracias por leerme

Lia