Buenas noches :)

A continuación dejo el segundo capitulo de esta historia, que bien se podría tomar como viñetas que van mostrando diferentes etapas. Voy a manejar el fic de esta manera :D

Gracias por leer.

Atención: Dragon Ball y todos sus personajes son propiedad de Akira Toriyama. Yo solo escribí la historia por gusto y diversión.


Capítulo 2: Adaptándose

******************** Necesidades Básicas ********************

Al día siguiente del reencuentro, Número 18 buscó de nuevo a su hermano para llegar a un acuerdo de qué es lo que harían. En un inicio, la idea de ella era robar descaradamente lo que necesitaban y aunque su hermano estuvo de acuerdo, la presencia del guerrero Piccoro los detuvo. Ese día volaban cerca de la cuidad y se disponían a realizar un pequeño robo.

Pero inesperadamente detectaron la presencia del nameku en las afueras de la urbe, lo que les impidió continuar en ese momento. A pesar de tener la posibilidad de usar su poder combinado contra él, decidieron no hacerlo. Sabían que los amigos de Goku los vigilaban y tardarían más en intentar algo, que ellos en aparecer dispuestos a eliminarlos. En especial el príncipe saiyajin.

Decidieron esperar y al anochecer volvieron a la cuidad y se dirigieron específicamente a una plaza comercial, que después de la media noche, cerraba sus puertas. Fue fácil entrar por la zona de abastecimiento, rompiendo algunos candados y dejando inconscientes a los guardias. Esa ocasión robaron específicamente lo que necesitarían: capsulas, ropa y alguna que otra cosa.

Gracias al hurto de las Hoi Poi ahora tenían una casa portátil, muebles, otros aditamentos y un Aerodeslizador. Aunado a esto, Número 18 se hizo de un closet lleno de ropa nueva y Número 17 se llevó una consola de videojuegos para no aburrirse. Decidieron establecer su guarida en el mismo territorio donde se reencontraron, cerca del bosque montañoso. Era preferible permanecer ocultos por un tiempo.

Sin embargo, al paso de los días comenzaron a pasar dos cosas importantes. La primera era que estaban aburriéndose de no hacer nada interesante y la segunda se trataba de un inesperado cambio fisiológico que se presentó en sus cuerpos. A pesar de ser androides y tener energía ilimitada, comenzaron a tener la necesidad de alimentarse.

Se dieron cuenta de esto cuando las funciones comunes de sus cuerpos se restablecieron lentamente, sorprendiéndose por tener aun las necesidades fisiológicas de cualquier otra persona. Jamás pensaron que esto volvería a suceder ya que después de ser objetos de experimentación, fueron colocados en un estado de sueño profundo por el doctor Gero, quedando al mínimo sus procesos vitales.

–No lo puedo creer… – se quejó 17 después de escuchar el sonido de su propio estomago.

–Es realmente extraño, pensé que ya no volvería a sentir la sensación de sed– secundó su hermana, después de beber un poco de agua del sistema hídrico que tenía la casa.

– ¿Eso significa que debemos buscar comida?– preguntó 17 sin mucho ánimo. Permanecía tumbado sobre un sofá al tiempo que manipulaba un control de videojuegos.

–Me imagino que si…–

–Bien, entonces qué tal si robamos algo en los suburbios, estoy aburrido de esto– sugirió después de tirar el mando al suelo y levantarse del mueble.

– Supongo que no nos queda de otra– dijo 18, indiferente.

Al salir al patio, 17 arrojó una capsula, que inmediatamente después de explotar, dejó a la vista el vehículo aerodinámico.

– ¿Estas bromeando verdad?– preguntó ella.

–Vamos, no seas amargada. Es más divertido recorrer el camino que volar– contestó su hermano, que con gesto divertido entró al transporte de un salto.

Ella rodó los ojos y terminó por abordar también, después de todo no tenían nada más que hacer por el momento.

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******************** Buscar Trabajo ********************

Necesitaban dinero, para tener dinero era necesario trabajar o robar. La segunda opción no era recomendable a pesar de lo fácil que les resultó la vez anterior. Ambos hermanos decidieron intentar el camino normal, así que se hicieron de algunos periódicos para revisar la sección de avisos. Al no tener memorias de su pasado, tampoco sabían si contaban con algún tipo de preparación académica o si eran buenos en alguna actividad. Sus conocimientos eran generales, más la información que poseían en sus archivos internos. Así que optaron por colocarse en el empleo más genérico que encontraran.

La primera en hallar trabajo fue Número 18, quien a pesar de ser algo frívola y engreída, sabía conducirse mejor entre los humanos que su hermano. Con un poco de paciencia y controlando su carácter, consiguió un trabajo de cajera en un centro comercial. Era algo fácil para comenzar a ganar unos cuantos zenis.

Y es que aunque no lo quisieran, los mellizos tenían que alimentarse, no era muy seguido pero debían hacerlo. Necesitaban ganar dinero de otra forma, ya que los asaltos a restaurantes estaban delatando su presencia y en algunas ocasiones se sintieron vigilados por alguien.

El tiempo avanzó, la joven rubia ya llevaba cinco meses laborando ahí. A pesar de ser muy mecánico su proceder, hacia sus actividades bien y rápido. Con las habilidades tecnológicas que poseía, bien podía calcular el total de una compra antes de terminar de pasar los artículos por el lector de barras, casi se podría decir que ella se desperdiciaba en ese trabajo.

A decir verdad, esto le aburría un poco hasta que cierto día vio a lo lejos a unos individuos que reconoció de sus archivos de información: Milk, la esposa de Goku y Gohan, su hijo. Ambos caminaban hacia la salida de la tienda con bastantes bolsas, la cuales cargaba el niño ya que la mujer tenía que lidiar con su propio cuerpo, estaba embarazada.

Ellos son… la familia de Goku– pensó extrañada. No se imaginó que podría encontrarse con ellos en ese lugar. –Vaya, quien lo diría, de seguro ni se enteró que dejó un hijo. –

Más tarde.

La mujer llegó a la casa que compartía con su hermano. La visión que tuvo de él durmiendo en el sofá la hizo enojar, porque en estos meses no había sido capaz de conseguir un empleo. Soltó una exhalación de molestia, se acercó y de una patada estrelló el mueble con su ocupante en la pared. Evidentemente se moderó en la fuerza para no dañar la vivienda.

– ¡Oye, que fue eso…!– balbuceo Número 17 debajo del sofá.

– ¡¿Qué rayos haces ahí?! Dijiste que saldrías a buscar trabajo– regañó ella.

–Tranquila, sólo estaba tomando un descanso–

– ¡Déjate de estupideces, no necesitas descansar!– contradijo más irritada.

Su hermano había estado flojeando, todavía no encontraba trabajo y de vez en cuando se la pasaba jugando videojuegos todo el día, lo que la alteraba bastante. Aunque no se podía decir que lo estuviera manteniendo del todo, Número 17 no le pedía dinero. Por el contrario e inesperadamente, cuando se necesitaba, salía a cazar o pescar en el bosque cercano para complementar el alimento que consumían de vez en cuando. Lo mismo hacia con el agua, recolectaba la necearía de un río no muy lejano para tener siempre lleno el depósito que les servía como cisterna. No es que fuera un completo inútil, pero le desesperaba la actitud tan liviana que a veces tenia.

–Está bien, está bien, mañana voy a la ciudad para ver que encuentro– dijo, quitado de la pena y acomodando de nuevo el sofá en su lugar.

Ella rodó los ojos con fastidio y después se fue a su habitación. Su gemelo tenía un conflicto con su arrogante forma de ser para con los humanos y a veces no podía mantener un trabajo por más de una semana. Era necesario obligarlo a buscar algo en que entretenerse, la ociosidad no es buena consejera.

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******************** Empleo Temporal ********************

Tal y como lo había dicho, el androide 17 encontró una ocupación. En los límites de la ciudad había obras de construcción para nuevos edificios comerciales. En uno de esos lugares estaban solicitando un guardia nocturno. Esta actividad le pareció la más conveniente, ya que no tendría que lidiar con personas.

Cumplió cuatro semanas trabajando sin problemas, llegaba cuando los obreros estaban abandonando el lugar, recibía un par de instrucciones del capataz y después se quedaba solo. Al principio el encargado de la obra se mostró reacio a contratarlo, ya que pensó que un hombre de su complexión no soportaría la jornada nocturna. No obstante, la empresa requería urgentemente a alguien que laborara por el poco salario que ofrecían y además no querían reclutar a más personal para ahorrarse gastos. Cuando 17 fue el único candidato, no les quedó de otra que aceptarlo.

Al paso de los días se dieron cuenta de que era bastante eficiente. Las cámaras de seguridad revelaban que no dormía en ningún momento desde su llegada y se la pasaba recorriendo la inmensa obra piso por piso y área por área sin apenas descansar un momento, dando rondines una y otra vez. El capataz no le dio importancia a eso ni al hecho de que no llevara nada para cenar. Simplemente hacia su trabajo bien y para la empresa era suficiente.

Cierta noche, el androide estaba aburrido y decidió subir a la parte más alta de una de las grúas para distraerse con la vista panorámica. Inesperadamente notó una camioneta oscura que se estacionaba en la zona de acceso a la construcción y con asombro observó a varios hombres portando armas y una cortadora eléctrica. Inmediatamente comenzaron a trozar la cerradura de la entrada. Eran ladrones y su objetivo estaba claro, esa semana había llegado material nuevo y costoso para la construcción.

Vaya, vaya un poco de diversión– pensó con una sonrisa fría.

De un salto silencioso recorrió los más de 200 metros de altura del edificio, quedando exactamente enfrente de la puerta de acceso, que en ese momento caía cortada. Los hombres se sorprendieron al verlo, ya que permanecía extrañamente quieto.

–Desháganse de él– ordenó el líder.

Un par de disparos semi ahogados por un silenciador se escucharon, después los murmullos de asombro. Número 17 solamente sonreía y sus ojos azules por un momento adquirieron un brillo siniestro.

Las patrullas cercaban el lugar revisando la escena y una ambulancia atendía a los ladrones. Todos los hombres presentaban golpes severos y fracturas en al menos una parte de su cuerpo. Las armas que llevaban permanecían destrozadas en el piso. El capataz buscó al guardia nocturno, pero no lo encontró. Nadie supo con exactitud que sucedió.

Número 17 observaba todo, sentado en la azotea de un edificio contiguo. Le quedaba claro que después de hacer eso, no podría permanecer ahí sin que lo cuestionaran insistentemente. No tenía la paciencia para lidiar con ello y como el día anterior había cobrado su salario, decidió dejar el trabajo y buscar otra cosa.

–Así que fuiste tú– pronunció una voz a sus espaldas.

–Ellos empezaron– contestó tranquilamente.

Su hermana había visto el informe en el noticiero de la madrugada, así que fue a buscarlo. –Sí que eres idiota, ahora ya no podrás regresar– le reprochó.

–Ya me había aburrido y estos sujetos sólo fueron un pretexto– volvió responder con indiferencia. –Además, ya encontré un trabajo más divertido– dijo, al tiempo que se levantaba y le mostraba una hoja de periódico marcada en color rojo.

– ¿Guardabosques?– preguntó, levantando una ceja en gesto de sorpresa. –Esto se encuentra en una región bastante alejada. –

–Así es, tenemos que mudarnos… y yo conduzco– sonrió divertido antes de comenzar el vuelo.

Número 18 hizo una mueca de fastidio, ella no tenía planeado alejarse de esa ciudad. Pero debía admitir que ya comenzaba a hartarse del conteo de artículos en la plaza comercial. Así que no tardó mucho en decidirse, ya era necesario cambiar de aires.


Continuará...