Hola a todos, aquí tenis un nuevo capítulo, contiene solo una escena, espero que os guste. JKR es dueña de Harry Potter y su universo


Harry llegó a casa cansado y frustrado, como venía siendo habitual. Pese a que Percy había encontrado pruebas de la existencia de un manuscrito conteniendo la información que necesitaban, estaban tan cerca de encontrarlo como de que Hermione se hiciese jugadora profesional de quidditch. Se aflojó el cuello de la túnica y dejó sobre la mesa del salón el resto de sus pertenencias.

-Hola- murmuró, agotado

Los demás respondieron a su saludo, más o menos enfrascados en sus propias actividades. Los niños jugaban con un simulador de quidditch, Ted leía a su lado y Ginny escribía, probablemente algún artículo de última hora.

-¡Papi!- gritó Lily y se alzó para abrazarlo

-Hola pequeña- contestó el aludido, que sentía sus fuerzas renovarse solo con tenerla en brazos, la estrechó contra él y depositó un suave beso en la rosadas mejillas-¿habéis cenado?

-Sí, mamá ha hecho tarta de calabaza-exclamó la niña con los ojos muy abiertos.

-¡Qué bien!- la miró embelesado- Anda cariño, ves a jugar con tus hermanos, yo voy a comer algo ¿vale?- dejó con cuidado a la niña en el suelo y se encaminó hacia la cocina.

Al cabo de unos instantes Ginny dejo la pluma, metió el pergamino en un sobre y siguió los pasos de su marido. Observó cómo sacaba a mano un plato y los cubiertos de los cajones, los hechizos domésticos nunca habían sido su fuerte.

-Ron ha venido preguntando por ti-le informó su esposa, tomando asiento a su lado y pronunciado un Muffliato hacia a puerta.

-¿Qué quería?

-No lo sé, creo que Hermione tenía hoy guardia en San Mungo y me ha dicho que quizás se pasa más tarde.

-Está bien.

-Has llegado tarde.

-Son solo las siete, además tenía mucho trabajo, tengo que solucionar muchas cosas.

-Como si aquí no tuvieras cosas que solucionar- murmuró Ginny con amargura

-¿Perdona?

-Ya no se en que idioma tengo que decirte que hables con Ted- susurró ella

-No sé qué decirle- contestó él- No sé cómo empezar.

-Pues tú eres el adulto, y tanto que te empeñas en tratar a los demás como críos podrías comportarte como alguien mayor.

-¡¿A qué coño viene eso?! – Respondió Harry dejando los cubiertos sobre la mesa con más fuerza de la necesaria

-Viene a que quizás te enfrentaste a Tom Ryddle pero eres incapaz de enfrentarte a los problemas que tienes con tu ahijado –Exclamó Ginny

-¡No es tan fácil!

-Estoy harta de ver esto, de la incomodidad cada vez que estáis juntos.

-Él vio muchas cosas cuando entró en el Pensadero y no… ¡No quiero hablar de ellas!

-¿Por qué? ¿Por qué no puedes hablar de lo que sientes? ¿Por qué te empeñas en encerrarte en ti mismo?

-¡Maldita sea!

Harry intentó serenarse, su rabia le impulsaba a recordarle a Ginny lo mal que lo había pasado con lo que ella le había hecho, lo que le había hecho pasar el año que no estuvieron juntos. Recordarle a Ginny que aquello había quedado marcado en su espíritu. La única persona con quien le hubiese gustado hablar de la guerra lo había tratado como un asesino, y aunque luego se hubiese dado cuenta de su error, Harry comprendió que habría ciertas cosas que tendría para siempre que guardarse para sí mismo. Así que para él la única manera de sobrellevar todo lo que había ocurrido en el pasado era no pensar en ello, intentar vivir en el presente, en el futuro y recordar el pasado solo cuando fuese necesario. Los años de maltrato con los Dursley, las malas experiencias, el dolor, y la perdida por todas las muertes, pero especialmente el más reciente asesinato de Luna estaban parecían hincharse en él, oprimiéndole el pecho de tal modo que no podía respirar. Su pecho subía y bajaba de manera acelerada y notaba el latido de su corazón en las sienes. Tenía que luchar contra esa sensación, sentía como si el mundo se le estuviese cayendo encima. Apenas podía comprender lo que estaba pasando, cerró los ojos, aturdido. Tuvo que expandirse, pero lo hizo en todos los sentidos y un aura de magia salió de él, provocando que todos los objetos de la cocina saltaran por los aires. Una solitaria jarra de agua que Ginny solía usar para regar las plantas explotó justo al lado de la reportera, que tuvo que cubrirse él rostro con los brazos. En cuanto oyó el estallido, Harry abrió los ojos, intentando comprender que acababa de ocurrir. Merlín, había hecho magia accidental. Hacía años que no le ocurría…pero lo peor es que había hecho daño a su mujer. "Soy la mayor escoria que ha pisado jamás la tierra" fue el primer pensamiento que cruzó su ente cuando se dio cuenta de sus actos. Cuando se dio cuenta Ginny ya había dado un portazo y se había ido corriendo escaleras arriba. Se apresuró a seguirla. Por suerte los niños ya se habían ido a la sus habitaciones.

-¡Ginny! ¡Ginny!- La llamó mientras subía las escaleras, pero tan solo oyó la puerta de la habitación dando un portazo

Cuando llegó frente a ella intentó abrirla, pero estaba cerrada.

-¡Ginny! – Repitió mientras picaba con suavidad- Sabes que podría abrir la puerta con un hechizo, no me obligues a hacerlo.- No hubo respuesta. Harry pensó seriamente en entrar por la fuerza pero no quería estropear aún más las cosas- ¡La tumbaré al modo muggle si hace falta!

En aquel preciso instante Ron surgió entre las llamas de la chimenea del valle de Godric, había aprovechado la ausencia de Hermione para ir a una cena de negocios con unos inversores chinos dispuestos a copiar los productos Weasley y distribuirlos por toda Asia, y sus hijos estaban en la Madriguera. Algo animado por los brebajes que había tomado aquella noche, se encaminó escaleras arriba en busca de su hermana y cuñado. Oyó claramente la voz del ultimó mientras subía los peldaños:

-¡… quiero saber si estás bien! ¡Joder! Lo siento Ginny, soy un mierda… lo siento. Sabes que nunca he querido hacerte daño…se me escapó–Harry vio por el rabillo del ojo como alguien subía las escaleras, pero no le dio importancia, quizás Ted estuviese en el salón y él no lo había visto, nadie que no fuese de confianza podía atravesar las barreras- ¿Te duele mu…?

Antes de que pudiera acabar la frase una fuerza descomunal impactó contra su pómulo izquierdo. Completamente desprevenido, cayó hacia la derecha, atravesando con su mano y antebrazo las puertecillas de cristal de la vitrina de los premios y golpeándosela cabeza contra el suelo, quedándose mareado. Aun así, sus reflejos de auror acudieron en su ayuda, y tan pronto como pudo volver a articular dos pensamientos consiguió sacar su varita. Aquel movimiento, que le había tantas veces salvado la vida, no fue suficientemente rápido para la ocasión, Ron se hubiese abalanzado de nuevo sobre él si algo no se lo hubiese impedido…

Ted continuaba la lectura de su libro sentado en su cama oyó el estrepito de cristales romperse justo al otro lado de la pared. Asustado por lo que hubiese podido pasar abrió la puerta y encontrar a su tío a punto de abalanzarse sobre su padrino, que estaba en el suelo cubierto de sangre. Sin pensarlo dos veces agarró al agresor por la espalda, impidiéndole acercarse al que se suponía que era su mejor amigo.

-¡Ha pegado a mi hermana! – Exclamó Ron revolviéndose para soltarse del agarre

- ¡IMPOSSIBLE!- aseguró Ted.

La rotundidad, la seguridad y la rapidez de su respuesta instalaron la duda en el corazón de Ron. ¿Estaba seguro de que Harry había hecho semejante cosa? Dejó de forcejear tan salvajemente con el chico, que seguía sin soltarle. Miró detenidamente a Harry, tendido en el suelo pero lo apuntaba con la varita.

-Él nunca haría eso- añadió el metamorfomago, sin un ápice de duda.

Ginny, que se había quedado del otro lado de la puerta mientras Harry hablaba pensó que el ruido de los cristales lo había provocado Harry, rompiendo (esta vez voluntariamente) alguno de los premios de la estantería en un arrebato de rabia. Sin embargo el oír la voz de su hermano la desconcertó y no supo si salir de la habitación. Un segundo más tarde decidió averiguar lo que pasaba, se dijo que era demasiado mayor para esconderse detrás de la puerta. Al salir de la habitación su sorpresa fue mayúscula.

-¡Harry!- Lo llamó, acercándose a su marido.

Su pómulo izquierdo comenzaba ya a amoratarse e hincharse y tenía la mano derecha surcada de cortes con cristales clavados. Además estaba muy pálido y parecía a punto de vomitar.

-¿Estas bien?- balbuceó el aturdido auror sin verla realmente, pues se le habían caído las gafas- Lo siento…

-Claro que estoy bien, pedazo de idiota, perfectamente. –Le contestó ella de malos modos, pero en el fondo conmovida por su preocupación.

-¡Así que es verdad! ¡Te ha pegado!- dijo Ron crujiendo los nudillos amenazadoramente

-Claro que no me ha pegado, imbécil. ¡Jamás me pondría la mano encima!

-Pero, pero… Te ha pedido perdón…

-¡Las razones por las cuales él me pida perdón no son de tu incumbencia!

-Pero…pero…-tartamudeó Ron entre la confusión y la culpa

-Lárgate- le ordenó ella-No quiero a alguien en mi casa que le acaba de partir la cara a mi marido, así que ¡fuera!

-Yo, yo, lo siento… estaba nervioso…

-Tus niveles de estrés no justifican que uses a MI marido de saco de boxeo. Fuera de mi casa AHORA. No me obligues a hechizarte.

El hombre no se movió y Ginny sacó la varita, así que a Ron no le quedó más remedio que marcharse. Se dio media vuelta y se dirigió escaleras abajo. Tan pronto como lo hubo hecho Ginny encaró a su marido que intentaba moverse con dificultad.

-Ted, ayúdame- Pidió Ginny mientras tiraba de su marido por la cintura.

Ted cogió a su padrino por el brazo que no tenía heridas y lo colocó detrás de su cuello.

-Vamos abajo, en la cocina habrá espacio suficiente para curarte y quitarte todos los cristales de la mano.-decidió la mujer

Se encaminaron hacia las escaleras mientras Harry estaba cada vez más mareado. En una oleada de náuseas y sin poder evitarlo, devolvió todo cuanto había comido aquella noche sobre los peldaños. Su ahijado lo sostuvo firmemente y su mujer le aguantó la cabeza con cariño.

-¿Estás mejor?- preguntó ella

-Sí, mucho. Mejor fuera que dentro –susurró él, recuperando poco a poco el color en la cara

Acabaron de bajar las escaleras en silencio y los tres se dirigieron a la cocina. Dejaron que Harry se sentara.

-Deberíamos avisar a Hermione –dijo Ginny viendo el mal aspecto de la mano y el antebrazo de auror

Él negó con rotundidad:

-Está de guardia, y no pienso ir a San Mungo, esta lleno de periodistas que les encantaría saber cómo ha sucedido esto. Además si Ron ha podido pensar que te he pegado, ¿te imaginas lo que harán los que no me conocen personalmente? - La chica iba a proponer algo más pero Harry se adelantó- Tampoco quiero que Hermione venga aquí, le crearía un problema en su trabajo y es mejor que Ron le cuente lo que ha hecho antes de que se entere por mí.

-Está bien –aceptó Ginny prefiriendo no discutir y centrándose en curar a su marido- Ted, tráeme una sábana limpia de arriba, después ves al baño de aquí al lado coge la esencia de díctamo y la solución Murltrap, ah, y una venda.

Ted salió disparado escaleras arriba.

-No se cómo vamos a quitar los cristales ¿quizás al modo muggle? –dijo ella observando la mano de su marido que aún sostenía contra su pecho.

-No, lo mejor será usar un accio, pero de uno en uno para elegir el mejor ángulo de salida, que si no me podrás sacar la piel del brazo a tiras- bromeó él

-Cállate- lo reprendió su mujer

Ted volvió en ese instante con la sabana, que colocaron sobre la mesa para que Harry pudiera apoyar la mano herida. Ginny fue invocando los cristales uno por uno, hasta que no quedó ninguno incrustado en su piel.

-Cariño- dijo, dirigiéndose al ahijado de su marido- como no tenemos poción para los hematomas, y no puedes hacer magia porque no coges del congelador muggle algo de hielo, lo envuelves en un trapo y se lo das a Harry, tiene que dolerle la cara. –El chico asintió y salió de nuevo de la cocina- ¿Y ahora qué?

-Déjame a mí, Hermione me enseño a curar cortes profundos, hay que ir capa por capa, musculo y tendones, nervios, arterias y venas y piel. Es un poco más lento pero hace que luego se cure más rápido.

Sacó su propia varita y aplicó los pasos tal y como los había aprendido de Hermione. Mientras Harry trabajaba Ginny le secaba en sudor de la frente, con ese cuidado y cariño que guardaba especialmente ara su marido o para sus hijos. Cuando hubo, mojó las vendas que le había traído Ted en solución Multrap y en díctamo le vendó las rosadas cicatrices que habían quedado y que se habían sumado a las que ya existían "No debo decir mentiras".

-Lo siento- murmuró Harry tras unos segundos de silencio- podría haberte hecho daño, no pude contenerme, era como si de pronto el mundo estuviera cayendo sobre mí.

Bajó la mirada incapaz de hacer frente a la mujer que más amaba en mundo, incapaz de afrontar el hecho de que podría haberle causado sufrimiento. La vergüenza y la culpa se retorcían en su estómago como dos serpientes.

-Oh, Harry, perdóname tu. Todo esto es culpa mía. Yo quería provocarte, pensaba que si te lo decía tan claramente que discutiésemos verías que la situación no podía continua de esta manera. Y luego, bueno, tengo que decirte que o actué de la manera más madura posible, escondiéndome en nuestra habitación. En parte me cabreaba que hubieses reaccionado así. En parte me daba vergüenza admitir que había ido a tocar tus puntos débiles- explicó Ginny, también abochornada.

Harry se quedó callado unos instantes asimilando las palabras de su esposa

-No lo vuelvas a hacer- no era una oren sino una petición- No vuelvas a hacerme esto. Voy…voy a intentar explicártelo. Ginny, la guerra no fue fácil, sé que para ti tampoco, pero… Quiero decir que yo era el responsable, yo decidí que hacer, cuando hacerlo, no sé qué hubiera pasado si hubiese hecho las cosa diferente. Ese pensamiento me atormentaba Ginny y solo había una persona que necesitaba a mi lado- Los ojos de Ginny se inundaron de lágrimas, recordando lo que había hecho- También es culpa mía, porque acepté las acusaciones de todo el mundo, nunca me defendí, porque yo también me creía culpable… ya lo sabes o hablamos en su momento. Pero quiero que entiendas que todos esos meses se me quedaron grabados. Tuve que enterrar todo lo vivido, y ahora, ahora este maldito asunto con la piedra de la resurrección lo está sacando a flote. Estoy hecho polvo Ginny… y te necesito a mi lado. Sé que ya no convenzo a nadie de que puedo con eso y estoy luchando por seguir creyéndolo yo mismo. –le confesó

Ginny lo miró con los ojos húmedos pero la mirada serena.


Hasta aquí. Espero que os haya gustado, intentaré publicar pronto. Un reveiw siempre anima a publicar más rapido, si teneis tiempo y ganas de hacerme feliz :)