Harry potter pertenece a JK Rowling


La mañana siguiente fue una mezcla extraña entre el remordimiento y el amor profundo y sincero que profesaba Harry por mujer. No podía cruzar su mirada sin avergonzarse, y sin embargo, tampoco podía evitar sentirse afortunado. La pareja desayunó en silencio, pues los niños se les habían adelantado.

- Lo siento- dijo Harry.

Las palabras brotaron de sus labios espontáneamente, quizás alimentadas por el dolor punzante de su mano derecha, quizás por la visión de su esposa. Le recordaba con su sonrisa y su olor que todo el dolor y el miedo que sentía no encajaban en aquel hogar bendecido con su presencia.

-Harry -susurró ella- Está bien. Todo va bien. Yo también lo siento.

El silencio se instauró de nuevo entre ambos. Ginny tomó el rostro de Harry entre sus manos y le obligó a fijar sus ojos en los suyos.

-Gracias por abrazarme toda la noche. – Él insinuó una sonrisa. Ella lo acarició con ternura. – Saldremos de esta. Juntos. – añadió, obligándole a levantar la mirada.

-Gracias- respondió él, con voz queda.

Se quedaron mirando largo rato, pero fueron interrumpidos por el sonido de una lechuza contra la ventana. Cuando la examinaron, encontraron una nota para Harry.

"Creo que tengo la respuesta que estábamos buscando. Reúnete conmigo de inmediato.

P.W."

Cuando Harry llegó al ministerio de magia, su corazón latía desbocado. La idea de poner fin todos aquellos meses de invierno lo llenaba de esperanza, pero también de temor. Algo le decía que tenía que salir mal.

Llegó delante de la puerta del departamento de lo estaba esperando. Lo saludó formalmente y le pidió que lo siguiera. Tras recorrer diversos pasadizos llegaron a lo que parecía ser la zona de despachos. Harry agradeció que llegar allí fuese más sencillo y menos tétrico que al resto del departamento.

-Son noticias muy importantes, pero no son todas buenas. - comenzó el inefable – He estado buscando el origen de la piedra de la resurrección, investigando el árbol genealógico de los Gaunt, y el momento en que la piedra pasó a formar parte del anillo. Pensé que comprender el origen de la piedra me permitiría entender su proceso de formación y por lo tanto de destrucción. – Harry asintió – Pues bien, lo que dice el cuento es cierto, fue creada por el mediano de los hermanos Peverell, Cadmus y esta fue heredada por su hijo, Broderick. El chico solo era un niño cuando su padre se suicidó, y heredó la piedra sin ninguna pista. La leyenda y el consiguiente cuento, para que lo escribiera Beedle el Bardo 300 años más tarde paso a través de los conocidos de Cadmus, que contaban entre susurros que aquella era la causa por la cual había dejado a su pequeño hijo huérfano. Toda la información sobre la piedra se perdió supuestamente al caer su creador en desgracia. Pasaron los años y Broderick creció, consiguiendo que le devolvieran algunas pertenencias de su padre. La piedra, que inspiraba temor a los magos del pueblo, había sido enterrada junto con las pertenencias del muerto, lejos del pueblo. Cuando la recuperó, aunque echaba terriblemente de menos a sus padres, nunca se atrevió a usarla.

Broderick siguió creciendo, se casó, tuvo sus propios hijos. Cuando tenía treinta y dos años su mujer enfermó terriblemente de viruela de dragón, hasta estar al borde de la muerte. Ese es el año en el que Broderick empezó a investigar sobre la piedra, el legado de su padre. Mi hipótesis personal es que, ante la inminente muerte de su esposa, buscó consuelo en el hecho de tenerla y estuvo a punto de utilizarla por primera vez. Consciente del riesgo que eso suponía para sus hijos y de lo cerca que había estado de repetir los pasos de su padre, se interesó por primera vez por la piedra de la resurrección.

A partir de ese punto, no tengo más información, pues los resultados de sus investigaciones se han perdido con los años, y no creo que tampoco dejara mucha información para la posteridad. Lo que sí se sabe es que había heredado las cualidades de su padre, y que era un mago muy poderoso. No conocemos su objetivo, quizás era perfeccionar la piedra de su padre, quizás destruirla definitivamente. Nunca lo sabremos.

Lo que sí se sabe que ningún otro mago en la historia ha ido tan lejos a la hora de manipular las barreras que separan el mundo de los vivos del de los muertos, ni tampoco que haya sido tan poderoso y haya estado tan cerca de conseguirlo. Sus experimentos eran peligrosos, tanto que, a la hora de morir, muchos tuvieron que ser apartados y controlados por las autoridades. Hoy en día, no hay muchos rastros de su poder que hayan soportado el paso del tiempo. El más importante e incomprendido de todos: el velo de la resurrección.

Harry, no sabemos cómo funciona, no sabemos lo que puede pasar, pero sabemos que, si hay una fuerza en este mundo capaz de destruir la piedra, es ese velo. – Un silencio tenso se instaló entre ambos. Era un asunto de inmensa gravedad- Las consecuencias pueden ser desastrosas, - prosiguió - no sabemos qué puede pasar con la persona que arroje la piedra a través del velo, el poder que puede desatar, si puede devolver a alguien a la vida o puede arrasar con todo lo que haya alrededor.

- ¿Crees que puede desestabilizar de alguna manera la separación entre los vivos y los muertos? ¿Podemos cambiar de forma irreversible el mundo mágico, poner a todos en peligro? – preguntó alarmado.

Percy se tomó su tiempo para contestar.

- Estos objetos son como pequeñas puertas en una gran muralla, abiertas con mucha dificultad y cuyo paso por ellas tiene un cierto precio. Son muy poderosos a los ojos de un hombre, pero ínfimos ante orden natural. Estamos muy lejos de controlar o poder predecir su poder. Creo que puedo decirte con seguridad que no pueden alterar el orden natural. Lo que no se, ni creo que podamos prever es cuál será el efecto alrededor de esta pequeña, puerta, o brecha, y que se va a llevar por delante si intentamos cerrarla.

Harry, que se había ido acercando al borde de la silla mientras Percy hablaba, apoyó la espalda en el respaldo. La nueva responsabilidad que le caía encima era un pesado fardo.

-Habrá que evacuar el ministerio. Y protegerlo por fuera – dijo Harry con desanimo. Comenzaba a planearlo. Percy asintió – Es imposible hacerlo de incognito sin poner a la gente en peligro. Pero es imposible que los mortífagos no se den cuenta de lo que vamos a hacer. Además, necesitaremos agentes para luchar contra ellos, seguro que nos estarán esperando. Esos agentes estarán en peligro. Por no hablar del peligro de arrojar la piedra, y de los que estén más cerca. - Harry no sabía hablaba para sí mismo o para su amigo.

Percy asintió. Harry tragó saliva, y un escalofrió recorrió su cuerpo. Unas palabras ya conocidas se formaron en su mente, y no pudo evitar sentir desesperanza. La batalla final.

-Hay algo más- añadió Weasley, interrumpiendo sus pensamientos – Mientras buscaba, en varias ocasiones encontré que se me habían adelantado, alguien me estaba saboteando o pisando los talones. Si no saben ya que la clave esta en el velo de la muerte no creo que tarden mucho en averiguarlo. Si no queremos que se preparen hay que actuar rápido.

La mirada de Harry se clavó en Percy y endureció la mandíbula. Sin embargo, este no se amedrentó. Él auror se levantó de su silla y le tendió la mano.

- Manos a la obra.

Cuando Harry volvió a casa, estaba muy cansado. Tendrían el ministerio vacío en dos días, tiempo suficiente para conseguir cerrar todos los asuntos urgentes y juntar las fuerzas necesarias para enfrentarse a la oposición.

No había muchos mortífagos, Harry calculaba que no podían ser más de una veintena, y, por lo tanto, no precisaban muchos hombres. Harry quería que fuesen los mínimos los que tuviesen que arriesgar su vida. Si por el fuese, iría solo a enfrentarse a las consecuencias de la destrucción de la piedra.

¿Debía contárselo a Ginny? ¿Debía pedirle permiso? Hacía muchos años que le había entregado su vida a su mujer y, por lo tanto, no le pertenecía. Sin embargo, no podía pedirle que aceptara, de la misma manera que él no permitiría que ella diese su vida sin luchar hasta su último aliento. No sabía qué hacer. ¿Debía darle la oportunidad de despedirse? ¿Debía mantenerla en la ignorancia y dejar que fuese feliz hasta los últimos instantes? Todo podía salir bien, quizás las consecuencias para el ejecutor de la piedra no fuesen tan nefastas, quizás no era necesario anticiparse. O también podía morir sin haberle dado la oportunidad de despedirse. La desesperanza inundó el corazón de Harry, y se sintió desbordado por tanta tragedia.

Sentía su corazón sangrante y destrozado por la perdida, por las traiciones, por el miedo. Sentía dentro de él como se desmoronaba, golpe a golpe, como alguien se hubiese propuesto derrumbarlo a él y su voluntad inquebrantable. Mientras tuviera una familia por la que luchar, seguiría adelante. Nunca iba a abandonarlos. Nunca. Jamás. Solo esperaba que le que le quedara un corazón que ofrecerles cuando todo terminara.

Sin darse cuenta, mientras recogía sus cosas, se le humedecieron los ojos.

Se serenó, respiró hondo y forzó una sonrisa antes de introducirse por la chimenea.

Cuando llegó, la casa estaba a oscuras y algo revuelta. El sofá estaba mal colocado, algunos marcos de fotos estaban por el suelo. Había una inscripción en la pared. "Tienes 12 horas" Algo terrible había ocurrido. Su respiración empezó a acelerarse. Tenía que mantener la calma. Si quedase alguien en a casa,¿dónde se habrían escondido? Tenían que estar en el piso de arriba, lejos de la puerta de entrada y la chimenea.

Harry subió los escalones de dos en dos y probó todas las puertas, los cuartos estaban vacíos, excepto la última, que estaba cerrada, la de su propia habitación. Que no estén muertos. Por favor, que no estén muertos.

- Soy Harry, soy papá. Voy a entrar. Alohomora- gritó apuntando hacia la cerradura.

Al abrir la puerta, solo Lily hizo ademán de acercarse. Albus la sujetó con fuerza y James y Ted lo apuntaron con sus varitas. Ted estaba delante de ellos, dispuesto a protegerlos con su propio cuerpo.

- ¿Quién eres? – inquirió Ted – No te acerques.

Harry lo entendió, alguien lo había suplantado. Su mente ató cabos rápidamente, tenía que haber entrado por el Ministerio, era la única manera de burlar las protecciones de la casa.

- Soy Harry James Potter, vuestro padre. Mi postre favorito es la tarta de melaza, el cuento que le cuento a Lily cada noche es el de la fuente de la buena fortuna. James prefiere ser cazador a buscador, pero solo se lo ha dicho a su madre. Albus quiere por su cumpleaños una lechuza y lleva años pidiéndola. Ayer, Teddy, me defendiste delante de tu tío.

Ambos chicos bajaron la varita al unísono, visiblemente aliviados. Los tres pequeños corrieron a abrazarlo.

- Se han llevado a Ginny – dijo Ted, con la voz rota – Ella les dijo que estábamos en la Madriguera y me obligó a esconderlos. No pude ayudarla. No sabía que hacer, no sabía si seguían en la casa, no me atrevía a salir. Tenía miedo de que le hicieran daño a los niños…no podía defenderlos yo solo. Solo podía rezar porque no registraran la casa. Se la han llevado. La he oído gritar. Lo siento. Lo siento mucho

Harry lo abrazó con fuerza y le puso ambas manos sobre los hombros.

- Lo has hecho muy bien. Los has mantenido a salvo. Mírame. - dijo con suavidad. Ted le devolvió la mirada con los ojos llorosos – Has sido muy valiente. No te has dejado llevar por el miedo, has hecho lo mejor por mantenerlos todos a salvo. Gracias.

Hincó una rodilla, para que todos pudieran verlo y tenerlos mas cerca. Abrió los brazos y dejo que Lily se apoyara sobre él.

-Voy a sellar la chimenea y a mandar un mensaje a vuestros abuelos y vuestros tíos para que vengan a buscaros. Estaréis a salvo. No os va para nada malo. Después voy a ir a salvar a vuestra madre. Todo va a salir bien.

Cuando hubo dejado a sus hijos a salvo Harry se apareció en casa de Grisam Edgcombe. Lo encontró en su despacho, preparando el golpe que tenían que dar en dos días.

- Tienen a Ginny. Grisam tienes que ayudarme. No importa tu tapadera, ya no. Estamos muy cerca de acabar con esto. Te lo suplico, tráela de vuelta, o dame la información para ir a buscarla. No puedo perder a Ginny ahora.

Harry pudo ver la determinación en sus ojos mientras se levantaba.

-Haré todo lo que este en mi mano. Aguárdame aquí, así no será sospechoso que yo vuelva. Si saben que te estoy pasando información puede que la maten, si no lo han hecho ya.


Hola. Bueno, siento la tardanza. Quiero deciros que si que acabaré esta historia, no le queda mucho, así que si quereis quedaros conmigo hasta el el final publicaré pronto. Se agradecen y contestan los reviews.

Espero que os guste.