Buenas tardes :3
Estoy feliz por la aparición del Androide 17 en DBS, asi que por esta ocación dejo el quinto capítulo de este fic, que aforntunadamente termine de corregir hoy ;D
Muchas gracias por leer.
Atención: Dragon Ball y todos sus personajes son propiedad de Akira Toriyama. Yo solo escribí la historia por gusto y diversión.
Capítulo 5: Convivencia
******************** Sobrina ********************
En Kame House todo era alborotó y alegría. Por fin había nacido la pequeña Marron y la madre necesitaba un poco de descanso después de regresar del hospital. El parir no es una tarea fácil para una mujer, aunque ésta tenga energía ilimitada. Número 18 permanecía descansando en la habitación que compartía con Krilin desde que se mudó a la casa del viejo Roshi.
Sostenía entre sus brazos un pequeño bulto que dormía plácidamente. Una linda niña con cabello rubio y rasgos como los de su padre. Ella no era muy expresiva, pero su instinto materno estaba a flor de piel, así que no pudo evitar sonreírle con ternura y darle un beso en la frente.
Rato después entró su esposo con una bandeja de comida. Al principio se negó a consumir algo, pero Krilin insistió una y otra vez hasta que terminó cediendo.
– ¿Cómo te sientes?– preguntó él.
–Estoy bien, no es necesario tanta preocupación. No olvides que soy un androide– respondió impasible.
–Sí, lo sé, pero ahora eres madre y no deberías de confiarte. A pesar de las modificaciones de tu cuerpo, debes seguir tomando lo que te recomendó el médico– insistió Krilin.
–Está bien, ya que estas tan interesado en mi salud, cárgala– contestó ella, al tiempo que extendía los brazos con la niña. –Cuídala un rato, también necesita percibir la cercanía de su padre, según leí. –
Krilin se sorprendió y agitó los brazos nerviosamente. – ¡E-espera, yo no puedo… se me va a caer!–
Número 18 juntó las cejas en gesto de regaño.
–No me vengas con eso, ahora sostenla– dijo, entregándole a la niña.
El guerrero contuvo la respiración al tiempo que sus brazos recibieron a la bebe. Estaba envuelta en una suave manta para recién nacidos y a su vez en una mullida cobija. Dormía tranquilamente, su respiración era lenta y su boca hizo un tierno bostezo cuando sintió el movimiento.
Krilin se quedó quieto, mirándola detenidamente y la sensación que lo embargó hizo que se le humedecieran los ojos. Volteó hacia su esposa y la mirada silenciosa entre ambos confirmó la felicidad que ahora estaban viviendo.
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Parque ecológico MIR.
El androide terminó su ronda diaria ya muy avanzada la noche. La zona que tenia a cargo estaba en perfectas condiciones de vigilancia y la época de crianza de las ciervas había terminado. Ni un sólo ejemplar muerto o robado por cazadores ilegales, eso ameritaba un bono extra.
Entró despreocupadamente en la casa donde vivía y lo primero que vio fue el calendario que colgaba en la pared de la sala. Tenía marcada toda una semana con un gran círculo rojo. Ese señalamiento indicaba un evento importante, el nacimiento de su sobrino o sobrina en cualquiera de esos días. Sonrió sutilmente antes de decidir qué día visitaría a la futura madre.
Después de enterarse del embarazo de su hermana, no había vuelto a verla. Sabía perfectamente que ella estaría bien con el chico calvo cuidándola, pero tenía curiosidad de conocer al bebe.
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Una semana después del nacimiento de Marron.
El maestro Roshi y Oolong acababan de partir rumbo a la costa, mientras Krilin sobrevolaba el mar en busca de un lugar adecuado para pescar. En la playa, Número 18 permanecía sentada en una silla, sosteniendo a Marron y mirando el movimiento de las olas.
De repente tuvo la sensación de alguien mirándola a sus espaldas. Inmediatamente y sin dejar de abrazar a su hija, se levantó en menos de un segundo con una esfera de energía en la mano derecha, apuntándola a quien había llegado.
–Vaya reacción, estas paranoica– dijo el visitante tranquilamente.
– ¿Por qué no haces ruido?, ya sabes que me molestan la bromas– contestó desconcertada la mujer.
– ¿Por qué te alteras, acaso no te cuida tu marido?– bromeó Número 17. –A decir verdad, no lo veo por aquí– dijo, dando un vistazo alrededor.
–Esta pescando– respondió ella, sentándose de nuevo. – ¿A qué has venido?–
–Que pregunta es esa, hermana– se cruzó de brazos y alzo una ceja. –He venido a conocer a mi sobrino o sobrina, ¿Qué fue?–
Numeró 18 soltó un suspiro, no había motivo para reaccionar de esa manera. Sin lugar a dudas su instinto protector estaba demasiado alerta. La visita de su hermano la tomó por sorpresa, pero le alegraba verlo y más porque estaba demostrando interés en conocer a su sobrina, a pesar de su personalidad ermitaña.
–Es una niña– indicó, mirando a la bebe con una sonrisa.
El androide se acercó, se sentó en la arena y su hermana le mostró a su sobrina. La pequeña tenía los ojos semi abiertos en una mueca de somnolencia. La madre la enderezó un poco y la manta que le cubría el pelo se deslizó. En ese momento ella pudo notar un curioso brillo en los ojos de su gemelo, era el reflejo de la emoción que sentía al conocer a la niña.
–Tiene toda la cara del padre– comentó tranquilamente. –Pero al menos le heredaste tu cabello. –
–Krilin también tiene pelo y ya déjalo en paz– contestó Número 18.
–Está bien como digas, pero necesito verlo para creerlo– se rió, mientras dejaba que la bebe le rodeara un dedo con su manita. – ¿Ya tiene nombre?–
–Se llama Marron. –
–Hola Marron, soy tu tío– dijo él, haciendo otra sutil sonrisa.
En ese momento, la niñita abrió los ojos e hizo un gesto alegre, tratando de enfocar su mirada a quien le hablaba. Un recién nacido no puede distinguir las figuras a su alrededor, pero si puede percibir sin son agradables o no. Un tierno balbuceo confirmó la confianza hacia el visitante.
–Vaya, parece que le agradas– expresó la madre.
Número 17 no dijo nada, solamente observaba atentamente a la niña, recorriendo con su pulgar el dorso de la manita y dejándose llevar por sus alegres y grandes ojos. Se preguntó que se sentiría sostener a un bebe entre sus manos.
–Puedes cargarla si quieres– habló su gemela, leyéndole la mente.
–Yo…–
–Prepara los brazos– interrumpió ella, acercándole a Marron.
Antes de que pudiera decir alguna palabra, ya estaba sosteniendo a su sobrina. Jamás había cargado a un ser humano o eso creía, ya que no recordaba nada antes de su transformación. Pero no era tan difícil, el peso de ese pequeño ser no significaba nada para él. Además, pudo apreciar que Marron no se inquietó con el movimiento, por el contrario, estaba tranquila y sonreía levemente.
Entonces volteó hacia el mar, la presencia de Krilin se estaba acercando. Su hermana también lo notó.
–Sí que se tardó, ya es hora de comer– indicó Número 18.
–Bien, yo me retiro…– contestó su hermano.
–Cuál es la prisa, nadie te está corriendo– reclamó ella. –Quédate a comer, quiero que me cuentes que ha sido de tu vida. –
El androide soltó un suspiro impasible y rodó los ojos. Su hermana tenía razón, no la había visto desde hace unos meses y la conversación familiar era necesaria. Después de todo a eso vino, a conocer a su sobrina y a convivir con su familia. Porque ellos eran su familia.
–Hola Número 17, cuánto tiempo sin vernos– se oyó la voz de Krilin, quien llegaba con una red llena de pescados.
El padre de la niña observó atentamente la reacción de su cuñado. No era muy expresivo pero tuvo la amabilidad de contestarle el saludo con un movimiento de cabeza. Y también se dio cuenta de que estaba cargando a Marron con mucho cuidado y atención. En cierta forma sabía que podía confiar en él al ver ese comportamiento.
–Quien lo diría, no eres calvo– dijo de pronto.
Krilin hizo un gesto de confusión, el extraño humor del hermano de su esposa lo desconcertaba. Y es que hace unos meses había comenzado a dejarse crecer el cabello y el androide nunca lo había visto con esa apariencia, por esto mismo siempre hacia comentarios burlones acerca de su "calvicie". Así que solamente hizo una leve sonrisa, aceptando de buena gana el comentario.
–Que graciosos eres. Pero bueno, se bienvenido– respondió el guerrero.
–Dejen de estar platicando que ya es hora de comer– intervino Número 18, quien ya caminaba hacia la casa.
Poco después, todos convivían como la familia que eran. Tal vez el guardabosques tenía un corto vocabulario y a veces sólo contestaba con un sí o un no, pero eso no afectó el agradable momento en Kame House.
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******************** Aretes de Plata ********************
Marron había cumplido seis meses de edad, era una niña sana, alegre y ya empezaba a balbucear su primera palabra. Así que era necesario celebrar esto de alguna manera y la llamada de Número 17 fue muy conveniente.
Número 18 tenía ganas de salir a pasear con su familia y que mejor lugar que visitar la reserva ecológica donde trabajaba su hermano. Éste le había comentado que era la época de crianza de unas aves muy coloridas parecidas a los urogallos y que si deseaba, él podía darles un recorrido por la zona de anidamiento. La pareja lo platicó y finalmente decidieron aceptar la invitación.
Después de un par de horas de viaje, llegaron a la zona turística del parque MIR. Se encaminaron al puesto de vigilancia de los guardabosques y esperaron la llegada de Número 17, quien dijo que pasaría por ellos.
– ¡Marron, ya ensuciarte tu vestido!– dijo Krilin, quien cargaba a su hija en ese momento.
Había comprado un helado de crema y se lo había acercado a la pequeña, quien inmediatamente dio una lamida que le dejó embadurnados los labios. Entonces pasó su manita por el rostro, embarrándola y a su vez restregándola en su vestido. Es difícil alimentar a un bebe cuando éste ya no se queda quieto.
–Te dije que le compraras otra cosa, ahora tú limpiaras esa mancha– reclamó Número 18, al tiempo que sacaba una toallita húmeda para limpiar el rostro de la niña.
–Sí, sí, ya lo sé– suspiró Krilin. Tenía que empezar a acostumbrarse a las travesuras de su hija.
En ese momento escucharon el ruido de un motor. Al voltear, vieron un vehículo de color verde olivo que se acercaba al puesto de vigilancia. El jeep se detuvo cerca de ellos y el guardabosques los miró tranquilamente con una muy sutil sonrisa.
–Tu hermano, siempre tan efusivo– susurró Krilin a su esposa.
Ella solamente sonrió y ambos se acercaron.
–Ahora eres más feliz recorriendo el bosque en un jeep, ¿No es verdad?– dijo Número 18, saludando a su gemelo con un leve choque de puños cerrados.
–Ya me conoces, me encantan los recorridos a campo traviesa– respondió el androide.
– ¿Como estas Número 17?– preguntó Krilin amablemente.
–Un poco aburrido, no he tenido la oportunidad de matar a nadie– soltó de pronto.
– ¡¿Q-que, p-por qué dices eso?!– casi se atragantó y su expresión fue de sobresalto. – ¡N-no debes hacer eso!–
De repente el androide soltó una sonora y burlona carcajada, disfrutaba bastante hacerle bromas a su cuñado. Inesperadamente se quejó por un ligero dolor. Su hermana estaba sujetándole un mechón de cabello y lo miraba reprobatoriamente.
–Ya te había dicho que nos vigilaban y si hiciste algo, tendremos problemas– regañó ella.
–Tranquila, es una broma– contestó con la sonrisa en su rostro todavía.
Krilin exhaló y su gesto se relajó, definitivamente su cuñado era un loco. En ese momento la pequeña Marron se rió, haciendo un gesto de curiosidad y señalando al guardabosques.
– ¿Que pasa Marron, quieres saludar a tu tío?– preguntó el papá.
Número 17 estiró los brazos hacia la pequeña. Por un instante la bebe hizo un gesto de desconfianza y se quedó mirando al hombre que se parecía a su madre. Entonces Krilin la acercó y su cuñado la sostuvo con cuidado.
–Hola nena– saludó.
Marron parpadeó un par de veces y por un instante todos pensaron que empezaría a llorar como cualquier niño al que separan de su madre. Pero lo que sucedió, fue todo lo contrario. La pequeña lo empezó a mirar con curiosidad, su manita se acercó al rostro y se posó en la mejilla del muchacho, quien la miraba impasible.
–Es tu tío– dijo Número 18.
La niña miró a su madre y sonrió, después volteó hacia quien la cargaba y estiró su brazos, queriendo agarrar el cabello negro. El androide hizo otra leve sonrisa, era muy tranquilo y agradable ese momento.
…
Más tarde.
Todos se encontraban en un claro del bosque, cerca de la zona de nidos de las aves. Estaban comiendo unos bocadillos que Número 18 había preparado. Era entretenido y divertido ver a los polluelos recién salidos del cascaron, intentado caminar y llamando la atención de sus padres todo el tiempo. Una bella escena de la naturaleza que sólo podían disfrutar estando en compañía de Número 17, ya que el turismo no se permitía en esa sección del parque.
Marron permanecía sentada sobre el pasto junto a sus padres, mientras que el guardabosques escudriñaba los alrededores. No podían acercarse demasiado, para no asustar a la parvada, pero desde el sitio donde se encontraban, podían ver suficiente. En ese momento un brillo llamó la atención de la niña.
Número 17 había acomodado su cabello por detrás de la oreja, dejando a la vista una de sus arracadas y el sol hizo el reflejo en ella. La pequeña comenzó a señalar y balbucear hasta que llamó la atención de su tío. Éste se acercó y la cargó de nuevo.
– ¿Qué sucede Marron?– preguntó al ver el gesto de la niña señalándolo.
La chiquilla acercó su manita y se aferró al arete plateado.
– ¡O-oye, espera, eso duele!– se quejó el androide, aunque realmente no estaba sintiendo ningún daño.
–No hagas eso, hija– intervino Número 18, quien tomó la mano de la niña para retirarla de la oreja de su hermano.
–Creo que quiere mis arracadas– sonrió él. – ¿Te gustaría que te regalara unas?–
Marron pareció entender la pregunta porque agitó la cabeza en un movimiento afirmativo mientras se reía alegremente.
La tarde de convivencia continuó un poco más, hasta que la familia se despidió del guardabosques para regresar a su hogar.
…
Al día siguiente.
El ambiente en Kame House estaba relajado, era la hora de la siesta para el maestro Roshi y Oolong quienes dormían recostados al sol con unas revistas cubriendo sus rostros. No escucharon la llegada de un visitante silencioso.
Número 17 estaba de visita con un regalo para su sobrina. Sin decir nada, entró en la casa y se encontró con Krilin jugando con la niña en la sala.
–Número 17, que sorpresa. Tu hermana no se encuentra, salió a comprar unas cosas– explicó el padre.
–Sólo vine a dejar esto– contestó indiferente, al tiempo que le arrojaba una pequeña cajita de color negro.
Krilin la atrapó en el aire. Se sorprendió por lo que vio al abrirla, unos brillantes aretes plateados.
–Son para Marron– fue la único que dijo.
–Gracias, yo…– contestó Krilin, pero no terminó la frase porque su cuñado ya se había marchado.
Volteó a la ventana y alcanzó a ver como se alejaba volando. Él solamente sonrió y miró a la niñita.
–Mira hija, estas arracadas son para ti, es un regalo de tu tío. –
La bebe sonrió mientras veía atentamente el brillo de los pendientes.
Más tarde Número 18 regresó y Krilin le platicó sobre la rápida visita de su gemelo. Unos días después, Marron ya portaba sus bonitos aretes plateados.
Continuará...
