Buenas noches :3
Ya me había tardado, pero aquí seguimos con este fanfic ;D
Muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz.
Atención: Dragon Ball y todos sus personajes son propiedad de Akira Toriyama. Yo solo escribí la historia por gusto y diversión.
Capítulo 6: Cotidianidad
******************** Nuevo Hogar ********************
Krilin volaba a toda velocidad, estaba emocionado. Por fin había concretado con el vendedor de bienes raíces el precio de la casa ubicada en esa tranquila zona de la ciudad del Oeste. Era un sector en el que ya no se encuentran espacios tan baratos para comprar, pero ese inmueble valía la pena.
Número 18 había visto el letrero de "se vende" un día que andaba de compras por ese sitio. Así que después de darle la noticia a su marido, ambos se pusieron manos a la obra para tratar de adquirirla. Ya desde hace unos meses estaban pensando en buscar un nuevo hogar. No es que el maestro Roshi les hubiera dicho algo respecto a su estancia en Kame House, simplemente creyeron conveniente que ya era tiempo de buscar un nuevo sitio para criar a su hija Marron.
Si bien Krilin recientemente había conseguido su empleo como policía y tenía todas las prestaciones necesarias para solicitar un crédito, la compañía inmobiliaria no confiaba en que una persona como él pudiera pagar el valor de la propiedad. Sin embargo, eso cambió cuando su gran amiga Bulma hizo un par de llamadas.
La Corporación Capsula maneja muchos otros sectores de negocio aparte de la tecnología y los bienes raíces son uno de ellos. Así que después de unas negociaciones con la mayor socia capitalista, la pareja había conseguido la propiedad sin tanto trámite y con el precio reducido. Y también Krilin ahora le debía un favor a Bulma, pero sabía perfectamente que todo se basaba en la amistad que tenían desde muy jóvenes.
…
Kame House.
–Y así es como quedamos, mañana debemos ir a firmar el contrato de compraventa– explicó Krilin.
–Me parece bien, tendremos que empezar a empacar para mudarnos– contestó Número 18, dejando a su hija en la cama y comenzando a revisar algunos cajones en busca de algunas capsulas Hoi Poi.
–Yo tengo que hablar con el maestro Roshi y darle la noticia– dijo, al tiempo que se dirigía a la salida.
…
– ¿Estás seguro muchacho?– preguntó tranquilamente el viejo maestro.
Ya sabía desde hace tiempo que su ex discípulo estaba pensando en mudarse. Él los apreciaba mucho, como la familia que nunca formó antes e incluso adoraba a la pequeña Marron como su nieta. Sin embargo, estaba consciente de que debían buscar un lugar más apropiado para su crianza, ese pequeño islote no era lo más adecuado.
Si bien a veces extrañaba su estatus de ermitaño, jamás cambiaría los años de convivencia con sus alumnos y las amistades de estos. Ahora estaba contento por el gran avance que había tenido Krilin en su vida, aparte de ser un gran peleador.
–Así es maestro… yo…– se quedó un momento en silencio, mientras tomaba aire. –Yo no tengo manera de agradecerle su amabilidad por permitirme vivir aquí y después aceptar a mi esposa e hija…–
–Ni lo menciones Krilin– sonrió el anciano, al tiempo que se alzaba los lentes de sol y lo miraba cordialmente. –Siempre serán bienvenidos aquí. –
El guerrero correspondió al gesto y un fuerte apretón de manos confirmó la gratitud hacia su maestro.
…
Dos semanas después.
La familia ya estaba en su nuevo hogar y apenas habían terminado de instalarse. No tenían muchos muebles, así que tuvieron que comprar lo necesario. También faltaba revisar algunas cuestiones como el pago de servicios y el hecho de adaptarse a un nuevo estilo de vida. No estaban en la zona céntrica y aunque no era tan tranquilo como la playa, sin lugar a dudas era un sitio muy agradable.
Número 18 terminó de acomodar la cuna de Marron, después de moverla más de ocho veces porque no le gustaba la posición en la que quedaba. Por otro lado, la niña había estado gateando por toda la casa y su vestido azul cielo ahora parecía gris humo, ya que aún no estaba hecha toda la limpieza del lugar. Cuando su madre la vio, soltó un gran suspiro.
–Oh Marron, te dije que te quedaras en tu corral, ¿Cómo te saliste de allí?– preguntó.
En ese momento escuchó que abrían la puerta de la entrada y el recién llegado saludaba.
–Ya estoy en casa– dijo Krilin, quien traía una gran cantidad de bolsas.
Ella cargó a la niña y fue a recibir a su marido.
– ¿Pero que te pasó Marron?– cuestionó Krilin al ver a su hija llena de polvo.
–Se salió del corral y estuvo "barriendo" el piso– contestó Número 18 con un gesto de reproche hacia la bebe.
La pequeña en su mundo, solamente atinó a sonreír y estirar los brazos hacia su papá, quien dejó la despensa en la mesa para cargarla.
–Vamos, es hora de ducharse, esa no es la apariencia que debe tener una nena tan linda como tu– sonrió Krilin, mientras caminaba hacia el cuarto de baño. –Regreso con ella en unos minutos– le dijo a su esposa.
Número 18 solamente sonrió e hizo un gesto de afirmación, mientras acomodaba las cosas en su sitio y alistaba la cena.
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******************** Pulsera de Perlas ********************
La pequeña Marron estaba cumpliendo un año de edad. La celebración fue en Kame House donde se juntaron los amigos más cercanos en una pequeña y fraternal fiesta. Los aperitivos, el jugo de frutas, el pastel, los regalos y los gorritos de fiesta estaban presentes.
Mientras los adultos convivían dentro de la casa, los niños jugaban distraídamente en la playa. O mejor dicho, Gohan era la niñera de los tres infantes, porque a los pequeños Trunks y Goten se les ocurrió la brillante idea de enseñar a Marron a caminar con su ayuda. Si bien la niña ya se sostenía sola, su equilibrio todavía era inestable.
–Vamos Marron, un pie adelante y luego el otro– dijo Trunks, animándola a dar un paso.
–Yo te detengo, no te preocupes– secundó Goten, quien la sostenía de las manos y estaba frente a ella para guiarla.
La niña sonreía emocionada al mismo tiempo que comenzaba a caminar lentamente. Un paso precavido al inicio y otro más confiado después, poco a poco comenzó a recorrer la playa con ayuda de los niños. Gohan permanecía recargado cerca de una ventana, sonreía mientras recordaba cuando él le enseñó a caminar a Goten.
– ¿Todo bien?– se escuchó una voz detrás de él.
Número 18 estaba asomándose por la ventana, buscando a su hija.
– ¿Eh?, sí claro, todo está bien– respondió sorprendido el chico. –Marron es muy hábil, a pesar de que sólo tiene un año, está aprendiendo rápidamente. –
La androide sonrió para sí misma mientras dirigía su mirada al trió de niños. Era agradable ver lo bien que se llevaban y lo rápido que los chiquillos mestizos aceptaron a su hija como compañera de juegos. Aunque los niños tenían seis y cinco años, eran muy pacientes con ella. De pronto ambos hicieron una mueca de sorpresa, la pequeña estaba caminando sola.
Goten había soltado a Marron y Trunks permanecía detrás de ella para atraparla si era necesario. Pero sorprendentemente, la chiquilla mantuvo firmes sus piernas y siguió avanzando sin apoyo.
– ¡Muy bien, lo lograste!– dijo Trunks.
– ¡Felicidades!– aplaudió emocionado Goten.
Un momento después, ella se detuvo y se sentó en la arena mientras sonreía entusiasmada y agitaba las manitas. Parecía entender que había conseguido algo grandioso a pesar de su corta edad.
…
Horas después.
Krilin y Número 18 llegaron a casa. Ya era de noche y aunque Marron bostezaba de sueño, se rehusaba a dormir. El azúcar del pastel la mantuvo muy activa toda la tarde.
–Es increíble que ya pueda dar sus primeros pasos sola– comentó Krilin, mirando las fotos que había tomado su esposa del emotivo momento.
–Es una niña muy hábil, se parece a mí– presumió ella, sonriéndole a su hija.
–Esto merece un premio– entonces Krilin extrajo de su bolsillo una bolsita de material satinado.
–Pero ya le diste su regalo hace rato, ¿Acaso tenias otro?– cuestionó su esposa.
–Pensaba en guardarlo hasta el momento en que ella caminara por sí sola, pero jamás me imaginé que eso sería el mismo día de su cumpleaños– explicó él.
Entonces abrió el pequeño morral y dejó caer el contenido en su palma. Varias perlas entrelazadas con una cadena, resplandecieron bellamente. Tomó la pulsera y la colocó en la muñeca izquierda de la chiquilla, quien sonrió al ver el regalo.
–Son perlas originales, ¿Cómo las obtuviste?– dijo sorprendida Número 18.
–Bueno, nunca te lo había dicho, pero soy un gran buceador– sonrió Krilin. –Este tipo de perlas son muy comunes en las costas cercanas a Kame House, sólo es cuestión de buscar suficientes ostras. –
La androide sonrió, era un bonito detalle y su hija permanecía encantada con el brillo de las esferitas nacaradas. No obstante, el sueño terminó venciéndola y casi de inmediato se quedó dormida.
Ya era hora de que toda la familia se fuera a descansar.
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******************** Pañuelo Naranja ********************
Número 17 se sentía desconcertado, no estaba seguro de si podría cuidar a su sobrina. Lamentablemente no había podido ir a su primer cumpleaños porque el trabajo en el parque MIR se había intensificado. Y aunque se disculpó con una llamada posterior, su hermana lo obligó a prometer que después cuidaría de su hija cuando se lo pidiera.
Ahora se encontraba en el puesto de vigilancia, recargado en el asiento de su jeep con los pies sobre la portezuela. Estaba esperando la llegada de su cuñado con la pequeña Marron. El día anterior, Número 18 le había hablado para encargársela por toda una tarde, ya que ella y Krilin saldrían de paseo. No le quedó más que aceptarlo, después de todo, las cosas en el parque ya se habían tranquilizado.
De lo que no estaba seguro, era de si sabría cómo cuidar a una niña que ahora empezaba a correr por todos lados. Tendría que estar muy atento a sus pasos y ser muy paciente.
–Hola Número 17– habló alguien.
El androide alzó la cara y saludó a su cuñado con un simple movimiento de cejas.
– ¡Tío!– sonrió la chiquilla.
–Hola– contestó tranquilamente, al tiempo que se levantaba del asiento.
– ¿Estás seguro de que puedes encárgate de ella?– interrogó Krilin, mientras le entregaba en brazos a su hija.
–Claro que puedo, tengo conocimientos generales acerca de todo– alardeó el guardabosques, haciendo un gesto de burla.
–Sí, claro– respondió el guerrero, alzando una ceja en señal de desconfianza. –En fin, aquí esta su pañalera, su comida, su peluche favorito y el número de celular para que nos llames por cualquier cosa. –
Número 17 hizo un gesto de extrañeza, pensando que era exagerado todo lo que le entregaba para el cuidado de una niña. Pero era de esperarse, seguramente esto venia de parte de su hermana y su gran instinto materno.
–No hay problema, ella estará bien. –
–Confiamos en ti… yo vendré por ella en la noche– indicó Krilin. –Marron, pórtate bien, no hagas enojar a tu tío. –
La pequeña agitó alegremente su cabeza mientras se aferraba al pañuelo naranja del guardabosques. Momentos después el guerrero se alejaba volando, mientras ella lo despedía con la mano.
–Bien nena, ahora lo primero que haremos, será poner las reglas– indicó él, mientras subía de nuevo al jeep.
Marron lo miraban con curiosidad mientras acomodaba las cosas en el asiento trasero y después le colocaba el cinturón de seguridad.
–Nada de alejarse, siempre estarás a mi lado. Obedecerás mis indicaciones, me dirás cuando tengas hambre o ganas de ir al baño y nada de lloriqueos, ¿Entendido?– explicó el androide.
La chiquilla parpadeó un par de veces y movió su cabeza en varias direcciones. No era seguro que hubiera entendido toda la cátedra, así que Número 17 solamente obtuvo una risita de ella mientras la veía agitar los brazos, emocionada por el ruido del motor al encender el vehículo.
…
Más tarde.
Esa parte del bosque era hermosa, el rio fluía tranquilamente y algunas aves paseaban en la orilla. Marron observaba atentamente mientras se asomaba por encima del asiento del jeep, el cual se había estacionado cerca. El guardabosques se mantenía vigilante al mismo tiempo que buscaba algo en la pañalera.
– ¿Aún tomas leche?– preguntó de la nada, mientras sostenía un biberón y lo miraba con curiosidad.
La niña negó con un movimiento y se acercó para tomar la botella.
–Jugo– balbuceó.
–Vaya, menos mal, porque aquí no tengo con que calentar tu comida– dijo impasible.
–Comida– volvió a medio pronunciar Marron.
–Bien, supongo que ya es la hora, veamos que te da de comer tu mamá. –
Entonces comenzó a buscar hasta que encontró unos recipientes de llamativos colores. Al abrirlos, vio una gran variedad de papillas, tanto de comida común, como de frutas. Alzó una ceja curioso y con una cucharilla, tomó una porción de la primera mezcla.
–Esto sabe raro, como es que los bebes puede comérselo– se quejó Número 17.
Su sobrina se rió por el gesto de su cara e inmediatamente agarró su propia cuchara y comenzó a comer ávidamente. Aún no podía sostener correctamente el cubierto, pero ya hacia el intento. El androide la miraba con una leve sonrisa, mientras ella se embarraba la cara y el vestido.
–Será mejor que yo te ayude, de lo contrario, tu madre me va a reclamar por esas manchas– indicó, al tiempo que le retiraba la cuchara.
Nuevamente Marron volvió a reír con inocencia, sin comprender del todo sus palabras.
…
Después de comer, la niña se entretenía correteando una mariposa alrededor del jeep. De pronto tropezó con una piedra y cayó al suelo, el llanto no se hizo esperar. Su tío, quien seguía inspeccionando los alrededores, rodó los ojos y soltó un suspiro.
– ¿Por qué lloras?, no ha sucedido nada grave– le habló con tono serio. –Levántate y continua, no dejes que una piedra en el camino te detenga. –
La chiquilla hacia muecas de dolor y su lloriqueo no cesaba.
–Duele…– se quejó, al tiempo que señalaba su rodilla.
Número 17 observó el raspón, era superficial, pero para un infante es toda una tragedia. Entonces empezó a buscar en la pañalera algo que fuera útil para esas situaciones. Por suerte halló un pequeño atomizador con alcohol y unas venditas. Sin embargo, éstas eran sólo dos y no alcanzaban a cubrir la herida.
–No llores, no quiero que tu madre me regañe por no cuidarte bien– pidió él, al tiempo que la cargaba y la ponía en el asiento del jeep.
La niña seguía quejándose y más cuando su tío higienizó la herida con el alcohol.
–Si sigues así, asustaras a los osos del bosque– explicó con seriedad, ya comenzaba a impacientarse.
– ¿Osos?– dijo Marron, desviando su atención de la herida.
–Así es, sino dejas de llorar, no podrás ver a los osos– explicó el androide mientras colocaba las venditas y después se quitaba el pañuelo naranja que siempre portaba alrededor del cuello.
Dobló la pieza de tela y la aseguró alrededor de la pequeña rodilla. Ahora que la herida estaba cubierta, debía distraer a su sobrina del dolor hasta que disminuyera. Y que mejor forma que prometiéndole ver animales enormes como los osos.
Algunos minutos después, volaba cerca de una cueva con la pequeña en brazos. Estaban a buena altura y la familia de úrsidos no los había notado. Era una hembra con dos cachorros, que jugueteaban fuera de la caverna. La niña tenía un gesto de emoción que no cabía en su carita, por fin había dejado de llorar.
El guardabosques suspiró y sonrió, después de todo no era tan mala niñera.
…
Por la noche.
Krilin llegó a recoger a su hija y se sorprendió al notar el pañuelo de su cuñado en la rodilla de ella. Después de una breve explicación por parte de Número 17 y de ver que la niña no dejaba de balbucear emocionada acerca de la familia de osos, se despidió.
–Bien, entonces nos vamos y gracias por cuidarla– dijo el guerrero.
–De nada y para la próxima, mándenla con rodilleras y coderas– contestó sarcásticamente.
–Claro que si, se lo diré a su madre– sonrió de buena gana. –En cuanto a tu pañuelo…–
–Se lo regalo, puede quedárselo– interrumpió el guardabosques, mientras se encaminaba al jeep.
–Adiós… tío…– se despidió su sobrina.
El androide le dirigió una sonrisa y alzó la mano en gesto de despedida.
…
Días después el pañuelo naranja permanecía alrededor del cuello de un oso de peluche y éste en la cuna de Marron.
Continuará...
