Advertencia l AU. BL. Ereri. OoC.
Notas l Fic con trama basada en The Beauty and The Beast. Con unos cuantos arreglillos para que encajen mejor los personajes.
Espero sea de su agrado!
Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Hajime Isayama.
Capítulo 4
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Los primeros rayos del sol hacían su aparición y, con ellos, un hermoso joven aislado del mundo en un castillo encantado despertaba de su profundo sueño. Levi se talló los ojos y se le antojó seguir durmiendo, si no fuera porque sintió un ligero movimiento en su cama acompañado de un sonido, para luego recibir un chorro frío de agua en la cara.
-Qué demonios.. - se levantó, furioso y escuchó una ligera risa, a lo que atinó a mirar al suelo y se encontró con la coqueta tetera burlándose de él.
-¡Pero qué gruñón despierta usted, mini amo! - comentó divertida Hanji - Yo que venía para salvar su delicado y bien cuidado pellejo y que no haga esperar a nuestro príncipe por su dulce doncella -
El pelinegro la observó con molestia, mas se fijó en la hora y tuvo que agradecer internamente por haberlo despertado. Faltaba poco menos de treinta minutos para la hora pactada del desayuno con Eren y no quería perdérselo o hacerlo enojar. Tenía muchas dudas por responder.
Presuroso y sin chistar, se metió al cuarto de baño y se aseó en un satiamén. Una vez fuera, encontró nuevamente ropa a la medida para él. El atuendo de esa oportunidad consistía en una camisa de seda gris que acariciaba exquisitamente su piel, un fino pantalón negro con tirantes para ajustarse a la camisa, zapatos acharolados del mismo color perfectamente lustrados y para terminar el conjunto, una pañoleta también de seda color pastel. Supuso que cortesía de Mikasa otra vez. Quiso agradecer pero al girar, encontró a la mujer armario plácidamente dormida. Pudo notarlo por los fuertes ronquidos que retumbaban en la habitación.
-Se ve divino, amo gruñón - elogió Hanji - ¡Andando!¡No hagamos esperar a su majestad!-
Así, Levi salió de sus aposentos escoltado por la fastidiosa tetera de porcelana. Ahora, con la luz del día, podía contemplar mucho mejor todo a su alrededor. El palacio estaba lleno de galerías, salas y habitaciones conteniendo las más finas y hermosas obras de arte. Pudo observar en una que tenía la puerta abierta, una jaula con pájaros exóticos que jamás había visto. Hizo una nota mental de visitarla en alguna oportunidad. Siguieron avanzando por los pasillos y escuchó un cuchicheo. Se detuvieron al notar a dos objetos en un rincón no iluminado.
-Ya te dije que no, Jean. Nos pueden ver -
-Vamos, cariño mío. Nadie pasa por aquí a estas horas - Esa voz sonaba familiar para el pelinegro. Se acercaron más en dirección a aquella conversación.
- Vaya, vaya. Sorpresa la que me llevo tan temprano - comentó la tetera con sorna - ¿Calenturientos comenzando el día?. Agradezcan que fuimos nosotros y no el amo quienes los encontramos -
Levi se percató entonces de ambos objetos. El de la voz familiar no era más que el candelabro del día anterior, Jean, si mal no recordaba. Sin embargo, al objeto del costado no lo conocía. Era un plumero color blanco con un fino acabado y ligeros puntos negros en el mango, que al pelinegro le parecieron pecas.
-¡D-disculpe, mi señor! - pidió avergonzado aquel plumero - Mi nombre es Marco y soy el encargado de limpieza del castillo - movió una de sus plumas como haciendo una reverencia.
-Un gusto, Marco. Mi nombre es Levi - dirigió una mirada hacia el reloj de la pared. Cinco minutos restaban de la hora pactada; debía moverse pronto puesto que no le gustaba la tardanza y mucho menos de su parte - Ahora, si me disculpan, tengo algo de prisa. Nos vemos - Miró hacia la tetera y siguieron su camino, presurosos.
Al llegar, observó que la mesa se encontraba perfectamente servida y se le hizo agua la boca con tantos manjares a su disposición. Suspiró aliviado al no ver a la bestia y se dirigió a tomar asiento, mas antes de poder ponerse cómodo, escuchó una voz a sus espaldas que lo sobresaltó.
- Buenos días, Levi - saludó la bestia cortésmente - ¿Me permites? - preguntó, jalando la silla a la que el pelinegro se había acercado, en pos de esperar a que tome asiento.
- S-sí, gracias. Buenos días, Eren - un leve sonrojo cubrió sus mejillas y desvió la mirada hacia las delicias servidas para despejar su mente ante aquel bochornoso acto.
Observó que el reloj de madera, Armin, si mal no recordaba, venía acompañando a la bestia y lo saludó, a lo que el objeto animado le respondió con una ligera sonrisa y la mirada cálida.
- Que el desayuno sea de su agrado, mis señores. Nosotros nos retiramos. No duden en llamarnos si se les ofrece algo -
- ¡Arruinas la diversión, Armincito! - se quejó Hanji, sin embargo, siguió a su compañero a la salida del comedor principal.
El desayuno fue tranquilo. Ambos, humano y bestia, conversaron de diversas nimiedades y Levi encontraba muy entretenida la plática. Se dio cuenta de que Eren era muy culto; poseía increíbles conocimientos sobre infinidad de temas, especialmente literatura. Supuso que era porque fue criado como un príncipe y tuvo la mejor educación. Se enteró, además, que era apenas un mocoso de 20 años, aunque aquella horrible apariencia lo hiciera ver mucho mayor. No quiso preguntar de más aún. Sentía que el momento no había llegado y decidió esperar por una oportunidad más adecuada.
Así pasaron los días, entre desayunos, almuerzos, cenas y charlas de por medio. La bestia disfrutaba en demasía de ver comer al apuesto chico y este, por su parte, no oponía resistencia. No olvidaba a su familia pero debía reconocer que las observaciones a través del espejo mágico que le había obsequiado Eren el primer día que revisaba el palacio cada vez eran más espaciadas. Nada me haría más feliz que volver a verlos, mas deben seguir con sus vidas y yo con la mía. Me conformo con saber que todos están bien, se dijo. Se iba acostumbrando un poco a las locuras de Hanji, los ronquidos de Mikasa, la cursilería de Jean y Marco y las disculpas de Armin por las actitudes de sus compañeros.
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Se encontraban almorzando y platicando tranquilamente como se les había hecho costumbre, cuando la mirada penetrante y algo inquieta de Eren le indicó a Levi que algo tenía en mente pero no se animaba a decirlo. Pensó que eventualmente lo haría y que no debía ser nada demasiado relevante. Lo que el pelinegro no esperó fue que Eren lo invitara a su habitación.
- Nada raro debes pensar, Levi - había dicho la bestia - Había algo que quería mostrarte desde hace días y no tenía el valor para proponértelo -
- Tsk, puesto que eres el dueño del palacio, aceptaré - masculló el pelinegro - Mas advierto que si intentas algo extraño o siento mi vida peligrar, no dudaré en atacarte con cualquier objeto que tenga a la mano, mocoso tonto - dijo, para luego tomar un último sorbo de su exquisito jugo de uvas y levantarse junto a Eren rumbo a los aposentos de este último.
La habitación de Eren era muy diferente a como la hubo imaginado. Extremadamente pulcra y con una extraña simpleza a pesar de su gran tamaño. Una cama digna de un Rey, con bellos acabados y sábanas muy finas, un armario que a Levi le pareció exageradamente grande pero en comparación con el suyo era entendible dado que la bestia poseía un tamaño considerable, un escritorio ordenado y dos puertas. Supuso que una conducía al baño y de la otra no tenía ni idea. Al parecer la bestia leyó sus pensamientos, puesto que con voz amable pidió que lo siguiera, sacó una llave y con la mayor delicadeza posible a pesar de ser un monstruo, abrió la puerta en cuestión e ingresaron. Levi tuvo que contener la respiración para no soltar un suspiro emocionado al ver el interior. Era una biblioteca muchísimo más grande que la que él frecuentaba desde el primer día; miles de libros de todas las categorías, desde cuentos infantiles hasta obras muy complejas. Por lo que le dijo Eren, era su biblioteca personal y él tendría acceso cada vez que lo solicitara, mas el pelinegro supo que no lo había llevado allí solo para impresionarlo. Vio que la bestia caminó hacia uno de los estantes y sacó el último libro de la primera fila, que se encontraba apartado del resto y se notaba mucho más gastado, para luego acercarse nuevamente a él y mostrarle el contenido, que reconoció como un viejo diario.
- Fue un regalo de mi madre para el día en que cumplí dieciséis. De eso ya cuatro años - Comentó Eren, tomando con delicadeza cada página del diario, como si fuera su más grande tesoro y temiendo que alguien se lo arrebate.
La primera página de este contenía una hermosa pintura en la que pudo distinguir tres personas que, supuso, serían el Rey, la Reina y su pequeño hijo. Notaba que aquella pintura había sido vista muchas veces y no siempre con el mejor de los ánimos, pues tenía rasgaduras específicamente en el rostro del príncipe y algunas manchas oscuras que al pelinegro se le ocurrió podría ser sangre seca.
Eren no había emitido ningún otro comentario luego de lo dicho y Levi contenía la respiración ante tan grande silencio. Era la oportunidad idónea de sacar el tema de su pasado y responder a todas las dudas que rondaban su cabeza. Levantó la mirada, apretó los puños y se dispuso a hablar, mas fue interrumpido por un suspiro audible de su acompañante.
- Debo suponer que tienes muchas preguntas, Levi. Siéntete libre de hacerlas. Contestaré lo que me pidas -
El pelinegro dejó escapar todo el aire de sus pulmones y, convencido, habló.
- De muy mal gusto sería atiborrarte con tantas preguntas que podrían ser respondidas con una sola que bien sabrás cuál es - contestó - Por lo que solo oiré lo que tienes para decir.
Aquella bestia de ojos esmeralda no pudo ocultar su sorpresa ante las palabras del joven frente a él. ¿Acaso estaba siendo considerado con un monstruo tan espantoso como él? ¿Sería lástima o simplemente falta de interés?. Una punzada en el pecho indicó al monstruo que pensar en aquello solo traería más sufrimiento a su vida y suficiente ya era con tanto que habían pasado. Decidió entonces confiar en Levi y contarle su lamentable historia.
- Era una noche de frío invierno. Tenía yo dieciséis años recién cumplidos y me encontraba con mi madre en la biblioteca leyéndole uno de mis libros favoritos, cuando nos percatamos de un bullicio proveniente del salón principal. Al llegar, vimos a mi padre discutir con una pobre anciana de ropas muy gastadas. Dispuesto estaba él a arrojarla a los lobos con tal de sacarla del palacio; mi madre y yo nada podíamos hacer más que mirar, pues no teníamos valor para enfrentar al mismísimo Rey, por lo que solo fuimos meros espectadores de tan triste escena. Lo que no esperábamos, fue que de aquella harapienta anciana no quedara rastro y en su lugar apareciera una bellísima joven hechicera que no dudó en castigar a mi padre por tan cruel conducta y acabó con su vida delante de mis ojos. Fui convertido en esta bestia horrenda que soy ahora y mis pobres sirvientes fueron arrastrados también en la maldición. Mi madre no pudo soportar verme tan espantoso junto al cadáver de papá y acabó con su propia vida. La hechicera me dejó el espejo mágico que te obsequié y desapareció sin dejar rastro -
Un solo detalle había omitido la bestia, mas no fue casualidad. Observó a Levi, quien tenía una mirada preocupada. Cerró el diario y lo acomodó en el lugar que había ocupado desde aquel día e hizo una seña para que abandonaran el lugar.
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Ni una sola palabra había emitido el pelinegro desde que la bestia terminó de contarle su historia, sin embargo, bien sabía que había algo que quería decir y no lo obligaría a hacerlo.
Caminaron en silencio por los pasillos del palacio y llegaron a la puerta de los aposentos del mayor.
- Lamento todo lo sucedido, Eren. Mas es mi deber preguntar, ¿No habló la hechicera sobre una solución al maleficio? - cuestionó.
La bestia lo pensó, y vaya que lo hizo. Imaginó todas las posibilidades de que Levi fuera su persona indicada y pudieran al fin salir de aquella horrible situación y se preguntó también si Levi podría algún día llegar a amarlo. Pensó nuevamente en sus pobres subordinados y quiso aferrarse a este único rayo de luz que la vida le estaba mandando.
- ¿Serías mi esposo, Levi? - fue lo que preguntó la bestia, sin responder a la pregunta formulada anteriormente.
Largo rato permaneció el pelinegro sin responderle, ya que no podía salir del shock que habían causado esas palabras, hasta que optó por responderle.
- No, Eren -
Quiso suspirar al oírlo el pobre monstruo, mas se contuvo para evitar la lástima de su invitado. Decidió entonces hacer, por primera vez en su vida, lo que consideraba correcto y tristemente contestó:
- Adiós, entonces, Levi. Y la respuesta a tu pregunta es no. No existe manera alguna de terminar con esta maldición - dicho esto, dio media vuelta y desapareció por los pasillos.
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Nota de autor
Esto no es un simulacro, repito. Esto no es un simulacro(?
Es una manera de disculparme por tardar mucho en actualizar. Si bien no puedo prometer que será diferente a partir de ahora, prometo hacer mi mayor esfuerzo para mantener un ritmo fijo y no sea demasiada la espera.
Para esa linda chica que me preguntó en qué versión iba a enfocarme más, te diré, mi amiga, que estoy tomando como referencia la versión francesa de la historia original y algunas cosillas de la adaptación animada de Disney. Aunque podría incluir alguna otra versión, de acuerdo a como vea conveniente el desarrollo de los personajes en mi cabeza.
¿Por qué? Porque soy Batman v:
Okay me calmo xD
Gracias por leer.
Como siempre, sus comentarios son bien recibidos :)
Nos vemos en la siguiente actu ~
