CAPÍTULO 1: LAS VISITAS
Apenas quedaban tres días para la boda, y el estrés estaba a punto de consumir a Wanda. No podía parar de pensar en las catástrofes que podían llegar a ocurrir en plena boda, como por ejemplo que alguno de los novios se arrepintiera o que la iglesia se cayera a pedazos encima de los invitados. Sabía que tenía que pensar en positivo, pero no podía evitar el presentimiento de que algo malo estaba por ocurrir.
Aunque consideraba que Billy era aún demasiado joven para casarse, ella no tenía derecho a interferir en su decisión. Además, Wanda adoraba a Teddy, siempre lo había considerado un chico encantador. En el pasado su hijo había tenido muchos problemas debido a su orientación sexual, pero fue en parte gracias a Teddy que había aprendido a aceptarse tal y como era. Y Wanda se lo agradecía.
Al menos la dichosa boda tenía algunas cosas buenas, como la llegada a la isla de sus dos grandes amigas de la adolescencia: Natasha Romanoff y Okoye Milaje. No la visitaban desde hacía más de un año debido a los ocupados trabajos de ambas. Okoye era la líder de la guardia real de un rey africano, mientras que Natasha trabajaba para una agencia de espionaje y antiterrorismo.
Al verlas en el embarcadero Wanda fue corriendo en su busca, emocionada. Sus amigas reaccionaron casi de la misma manera, soltando las maletas y envolviéndola en un fuerte abrazo que duró varios minutos.
-¡No puedo creer que por fin estéis aquí!- Exclamó Wanda en cuanto se separaron del abrazo -¡Os he echado tanto de menos! No os imagináis el desastre que es todo esto. ¡Mi hijo se casa en tres días y ni siquiera sé que voy a ponerme!
Okoye suspiró y colocó las manos en los hombros de Wanda para calmarla.
-Wanda, no pasa nada - Intentó tranquilizarla –Es normal que estés nerviosa, pero todo irá bien. La boda será preciosa y tu hijo será muy feliz con Teddy.
-Okoye tiene razón, todo irá bien, Wanda- Señaló Nat -¿Dónde están los niños? Quiero verles.
-¿Niños? Por favor, uno de ellos se va a casar en tres días- Se quejó Wanda -Han crecido tan rápido...
Nat y Okoye recogieron sus maletas del suelo y fueron detrás de Wanda para subirse al coche rojo de esta. Durante todo el camino estuvieron contándose sus vidas y últimas anécdotas. Nat habló de que se había ligado a un soldado de guerra, pero que este finalmente había vuelto al ejército y habían roto la relación, mientras que Okoye señaló que ella no quería noviazgo con nadie, sino que se debía totalmente a Wakanda.
-Estoy un poco preocupada por el rey T'Challa- Comentó Okoye -Desde que me nombró jefa de la guardia no lo he dejado solo, espero que pueda coordinar bien a las Dora.
-Bueno, pues durante estos días eres nuestra. Wakanda puede protegerse sola mientras tanto, ¿Os es que van a caer unos alienígenas del cielo para atacarla?- Bromeó Nat, provocando una carcajada grupal -¡Tenemos que hacer un trato: olvidarnos completamente del trabajo y disfrutar! Aún estoy triste por mi soldado, así que pienso olvidarlo durante este viaje.
-¿Tú? ¿Triste por un hombre?- Ironizó Wanda, que no tenía constancia de que Nat se hubiera enamorado alguna vez. Más bien su amiga era de vivir la vida sin compromisos, simplemente aceptando lo que el presente le trajera.
-¡Oye! Yo también tengo sentimientos- Se quejó ella, fingiendo indignación -Y mi Steve era un genio en la cama. ¿Sabéis que teníamos un juego llamado Fondue? Consistía en...
Wanda y Okoye lanzaron un sonido de protesta para cortarla, ya que no querían conocer ese tipo de detalles de su vida amorosa aunque Natasha siempre estuviera dispuesta a hablar de ello.
Llegaron por fin a los límites del hotel, donde Wanda aparcó el coche en un estacionamiento de tierra que estaba libre. Vio sonriente como sus hijos salían del hotel y corrían a abrazar a sus amigas.
-¡Billy, Tommy!- Gritaron ambas, abrazando a los niños con amor -No me puedo creer que finalmente vayas a casarte, Billy. Eres tan pequeño aún- Dijo Nat esta vez, desordenándole el pelo.
El aludido rodó los ojos y se alejó un poco, provocando que su hermano soltara una carcajada.
-Estoy enamorado, tía Nat- Señaló Billy -¿No consiste el amor en esto? ¿Comprometerte y demostrarle a la persona que amas que lo harías todo por ella?
-Eres un cursi- Bromeó Thomas, dándole un pequeño golpe en el hombro a su hermano.
Wanda soltó un pequeño bufido que afortunadamente solo fue escuchado por Okoye, que la miró con tristeza. Hacia tantos años que el amor había dejado de ser importante para Wanda que las palabras de su hijo solo le hacían gracia. Pero no podía ser ella quien destruyera sus sueños, ya se daría cuenta él solo cuando creciera. Al y al cabo, solo era un niño. Igual que había sido ella años atrás cuando se había quedado embarazada.
Recordar esa época le causaba daño, así que alejó esos pensamientos y sonrió. Dio un beso a cada uno de sus hijos y acompañó a sus amigas hasta la habitación que les había asignado en el hotel. Todo estaba hecho un desastre y medio en ruinas, así que les pidió por favor que no se apoyaran en sitios que pudieran romperse, tales como barandillas, ventanas, o siquiera paredes. Era preferible que tocaran lo menos posible y siguieran vivas hasta el día de la boda.
A Okoye se le ocurrió ir a abrir una ventana para que entrara algo de luz, y aunque Wanda quiso impedírselo fue demasiado tarde. En cuanto Okoye tocó la manija de la ventana, el marco se despegó y cayó al suelo del exterior. Wanda fue inmediatamente a mirar por ella, esperando que no le hubiera caído a nadie encima.
-Lo siento- Murmuró Okoye -Estás cosas pasan, no debes preocuparte.
-Tienes razón, estás cosas pasan muy normalmente en mi hotel- Suspiró Wanda -Ya os he dicho que todo es un desastre. Años invertidos en este sitio para que las ventanas se sigan cayendo. La parte positiva es que no creo que nada vaya a ser peor que esto- Murmuró.
-¿De verdad sigues sin querer ayuda de Wakanda? El rey T'Challa…
Wanda negó con la cabeza antes de que su amiga continuara. Okoye y Nat ya le habían ofrecido dinero para renovar el hotel, pero ella siempre se había negado. No quería que nadie pagara sus deudas.
-Las cosas se van a solucionar, Wanda- Intentó consolarla Nat -Al hotel aún le faltan un par de arreglos pero... ¡Nada que Wanda Maximoff no puedo solucionar! ¡Somos el equipo Never Alone! ¿Recordáis? ¿Y quién puede con Never Alone?
-¡Nadie puede con Never Alone!- Exclamó Wanda sin muchas ganas -Todo saldrá bien, lo sé. Solo estoy nerviosa.
Al otro lado del mar un hombre rubio de ojos azules se encontraba en el embarcadero, bufando por su mala suerte. Acababa de perder el barco que debía llevarlo a la isla donde residía el antiguo amor de su vida, y ahora tendría que esperar hasta el día siguiente para poder viajar. Podía permitirse una noche en un hotel, pero no podía aguantar las ganas de volver a ver a Wanda. Ella le había mandado una carta invitándolo a la boda de su hijo, ¡Se había acordado de él después de tantos años! Y él por supuesto no iba a rechazar la oferta. No solo quería volver a ver a Wanda, sino que quería conocer al chico. ¿Cuántos años tendría el niño? Una parte de él no dejaba de darle vueltas a ello.
-¿Necesita cruzar al otro lado?- Preguntó un hombre que se encontraba subido en un barco de tamaño mediano. Era un tipo con rostro serio, el pelo largo oscuro recogido en una coleta y con un brazo de metal.
-Sí, si soy sincero. Pero acabo de perder mi transporte- Respondió Víctor, apesadumbrado.
-Pues estás de suerte, casualmente viajo hasta la isla. No me importa compartir el camino, será entretenido. Sube al barco, no pierdo nada.
Víctor dudó durante unos segundos, pensando en los pros y los contras de compartir el camino con ese hombre. Finalmente aceptó y subió al barco.
-Me llamo Víctor, disculpe que no me haya presentado. Víctor Shade, pero llámeme Víctor- Dijo, tendiendo su mano para entrechocársela.
El hombre del brazo de metal asintió, estrechando su mano.
-Yo soy James Barnes, encantado igualmente. Puede llamarme James, o Bucky, como me llaman los amigos.
Víctor asintió. Esperaba que partieran pronto, ya que deseaba hablar con Wanda cuanto antes, pero tampoco quería meter prisa al pobre hombre que se había ofrecido a llevarlo.
-¿Disculpen? ¿Van ustedes a la isla?- Preguntó una voz desde el embarcadero -He perdido el barco que me llevaba hasta allí y me preguntaba si podrían llevarme. Puedo pagar el viaje que me costó el billete del barco.
-¡Pero qué casualidad! Mi amigo Víctor también lo ha perdido- Dijo Bucky, sonriente -Suba usted también, hombre. No tengo problema en llevarlos, pero mejor partamos ya a nuestro destino antes de que aparezcan más invitados sorpresa- Rió -Soy James Barnes, por cierto, pero puede llamarme Bucky.
-Yo soy Víctor Shade, y con Víctor me va bien.
-Muchas gracias- Aceptó el hombre, subiendo al barco -Yo soy el doctor Stephen Strange. Encantado de conocerlos. ¿Van ustedes a la boda, por casualidad?
Tanto Bucky como Víctor lo miraron con curiosidad.
-Sí, voy a la boda del joven Billy Maximoff- Respondió Bucky. Víctor asintió en silencio -¡Parece que el destino nos ha juntado aquí a los tres! Es increíble.
Stephen sonrió, pensando en las casualidades de la vida, mientras que Víctor comenzó a replantearse cosas. Quizá solo fuera una casualidad de verdad. Al fin y al cabo, faltaban tres días para la boda, y todos los invitados se presentarían durante esa fecha.
