CAPÍTULO 3: EL SECRETO
Wanda no sabía si estaba tan borracha que estaba imaginando cosas, si estaba delirando, o si simplemente el destino le estaba jugando una mala pasada. Se dedicó a rodear el cobertizo y mirar ventana tras ventana, incluso se subió al techo por una escalera desgastada para mirar desde una trampilla, con la esperanza de que el ángulo cambiara lo que veía, pero obteniendo siempre los mismos resultados.
-Esto no es real, no es real- Intentaba mentalizarse, pero cada vez que miraba por la trampilla sus ojos le demostraban lo contrario. Descubrió a lo lejos como sus hijos se acercaban al lugar, lo que la puso más nerviosa aún. ¿Billy y Thomas los habrían visto? ¡Eso no podía ser posible! Debía impedirlo a como diera lugar. Comenzó a caminar de un lado a otro por el techo, sin reparar en que había dejado abierta una trampilla, por la que tropezó y cayó en medio de un grito.
Esperó estamparse contra el suelo, pero en lugar de eso cayó justo encima de un cuerpo blando. Este lanzó un pequeño gemido de sorpresa que Wanda reconoció claramente como el de Víctor. Durante unos segundos se quedó en shock sintiendo su cuerpo bajo el suyo y mirando esos ojos azules a los que tanto había amado en el pasado. En cuanto pudo ser consciente de lo que estaba pasando se levantó y se limpió la ropa como si se le fuera la vida en ello.
-¿Qué demonios hacéis aquí vosotros?- Preguntó, pasando del estado de shock al enfado.
Miró primero a Stephen, luego a Bucky y finalmente a Víctor, que ya se había puesto en pie. Definitivamente no podía negarse lo que estaba viendo. Pero tampoco podía ser casualidad que los tres estuviesen ahí, eso era imposible. ¿Por qué los dioses la castigaban de esa manera?
-Me alegro de verte, Wanda- Saludó Bucky –Debo decir que sigues tan hermosa como siempre.
La aludida bufó, conociendo perfectamente los trucos halagüeños de Bucky. Así la había conquistado en el pasado, y aunque las cosas entre ellos no habían acabado desastrosamente mal, ella hubiera preferido no volver a verlo. Más bien quiso dejarlo como un recuerdo agradable.
-Por una vez concuerdo con el señor Barnes- Dijo Stephen –Es un placer volver a verte, Wanda. Aún tenemos una clase de baile pendiente- Sonrió, tratando de calmar el ambiente tan tenso.
Wanda frunció los labios, pensativa. Recordaba aquellos momentos que vivió con Stephen. Siempre habían permanecido en su corazón con bastante cariño. Con él había encontrado una especie de mejor amigo, ya que ambos habían compartido los mismos sueños y preocupaciones. Sin embargo, por algún motivo las cosas no fueron a más, y ellos acabaron tomando caminos separados.
Su mirada se posó por fin en Víctor, o Visión como ella lo había apodado, el único hombre al que había amado de verdad, y el mismo que la había dejado completamente destrozada. Su historia con Visión había sido tan breve como intensa. Ella lo había amado con locura, pero su error fue creer que sus sentimientos eran correspondidos. Cuando descubrió que Visión estaba comprometido y que solo había utilizado como entretenimiento, todos sus sueños e ilusiones se transformaron en lamentos y dolor.
-Yo también me alegro de…Te había extrañado - Dijo Víctor en un susurro tan bajo que apenas se le escuchó.
-Bien, muy graciosa la presentación. ¿Ahora podéis explicarme que hacéis aquí?- Preguntó Wanda, intentando disimular el dolor que sentía por dentro.
-Tres completos desconocidos que se ponen de acuerdo para visitar la isla, ¿no es una agradable casualidad?- Comentó Stephen, mirando a los otros para que le siguieran el juego -Y un amable...isleño... nos trajo aquí porque las habitaciones del hotel estaban agotadas.
-Sí, eso mismo- Asintió Víctor.
-¿Justamente en mi cobertizo?- Ironizó Wanda, arqueando una ceja.
-El mundo es pequeño- Señaló Bucky, encogiéndose de hombros.
-¿Creéis que soy idiota?- Voceó Wanda finalmente, tropezando hacia atrás debido al estado el que estaba. Se apoyó contra una televisión vieja para no hacer más el ridículo -¡A vosotros nadie os ha invitado! ¡No tenéis derecho a estar aquí! - Respiró hondo e intentó calmarse antes de pedir amablemente que se marcharan cuanto antes -Mirad, chicos, tengo mucho trabajo pendiente, una boda que organizar, y no puedo...lidiar con vosotros también. Tenéis que marcharos. Aquí no sois bienvenidos.
-Pero no es necesario que te preocupes, estamos bien- Señaló Stephen, ganándose una mirada afirmativa de los otros hombres -Nos gusta este lugar.
-Yo llevaba mucho tiempo queriendo regresar a la isla, no me iré tan pronto- Dijo Víctor, dando un paso adelante hacia ella -Sabes lo mucho que amaba este sitio.
Wanda trató de no recordar, de alejar de su mente aquellos momentos que habían vivido juntos, pero no pudo evitar hacerlo y desear que todo hubiera sido diferente. Alejó la fantasía de inmediato y dio varios pasos más hacia atrás. No pensaba caer en el juego de nuevo.
-No me importa lo que queráis o no- Dijo fríamente -Os quiero fuera de mi isla mañana mismo. No tenéis derecho a estar aquí.
Salió del cobertizo prácticamente corriendo, conteniendo las ganas de llorar. Hacía mucho que no se sentía tan mal, casi desde aquel verano en que había amado y perdido a los tres. Caminó dando tumbos y maldiciendo su suerte. ¿Por qué ahora? ¿Qué mal había causado a los dioses para que la castigasen de esa forma? Comenzó a sentir que todo se nublaba a su alrededor, hasta que fue absorbida por completo por una profunda oscuridad. Lo último que escuchó antes de caer completamente fue un "mamá".
Despertó en su cama unas horas más tarde. Intentó levantarse, pero un fuerte dolor de cabeza la obligó a tumbarse de nuevo. Se dio cuenta de que estaba acompañada por sus dos hijos, Teddy, y sus amigas. Todos la miraban con preocupación, como si hubieran esperado que no despertara nunca.
-¿Qué pasa?- Preguntó confundida, llevándose las manos a las sienes para tratar de calmarse.
-Parece que la borrachera de anoche te pasó factura- Bromeó Nat, ganándose un codazo por parte de Okoye -Thomas te encontró justo cuando te desmayaste. Creo que nos pasamos un poco con el alcohol.
-No debiste haber bebido tanto, mamá- Regañó Billy, cruzándose de brazos. Teddy le pasó una mano por los hombros, intentando consolarlo -Nos asustaste mucho.
Wanda comenzó a hacer memoria. Había bebido, sí, pero algo le decía que no había sido eso lo que la había hecho perder el control de sí misma. Recordaba una ventana rota, y también haber ido en busca del taladro. Pero entonces...entonces se había encontrado con tres personas de su pasado, y había perdido el control. Abrió los ojos como platos al recordarlo, aumentando con ese gesto el dolor de cabeza.
Volvió a intentar levantarse. Debía comprobar si seguían en la isla o si se habían ido por fin, pero su hijo Thomas la obligó a volver a acostarse.
-¿Pero qué haces, mamá? ¡No puedes levantarte!- La regañó.
-Pero tengo que...- Se calló de golpe, recordando que sus hijos no sabían nada del asunto -Dejadme a solas con Nat y Okoye, por favor, tengo que hablar con ellas.
Ni Billy ni Tommy hicieron ademán de irse, así que Teddy tuvo que sujetar a ambos de cada brazo y obligarlos a marcharse. Billy protestó, pero finalmente sucumbió a las órdenes de su futuro esposo.
-¡No me desmayé por el alcohol! Al menos no solo por eso- Empezó a explicar Wanda, sin poder evitar que las lágrimas comenzaran a hacer acto de presencia. Se las limpió como pudo y continuó hablando -Víctor está aquí, en la isla, y no solo él, James Barnes y Stephen Strange también- Sollozó.
-¿Cómo? ¿Víctor? ¿El padre de Tommy y Billy?- Preguntó Okoye, estupefacta -¿Se ha enterado de que son sus hijos y ha venido a...?
-¡No!- La cortó Wanda, muerta de miedo de que eso pasara -Ellos no saben nada de Tommy y Billy y no deben saberlo. No sé el motivo por el que han venido. Dicen que es casualidad, ¡Pero no los creo! Son unos mentirosos, los tres. Nunca se han preocupado de sus hijos, no tienen derecho a aparecer ahora -Siguió llorando más fuerte aún -Y ni siquiera sé quién de los tres es el padre.
Nat se tumbó junto a Wanda y la abrazó, intentando darle consuelo. Okoye, por otra parte, se sentó a su izquierda y tomó su mano para masajearla.
-Pero tú siempre dijiste que era Víctor.
-Porque eso es lo que hubiera querido yo. Pero no puedo asegurarlo. Cuando Víctor se marchó para casarse con su prometida me estuve viendo con Bucky, y antes de eso ocurrió mi encuentro con Stephen. No sé quién es el padre- Escondió la cara en el hombro de Nat y siguió llorando.
-¿Quieres que comprobemos si se han ido? Dime donde los viste- Pidió Okoye, levantándose de la cama -Te prometo que si no se han ido yo misma los obligaré a marcharse.
-Yo voy contigo- Dijo Nat, incorporándose también -No pienso perderme el espectáculo.
-Están en el viejo cobertizo... Pero chicas, ni se os ocurra...- Comenzó Wanda, pero demasiado tarde puesto que las dos amigas ya habían echado a correr.
Wanda soltó un profundo lamento antes de levantarse de la cama y seguir a sus amigas. Ignoró el pinchazo que le dio la cabeza y casi corrió tras ellas pidiéndoles que no hicieran nada.
Nat y Okoye entraron al cobertizo, apresuradas por ver a los tres grandes amores de Wanda, solo para descubrir que allí no había nadie. De hecho, ni siquiera había señal de que hubiera habido alguien el día anterior, aunque el lugar estaba más limpio de lo que imaginaban. Wanda llegó unos minutos después junto a ellas, soltando un grito ahogado al ver que ellos ya no estaban.
-O estabas muy borracha y lo has imaginado, o te han hecho caso y se han marchado- Señaló Nat- Apostaría por lo primero, creo que el alcohol te jugó una mala pasada.
-¡No!- Exclamó Wanda, indignada -No estaba tan borracha, ellos estaban aquí
Entró al cobertizo asombrada de la tranquilidad que había allí, y esperando encontrar alguna prueba que determinara que ella no estaba loca. Entonces la encontró, una flor con forma de corazón que ella le había regalado a Visión hacía años. Estaba segura de que era la misma, ya que se la había regalado justo después de que hicieran el amor por primera vez. ¿Por qué la había guardado? ¿Y por qué se la devolvía ahora?
La enseñó a sus amigas, explicándoles lo que significaba esa simple flor, y entonces hizo ademán de volver a echarse a llorar.
-¡Oh, no, Wanda!- Exclamó Nat, quitándole la flor de las manos y tirándola al suelo. Después la envolvió en un fuerte abrazo -Ya se han ido, no pasa nada.
Okoye asintió, mirando el lugar en silencio.
-¿Recuerdas nuestro segundo lema, Wanda?- Preguntó Nat. La aludida negó con la cabeza, en esos momentos no estaba para pensar en nada -Recuérdaselo Oko.
-No tenemos segundo lema- Respondió ella, confusa.
-¡No se llora por tíos!- Exclamó Nat como si fuera obvio -¡Ese es nuestro lema! Somos unas tías guapísimas que podrían conquistar a cualquier tío de esta bendita isla. ¿Se llora por un idiota del pasado? ¡No! ¿Y sabéis que vamos a hacer? ¡Una fiesta para celebrar la boda de Billy! Esta misma noche.
-Me parece muy buena idea- Sonrió Okoye -¡Nada mejor que una celebración para rebatir los dolores del alma! La última vez que asistí a una fiesta fue durante la coronación del rey T'Challa, hace unos meses. Recuerdo la hermosura de Wakanda plagada de detalles con oro y madera- Suspiró nostálgica.
-Bueno, esto no es Wakanda, pero te prometo que ¡Vamos a organizar la fiesta del siglo! -Zarandeó un poco a Wanda -Y tú a descansar mientras tanto, deberás estar lista para esta noche.
Wanda no estaba muy animada, pero terminó sonriendo levemente a sus amigas. Ellas tenían razón, no podía derrumbarse por asuntos del pasado.
Billy, Tommy y Teddy acudieron corriendo al cobertizo una vez que dejaron a Wanda con sus amigas. Tommy aseguraba haber visto a su madre salir del cobertizo, y se temía que no se había desmayado por la borrachera. Al darse cuenta de que el lugar estaba vacío, echaron a correr rápidamente al coche para acudir al embarcadero e impedir que se marcharan. Billy le explicó a Teddy lo que estaba pasando de manera muy resumida, y aunque este no se quedó muy conforme, decidió ayudar.
Thomas, por otra parte, temía que Billy acabara cometiendo alguna locura, por lo que fue con él para poder vigilarlo. Él no entendía el empeño de su hermano por querer conocer a su padre, pero como hermano sentía que debía apoyarlo.
Llegaron al puerto cuando el barco de Bucky ya estaba navegando. Billy gruñó por lo bajo y dio una patada al aire, sintiéndose desesperado por haberlos perdido finalmente. Tanto esfuerzo por tener a su padre en su boda había sido tirado por la borda.
-No puedes hacer nada, Billy- Dijo Teddy, tomando su mano entre las suyas e intentando calmarlo -No podías retenerlos aquí para siempre sin explicarles el motivo.
-¡Pero no pueden irse! ¡Prometieron quedarse a nuestra boda! No pueden marcharse- Se lamentó.
Billy separó su mano con brusquedad de la de Teddy y se sentó sobre la madera del embarcadero. Bajó la mirada y se llevó las manos a la cabeza, evitando que lo vieran llorar. Thomas se colocó a su lado y le palmeó los hombros, intentando consolarlo.
-Lo siento, Billy, pero Teddy tiene raz…¿Qué demonios hace?
Billy no supo a qué se refería su hermano hasta que levantó la cabeza y vio a su novio quitándose la camisa y lanzándose al agua. Por un momento no pudo evitar pensar en lo que hermoso que era, hasta que finalmente se le aclaró la mente y comprendió lo que iba a hacer. Intentó impedirlo, pero Teddy ya había comenzado a nadar.
A pesar de las protestas de su cuñado y novio, Teddy no regresó al embarcadero. No era un experto en natación, pero sabía cómo mantener el ritmo para no agotarse. Con un único objetivo en mente nadó sin parar hasta llegar al barco, donde Bucky y Víctor le tendieron las manos para ayudarlo a subir.
-¿Qué estás haciendo, muchacho?- Preguntó Bucky.
Teddy tuvo que respirar hondo y recuperar el aliento antes de poder contestar.
-No podéis iros- Dijo finalmente -¿Veis a esos chicos de allí?- Señaló el puerto, donde se veía a Billy intentando lanzarse al agua mientras su hermano lo sujetaba para impedírselo -Uno de ellos es mi prometido. Me caso en dos días. Y lo amo, lo amo tanto como para venir a buscaros y rogaros que os quedéis hasta la boda. Él quiere que estéis presentes, así que lo estaréis- Sonó más como una amenaza que como una súplica.
-Nos gustaría quedarnos, de verdad- Intervino Strange, sintiéndose culpable -Pero Wanda nos ha descubierto y nos ha pedido que nos marchemos. No queremos causar problemas.
-¿Por qué somos tan importantes?- Inquirió Bucky, sin entender nada lo que estaba pasando.
Por un minisegundo Teddy se planteó contarles la verdad, pero después suspiró y negó con la cabeza. No era su secreto, no era su obligación. Si Billy quería que ellos lo supieran debía ser él mismo quien les contara la verdad.
-No lo sé, ni yo mismo entiendo a veces a mi prometido- Mintió, quitándole importancia con un gesto -Por favor, solo hasta la boda.
Los tres hombres se miraron entre ellos, reflexionando sobre si era una buena o una nefasta idea.
