Capítulo 3: Vecinas
No habían dicho nada de lo que pasó, ni unos ni otros. Aun quedaba por saberlo Ron, pero no se lo pensaban decir porque no sabían cual iba a ser su reacción.
Estaban preparando las maletas en el Caldero Chorreante para irse. Ron y Hermione no se dirigían la palabra. Todo estaba muy tenso, Harry y Ginny no sabían porque no se hablaban.
- ¿Has pensado donde vamos a ir ahora? – preguntó Ron a Harry
- Pues he pensado que deberíamos empezar desde la raíz, donde todo empezó. Creo que deberíamos ir al Valle de Godric, donde vivían mis padres. Podríamos reconstruir la casa e instalarnos allí. ¿Qué te parece?
- Por mí bien, así tenemos un lugar para vivir y no tendríamos que ir de hostal en hostal.
- Bien, pues no hay tiempo que perder, vamos a aparecernos junto a un lago que hay cerca del pueblo. – dijo Harry algo nervioso.
Se cogieron de las manos y todos juntos se aparecieron en el Valle de Godric. Un gran lago se extendía entre las montañas. Era precioso, casi totalmente transparente y una hierva verde alrededor con algunos grandes árboles. Aquel paisaje les recordaba a Hogwarts.
Bajaron una colina y, guiados por un mapa que llevaba Harry llegaron a donde se suponía que estaba la casa de los padres de Harry. Era un territorio llano, grande y con restos de paredes, puertas,…. Nadie lo había limpiado. Además había una valla puesta por la policía que aún no habían quitado. Harry la apartó, ahora aquel lugar era suyo, desde que cumplió los 17 años.
Miró con nostalgia. Allí había vivido sus padres felizmente, y Harry también aunque no se acordara de ello. Se le escapó una lágrima, más de furia que de tristeza. Sin apenas mirar, pronunció un hechizo y todo se limpió. No quedaba ni un resto de cemento, sólo tierra.
Ginny se acercó a Harry y le cogió la mano. Aquel apretón reconfortante sacó a Harry de sus pensamientos.
- Bien, empecemos por hablar de la estructura de la casa. – se decidió Harry.
- Como tú quieras, Harry, la casa es tuya y eres tú el que se quedará a vivir. – dijo Hermione suavemente.
- Sí pero vosotros también vais a vivir aquí, aunque sea por poco tiempo. Creo que debería tener tres habitaciones, dos con cama de matrimonio – dijo Harry mirando disimuladamente a Ginny – y otra con dos camas. Habría espacio para 6 personas por lo que pueda pasar. Un salón amplio, una buena cocina,…. ¿dos pisos? Sí, y un jardín, 3 cuartos de baño,… - siguió Harry pensativo.
- Bien, pues vamos a hacer un dibujo de todo lo que has dicho – sugirió Hermione.
- Yo llevo papel y pluma – dijo Ron abriendo su baúl.
Con un movimiento de varita Hermione hizo aparecer una pequeña mesa con cuatro sillas para poder trazar bien el plano.
Estuvieron hablando y dibujando como una hora y cuando estuvo listo, Ginny se fue a vigilar que no hubiera ningún muggle cerca mientras los otros construían la casa mediante magia.
En cosa de 30 minutos ya tenían la estructura hecha, sólo les faltaba el interior. Compraron muebles mágicamente, pusieron electricidad como una casa muggle, adornaron cada rincón con fotos, flores,…e incluso una piscina en el jardín.
Construyeron la cocina, compraron una televisión en una tienda muggle cercana para mantenerse al día. Ron aún no sabía como funcionaba eso de la "tevelisión" y se sorprendió cuando la pusieron por primera vez y vio a gente moverse de forma no mágica.
Al final del día ya lo tenían todo listo y Hermione y Ron volvían a hablarse. Compraron unas pizzas y se disponían a cenar cuando alguien llamó a la puerta. Sorprendido, Harry abrió la puerta. Una mujer de unos 35 años, con el pelo negro azabache y una chica igual a ella, de unos 16 años pero con los ojos grandes y de azul oscuro lo miraban detenidamente.
- ¿Les puedo ayudar en algo? – preguntó Harry amablemente.
- Perdón, nos ha extrañado ver la casa aquí porque antes no había nada. Sabemos que los anteriores dueños fueron asesinados aquí – dijo la mujer – Soy Amanda, su vecina.
- Sí se que murieron, yo soy su hijo – dijo Harry irritado.
- Perdón – dijo Amanda algo avergonzada.
- Y yo Jessica – dijo la chica adelantándose y dándole dos besos a Harry. Lo miraba fijamente. Harry se dio cuenta de que no podía parar de mirar aquello profundos ojos azules. Entonces llegó Ginny y lo abrazó por detrás mirando a Jessica inquisitivamente.
- Encantado, esta es mi novia, Ginny. Ginny ellas son Amanda y Jessica - dijo señalándolas – Y ellos son Ron y Hermione, dos amigos – dijo Harry cuando éstos se acercaron a la puerta a ver que pasaba. Al parecer Ron se quedó mirando los ojos de Jessica tal y como había hecho Harry.
- ¿Son nuestras vecinas? – preguntó Hermione en voz alta mientras le daba un codazo a Ron.
- Sí, y no me trates de usted, podéis tener confianza. Para lo que queráis estamos en aquella casa azul, la de las rosas en la puerta. – dijo Amanda.
- Igualmente – dijo Harry.
Cerraron la puerta y volvieron al salón comentando lo rápidas que habían sido en llamar.
- Es normal – decía Hermione – De la mañana a lo noche hay una casa construída, ya es raro que no nos hicieran mas preguntas.
- ¿Y cuánto tardan los muggles normalmente en contruir una casa? – preguntó Ron.
- Pues una casa como esta…. Un año. – contestó Hermione.
- ¿¡Un año!? – gritó Ron.
- De verdad Ron, tendrías que haber cogido estudios muggles en tercero. – comentó Hermione.
Se fueron a dormir. Harry y Ron en habitaciones separadas, en las camas de matrimonio, y Hermione y Ginny en la de dos camas.
Harry estaba pensado en Jessica, sus ojos lo hipnotizaban. Miró la hora, ya era más de media noche. Quiero a Ginny, pero no se que me pasa con Jessica, parece un veela. Escuchó una risa fría. Snape estaba delante suyo y le decía a Harry:
- Señor, ya hemos dado la orden a los dementotes de atacar Hogwarts. Tenemos un infiltrado allí, el hijo de Nott. El viernes a media noche nos esperará en la chimenea de su sala común y podremos empezar con el hechizo de dormir y las maldiciones.
- Perfecto – decía Harry, y una felicidad le embargó. – Malfoy, encárgate de McGonagall.
- Pero Señor, la directora tiene muchos más conocimientos que yo. – rogaba Draco.
- ¿Sí? ¿No te crees capaz de realizar mis órdenes? En ese caso se lo encomendaré a otro. Claro que tu madre y tú no veréis más la luz. ¡Crucio! – Exclamó Harry elevando la varita. Draco se retorcía en el suelo.
- ¡No! Señor…. – lloraba Draco. La maldición cesó. – Lo haré.
- Así me gusta. Pero que tu lealtad no vuelva a flaquear o no seré tan bueno la próxima vez. Pues el plan es que cuando entremos en el castillo, tú irás a…
Harry se despertó. Sudaba y estaba tumbado en el suelo. Sobre él se hallaba Ginny. La cicatriz le dolía a rabiar.
- ¿Estás bien? – Le preguntó Ginny mientras le acariciaba el pelo y le daba un beso en la frente. Eso le calmó el dolor.
- Sí – contestó Harry aún temblando cabreado por no haber podido escuchar el plan de Voldemort.
- ¿Qué ha pasado esta vez? – preguntó Ginny preocupada.
- Va a haber un ataque de mortífagos, en el castillo.
- No pensarás ir sin avisar, ¿verdad?
- Avisaré, pero iré.
- Cuidado con que no sea una trampa, como lo que pasó con el ministerio.
- ¡Esto no es una trampa! – dijo Harry molesto.
- Está bien Harry, no te enfades, solo quiero que todo salga bien. – susurró Ginny mientras su pelo caía por su hombro. A Harry eso le gustó.
Cogió a Ginny por la cintura y se puso encima de ella. La besó apasionadamente. Ginny deslizaba sus manos por el torso de Harry y le quitó la camisa del pijama. Terminaron en la cama, desnudos, tras haber hecho el amor.
Se hizo de día. Harry observaba como dormía Ginny. Pensó que podía estar observándola toda su vida. Ella se despertó.
- Bueno días – saludó él.
- Buenos días. He pensado que podríamos hacer esto todos los días. – bromeó Ginny.
- Sabes que si Ron se entera nos mata. Primero a mí y después a ti.
- No seas tan cobarde – le retó Ginny.
- ¿Cobarde? – Y empezó a hacerle cosquillas a Ginny. Ella gritaba y le mordía en el brazo suplicándole que parara. Solo se paró porque vio una lechuza parda con motas negras en la ventana. – Será tu madre – comentó.
- Lo dudo, su lechuza no es esa.
Corrieron a la ventana y la abrieron dejando pasar a la lechuza. Llevaba una carta. Intrigados la abrieron y leyeron:
"Casi totalmente confirmado que otra parte de su alma es su animal de compañía, te avisaré."
La nota era anónima. Decidieron vestirse y bajar para comentárselo a Ron y Hermione. Ambos estaban en la cocina cuchicheando. Se callaron cuando Harry y Ginny entraron.
- Ginny, ¿Dónde estabas? – Te he ido a buscar a tu habitación y Hermione me ha dicho que cuando se ha despertado tú aun no estabas allí.
- Pues es que me he despertado y he ido a despertar a Harry porque le había llegado una lechuza. – inventó Ginny.
- Am, ¿y de quién era la carta? – dijo Ron inocente.
- Pues de eso queríamos hablar con vosotros – comentó Harry nervioso – la carta es anónima, y mirad lo que dice. – les dio la carta para que la leyeran.
- Bueno, es obvio, ¿no? Será alguien de la Orden – dijo Ron.
- No creo, si no, ¿por qué no dice su nombre? Además nadie sabe lo de los horrocruxes de Voldemort excepto Dumbledore que en paz descanse, nosotros, Harry y…. – se calló y se puso a pensar – no puede ser – susurró – no puede ser.
- ¿Qué es lo que no puede ser? – preguntó Harry irritado por que Hermione nunca les decía lo que descubría en su mente.
- Pues debe ser un mortífago, y no uno cualquiera, uno que sea un gran vasallo de Voldemort.
- ¿Te refieres a Peter Petegrew? – preguntó Ron.
- Claro que no, con lo bocazas que es no creo que quien-tu-sabes le confíe algo tan importante. – razonó Hermione.
- Bueno, ¿entonces quién es? – le preguntó Ginny.
- No lo se, pero debemos averiguarlo – concluyó Hermione.
- Otra cosa – dijo Harry – he tenido un sueño, mejor dicho, un sueño de mi siendo Voldemort.
- ¡¿Y qué ha pasado?! – dijo Hermione escandalizada – además Harry no deberías hacer caso a esos sueños, Dumbledore te dijo que intentaras no tenerlos.
- Sí pero esos sueños no los puedo controlar, y no poníais pegas cuando era para salvar al padre de Ron. Y tampoco puedo hacer como que no he visto nada. Esto es muy fuerte, podrían matar al castillo entero, pensadlo bien, sería un enorme desastre. ¿Podrías dormir tranquilos si matan a todos esos niños y nosotros sabíamos que sucedería? – dijo Harry enfadado mientras se iba y se sentaba en el sofá.
- No te enfades tanto y razona, no he dicho que no vayamos a hacer nada, pero debemos tener en cuenta que Voldemort controlaba el año pasado lo de tus sueños, para que no vieses lo que él hacía. Sin embargo no creo que sea tan tonto como para usar el mismo truco que para lo del ministerio – avisaremos a la Orden y ellos dirán qué hacemos. Si ellos no van a hacer nada nosotros iremos a vigilar. – dijo Hermione acercándose a Harry.
- Está bien – aceptó Harry – voy a enviarles una lechuza.
Subió a su habitación y cogió a Hedwig, escribió una carta muy breve y le susurró a la lechuza "al cuartel general de la orden, lleva cuidado" Hedwig le dio un mordisquito en el dedo como para decir que lo entendía y se fue por la ventana rápidamente.
Bajó otra vez a la cocina y desayunaron. Cereales, leche, fruta,… ahora que eran muchos tenían más dinero para comprar comida.
- Deberíamos buscar un trabajo – dijo Ginny – vamos a necesitar mucho dinero para mantener la casa.
- Bien, podemos ir esta tarde a mirar en alguna cafetería. Pero ahora yo me voy a dar un paseo, quiero echarle un vistazo al pueblo. – dijo Harry levantándose de la silla.
- Yo te acompaño – le dijo Ginny.
- Prefiero ir solo, quiero pensar.
- Sí, seguro que vas a ver a Jessica, pero ten una cosa muy clara Harry James, conmigo no se juega, si veo algo entre vosotros dos….
- Tranquila, no me voy con nadie, y si eso piensas de mí, será mejor que te busques a otro – contestó Harry enfadado. Seguidamente salió de la casa con un portazo. - ¿Cómo puede pensar así de mi? – pensaba Harry – Creo que le he demostrado cuanto la quiero.
Se encontró con una iglesia muy bonita. La rodeó para mirar cada rincón. Parecía algo siniestra y había un cartel que decía "cerrado por reformas" siguió andando alrededor de la iglesia. De pronto se chocó con algo, miró y vió que era Jessica. Levaba unos vaqueros muy ajustados y una camiseta azul con escote que le resaltaba los ojos.
- Hola Harry – dijo ella – ¿Podemos hablar un minuto?
- Claro – contestó él.
- Bien sígueme, conozco un parque muy tranquilo donde podemos hablar.
Anduvieron una manzana y llegaron a un parque, con muchos árboles, bancos, columpios y un estanque en el centro con muchos patos y cisnes.
Se sentaron en uno de los bancos mas alejados y ella comenzó a hablar.
- He notado como me miraste ayer.
- Perdona si te incomodó, pero nunca había visto unos ojos tan azules y me quedé mirándolos.
- No me importa. Mira Harry no voy a ir con rodeos, se que eres un mago y se que eres el niño que sobrevivió, que sin ti habrían habido muchas muertes y esa cicatriz me encanta – dijo ella sonriéndole. Harry estaba perplejo, no se habría imaginado jamás aquella conversación.
- No soy un mago – mintió.
- Sí lo eres, os ví construyendo la casa. Además tengo amigos magos. Tranquilo, tu secreto está a salvo. ¿Qué tal te va con Ginny?
- Pues no muy bien. Hoy se ha puesto como celosa, pensaba que me iba para encontrarme contigo.
- Bueno es normal que tenga celos, tal y como me miraste…
- Lo siento, ¿vale?
- A mí no me lo tienes que decir, se lo tienes que decir a ella. Por cierto, Hermione y Ron estan…?
- ¿Juntos? Más o menos.
- Que pena, a mi me gustaría conocer mas a fondo a Ron. Pero si tiene novia… me aparto.
Estuvieron hablando de Ginny, del pueblo, de sus familias, de todo excepto de la magia. Tal vez ella pensara que a Harry no le apetecía hablar de eso. No sabían cuanto tiempo llevaban hablando, Harry se reía como nunca, se sentía muy a gusto con ella. Solo se fueron cuando las tripas empezaron a sonarle a Harry, se fueron juntos hacia sus respectivas casas y se despidieron con un abrazo.
Al entrar, Hermione se le acercó preocupada.
- Ginny está encerrada, no quiere salir de nuestro cuarto.
- Mierda – se dijo Harry – Ella no tenía derecho a acusarme de infidelidad y lo sabes. Le dijo a Hermione.
- Sí pero tú tampoco le contestaste muy bien que digamos.
- Hablaré con ella.
Subió a la habitación de las chicas y llamó a la puerta.
- Ginny ábreme por favor.
- ¡Te odio!
- Perdona por haberte hablado así, pero me puse nervioso cuando me acusaste.
- Si te pusiste nervioso es porque algo tienes por esconder.
- Eso no es así Ginny, por favor déjame pasar.
- Déjame.
- Ginny, no seas una niña, ya eres una mujer. Si no me dejas pasar derrumbaré la puerta.
- Está bien, pasa. – dijo ella mientras le habría la puerta.
- ¿Te pasa algo? – preguntó Harry – es que estás como demasiado sensible últimamente.
- No, no me pasa nada – pero en su mirada se reflejaba que sí pasaba, y algo grave.
- Perdóname ¿vale? Te quiero.
- ¡Está bien! Cuando me miras con esos ojitos no se decirte que no.
Mientras se daban un beso reconciliador, Hermione entró por la puerta.
- ¿Habéis visto a Ron? Hace 30 minutos estaba en el salón, pero ahora no lo encuen….- se quedó callada mirando por la venta. Abajo en el jardín, Ron y Jessica se besaban apasionadamente.
REVIEWS!!! Dejad reviews!! Bueno, bueno, vaya vecinita, ¿no? ¿Qué pasara ahora con Ron y Hermione? ¿Qué pasara con Hogwarts?
