Capítulo 5: El ataque y la acogida.

- ¿Cómo? – preguntó Harry creyendo que había escuchado mal, o mejor dicho, quería haber escuchado mal.

- Lo has escuchado perfectamente – dijo Ginny empezando a cabrearse.

- Ahora sí que me mata tu hermano, qué digo…. ¡toda tu familia! – dijo Harry mientras miraba fijamente al suelo.

- No sabía que te lo ibas a tomar tan mal. No tienes ninguna responsabilidad¿eh? Yo lo criaré, ya puedes olvidarte del asunto. – gritó Ginny mientras iba hacia la puerta. Pero Harry actuó más rápido y con un movimiento de varita la puerta volvió a cerrarse.

- No – dijo Harry – claro que quiero tener este niño contigo, especialmente si es contigo. Yo te quiero Ginny, entiéndelo, no puedo vivir sin ti. Me ha pillado un poco de sorpresa, pero ni se te ocurra cuidarlo sola porque no te lo permitiré. – entonces se acercó a Ginny, la rodeo con sus brazos y le dio un dulce beso – te quiero – añadió.

- Entonces bajemos a contárselo a Ron y a Hermione – dijo Ginny con una sonrisa.

- Mmmm¿no me puedes dejar con un día más de vida? – bromeó Harry.

- Yo luego te reanimo – le dijo Ginny guiñándole un ojo.

- En ese caso bajemos ya. – le dijo a Ginny quien se le quedó mirando.

Bajaron y encontraron a Hermione y a Ron hablando, al parecer habían acordado hablarse, por el bien de todos. Los hicieron sentarse en el sofá a pesar de las quejas de Ron de tener que levantarse de la silla.

- Tenemos que deciros algo – dijo Harry cogiéndole la mano a Ginny.

- ¡Oh Dios mío! No puede ser… - gritó Hermione.

- Sí, sí puede – la cortó Ginny.

- ¿Qué está pasando? – preguntó Ron que acababa de dejar el Profeta en la mesa. Harry podía imaginarse su propia sentencia de muerte, pero cogió fuerzas y continuaron.

- Bueno, lo que pasa es que… - comenzó Ginny sin atreverse a terminar.

- Ginny está embarazada – acabó Harry.

Hermione se llevó las manos a la boca, se levantó de un brinco y los abrazó. La reacción de Ron sin embargo fue muy distinta. Se quedó embobado mirando la mesa donde había dejado el periódico, lo miraron más detenidamente, se había quedado blanco.

- ¿Vas a decir algo? – le preguntó Harry. Pero Ron seguía sin decir nada, mirando la mesa.

- ¿Ron? Mira ya se que somos jóvenes y que… bueno que nos va a costar sacarlo adelante, pero lo queremos tener. Dime algo por favor, que soy tu hermanita – le dijo Ginny acercándose a él.

- ¿Vosotros dos… vosotros dos¿Habéis hecho…¡¿En qué estabais pensando?! Bueno Harry yo sí se en lo que estabas pensando tú, pero, Ginny eres muy pequeña para tener ese tipo de relaciones ¡¡y menos para tener un bebe!!!

- Vamos Ron, solo soy un año menor que tú, y para el amor no hay edad. Además fue idea mía lo de… hacerlo, así que no le digas a Harry.

- Está bien, pero papá y mamá te van a matar.

- Tienen que entenderlo – comentó Harry.

Tras un minuto bastante incómodo Harry habló:

- Tengo que ir a King Cross a hacer guardia por lo del ataque. Vosotros os quedáis aquí con miembros de la Orden vigilando la casa.

- Ni se te ocurra Harry, si tú vas nosotros también vamos – dijo Hermione mirando a Ron, el cual asentía.

- ¿No querréis que me quede yo aquí sola no? Yo también voy. – afirmó Ginny. Harry miró a Ginny.

- No puedes venir, no en tu estado.

- No estoy enferma, estoy embarazada – contestó empezando a enfadarse.

- No voy a permitir que vengas poniendo en peligro tu vida y la de nuestro hijo.

- Está bien – aceptó Ginny – pero solo por él, o ella quien sabe…

- La guardia llegará esta noche – continuó Harry – y mañana temprano debemos estar en Londres para reunirnos con el resto.

Todos aceptaron.

Llegó el día siguiente, Harry no había dormido bien pensando en el ataque. Había soñado que su hijo nacía y se convertía en Voldemort. Despertó a Ginny que se había instalado ya en su habitación y se despidió de ella. Abajo encontró al resto desayunando. Harry desayunó también y tras comprobar que todo estaba bien en la casa se fueron.

Se reunieron con Remus, Tonks, la señora Weasley y tres personas que no conocían y atravesaron el andén y ¾.

Dieron vueltas por allí antes de subir al tren y se encontraron con Neville, Luna, Sean, … y le preguntaron donde estaban sus baúles. Tras explicarles que no iban a volver a Hogwarts y lo que hacían allí subieron juntos al tren.

El viaje fue como siempre, tranquilo y sin percances, cuando llegaron vieron Hagrid, quien los abrazó con tanta fuerza que los elevó unos centímetros del suelo. También el banquete fue bien y Harry empezó a preguntarse si los había llevado allí para nada. Cuando los alumnos se fueron a sus casas a dormir establecieron un sistema de vigilancia de tres en tres. A Harry, Ron y Hermione les parecía raro ser ellos los que merodeaban por el castillo vigilando tal y como lo hacían los profesores cuando ellos estaban en el castillo.

Iban comentando los tiempos en los que se escapaban para hacer de las suyas y de repente se escuchó un gran ruido seguido de unas risas. Los tres subieron las escaleras siguiendo el ruido.

- A mí dejadme a los sangre sucia – decía Bellatrix.

- Date prisa, debemos actuar rápidos para que no nos descubran. – susurraba su hermana.

- Vaya, vaya, Harry y compañía. – rió Bella.

- ¿Habéis venido a detenernos? Dejadme que os de un consejo y huid, no vaya a ser que otro de mis primos muera… - comentó Narcisa – solos no tenéis ninguna posibilidad.

- No están solos queridas primas – gritó Tonks.- y tras ella el resto de la guardia.

- Avada … - empezó Bella, pero Tonks hizo un escudo protector y no pudo lanzarlo.

- Encantado de meter a su marido en la cárcel – le dijo Harry a Narcisa.

- Avada Kedavra – lanzó ella, pero en ese momento Harry que ya estaba preparado actuó.

- ¡Protego! – dijo él, rebotando el hechizo y dándole de lleno a Narcisa en el corazón. En ese instante aparecieron Seamos y Dean, ya que se habían despertado por el ruido. Estaban cerca del retrato de la señora gorda y seguramente toda la torre Gryffindor se despertaría también.

- ¡Maldito! – gritó Bella – ¡Avada Kedavra! – Gritaba una y otra vez intentando alcanzar a Harry con la maldición mientras éste se escondía tras distintas estatuas. Mientras, Ron y Hermione luchaban contra Goyle padre y Tonks, Remus y Molly se defendían de Mcnair y de Crabbe. – AVADA KEDAVRA – volvió a gritar Bella, y a Harry le pilló desprevenido, estaba a punto de darle, pero entonces Seamos se interpuso entre Harry y el rayo de luz verde le dio y cayó al suelo su cuerpo ya sin vida.

- ¡Bella¿Recuerdas que no conseguí hacer la maldición cruciatas la primera vez que nos vimos? Desde aquella noche la practico imaginando tu rostro ¡Crucio! - esta vez si que lo consiguió, pero alguien más había pronunciado la maldición. En una esquina de la sala, Neville que acababa de aparecer se tapaba la boca pensando en lo que acababa de hacer. Las dos maldiciones unidas le provocaron tal sufrimiento que a los poco segundos murió.

Los mortífagos se desaparecieron llevándose con ellos los cuerpos de las dos hermanas.

- ¡Harry! – gritó Remus- ¿estáis bien?

Pero Harry no dijo nada, fue corriendo al cuerpo de Seamos, ya rodeado de muchos alumnos. Algunos lloraban y otros gritaban. La profesora McGonagall apareció en ese momento y ordenó a los alumnos volver a su sala común.

- ¿Qué ha pasado? – pregunto McGonagall a Remus. Pero él solo señaló a Harry que permanecía junto al cuerpo. Entonces se incorporó para enfrentar la realidad.

- Me ha salvado. La maldición iba para mí y se lanzó para salvarme, la maldición le dio a él.

- Dios mío habrá que llamar a sus padres. – comentó asustada la profesora.

- Yo me encargo – dijo Remus – podéis volver – les dijo a Harry, Ron y Hermione.

- Señora Weasley¿podría venir con nosotros? Ginny y yo tenemos que contaros una cosa. – dijo Harry.

- Por supuesto corazón – contestó con aire maternal. Se desaparecieron y en un segundo estaban frente a la puerta de su casa, pensando que todo había acabado, pero no era así. La casa de Amanda y Jessica ardía. Harry fue corriendo y entró, pero no había nadie, apagó las llamas con un hechizo y salió. Era raro, no estaban ni Moody ni el señor Weasley ni nadie haciendo la guardia de su casa.

- Ginny – dijo Harry y entró lo más rápido posible seguido de Hermione, Ron y la madre de éste.

Dentro estaban todos. Jessica lloraba sobre una alfombra de tela negra, pero cuando se acercó se dio cuenta de que no era una alfombra, era Amanda. Se acercó a ella y vio su cuerpo tendido en el suelo, muerto.

- Me salvó – dijo simplemente Ginny, que estaba abrazada a su padre.

- ¿Qué ha pasado cielo? – preguntó la señora Weasley a su marido.

- Ginny escuchó un ruido y salió a ver lo que pasaba. Al ver la casa de sus vecinas en llamas fue a buscarme, pero se encontró con Malfoy hijo, que se había enterado de que habíais matado a su madre y vino a vengarse, intentó matar a Ginny, pero Amanda que había salido de su casa que ardía la empujó al suelo y la maldición le dio a ella. Jessica, su hija, persiguió a Malfoy evitando las maldiciones que éste le mandaba, pero cuando vio que no tenía escapatoria se desapareció.

- Todo a sido culpa mía – le dijo Harry a Jessica – yo maté a su madre.

- Tú no mataste a nadie Harry – le dijo Hermione – la maldición rebotó y le dio a ella, tú no tienes la culpa de defenderte. – Hermione se acercó a Jessica – puedes quedarte con nosotros el tiempo que haga falta, y a tu madre debemos llevarla al hospital, para que digan cual es su estado.

- ¡¡Yo ya se cual es su estado!! – gritó Jessica hablando por primera vez – No quiero que se la lleven, la quiero conmigo.

- Sabes muy bien que no puede ser así – dijo Ron cogiéndole de la mano – ven, vamos a avisar a los medimuggles.

- Médico, Ron – le corrigió Hermione, pero Ron le echó una mirada que la hizo callar.

Tras llevarse a Amanda y darla por muerta oficialmente, unos magos especialistas intervinieron para tapar a los muggles lo que de verdad había pasado.

- ¿Qué me tenías que contar Harry? – preguntó la señora Weasley. Ginny miró a Harry.

- Ven mamá, siéntate aquí, y tú papá a su lado. Tenemos que deciros algo importante.

- Me estáis asustando – comentó su madre.

- Ginny está embarazada – dijo Harry, pensando que cuanto más rápido mejor, como el que quita una tirita.

- ¿Cómo¿De quién? – preguntó el señor Weasly poniéndose rojo y mirando a Ginny.

- ¿Cómo que de quien? Pues obvio, de mi novio.

- ¿Qué novio?

- ¡Harry!

En ese momento la mirada de furia fue para Harry. La señora Weasley abrazó a su marido y le dijo:

- No te pongas así, a nosotros nos pasó lo mismo.

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Espero que os haya gustado mucho mucho mucho! Iba a asesinar a otro personaje, pero me lo pensé mejor, jeje, no quiero ser muy mala.

Gracias a Nimue-Tarrazo, Jazu Potter y Nymphadora Tonks por los reviews y por seguir esta historia.