Capítulo 9: El secuestro
Una niña, no podía creerlo, iban a tener una preciosa niña. Besó a Ginny y la abrazó fuertemente. Las quería a ambas, eran su vida y no sabía qué haría sin ellas.
- ¡Es una niña! – gritó emocionado mientras Ron, Hermione, Jessica y Charlie entraban a la cocina.
- ¡Qué bien! Una pequeña Potter por aquí, os envidio – decía Hermione. Una lágrima resbalaba desde el lagrimal de la chica.
- No te preocupes cariño – le dijo Ron – cuando quieras podemos hacer una – le dijo arqueando las cejas.
- ¡Qué bruto que eres Ron! - les respondió ella esquivando un beso que iba a darle su novio. Ron se quedó con cara de duda, si saber qué era lo que había dicho mal.
- Vamos a comprarle algo a nuestra pequeña – le dijo Harry a Ginny – hoy me he pedido el día libre – le encantaba la idea de pasear con Ginny por la calle, escogiendo ropa para su hija como si nada sucediera, aunque dentro de él siempre estaba el mismo pensamiento, el de destruir a Voldemort para así poder vivir tranquilamente con su hija y con Ginny. Cada noche, antes de dormir se imaginaba derrotando a Voldemort, liberando a todos del sufrimiento de las pérdidas de familiares, amigos y amores, acabando con el mayor problema de la sociedad, pero ese sueño, ese momento lo veía muy lejos y eso lo desesperaba.
Llegaron a una tienda de ropa de bebe y Ginny entró emocionada seguida de Harry. Miraban cada cosa que encontraban a su paso por la tienda, toda la ropa rosa que encontraban la cogían y la observaban con detenimiento y cada vez que se imaginaba a su hija dentro de aquella ropa, Harry sentía una presión de emoción en el pecho que nunca había sentido. Tenía a la mujer de su vida y a su hija en camino, no podía ser más feliz, quitando que Voldemort aun estaba vivo y que no pararía hasta ver a Harry muerto. Pero eso no lo iba a permitir, si no lo derrotaba el mundo correría un peligro enorme y ahora más que nunca se veía en la obligación de darle protección a su familia. Si él moría, Ginny y Lily estarían también perdidas. Escogieron varios modelitos y se dirigieron a la farmacia a comprar biberones, baberos, chupetas y cosas que Ginny necesitaría después de tener a la niña. Ginny abrazaba a Harry, y éste se sentía muy feliz, demasiado feliz como para ser cierto. Caminaron durante media hora y se fueron al parque en el que una vez estuvo con Jessica. Allí corrían niños, jugaban y se montaban en los columpios con sus padres. Harry se imaginaba en unos años en esa situación con su pequeña, cuando todo hubiera acabado.
- ¿Estás preocupado? – le preguntó Ginny.
- Tengo demasiadas cosas en la cabeza – le contestó él – ahora que vamos a ser una familia, ahora más que nunca debo enfrentarme a él.
- Ten mucho cuidado Harry, se que no puedo evitar que te enfrentes a él porque es tu destino, es tu vida y tu venganza, solo espero que no cometas ninguna locura, que pienses en nosotras antes de hacer algo, no quiero que te expongas y si necesitas un apoyo de seguridad no te opongas a ello solo por tu dignidad. Te quiero y no quiero perderte.
- Yo también te quiero – le dijo dándole un beso – mi único temor es perderos a vosotras, el resto me da igual. Eres lo único que tengo y lo único que he querido desde que Voldemort mató a mis padres y no voy a permitir que me vuelva a suceder lo mismo, me niego a pasar lo mismo y créeme que lo conseguiré, por vosotras.
- Mi Harry, siempre pensando en salvar al mundo – bromeó Ginny.
- Esto es serio Gin, no se como voy a acabar con él, ni siquiera se como empezar. Si Jessica es un horrocrux no se que voy a hacer. No puedo matarla, pero tampoco puedo permitir que él siga con vida. Debo descubrir como liberar a Jessica del horrocrux.
- Y al parecer estás por el camino – dijo Ginny con un deje de tristeza.
- ¿A qué te refieres?
- Se que todas las noches te levantas, coges algo del suelo y bajas. No soy tonta Harry, las explosiones de los cojines se escuchan y noto tu ausencia cuando te vas, es como si me faltara algo en la cama. Por eso te digo que no hagas ninguna locura, ten cuidado, no podría vivir sin ti le dijo acurrucándose entre sus brazos, unas lágrimas caían por su rostro. Harry las secó y la miró a los ojos.
- Te prometo que todo estará bien. Haré que podamos tener un vida digna, sin problemas y le daré a mi hija una vida decente, donde la violencia se reduzca a los ladrones.
- Tú procura proporcionarle a su padre y después ya se verá.
- Vamos princesa, volvamos a casa – le dijo Harry ofreciéndole la mano para que se levantase del banco. Ginny con una sonrisa la cogió y se levantó – esta iglesia nunca está abierta – le dijo Harry cuando pasaron por la iglesia que había visto al cruzarse con Jessica antes de ir a ese mismo parque – es muy raro – dijo observándola.
- Dan escalofríos solo de mirarla – le cogió del brazo y le tiró – vamos, debemos volver, Hermione y Jessy estarán al llegar.
Cuando llegaron encontraron la puerta abierta, forzada. Con una mirada de temor, entraron a la casa. El sofá estaba destrozado, el reloj y los cuadros por los suelos. Había habido una pelea. Llegaron a la cocina y encontraron a Hermione en el suelo, con una brecha en la cabeza y un hilo de sangre que salía de ella.
- ¡Hermione! – gritó Ginny - ¡Harry haz algo!
Harry sacó su varita e hizo cerrar la herida de Hermione. Se encontraba pálida, su varita estaba tendida en el suelo junto a ella y apenas tenía pulso.
- Vamos, tenemos que llevarla a San Mungo – dijo Harry decidido. Le dolía ver a su mejor amiga así, no era justo, Voldemort le quería a él, sus amigos no debían pagar por ello.
- Pero, ¿dónde está Jessy? – preguntó Ginny asustada. Pero no le hizo falta respuesta, Harry la miró con tristeza y lo entendió todo. Los mortífagos se la habían llevado. Harry dejó una nota a Ron para que fuera al San Mungo cuando llegara y se fueron para allá.
Dejaron las bolsas de la ropa y se fueron lo más rápidos posibles. Un sanador la cogió en cuanto llegaron y se la llevaron para adentro. Harry y Ginny se quedaron esperando. Tras dos horas esperando no tenían noticias de ella y empezaban a ponerse nerviosos. Si algo grave le sucedía a Hermione, Voldemort y sus mortífagos lo iban a pagar muy caro.
- Harry, ¿qué ha pasado? – le preguntó Ron en cuanto llegó. Harry no podía hablar, no sabía como iba a darle la noticia a Ron, en ese momento el sanador que se había llevado a Hermione apareció.
- Está muy mal – dijo – ha recibido muchas maldiciones. Hemos podido estabilizar su pulso, pero aún no despierta.
- ¿Hermione? – susurró Ron – no puede ser, Harry dime que no es ella – dijo negando con la cabeza y alejándose, como si con ello pudiera volver el tiempo atrás.
- La encontramos tendida en el suelo cuando llegamos – dijo Harry – lo siento, no llegué a tiempo de combartirlos.
- Debe estar bien, Harry, se que peleamos mucho pero yo la quiero, la necesito – dijo Ron frotándose los ojos.
- ¡Malditos mortífagos! Van a pagar todo lo que han hecho. ¿Podemos pasar a verla? – le prguntó Harry al sanador.
- Claro, está en la habitación 389 del tercer piso. Vamos a esperar un par de horas a ver que tal progresa.
Los tres subieron a ver a Hermione. Cuando entraron les dio una pena horrible al verla allí con esa cara demacrada y sin expresión. Ron se acercó poco a poco, le cogió la mano, acercó una silla y se sentó junto a ella.
- Hermione, cariño, despierta no me hagas esto, por favor, te necesito – dijo Ron. Una lágrima caía por su rostro, levantó la mano de Hermione y se la puso sobre la boca besándola. – pagará, él pagará por esto, tenlo seguro.
Harry y Ginny se miraron, era mejor dejarlos solos un tiempo, así que se dirigieron a la cafetería y se sentaron en una mesa apartada. Ginny miraba con miedo a Harry, como si fuera una bomba a punto de explotar.
- Recuerda lo que te dije, no hagas ninguna locura – le dijo ella con una mirada de súplica.
- ¿Pretendes que me quede sentado viendo como me quita todo poco a poco? No quiero imaginar si hubieras estado tú en el lugar de Hermione, posiblemente lo habría perseguido hasta el fin del mundo y no puedo permitir que suceda. No descansará hasta haberme dejado sin nada y yo sin ti y sin mi hija no podría vivir, debo acabar con él antes de que él lo haga conmigo – dijo Harry convencido mirando fijamente el vaso que Ginny tenía delante.
- Yo te ayudaré Harry, acabaremos juntos con él para poder darle una vida digna a nuestra hija – decía Ginny mientras se tocaba la barriga.
- No Ginny, esto ya lo hemos hablado, es mi guerra, no la tuya y no voy a permitir que te expongas al peligro.
- Tus problemas son los míos Harry, no olvides que estamos juntos en todo, contra todo y necesitas ayuda, ¡deja ya de hacerte el héroe!
- ¡No me hago nada Gin! ¡No quiero exponerte a ningún peligro y te mantendrás alejada de todo esto si quieres que yo tenga la mente tranquila y clara cuando sea la batalla final! Por favor, no puedo luchar si estoy pensando que en ese momento tú estás en peligro de muerte – su voz era firme, pero a la vez con súplica. No permitiría que le pasara nada a su Ginny.
- Está bien cariño, pero no olvides que yo también sufro si te veo en peligro, así que piensa en que tienes que volver sano y salvo.
- Pretendo conocer a mi hija – dijo Harry con una sonrisa en su rostro. Le cogió la mano a Ginny y agregó – no te preocupes, haré lo imposible por criar a nuestra hija contigo.
Se levantaron y volvieron a la habitación, Ron lloraba como un niño pequeño en una esquina mientras unos sanadores le mandaban muchos hechizos al pecho, Ginny se acercó corriendo a su hermano.
- ¿Qué ha pasado? – le preguntó nerviosa.
- Ella… ella dejó de respirar y…. llamé a un sanador, su pulso….aminoró, se puso más blanca que nunca… - decía él entre sollozos - ¡Maldito Voldemort! – gritó diciendo por primera vez ese nombre. Lloraba y se frotaba la cara con ambas manos en un ataque de nervios, los sanadores cada vez se agobiaban más de no poder hacer nada que la restaurara y entonces Harry tuvo una idea. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Lo había leído tantas veces en sus libros de artes oscuras que era raro que no lo hubiera hecho antes, cogió una planta y la puso junto a Hermione.
- ¡Trasférido! – gritó apuntando al pecho de Hermione, todo se quedó en silencio, el rayo de luz blanca que se veía salir desde su varita se puso negro, movió la varita y soltó el hechizo en la planta. Automáticamente la planta se puso marrón, se secó y murió. Miró a Hermione, había recuperado su color y abría los ojos. Los sanadores se quedaron petrificados al ver la escena. – Este hechizo traspasa todos los recibidos en las últimas 24 horas a otro ser vivo – explicó.
- ¿Dónde has aprendido eso? – le preguntó un sanador sorprendido.
- Lo leí en una biblioteca hace un tiempo – mintió Harry, pensando que cualquier hechizo que salía de aquel libro no era muy bueno comentarlo.
Ron estaba con Hermione, acariciaba su rostro aun llorando de la emoción. Hermione se sentía aturdida y los miraba a todos como si no supiese donde estaba.
- Se han llevado a Jessy – susurró con un hilo de voz.
- Lo sabemos, has estado muy mal, ahora descansa – le dijo Ron – solo una cosa… he estado a punto de perderte y no podía soportarlo, ha sido el peor día de mi vida y no quiero que se repita algo así. Hermione, llevamos mucho tiempo juntos, tanto de amigos como de novios y sería para mi un placer – en esto sacó un anillo – que quisieses ser mi esposa.
- Claro que sí, tonto – contestó Hermione emocionada, se incorporó y le dio un dulce beso en los labios. Harry y Ginny observaban emocionados la escena. - ¿cómo me han salvado? – preguntó de repente.
- Fue Harry cariño, los sanadores no sabían como sacarte de tu estado y cuando estábamos a punto de perderte Harry te lanzó un hechizo, algo muy raro que ni los sanadores sabían que existía. Se lo debemos todo a él – dijo dirigiéndose a Harry y alargando el brazo – gracias.
- No tienes por que dármelas, ella es mi amiga y haría todo lo que fuese por ella – pero por no ser descortés le estrechó la mano.
Hermione pasó unos días en el hospital mientras se recuperaba y Ron no se movió de su lado en ningún momento. Harry y Ginny estaban en su casa e iban de vez e cuando a visitarla. Después de lo sucedido, Harry fue a ver a Lupin y le pidió reforzar las defensas de su casa, éste accedió sin miramientos tras enterarse de lo que le habia sucedido a Hermione. No habían recibido noticias de los miembros de Hogwarts del ED y ya había llegado el día de la reunión, el 20 de diciembre, así que arreglaron la casa para recibir a los cinco invitados. A las ocho en punto de la tarde sonó el timbre de la puerta.
- ¡Fred, George! – gritó Hermione con entusiasmo – pasad, están en el salón, luego os enseñamos la casa – los gemelos entraron y le dieron dos besos a Hermione para después dirigirse a saludar a Harry, Ron y Ginny.
- Bien, ya vamos siendo más – comentó Ron – esto… Hermione y yo tenemos que deciros unas cosas, sentaos. Bien, vamos a casarnos – dijo él sin rodeos.
- ¡Felicidades! – gritaron los gemelos a la vez.
- Quien nos iba a decir que tú te casarías algún día – bromeó George.
- Sí, pobre Hermione, la que le ha caido…. – comentó Fred, a lo que Hermione, Harry y Ginny rieron. Ron estaba molesto, pero prefirió no responder, sabía que sus hermanos tenían salidas para todo comentario que se les hiciese. Otra vez llamaron a la puerta, y esta vez entraron Katie, Angelina y para desgracia de Ginny, Cho.
- ¡Hola Harry! Cuanto tiempo… estás más guapo que nunca – comentó Cho - ¿cómo estáis los demás? Vaya Ginny, ¿esa barriguita es de embarazo?
- Sí, de mi prometido Harry – dijo ella furiosa por el comentario que Cho había hecho con respecto a Harry e intentando que Cho comprendiera que Harry era suyo y de nadie más.
- Felicidades a ambos – dijo Cho alegremente, pero en su mirada había un destello de desilusión.
- Sí, felicidades – dijeron también Katie y Angelina.
- Bueno antes que nada – comenzó Harry – gracias por confiar en mí. Soy consciente de que habrán muchos problemas para continuar con esto por nuestros trabajos – paró un momento y vio como todos lo escuchaban atentamente, se puso algo nervioso y continuó – para empezar todos deberíamos llamar todos a Voldemort por su nombre, es una buena manera de pensar que podemos derrotarle. Como algunos sabrán, hay una organización que fue fundado por Dumbledore en contra de Voldemort y ellos nos apoyan. Yo soy miembro de esta Orden aunque son ellos los que más cosas hacen por averiguar cosas de Voldemort. Han dicho muchas cosas de mi en el Profeta sobre que soy el elegido – miró a los demás y éstos asintieron – pues muy a mi pesar todo eso es cierto. Mi deber es acabar con él antes de que lo haga conmigo, es por ello que he decidido volver a reunir a los miembros del ED. Nos reuniremos una vez por semana para practicar maldiciones y hechizos y para hablar de Voldemort. Los que quieran pueden acompañarme en algunas de las misiones que tendré que hacer.
- Lo que sea necesario con tal de matar a ese cabrón – dijo Angelina furiosa. Harry sabía que días atrás, unos mortífagos habían asesinado a su madre. Y todos asintieron de acuerdo con lo que había dicho ella.
- Primero que todo, como ya os he dicho, tenemos que llamarlo por su nombre, ¿quién quiere ser el primero? – dijo Harry con una sonrisa al ver como los demás tenían miedo por decir un nombre.
- Vo… Voldemort – dijo Angelina. Uno a uno fueron diciendo este nombre, algunos con más dificultad que otros, como Katie, que lo intentó cinco veces antes de conseguirlo y cuando lo dijo se tapó la boca con las manos.
- Bien, ¿conseváis las monedas que hizo Hermione hace dos años? – todos asintieron y las sacaron de su bolsillo – pondré la fecha y la hora de la siguiente reunión tal y como hacía antes. Y ya que estamos todos de acuerdo, podemos cenar, Ginny y yo hemos preparado una pequeña cena… ¿Angelina eso es un anillo de compromiso? – le preguntó mirando su mano.
- Sí – contestó ella nerviosa mirando a Fred.
- Por fín conseguí cazarla – dijo éste riendo.
Cenaron tranquilamente hablando de sus trabajos y sus vidas privadas. Fred de vez en cuando hacía alguna broma con respecto a su sobrina. Aseguraba que iba a nacer con una cicatriz en la frente y que iba a ser tan trasto como ellos. Ginny los miraba y de vez en cuando soltaba algo como "sobre mi cadáver". Una vez hubieron acabado volvieron a sus casas. No sin antes preguntarle a Ginny cosas sobre su bebé.
A dos días de navidad, Harry, Ron y Ginny fueron a la madriguera a pasar allí una semana, mientras que Hermione fue visitar a sus padres. La señora Weasley los recibió con una gran sonrisa y cuando Harry y Ginny le dijeron que iban a casarse, decidió hacer una cena por todo lo alto para celebrarlo.
- No podía querer a un hombre mejor para Ginny – le dijo a Harry emocionada. Éste se sintió muy alagado y le dio un abrazo – mi hija ha tenido mucha suerte de encontrar a alguien como tú.
Esta vez, Harry y Ginny compartían una habitación, aún con miradas de severidad de la madre de ella.
- Mamá, estoy embarazada, vamos a casarnos y duermo todos los días con él – le dijo Ginny para convencerla antes de sentarse a cenar.
- Es que estás creciendo tanto en tan poco tiempo… - le respondió su madre con lágrimas de emoción.
- Señora Weasley, hay algo que Ginny y yo tenemos que decirle, y también a su marido – dijo Harry a mitad de cena. Él y Ginny se levantaron de la mesa y se cogieron de la mano – queremos que sean los padrinos de nuestra boda, ya que mis padres no… no están conmigo, ustedes son lo más parecido que tengo a ellos.
- ¡Ay Harry! No me llames de usted, llámanos por nuestro nombre, ya eres de nuestra familia – respondió la madre – Y me hace mucha ilusión que queráis que nosotros seamos los padrinos, por supuesto yo también te considero como a un hijo, y no esperaba más de ti que que casaras con Ginny después de su embarazo. Ya eres todo un hombre y estoy segura de que nuestra hija estará en buenas manos contigo.
- Claro que sí – corroboró el padre – contad con nosotros para lo que sea, pero no me deis más nietos en algún tiempo – dijo riendo.
- ¡Se nos olvidaba! – dijo Ginny – es una niña, y se llama Lily, como la madre de Harry.
- Es un nombre precioso – comentó la orgullosa abuela – espero que seáis muy felices.
Terminada la cena, el señor Weasley llamó a Harry para hablar con él. Harry estaba nervisos, no sabía que iba a decirle, esperaba que no fuera ninguna advertencia en plan padre.
- Harry, estoy muy orgulloso de los dos – le dijo paseando por el salón – se que Ginny va a ser muy feliz contigo y eso me hace feliz a mí. Solo espero que todo os vaya bien, a pesar de la guerra que hay entre quien-tú-sabes y tú. Confío en que sabrás llevarlo todo bien, pero me preocupas. Es mucho peso para alguien de tu edad el tener que destruirle. Quiero que sepas que cuantas con todo mi apoyo para lo que sea, y si necesitas que cuide de tu hija para que hagas alguna misión no dudaré en ningún momento, tú solo pídelo.
- Gracias señor Weasley – contestó Harry aliviado. Tal y como se quedaron las cosas la última vez que se vieron temía que la charla fuera algo más protectora hacia Ginny. Ésta se acercó a ellos y su padre se fue para dejarlos a solas.
- ¿Qué te dijo mi padre? – preguntó ella también preocupada.
- Que nos apoya y que cuente con él – resumió Harry. Miró la estantería que tenía al lado y algo llamó su atención. Una copa de plata brillaba en lo más alto - ¿qué es eso Ginny?
- No lo se, nunca la he visto de cerca – dijo ella - ¿estás bien Harry? Sabes que puedes confiarme cualquier cosa. Te veo muy atento y muy terco con Vold… Voldemort últimamente – consiguió decir. Harry sonrió y le dio un beso en los labios.
- Te quiero – contestó, pero viendo la cara de Ginny sintió que debía contarle algunas cosas. Se concentró en Voldemort, en sus mortífagos y sacó del fondo de su ser el poder que hacía que de pequeño pudiera conseguir que le creciera el pelo sin necesidad de varita, Ginny lo miraba atentamente y entonces pensó "accio copa". La copa de la que habían estado hablando salió de la estantería y cayó en los brazos de Harry. Ginny lo miró sorprendida.
- ¿Cómo lo has hecho? – preguntó entre asustada y emocionada.
- ¿Recuerdas que me dijiste que me veías todos los días sacar algo del suelo de nuestra habitación y bajar al salón? Cojo un libro que compré en Londres, que aumenta el poder de concentración. Este poder nadie es capaz de usarlo sin varita, pero yo he conseguido canalizarlo de manera que no la necesite. Solo necesito concentrarme y sacar el poder que hacía que de pequeño pudiera hacer cosas sin varita – terminó él no muy convencido de la expresión de Ginny. Tenía miedo de que se asustara o pensara lo raro que era y lo rechazase, pero su reacción no fue la esperada.
- ¡Eso es increíble Harry! Ni el propio Vold… Voldemort podría hacerlo, ni siquiera Dumbledore. Solo ten cuidado con ese poder, los grandes poderes sueles volver loca a la gente, mira lo que le pasó a Voldemort…
- Ginny, tengo la cabeza muy bien puesta, además tu haces que la conserve perfectamente. No se qué haría sin ti. – Harry observó la copa que había caído en sus mano y leyó la inscripción "Hufflepuff septiembre 1024" - ¿eres descendiente de Hufflepuff?
- Sí, por parte de mi madre, ¿qué pasa Harry? – preguntó ella al ver que miraba la copa con determinación y abrió los ojos como comprendiendo.
- ¡Incendio! – gritó con su varita. La copa empezó a arder ante la cara de horror de Ginny.
- ¿Qué haces? – preguntó con temor – Harry era una reliquia familiar. ¿Qué crees que haces?
Harry solo la miró con una sonrisa en sus labios y después pasó la vista a la copa que ya se había derretido con una mirada de locura y ansiedad.
- Un horrorux menos – contestó él tranquilamente mientras seguá sonriendo.
Hey!! Este capi si que ha sido larguillo, eh?? Ya se van aclarando algunas cosillas, aunque aun quedan muchas por suceder y resolver. ¿Qué os a parecido?
Muchas gracias a todos los que me dejan reviews, JazuPotter, NymphadoraTonks y NimueTarrazo.
Y Nimue!!! Denada por hacer que sea niña, jajaja, también tiene su explicación dentro de mi pequeña y perversa cabecita, jajajaja.
Espero que os haya gustado y dadle al Go!!!
