Capítulo 11: Conociendo Nueva York

- Pero… la mató. Aun siendo su hija la mató… - susurró Harry.

- Sí, yo pienso que no le importaba nada con tal de que tú no lo destruyeras. Recuerda que es un ser frío, que no quiere a nadie y solo piensa en él. Aún así le ofreció a tu madre varias veces unirse a él, ya que ella era una bruja muy lista y heredera de Slytherin. Siempre tuvo la intención de convencerla, pero no pudo.

- Entonces, eso me convierte en heredero de Slytherin, pero ¿entonces por qué el sombrero seleccionador me puso en Gryffindor?

- Tu padre es heredero de Gryffindor. Eso te convierte en un mago extremadamente poderoso, Harry, lleva cuidado con tus poderes, pueden volverte loco.

- Es significa que Jessica es mi tía… - dijo Harry más para sí que para Sirius – Dumbledore estaba equivocado, Voldemort no me pasó poderes la noche que mató a mis padres, me los pasó por sangre. ¿Mi madre hablaba pársel?

- Supongo que sí, pero no querría decírselo a nadie, recuerda que eso es un síntoma de ser maligno.

- Lily será heredera de Hufflepuff, Gryffindor y Slytherin. Eso la convertirá en una bruja más poderosa que yo – comentó Harry.

- ¿Lily? ¿Qué Lily? – Harry no se había dado cuenta de que aún no le había dicho a Sirius que esperaba una hija, pero suponía que como mortífago debería saberlo.

- Ginny está embarazada – al nombrar a Ginny, un nuevo sentimiento de culpabilidad y rabia se apoderó de él. Cerró los ojos intentando evitarlo, borrar de su mente que habían secuestrado a Ginny y a Lily, pero no pudo. Comenzó a llorar tapándose los ojos con ambas manos y Sirius le frotó la espalda en señal de apoyo – No, no puedo llorar, debo destruir a Voldemort por matar a su hija.

- Así me gusta – sonrió Sirius, pero Harry se quedó serio, como concentrándose. Miró hacia su mesilla donde se encontraban los papeles de la revisión del embarazo de Ginny y pensó "incendio" y en ese momento empezaron a arder. Entonces Harry sí que sinrió. - ¿Qué ha pasado? – preguntó Sirius cogiendo su varita y echando agua en los papeles.

- Concentro mis emociones en un hechizo, antes apenas podía hacer algo, pero ahora sí que me siento capaz de todo.

- Pero, tu varita está sobre el escritorio. – dijo Sirius como si quisiera hacer entrar en razón a Harry de que eso era imposible.

- Lo se.

Esa misma tarde, Sirius volvió con los mortífagos y Harry se encerró en su habitación, practicando sus hechizos sin varita. Repetía cada uno de ellos tantas veces que se quedaba sin objetos a los que hacerlos, quería estar seguro de que podía hacerlo. No salió de su habitación y Hermione y Ron empezaban a preocuparse, aunque él les dijera que estaba bien. No había querido bajar a cenar, no podía desaprovechar esa ocasión.

Al día siguiente Harry se levantó más contento, pensando que aunque Ginny estuviera secuestrada sus poderes estaban creciendo y podría ir a salvarla. No se le había ido de la cabeza que podrían hacerle cualquier cosa, pero había decidido que ya era el momento de probar las maldiciones imperdonables. Se vistió y salió a la calle, sin hacer caso a las peticiones de Hermione de que desayunara algo. Sin pensárselo dos veces se dirigió al parque con un bote en la mano y se dispuso a encontrar bichos para meter en él. Una vez que hubo cogido bastantes hormigas y arañas volvió a su casa.

- Dí en el trabajo que no voy, lo entenderán por lo de Ginny – le dijo a Ron que se disponía a desaparecerse. Seguidamente, sin dar más explicaciones subió a su cuarto y selló la puerta con un encantamiento, el cual pudo hacer sin varita.

Sacó una hormiga, la dejó sobre su escritorio y le hizo un hechizo de bloqueo para que no pudiera andar mucho, sin varita. Se sentó en una silla y puso su rostro a unos 10 centímetros de la hormiga. Volvió a recordar todo lo que había pasado el día anterior: Ginny secuestrada, Voldemort su abuelo y asesino de sus padres,… Cerró los ojos para concentrarse mejor y pensó: "sectusempra" y sucedió. De la hormiga empezaron a brotar chorros de sangre, tal y como había sucedido con Malfoy el curso anterior.

- Perfecto – se dijo Harry a sí mismo.

Pasaron unos días en los que Harry apenas salía de su habitación. Había avanzado en sus hechizos y maldiciones mentales, pero no dominaba sus poderes por completo. Incluso había logrado elevar la mesa del comedor.

Ron y Hermione estaban preocupados por Harry, pensaban que el shock de haber perdido a Ginny le había quitado las ganas a Harry de seguir con su vida e intentaban, en vano, sacarlo a la calle, pero él simplemente les echaba de su habitación. Ron tampoco estaba bien, pero a pesar de su cara demacrada seguía yendo al trabajo. Los padres de éste estaban destrozados y estaban completamente seguros de que si había alguien en el mundo capaz de rescatar a Ginny, ése era Harry.

Una mañana de tormenta, Harry se despertó por unos ruidos que escuchaba en la ventana de su habitación y se levantó maldiciendo a los rayos y al viento, pero cuando llegó junto a la ventana vio una lechuza parda calada por la lluvia, esperando que le abriera.

Al pasar la lechuza a la habitación se tiró al suelo cansada y estiró la pata para entregarle la carta a Harry. Éste la cogió y la abrió, era una nueva carta anónima:

"Nagini destruido, sí era un horrocrux. R.A.B. vive en Staten Island, Nueva York. Tiene una tienda de libros de defensa contra las artes oscuras llamada "The best defense"

Harry dobló la carta y bajó a la cocina a desayunar, por primera vez en varios días. Hermione y Ron estaban desayunando y se extrañaron de que Harry saliera de su habitación.

- Vestiros, nos vamos a Nueva York – dijo simplemente Harry mientras se hacía un café.

- ¿A Nueva York? – preguntaron Ron y Hermione a la vez.

- Sí, vamos a por un horrocrux, el que debía haber destruido cuando me fui con Dumbledore a por él.

- Pero, ¿cómo sabes que está allí?

- Otra carta anónima. Tenemos que actuar con rapidez, a mayor tiempo mayos peligro corren Ginny, Lily y Jessica. Enviad una lechuza a los miembros del ED, yo voy a hablar con Lupin. Quedamos aquí en media hora.

Ron y Hermione decidieron no hacer preguntas, ya que sabían que éstas no iban a ser contestadas.

Harry se apareció en el cuartel general de la Orden del Fénix, pero allí no había nadie. Dio unas vueltas por el asa y se metió en la sala de reuniones. Allí, sobre la mesa, había carpetas y documentos. Harry, curioso, cogió una carpeta roja que ponía su nombre y se puso a leerla. Según el primer folio, Voldemort se encuentra en Albania, en un pueblo de Shkoder. En ese momento escuchó el ruido de la puerta de la calle, cerró rápidamente la carpeta y salió a la sala para encontrarse con la señora Weasley.

- ¡Harry, cariño! ¿Qué haces aquí? – redijo dándole un abrazo. Harry se dio cuenta de que era la primera vez que la veía desde que secuestraron a Ginny. Su cara estaba muy demacrada, se notaba por sus ojeras que apenas dormía y en sus ojos se podía ver un brillo de tristeza.

- Molly – la llamaba así porque ella lo había obligado a llamarla por su nombre - vengo a hablar con Lupin. ¿Dónde está?

- Estamos haciendo rondas, investigando y protegiendo algunas zonas. Esta noche ha sido especialmente dura. ¿Sabes algo de… mi hija? – preguntó con la voz quebrada. En ese momento Harry se dio cuenta de que su cara parecía haber envejecido diez años y con mucha pena negó con la cabeza.

- No, pero tengo que enseñarte algo, solo para que estés más tranquila. Vas a ser la segunda en saberlo, ni siquiera lo saben Ron y Hermione. – dijo Harry dispuesto a enseñarle sus nuevos poderes para poder cambiar algo de su tristeza.

- Pero antes pregúntame algo que solo tú y yo sepamos para estar seguros de no somos mortífagos.

- No me hace falta preguntar, Molly, tu expresión lo dice todo – respondió él pensando que nadie más que ella podría tener esa tristeza en su mirada.

- Está bien, Harry, ¿qué me tienes que enseñar? – preguntó ella curiosa – prometo no contárselo a nadie.

- Toma mi varita – le dijo entregándosela – ahora mira esos libros del suelo – se concentró como tantas otras veces lo había hecho y los libros se elevaron y se colocaron suavemente sobre la estantería. La señora Weasley apenas podía creerse lo que veía y se quedó embobada hasta que finalmente pudo hablar.

- ¿Puedes mover cosas con la mente? – preguntó sorprendida.

- No exactamente. Mira la cafetera. – Volvió a concentrarse mucho, ya que lo que pretendía hacer era mucho más difícil. En un momento la cafetera pasó a ser un gato, el cual bajó de la mesa y salió corriendo. Esto la señora Weasley si que no podía creérselo.

- Si no salvas tú a mi hija nadie podrá, se lo dije a Ron, pero ahora estoy totalmente segura de ello. Lleva cuidado con ese poder Harry.

- Todos me decís lo mismo, incluso Ginny me lo dijo poco antes de… - se calló, porque a ambos empezaban a salirles lágrimas de los ojos y en un momento los dos estaban abrazados. La señora Weasley lloraba desesperadamente y al separarse de Harry se secó las lágrimas y mostró un semblante más seguro.

- No podemos perder el tiempo Harry, hay que encontrarlas y terminar con ese… ese monstruo que mató a tus padres. Ahora estoy más tranquila, se que tú eres más poderoso que quien-tú-sabes y vas a librarnos de todo esto. Te has hecho un hombre, has hecho feliz a mi hija y además vas a darme una nieta. No podía esperar más de ti.

La señora Weasley no pudo seguir hablando, pues en ese momento llegaron Ron y Hermione con cara de enfado. Harry no se había dado cuenta de la hora que era, había quedado con ellos hacía más de veinte minutos.

- Vienen todos Harry – dijo Hermione emocionada – Hemos quedado con ellos a las 12 en casa, he puesto un traslador en Staten Island. Todo está preparado, tenemos una hora de descanso antes de irnos.

- ¿Vais dónde? – preguntó la señora Weasley tras plantarle un par de besos a Ron y a Hermione.

- En busca de un horrocrux. Por eso quería hablar con Lupin.

- ¿Quién quiere hablar conmigo? – dijo una voz por detrás de Harry. Lupin parecía haber pasado una noche horrible. Tenía arañazos por todo el cuerpo y la ropa desgarrada. - ¡Ah Harry eres tú!

- Hola, ¿mala noche, eh? – Lupin se miró la ropa y sonrió – solo venía a avisarte de que me voy a Nueva York a por un horrocrux, así que si quieres que alguien de la orden venga con nosotros, te aviso de que nos vamos en una hora.

- Yo iré con vosotros – le dijo dándole una palmada paternal en el hombro.

- ¡Si tú vas yo voy! – exclamó enfadada la señora Weasley.

- No Molly, tú quédate sustituyéndome.

- Además también vienen los miembros de ED – dijo Ron.

- Está bien – aceptó la madre de éste – pero llevad mucho cuidado, no me gustaría que otro de vosotros… - no pudo acabar la frase porque se puso a llorar.

- Mamá, no te pongas así, pronto la recataremos – dijo Ron buscando en Harry y Hermione una mirada de apoyo.

- Es que… - dijo ella entre sollozos - ¿cómo podéis estar seguros de que ella aun esta…viva? – dijo la última palabra como si le hubiera costado toda la vida hacerlo e hizo la pregunta mirando a Harry más que a cualquier otro.

- Siento que aún está viva – dijo Harry seguro, mirándola directamente a los ojos – si no lo estuviera yo tampoco lo estaría. Lo que no se es por qué no la han matado ya, si lo que quieren es precisamente bajarme las defensas. No tendria que haber vuelto con ella en verano… así ahora ella no estaría en peligro.

- No te culpes Harry – le dijo la señora Weasley con sinceridad y secándose las lágrimas – no podíais estar separados siempre, si lo que vosotros queríais era estar juntos.

- Te agradezco que no me culpes – dijo Harry – pero no hará cambiar que yo si me sienta culpable.

- Harry, tenemos que irnos – le cortó Hermione.

- Sí, vamos. Lupin, ¿vienes? – le dijo Harry – Molly, no te preocupes, traeré a Ginny y a Lily con vida, pondré mi vida en ello – Molly le besó en la mejilla y sonrió.

- Gracias Harry, sabes que confío en ti. Ten mucho cuidado hoy, no sabes lo que te puedes encontrar.

Harry asintió y todos se aparecieron en el Valle de Godric. Allí, en la puerta, estaban ya todos esperando impacientes. Luna llevaba unos pendientes de hojas se roble, pero Harry apenas se dio cuenta, ya estaba acostumbrado a verla con cosas raras. Neville sujetaba su varita con fuerza, como si eso le asegurara que el viaje iba a salir bien.

- Solo vamos a por un objeto – dijo Harry para tranquilizarles.

- ¿Por qué es tan importante ese objeto? – preguntó Cho.

- No os lo puedo decir, solo que es muy importante conseguirlo y destruirlo. – dijo Harry cortante. Se había dado cuenta de su tono de voz, pero no trató de suavizarlo, pues ya estaba harto de dar explicaciones de todo a aquellos que sabían que no podía darlas.

- A ver – dijo Hermione para cortar el silencio – este plato es el traslador, a la de tres lo tocamos todos. Uno, dos, tres…

Se metieron en un torbellino de aire y a los pocos segundos cayeron sobre el suelo de Staten Island. Miraron a su alrededor, un jardín verdoso enorme se abría ante ellos. Salieron de detrás del matorral donde se habían materializado y se encontraron frente a un callejón lleno de tiendas en el cual todos los carteles tenían lucecitas brillantes a su alrededor. Los muggles que pasaban por al lado al parecer no se daban cuenta de que habían cosas volando y Harry pensó que tal vez sería como la entrada pública al Ministerio de Magia o la del Caldero Chorreante.

- Según me han informado, la tienda está a cien metros de la entrada – dijo Lupin sorprendiendo a todos ante aquella apresurada información.

- Gracias – dijo Harry – No podemos entrar todos en la tienda, así que algunos se quedarán aquí haciendo guardia por si pasa algo, otros vendrán conmigo y solo Hermione, Ron y Lupin entrarán a la tienda. ¿Bien?

Todos asintieron y tras decidir quien se quedaba y quien se iba echaron a andar calle adentro. Por el camino se encontraron con todo tipo de tiendas, desde unas con cursillos mágicos en las que te enseñaban cosas como trucos de cocina hasta una tienda que parecía contener en ella un campo de entrenamiento mágico con varios niveles. Finalmente hallaron la tienda, la cual tenía como entrada un arco dorado. Al entrar les llegó un olor a incienso muy fuerte que procedía de una fuente que en su base rezaba: Fuente de la verdad. Meta objetos en ella y se revelará su verdadera función.

Detrás del mostrador había un chico joven, rubio y con los ojos azules, ordenando unos libros que se hallaban detrás suya.

- Disculpe – le dijo Harry – Estamos buscando al señor Roger Albert.

- ¿Para qué lo quieren? – les preguntó mirándoles de arriba abajo, pero cuando llegó a la cicatriz de Harry añadió – Perdone señor Potter, aquí debemos tener una alta seguridad. Enseguida traigo al señor Roger.

- ¡Ya estoy, ya estoy! No me busques Daniel – dijo un anciano saliendo de lo que parecía un armario – Un placer señor Potter, ya sabía que vendría a buscarme. ¿Es esto lo que busca? – le dijo mostrándole un guardapelo, el guardapelo, a la vez que sonreía mostrándole sus dientes amarillentos.

Hola a todos!! Ya estaba bastante perdida yo, eh?? La verdad es que hasta que no acabe la selectividad no volveré a ser persona, que es la semana que viene.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, y ya sabéis, seguid así! Dadle al go y decidme que os parece este capítulo!!

Besos