Capitulo 2: DOS

Dos anillos.
Dos.
Debería ser uno, pero eran dos los anillos que lucia en su dedo.
Con uno se había desposado, con el otro se entregaría.

Sonrío con ojos tristes al mirar a su dedo.
Dos. No deberían ser dos, pensó.
Plata y oro. El plata vestía su dedo, el oro bailaba sobre él.
Siempre tuvo dedos grandes, pensó. Manos grandes hacen más bien. Eso es lo que siempre decía.

Dos.
Dos son necesarios para amar. Pero él era sólo uno.

Dolía tanto. Lo había perdido, ante sus ojos. Lo único que movía su vida se había ido. Si no hay muerte sin vida, entonces no se puede morir, porque es posible estar muerto en vida cuando no hay nada que te mantenga vivo.

Quizá su padre tenia razón. Amar es debilidad. Y sufrimiento.
Su padre, pensó tristemente. Su padre había sido su modelo, todo lo que quería llegar a ser cuando fuera adulto. Lo había respetado, lo había admirado tanto... Pero no sólo crece nuestro cuerpo y cuando creces comienzas a ver la vida desde otro ángulo, y cuando lo haces empiezas a descubrir un mundo como nunca lo habías visto y entonces tienes que elegir. Él lo había hecho.
Tenía su destino trazado desde el momento en que vio la luz por vez primera, 18 años atrás, cuando llego a este mundo. Sería el perfecto heredero y seguiría a su Señor como antes lo había hecho su padre y antes que este el padre de su padre.

Pero, ¿cómo puedes seguir ciegamente cuando no crees?

Quizá su padre tenía razón. Un Malfoy nunca duda. Pero él dudaba. Y cuanto más dudaba más iba cambiando la forma en que veía el mundo a su alrededor. Los impuros que el viejo chocho amante de muggles había acogido como cualquier otro alumno, eran ahora ante sus ojos tal como él. Los actos redentores que limpiarían este mundo de mestizos y advenedizos, no eran más que actos de horror. No creía en lo que tenia que creer. No podía hacerlo. Si los compañeros que veía iban a clase como él, estudiaban como él, comían como él... Dios, ¿cuál era la diferencia? ¿que podía ser eso que lo hacía a él superior?

Por la noche soñaba y tenía siempre el mismo sueño: veía sus manos y estaban teñidas de sangre. Todo lo que tocaba se teñía de sangre con él, y por más que intentaba limpiarse, la sangre no se iba. No. Se. Iba. No con agua, no cuando las restregaba contra su ropa, no cuando arañaba con sus uñas sus manos... Despertaba y cuando lo hacía no quería mirar sus manos, porque rojo sobre blanco destaca más.
Se lo había prometido. Nunca teñiría sus manos con la sangre de nadie. No. No moriría con la marca del Amo en el brazo, no, no lo haría, y estaba claro que él no podía vivir para siempre.

Como había cambiado su vida, pensó.
Y todo para volver a ser uno.

Ya no eran dos.