Quizás su amistad no hubiera nacido hacia mucho tiempo, pero era como si hubiesen estado juntos siempre.
Aún lo recordaba como si fuera ayer.
Aquella tarde, Hermione, (como había
empezado a llamar a sabelotodo –cosas de Potter-) había
traído cinco gatitos que había encontrado cerca del
lago, y por muy estúpido que pareciera, la población
dorada y roja de la sala se había vuelto literalmente loca, y
había empezado a delirar sobre las "pequeñas y dulces
criaturitas" que la Granger había traído.
Draco
estaba en la sala común del enemigo sólo porque Harry
lo había arrastrado a regañadientes, y una vez allí
Ron lo había retado a una partida de ajedrez. Al parecer
Malfoy era el único digno rival que había encontrado, y
el pelirrojo para sorpresa de muchos, se había tragado su
orgullo haciendo de tripas corazón y aceptando al hurón
por el bien de Harry.
Para ser sinceros Draco empezaba a respetar
a la pareja; el pobretón y la sangre sucia habían sido
blanco de burlas sin compasión, los había torturado
durantes años, y ahora ellos lo aceptaban sin condiciones.
La
situación era un poco forzada pero nadie lo había
rechazado. Quizás porque temían a Potter o quizás
por que ellos, al igual que él, estaban cambiado.
Cuando llegó la noche y Ron consideró suficiente humillación cuatro partidas perdidas por parte del rubio, los leoncitos marcharon a cenar. Ron y Hermione salían por la puerta, devorándose con la mirada el uno al otro, (algo que no sorprendía para nada, pues ellos eran los únicos que parecían no darse cuenta de su mutua atracción),cuando sintió una mano en el hombro que lo detenía.
Se volvió.
Harry
lo miraba de un modo extraño.
Ya hacia tiempo que el
moreno le dedicaba sonrisas misteriosas con un brillo especial en los
ojos (o eso le parecía a él), y aunque le agradara,
también le ponía nervioso.
Mucho antes de su tregua Draco había descubierto que su oscura fijación por cara-rajada, más que al odio se debía a otra cosa a la que no quería poner nombre, porque los Malfoy nunca deben sentir esa cosa, y porque aunque no fuera Malfoy o aunque los Malfoy pudieran sentirlo, él no seria correspondido. Harry era como un sueño, el chico de oro del mundo mágico, y todos sabemos que los sueños rara vez se hacen realidad. Además si hacía caso a los rumores, el moreno no era exactamente un casto varón, y no es que él no fuera atractivo o no pudiera atraer la atención de Harry, era simplemente que no podía ser.
-No podemos dejarlos aquí. No al menos así, ¿no crees?- dijo Harry dirigiendo su mirada a los gatitos.
Draco también miro hacia los gatos. Tres de ellos, dos pardos y uno blanco, estaban en un cesto envueltos en un manta azul claro cerca del fuego. Un cuarto más oscuro que los demás, se encaramaba sobre dos patas intentando entrar al calor del improvisado refugio que habían construido los griffindor, y el último, otro gato pardo, los miraban desde el suelo donde se había tumbado, mucho más alejado de sus compañeros.
-No... supongo- contesto el rubio confundido.
-Ven.
Y Draco fue.
Se arrodillaron
cerca de la chimenea de la sala común, junto al cesto, de modo
que la luz del fuego dibujaba siluetas caprichosas sobre sus
rostros.
El gato valiente, el que reposaba en el suelo alejado de
los otros, se levanto y fue acercándose inseguro, poco a poco,
hacia Draco.
Cuando llego a él se paro y después de
unos momentos indeciso, como evaluando al gigante rubio que tenia
ante él, se recostó junto a sus piernas.
-Parece que le gustas- Harry había usado una voz suave, como si no quisiese asustar a ninguno de los dos, ni al animal ni al muchacho. Se acerco al dúo y comenzó a acariciar la cabeza del gatito. Cuando se hubo ganado la confianza del animal, lo cogió con cuidado con una mano mientras que con la otra cogía la mano izquierda del rubio y extendía su palma. Después puso al animal sobre la mano de Draco y le sonrió.
-O tienes un gran instinto animal o definitivamente le has caído muy bien- Volvió a mirar hacia los gatos, y esta vez cogió al oscuro, que a estas alturas había desistido en su intento de entrar en la cesta y descansaba a sus pies. El segundo animal tampoco presento problema y se dejó acariciar por la enorme mano del moreno sin protestar. Este volvió a mirar a Draco y con la mano libre tomo la diestra del slytherin y poso la segunda bola de pelo sobre ella.
Harry sonrió y Draco enrojeció. Era lo que pasaba siempre que el griffindor le sonreía de esa manera y Draco estaba casi seguro que lo hacia a propósito sólo para ver al gran heredero de los Malfoy en una situación tan indigna y más propia de una colegiala que acababa de encontrarse con su amor secreto.
Un Malfoy nunca se sonroja.
Bueno, tampoco se junta con sangre-sucias, pobretones y enemigos del Lord.
Y tampoco juega con gatitos.
Harry cogió a otro de los animales. Esta vez se trataba de uno de los gatos pardos que estaban en la cesta. Era un animal muy manso que se dejo acariciar por el moreno mientras este seguía mirando a Draco, ya que ni un solo minuto había apartado su mirada del muchacho. Coloco con cuidado al animal sobre el hombro derecho del rubio, y este volvió la cabeza bruscamente para quedar de frente a su compañero mirándolo con ojos interrogantes. Harry se limito a poner cara de inocencia y a decirle:
-Cuidado, no te muevas o se cairan.
Muy gracioso –pensó Draco para sus adentros. Y en realidad parecía que la situación divertía mucho al moreno. Le divertía hasta tal punto que se volvió hasta la cesta y cogió al gato blanco para después posarle sobre el hombro que aún estaba vacío de Draco. El animal se movió asustado, saco las uñas y las clavo en la túnica del slytherin asegurándose en su nueva posición sobre el hombro humano. Draco había contenido la respiración cuando el animal había sacado las uñas, pero estas solo habían traspasado la túnica. El jersey que llevaba debajo tampoco había salido muy bien parado, pero no habían llegado hasta la camisa y mucho menos hasta la piel. El moreno lo miro divertido y se hecho a reír.
-¿Qué? ¿Te parece gracioso Potter?
Potter no contesto; se limito a coger la última de las bolas de pelo, el otro gato pardo que aún quedaba en la cesta.
-Veamos... ¿Dónde puedo poner a este?... ummm... Las manos están ocupadas y son demasiado pequeñas para dar cabida a dos gatitos –Draco lo miro indignado. Sus manos eran perfectas, del elegante color de la porcelana y con dedos largos y delgados como los de un pianista. Sencillamente perfectas. Era Potter el que tenia manos de gigante.- ... umm... ¿en los hombros? ... No, también están ocupados- Hizo una breve pausa y sonrió de manera maliciosa a su compañero. –Ya se...- y sin decir más, sólo con una expresión picara en los ojos poso a la última de las criaturas sobre la rubia cabellera que desde hacia tiempo estaba libre de la pegajosa sustancia con que Draco lo había torturado durante años. O eso decía Harry.
Draco sabía que el pequeñin de su cabeza estaba asustado; eso, o era un puñetero que disfrutaba clavándole las uñas en el cogote. Entonces se dio cuenta completamente de la situación. Oh dios –pensó- Quien iba a decir que el príncipe de Slytherin iba a acabar en la sala común del enemigo, con la cara tan roja como la grana, sentado en el suelo junto a la chimenea (manchándose de ceniza su exclusiva y, hasta ahora, impoluta túnica) al lado de cara-rajada y sin poder mover ni un músculo para evitar que los cincos gatitos que tenia sobre él se cayeran. Increíble.
-Ya te dije que no movieses, ¿no querrás que se caigan, verdad?- le pregunto divertido.
-Potter, quítame "esto" de encima, me bañe antes de venir aquí, ¿sabes?- empezaba a sentirse enfadado, sobre todo por el hecho de que si esto hubiese ocurrido unos meses antes se hubiese levantado sin importarle para nada la integridad gatuna, hubiese hechizado a Potter por reírse de él y se hubiese marchado tan ancho a su casa. Sin embargo ahora no podía evitar sentir un cosquilleo agradable al oír la risa del moreno y saber que era a él al que sonreía y con el que se tomaba estas libertades. No podía evitar sentirse bien en una situación tan ridícula, y eso chocaba con la estricta moral Malfoy.
-Ohh... venga. ¿No lo ves? Te han cogido cariño. Vaya, la serpiente no es tan peligrosa cuando la conoces bien. –le dijo con voz melosa.
-Potter hablo en serio. A saber de donde han salido estos bichos. Quítamelos. –comenzó a impacientarse –El de la cabeza me va a dejar sin pelo- Y era verdad. Los cuatro gatos de las extremidades estaban relativamente tranquilos, teniendo en cuenta que Draco procuraba no moverse o hacerlo con movimientos lentos para no asustarlos (no estaba muy acostumbrado a mediar con ningún tipo de animal), pero el que tenia en la cabeza había tomado como rehén su pelo y se aferraba a el para no caerse.
-Te he dicho que no te muevas- Y esta vez el tono fue serio provocando que Draco callara de inmediato, aunque el efecto quedo arruinado cuando sus ojos se encontraron con los verdes que brillaban juguetones mientras una sonrisa luchaba por hacerse ver en sus labios.
-Mira el lado bueno. Ahora puedo hacer contigo lo que quiera
-¿Ese es el lado bueno? ¿Para quién Potty?
-Para mi claro esta- y se acerco tanto a Draco que dejo de existir entre ellos separación. Sus labios se unieron a los del rubio y comenzaron a moverse con una danza lenta, sin prisas. Draco no pudo reaccionar durante unos segundos. No podía creerse lo que estaba pasando, y cuando por fin pudo reaccionar lo hizo para mover tímidamente sus labios contra los del que le besaba y comprobar que si que era cierto que estaba siendo besado.
Su primer beso.
Siguieron
moviendo sus labios el uno contra el otro con besos suaves,
adoradores, como rindiendo homenaje a cada centímetro de piel
que los cubría. Entreabrieron los labios para hacer el beso
más profundo, más intimo aún si cabe.
Draco
siempre había pensado que besar era como cualquier arte, algo
que se conocia con el aprendizaje, pero besar a Harry había
resultado algo muy simple de realizar, algo que le dictaba su propio
instinto. Cada vez que el moreno movía su boca contra la suya
o cuando atrapaba su labio inferior entre los suyos era como si
hubiese tocado el cielo, y ciertamente era algo que quería
repetir.
Se separaron poco a poco cuando la necesidad de respirar
se hizo presente, alejándose lo justo para tomar un poco de
aire y entonces Harry volvió a acercarse sólo para
volver a sellar de nuevo labio con labio. Fue una despedida de besos
lentos donde uno dejaba paso a otro, y ese a otro más. Cuando
por fin cada uno recupero la posesión de su boca se miraron a
los ojos. Draco se sentía más inseguro que en ningún
otro momento de su vida. Tenia los labios hinchados por los besos y
las mejillas sonrosadas por la vergüenza, pero cuando Harry le
sonrió y tomo su rostro entre las manos supo que no tenia nada
que temer.
-Creo que es evidente, pero aún así quiero que sepas que me gustas mucho-el moreno se sonrojo.
Draco rió suavemente. Harry le había inmovilizado utilizando a los pobres animalillos,y se había aprovechado de su ventaja besándolo hasta dejarlo sin aliento y ahora se sonrojaba. Sin duda Harry era todo un caso.
El moreno volvió a acercarse a Draco, aunque esta vez (para decepción del slytherin) lo hizo para ir bajando a cada uno de los gatos y posarlos a salvo en el suelo. Mientras que unos se tumbaron placidamente junto a la pareja, otros decidieron huir y esconderse del par de humanos en la cesta, bajo la manta azul.
Harry llevó una mano al rostro de Draco y lo acaricio suavemente.
-¿Quieres que te confiese un secreto?- le susurro Draco- Creo que tú también me gustas, aunque eso también es algo muy evidente.
Harry le sonrió.
-Y si te dijera que te quiero.
-Te diría que es algo muy normal, al fin y al cabo, soy un Malfoy. Estoy acostumbrado a que la gente caiga rendida a mis pies. Lo que me preocupa realmente es que yo también te quiero a ti –las últimas palabras no habían sido más que un susurro, pero la forma en que habían sido dichas (a pesar de la ironía) no dejaba lugar a dudas sobre el sentimiento.
Harry sonrió con una sonrisa que alcanzaba sus ojos y le respondió con el tono cálido de los amantes:
-Entonces tendré que hacerte ver todas las razones por las que no debe preocuparte amarme.
Draco lo miro tristemente.
-Harry, esto no puede ser. Mi padre... –el aludido no le dejo acabar.
-Si me quieres todo esta bien. Ya tendremos tiempo de preocuparnos por eso. Por ahora lo primordial es recuperar el tiempo perdido en cuanto a besos se refiere, así que prepárate Malfoy porque pienso tomar plena posesión de lo que es mío, y por esta noche tus labios me pertenecen.
-¿Me estas amenazando Potter? Te advierto que no me das miedo, nada, nada de... –no pudo terminar la frase por que los labios de su recién estrenado chico estaban ya sobre él.
