Blaise Pascal dijo una vez que el amor no tiene edad, siempre está naciendo.
Ellos si tenían edad, 17, y el amor no siempre había estado presente en sus vidas, pero el odio le dio paso, y el se abrió camino.
Su amor había
crecido despacio, como antes que él lo había hecho su
amistad.
Desde ese primer beso inesperado, habían decidido
tomarse las cosas con calma. Nunca daban muestras de afecto más
allá de las que resultan normales entre amigos. No querían
que su relación se conociese, no porque se avergonzaran de
ella, sino porque sabían que si sus compañeros
descubrían el sentimiento que los unía pronto lo harían
también los que vivían fuera del castillo.
El
anuncio de su amistad había sacudido todo Howgarts pero
sorprendentemente la noticia no había salido de sus muros,
probablemente porque aunque unos pocos se lo tomaban en serio, la
mayor parte creía que o bien ambos ex enemigos obtenían
algo a cambio de la alianza, o bien que Dumbledore o algún
profesor les obligaba a aparentar amistad por el bien de la unidad de
sus casas.
Su histórica rivalidad les servia ahora de
ventaja. Mientras sus compañeros dudaran de su amistad no
descubrirían su relación y eso haría que
personas como Lucius Malfoy siguieran en la ignorancia.
Mantener
una relación en secreto era duro: miradas cómplices,
toques furtivos y besos a escondidas en algún pasillo desierto
entre los cambios de clase. Eso y encuentros discretos en la
habitación privada de Draco (gracias al cielo por la vanidad
Malfoy que había llevado a Draco a pedir su propia habitación
el curso anterior), y en la compartido de Harry. Los únicos
que conocían de la existencia de la relación era Ron,
Hermione, y los compañeros de cuarto de Harry, evidentemente,
y todos guardaban el secreto. Unos por la vergüenza que
supondría que el colegio descubriese que su mejor amigo salía
con el hurón (Ron), otros por creer que aquello era muy
romántico (Hermione y Neville) y otros por temor a la ira de
el príncipe de Slytherin (Seamus y
Dean).
---------------------------------------------------------
La tarde era lluviosa y una niebla suave se había extendido alrededor del colegio. Era sábado, y por lo tanto día de libertad.
Harry observaba como la tierra se humedecía
desde uno de los pórticos del castillo.
Había algo
puro en ello. La lluvia caía desde el cielo, suave, sin
violencia, pero constante. Viajaba desde la altura al suelo y
empapaba la tierra en él.
Allá a lo lejos junto a
los árboles cerca del lago, estaba su olmo favorito. El otoño
se había llevado la mayoría de sus hojas del mismo modo
en que el tiempo se lleva nuestros días uno tras otro. El
invierno le había atacado sin piedad, como el enemigo que
aprovecha tu momento más bajo para actuar contra ti. Sólo
quedaba la estructura, como un cuerpo mortal anclado al suelo por las
raíces, como nuestros huesos nos anclan a la vida. No tenía
copa, sólo ramas suplicantes hacía el cielo, como
brazos rogando perdón. La niebla lo cubría ahora, pero
fina y sutil, más que cubrirlo lo rodeaba tragándose el
mundo tras de él, pero dibujando su silueta, mientras los
últimos rayos de la tarde se filtraban entre las ramas.
Era hermoso, y calmaba su alma.
Sintió como unos brazos delgados lo abrazaban por detrás, cerrándose en su cintura con un abrazo firme, como si no quisiera dejarle ir. Sintió también un cuerpo cálido apoyándose contra el suyo.
-Habido otro ataque – su alma no estaba en paz, por mucho que ver la lluvia lo calmase, por mucho que sentir el abrazo amado lo reconfortase, no encontraba la calma.
-Sabes que no podías evitarlo.
-Se supone que soy yo el que debe hacerlo.
-Cada acto tiene su tiempo, y su lugar.
-¿Y la gente que ha caído hoy? No creo que les consuele saber, estén donde estén, que no era mi momento –Estaba furioso. Furioso consigo mismo, con los aliados del Lord, con todos...
-Puede que a ellos no, pero si a la gente que se salvara cuando acabes con esta locura.
Harry resoplo. Esa
respuesta no arreglaba nada.
Era su destino. Todos y todo se
encargaban de recordarle, día tras día, cual era su
misión en la vida. Decían que debía prepararse,
que el día final estaba cerca y sólo uno de los dos
vería la luz del día siguiente.
Él lo
intentaba. Entrenaba su cuerpo, su mente y su alma para cuando
llegase el momento de enfrentarse al Lord. No sólo acudía
a clase con el resto de sus compañeros, sino que varias veces
a la semana tenia lecciones privadas con Snape para aprender no sólo
defensa sino también el arte del ataque y el poder de la mente
y las ciencias que la empleaban. Seguía teniendo 17 años
(aunque ese verano cumpliría la mayoría de edad) y se
había visto condenado a madurar temprano y a no tener
infancia. Lo estaba sacrificando todo pero lo aceptaba porque sabía
cual era su misión, y entonces...
...entonces ocurría
algo así. Un ataque, improvisado o planeado, casas destruidas,
terror, vidas rotas y muerte.
Muerte.
Y cuando se enteraba no podía evitar sentirse responsable. Era él el único que debía poner fin a aquello y cada día que pasaba se llevaba más vidas por su culpa, porque aun no estaba preparado.
¿Y si perdía? Cabía la
posibilidad de perder. Enfrentarse al Señor oscuro y perder en
la lucha. No quería ni pensar en lo ocurriría entonces.
Se estremeció. Los brazos que lo rodeaban lo apretaron
más.
-¿Quieres que te diga como lo veo yo Potter? Voldemort te conoce bien. –No se había inmutado al pronunciar el nombre de quien no debe ser nombrado. –Te esta provocando. Sabe que eres fuerte, pero sabe que no lo suficiente. Quiere herirte, aprovechar tu complejo de héroe para que vayas a él, para que lo hayas lleno de dolor y de ira ¿Y sabes que pasara si lo haces? Que te vencerá. Lo hará, porque cuando acudas, serás como él, un pelele movido por los más bajos instintos de una persona. Porque la ira y la venganza nos nublan y nos confunden. Serás como él, y siendo como él nunca podrás vencerle –Apoyo la cabeza contra la espalda del moreno. Sentía su dolor como propio, pero lo único que podía hacer era apretar fuertemente los ojos para evitar que las lágrimas que se le habían formado cayesen. -¿Quieres un consejo? Confía en la orden. Ya se que no soy su más fiel seguidor, pero hasta un tonto se daría cuenta. Te están guardando el camino. Ellos velaran hasta que llegue tu oportunidad. –Hizo una pausa y tomo aliento. –Vive cada momento y prepárate como hasta ahora, y cuando te llegue la hora enfréntate a él y derrótale. Desde ese momento en adelante tendrás toda tu vida para pensar en los que quedaron atrás y en los que siguieron adelante gracias a ti.
-A veces pienso que confías demasiado en ti mismo. Y en mi.
-Alguien tiene que hacerlo por los dos.-Lo abrazo aún con más fuerza. Lo hizo con desesperación, con la misma que sentía por dentro. –Si por mi fuese Potter, te drogaría y te llevaría bien lejos, a donde nadie pudiese encontrarnos. Te ataría a la cama, y no dejaría que te alejaras de mi nunca. Y a la mierda con el mundo mágico, con la orden, con Voldemort, con mi padre y con todos.
Harry sonrió levemente.
-¿Y porque no lo haces?
-Porque nunca me lo perdonarías. –Hizo una pausa- Porque por muy lejos que te llevase nos encontrarían y te empeñarías en cumplir profecías estúpidas. Así que lo que haré será quedarme a tu lado. Seré tu Pepito Grillo personal.
-¿Mi Pepito Grillo?- Harry se hecho a reír.
-¿Qué pasa? Estoy poniéndome al día en cultura muggle. Sabes Harry, a veces pienso que no me mereces. Yo sacrificándome por ti, aprendiendo estupideces para demostrarte que tengo una mente abierta y ¿qué haces tú?... te ríes de mi. Eres increíble, y no es ningún halago.
Escondido a la espalda del moreno sonrió para si mismo. Lo había conseguido. Hacerle reír. Hacerle olvidar. Si la misión del Griffindor era luchar contra el Lord, la suya sería la de permanecer a su lado pasara lo que pasase.
Permanecieron así, abrazados, largo rato, sin importarles nada más que la persona que tenían al lado. Harry se había tranquilizado. No dejaba de darle vueltas en su cabeza a lo que su chico le había dicho. En gran medida Draco tenia razón, debía vivir cada momento intensamente. No sólo los momentos de rabia y dolor sino también los de calma y felicidad. Si no lo hacía se volvería loco.
-Me gustas así, tal como eres. Todo mío.
Harry se sorprendio ante la repentina exclamación de su rubio pero rápidamente recupero su humor.
-¿Todo todo? – desde el comienzo de su
relación habían acordado que ninguno intentaría
ningún, ..., digamos acercamiento, hasta que ambos estuviesen
preparados. Harry estaba más que listo pero respetaba el
reparo de Draco. Había tenido una educación diferente,
una según la cual "ese" momento debía ser tras el
matrimonio, como una muestra de respeto hacia el otro cónyuge.
A Harry siempre le chocaba la doble moral de los sangre puras:
reservarse hasta el matrimonio como prueba de honor, entregar tu
fidelidad a un asesino como prueba también de honor. Debías
ser virgen pero no importaba las vidas que hubieses tomado. Si era en
nombre del Lord, todo estaba bien.
A pesar de ese mudo acuerdo,
las bromas y los juegos estaban permitidos. Confiaban el uno en el
otro y eso les daba seguridad.
–Podría ser tuyo más completamente.
-Pervertido- Dijo Draco sin poder disimular una sonrisa divertida.
-No estaba haciendo alusión al sexo. A lo mejor resulta que yo tengo la fama y tú la mente calenturienta.
-Si no pensabas en sexo, entonces ¿a que te referías?
Harry lo miro inseguro, quería ser sincero con él pero temía que lo rechazará.
-¡Dios mío! Realmente debía ser una perversión, si ni siquiera te atreves a contármelo. –le contesto divertido.
-Deja de joderme Malfoy. Era algo muy serio- empezaba a enfadarse. Realmente era algo serio y algo que deseaba enormemente y las burlas de Draco no lo ayudaban.
-Eh..., sabes que puedes contarme cualquier cosa¿verdad¿Qué ocurre?- Draco había empezado a preocuparse. Sea lo sea lo que cruzaba la mente del moreno, era realmente importante.
-He... he estado... dando vueltas a algo, pero... tengo miedo de tu reacción- no había querido ser tan brusco con Draco, le había dolido más a él hablarle así, y ahora había pasado de ser un bruto verbal a un tartamudo.
Draco le sonrió con esa sonrisa traviesa de medio lado, que a estas alturas seguramente ya tenía patentada, se volvió hasta quedar enfrente de Harry y le agarro de los extremos de la túnica que tenia abierta.
-Deberías confiar un poco más en mi. Estamos juntos en esto¿no?- hizo una pausa- Sea lo que sea lo que este pasando por tu cabecita, deberías contármelo. No estoy aquí sólo para sacarte a pasear, o para contarte chistes, o para que me beses cuando tengas ganas. No es que tenga mucha experiencia, pero suponía que una relación era algo más.
Harry suspiro. Draco tenia razón. Al parecer esa tarde su rubio acertaba en todo.
-Quiero una unión más sólida.- Draco lo miro confuso.-Quiero un compromiso. Quiero casarme contigo- tomo aire- Se que voy muy rápido, pero durante toda mi vida lo único que he deseado es tener una familia de verdad. No tengo padres, ni hermanos, pero te encontré a ti, y desde entonces lo que más he temido es perderte y lo que más he deseado en tenerte- tomo el rostro de Draco entre las manos-Se que no se puede poseer a una persona, pero eres lo mejor que he tenido y lo único que deseo es que seas mío y que me hagas tuyo.- No había sido fácil empezar, pero cuando lo había hecho, las palabras habían salido solas una tras otra.
Draco se abrazo a él muy fuerte, enterrando su cabeza en el pecho de Harry.
-¿Cómo habías pensado hacerlo?- dijo el rubio con un hilo de voz.
Harry tardo en contestar.
-Ese es el problema. Aún no somos mayores de edad, así que necesitamos la aprobación de nuestros padres o tutores. Mis tíos estarían encantados de dar su, ejem¿bendición?, con tal de librarse de mi, pero no creo que a papi Lucius le gustara demasiado incluirme en la familia. Además, necesitaríamos a alguien que oficiara la ceremonia y al final todo el mundo mágico se enteraría, Voldemort incluido, y se que te haría daño para hacérmelo a mi. Eso no podría soportarlo.
-Lo último no es problema. Lucius me mataría antes que dejar que me casara contigo.
Se hizo silencio entre los dos.
Fuera la lluvia seguía cayendo y ahora el suelo se había convertido en un gran lodazal. Se había levantado viento, y el aire sacudía sus túnicas mezclando Griffindor y Slytherin a su paso.
Draco se separo de Harry y tomo su rostro entre las manos. Tenia una expresión de determinación en la cara.
-Cásate conmigo Harry
– el aludido lo miro confundido ¿acaso no acababa de
preguntarle lo mismo?
Ante la confusión de su compañero,
Draco sonrió.
-Las bodas siempre me han parecido como una verbena. Dos personas que se quieren, o no, pronunciando votos estúpidos escritos por otros con mayor ingenio, y luego una buena comilona, todo ello acompañado con buenos regalos que debes hacer a los novios para compensar su "enorme" generosidad por invitarte al festín. ¿Sabes lo que me gustaría a mi? Quiero casarme contigo de noche, en la habitación de los menesteres, solos tú y yo, porque los que se aman somos nosotros dos. Te diré lo que en ese momento me dicte el corazón y tú harás lo mismo. Te nombraré mi esposo y tú a mi el tuyo, y lo haremos nosotros porque nadie más tiene derecho a juzgar nuestro amor. ¿Quieres hacerlo Harry?
Harry salió de su asombro para mirar a Draco con ternura. Le sonrió y le beso, contestando a su pregunta con algo incluso más poderoso que la palabra.
